El 30 de abril pasado, el Consejo de Seguridad de la
Organización de las Naciones Unidas (ONU) enfocó nuevamente el Sáhara
Occidental y el plan de autonomía presentado por el Reino de Marruecos el año
2007 -el cual ha sido calificado con anterioridad como una propuesta “seria,
realista y creíble” por la comunidad internacional- de tal suerte que emitió la
Resolución 2498 (2019) para prorrogar así por seis meses -hasta el 31 de
octubre del presente año- el mandato de la Misión de las Naciones Unidas para
el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO).
Esta importante Resolución ocurrió siete días después de que,
en Ciudad de Guatemala, los países miembros del Sistema de la Integración
Centroamericana (SICA), junto al Secretario General, Vinicio Cerezo, y la
Secretaria de Estado de las Relaciones Exteriores y de la Cooperación
Internacional de Marruecos, Mounia Boucetta, suscribieran un Memorando de
Entendimiento que permitirá el establecimiento del Foro de Diálogo Político y
de Cooperación entre los países del SICA y Marruecos.
El acuerdo permitirá mayor intercambio de información y
coordinación de la cooperación marroquí con los países del SICA. “Es un momento
histórico para el Sistema y estamos seguros de que este paso fortalecerá los
lazos de amistad política y colaboración entre nuestros países, así como
estrechar la cooperación de ambas partes en el marco del proceso de la
integración centroamericana”, afirmó Cerezo.
Marruecos ha reforzado sus relaciones de amistad y
cooperación con Centroamérica desde que instaló el año 2011 su primera embajada
en Guatemala, la cual es concurrente ante El Salvador. El 2014, Marruecos fue
admitido, por unanimidad, como Observador Extra-Regional del SICA. Un año
después, las dos cámaras legislativas de Marruecos ingresaron como Observador
Permanente en el Parlamento Centroamericano. Y ahora se profundiza la relación
con este Memorando de Entendimiento.
Frente a esta nueva Resolución del Consejo de Seguridad de
la ONU. ¿Qué hacer por nuestro socio y cooperante?
EL CONSENSO SOBRE EL
PLAN DE AUTONOMÍA
Desde el lanzamiento del plan de autonomía por Marruecos, la
propuesta ha ganado el consenso en la comunidad internacional, contando, lamentablemente,
con la oposición del Frente Polisario y los vecinos Argelia y Mauritania.
En abril de 2018, con 12 votos a favor y 3 abstenciones, el
Consejo de Seguridad llamó al Polisario a retirarse “inmediatamente” de la zona
de separación en el área de Guerguerat, al sur del Sáhara Occidental.
Repetidamente, el Consejo de Seguridad ha condenado los avances armados del
Polisario.
Ciertamente, el Polisario ya no es la organización de los
70s, 80s, cuando impulsó el reconocimiento a una “República Árabe Saharaui
Democrática”. En fecha reciente, Marruecos ha denunciado los lazos del
Polisario con Irán y Hezbollah (milicia pro-iraní en El Líbano). Esta denuncia,
junto con el rompimiento de relaciones diplomáticas entre Marruecos e Irán,
arribó a Washington D.C. El 29/09/18, los congresistas republicanos Joe Wilson
y Carlos Curbelo junto con el demócrata Gerry Connolly, presentaron un proyecto
de ley que reafirma la relación entre Estados Unidos y Marruecos, condena la
colusión entre el Polisario y Hezbollah, y las finalidades desestabilizadoras
de Irán en el Norte de África y en otras regiones. «El Reino de Marruecos
fue la primera nación en reconocer a los Estados Unidos en 1777 y sigue siendo
un aliado estratégico importante y un socio por la paz en el Oriente Medio y en
el Norte de África», afirmó el congresista Wilson.
El proyecto de ley califica al Polisario como “una
organización terrorista financiada por Irán” al tiempo que reafirma el apoyo al
plan marroquí de autonomía, calificándolo de «serio, creíble y
realista» en términos de constituir «un paso adelante con el fin de
satisfacer las aspiraciones de las poblaciones del Sáhara a gestionar sus
propios asuntos en paz y dignidad». El texto llama al presidente Donald
Trump, al Secretario de Estado, Mike Pompeo, y a la representación
estadounidense en la ONU, a apoyar los esfuerzos de la ONU por un arreglo
pacífico al conflicto en el Sáhara.
La propuesta marroquí desde el año 2007 no ha sido vetada dentro
del Consejo de Seguridad por potencia alguna. Esta nueva Resolución del 30 de
abril fue aprobada por 13 votos registrándose la abstención de Rusia
(permanente) y Sudáfrica (alterno). Francia, potencia que ocupó militarmente
Marruecos y el norte de África, reiteró que el plan de autonomía de Marruecos
debe considerarse como base de negociación para la solución del conflicto. “Me
gustaría aprovechar esta oportunidad para reafirmar que Francia considera el
plan de autonomía marroquí como una base seria y creíble para las negociaciones
destinadas a alcanzar una solución política definitiva a la cuestión del Sahara”,
señaló la representante adjunta francesa ante la ONU, Anne Gueguen.
Por su parte, los representantes de Costa de Marfil y Guinea
Ecuatorial, miembros alternos del Consejo de Seguridad, también respaldaron el
plan de autonomía presentado por Rabat al que calificaron como “un esfuerzo
realista, viable y creíble”. Al mismo tiempo, destacaron el imperativo de
respetar la soberanía e integridad territorial de Marruecos.
La resolución del Consejo de Seguridad destaca el papel de
Argelia y Mauritania como actores en el diferendo y les demanda su contribución
positiva en la búsqueda de una solución en la mesa de negociaciones con
Marruecos. Mauritania tiene adyacencia geográfica con Marruecos y Argelia, y
consanguíneos con la población saharaui y otros grupos étnicos en el Sáhara
Occidental, pero en general su papel en el conflicto ha sido de “neutralidad”,
si bien en algunos momentos Mauritania ha roto comunicación con el Polisario y nunca
ha permitido una representación en su capital Nuakchot.
El papel de Argelia, al contrario, ha sido crucial en el
conflicto no sólo por el apoyo político y financiero del gobierno militar a la
dirigencia del Polisario y que en su territorio se localizan campamentos de
refugiados saharauis, sino también porque, hoy día, experimenta una transición
cuyo motor son las multitudinarias manifestaciones en la calle que forzaron la
dimisión de Abadelaziz Bouteflika, entronizado gobernante desde 1999 quien, a
sus 82 años y gravemente enfermo, se había presentado a su quinta reelección.
Las multitudes en las calles desconfían de los militares
aliados de Bouteflika que han tomado el poder, a pesar que ya se estableció el
4 de julio próximo como la fecha para elecciones presidenciales. Los
manifestantes y la sociedad civil reclaman que se construyan instituciones
dedicadas a una verdadera transición política, y no a la extensión del régimen autoritario
sólo que sin Bouteflika. «El pueblo es más grande que la Constitución»,
se ha leído en las mantas y carteles de los ciudadanos. Para los manifestantes,
las elecciones del 4 de julio no pueden ser libres ya que están siendo
organizadas por las instituciones y personalidades heredadas de 20 años de
poder de Bouteflika, marcados por comicios fraudulentos. Esta presidencial es
«legal pero no legítima», sentenció Louisa Dris-Aït Hamadouche, una reconocida
politóloga de la Universidad de Argel.
Cabe esperar que esta misma transición política se traduzca en
un viraje positivo para las negociaciones hacia la autonomía del Sáhara
Occidental. El territorio argelino, especialmente la región de Tinduf, ha sido
huésped de miles de refugiados saharauis desde hace 40 años. A estas alturas,
la ONU estima que alrededor del 60 % de la población saharaui refugiada es
menor a los 30 años, es decir, nacieron en los campamentos. Cientos de estos
jóvenes se han beneficiado de medidas de confianza supervisadas por el Alto Comisionado
de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) desde el año 2004, entre
ellas el establecimiento de vuelos comerciales entre Tinduf y el Sáhara
marroquí propiciando así el reencuentro de familias separadas por el
conflicto.
Organizaciones no gubernamentales africanas han condenado,
los últimos años, el desvío por el Polisario, en complicidad con funcionarios
de Argelia, de la ayuda humanitaria que debe llegar a los campamentos en
Tinduf. Esas organizaciones insisten en la demanda, hecha también por el ACNUR,
para que Argelia deje de oponerse a la identificación y censo de las
poblaciones de esos campamentos a fin de cuantificar de forma realista la ayuda
humanitaria que se les asigna. Han denunciado, igualmente, la malversación
financiera y el desvío de alimentos y medicamentos que son vendidos en el sur
de Argelia, en Mauritania y hasta en Mali.
Los refugiados en Tinduf sobreviven, en gran medida, gracias
a la cooperación internacional que por momento decae debido a que debe enviar
fondos para asistir a refugiados generados por otros conflictos. En las
proximidades, Marruecos prosigue con la ejecución de la autonomía del Sáhara.
El 2015, fueron electas, bajo supervisión internacional, autoridades regionales
y municipales las cuales cuentan con un presupuesto quinquenal para el
desarrollo de alrededor de US$ 8 mil millones. Estas elecciones contaron con una
participación del 79% de la población. Los proyectos de desarrollo que se
ejecutan están orientados a facilitar el retorno a Marruecos de los refugiados,
de conformidad al Derecho Internacional.
Marruecos ha expuesto en la ONU evidencias de que en los
campamentos en Tinduf la situación se agrava para los refugiados quienes, por
diversos medios, han expresado su descontento ante restricciones impuestas por
el Polisario que habría llegado a desplegar hasta vehículos blindados para
mantener el control sobre los campamentos. Es de esperar así que florezca la
primavera democrática en Argelia y ella facilite una reorientación de su
política exterior en términos de su colaboración efectiva en las negociaciones
para alcanzar la autonomía del Sáhara Occidental.
¿HACIA UN SOLUCION
DURADERA?
Centroamérica no posee los recursos naturales de Argelia, ni
por cerca. En el otro ángulo, la evolución democrática desde finales de los
ochenta en Centroamérica, aún sin una plena reconciliación dentro de cada país
y entre los países, nos coloca a los centroamericanos en una mejor posición
institucional con todo y el déficit de desarrollo atribuido a la corrupción que
cada día se combate con mayor fuerza y determinación.
La riqueza del gas natural y el petróleo se la han repartido
los militares, los empresarios y los líderes políticos afines al régimen de
Bouteflika. Al gasto militar se destina el 10% del PIB lo que representa la
mitad de lo que gasta todo el continente, convirtiéndolo en el mayor importador
de armas de África. Argelia, miembro de la OPEP desde 1969, ha caído en la incapacidad
para producir su cuota por la falta de inversión en su industria petrolera.
Aunque posee la décima reserva de gas natural más grande del mundo y las
terceras de gas de esquisto, no capta inversión extranjera pues el Estado
retiene el 51% de la propiedad de los proyectos. Por ello, las exigencias
ciudadanas por democracia en el corto y largo plazos son determinantes incluso
para rescatar a Argelia del desastre económico y productivo. “El mantenimiento
del estatus quo ya no es viable”,
explicó Dalia Ghanem, investigadora argelina del Carnegie Middle East Centre en
Beirut.
Desde Centroamérica, vemos con claridad los obstáculos para
la pacificación del Sáhara Occidental. No fueron en balde los conflictos
armados, y la turbulencia político-militar articulada con la Guerra Fría, que
padecimos por décadas. Así se plasmó en el Protocolo de Tegucigalpa de 1991:
“El SICA tiene como objetivo fundamental la realización de la integración de
Centroamérica, para constituirla como Región de Paz, Libertad, Democracia y
Desarrollo” (Art. 3).
El SICA debe respaldar como bloque de ocho naciones la
Resolución del Consejo de Seguridad del 30 de abril en todos sus puntos, no
sólo por ser Marruecos nuestro socio sino también por la paz en África y el
mundo. Debe el SICA sumarse al respaldo internacional para el plan de autonomía
presentado responsablemente por Marruecos desde el 2007 y llamar al Polisario a
una rectificación histórica por la población saharaui que dice aún representar,
igualmente a Argelia confiando que arribe a ese país “la primavera
democrática”.
Aquí tiene un tema relevante de política exterior el nuevo
Gobierno de El Salvador 2019-2024, en varias vías. El presidente Nayib Bukele,
quien asumirá la presidencia semestral del SICA a finales de junio próximo, desde
la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno, puede invitar a sus homólogos a
brindar el respaldo político y diplomático a la Resolución del Consejo de
Seguridad, respaldo que contribuiría a robustecer el nuevo nivel de diálogo y
cooperación con Marruecos tras la firma del Memorando de Entendimiento. Por
otra parte, en la Asamblea General de la ONU, el Gobierno de El Salvador puede expresar
este apoyo en nombre del SICA, potestad que le brinda dicha presidencia pro
témpore pues a una voz elevaría una posición común regional en el foro
planetario.
Finalmente, a título nacional, pues constitucionalmente
dirige las relaciones exteriores, el presidente Bukele puede declarar su
respaldo a la Resolución. El fortalecimiento de la relación bilateral El
Salvador-Marruecos es importante por igual, en aras de facilitar las
inversiones desde Marruecos en ámbitos comunes como el turismo, la migración y
la lucha contra el cambio climático en los que Marruecos es líder
internacional. Una visita oficial a Rabat dinamizaría, sin duda, la relación
bilateral.
Ciertamente, la causa de la paz de Marruecos y el Sáhara Occidental es a la vez causa para la paz del planeta -en el marco de las Naciones Unidas- así como la paz, la seguridad, la democracia y el desarrollo siguen constituyendo motivo de cooperación y solidaridad de la comunidad internacional con Centroamérica.
Artículo de Opinión: Doctor Napoleón Campos.
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