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ENTREGA ESPECIAL

Cuáles fueron las pandemias más letales de la historia: De la peste negra al coronavirus

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Con más de 566.000 casos confirmados en el mundo y al menos 25.000 muertes, el brote de COVID-19 —declarado pandemia por la Organización Mundial de la Salud el pasado 11 de marzo— desató una crisis global como hacía tiempo no se veía.

Sin embargo, la historia puede ayudar a poner en perspectiva lo que está sucediendo. A pesar de la gravedad inusitada de este brote originado en China en noviembre pasado, aún está lejos de los más letales de la historia. A continuación, un repaso por las pandemias más significativas de las que hay registro:

Peste antonina (165-180): 5 millones de muertes

Cuanto más se retrocede en el tiempo, menores son las precisiones sobre las enfermedades y sus consecuencias. Pero hay evidencias históricas más que suficientes para saber que la peste antonina fue devastadora en su tiempo. La infección se desató en el Imperio Romano tras el regreso de tropas que habían combatido en Medio Oriente. Se cree que la enfermedad puede haber sido viruela o sarampión, pero no hay consenso entre los historiadores.

Se la conoce como peste antonina por el nombre de la dinastía reinante en Roma en ese momento. De hecho, hay indicios de que el emperador Lucio Vero, que gobernaba en conjunto con su hermano adoptivo Marco Aurelio, murió en el año 169 víctima de ese mal. Las estimaciones actuales ascienden a 5 millones de muertos, lo que la convertiría en la séptima pandemia más letal de la historia.

Plaga de Justiniano (541-542): 30-50 millones de muertes

El epicentro del brote fue Constantinopla —actualmente Estambul—, capital del Imperio Bizantino (Imperio Romano de Oriente). El origen fueron las ratas que llegaban en los barcos mercantes provenientes de distintos rincones de Eurasia, portadoras de pulgas infectadas con la peste bubónica.

El emperador Justiniano I también contrajo la enfermedad, pero sobrevivió. Los cálculos de entre 30 y 50 millones de muertos como consecuencia de la pandemia abarcan los dos siglos en los cuales esta resurgió. Eso la convierte en la cuarta peor de la historia.

Cuadro del ángel de la muerte golpeando una puerta durante la plaga de Roma en tiempos de la peste antonina (Foto: Wikipedia)

Cuadro del ángel de la muerte golpeando una puerta durante la plaga de Roma en tiempos de la peste antonina (Foto: Wikipedia)

Epidemia de viruela japonesa (735–737): 1 millón de muertes

Se desarrolló en el contexto de intercambios crecientes entre Japón y el continente asiático, que dio lugar a otras epidemias. Comenzó en 735 en la ciudad de Dazaifu, Fukuoka, luego de que un pescador japonés la contrajera en Corea. La enfermedad se propagó rápidamente y terminó afectando a la mayor parte de la isla, donde murió cerca de un tercio de la población.

Peste negra (1347-1351): 200 millones de muertes

Se la considera la pandemia más mortífera y con el impacto más duradero en la historia de la humanidad. Se cree que el brote comenzó en Asia Central, y desde allí pasó por la Ruta de la Seda hasta llegar a la península de Crimea —disputada entre Rusia y Ucrania en la actualidad— en 1343. Alojada en las pulgas de las ratas negras, se esparció por toda Europa usando como medio de transporte a los barcos mercantes.

Las estimaciones más conservadoras sostienen que mató al 30% de la población europea, pero las más audaces dicen que hasta el 60% pudo haber muerto como resultado de la pandemia. El continente tardó 200 años en recuperar su nivel anterior de habitantes, aunque algunas regiones, como Florencia y sus alrededores, tardaron hasta el siglo XIX.

Pintura de San Sebastián suplicando por la vida de un sepulturero afligido por la peste durante la plaga de Justiniano, del siglo VI (Foto: Wikipedia)

Pintura de San Sebastián suplicando por la vida de un sepulturero afligido por la peste durante la plaga de Justiniano, del siglo VI (Foto: Wikipedia)

Viruela (1520): 56 millones de muertes

Era una enfermedad desconocida en el continente americano, pero llegó con la conquista europea. Fue introducida primero en lo que actualmente es México por los españoles y fue determinante en la caída del Imperio Azteca. Es considerada la segunda mayor pandemia de la historia, y hay estimaciones que indican que mató hasta al 90% de la población nativa americana.

Grandes pestes del siglo XVII (1600): 3 millones de muertes

Fueron distintos brotes de peste bubónica que tuvieron diferentes epicentros a lo largo del siglo. Uno de los más significativos fue la gran peste de Londres, que duró de 1665 a 1666, y fue la última gran epidemia de peste bubónica en Inglaterra.

Un hombre y una mujer con la peste bubónica con las características úlceras en sus cuerpos en una pintura medieval de una Biblia de 1411 en Toggenburg, Suiza (Foto: Shutterstock)

Un hombre y una mujer con la peste bubónica con las características úlceras en sus cuerpos en una pintura medieval de una Biblia de 1411 en Toggenburg, Suiza (Foto: Shutterstock)

Grandes pestes del siglo XVIII (1700): 600.000 muertes

Fueron diversas epidemias que surgieron en distintos países. La más importante fue la peste rusa de 1770-1772, también conocida como la peste de 1771. Murieron entre 52.000 y 100.000 personas solo en Moscú, cuya población se redujo en una tercera parte.

Cólera (1817-1923): 1 millón de muertes

La falta de tratamiento de los excrementos humanos y la ausencia de agua potable son los principales responsables de la propagación del cólera. Entre 1817 y 1923 se produjeron las primeras seis pandemias de esta enfermedad en distintos puntos del continente asiático.

Ilustración obtenida de un compendio de materiales e información sobre la historia azteca y nahua recopilada por fray Bernardino de Sahagún. Muestra a nahuas infectados con la enfermedad de la viruela (Foto: Wikipedia)

Ilustración obtenida de un compendio de materiales e información sobre la historia azteca y nahua recopilada por fray Bernardino de Sahagún. Muestra a nahuas infectados con la enfermedad de la viruela (Foto: Wikipedia)

La tercera peste (1855): 12 millones de muertes

La tercera pandemia de peste bubónica surgió en Yunnan, China, durante el quinto año del emperador Xianfeng de la dinastía Qing. Desde allí se esparció por todo el mundo, aunque en ningún lugar tuvo un impacto tan mortífero como en la India, donde causó cerca de 10 millones de muertos. Es la sexta pandemia más letal de la historia.

Fiebre amarilla (fines de 1800): 100.000-150.000 muertes

Los científicos consideran que se originó en África, con transmisión entre primates y humanos. El virus y el vector, que es el Aedes aegypti, una especie de mosquito, fueron llevados al continente americano por barcos de comercio de esclavos. Durante el siglo XIX se produjeron importantes brotes en América y en Europa.

El doctor Simmonds inyectando su suero curativo en un paciente durante el brote de la peste bubónica en Karachi, India. Fotografía de 1897 (Foto: Wikipedia)

El doctor Simmonds inyectando su suero curativo en un paciente durante el brote de la peste bubónica en Karachi, India. Fotografía de 1897 (Foto: Wikipedia)

Gripe española (1918-1919): 40-50 millones de muertes

Fue la primera pandemia causada por el virus de la gripe, el H1N1, y se convirtió en la tercera más letal de la historia de la humanidad, debido a que mostró una tasa de mortalidad muy superior a la habitual. Se estima que infectó a 500 millones de personas en todo el mundo, alrededor del 27% de la población global.

Lo interesante es que España no sufrió particularmente más que otros países la epidemia. Pero la posguerra había llevado a muchos Gobiernos a censurar los reportes de muertos en Alemania, el Reino Unido, Francia y los Estados Unidos. Eso no ocurrió en España, que se había mantenido al margen del conflicto, y por eso se empezó a hablar de gripe española.

Los médicos llevaban máscaras para evitar la gripe en el hospital del ejército estadounidense, el 19 de noviembre de 1918, durante la pandemia de gripe española, de 1918-1919 (Foto: Shutterstock)

Los médicos llevaban máscaras para evitar la gripe en el hospital del ejército estadounidense, el 19 de noviembre de 1918, durante la pandemia de gripe española, de 1918-1919 (Foto: Shutterstock)

Gripe rusa (1889-1890): 1 millón de muertes

El virus de la gripe A subtipo H2N2 se encuentra en las aves y, según algunos investigadores médicos, surgió por primera vez en Rusia en 1889. Si bien otros especialistas sostienen que no hay evidencia suficiente de que haya sido ese tipo de virus, la pandemia causó cerca de un millón de muertes.

Gripe asiática (1957-1958): 1,1 millón de muertes

Si la rusa fue la primera pandemia de gripe A, la asiática fue la segunda. Algunos autores creen que se originó por una mutación en patos salvajes que se combinó con una cepa humana preexistente. El virus se identificó por primera vez en Guizhou, China, y se propagó a Singapur, de allí a Hong Kong, y luego a los Estados Unidos.

Diagnóstico sosteniendo una prueba de VIH positivo (Foto: Shutterstock)

Diagnóstico sosteniendo una prueba de VIH positivo (Foto: Shutterstock)

Gripe de Hong Kong (1968-1970): 1 millón de muertes

Fue la tercera de esta serie de pandemias. El primer registro del brote en Hong Kong apareció el 13 de julio de 1968, y a fin de mes ya había llegado a Vietnam y Singapur. La región no había aprendido las lecciones de los brotes anteriores.

VIH/sida (1981-actualidad): 25-35 millones de muertes

El sida es causado por un virus de inmunodeficiencia humana que se originó en primates del África central y occidental a principios del siglo XX. Si bien varios subgrupos del virus adquirieron la capacidad de infectar a seres humanos, la pandemia tuvo sus orígenes en la aparición de una cepa específica, el subgrupo M del VIH-1, en Leopoldville, República Democrática del Congo, y se disparó a partir de 1981.

Actualmente hay 37,9 millones de personas que están infectadas con VIH en todo el mundo, y solo en 2018 murieron 770.000 personas por esta enfermedad. El África subsahariana es la región más afectada, y el 61% de las nuevas infecciones provienen de allí.

Fakoya, Koinadugu, Sierra Leona, agosto de 2015. Joven sobreviviente del ébola asiste a una ceremonia comunitaria debido a la epidemia del ébola en Sierra Leona durante 2014-2015 (Foto: Shutterstock)

Fakoya, Koinadugu, Sierra Leona, agosto de 2015. Joven sobreviviente del ébola asiste a una ceremonia comunitaria debido a la epidemia del ébola en Sierra Leona durante 2014-2015 (Foto: Shutterstock)

SARS (2002-2003): 770 muertes

El Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS, por sus siglas en inglés) es una enfermedad provocada por un coronavirus distinto del causante del COVID-19, el SARS-CoV. Entre noviembre de 2002 y julio de 2003, un brote registrado en el sur de China terminó con 8.098 personas infectadas en 17 países, aunque la mayoría de los casos se registraron en China y Hong Kong.

El virus surgió en murciélagos de herradura que habitan en cuevas de la provincia de Yunnan, y de allí pasó a los humanos. De todos modos, no se han reportado nuevos casos de SARS desde 2004.

Personal médico vestido con trajes protectores distribuye comida en un estadio deportivo que se ha convertido en un hospital improvisado para tratar a los pacientes del nuevo coronavirus, en Wuhan, el 2 de marzo de 2020 (China Daily vía Reuters)

Personal médico vestido con trajes protectores distribuye comida en un estadio deportivo que se ha convertido en un hospital improvisado para tratar a los pacientes del nuevo coronavirus, en Wuhan, el 2 de marzo de 2020 (China Daily vía Reuters)

Gripe porcina (2009-2010): 200.000 muertes

Fue la segunda pandemia causada por el virus de la gripe H1N1, casi un siglo después de la gripe española. De todos modos, se trata de una nueva cepa de H1N1, que se originó cuando los virus de las gripes aviar, porcina y humana se combinaron con un virus de la gripe porcina euroasiática, razón por la que se la conoce como gripe porcina.

El brote apareció en cerdos de una región del centro de México, y a partir de allí se propagó. Se estima que entre el 11 y el 21% de la población mundial de entonces contrajo la enfermedad.

El estadio deportivo convertido en un hospital improvisado en Wuhan (China Daily vía Reuters)

El estadio deportivo convertido en un hospital improvisado en Wuhan (China Daily vía Reuters)

MERS (2012-actualidad): 850 muertes

El Síndrome Respiratorio de Medio Oriente también es causado por un coronavirus. El primer caso se encontró en un hombre de Arabia Saudita de 60 años que padecía una neumonía aguda. Murió de insuficiencia renal en junio de 2012, y luego se reportaron dos muertes más en la región de Al Ahsa. Desde ahí se trasladó a varios países, principalmente de Medio Oriente, aunque también de otras regiones, como Corea del Sur, que tuvo un brote en 2015.

Ébola (2014-2016): 11.300 muertes

Es una fiebre hemorrágica viral que afecta a los humanos y a otros primates. El de 2014 fue el brote más generalizado de la enfermedad en la historia. Los primeros casos se registraron en Guinea en diciembre de 2013, y de allí se propagó a Liberia y Sierra Leona, donde causó devastadores efectos humanos y materiales. La tasa de letalidad entre los pacientes hospitalizados llegó a ser de entre el 57 y el 59 por ciento.

INFORMACIÓN Y GRÁFICOS DE INFOBAE.COM

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El dolor que no se borra: Payaso Chocoyito revive el secuestro y asesinato de su hijo a manos de pandilleros

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En un testimonio que estremece hasta las lágrimas, José Domínguez, conocido como el payaso Chocoyito, relató con crudeza el momento en que pandilleros secuestraron y asesinaron a su hijo Nathanael en El Salvador en 2015. Vestido con su característico traje azul, peluca amarilla y nariz roja, el artista transforma su sufrimiento en mensaje de fe y prevención, compartido en plataformas como TikTok y X.

“Me secuestran a mi hijo las pandillas”, comienza Chocoyito con voz quebrada, mientras narra cómo, durante dos meses y medio de cautiverio, él continuaba haciendo reír a niños en fiestas y eventos, ocultando su angustia. El padre explica que, incluso en un congreso de payasos en Nicaragua, mantuvo su compromiso escénico pese al infierno personal que vivía.

El drama alcanzó su clímax cuando le informaron del hallazgo del cuerpo. “Agarré mi moto… y me enseñan esto”, relata, describiendo la foto de su hijo atado de pies y manos con un escopetazo en la cabeza. Cada gesto con el lazo en su muñeca revive el dolor: “Por eso cuando yo hago este lazo y me aprietan duro y me duele la muñeca, recuerdo el dolor de mi hijo”.

@enriqueortegacontrastes Me secuestran a mi hijo las pandillas ##mexico🇲🇽##padresausenteshijoscomplicados##elsalvador🇸🇻##enriqueortegacontrastes ♬ sonido original – Enrique Ortega Contrastes

Chocoyito describe la exhumación en la fosa clandestina: “Cada vez que yo veía un cuerpo… pensé que iba a caer desmayado, pero me mantenía fiel porque quería ver a mi hijo, costara lo que costara”. Al abrir el tercer cuerpo, la confirmación devastadora: “Veo que era mi hijo con la ropa que yo le había dado el día de su cumpleaños”.

“Jamás supe quién le enseñó a mi hijo a decirme todos los días ‘te amo’”, confiesa con emoción contenida, recordando las últimas palabras de Nathanael. “Tenía una foto de mi hijo, la abracé y quería que me dijera te amo, pero él ya no estaba”.

El payaso, quien también es pastor, convirtió su tragedia en el proyecto “Buscando Sonrisas”, visitando escuelas para prevenir la violencia y fortalecer lazos familiares. “Padres de familia, ¿cuándo fue la última vez que le dijiste a tu hijo te amo?”, pregunta directamente al público.Su historia no solo honra la memoria de Nathanael, sino que alerta sobre el flagelo de las pandillas que destrozan familias en Centroamérica. Chocoyito cierra con perdón y esperanza, recordando que “a nadie le deseo lo que yo viví”.

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¿Fracaso histórico o el fin de una era? El colapso de la Francia «invencible» en el Mundial 2026

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La humillación francesa se completó con un último acto de desidia en el partido por el tercer puesto, donde Inglaterra terminó de desnudar las miserias de un gigante sin alma. Lejos de buscar una despedida digna que apaciguara las críticas, la selección de Francia saltó al campo arrastrando los pies y sumida en una evidente crisis de identidad, lo que facilitó que el conjunto inglés se adueñara del bronce con total autoridad. Esta nueva derrota no solo sepultó cualquier intento de maquillar el torneo, sino que dejó claro que el colapso en semifinales no fue un accidente táctico, confirmando el fracaso absoluto de una generación que llegó para reinar y se marchó por la puerta trasera, completamente rota por dentro.
El Mundial de 2026 quedará grabado en la historia del fútbol francés no por la gloria, sino por el peso de una decepción monumental. La selección de Francia, que llegó a la cita norteamericana con la etiqueta de máxima favorita y la plantilla más millonaria del planeta, consumó un fracaso estrepitoso al quedar eliminada en las semifinales. Lo que se promocionaba como un paseo triunfal hacia la corona terminó transformándose en una pesadilla táctica y anímica que ha dejado al país en absoluto estado de shock.
El vestuario galo, repleto de estrellas de élite mundial, fue incapaz de responder en el momento de la verdad. La estrepitosa caída por 2-0 ante España desnudó las carencias de un equipo que, a pesar de su innegable talento individual, careció de alma, juego colectivo y rebeldía. La prensa internacional y los aficionados no dan crédito a cómo un plantel diseñado para dominar Europa y el mundo terminó mostrando su peor versión en el escenario más importante.
La eliminación no es solo dolorosa por el resultado, sino por la humillante forma en la que se produjo. Durante los 90 minutos del partido crucial ante los españoles, la ofensiva francesa firmó una estadística de terror: cero tiros a puerta. Una desconexión total entre el mediocampo y la delantera dejó al equipo completamente inofensivo, evidenciando una alarmante falta de ideas y una pasividad que raya en la displicencia deportiva.
Las críticas apuntan directamente a las principales figuras del equipo, quienes llegaron al torneo con un cartel de superestrellas y se marchan por la puerta trasera. Jugadores de la talla de Kylian Mbappé cargaban con la responsabilidad de liderar esta generación, pero su rendimiento en las fases decisivas fue gris, predecible y carente del brillo que los caracteriza en sus clubes. La falta de liderazgo dentro del terreno de juego dejó al descubierto que los nombres propios no ganan partidos sin compromiso colectivo.
El banquillo tampoco se libra de la quema mediática tras el planteamiento exhibido en las semifinales. El cuerpo técnico francés fue completamente superado en la pizarra por el estratega español, mostrando una incapacidad crónica para reaccionar ante la adversidad táctica. Los cambios tardíos y la falta de un plan de emergencia demostraron que la soberbia previa al torneo nubló la preparación de un equipo que se creyó campeón antes de jugar.
La frustración de la afición es total, ya que el camino previo al partido de semifinales había sido implacable. Francia avanzó con paso firme, goleando a sus rivales y exhibiendo un poderío físico que hacía presagiar un desenlace dorado. Pasar de esa arrolladora superioridad a conformarse con disputar el premio de consolación por el tercer puesto ante Inglaterra se siente como una bofetada directa al orgullo del fútbol galo.
Este torneo marca un punto de inflexión que obligará a una profunda reconstrucción dentro de la Federación Francesa de Fútbol. El fin del ciclo de varios referentes es inminente, y la continuidad del proyecto deportivo actual pende de un hilo fino tras romper las expectativas de millones de seguidores. La etiqueta de «la gran decepción» acompañará a este grupo de futbolistas por el resto de sus carreras, recordándoles el torneo donde lo tenían todo para reinar y decidieron claudicar.
Francia se despide de la gran final con las manos vacías y la mirada baja, dejando una lección clara para el fútbol moderno. El talento sin hambre, estrategia ni cohesión es un gigante con pies de barro fácil de derribar para bloques más hambrientos de gloria. El Mundial 2026 no será recordado por el juego de los Bleus, sino por el día en que la prepotencia futbolística francesa cavó su propia tumba en Semifinales.
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Tras varios días de búsqueda, Daniel encuentra el cuerpo de su primo entre los escombros en Venezuela

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Daniel González removía polvo y pedazos de bloque con el cepillo de una escoba y sus propias manos dentro de un orificio cavado bajo una losa de concreto. Poco a poco, entre los escombros, comenzó a emerger un cráneo, el primer indicio de su primo, a quien buscaba desde hacía 18 días.

Félix Astudillo fue uno de los más de 4,500 fallecidos por el doble terremoto que impactó el norte de Venezuela el pasado 24 de junio. Al momento de la tragedia se encontraba en un festejo en el piso 2 del edificio Residencias Arichuna, ubicado en el sector Los Corales de La Guaira, el estado más afectado.

La estructura colapsó y quedó sepultada bajo toneladas de concreto. Daniel llegó al lugar un día después del terremoto y encontró el edificio en ruinas.

Según su relato, los trabajos con maquinaria comprometían los cuerpos que permanecían atrapados. Pese a no contar con conocimientos técnicos en labores de rescate, asumió el liderazgo y cambió el método de operación, logrando recuperar varios cadáveres.

Su principal motivación era encontrar a su primo, con quien se crio como si fueran hermanos.

«Mi objetivo es sacar a mi hermano y sacar a las otras 10 o 11 personas también restantes, porque yo siento que son familia mía», expresó Daniel, un joyero de 35 años.

«Merecen tener un entierro digno, porque es muy difícil para la mamá, para el padre (…) es una incógnita que les queda por toda su vida», agregó.

El polvo cubre la ropa negra de Daniel, mientras sus desgastados guantes de tela reflejan más de dos semanas de arduo trabajo. Duerme pocas horas en una carpa instalada a metros del edificio y, durante sus momentos de descanso, piensa en las labores realizadas, los cuerpos recuperados y el trabajo que aún falta por completar.

Un grupo de rescatistas voluntarios, policías y bomberos rodeó el hoyo donde finalmente fue localizado Félix. Con un esmeril, cortaron cuidadosamente las varillas metálicas de las columnas que obstaculizaban el área.

Los equipos aún necesitaban removedor para extraer el cuerpo, en estado de descomposición, sin causarle mayores daños.

Tras encontrar el cadáver, un fuerte olor a putrefacción impregnó el ambiente. El hedor se convirtió en una de las principales pistas utilizadas por los rescatistas para buscar entre los escombros.

El olor les indica las zonas donde deben revisar. Posteriormente, utilizan fotografías de los apartamentos enviadas por familiares para estudiar la estructura y determinar los puntos donde deben realizar las excavaciones.

«No parecemos topos, parecemos sabuesos», comentó Daniel irónicamente, en referencia a los rescatistas mexicanos conocidos popularmente como «topos».

«Con el olor nos guiamos, tomamos fotos y empezamos a excavar. Es fuerte el trabajo, pero gracias a Dios hemos sacado 11 cuerpos intactos con esa metodología», explicó.

Daniel estudió ciencias forenses y la tragedia lo llevó a poner en práctica sus conocimientos para identificar y preservar los cuerpos encontrados.

Su experiencia le permitió reconocer inmediatamente a su primo. Pese al alto grado de descomposición, observar su dentadura fue suficiente para confirmar que su «hermano» había muerto entre los escombros.

«Es difícil, yo siempre he estado con él. Él sabía que estaba con él en las buenas y en las malas. Ahí estoy, pa’lante, hasta la muerte», dijo Daniel mientras las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos.

«Yo le cumplí lo que le prometí, que lo iba a rescatar», agregó.

Entre momentos de esperanza y las arduas labores de rescate, Daniel no había tenido espacio para procesar la pérdida de su primo. Además, carga con el luto de los cuerpos que ha recuperado.

«Yo creo que estas mismas lágrimas que estoy botando son por los 11 cuerpos que ya saqué y por los 10 o poco más que todavía quedan», expresó.

Conmocionado, Daniel revisó las pertenencias de Félix encontradas en una cartera ubicada junto al sofá donde descansaba al momento del colapso del edificio.

Observó detenidamente su documento de identidad, tarjetas bancarias, billetera y su teléfono celular, que quedó hecho añicos. Posteriormente, guardó cuidadosamente cada objeto en una bolsa de plástico.

«Ya por lo menos mi familia va a estar tranquila», concluyó.

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