Agencias
El Gobierno de Joe Biden da una nueva vuelta a su política migratoria con el principio que la inspira: más vías legales de llegada y más dificultades para la inmigración irregular.
Esta vez lo hace con la presión de que el 11 de mayo expira legalmente en Estados Unidos la emergencia sanitaria por la pandemia y, con ella, el llamado título 42, que permite las devoluciones rápidas de inmigrantes.
Estados Unidos teme un aumento del flujo migratorio en la frontera con México y este jueves ha anunciado, por un lado, más medidas de control y, por otro, la extensión de vías legales de migración a países de Centroamérica (Guatemala, El Salvador y Honduras) y Sudamérica (Colombia). Entre las novedades, Washington ha acordado con otros países crear centros de inmigrantes en la región, donde se procesarán y evaluarán entre 5,000 y 6,000 solicitudes cada mes.
“Tenemos la obligación de eliminar del proceso a los traficantes de personas”, ha dicho esta mañana el secretario de Seguridad Interior, Alejandro Mayorkas. “Estamos construyendo vías para que la gente llegue a Estados Unidos sin que tengan que depender de los traficantes, pero al mismo tiempo imponemos consecuencias para quienes no usen estos caminos y emigren de forma irregular”, ha añadido el funcionario en una comparecencia junto con Antony Blinken, el encargado de Exteriores de Biden. Las autoridades han detenido a unos 10,000 traficantes de personas, o polleros, desde abril del año pasado.
Varios cargos de la Administración han advertido este jueves que el fin del título 42 no significa “que la frontera esté abierta”. La norma, empleada por primera vez en 1929 para contener la inmigración asiática, fue rescatada por el presidente Donald Trump en marzo de 2020 por motivos sanitarios, al inicio de la pandemia.
La oposición republicana, con Donald Trump a la cabeza, acusa a Mayorkas de ser responsable de una “invasión” en la frontera con México y la inmigración se ha convertido en uno de los ejes del debate político en Estados Unidos.
Hacen falta inmigrantes para cubrir los puestos de trabajo vacantes, pero los republicanos han armado un discurso en el que tratan de identificarlos con la delincuencia.
El inminente fin de la medida ha tensado la frontera sur de Estados Unidos. Las autoridades de decenas de poblaciones que limitan con México han mantenido asambleas extraordinarias para prepararse ante un incremento en la llegada de migrantes. El gobernador de Texas, Greg Abbott, quien lidera el ala más dura de los republicanos en política migratoria, ha informado esta semana de que movilizará a grupos especiales de la Guardia Nacional a 33 condados para contener el flujo, que podría llegar hasta a 18,000 cruces ilegales por día.
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