Este año, los fieles de esta nación asiática de mayoría católica no se dejaron intimidar por el aumento de los precios del combustible causado por la guerra en Oriente Medio y acudieron a un espectáculo que suele atraer hasta 12.000 visitantes locales y extranjeros.
Decenas de flagelantes con el torso desnudo y el rostro cubierto caminaron descalzos por las polvorientas calles de la ciudad de San Fernando, en la provincia de Pampanga, mientras se azotaban la espalda con látigos de bambú.
Periodistas de la AFP vieron a devotos perforándose la piel con fragmentos de vidrio sujetos a una pequeña paleta de madera para asegurarse de sangrar durante la ceremonia, una forma de expiar los pecados y pedir milagros.
«Hago esto para rezar por la curación de mi bebé de siete meses, que padece neumonía», dijo a la AFP John David, con látigo en mano, al comienzo de la procesión.
«Mi abuelo empezó con esto, luego mi padre, y ahora me toca a mí», aseguró el hombre de 49 años. «He sido testigo de milagros de curación a lo largo de los años gracias a este acto de fe».
«Experiencia de devoción»
Muchos de los asistentes condujeron durante horas para presenciar el clímax de la representación, en el que algunos devotos permiten incluso que les introduzcan clavos de siete centímetros en las manos antes de ser izados en posición vertical sobre cruces.
Ricky Margate, de 57 años, dijo a la AFP que este año había conducido una motocicleta hasta el lugar en lugar de su automóvil porque consume menos gasolina.
«Creo que los altos precios del combustible que tengo que pagar para estar aquí son solo parte de mis sacrificios en esta Semana Santa», dijo a la AFP.
Los precios de la gasolina han alcanzado máximos históricos en el país desde que Estados Unidos e Israel desataron su guerra contra Irán hace más de un mes, lo que llevó al presidente Ferdinand Marcos a declarar la semana pasada una «emergencia energética nacional».
La empresaria Gina Villanueva dijo que había conducido 70 kilómetros desde Manila para «vivir en primera persona esta experiencia de devoción».
«(Rezo) por la buena salud y también para que bajen los precios del combustible, porque muchos ya están sufriendo», aseguró la mujer de 42 años, mientras se secaba el sudor de la frente.
La vendedora de golosinas Mhekyle Salazar, de 22 años, explicó que se sentía aliviada de que los peregrinos estuvieran llegando a pesar del aumento en los costos de transporte.
«Supongo que los precios del combustible no pueden competir con la fuerza de nuestra fe y nuestra tradición», dijo a la AFP.
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