ENTREGA ESPECIAL
“Ningún violador merece perdón ni olvido”: el calvario de la esclava sexual de un hombre que lleva 20 años protegido por el estado venezolano
“Yo tenía 18 años”, repite insistentemente Linda Loaiza López Soto, como si quisiera asegurarse de que era demasiado joven para el horror que vivió. De hablar sereno, pero firme. Responde a las preguntas con el cuidado de quien no quiere olvidar lo importante. Veinte años del dolor que apenas menciona, del que no quiere profundizar, quizá porque como dijo al final de la entrevista “cuando es necesario, lloro” y a veces lo que entendemos es el refugio más importante hay que administrar mejor.
Durante cuatro meses, 112 días exactamente, desde que fue secuestrada en marzo 2001, su victimario Luis Antonio Carrera Almoina, a quienes en la prensa llamaron el “Monstruo de los Palos Grandes”, la violó, la mutiló y la convirtió en esclava sexual, hasta el 19 de julio cuando fue rescatada. Y ahí empezó el otro crimen: con el que lleva 20 años luchando, el de la impunidad. De la entrevista que en exclusiva le concede a Infobae, se revela que tiene muchas cicatrices, pero la herida de la justicia aun sangra, deforme y atroz. Y no solo para ella sino para varias mujeres abusadas por el hombre que sigue en libertad. López no fue la primera y tampoco ha sido la última de víctima del monstruo.
Desde que la rescatan hasta que la llevan a prestarle atención médica pasaron cinco horas. “Lo había perdido todo, mi familia estaba desmoronada, yo en cualquier momento podía fallecer, aparte de todo el tiempo que estuve en cautiverio, mi vida estuvo en peligro. Tengo 15 operaciones muy comprometedoras, dos del páncreas, son de gran envergadura para una persona, yo tenía 18 años”.
“Desde el momento en que mi hermana me rescató, no ocurre nada, las instituciones del Estado no dictaron las medidas de protección que debían, desde allí comienza la falla”, dice la ahora abogada Linda Loaiza López Soto.
El apellido de quien la secuestró, violó y torturó, Luis Antonio Carrera Almoina, no es cualquiera, es parte de una familia reconocida en el mundo académico venezolano. Su padre es el destacado escritor, miembro de la Academia Venezolana de Letras y ex rector de la Universidad Nacional Abierta, doctor Gustavo Luis Carrera Damas. Y sus tíos son el historiador Germán Carrera Damas, colaborador de la Unesco y presidente del Comité Internacional de Redacción de la Historia General de América Latina y Jerónimo Carrera Damas, quien al morir en el 2013 era el presidente del Partido Comunista de Venezuela.
Para que se realizara el juicio Linda Loaiza, a secas, como todos la llaman, tuvo que hacer una huelga de hambre durante 13 días. “Eso me llevó unas 6 o 7 semanas de un proceso de juicio, audiencias, ofensas, atropellos, donde no se valoró mi testimonio”.
En octubre del 2004 la juez Rosa Cádiz absolvió a Carrera Almoina de todos los cargos. Él dijo que la joven había llegado golpeada a su casa y que no denunció porque ella no quería implicar a personas allegadas. En un nuevo juicio el individuo fue sentenciado por lesiones gravísimas y privación de libertad, por lo que estuvo preso durante seis años. Siguen pendientes los delitos de violación e intento de homicidio.
Por su parte, hoy en día, Linda Loaiza subraya que recibe mucha solidaridad a través de mensajes, “Algunas personas piden perdón por no haber actuado efectiva ni activamente desde el año 2001 hasta ahora”.
Necesaria justicia
Recientemente en Venezuela se viralizó el “yo sí te creo”, al estilo de “me too”, para apoyar a las víctimas de acoso o violencia sexual, que revelaron entre otros al escritor Willy McKey, nombre verdadero Willy Joseph Madrid Lira, quien se suicidó luego de las denuncias de abuso sexual, de las cuales el Ministerio Público inició una investigación sobre él y Alejandro Sojo y Tony Maestracci, por los presuntos delitos de violencia y abuso sexual.
Ante eso, Linda Loaiza escribió un hilo a través de Twitter dirigido al fiscal Tarek William Saab, recordándole la sentencia de la CIDH. “Yo simplemente escribí ese tweet esperando una respuesta que no he conseguido aún”.
-¿La impunidad en su caso es un aliciente para que los depredadores sexuales, los violadores, sientan que en Venezuela pueden cometer este tipo de delitos y no pagar por ellos?
-Sí, por supuesto, porque si hace 20 años atrás, el Estado, las instituciones, el sistema de justicia hubieran dado un mensaje diferente a los agresores, a los violadores, pero al no brindarme justicia, al no emitir una sentencia de justicia ejemplarizante en favor de las mujeres, el mensaje que le sigue brindando el Estado a la sociedad es que a los hombres que cometen delitos, no los vamos a sancionar. Ese es el mensaje que le ha enviado la Justicia a la sociedad venezolana desde hace 20 años. Ellos tienen la oportunidad de reconocer, rectificar y sancionar a cualquier hombre que comete estos delitos.
-¿No consiguió a funcionarios que se identificaran con su causa o interés en hacer justicia?
-Sí. Encontré gente interesada y también indignada con mi causa, se veía, pero también hay gente temerosa, una sociedad de cómplices que prefieren callar y avanzar sin apoyar a otros.
-¿Cree que fue intencional para proteger al victimario o solo que a usted no le creyeron?
-Cuando se trata de delitos contra la mujer, básicamente no nos creen. Mi hermana fue varias veces a denunciar mi desaparición y no le tomaron la denuncia, hasta que ella recibió amenazas por parte de la persona que me tenía en cautiverio a mí. ¿Puedes imaginar la incredulidad?
-Quizá no creyeron tal horror o el cinismo por parte de Carrera Almoina.
-Yo estaba en riesgo de muerte, como lo certifican los informes médicos, peritaje, policía, y según lo registran las actas policiales, desde el rescate estuve de 10 de la noche, que pudieron transcribir un acta procesal, hasta las 3 y media de la mañana cuando ingreso a un hospital. El chofer de la ambulancia consultó con la fiscal si colocaba la sirena.
-¿Quién era la fiscal?
-Rodríguez González (Capaya Rodríguez González, actual Viceministra del régimen venezolano para Asia, Medio Oriente y Oceanía)
-¿Cuál fue el argumento para denegarle justicia?
El ciudadano Luis Carrera es hijo del ex Rector de la Universidad Nacional Abierta y ese era su carnet de presentación para lograr impunidad ante los delitos que cometió en mi contra. Las instituciones no han hecho nada por lograr justicia, ni a mí ni a tantas víctimas.

-Me avergüenza que ese atroz crimen esté impune, porque hemos tenido mujeres en cargos relevantes: la fiscal Luisa Ortega Díaz, la presidente de la Asamblea Nacional Cilia Flores, en el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), Luisa Estela Morales Lamuño y Gladys María Gutiérrez Alvarado. Uno creería que por condición de género hubiese interés en que haya justicia en un caso como el suyo.
-Que haya mujeres en cargos reconocidos no indica que se garanticen los derechos de la mujer. En esos cargos, con mujeres, lo que he visto es una figura utilizada. Con respecto a los derechos de la mujer, no hay garantías. No hay protección a nuestros derechos, y si alguien tiene dudas, que lea el libro que recientemente he publicado, vea las veces que he acudido al sistema de justicia. No he recibido una respuesta durante 20 años. Recientemente salió el testimonio de la señora Zuleima Yamilet Arráiz, otra víctima de Carrera Almoina y no se ha abierto una investigación, no se ha procedido a brindar justicia a las víctimas.
-Lo que usted cuenta me lleva a concluir que somos muy vulnerables en una sociedad que se preciaba de ser democrática. En su caso no hay dudas o sospechas, porque los daños físicos son demasiado evidentes. ¿Quiénes son los fiscales y jueces que han tenido su caso?
-Sería un reto a la memoria recordar el nombre de cada uno de ellos, pero puedo decirte que hay más de 90 jueces y 10 fiscales en este país, que conocieron mi caso. El expediente pasó por recusaciones y no se garantizó justicia, por lo que acudí, en el año 2007, a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que en el año 2018 condena al estado venezolano por las diversas violaciones a los DDHH en mi contra y en contra de mi familia. La CIDH categorizó que los delitos cometidos en mi contra fueron esclavitud sexual y tortura cometidos por un particular favorecidos por el Estado. El Estado venezolano no ha cumplido la sentencia de la Corte Interamericana y he luchado por obtener normativas de protección a las mujeres, niñas y adolescentes; mientras el Estado no cumpla yo seguiré mi lucha.
Defensora de mujeres
En esta conversación con Infobae, Linda Loaiza reitera, “yo continúo buscando justicia para mí y por supuesto, para todas las mujeres a nivel nacional e internacional, sobre todo en la cultura de las nuevas generaciones, porque es muy importante la formación de personas con valores, con equidad, con justicia. Por eso continúo”.
-¿Cómo pudo pasar de ser una víctima a ser una defensora de los Derechos Humanos de las mujeres?
-Fue una sobrevivencia en todos los sentidos, desde varios ángulos y frentes: luchar por la parte médica, mi recuperación, luchar para mantenerme socialmente, intentar la parte legal. Fue una lucha bárbara por resistir, por buscar justicia; creo en mí misma y en la lucha que he dado. Desde el momento de mi rescate, el 19 de julio de 2001, atravieso por un sinfín de atropellos, incluso durante el traslado en ambulancia hasta el hospital.
-¿Qué ha hecho Linda Loaiza en estos 20 años, además de exigir justicia y tratar de sanar mental, física y emocionalmente?
-Además de luchar por justicia, en el camino decidí estudiar Derecho, me gradué de abogada e hice una Especialización en Derechos Humanos de las Mujeres; me dedicó a asesoría en estos temas.
-Y personalmente, ¿cómo se rehace la confianza en la gente después de lo que le sucedió?
-(silencio corto) Para sobrevivientes de delitos relacionados con la sexualidad, como la violación, es muy difícil relacionarse y enfrentar la sociedad, es un gran reto. Durante estos 20 años he estado acompañada por terapeutas, tanto psicológica como psiquiatra y en algunas oportunidades he estado medicada, cuando ha sido necesario; he contado con el apoyo de mis padres y de mis hermanas y hermanos, he buscado especialistas en el tema. He hecho un esfuerzo, he mantenido la perseverancia, la constancia para alcanzar la justicia, con disciplina. Las víctimas y sobrevivientes requieren, para su desarrollo en la sociedad, lograr justicia.
-Es un capítulo no cerrado, entonces.
-Sí, porque todavía mi caso permanece en la impunidad. Junto a Luisa Kislinger publicamos el libro “Doble Crimen”, sobre este caso y la lucha que hemos tenido. Está a la venta en todo el país, también en Alemania, Canadá, Estados Unidos, España, Francia, Inglaterra, Italia y Japón, además de Amazon. Este libro es mi testimonio, el reflejo de lo que ocurre en Venezuela, y que deben conocer las futuras generaciones.
-¿Qué les diría a las jovencitas de hoy a la vista de la amarga experiencia que vivió?
-Que ante cualquier delito de violencia, deben denunciar. Es importante informar a las autoridades y buscar ayuda de cualquier institución, organización, de cualquier profesional, a fin de protegerse, hay que formalizar las denuncias, acudir a las instituciones correspondientes, al Ministerio Público, obviamente, y denunciar cualquier delito que pudiera estar sufriendo una mujer, una adolescente, también perseverar y buscar justicia. Es un camino largo, duro.
-¿Cómo se supera?
En mi experiencia, pienso que esto no se supera, este sufrimiento, esta afectación. Este tipo de delito no se supera, se aprende a convivir con ese dolor, y es allí donde alcanzar la justicia se vuelve una necesidad para la sobreviviente. Eso es indispensable para cualquier sobreviviente, al menos para continuar la vida, para cerrar un capítulo y seguir.
-¿Cree que eso sea suficiente?
Bueno, hay una frase con la que pedí terminara mi libro Doble Crimen; “Nada se parece tanto a la injusticia que la justicia tardía”. Yo sigo en mi lucha y sigo esperando respuesta de las instituciones que profanan la garantía, el respeto a los DD.HH., de la justicia y de todos estos derechos que deben ser garantizados.

-Sí, doble crimen
-En el libro “Doble Crimen, Tortura, esclavitud sexual e impunidad”, publicado por la Editorial Dahbar, está su testimonio, está la historia, pero no solo del horror que padeció como víctima de Carrera Almoina sino de los largos 20 años de no desfallecer en búsqueda de la justicia.
-¿Por qué el libro se llama Doble Crimen?
-Un crimen el que cometió Luis Carrera en mi contra y el otro crimen el que sigue cometiendo el Estado al no garantizarme justicia. Es Doble Crimen, es tortura y esclavitud sexual, los que mencionó la Corte Interamericana en la sentencia condenatoria contra el Estado y la palabra impunidad, porque estos 20 años no he tenido justicia por parte del estado venezolano.
-Antes de que sucediera este hecho atroz, ¿qué planes tenía en su vida?
-Bueno, quiero decirte que amo los animales y estudié durante ocho años Zootecnia, yo me gradué a mis 17 años de Técnico Medio en Producción Animal. Realmente, lo que deseaba era ser Médico Veterinario, pero tuve que direccionar mi vida, por los hechos a los cuales sobreviví, aunado a la necesidad de justicia, a lo que vi y oi en los pasillos del sistema de justicia, los testimonios que escuché de mucha gente y el temor a seguir en una sociedad que no garantice los derechos de la mujer.
-¿Pudo volver a confiar en algún hombre en su vida?
-Hay una frase que mi papá me dijo antes de salir del hospital, “recuerda que no todos los hombres son iguales”. Yo sé que mi papá y mis hermanos tienen respeto por las mujeres. Esa frase la llevo tatuada en mi mente, aprendí a no juzgar a todos por una persona en específico. Con eso aprendí que no todos los hombres son malos.
-Usted resume en que Carrera Almoina es malo. ¿Puede alguien así ser perdonado?
-Ningún agresor, ningún torturador, ningún violador, merece perdón ni olvido. Lo que ellos merecen es sanciones, ser condenados, ser apresados, ser privados de libertad para evitar que otras mujeres, otras niñas, otras adolescentes, corran peligro.
No soy la única víctima
Hoy tiene 38 años, pero cuando el horror tocó a su vida, apenas era una jovencita de 18 años, que había egresado como Técnico Medio en Zootecnia, vivía en el andino estado Mérida, junto con sus padres, oriundos de Colombia, Viajó a Caracas, la capital del país, para ‘salir adelante’. Razona en que no tenía una posición social reconocida. “Venía saliendo de la adolescencia”.
-Hay casos simbólicos a nivel mundial y se hace justicia, aunque a veces tarda. Insisto en una pregunta del principio, ¿por qué cree que hasta ahora su victimario Luis Carrera Almoina ha logrado salir impune?
-Porque tiene una sociedad de cómplices que sigue cubriendo, que sigue permitiendo este tipo de delitos, ahí tienen “las vacas sagradas” y hay instituciones, específicamente, las del sistema de justicia, que permiten y facilitan, que dejan que este tipo de delitos se sigan cometiendo sin sancionar.
-Lo pregunto, no desde la generalidad, sino desde la particularidad. ¿Por qué él logra salir impune, y en otros casos no ha ocurrido así?
-Porque Luis Antonio Carrera Almoina, quien es el agresor, violador y torturador en mi caso, y en el caso de otras víctimas de delitos que no se han sancionado, es el hijo del señor Luis Gustavo Carrera Damas, quien era para el 2001 el Rector de la Universidad Nacional Abierta, hermano del famoso Luis Carrera Damas, que uno era del Partido Comunista, el otro a los escritores. En fin, era un grupo de intelectuales que tocan cualquier puerta, piden cualquier favor y es allí donde yo lo llamo sociedad de cómplices al permitir que estos crímenes se sigan manteniendo impunes y no sancionados.
-Esa familia ha permitido que un integrante, no sé si hay otros, pero al menos Carrera Almoina, sea el victimario de un crimen atroz sin castigo.
-Yo no soy la única víctima de Luis Antonio Carrera Almoina. Hay varias víctimas y el sistema de justicia lo sabe y las tiene identificadas; él ha tenido denuncias antes de mi caso. Ya antes había víctimas que han huido porque las amenazas de la familia Carrera las aterra. Sin duda, hay un patrón establecido, no solamente de conducta sexual desviada.

-¿Se han cuantificado las víctimas de ese individuo?
Más de media docena.
-Durante el transcurso de esta entrevista, siempre se ha referido a Luis Antonio Carrera Almoina como “ciudadano”, lo hace con serenidad y no expresa ira ni odio, ¿Qué siente hoy después de 20 años de lo ocurrido?
-Mi objetivo y mi intención al acudir a las instituciones, es lograr justicia, no tengo intenciones de venganza, mi única lucha ha sido por la justicia, será que por eso nota mi serenidad. No lo sé.
-¿Aún siente miedo? ¿Llora?
-El miedo es un sentimiento que nunca debe desaparecer, porque en algún momento lo vamos a necesitar, hasta por defensa propia. Tengo mucho cuidado, y bueno, llorar también es necesario para sanar el alma, y para lavar los ojos.
-Insisto en la pregunta, ¿tiene miedo? ¿llora?
Tengo cuidado y cuando es necesario, lloro.
ENTREGA ESPECIAL
La casa verde de Nepal que resistió la avalancha: la familia que sobrevivió al desastre que ya supera los 600 muertos


#IMPACTANTE #MILAGRO La casa verde que se negó a caer.
Mientras el lodo, las rocas y el agua arrasaban pueblos enteros en Nepal, esta vivienda de color menta se quedó de pie. Adentro, una familia miraba desde el balcón cómo desaparecía todo a su alrededor. Horas después los… pic.twitter.com/RwIYV0IshU
— Diario Digital Cronio (@croniosv) August 29, 2026
ENTREGA ESPECIAL
El rastro de tres millones y un nombre: la filtración que reabre el debate sobre el laudo de Continental Towers
Hay conflictos empresariales que caben en un contrato. Este no es uno de ellos. Lo que empezó como una disputa entre socios por el control de Continental Towers LATAM Holdings —una plataforma de torres de telecomunicaciones con presencia en varios países de América Latina, El Salvador incluido— se convirtió en un litigio de años, con laudos en Nueva York, desacatos, órdenes de captura, extradiciones y una guerra de relatos que viaja de un expediente a un sitio web y de ahí a otra fiscalía.
Una carpeta de transferencias y correos —con sellos de Cayman National Bank, Credit Suisse y Charles Schwab— describe pagos fraccionados “a esta persona Goldstein” en el otoño de 2022. El hallazgo no anula por sí solo un laudo confirmado en Nueva York. Pero obliga a una pregunta que el arbitraje internacional no puede eludir: quién pagó, a quién y por qué, en medio de una guerra por torres de telecomunicaciones en América Latina.
En las últimas semanas, ese relato dio otro giro. Circulan, primero en publicaciones centroamericanas y ahora en una carpeta de doce páginas, documentos que pretenden reconstruir un circuito de dinero entre la Isla de Man, Suiza, Hong Kong y una cuenta en Charles Schwab & Co. El destinatario que aparece escrito en los correos no es un fondo ni una sociedad pantalla. Es un apellido: Goldstein.
Marc J. Goldstein, abogado de Nueva York, presidió el tribunal arbitral de tres miembros que, entre 2021 y 2025, emitió cinco laudos parciales y un laudo final en el caso Telecom Business Solution y otros contra Terra Towers Corp. y otros. Ese tribunal falló, de manera unánime, a favor de los inversionistas minoritarios —filiales de Peppertree Capital y AMLQ Holdings, vinculada a Goldman Sachs— y en contra de Terra Towers y de Jorge Hernández, el empresario que controla al grupo mayoritario.
Los papeles filtrados no prueban, por sí mismos, que Goldstein haya cobrado un soborno. Tampoco “destruyen” de manera automática la validez de los laudos, como han titulado algunos sitios. Un laudo arbitral no cae porque un PDF circule en internet. Cae, si es que cae, cuando un juez competente —en este caso, el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York, que ya confirmó varios de esos laudos— declara fraude, cohecho o parcialidad evidente con el estándar exigente de la Federal Arbitration Act y de la Convención de Nueva York.
Eso no vuelve irrelevantes los documentos. Los vuelve más graves. Porque si son auténticos, obligan a una investigación formal sobre independencia del árbitro. Y si son fabricados, encajan en un patrón que el propio tribunal y el juez Lewis A. Kaplan ya describieron: una campaña para ensuciar al presidente del panel después de que el primer laudo ordenara poner en venta la compañía.
Quién pelea por qué
Continental Towers no es una empresa de escritorio. Opera infraestructura de telecomunicaciones —torres, sitios, contratos de arrendamiento— en una región donde ese activo vale porque concentra espectro, ubicación y flujo de caja. Según reportes del sector, el grupo controla o opera miles de sitios en América Latina, con un pie especialmente grande en Guatemala.
En 2015, inversionistas estadounidenses entraron al capital. Peppertree, a través de Telecom Business Solution LLC y LATAM Towers LLC, y AMLQ Holdings (Cay) Ltd. quedaron con cerca del 45 por ciento. Terra Towers Corp., sociedad de las Islas Vírgenes Británicas, y TBS Management, de Panamá, retuvieron la mayoría, alrededor del 55 por ciento, bajo el control de Hernández. El acuerdo de accionistas incluía una cláusula que, al vencer un período de bloqueo, permitía a los minoritarios forzar la venta de la compañía a un tercero.
Esa cláusula es el origen del arbitraje. Peppertree sostuvo que Terra se negó a contratar al banco de inversión y a poner la empresa en el mercado. Terra respondió que los minoritarios y ciertos ejecutivos habían cometido irregularidades, y que las autoridades de Guatemala, El Salvador y otros países estaban investigando fraudes. El tribunal arbitral, constituido ante el ICDR de la American Arbitration Association, con sede en Nueva York, no compró esa narrativa. En febrero de 2022 ordenó la venta. En agosto de 2022 sancionó a Terra por lo que describió como una campaña para construir “una narrativa falsa de criminalidad” contra el entonces CEO Jorge Gaitán y la COO Carol Echeverría. En marzo de 2025 cuantificó daños por más de 354 millones de dólares, con 25 millones en daños punitivos contra Hernández. En noviembre de 2025 emitió el laudo final.
Mientras tanto, en El Salvador avanza un proceso penal por administración fraudulenta. Hay exejecutivos detenidos en Guatemala cuya extradición pide San Salvador, y órdenes contra tres ejecutivos de Peppertree: Ryan David Lepene, E. Howard Mandel y John Joseph Ranieri. Hay expedientes en Guatemala, Costa Rica y Panamá. Cada uno tiene partes, hechos y jueces propios. Confundirlos con el arbitraje de Nueva York, o con la investigación financiera sobre Goldstein, es el primer error que comete quien quiere un titular limpio y no un mapa.
Lo que dicen los papeles: una cronología de otoño de 2022
El expediente que esta redacción examinó —doce páginas, con tachaduras de nombres, números de cuenta, códigos SWIFT e IBAN— no es un informe pericial. Es un collage de comprobantes de wire y de correos internos. Su valor periodístico está en la secuencia. Su límite está en que no hay, en el dominio público, una certificación bancaria independiente que los autentique página por página. Eso debe decirse antes de citarlos.
Hecha esa salvedad, el relato que construyen es este.
5 de septiembre de 2022: entran 3,47 millones
La primera hoja registra un incoming wire por 3.475.644 dólares. Fecha: 5 de septiembre de 2022. El banco de origen aparece como Cayman National Bank (Isle of Man) Limited. El banco receptor: Credit Suisse AG. Las cuentas, el IBAN británico, el IBAN suizo y los códigos SWIFT están tachados con rectángulos negros. No hay, en esa página, el nombre de un beneficiario final. Solo el corredor: de una entidad de la Isla de Man hacia un banco suizo que, para entonces, ya estaba en la recta final de su absorción por UBS.
12 de septiembre: “a esta persona Goldstein”
Siete días después aparece el documento más comprometedor de la carpeta. Un correo con fecha 12 de septiembre de 2022, 10:41 a.m., enviado desde una cuenta @caymannational.com hacia una cuenta @credit-suisse.com. Los nombres de remitente y destinatario están tachados. El texto, no:
Hello
Thank you for the call. In regards to the 3.4 million we sent last week. Three million is to be distributed in 4-8 payments in USD over six months to this person Goldstein. The transfer dates and amounts are at your discretion. I have attached instructions. Contact me only, no copies.
Regards,
La frase “this person Goldstein” no identifica a Marc J. Goldstein. Tampoco a Joel Goldstein, el nombre que aparecerá más adelante. Identifica un apellido. En un correo bancario que pide no hacer copias, esa vaguedad no es menor: o es un código interno, o es una instrucción deliberadamente opaca, o es un documento armado para que el lector complete el apellido con el árbitro del caso.
El pie de página reproduce el descargo estándar de Cayman National: el correo es confidencial, está dirigido solo al destinatario y el banco se reserva el derecho de no actuar sobre instrucciones financieras recibidas por email. Es el tipo de cláusula que los bancos ponen en todos sus mensajes. No prueba autenticidad. Tampoco la descarta.
30 de septiembre: otros 908.032 dólares
Dos hojas posteriores —casi idénticas— registran un segundo incoming wire: 908.032 dólares, el 30 de septiembre de 2022, otra vez de Cayman National Bank (Isle of Man) Limited hacia Credit Suisse AG. De nuevo, cuentas tachadas. Si se suman las dos entradas visibles hacia Suiza, el total supera los 4,38 millones de dólares en 25 días. El correo del 12 de septiembre hablaba de “los 3,4 millones que enviamos la semana pasada” y de tres millones a distribuir. El segundo wire no está explicado en esa instrucción.
25 y 26 de octubre: Schwab y el Joel Goldstein Trust
Aquí el circuito deja de ser un movimiento entre bancos corresponsales y apunta a un destinatario nominado. Una hoja de “CHF wiring instructions” —fotografía de un documento, con sombras de fotocopia— indica:
- Banco origen: Credit Suisse AG.
- Fecha: 25 de octubre de 2022.
- Monto: 625.045 dólares.
- Cuenta destino: Charles Schwab & Co., Inc.
- Banco beneficiario: Citibank NA.
Al día siguiente, 26 de octubre de 2022, a las 10:14 a.m. EDT, un correo desde @credit-suisse.com hacia @citigroup.com, asunto “Wiring Instructions”, dice:
Dear [tachado],
Sorry for the worries. The destination account is the Joel Goldstein Trust. Schwab account No [tachado]
Best Rgds,
Credit Suisse, AG
Joel, no Marc. El detalle importa. En inglés jurídico y bancario, un trust con nombre de pila no es una metáfora: es un vehículo. Puede ser un fideicomiso familiar, un vehículo de planificación patrimonial, una cuenta de corretaje a nombre de un tercero. Nada en la carpeta demuestra que Marc J. Goldstein sea el settlor, el trustee o el beneficiario del Joel Goldstein Trust. Nada lo descarta. Esa es, precisamente, la pregunta que una unidad de inteligencia financiera tendría que resolver con requerimientos a Schwab y a Credit Suisse, no con un titular.
3 de noviembre: “Stop!”
El 3 de noviembre de 2022, 11:02 a.m., otro correo de @caymannational.com a @credit-suisse.com corta la operación:
Hello
There was a problem with the Goldstein instructions. Stop! I will follow with new instructions.
Regards,
La palabra “Stop!” —con signo de exclamación— es inusual en la prosa burocrática de un banco. Puede ser urgencia real. Puede ser teatro. En cualquier caso, el mensaje admite dos lecturas: o el circuito se trabó y hubo que reencauzarlo, o alguien dentro de la cadena detectó un problema de compliance —nombre, cuenta, coincidencia con una persona expuesta— y frenó el giro.
9 de noviembre: “la situación complicada con el americano”
Seis días después, un correo interno de Credit Suisse, enviado a las 5:41 a.m. EDT desde una cuenta del banco hacia otras dos del mismo dominio, con copia a @caymannational.com, cambia el tono. El remitente se identifica al pie como IWM UK/International, Singapore —banca privada internacional—. El texto:
I am following up on the discussion we had last week concerning this tricky situation with the American. It was nice to talk to you indeed…
I am in receipt of the 2.4 million and will hold the funds in the Hong Kong branch. I will plan to be in London next week.
“This tricky situation with the American.” “Los 2,4 millones.” “Los tendré en la sucursal de Hong Kong.” El correo no nombra a Goldstein. Pero está grapado, en la misma carpeta, a los mensajes que sí lo nombran. Quien armó el dossier quiere que el lector haga la conexión: el americano es el árbitro; los 2,4 millones son el remanente de los 3 millones que debían fraccionarse; Hong Kong y Londres son la logística de una operación que ya no quería dejar huella limpia en Suiza.
Esa conexión es una hipótesis de trabajo. No es una sentencia.
La tabla que el expediente obliga a mirar
Si se ordenan las cifras visibles, sin inventar las que no están, queda este esquema:
| Fecha | Documento | Monto visible | Qué dice |
| 5 sep 2022 | Incoming wire | US$ 3.475.644 | Isle of Man → Credit Suisse |
| 12 sep 2022 | Correo CNB → CS | US$ 3.000.000 (orden) | 4-8 pagos a “Goldstein” |
| 30 sep 2022 | Incoming wire | US$ 908.032 | Isle of Man → Credit Suisse |
| 25 oct 2022 | Instrucción de wire | US$ 625.045 | CS → Schwab / Citibank |
| 26 oct 2022 | Correo CS → Citi | Mismo giro | Joel Goldstein Trust |
| 3 nov 2022 | Correo CNB → CS | — | “Stop!” instrucciones Goldstein |
| 9 nov 2022 | Correo interno CS | US$ 2.400.000 (retenidos) | Hong Kong; “the American” |
Elaboración propia a partir del dossier de 12 páginas examinado por esta redacción. Los montos son los que aparecen impresos; las cuentas y los nombres de operadores están tachados en el original.
La coincidencia temporal que persiguen los investigadores
El borrador de trabajo que circula en redacciones centroamericanas —y que Diario El Salvador resumió el 23 de julio— habla de una unidad especializada en delitos financieros que compara fechas de movimientos con el calendario de laudos. Esa es, de hecho, la única metodología seria en un caso así. No basta con un apellido en un correo. Hace falta superponer el reloj.
El Segundo Laudo Parcial Final se firmó el 12 de agosto de 2022. Goldstein, Mélida N. Hodgson y Richard F. Ziegler lo suscribieron. Ese laudo, de 54 páginas en su versión pública, impuso sanciones a Terra, ordenó el pago de cientos de miles de dólares en costos del tribunal y retrató como artificio la denuncia penal contra Gaitán y Echeverría. Veinticuatro días después entra el wire de 3,47 millones. Siete días más tarde, el correo habla de fraccionar tres millones “a esta persona Goldstein” en un plazo de seis meses.
Seis meses a partir de septiembre de 2022 cubren, grosso modo, hasta marzo de 2023. En ese intervalo el caso no estaba cerrado: había confirmaciones judiciales en el Distrito Sur de Nueva York, nuevos escritos, y la maquinaria de ejecución de la venta. Un esquema de pagos fraccionados —si existió— no tendría que coincidir con un solo fallo. Tendría que coincidir con la vida útil de un tribunal que seguía decidiendo.
Eso es exactamente lo que una investigación financiera busca: no la foto de un soborno, sino la correlación. Origen de fondos. Beneficiario final. Relación entre el pagador y una de las partes. Relación entre el cobrador y el árbitro. Y, sobre todo, si alguna de esas circunstancias debió revelarse al ICDR y a las contrapartes bajo las reglas de independencia y divulgación.
Lo que el expediente de Nueva York ya dijo sobre el soborno
Aquí el reportaje se vuelve incómodo para quienes quieren un villano único. Porque esta no es la primera vez que el apellido Goldstein y la palabra “soborno” aparecen juntos en este caso. Es la segunda, y la primera ya fue litigada.
En marzo de 2022, pocas semanas después del primer laudo parcial, circuló en internet un texto atribuido a un “whistleblower” de Goldman Sachs. Decía que el banco había pagado 250.000 dólares a una cuenta de Goldstein en junio de 2021, el mes de su nombramiento como presidente del tribunal, y que el dinero era, en sustancia, un cohecho. El texto incluía los últimos cuatro dígitos del número de seguro social del árbitro.
Goldstein lo negó bajo pena de perjurio. El tribunal, en el Quinto Laudo Parcial Final de marzo de 2025, concluyó que la acusación era falsa y que su publicación había sido un acto malicioso atribuible a Hernández. Impuso 25 millones de dólares en daños punitivos, entre otras partidas que sumaron más de 354 millones. El juez Kaplan confirmó laudos sucesivos y, en resoluciones de 2025 y 2026, describió las alegaciones de parcialidad evidente como una repetición de argumentos ya rechazados. En una opinión sobre el laudo final, el tribunal federal escribió que los intentos de anular el award por sesgo del presidente del panel carecían de mérito.
En noviembre de 2025, el propio Goldstein publicó en su bitácora Arbitration Commentaries una nota titulada “The Facts About the Alleged Corruption of Arbitrator Marc J. Goldstein”. Ahí sostiene que no recibió de la matriz de una de las demandantes ningún pago distinto de los honorarios y gastos de árbitro debidamente revelados, y que no tuvo relación ni comunicación con la persona señalada como desembolsadora del supuesto cohecho de 2021.
Ese historial no limpia, por arte de magia, los papeles de 2022 que ahora reaparecen. Un juez puede haberse equivocado. Un árbitro puede haber mentido bajo juramento. Un dossier nuevo puede ser verdadero aunque el anterior fuera falso. Pero un periodismo que ignore el expediente judicial y presente la filtración como la caída inevitable de los laudos está haciendo el trabajo de una de las partes, no el de una redacción.
Las dos publicaciones que anticiparon el dossier
El 17 de agosto, Hora 13 Noticias (h13n.com) publicó “Pruebas de sobornos a árbitro de New York destruye la validez de los laudos en el caso Continental Towers”. El texto reconstruye el mismo circuito —3,47 millones, la orden de fraccionar tres millones, los 625.045 dólares hacia Schwab, el Joel Goldstein Trust, el “Stop!” y los 2,4 millones en Hong Kong— y concluye que los laudos son nulos de pleno derecho, que Goldstein debe ser inhabilitado y que la ejecución sobre los activos de Continental debe revertirse.
Minuto 60 Panamá tituló en la misma línea: “Justicia a sueldo: laudos contra Terra Towers se derrumban tras filtración de pagos clandestinos al árbitro Goldstein”. Diario El Salvador, el 19 de agosto, recogió la tesis con menos cifras y más adjetivos: el supuesto soborno “opaca” la validez de las resoluciones; Goldstein “fue sobornado” para fallar a favor de Peppertree y Goldman Sachs.
Esas piezas hacen un servicio y un daño. El servicio: sacan de la oscuridad una carpeta que, si es genuina, merece fiscalías, no solo columnas. El daño: tratan como hecho consumado lo que es una cadena de indicios no peritados, y dan por “derrumbados” laudos que un juez federal de Estados Unidos ha confirmado. La Convención de Nueva York, que invocan, no opera como un interruptor mediático. El artículo V permite denegar el reconocimiento de un laudo cuando, entre otras causales, la composición del tribunal o el procedimiento se apartaron del acuerdo de las partes, o cuando el reconocimiento sería contrario al orden público del país donde se pide. Eso se litiga. No se declara en un lead.
Hay otro problema de oficio. Ninguna de esas notas responde, con nombre y apellido, una pregunta elemental: quién es el origen de los 3,47 millones. Cayman National Bank (Isle of Man) es un corredor, no un pagador último. Credit Suisse es un puente. Schwab es un destino. El beneficiario final del lado que envía —el cliente que ordenó el wire en la Isla de Man— no aparece. Sin ese nombre, el dossier describe una tubería. No describe un soborno.
Lo que falta para que esto sea un caso, y no un dossier
Una investigación financiera seria, de las que sí cruzan fronteras, tendría que responder al menos cinco preguntas antes de hablar de cohecho arbitral.
Uno. Autenticidad. ¿Los correos salieron de los servidores de Cayman National y de Credit Suisse? ¿Los metadatos, los encabezados, los hashes de los PDF coinciden con archivos nativos? Un collage de capturas con tachaduras es un punto de partida, no un hallazgo.
Dos. Identidad. ¿Quién es Joel Goldstein y qué relación, si alguna, tiene con Marc J. Goldstein? ¿El trust existe en Schwab? En un episodio anterior del mismo litigio, el tribunal dejó constancia de que una pesquisa sobre una cuenta fiduciaria atribuida al árbitro no halló tal cuenta. Esa historia no se borra. Se verifica otra vez.
Tres. Originador. ¿Qué cliente de Cayman National Bank (Isle of Man) mandó los 3,47 millones? ¿Es una parte del arbitraje, un afiliado, un intermediario, un tercero sin nexo? El cohecho exige un dador y un tomador. Hoy el dossier tiene un tomador presunto y un dador invisible.
Cuatro. Contraprestación. Los honorarios de un presidente de tribunal en un arbitraje ICDR de esta envergadura no son secretos para las instituciones que los administran. El ICDR registra depósitos y desembolsos. Si los 625.045 dólares —o los tres millones— coinciden con honorarios legítimos, el escándalo se desinfla. Si no coinciden, y no fueron revelados, el problema se agranda.
Cinco. Nexo decisorio. Aunque el dinero exista y el apellido coincida, falta demostrar que una decisión concreta del tribunal —la orden de venta, las sanciones de agosto de 2022, los 354 millones de 2025— fue comprada. Los tres árbitros firmaron en unanimidad. Hodgson fue nombrada por Terra. Anular un laudo unánime por el supuesto vicio de uno de los tres exige un listón alto: no basta la sospecha; hace falta la evidencia que mueva a un juez federal.
Mientras esas cinco preguntas no tengan respuesta en un expediente, lo responsable es decir lo que hay: una filtración grave, una coincidencia de apellido y de calendario, un patrón offshore que incluye Isla de Man, Suiza, Hong Kong y una casa de bolsa estadounidense, y un conflicto de control corporativo que ya produjo procesos penales en cuatro países y un juicio de ejecución en Manhattan.
Por qué el caso no cabe en Nueva York
El atractivo del arbitraje internacional es, en teoría, la neutralidad: un panel privado, una sede acordada, un laudo exportable. El riesgo, cuando el activo está en tierra latinoamericana y las partes se odian, es que el laudo se convierta en un artefacto que una jurisdicción no reconoce y la otra ejecuta.
En las Islas Vírgenes Británicas, sede de la matriz de Continental, equipos legales vinculados a Terra preparan —según el material de trabajo de esta investigación— acciones para cuestionar la validez y los efectos de los laudos. El argumento que se proyecta no es solo el de la parcialidad. Es el de la extralimitación: que el tribunal habría dispuesto sobre infraestructura y operaciones sujetas a regulaciones de telecomunicaciones de países que no fueron parte del compromiso arbitral. Ese planteo tampoco anula nada por el hecho de formularse. Pero explica por qué el caso “salió” de Nueva York.
En El Salvador, el expediente penal por administración fraudulenta vive una vida paralela. Los fiscales no están juzgando a Goldstein. Están juzgando, o persiguiendo, a ejecutivos. Mezclar ambos procesos es útil para la propaganda y tóxico para la prueba. Un juez salvadoreño no confirma ni vacía un laudo del ICDR. Un juez de Manhattan no absuelve ni condena por administración fraudulenta en San Salvador. La conexión es política y narrativa: la misma compañía, los mismos apellidos, dos teorías del caso que no pueden ser las dos verdaderas al mismo tiempo.
Una teoría dice: Hernández y Terra sabotearon la venta, fabricaron denuncias, acosaron a árbitros y a ejecutivos, y ahora reciclan una acusación de soborno que ya fue desestimada. La otra dice: Peppertree y sus aliados compraron un tribunal, usaron el laudo como ariete para tomar una empresa latinoamericana y dejaron a los fundadores a merced de un procedimiento extranjero. Los papeles de septiembre-noviembre de 2022 son el intento más reciente de hacer prevalecer la segunda teoría. El expediente del juez Kaplan es el muro más alto que esa teoría ha encontrado hasta ahora.
El estándar que sí importa
En Estados Unidos, la Federal Arbitration Act permite vaciar un laudo cuando hay “evident partiality” del árbitro o cuando el award se obtuvo por corrupción, fraude o medios indebidos. La jurisprudencia del Segundo Circuito —el que revisa al Distrito Sur de Nueva York— ha sido consistentemente restrictiva: el sesgo tiene que ser claro, no inferido del simple hecho de que una parte perdió. La Convención de Nueva York, en paralelo, deja a cada Estado la puerta del orden público.
Eso significa dos cosas a la vez. Primera: si una fiscalía o una unidad de inteligencia financiera demuestra que Goldstein recibió fondos ocultos de una parte, o de un intermediario de una parte, durante el procedimiento, el edificio de los laudos se agrieta de verdad. No en un portal. En un tribunal. Segunda: mientras esa demostración no exista, ejecutar la empresa, bloquear la venta o desacreditar en bloque a Hodgson y a Ziegler —que también firmaron— es una operación política vestida de reportaje.
Hay un tercer estándar, menos jurídico y más profesional. Un árbitro internacional vive de su reputación de independencia. Goldstein lo sabe: lleva años escribiendo sobre arbitraje. Precisamente por eso, la aparición de un trust con su apellido —aunque el nombre de pila no coincida— en una cadena Isle of Man–Credit Suisse–Schwab, en las semanas posteriores a un laudo controvertido, no es un asunto que pueda despacharse con un comunicado. Tampoco con una filtración anónima. Exige, de bancos y de autoridades, la trazabilidad que los propios correos dicen querer ocultar: “Contact me only, no copies.”
Coda
Las torres de Continental Towers seguirán emitiendo señal aunque este dossier sea auténtico o sea un montaje. Lo que no puede seguir emitiendo, sin costo, es la ficción de que el arbitraje internacional es un recinto inmune a la política, al dinero opaco y a la guerra sucia entre socios.
Los documentos de septiembre a noviembre de 2022 merecen ser peritados, no canonizados. El laudo de Nueva York merece ser defendido o atacado con prueba, no con adjetivos. Y las fiscalías de El Salvador, Guatemala, Panamá y Costa Rica merecen que nadie use sus expedientes como eco de un conflicto que se decide, para bien o para mal, en otra latitud.
Entre el wire de 3,47 millones y la frase “tricky situation with the American” hay un relato. Entre ese relato y un soborno demostrado hay un abismo de diligencia. Esta nota se queda en el borde de ese abismo, donde debe quedarse un periódico: con los papeles sobre la mesa, con el expediente judicial a la vista, y con la única certeza que el caso permite por ahora. Alguien movió millones en nombre de un Goldstein, en el otoño en que un Goldstein decidía el destino de una empresa latinoamericana. Quién, para quién y a cambio de qué es, todavía, el trabajo que falta.
NOTA DE MÉTODO Y USO DE LAS PRUEBAS
Aquí compartimos una breve guía de dónde entra cada pieza del PDF en esta nota, para quien desee ampliar con estos documentos y entender toda la investigación:
Archivos en PDF para consultar
Páginas 1 del PDF. Wire del 5 de septiembre de 2022 por US$ 3.475.644. Se cita en el subapartado “5 de septiembre de 2022: entran 3,47 millones” y en la primera fila de la tabla.
Páginas 2 y 3. Correo del 12 de septiembre y descargo de Cayman National. Es el corazón de la pieza. Va citado íntegro en “12 de septiembre: a esta persona Goldstein”. El descargo se menciona para no presentar el correo como un acto notarial.
Páginas 4 y 6. Wire duplicado del 30 de septiembre por US$ 908.032. Se usa en el subapartado correspondiente y en la tabla. La duplicación sugiere que el dossier fue armado con copias, no con un expediente bancario continuo.
Página 5. Instrucción de wire del 25 de octubre por US$ 625.045 hacia Charles Schwab / Citibank. Se describe en “25 y 26 de octubre”.
Página 7. Correo de Credit Suisse a Citi que nombra el Joel Goldstein Trust. Es la única identificación de un destinatario. Debe ir siempre con la advertencia de que Joel no es Marc.
Página 8. Correo del 3 de noviembre (“Stop!”). Cierra el tramo operativo y abre la hipótesis de un problema de compliance.
Páginas 9, 10 y 12. Descargos de Credit Suisse (Hong Kong / Singapur). No aportan hechos nuevos; sirven para geolocalizar la cadena en Asia y para no recortar el documento.
Página 11. Correo del 9 de noviembre sobre “the American” y los 2,4 millones retenidos en Hong Kong. Es el cierre narrativo del dossier y debe editarse con el mismo cautela que el correo del 12 de septiembre: sugiere, no demuestra.
Fuentes abiertas contrastadas para esta nota: laudos parciales del ICDR (caso 01-21-0000-4309); resoluciones del juez Lewis A. Kaplan en Telecom Business Solution, LLC et al. v. Terra Towers Corp. et al., 1:22-cv-01761 (S.D.N.Y.); bitácora de Marc J. Goldstein en lexmarc.us (11 de noviembre de 2025); coberturas de Inside Towers, Wireless Estimator y Global Arbitration Review; piezas de Hora 13 Noticias (17 de agosto de 2026), Diario El Salvador (23 de julio y 19 de agosto de 2026) y el material de trabajo de Minuto 60 Panamá.
ENTREGA ESPECIAL
Mujer de 84 años sobrevive tres días bajo los escombros tras terremoto en Indonesia
Una mujer de 84 años fue hallada con vida tres días después de que un fuerte terremoto destruyera por completo su vivienda en una isla de Indonesia, informó este miércoles un funcionario local, mientras el número de fallecidos por el sismo aumentó a 73.
Más de 900 personas resultaron heridas y cerca de 60.000 fueron desplazadas tras el terremoto de magnitud 7,7 que sacudió el sábado las aguas frente a la isla indonesia de Flores, según la Agencia de Mitigación de Desastres (BNPB).
La vivienda de Paulina Pobi, ubicada en una pequeña isla al norte de Flores, fue una de las cientos de casas destruidas por el terremoto. La mujer quedó sepultada bajo las paredes de bambú que colapsaron durante el movimiento telúrico.
Pobi permaneció bajo los escombros hasta que su familia regresó a buscarla el martes. Inicialmente, sus familiares creían que había sido rescatada y trasladada a un refugio.
«Estaba como paralizada, no podía moverse ni hablar, así que su familia recién la encontró el cuarto día», declaró a la AFP el funcionario local Rudolfus Riba.
Riba indicó que la mujer se encontraba en buen estado de salud y no sufrió lesiones. «Solo estaba un poco débil porque llevaba días sin comer ni beber nada», explicó. «Parece irreal, casi como un milagro», agregó.
Desde el sábado se han registrado más de 3.000 réplicas, de las cuales al menos 86 fueron lo suficientemente fuertes como para ser percibidas por los residentes, según la agencia geológica BMKG.
Los constantes movimientos telúricos han provocado que muchas personas tengan demasiado miedo de regresar a sus viviendas. La BNPB informó que desde el sábado se han distribuido casi 400 toneladas de ayuda, incluidos alimentos, agua y medicamentos.
Indonesia registra terremotos con frecuencia debido a su ubicación en el denominado «Anillo de Fuego» del Pacífico, una zona de intensa actividad sísmica y volcánica que se extiende desde Japón, atraviesa el sudeste asiático y cruza el océano Pacífico.
En 2004, un terremoto de magnitud 9,1 ocurrido frente a la costa de Sumatra provocó un tsunami que dejó unas 220.000 personas fallecidas en toda la región, incluidas aproximadamente 170.000 en Indonesia.




