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Hermenéutica y ética de la presencia de León XIV en España

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Lisandro Prieto Femenía

«Toda sociedad auténticamente justa se edifica sobre el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana»: León XIV, Discurso de Su Santidad ante las Cortes Generales (2026)

«Si de los gobiernos quitamos la justicia, ¿qué son sino grandes bandas de ladrones?»: Agustín de Hipona, La Ciudad de Dios (426/2009, p. 182)

Cuando los ecos de la comitiva pontificia comenzaron a mezclarse con el bullicio cotidiano de la capital española en junio de 2026, la geografía institucional del país experimentó un seísmo hermenéutico difícil de asimilar desde el cómodo prisma del protocolo laico. No nos encontramos ante una formalidad vacía o un simple adorno diplomático añadido a la agenda del Estado; por el contrario, la presencia de León XIV en España encarna una de esas raras irrupciones donde la ontología de la alteridad y las contradicciones de nuestra modernidad tardía se confrontan sin paliativos. En un escenario de fragmentación social generalizada y cansancio democrático, la palabra de un líder espiritual dotado de doble nacionalidad, estadounidense y peruana, actúa como un reactivo crítico sobre los cimientos morales del orden constitucional contemporáneo. El Pontífice no acudió a las instituciones españolas a complacer el oído de las mayorías ni a convalidar la inercia legislativa, sino a someter a examen los límites mismos sobre los cuales descansa la soberanía formal y la legitimidad de nuestras democracias parlamentarias.

Resulta de hondo calado reflexionar sobre las palabras iniciales del Papa en los salones del Palacio Real ante el cuerpo diplomático y los representantes de la sociedad civil, recogidas en la crónica periodística de Vatican News titulada El Papa en España: La cultura del encuentro genera estabilidad y prosperidad, donde se expone la urgencia de desactivar los discursos fácticos que alimentan la polarización. En dicho discurso, cuya retransmisión televisiva y digital quedó registrada en la plataforma de comunicación de la Santa Sede a través del vídeo de Vatican Media (2026), se proclamó que «no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad» para los pueblos (Vatican News, 2026a, párr. 3). Esta aseveración desmantela de raíz el agonismo político que reduce al adversario a una categoría enemiga. La mirada papal, arraigada en un humanismo exigente, demanda un salto cualitativo por parte de quienes detentan responsabilidades institucionales y económicas, urgiéndoles a «apreciar la complejidad y estudiarla, aprender a no negarla y a vivirla como una bendición, huir de esos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos» (Vatican News, 2026a, párr. 5). Semejante tarea, propia de una nation con un denso bagaje histórico y espiritual como España, resignifica el disenso democrático, rescatándolo de la fosa común de la descalificación estéril para elevarlo a la categoría de espacio deliberativo donde se juega la dignidad comunitaria.

Esta propuesta de encuentro encuentra un eco profundo en la hermenéutica dialógica de Hans-Georg Gadamer (1960/1993), quien en su obra cumbre Verdad y método argumentaba que comprender no consiste en anular al interlocutor, sino en propiciar una transformación mutua, ya que «comprender es siempre el proceso de fusión de estos horizontes presuntamente para sí mismos» (p. 377). El llamamiento del Papa, por tanto, no se agota en una mera exhortación moralizante a la concordia social, sino que plantea un imperativo epistemológico. No es casual, bajo esta perspectiva, que el encuentro multisectorial acontecido en el Movistar Arena (Vatican Media, 2026) con personalidades del arte, el deporte y la cultura de vanguardia pusiera en juego lo que la tradición teológica denomina la via pulchritudinis. Al sugerir que la belleza y la creatividad compartidas constituyen un suelo común capaz de suturar las heridas de una sociedad secularizada, el Pontífice sitúa el arte no como un entretenimiento suntuario, sino como un umbral pre-teológico de comunión. El verdadero diálogo no se reduce a un debate técnico de mutua tolerancia, sino que exige la valentía de arriesgar las propias certezas en el espacio público para que el horizonte del otro ensanche el nuestro.

Esta deconstrucción de la crispación retórica cobra su máxima fuerza en el hemiciclo del Congreso de los Diputados, escenario donde se produjo una intervención histórica, al ser la primera ocasión en que el obispo de Roma toma la palabra ante las Cortes Generales de la nación española. Según la cobertura realizada por Deutsche Welle bajo el título León XIV lanza un alegato por la paz en el Congreso español, la exhortación pontificia a desarmar el lenguaje y apelar a la reciprocidad puso de relieve que la discrepancia auténtica no conlleva humillación. Al situar la dignidad de la persona por encima del «vaivén de las mayorías de cada momento» (Vatican News, 2026d, párr. 4), la voz papal interpela la concepción misma del derecho positivo como simple emanación de la voluntad numérica. ¿Qué base firme sostiene el andamiaje del Estado de derecho si el valor intrínseco de la vida humana se reduce a un consenso social mudable? Nos topamos aquí con la clásica advertencia agustiniana sobre la inconsistencia del poder secular cuando se divorcia de la justicia trascendente, expuesta con vigor en La Ciudad de Dios (426/2009) al señalar que la soberanía desprovista de rectitud ética es idéntica a una asociación delictiva a gran escala. No menos punzante fue el cuestionamiento moral al preocupante rearme bélico del continente europeo, enmarcado en el artículo analítico de TRT Español titulado ¿Qué dijo el papa León XIV en su discurso en el Congreso español?, donde se rescata su honda queja ante el incremento desmedido de los balances de defensa de las naciones. Con firmeza filosófica, el Santo Padre recordó que «las armas pueden imponer un silencio temporal, pero nunca podrán edificar una paz auténtica y duradera» (Deutsche Welle, 2026, párr. 3), abriendo así una rendija ética a la diplomacia pacífica en un tablero internacional al borde del abismo geopolítico.

La articulación de estos postulados se desplaza sin fisuras hacia la esfera existencial del ser humano, donde la lógica de la rentabilidad económica amenaza con invisibilizar los estadios más desvalidos de la vida. Ante las Cortes, León XIV trazó una línea divisoria ineludible al sostener, según detalla el documento informativo Papa León XIV llama a evitar la descalificación política y defiende la dignidad humana, que la custodia de la vida desde su concepción hasta su natural ocaso no puede ser tratada como una bandera partidista o un capricho confesional. En su discurso, proclamó de forma tajante que «la defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una meta de civilización» (Vatican News, 2026d, párr. 7), un aserto que sitúa los debates españoles sobre el aborto y la eutanasia bajo una luz de radical exigencia civilizatoria. Cuando la ley positiva claudica ante criterios de productividad, autonomía o funcionalidad utilitaria, el pacto moral constitutivo de la polis se agrieta irremediablemente, empujando a los sujetos más frágiles al olvido. La advertencia pontificia resuena como una interpelación a nuestra complacencia tardomoderna, exigiendo una vigilancia moral que controle también el desarrollo vertiginoso de los sistemas bélicos automatizados mediante inteligencia artificial, de modo que las decisiones de vida y muerte jamás queden delegadas en fríos algoritmos matemáticos exentos de alma y responsabilidad.

Bajo este mismo prisma humanista, el drama desgarrador de la migración forzada se erige como la gran prueba de fuego para los ideales de una Europa envejecida. En la pieza reflexiva de Vatican News titulada León XIV defiende neutralidad de la Iglesia y atención integral al migrante, se expone con lucidez que la crisis de los refugiados desborda por completo la simple gestión técnica o el balance demográfico que a menudo domina el debate tecnocrático. Durante su encuentro en la Nunciatura Apostólica con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, este le obsequió un simbólico bonsái de olivo de trece años, ejemplar que representa un puente histórico entre las raíces rurales de la península y los retos de un futuro sostenible, como reporta la nota periodística El Papa se reunió con el presidente español Pedro Sánchez (Vatican News, 2026e). Este aparente clima de entendimiento mutuo no impidió que el Pontífice exigiera ante los legisladores una mirada audaz que supere la aséptica «gestión de flujos» (Vatican News, 2026f, párr. 3), denunciando la perversa indiferencia que transforma las fronteras marítimas en cementerios invisibles.

Esta interpelación adquiere un espesor ético insoslayable si la leemos a la luz de Emmanuel Levinas (1961/1977) en Totalidad e infinito, donde el filósofo de la alteridad sostiene que «el rostro se presenta en su desnudez; es el indigente» (p. 215). Para Levinas, la vulnerabilidad del extranjero no constituye un problema sociológico que el Estado deba resolver con criterios de utilidad y cálculo de recursos, sino una revelación metafísica que nos constituye de inmediato en responsables de su existencia. La propuesta de León XIV no transige con una beneficencia desinteresada y estática; al contrario, reclama la urgencia de establecer vías seguras de integración y, en un ejercicio de justicia distributiva internacional, promover el derecho fundamental de toda persona a permanecer y prosperar dignamente en su tierra natal. ¿No es acaso el rostro del migrante que se ahoga en nuestras costas la quiebra absoluta de todas nuestras pomposas declaraciones sobre los derechos humanos?

Afrontar estas realidades en la plaza pública requiere una asombrosa coherencia interna por parte de la Iglesia, cuya legitimidad moral quedó comprometida ante la sociedad por la trágica realidad de los abusos sexuales perpetrados por algunos de sus miembros. Durante su encuentro privado en la Nunciatura Apostólica, el Santo Padre se reunió con seis víctimas de estos execrables delitos para escuchar con extrema atención sus desgarros existenciales y sus propuestas de enmienda, tal como se relata en la reseña oficial El Papa se reúne con víctimas de abusos en Madrid (Vatican News, 2026b). Este ejercicio de escucha no constituye un artificio cosmético de relaciones públicas, sino el núcleo de una justicia restaurativa que asume la herida como propia. Del mismo modo, en su alocución a los prelados del país recogida en El Papa León XIV pide a los obispos españoles ser «testimonio de unidad», calificó esta realidad como una «plaga» dolorosa provocada por «aquellos que han sido heridos precisamente por quienes debían cuidarlos, incluso por miembros del clero» (Vatican News, 2026c, párr. 6).

Filosóficamente, este abajamiento institucional conecta de manera directa con la teología política de Johann Baptist Metz (2007) y su categoría de memoria passionis. Metz advierte que una comunidad de fe que olvida o anestesia el dolor de las víctimas se convierte en una maquinaria ideológica estéril, pues la fe auténtica exige mantener viva la memoria subversiva y peligrosa de los que sufren. Al demandar verdad, justicia y reparación, el Papa desarticula la tentación defensiva de la jerarquía episcopal y la sumerge en las aguas de la purificación evangélica, recordando que la Iglesia solo será un faro creíble cuando tenga el coraje de inclinarse ante las llagas de las víctimas, abandonando la seguridad del dogma estático para transformarse en un hospital de campaña expuesto a la intemperie de la historia.

Sin embargo, la profunda herida ética que la presencia del Pontífice expone no solo escuece en las estructuras eclesiales o en los despachos del poder soberano; también actúa como un espejo implacable frente a una posmodernidad que, en su versión más plana e instrumental, reacciona con una asombrosa ceguera existencial. Esta resistencia defensiva se hace patente en la crispación de quienes, atrincherados en un laicismo formalista y sordo a cualquier horizonte de trascendencia, han articulado su réplica bajo el lema de la campaña «Yo no te espero» en urbes como Barcelona. En su crónica para el medio digital elDiario.es, titulada Los grupos que se oponen a la visita del Papa: “Hay pleitesía del sistema político español a un líder religioso”, Jesús Bastante (2026) da cuenta de cómo estas asociaciones denuncian un supuesto servilismo institucional, reduciendo la presencia de León XIV a una mera amenaza al principio de aconfesionalidad. Al clausurar la discusión pública bajo la etiqueta de la sospecha financiera y la queja reglamentaria, este sector de la sociedad revela una incapacidad alarmante para dialogar con un discurso moral que precisamente denuncia los excesos del libre mercado y la deshumanización técnica.

El reduccionismo contable de esta perspectiva alcanza su paroxismo en las quejas por el uso de espacios públicos para eventos de carácter espiritual. Al registrar los argumentos de los colectivos críticos en su artículo para El País, Clara Blanchar (2026) recoge el testimonio de portavoces como Albert Riba, presidente de Ateus de Catalunya, quien lamenta amargamente la cesión gratuita del Estadio Olímpico de Montjuïc bajo la premisa de que «a los ateos no nos dejarían el estadio para hacer un festival, nos tratarían de locos» (párr. 4), al tiempo que rechaza la intervención pontificia ante la soberanía popular alegando que la invitación claudica ante una autocracia porque, en sus propias palabras, «no somos una colonia del Vaticano» (párr. 5). Qué sintomático resulta comparar la visita del obispo de Roma —portador de una interpelación radical a favor de los desposeídos y las víctimas— con un festival de entretenimiento mercantilizado. ¿No es esta la mayor manifestación de lo que Jean-François Lyotard diagnosticó como la mercantilización absoluta del saber y la disolución de los grandes relatos en meras transacciones utilitarias? Cuando el pensamiento contemporáneo exige cobrar alquiler a un profeta como si fuera una corporación de entretenimiento, la posmodernidad se retrata a sí misma como una máquina estéril, incapaz de concebir la gratuidad o el don.

Esta misma fragmentación se derrama hacia un plano de protesta puramente pragmático y coyuntural, donde diversas agendas sectoriales instrumentalizan la alta visibilidad del acontecimiento para sus propios fines reivindicativos. Tal como detalla la crónica de El Nacional firmada por Arnau Ruiz (2026) bajo el título Estas son todas las protestas convocadas durante la visita del Papa a Barcelona, se constata la confluencia de movilizaciones sindicales de docentes y huelgas de trabajadores de bibliotecas municipales que, aprovechando la presencia de las cámaras internacionales, intentan forzar negociaciones laborales. Al mismo tiempo, el independentismo local se moviliza exigiendo al Pontífice gestos lingüísticos explícitos o agitando banderas en el espacio público para visibilizar su causa nacional. Este mosaico de quejas atomizadas nos invita a reflexionar sobre la preocupante pérdida de un suelo común. ¿Qué nos queda cuando un llamamiento universal a la fraternidad y a la paz es despedazado por el corporativismo de corto alcance o la defensa de identidades autorreferenciales? Al intentar reducir un cuestionamiento moral de escala geopolítica al estrecho embudo de sus demandas inmediatas, la sociedad tardomoderna expone su rasgo más decadente: la imposibilidad de salir de su propio solipsismo para abrirse a la verdad compartida de la que nos hablaba Gadamer.

Tras la partida de la comitiva romana de suelo español, la atmósfera colectiva del país conserva la vibración de una incómoda pero sumamente fértil sospecha sobre la solidez de nuestras certezas. León XIV no ha dejado tras de sí respuestas masticadas para el consumo rápido ni analgésicos dialécticos para mitigar nuestras tensiones, sino que ha abierto una grieta ética en el muro de nuestra complacencia cotidiana. Nos queda el arduo deber intelectual y moral de decidir si habitaremos la herida abierta de sus planteamientos o si regresaremos al letargo analgésico de la confrontación estéril y del consumo masificado. Al clausurar estas páginas y retornar al ruido ensordecedor de nuestros debates cotidianos, surge la necesidad de interrogarnos con severidad frente al espejo de nuestra propia andadura histórica. ¿Es éticamente sostenible sostener nuestra aparente paz democrática sobre el silencio cómplice de los vulnerados y la expulsión sistemática del diferente a las periferias de la existencia? Si la dignidad humana no es negociable, ¿por qué consentimos que las leyes del mercado y los caprichos del algoritmo sigan dictando quién merece ser protegido y quién puede ser descartado de la mesa común de la vida? Tal vez, la medida última de nuestra civilización no se determine por los índices de nuestro crecimiento económico, sino por la valentía colectiva para sostener estas preguntas dolorosas antes de que la inercia del desinterés las borre para siempre de nuestra memoria histórica.

Referencias bibliográficas y fuentes consultadas

  • Agustín de Hipona. (2009). La Ciudad de Dios (S. Santamarta, Trad.). Madrid: Editorial Tecnos. (Obra original publicada en 426 d.C.).
  • Bastante, J. (6 de junio de 2026). Los grupos que se oponen a la visita del Papa: “Hay pleitesía del sistema político español a un líder religioso”. elDiario.es. https://www.eldiario.es/sociedad/grupos-oponen-visita-papa-hay-pleitesia-sistema-politico-espanol-lider-religioso_1_13280658.html
  • Blanchar, C. (3 de junio de 2026). Los ateos protestan contra la visita del Papa en Barcelona: “No somos una colonia del Vaticano”. El País. https://elpais.com/espana/catalunya/2026-06-03/los-ateos-protestan-contra-la-visita-del-papa-en-barcelona-no-somos-una-colonia-del-vaticano.html
  • Deutsche Welle. (8 de junio de 2026). León XIV lanza un alegato por la paz en el Congreso español. https://www.dw.com/es/león-xiv-lanza-un-alegato-por-la-paz-en-el-congreso-español/a-77460390
  • Gadamer, H.-G. (1993). Verdad y método I (A. Aparicio & N. Sans, Trads.). Salamanca: Ediciones Sígueme. (Obra original publicada en 1960).
  • León XIV. (15 de mayo de 2026). Carta Encíclica Magnifica Humanitas: Sobre la fraternidad y la dignidad humana en el mundo contemporáneo. Roma: Libreria Editrice Vaticana. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html
  • Levinas, E. (1977). Totalidad e infinito: Ensayo sobre la exterioridad (D. Guillot, Trad.). Salamanca: Ediciones Sígueme. (Obra original publicada en 1961).
  • Metz, J. B. (2007). Memoria passionis: Una evocación provocadora en una sociedad pluralista. Santander: Editorial Sal Terrae.
  • Ruiz, A. (8 de junio de 2026). Estas son todas las protestas convocadas durante la visita del Papa a Barcelona. El Nacional. https://www.elnacional.cat/es/barcelona/estas-son-todas-protestas-convocadas-durante-visita-papa-barcelona_1652000_102.html
  • TRT Español. (8 de junio de 2026). ¿Qué dijo el papa León XIV en su discurso en el Congreso español? https://www.trtespanol.com/article/1cb08a1d439b
  • Vatican Media. (7 de junio de 2026). Encuentro del Papa León XIV con el mundo de la cultura, el arte y el deporte en el Movistar Arena [Archivo de vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?si=8z0_ohcE9lDxpMFD&v=eFxety31Ukg
  • Vatican News. (6 de junio de 2026a). El Papa en España: La cultura del encuentro genera estabilidad y prosperidad. https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-06/el-papa-en-espana-la-cultura-del-encuentro-genera-estabilidad.html
  • Vatican News. (8 de junio de 2026b). El Papa se reúne con víctimas de abusos en Madrid. https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-06/el-papa-se-reune-con-victimas-de-abusos-en-madrid-8-junio-2026.html
  • Vatican News. (8 de junio de 2026c). El Papa León XIV pide a los obispos españoles ser «testimonio de unidad». https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-06/el-papa-leon-xiv-pide-a-los-obispos-espanoles-ser-testimonio.html
  • Vatican News. (8 de junio de 2026d). León XIV pide en el Congreso proteger toda vida humana y fortalecer el bien común. https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-06/papa-leon-xiv-visita-congreso-espana-parlamento-8-junio-2026.html
  • Vatican News. (8 de junio de 2026e). El Papa se reunió con el presidente español Pedro Sánchez. https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-06/el-papa-se-reunio-con-el-presidente-del-gobierno-espanol-sanche.html
  • Vatican News. (8 de junio de 2026f). León XIV defiende neutralidad de la Iglesia y atención integral al migrante. https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-06/leon-xiv-defiende-neutralidad-iglesia-atencion-integral-migrante.html

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Rusia-Ucrania, una guerra civil azuzada por intereses externos

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Viví siete años en la extinta Unión Soviética, donde estudié un año de ruso entre Moscú y Rostov del Don, y residí seis años en Kiev con prácticas de ingeniería agronómica en Dushambe (República de Tayikistán, Asia Central), Sochi (en el mar Negro) y en las afueras de Kiev, en un koljoz, granja colectiva, que producía maíz y trigo.

Ucrania era un remanso de paz para los estudiantes extranjeros becarios que gozábamos de todas las facilidades; una sociedad sin discriminación racial y sin conflictos étnicos. Estuve casado varios años con una ciudadana soviética cuyo padre, ruso, era un alto funcionario en la sección de la producción de leche y carne de la República Socialista Soviética de Ucrania, y cuya madre, ucraniana, era maestra. Mi esposa era rusa y en casa se hablaba ruso, la madre además hablaba el ucraniano.

Tanto en Kiev como en toda Ucrania el idioma oficial y dominante era el ruso, el ucraniano era el segundo idioma oficial. Pese a que en minoritarios círculos estaba ya la llama del nacionalismo ucraniano y del separatismo, estos eran irrelevantes.

Al igual que en toda la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Ucrania era un crisol de nacionalidades y etnias procedentes de las más de 150 nacionalidades de las 15 repúblicas soviéticas. Este fue el paisaje idílico de la Unión Soviética cuando me trasladé a Alemania Occidental, donde residí 25 años.

Allí, el 9 de noviembre de 1989, presencié la caída del muro de Berlín y el comienzo de una nueva etapa histórica para los países de Europa Oriental, debido a la implosión de la Unión Soviética y al colapso del llamado socialismo real.

El Pacto de Varsovia, la alianza militar del campo socialista, se autodisolvió. Lógico hubiese sido que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se autodisolviera, pero ocurrió lo contrario.

A pesar de las promesas que George Bush padre (EE. UU.), Margaret Thatcher (Reino Unido), Helmut Kohl (Alemania Occidental) y François Mitterrand (Francia) le hicieron al último presidente de la URSS Mijáil Gorbachov, de que la OTAN no se extendería ni un milímetro hacia el este, más allá de las por entonces fronteras de la OTAN, a partir de 1990 hasta nuestros días la OTAN pasó de tener 16 a 32 Estados miembros, la mayoría del Este Europeo, y con fronteras cercanas a Rusia. Ello constituye una amenaza militar a la seguridad nacional de Rusia, rodeada de bases militares estadounidenses y de la OTAN.

Es en este contexto cuando surge la problemática de Ucrania, donde la OTAN y EE. UU. propiciaron un golpe de Estado en 2014 contra el presidente ucraniano prorruso Víktor Yanukovich, e instalaron gobiernos nacionalistas prooccidentales que propugnan por el ingreso de Ucrania en la OTAN y la Unión Europea. Un cruce de líneas rojas con la política de seguridad de Rusia que tendría en sus fronteras, a escasos metros, los misiles y bombarderos de la OTAN que podrían atacarla, en segundos.

A partir de 2014 Europa Occidental y EE. UU. propiciaron en Ucrania un nacionalismo fanático y un sentimiento antirruso incitando al Ejército ucraniano a atacar a la población rusa de la región del Donbas (Donetsk, Zaporoshie, Jerson y Lugansk) y que condujo a que Rusia reincorporara a su territorio la península de Crimea (de mayoría rusa e históricamente perteneciente a Rusia, pero «regalada» en 1954 por el secretario general del Partido Comunista de la URSS a Ucrania).

La escalada de violencia antirrusa del Donbas llevó a que en febrero de 2022 sus cuatro regiones se declararan independientes y solicitaran su anexión a la Federación rusa, para lo cual esta desató una operación militar especial que dura hasta el presente.

Más que un conflicto entre naciones, en Ucrania existe una guerra civil, pues Rusia y Ucrania (conocida como Pequeña Rusia antes de la Revolución de 1917) constituyen un mismo pueblo y una misma sangre con una misma base lingüística y religiosa, pues son pocas las diferencias entre el ucraniano y el ruso, y entre la Iglesia ortodoxa rusa y ucraniana. Guerra civil que lleva más de dos millones de bajas en ambos bandos y siete millones de emigrados.

Occidente, sobre todo Inglaterra y Alemania, han manipulado las ilusiones de Ucrania de pertenecer a Occidente y el acceso al bienestar de Europa Occidental, cuando solo están siendo utilizados para desgastar y destruir a la Federación rusa. Ucrania jamás será parte de la Unión Europea, de la OTAN, ni de Occidente por una razón de peso: son eslavos. Al igual que los rusos. Ese mismo pueblo eslavo al cual por siglos históricamente Europa Occidental ha tratado de destruir. Desde las invasiones suecas y de los caballeros de las órdenes de Livonia y Teutonia, derrotados por Alexander Nevsky en el siglo XI, pasando por las invasiones de Napoleón Bonaparte y Adolfo Hitler en siglos recientes.

Vuelvo la vista al presente y me parece increíble que dos pueblos hermanos se estén autodestruyendo como marionetas guiadas por titiriteros externos. Rusia ha demostrado históricamente una invencible capacidad de resistencia que le ha hecho salir adelante y derrotar al enemigo a pesar de encontrarse en las más difíciles circunstancias.

Las actuales visitas a Moscú y Kiev de los enviados del presidente Donald Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, así como del secretario de Exteriores del Vaticano, Paul Richard Gallagher, para buscar una solución política al conflicto, son esperanzadoras. No tanto por voluntad política de los europeos, sino por el pragmatismo de Trump que prefiere hacer negocios (la reconstrucción de Ucrania) y no la guerra, y por el cansancio de cuatro largos años de cruenta confrontación entre Rusia y Ucrania, que ponen los muertos.

El hecho de que los emisarios personales de Donald Trump hayan sido recibidos personalmente por Vladímir Putin en su oficina del Kremlin significa que ambos están retomando «el espíritu de la cumbre de Alaska», celebrada en Anchorage el 15 de agosto de 2025, que fue el primer cara a cara entre los dos mandatarios desde la operación rusa en 2022, y el primer encuentro con Putin durante su segundo mandato, donde Trump buscó negociar un acuerdo para poner fin al conflicto, sin la participación del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski.

No hay duda de que estas negociaciones directas entre ambas potencias, teniendo en cuenta que la guerra arancelaria con China se ha vuelto prioridad para EE. UU., pueden llevar a una paz duradera en Europa Oriental y a un adiós a las armas.

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Bukele marca un antes y un después y la oposición sigue sin propuestas, sostiene el Círculo Siglo XXI

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El Salvador atraviesa una transformación política y social que rompe con el rumbo de los gobiernos anteriores, sostiene el Círculo de Reflexión Política Siglo XXI en su boletín número 54, correspondiente al 21 al 28 de septiembre de 2026. La publicación presenta una valoración favorable de la gestión de Nayib Bukele y plantea que la seguridad, la educación y la salud constituyen los pilares de un proceso que denomina “reinvencionismo social”: una forma de reorganizar las prioridades del Estado para responder a las necesidades ciudadanas.

Uno de los señalamientos más contundentes del boletín apunta a los partidos tradicionales, a los que describe como organizaciones debilitadas por la falta de liderazgo, renovación y propuestas concretas. Según sus análisis, la oposición concentra sus esfuerzos en rechazar las decisiones del Gobierno, sin explicar cómo financiaría o ejecutaría sus propias alternativas. Desde esa lectura, el Círculo anticipa un escenario favorable al oficialismo en las elecciones de 2027 y sostiene que sus adversarios necesitan recuperar credibilidad y construir un proyecto nacional convincente.

Más allá de la disputa política, la publicación propone evaluar la gestión pública por los resultados que recibe la población. Como ejemplo, relata el caso de Los Toles, en Ahuachapán, donde contrasta las calles de tierra y lodo observadas durante la celebración de la independencia de 2025 con una carretera pavimentada y una nueva escuela un año después. El propio análisis introduce una precisión: construir infraestructura no garantiza por sí solo mejores aprendizajes. El siguiente reto consiste en comprobar si esas inversiones ayudan a completar los estudios y ampliar las oportunidades de los alumnos.

La tecnología ocupa otro lugar destacado. El boletín defiende la incorporación de la inteligencia artificial a la educación, acompañada de controles y un uso adecuado, y cuestiona que sus riesgos justifiquen abandonar las herramientas digitales. También destaca la formación continua como una vía para fortalecer las posibilidades laborales. En materia económica, plantea que la capacidad del Estado para anticiparse, planificar y ejecutar políticas puede marcar diferencias frente a dificultades externas, como las variaciones del mercado petrolero.

La seguridad y la identidad nacional completan los principales ejes de esta edición. El Círculo interpreta las muestras de apoyo a policías y militares durante el desfile del 15 de septiembre como una expresión de agradecimiento por la recuperación de la tranquilidad. Asimismo, propone rescatar la palabra “mara” en su sentido de grupo de amigos, desligándola de su asociación con las pandillas. Ambos planteamientos reflejan la tesis central de la publicación: que los cambios atribuidos al actual Gobierno también están modificando la convivencia y la manera en que los salvadoreños perciben su país.

 

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La advertencia de Pérez-Reverte ante el ocaso digital

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Foto: Arturo Pérez-Reverte 

Por: Lisandro Prieto Femenía

“La técnica, cuya esencia es el Encuadramiento, es el peligro supremo, pues amenaza al hombre en su esencia misma, cerrándole el acceso a una verdad más originaria y sustancial”

Heidegger, 1954/1994, p. 25

Hoy quiero invitarlos a reflexionar sobre unas declaraciones de Arturo Pérez-Reverte, expuestas en un artículo titulado “Me da miedo por mi hija… va a venir el apocalipsis digital y va a ser muy desagradable” (2025; Lecturas). Dichas apreciaciones, cargadas de un sombrío vaticinio sobre el advenimiento de un “apocalipsis digital” son una señalización ontológica sobre la fragilidad en la que se encuentra nuestra civilización. Cuando el escritor manifiesta su temor por el futuro de su hija en un mundo que se torna “desagradable”, está señalando una fractura en la continuidad de la experiencia humana.

Este apocalipsis no implica una aniquilación física, sino una erosión de los cimientos culturales que permitían al individuo interpretar la realidad con cierto grado de autonomía. El riesgo fundamental reside en que la digitalización absoluta del ser ha comenzado a devorar la memoria histórica, dejando al sujeto desprovisto de los instrumentos críticos necesarios para resistir a la manipulación de los algoritmos. En su intervención, el académico advierte que la estructura que sostenía la transmisión del saber se ha quebrado, dando paso a una intemperie intelectual donde la información de baja calidad sustituye al verdadero conocimiento.

Aquella transición hacia lo que podríamos denominar una “existencia líquida” encuentra su eco en el pensamiento de Zygmunt Bauman, quien en su obra titulada “Modernidad líquida”, advirtió que nos encontramos en una etapa donde las estructuras sociales y culturales han perdido su solidez, fluyendo sin dejar huella ni permitir arraigo alguno. Al respecto, el autor sostenía que en nuestra era la cultura ya no se percibe como una estructura de aprendizaje y formación de sabiduría, sino de consumo inmediato. Según sus propias palabras, “la cultura de la modernidad líquida ya no siente que es una cultura de aprendizaje y acumulación, sino una cultura del desapego, de la discontinuidad y del olvido” (Bauman, 2000, p. 167).

Esta posibilidad de desconexión con el pasado es precisamente la que Pérez-Reverte identifica como el núcleo de la catástrofe que se viene gestando paulatinamente hace más de dos décadas, pues una sociedad que habita un presente perpetuo y digitalizado es una sociedad totalmente incapaz de proyectar un futuro con sentido propio y profundo. La inmediatez que denuncia el escritor español no es otra cosa que la victoria aplastante de la obsolescencia programada aplicada al pensamiento humano.

Consecuentemente, la advertencia de Pérez-Reverte sobre la llegada de un tiempo “desagradable” se vincula estrechamente con la preocupación que tenía José Ortega y Gasset respecto al predominio de lo que él denominó la “hiperdemocracia”. En su obra fundamental titulada “La rebelión de las masas”, Ortega describe un tipo de hombre que, carente de proyectos y de memoria histórica, se siente dueño de una técnica que no comprende y que utiliza para imponer sus deseos inmediatos. Para el filósofo madrileño, este “hombre-masa” es aquel que “se siente perfecto” y que no admite ningún tipo de autoridad superior a su propia opinión trivializada y decadente. En este sentido, Ortega sostiene que “la historia es la realidad del hombre. No tiene otra. En ella se ha hecho tal como es. Negar el pasado es absurdo e ilusorio, porque el pasado es lo natural del hombre, que vuelve a galope” (Ortega y Gasset, 1930/2005, p. 114). El apocalipsis digital que vaticina Pérez-Reverte es, en términos orteguianos, la culminación de este proceso de deshistorización, donde el individuo, encerrado en su propia pantalla, cree haber superado la necesidad de la herencia cultural, ignorando que es precisamente esa herencia la que le otorgaba la condición de persona.

Atendiendo a este último punto, es crucial entonces interpretar que, para Pérez-Reverte, esta pérdida de espesor histórico es equivalente a un desarme moral que deja a las sociedades de todo Occidente, y especialmente a sus jóvenes, en una situación de vulnerabilidad extrema ante la posibilidad de un conflicto real o un cataclismo global. El autor denuncia con frecuencia la “soberbia de los tiempos de paz”, esta ilusión de que la estabilidad y el confort son derechos naturales y permanentes.

Particularmente, en su obra “Los barcos se pierden en tierra”, reflexiona sobre cómo la falta de contacto con la aspereza del mundo real ha atrofiado el instinto de supervivencia. Según su perspectiva, hemos construido una sociedad de “niños sobreprotegidos” que carecen de la estructura psicológica para afrontar la tragedia. Al respecto, el autor indica con crudeza que “hemos educado a las nuevas generaciones en la idea de que la vida es un centro comercial con aire acondicionado, y cuando el aire acondicionado se corte, no sabrán ni cómo respirar” (Pérez-Reverte, 2011, p. 89). Esta orfandad de mecanismos de defensa no es sólo técnica, sino espiritual, puesto que se trata de una incapacidad de comprender que el horror forma parte inexorable de la existencia propiamente humana.

Paralelamente, esta “indefensión aprendida” ante la tragedia conecta con el sentimiento trágico de la vida de Miguel de Unamuno. El filósofo bilbaíno defendía que la verdadera humanidad surge de la lucha agónica por la trascendencia y el reconocimiento de nuestra propia mortalidad. En este sentido, Unamuno sospechaba de toda civilización que intentara anestesiar el dolor a través de la comodidad superficial. En su obra magna, “Del sentimiento trágico de la vida”, afirma que “el hombre es tanto más hombre, esto es, tanto más divino, cuanto más capacidad tiene para el sufrimiento, o mejor dicho, para la angustia” (Unamuno, 1913/2005, p. 198).

Como podrán apreciar, la sociedad digital que Pérez-Reverte critica sería, para Unamuno, una sociedad que huye de la angustia existencial a través de la distracción tecnológica. Al eliminar el peso de la historia y el desafío de las dificultades, el mundo digital despoja al individuo de su “hombría” (en el sentido unamuniano), convirtiéndolo en un ser etéreo, sin raíces ni capacidad de sostenerse ante el vendaval de la realidad. En definitiva, queridos lectores, el miedo que Reverte (y muchos de nosotros) siente por su hija es el miedo a que viva en una paz ficticia y perversa que la deje desarmada ante el inevitable retorno del conflicto.

Adicionalmente, en su novela “El club Dumas”, el autor nos recuerda que los libros poseen una vida propia que custodia los secretos de nuestra identidad frente al caos del exterior. Allí se afirma que “un libro es la única prueba de que el hombre sea, quizá, algo más que un simple error de la naturaleza” (Pérez-Reverte, 1993, p. 112). Al perder el contacto con la palabra escrita y la narrativa de largo aliento, el individuo posmoderno se sumerge en lo que él denomina una “barbarie de corbata”, donde la tecnología oculta un vacío espiritual abismal. La amenaza digital, por tanto, no es sólo la pérdida de la privacidad, sino la amputación de la capacidad de reconocer el mal y la tragedia, elementos que la literatura clásica nos enseñaba a gestionar con dignidad y estoicismo. Al desterrar el estudio de la historia y las humanidades, se ha privado a la juventud de los mapas necesarios para navegar en tiempos de tormenta, dejándolos a merced de una sentimentalidad estéril y vacua que se desmoronará ante el primer oleaje de realidad.

Por consiguiente, amigos míos, la preocupación por las generaciones actuales radica en que éstas representan el último eslabón con el mundo analógico, aquel donde el libro y la reflexión pausada fungían como escudos ante la barbarie. El mundo digital, por el contrario, nos sumerge en una apariencia de transparencia que, lejos de liberarnos, nos esclaviza bajo el yugo pervertido de la visibilidad constante. Al respecto, Byung-Chul Han, en su análisis sobre la crisis de los objetos en “No-cosas: Quiebras del mundo de hoy”, argumenta que la información ha sustituido a las cosas, despojándonos de la estabilidad que nos brindaba el entorno físico. El filósofo coreano declara con lucidez que “la digitalización desmaterializa y descorporeíza el mundo; en lugar de guardar recuerdos, almacenamos datos” (Han, 2021, p. 14). Así, pasamos de tener álbumes de fotografías que al mirarlas sentíamos que volvíamos al pasado a tener mil gigas de memoria de fotos y videos que nos da pereza revisar: esta sustitución del recuerdo por el dato es la que genera la sensación de vacío y desamparo que Pérez-Reverte describe cuando advierte sobre la indefensión de quienes no han sido entrenados en la adversidad.

No es casual que haya elegido a Pérez-Reverte para presentar esta reflexión, puesto que su lucidez se manifiesta en su diagnóstico sobre la degradación del lenguaje, el cual es un vehículo fundamental para el pensamiento y la resistencia política. En sus columnas recopiladas bajo el título “Cuando éramos honrados mercenarios”, el autor vincula la pobreza léxica con la incapacidad de ejercer la rebeldía. Un mundo con menos palabras es un mundo con menos ideas y, por ende, más dócil ante el poder y más frágil ante la crisis. El escritor sostiene que el lenguaje es la última frontera de la libertad personal, afirmando que “si te quitan las palabras que definen tu mundo, te están quitando el mundo mismo” (Pérez-Reverte, 2009, p. 45). El apocalipsis digital es, en este sentido, un proceso de simplificación semántica donde el matiz desaparece en favor del impacto emocional y el clic efímero. Esta simplificación es la que impide que un púber de hoy pueda siquiera conceptualizar la magnitud de una gran guerra, viéndola como un fenómeno ajeno o una ficción de pantalla hasta que el estrépito de la cruda existencia lo alcance con ferocidad.

No obstante, el pesimismo del novelista es también una invitación a la resistencia frente a la uniformidad del pensamiento tecnocrático. Si el sistema digital es tan frágil como él sugiere, la recuperación de la cultura clásica y el pensamiento crítico se vuelven actos de rebelión necesarios para salvaguardar la dignidad del espíritu. El “apocalipsis” es, etimológicamente, una revelación, y lo que se nos está revelando hoy es la completa desnudez de un sujeto que ha confiado ciegamente toda su herencia al soporte efímero de una nube virtual. La advertencia sobre lo “desagradable” de este nuevo tiempo nos obliga a preguntarnos si aún estamos a tiempo de proteger el refugio de la interioridad. La técnica ha dejado de ser una herramienta para convertirse en un ecosistema que dicta las condiciones de nuestra libertad, y es en esa tensión donde se juega el destino de lo humano en las próximas décadas. El diagnóstico de Pérez-Reverte es una llamada de atención sobre el naufragio de una memoria colectiva que ya no encuentra puertos donde atracar, ni tripulación capaz de navegar en aguas turbulentas.

Para ir cerrando, queridos lectores, es necesario cuestionar si el miedo que expresa Pérez-Reverte no es, en realidad, el síntoma de una orfandad civilizatoria ya consumada e irreversible. ¿Es posible habitar un mundo donde la verdad se disuelve en el flujo incesante de la información de dudosa procedencia, sin perder por completo la capacidad de amar, de crear y de recordar con autenticidad? Quizá el verdadero apocalipsis no sea la caída técnica del sistema, sino la resignación a vivir en sus ruinas digitales y éticas sin extrañar siquiera la solidez de una biblioteca, el olor de las páginas de un libro o el peso de una historia compartida.

¿Qué quedará de nuestra identidad cuando el último servidor se apague y descubramos que hemos olvidado cómo leer el mundo con nuestros propios ojos? ¿Seremos capaces de reconstruir un sentido humano sobre los escombros de lo virtual, o estamos irremediablemente condenados a ser la última generación que tuvo plena conciencia de su propia pérdida y, sin embargo, no supo cómo evitarla? Finalmente, ¿es el apocalipsis digital el fin de nuestra historia o simplemente el comienzo de una nueva era de sombras donde el ser humano será, definitivamente, una pieza prescindible de su propio invento?

REFERENCIAS

  • Bauman, Z. (2000). Modernidad líquida (M. Miras, Trad.). Fondo de Cultura Económica.
  • Han, B.-C. (2021). No-cosas: Quiebras del mundo de hoy (J. Chamorro Mielke, Trad.). Taurus.
  • Heidegger, M. (1994). La pregunta por la técnica. En Conferencias y artículos (E. Barjau, Trad.). Ediciones del Serbal. (Obra original publicada en 1954).
  • Ortega y Gasset, J. (2005). La rebelión de las masas. Biblioteca Nueva. (Obra original publicada en 1930).
  • Pérez-Reverte, A. (1993). El club Dumas. Alfaguara.
  • Pérez-Reverte, A. (2009). Cuando éramos honrados mercenarios. Alfaguara.
  • Pérez-Reverte, A. (2011). Los barcos se pierden en tierra. Alfaguara.
  • Pérez-Reverte, A. (2025, 20 de marzo). Arturo Pérez-Reverte: «Me da miedo por mi hija… va a venir el apocalipsis digital y va a ser muy desagradable». En Lecturas. Recuperado de: https://www.lecturas.com/trending/arturo-perez-reverte-me-da-miedo-por-mi-hija-que-tiene-40-anos-va-venir-apocalipsis-digital-va-ser-muy-desagradable_191412
  • Unamuno, M. (2005). Del sentimiento trágico de la vida. Tecnos. (Obra original publicada en 1913).

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