La vida de drogas, alcohol y depresión que llevó a Amy Winehouse a morir; hoy tendría 37 años

Amy Winehouse tendría hoy 37 años si hubiese tenido el suficiente apoyo, amor y comprensión de la gente que la rodeaba. La cantante tuvo una vida marcada por el desenfreno: alcohol, drogas, depresión, trastornos alimenticios, rupturas amorosas, episodios bochornosos que se volvieron más densos conforme pasaban los años.

Además, su familia nunca tuvo una gran preocupación por lo que le podría pasar a la nacida en Enfield, Londres, Reino Unido. Su papá fue ausente durante casi toda su adolescencia y adultez, hasta que supo que era famosa reapareció en su vida para ganarse los reflectores.

Su madre dejó de verla cuando se enteró que ella estaba sumergida en un mundo de adicciones. Solo se vieron un día antes de su muerte y, a pesar de que la vio en sus peores momentos, no se preocupó y decidió dejarla sola.

Y el amor tampoco la salvó. La prensa y la gente que ha llevado acabo varios documentales sobre Amy afirman que sus parejas pudieron influir para que ella viera en las drogas algo básico para seguir viviendo.

Cuando Winehouse comenzó a cantar, a sabiendas que tenía un talento innato, ella afirmaba que se veía como una cantante de jazz, sin embargo, su estilo de música, sus letras e interpretación la colocaron como una de las mejores artistas de R&B, soul y pop no solo del Siglo XXI, sino de la historia de la música.

Amy vendió millones de copias en todo el Mundo. “Back to Black” fue el álbum que la colocó en el aparador de los mejores intérpretes de la historia. Quien hoy cumpliría 37 años se alzó con cinco Grammys, premios Mercury Prize y Brit Awards.

Pero la decadencia la llevó al olvido, en muchos niveles. Los trastornos de Amy en su madurez no eran sorpresa. La londinense sufrió depresión y bulimia cuando era adolescente, por lo que sólo necesitaba un brinco para llegar a las adicciones.

Fue con “Frank”, su primer disco, cuando la gente se enteró de quien era Winehouse, producto que la llevó a la fama, pero que también le abrió la puerta a las drogas. En alguna ocasión, al hacerle un examen toxicológico hallaron en su sangre restos de alcohol, cocaína, crack y heroína, algo que pudo haberla matado al instante.

Su primera decepción amorosa llegó de la mano de Blake Fielder-Civil, un hombre un poco más grande que ella y que se encontraba también en una vida turbulenta. Ambos, quebrados, afrontaron sus problemas estando siempre “en las nubes”.

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Amy, smiling mid-performance, at the MTV Movie Awards in 2007. 🖤

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Se dice que fue Blake la razón por la cual Amy escribió “Back to Black” y creó el disco homónimo, el cual vendió más de 20 millones de copias. Irónicamente, su canción más exitosa fue “Rehab”, la cual habla sobre ya no ir más a rehabilitación, a modo de queja.

Fue en el ascenso de su carrera cuando, según el documental “Amy”, nominado al Oscar y creado por Asif Kapadia, el papá de la artista, Mitch Winehouse, volvió a aparecerse en su vida. Y no para ayudarla a salir de su depresión o del abuso de sustancias, sino para ganarse fama a costa de ella.

Pero Mitch no fue el único que se “revolcó” y se colgó de la tormentosa vida de la histrión. Los paparazzi jugaron un papel muy importante para destruir y sabotear la ya dañada imagen de la inglesa. Fotos con maquillaje corrido, sangre en su ropa, rostros de resaca, peor estado físico e incluso gráficas donde pelea con quien se le ponga al frente, pasando episodios bochornosos o desmayándose por su deplorable estado, eran divulgadas en los medios de comunicación sin reparo.

Amy pudo haber tenido una noche de gloria, pero ya era demasiado tarde para el poco ánimo que le quedaba. El día que Winehouse se alzó con cinco Grammys, no pudo asistir a la ceremonia pues estaba saliendo de rehabilitación y se encontraba débil.

La diva del soul solo pudo hablar por medio de un mensaje mediante una transmisión satelital desde Londres, pues no pudo viajar porque Estados Unidos no le dio su vida en ese momento y le recomendaron no romper con su desintoxicación. A pesar de haber “vencido” en una sola noche a Beyoncé, Rihanna, Justin Timberlake y a Taylor Swift, la artista se limitó a decir “esto es muy aburrido sin drogas”.

Desde ahí vino la caída de Winehouse. Solo tenía 23 años y su carrera se vio cortada por la poca lucidez que tenía tras tanto abuso de las drogas. Incluso tuvo un episodio bochornoso el 18 de junio de 2011 cuando se presentó en Belgrado, un concierto marcado por una Amy paseándose entre sus músicos sin razón, con la mirada ausente y solo balbuceando cosas sin poder cantar, esos fueron los últimos momentos de la intérprete frente al escenario.

Lo que más necesitaba la inglesa era compañía y amor, lo que menos tuvo fue eso. Su siguiente novio, Reg Traviss, un cineasta independiente, también la llevó a vivir drogada más que sobria. Sin embargo la británica decidió dejar esa adicción para llevarla a tomar la que la haría morir en aquél 23 de julio del 2011.

Ese último día Amy recibió la visita de su mamá y su doctora, con las cuales, a pesar de estar ebria, pudo sostener una plática normal, les platicó de sus siguientes proyectos y de lo que venía a continuación en su carrera musical pausada y marcada por la decadencia.

Pero esto nunca llegó. Con la única compañía de su guardaespaldas, este la dejó en su cuarto a la medianoche. Amy se mensajeó con un amigo y ya no volvió a dar señas de vida. Su protector tocó a la puerta por la mañana, al mediodía y ya a las 3 de la tarde cuando la preocupación le llegó, entró a su cuarto para solo ver a una Winehouse sin vida.

Tras los exámenes médicos, a Amy Winehouse le encontraron 4.16 gramos de alcohol por litro de sangre. El límite antes del coma alcohólico es de 3.5. Pero ella no conocía los límites, porque nunca nadie pudo detenerla. Pudo haber llegado hoy a sus 37 años y materializarse como una de las grandes cantantes de la historia. A cambio de eso, pasó a ser una leyenda.