Entre grandes montañas rocosas, en el valle de Guangou, distrito de Changping, está el Paso de Juyongguan, una de las tres secciones más importantes de la Gran Muralla China, junto al de Jiayuguan y Shanhaiguan.
Dicha sección se considera estratégica, pues era el punto de acceso directo al norte de Beijing, y actualmente una zona conveniente para los turistas que se hospedan en la capital china, a solo 56 kilómetros, a una hora y media en autobús.
Al llegar al estacionamiento ya es posible ver la imponente estructura. Una imponente puerta de roca es la entrada para el Paso de Juyongguan, tramo que se construyó por primera vez durante la dinastía Qin y que da paso al primer sitio emblemático: un templo budista donde aún se realizan prácticas religiosas.
A un costado se puede apreciar la Plataforma de las Nubes, llamada así por su altura y que por momentos pareciera que se erige de las mismas nubes. Dentro de la plataforma hay ejemplares de los cañones que se utilizaron en la línea defensiva durante tiempos bélicos, además de una piedra con caligrafía que detalla una frase de Mao Tse Tung, fundador del Partido Comunista, que revela la importancia del sitio para el pueblo chino, y que reza: «Quien no ha subido la Gran Muralla china no es un hombre real».
«La Gran Muralla es algo que todos los chinos conocemos muy bien, porque es algo muy simbólico, algo que compartimos espiritualmente, y como dijo Mao Tse Tung, para nosotros es un deber, una responsabilidad, visitar al menos una vez en la vida la muralla. No solo es un lugar turístico, sino también es parte de nuestra educación patriótica», mencionó Sebastián, asistente del programa del Centro Internacional de Prensa de Comunicación de China.
Desde el lugar comienza a serpentear una escalera que parece infinita, pues a medida se avanza a los puntos de control aparece un nuevo tramo con más escalones irregulares y de diversos tamaños, requiriendo de cierta resistencia física para completar el recorrido; sin embargo, no es obstáculo para que niños y adultos acepten el desafío.
La Gran Muralla china es de alto valor para el mundo entero por tratarse de la mayor construcción creada por el ser humano, motivo por el que fue declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco en 1987, y una de las siete maravillas modernas del mundo.
Con una extensión total aproximada de 21,000 kilómetros en diferentes tramos, la Gran Muralla china fue creada para proteger a la nación de los invasores, pero poco a poco fue adquiriendo otra función de relevancia, como el paso del comercio y la migración. Solo en Beijing hay 540 kilómetros.
«No pude llegar a la cima de la fortaleza, pero es muy emocionante experimentar el imponente patriotismo. Me gusta ver tantas nacionalidades, porque es un gran ejemplo de la aldea global compartida», dijo Mónica Mpambawashe, de Zimbabwe.
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