ENTREGA ESPECIAL
ENTREVISTA EXCLUSIVA: “Las leyes son de Dios, pero el hombre no las cumple”, madre de la doctora Rosa Bonilla, asesinada en Santa Ana
Luego de la sentencia de 50 años de cárcel en contra del asesino de su hija, doña Irma de Bonilla dice haber encontrado un poco de paz.
Y es que después de 14 meses de lucha jurídica, toda la familia encontró un poco de alivio a la pesadilla que comenzó el 23 de enero de 2018.
Durante la entrevista El Salvador Today, de Diario Digital Cronio, doña Irma dijo que siempre se sintió muy orgullosa de su hija, un doctora muy reconocida por su entrega hacia su trabajo y a sus pacientes.
A pesar del dolor, narra con voz firme los detalles del dìa de la tragedia que la ha marcado a ella y a toda su familia.
“Yo iba manejando por Agua Caliente cuando mi nieto me llamó”, detalla, en ese momento solo le informaron que Rosa María había sufrido un accidente y que estaba “bien golpeada”, minutos después le informaron que había fallecido.
Fue hasta que logró llegar a la casa de su hija, en Santa Ana, que comenzó a entender poco a poco que su hija no había muerto en un accidente.
Fue así que comenzó el calvario judicial, pues solo existen dos juzgados especializados para procesar los casos de violencia contra la mujer y según señala doña Irma “no son suficientes para atender todos los casos”.
Señala que fue necesaria la presión social, el apoyo de familia y amigos, así como el trabajo de dos abogados querellantes para que se lograra una sentencia condenatoria.
Asegura que siempre tuvo fe en el sistema judicial, pues cree firmemente que “las leyes son de Dios, pero el hombre no las cumple”, por eso, asegura, fue tan dura la lucha.
Tambiéna aclara que como familia nunca solicitaron ninguna cantidad de dinero, pues tiene muy claro que “mi hija valía muchísimo más”.
Un rompecabezas incompleto.
Doña Irma detalló que su hija tuvo una relación de aproximadamente seis años con Dennis Suárez, ambas familias se conocen desde hace muchos años pues eran vecinos.
Pero esa familiaridad no cuenta para nada, pues con todo el tiempo que ha transcurrido nadie ha sabido explicar qué fue lo que provocó el mortal ataque.
“Eso él lo tiene en su corazón”, dice, pues durante todo el proceso e incluso en la vista pública, cuando se esperaba que dijera algo, se mantuvo en total silencio.
A lo largo de la relación no hubo señales, asegura doña Irma, que le indicaran que la relación podría desembocar en violencia y menos en la muerte de su hija.
La comunicación es la clave.
La fortaleza emocional que doña Irma muestra viene de la buena relación que siempre tuvo con su hija, según detalla ella. “Hablábamos todos los días y nos veíamos por lo menos una vez a la semana”, explica.
“Estoy segura que ella ya está en la presencia de Dios”, expresa doña Irma, al tiempo que destaca que no le queda remordimientos en cuanto a su hija, pues siempre tuvieron muy buena comunicación, eran muy cercanas y está segura que si siguiera con vida, estaría “trabajando por sus pacientes y ayudando a los demás”.
Nota escrita por Luis Alvarado
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El dolor que no se borra: Payaso Chocoyito revive el secuestro y asesinato de su hijo a manos de pandilleros
En un testimonio que estremece hasta las lágrimas, José Domínguez, conocido como el payaso Chocoyito, relató con crudeza el momento en que pandilleros secuestraron y asesinaron a su hijo Nathanael en El Salvador en 2015. Vestido con su característico traje azul, peluca amarilla y nariz roja, el artista transforma su sufrimiento en mensaje de fe y prevención, compartido en plataformas como TikTok y X.
“Me secuestran a mi hijo las pandillas”, comienza Chocoyito con voz quebrada, mientras narra cómo, durante dos meses y medio de cautiverio, él continuaba haciendo reír a niños en fiestas y eventos, ocultando su angustia. El padre explica que, incluso en un congreso de payasos en Nicaragua, mantuvo su compromiso escénico pese al infierno personal que vivía.
El drama alcanzó su clímax cuando le informaron del hallazgo del cuerpo. “Agarré mi moto… y me enseñan esto”, relata, describiendo la foto de su hijo atado de pies y manos con un escopetazo en la cabeza. Cada gesto con el lazo en su muñeca revive el dolor: “Por eso cuando yo hago este lazo y me aprietan duro y me duele la muñeca, recuerdo el dolor de mi hijo”.
@enriqueortegacontrastes Me secuestran a mi hijo las pandillas ##mexico🇲🇽##padresausenteshijoscomplicados##elsalvador🇸🇻##enriqueortegacontrastes ♬ sonido original – Enrique Ortega Contrastes
Chocoyito describe la exhumación en la fosa clandestina: “Cada vez que yo veía un cuerpo… pensé que iba a caer desmayado, pero me mantenía fiel porque quería ver a mi hijo, costara lo que costara”. Al abrir el tercer cuerpo, la confirmación devastadora: “Veo que era mi hijo con la ropa que yo le había dado el día de su cumpleaños”.
“Jamás supe quién le enseñó a mi hijo a decirme todos los días ‘te amo’”, confiesa con emoción contenida, recordando las últimas palabras de Nathanael. “Tenía una foto de mi hijo, la abracé y quería que me dijera te amo, pero él ya no estaba”.
El payaso, quien también es pastor, convirtió su tragedia en el proyecto “Buscando Sonrisas”, visitando escuelas para prevenir la violencia y fortalecer lazos familiares. “Padres de familia, ¿cuándo fue la última vez que le dijiste a tu hijo te amo?”, pregunta directamente al público.Su historia no solo honra la memoria de Nathanael, sino que alerta sobre el flagelo de las pandillas que destrozan familias en Centroamérica. Chocoyito cierra con perdón y esperanza, recordando que “a nadie le deseo lo que yo viví”.
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¿Fracaso histórico o el fin de una era? El colapso de la Francia «invencible» en el Mundial 2026

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Tras varios días de búsqueda, Daniel encuentra el cuerpo de su primo entre los escombros en Venezuela
Daniel González removía polvo y pedazos de bloque con el cepillo de una escoba y sus propias manos dentro de un orificio cavado bajo una losa de concreto. Poco a poco, entre los escombros, comenzó a emerger un cráneo, el primer indicio de su primo, a quien buscaba desde hacía 18 días.
Félix Astudillo fue uno de los más de 4,500 fallecidos por el doble terremoto que impactó el norte de Venezuela el pasado 24 de junio. Al momento de la tragedia se encontraba en un festejo en el piso 2 del edificio Residencias Arichuna, ubicado en el sector Los Corales de La Guaira, el estado más afectado.
La estructura colapsó y quedó sepultada bajo toneladas de concreto. Daniel llegó al lugar un día después del terremoto y encontró el edificio en ruinas.
Según su relato, los trabajos con maquinaria comprometían los cuerpos que permanecían atrapados. Pese a no contar con conocimientos técnicos en labores de rescate, asumió el liderazgo y cambió el método de operación, logrando recuperar varios cadáveres.
Su principal motivación era encontrar a su primo, con quien se crio como si fueran hermanos.
«Mi objetivo es sacar a mi hermano y sacar a las otras 10 o 11 personas también restantes, porque yo siento que son familia mía», expresó Daniel, un joyero de 35 años.
«Merecen tener un entierro digno, porque es muy difícil para la mamá, para el padre (…) es una incógnita que les queda por toda su vida», agregó.
El polvo cubre la ropa negra de Daniel, mientras sus desgastados guantes de tela reflejan más de dos semanas de arduo trabajo. Duerme pocas horas en una carpa instalada a metros del edificio y, durante sus momentos de descanso, piensa en las labores realizadas, los cuerpos recuperados y el trabajo que aún falta por completar.
Un grupo de rescatistas voluntarios, policías y bomberos rodeó el hoyo donde finalmente fue localizado Félix. Con un esmeril, cortaron cuidadosamente las varillas metálicas de las columnas que obstaculizaban el área.
Los equipos aún necesitaban removedor para extraer el cuerpo, en estado de descomposición, sin causarle mayores daños.
Tras encontrar el cadáver, un fuerte olor a putrefacción impregnó el ambiente. El hedor se convirtió en una de las principales pistas utilizadas por los rescatistas para buscar entre los escombros.
El olor les indica las zonas donde deben revisar. Posteriormente, utilizan fotografías de los apartamentos enviadas por familiares para estudiar la estructura y determinar los puntos donde deben realizar las excavaciones.
«No parecemos topos, parecemos sabuesos», comentó Daniel irónicamente, en referencia a los rescatistas mexicanos conocidos popularmente como «topos».
«Con el olor nos guiamos, tomamos fotos y empezamos a excavar. Es fuerte el trabajo, pero gracias a Dios hemos sacado 11 cuerpos intactos con esa metodología», explicó.
Daniel estudió ciencias forenses y la tragedia lo llevó a poner en práctica sus conocimientos para identificar y preservar los cuerpos encontrados.
Su experiencia le permitió reconocer inmediatamente a su primo. Pese al alto grado de descomposición, observar su dentadura fue suficiente para confirmar que su «hermano» había muerto entre los escombros.
«Es difícil, yo siempre he estado con él. Él sabía que estaba con él en las buenas y en las malas. Ahí estoy, pa’lante, hasta la muerte», dijo Daniel mientras las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos.
«Yo le cumplí lo que le prometí, que lo iba a rescatar», agregó.
Entre momentos de esperanza y las arduas labores de rescate, Daniel no había tenido espacio para procesar la pérdida de su primo. Además, carga con el luto de los cuerpos que ha recuperado.
«Yo creo que estas mismas lágrimas que estoy botando son por los 11 cuerpos que ya saqué y por los 10 o poco más que todavía quedan», expresó.
Conmocionado, Daniel revisó las pertenencias de Félix encontradas en una cartera ubicada junto al sofá donde descansaba al momento del colapso del edificio.
Observó detenidamente su documento de identidad, tarjetas bancarias, billetera y su teléfono celular, que quedó hecho añicos. Posteriormente, guardó cuidadosamente cada objeto en una bolsa de plástico.
«Ya por lo menos mi familia va a estar tranquila», concluyó.






