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La nueva poesía centroamericana escrita por mujeres (y 7)

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Hoy muchos, demasiados buenos poetas, hombres y mujeres, en este país de innúmeros contrastes, pero él encarnó todo lo que nadie había hecho: jugar al póquer con una palabra infectada de la maldad y traición que los otros quisieron imponerle.

Con El Salvador me une una especie de amor y odio que empezó por allá por el 2003, cuando pise por primera vez la tierra de “El Pulgarcito de America”. ¿Qué les puedo decir, que no se haya dicho antes? ¿En que caminos tratare de meterme que ya no haya cruzado en estos casi 24 años de pernoctar por sus quebradas, sus cantones, sus caseríos, sus históricas ciudades, sus lugares vedados a la reconciliación y al perdón? Que hoy dicen que se ha conseguido, yo creo que se esta incubando algo no muy parecido a lo que muchos nadan cada día en esa predicación.

Pero bien, aquí llegue porque había almas que salvar en las lides políticas, como asesor de uno de los partidos de los “mismos de siempre”, del que salió en que esta ahora rompiendo con esa tradición que tanto daño le hizo a la historia reciente, porque no supieron hacer la profilaxis que necesitaba el país para seguir y se empantanó la historia. Y hoy se escribe para que las nuevas generaciones la vean con pinza y mucha tinta, si es que se atreven a escribir. Este es El salvador, el país que hoy me ha dado una de mis satisfacciones mas humanas: ver crecer una hermosa niña a pesar de la edad, lo que me dice, que sí que los milagros existen. Por eso, quiero El Salvador.

Bien, aquí vinimos a cerrar un ciclo de unas series de notas que he venido haciendo para el más importante diario digital de nuestro país, la República Dominicana: Acento.com.do, con esta entrega son 7 la que valientemente he expuesto a los lectores muy inteligentes de este medio, y a los que no se les puede “dar gato por liebre”, porque son muy aventajados teóricamente hablando y saben cuándo “se les da paja” y cuando no, cuando les “enreda la cabuya” y asiiiii. Estas 7 notas están directamente relacionadas con los 7 países del Sistema de la Integración Centroamericana, sin incluir a República Dominicana, pues no es del Istmo Centroamericano, aunque pertenece al SICA.

He estado hablando de mujeres escritoras de estas naciones, como dije, no están todas las que son, ni son todas las que están; pero es una muy interesante muestra de una discursividad hecha por mujeres, jóvenes y no tan jóvenes que referencia un quehacer, que cuando lo ponemos en conjunto, hay un corpus escriptural sólido y con mucho oficio, pero claro está, un oficio desde la perspectiva femenina que dista mucho de la del hombre, en la temática, el acercamiento a la vida, los amores, la muerte, el universo, en una frase: la poesía escrita por mujer en esta zona del mundo, refleja sus avatares, sus luchas, sus cotidianidades, sus existencialidades, de no rendirse ante las adversidades del entorno, y algo muy elocuente: la esperanza de que algo mejor llegará, estas nunca pierden la perspectiva del porvenir y la reivindicación del hombre en el término universal.

Pero vamos a lo que vinimos. Al igual que las otras chicas poetas de los 6 países restantes, estas asumen la vida desde su mismidad. Pero una mismidad netamente de mujer, sin transigir ni un ápice del compromiso con lo humano y social, aunque el amor luego de pasar el filtro de la sinrazón vuelve a ser un componente social y humano. Ahora bien, para empezar este inventario de las escritoras que están en mismas notas debo expresar, que este país no poder tener poesía y felicidad de palabra, nunca se puede celebrar el triunfo del ser social y literario hasta que no se esclarezca quiénes o quién dio la orden vil para sacar del mundo de los vivos al más auténtico y trascendente poeta salvadoreño que recuerde la historia de la literatura del siglo XX y de los que fueron y vendrán: Roque Dalton. El hombre que supo ser el hombre que los demás cobardes nunca quisieron ser. No habrá poesía salvadoreña en el sentido histórico de la palabra hasta que Dalton no sea exaltado al panteón de la dignidad del hombre y la vida, aunque ya el pueblo lo tiene en ese lugar, pero la literatura oficial todavía “deja ver el refajo”.

Hoy muchos, demasiados buenos poetas hombres y mujeres poetas en este país de innúmeros contrastes, pero el encarnó todo lo que nadie había hecho: jugar al poquer con una palabra infectada de la maldad y traición que los otros quisieron imponerle.

Ada Membreño, El Salvador (1974). Escritora, Poeta, Ensayista, Gestora Cultural,

Editora. Estudió Ciencias Jurídicas en la Universidad de El Salvador (UES).

Locución y Periodismo en la Escuela de Artes y Comunicaciones de EL

Salvador (COMSAL). Miembro del Staff de edición de la Revista /Voces del

Viento/ Argentina. Preside la Asociación Cultural Kuskatan de El Salvador.

Es responsable adjunta de la Federación de Escritoras y Escritores por la

Libertad (FIEL). Responsable del Mitin Mundial de la Insurgencia Cultural

en la Región Centroaméricana y el Caribe, y del Encuentro “La Luna con

Gatillo”., edición virtual en la región Centroaméricana. Es miembro de

Naciones Unidas de las Letras (UNILETRAS), Colombia. Es Directora

Nacional del Encuentro Cultural “Relámpago que Siembra” edición El

Salvador. Es subdirectora de la Coordinadora Cultural Centroaméricana

Morazanista, y Cofundadora del Taller Literario “Kuskatan”.

Publicó los libros: Pétalos Rebeldes, 2014.” Antología Poesía para no

Olvidar”, 2018, en coautoría con el Dr Rafael Lara-Martínez. Colaboró

en la obra La Sonrisa de la Jícara- Ensayos de la Pandemia, por Rafael

Lara-Martínez, año 2021. Libros inéditos: Pájara de lava, Sarcástica, Mi

Anecdotario en los Celajes, Komisagual, Versos para Daniela, y Cuentos

de Tarde. Escribe ensayo para la Revista Voces del Viento– Argentina.

Escribe para la Revista Torogoz de ASAFAMEX, México. Su poesía ha sido

publicada en revistas y antologías iberoamericanas.

“Nos queda la voz y el poema

¡Cual mariposas volar!

Para no aceptar la esclavitud perenne.

Se hacen tortillas y arepas

en la esquina,

poemas en la otra y se gritan.

En el semáforo el payaso hace llorar

con su verso de denuncia,

a América no pararon de robarla,

y en el regazo de una luna sin pan

muere.

Y si nos enrabietamos;

y como Patria nos alzamos,

mujeres y hombres

reclamando el suelo,

y tomamos la sagrada heredad del pueblo!

Porque no vi al saqueador sembrar

pero mis tatas lo vieron ignominiosamente cercar y alambrar”-Patria y voces-

 Como ven su texto reseñado aquí refleja una pues de compromiso con la h

Aída Párraga. Poeta, narradora, actriz, conductora y productora del programa

de radio LA BOHEMIA, emisión que cumple en el 2011, 15 años al aire,

promotora cultural, maestra de inglés e ingeniera electricista, salvadoreña por

nacimiento y convicción que nació un 7 de agosto de 1966. Miembro de

la Compañía “Teatro Hamlet” desde 1992 hasta 2019, y fundadora del

grupo Poético POESÍA Y MÁS…, fundadora, productora y conductora del

programa radial LA BOHEMIA desde noviembre de 1996 hasta la fecha,

siendo el programa cultural de mayor tradición en la radio salvadoreña.

Primer Lugar en el Certamen Centroamericano de Literatura Joven

Femenina, Ensayo, 1996; Tercer lugar en los Juegos Florales de San

Salvador, Poesía, 1998… entre otros

“Al otro lado del mundo

Adonde las venas son azules

Y la pobreza es gris

Adonde el futuro es rojo

Y el pasado esmeralda

Ahí desperté un día cualquiera

Y el naranja caliente de tu risa

Me envolvía

Las distancias verdaderas

Se miden en silencios” –MAKTUB-

 Este fragmento de un poema más o menos místico e introspectivo, muestra la capacidad de sumergirse en las culturas milenarias de esta poeta que tiene un de los curricular más variados respecto a la búsqueda de nuevas formas y fuentes de trabajar el discurso poético, ella como las demás lleva una gran carga cultural en su país, ahora que nuevos vientos en cintra de la cultura contestataria soplan no del lado correcto de la historia, ella como sus otras compañeras lo asume con una mismidad pasmante y desafiante.

Krisma Mancía, San Salvador, 1980. Escritora y artesana. Estudió letras

en la Universidad de El Salvador (UES), teatro en La Escuela Arte del Actor,

escultura y cerámica en el Centro Nacional de Arte (CENAR) y perteneció al taller

de talentos de La Casa del Escritor. Ganadora del I Premio de Poesía

Joven La Garúa, 2005. Ha publicado 4 libros de poesía y varios de su

textos han sido recogidos en periódicos, antologías y revistas de América

Latina y Europa. Ha participado en festivales, conferencias y recitales a

nivel nacional e internacional. Fue la primera directora de la Casa de la

Cultura de la Mujer en Ciudad Mujer. Es creadora de la marca Krismática,

especializada en joyería de papel. Actualmente trabaja en el Ministerio de

Cultura y es coordinadora de los premios literarios de los Juegos Florales

de El Salvador.

Y la mujer enrojece con toda la sonrisa.

Benjamín Saúl

 “Dicen que soy una nena terrible. Una nena mala,

con un alma antigua,

con el don de las sonámbulas,

con la anormalidad de lo que haría la gente sana.

Dicen que soy una flecha mortal,

un escarabajo con su bola de estiércol,

una voz demasiada fuerte para la pureza,

una nena tormentosa que jamás tuvo que saber que

toda mujer debe decidir qué hacer

con lo que entra y sale de su cuerpo.

Hay solo una vida y pienso usarla

cómo se usa una bala.

Tengo el poder sobre mí,

por eso soy una nena terrible. Una nena mala”. -Mujer pez-

Es una de las expositoras que más sabe explorar su yo y lo hace con una conciencia pasmosa. Es una escritora que ve el oficio como una prolongación de la sociedad, su sociedad, y asume el compromiso de la escritura como si fuera el último día de su vida. Mujer y palabra, palabra y vida he ahí la dialéctica de su corpus escriptural y en El Salvador esta ocupa un lugar entre las mujeres que escribe con una conciencia plena del oficio.

Susana Reyes, poeta, editora, actriz, profesora. Ha trabajado como

docente de lenguaje y literatura en diversas universidades y ha participado

en programas de formación literaria para jóvenes y maestros. Editora en Índole

Editores, dirige el Encuentro Centroamericano de Escritura de Mujeres y la Editorial

Ojo de Cuervo, coordinadora, junto con Tania Pleitez, de la Red de

Investigación de las Literaturas de Mujeres de América Central (Rilmac) y

preside la Fundación Claribel Alegría. Imparte talleres de creación literaria

para jóvenes y adultos. Pertenece al grupo literario de mujeres Poesía y

Más…Ha participado en recitales, encuentros y festivales de poesía a nivel

nacional e internacional. Pertenece al grupo literario de mujeres Poesía

y Más… Es parte del elenco de la obra “Toc toc” (producción del Teatro

Luis Poma) Ha publicado: Los solitarios amamos las ciudades, Postales

urbanas y vitrales e Historia de los espejos. Aparece en diversas antologías

nacionales e internacionales, recientemente en la antología La poesía del

siglo XX en El Salvador ( Visor, 2012), y Teatro bajo mi piel (Edición bilingüe

español-inglés, Editorial Kalina, San Salvador, 2014). Ha participado en

investigaciones relacionadas con poesía de mujeres y el estado de la

literatura en El Salvador.

 “…Un perro negro cruza la calle

La ciudad y sus sonidos

se cuelan bajo mi pecho

El perro ladra y en su lenguaje

conversa con mis humillaciones

Y te recuerdo niña

en una ciudad diezmada por el tiempo

en una ciudad que pertenece a tu olvido

que de noche soñó con luces y fiestas

El vuelo que libera mariposas

68 que no supo contener tus pasos

de colores brillantes y gotas de lluvia

de casuarinas y cunetas rotas…”-Álbum de niñas con abuela- (fragmentos)

Es editora con una vasta red de relaciones en el mundo literario hispanoamericano. En su país, realmente ha realizado una titánica labor para la difusión de la poesía, no importa si es de mujer o de hombre: solo hay una poesía y esta en la palabra viva. Y ella lo sabe y con su editorial Ojo de Pez, recorre lugares ensenando lo bueno que hay en este país de dalton y tantos otros poetas que todavía requieren ser rescatados del olvido.

Hay otras escritoras, muchas más que hacen del El Salvador un país de mujeres que asumen su discurso para cambiar la historia, su historia. El maestro Manlio Argueta me sugirió algunas de ellas para que formaran parte de la muestra, por ejemplo, Elena Salamanca, por ejemplo, le hable en varias ocasiones y nunca me envió sus textos y semblanza, se que vive como académica en Mexico. También hubo contactos con otras que por diversas razones nunca pusieron cruzarse conmigo para que produjésemos esta nota. Pero ya lo dije no están todas las que son.

En un país que tiene escritoras como Claudia Lars, a quien el gobierno le dedicó la construcción Periférico Claudia Lars a una importante carretera de 10.8 kilómetros que conecta el desvío de San Juan Opico (carretera a Santa Ana) con el desvío de Sacacoyo (carretera a Sonsonate. La poeta de Armenia, gran poeta de un país pequeño, dicen.

Y así podemos nombrar otras escritoras que por razones varias no están aquí reseñadas y que meren estarlo. Sandra Aguilar (San Salvador, 1984); Lauri García Dueñas (San Salvador, 1980); Lourdes Ferrufino (La Unión, 1992); Nora Méndez (San Salvador, 1969).

Según la IA, “la poesía salvadoreña contemporánea cuenta con una fuerte presencia femenina. Las autoras de los últimos tiempos destacan por explorar la cotidianidad, el feminismo y la memoria”. Y no se ha equivocado. Esta muestra que ponemos a la consideración de todos y con la que cerramos estas notas son el vivo ejemplo de una muy nueva camada de escritoras de las que se espera demasiado para los próximos años. Hemos terminado la palabra empeñada. Amen

toria de las tres heroínas dominicanas asesinadas por el sátrapa Trujillo Molina, ella en su último libro asume esta visión histórica desde la mujer que es luchadora y que reclama un espacio en la historia. Estos textos los trabajo a propósito de una antología que se publicara acerca de las escritoras del istmo que homenajean a Las Hermanas Mirabal.

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Byung-Chul Han y la insoportable levedad de estar disponibles- Lisandro Prieto Femenía

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«El sujeto de rendimiento, que se cree libre, es en realidad un esclavo: es un esclavo absoluto en la medida en que, sin amo alguno, se explota a sí mismo voluntariamente»

 Byung-Chul Han (La sociedad del cansancio, 2012, p. 80)

Lamentablemente, suele rondar en el ambiente la sospecha de que la filosofía es una disciplina de mausoleo, un catálogo de preguntas ya respondidas o de pensadores ilustres que descansan bajo el mármol de la historia. Nos consuela imaginar que los grandes debates existenciales pertenecen a épocas pretéritas, tal vez porque mirar de frente nuestras propias grietas resulta demasiado doloroso. También, debo decirlo, divulgadores mediocres, intelectuales rentados y sofistas posmo-progres, es decir, los Darío’s Z de la vida, no ayudan a contrarrestar este prejuicio. Sin embargo, los síntomas de nuestro tiempo delatan que habitamos un territorio profundamente filosófico, un presente donde las heridas no se ven nítidamente, pero se sienten con una crudeza física imposible de soslayar. Aquí y ahora, aparece Byung-Chul Han, que se ha consolidado como uno de los analistas más lúcidos de la posmodernidad precisamente porque ha logrado poner en palabras una fatiga sorda que arrastramos en nuestros cuerpos: esa extraña e ininterrumpida sensación de vivir expuestos en un anaquel digital, cansados y perpetuamente exigidos.

El precitado filósofo no irrumpe, de ningún modo, desde la nada, mucho menos de la simple ocurrencia sociológica. De origen surcoreano, su propio periplo vital encierra una transmutación existencial radical: tras iniciar sus estudios de metalurgia en Seúl, se trasladó a Alemania, sin hablar apenas el idioma, impulsado por una vocación tardía que lo llevó a sumergirse en la literatura germana, la teología católica y la filosofía, doctorándose finalmente con una exhaustiva investigación sobre el pensamiento de Martin Heidegger.

Es precisamente de la tradición fenomenológica y hermenéutica de Heidegger de donde Han hereda su profunda sospecha ante la técnica moderna y su defensa de la contemplación silenciosa. Dialogando con la dialéctica de Hegel y Marx, y nutriéndose de la agudeza crítica de Nietzsche y la Escuela de Fráncfort, el filósofo edificó un andamiaje teórico que se sitúa en abierta disputa con las corrientes optimistas de la globalización digital y la psicología positiva del autoengaño. Si bien asimila la noción de sociedad disciplinaria de Michel Foucault, Han marca una distancia crítica insalvable al demostrar que las categorías del pensador francés, basadas en la vigilancia corporal y la coerción externa, resultan insuficientes para descifrar un capitalismo tardío que ya no opera mediante la dominación del cuerpo, sino a través de la domesticación algorítmica de la psique, una mutación que él bautiza como “psicopolítica”.

Bajo este régimen del neoliberalismo avanzado, las dinámicas de poder han sufrido una transformación sutilmente imperceptible pero devastadora: ya no nos enfrentamos a amos externos que vigilan nuestros movimientos con un látigo visible, sino que la dominación actual es mucho más sofisticada porque se disfraza de libertad personal y realización individual. Esta perversa transición es diseccionada con precisión por el autor en su emblemática obra “La sociedad del cansancio”, donde sostiene con firmeza que “el sujeto de rendimiento se explota a sí mismo hasta la extenuación. Se desarrolla una autoexplotación que es mucho más eficiente que la explotación por otros, porque se acompaña de un sentimiento de libertad” (Han, 2012, p. 23). De esta manera, el individuo contemporáneo corre con alegría hacia su propio desgaste, convencido de que cada hora extra en el trabajo, cada proyecto asumido o cada publicación en redes sociales constituye un peldaño hacia el éxito personal, ignorando que la autoexplotación voluntaria es infinitamente más eficaz que la coacción ajena, pues anula de raíz cualquier conato de resistencia o protesta colectiva.

Esta tesis de la servidumbre voluntaria y autoinducida late con fuerza en el corazón de una de sus intervenciones públicas recientes. Al recibir el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en el Teatro Campoamor de Oviedo, Han (2025) recurrió a la dolorosa metáfora del esclavo que se azota a sí mismo para ilustrar el trágico destino del hombre hiperconectado. Nos encontramos ante una domesticación invisible donde el látigo ha sido internalizado y la productividad se ha convertido en una religión sin Dios y sin domingos. El sujeto posmoderno ya no necesita que lo vigilen porque se ha convertido en el capataz de su propia existencia, transformando su tiempo de ocio en una incansable gestión del rendimiento y reduciendo su vida a una simple función de utilidad económica.

Para comprender la raíz profunda de este autosabotaje civilizatorio, conviene volver la mirada hacia los cimientos de la teoría psicoanalítica y confrontar cómo el dolor ha cambiado de piel. En su clásica obra, “El malestar en la cultura”, Sigmund Freud (1930/1992) advertía un conflicto estructural en el desarrollo de la vida comunitaria: “No puede soslayarse la medida en que la cultura se edifica sobre la renuncia de lo pulsional, el alto grado en que se basa, precisamente, en la no satisfacción (mediante sofocación, represión, ¿o qué otra cosa?) de poderosas pulsiones. (p. 96).

Durante el siglo XX, este malestar se traducía en la neurosis provocada por la prohibición, es decir, ese límite moral o estatal que imponía un tajante “no debes”. En nuestra época, no obstante, la renuncia ya no se origina en la censura, sino en un mandato mucho más perverso que nos empuja a la acción ilimitada. Se nos ordena producir, mostrarnos, disfrutar y rendir sin tregua. El antiguo sujeto obediente ha sido reemplazado por el sujeto del rendimiento, un individuo que ya no sufre por sentirse oprimido o reprimido por una fuerza ajena, sino por una insoportable sensación de insuficiencia. Nunca es suficiente lo que producimos, nunca es suficiente lo que mostramos, nunca somos suficientes para nosotros mismos ni para los demás.

Este escenario de autoexigencia y exposición constante encuentra su catalizador perfecto en los dispositivos digitales que cargamos en nuestros bolsillos. Lejos de ser simples herramientas de comunicación neutras, los teléfonos inteligentes han colonizado nuestra intimidad, transformado los lazos afectivos en transacciones rápidas, asépticas y cuantificables. Esta transmutación del espacio relacional es explorada minuciosamente por el filósofo en su obra “En el enjambre”, donde avizora que la sobreexposición digital anula la distancia necesaria para el encuentro ético. En sus propias palabras, “la comunicación digital destruye la distancia. Ello no conduce, sin embargo, a una cercanía vecinal, sino a la falta de distancia, en la que lo extraño es eliminado a favor de lo igual” (Han, 2014, p. 32). Al homogeneizar el espacio social, las pantallas nos proveen de una conexión constante, pero nos despojan del encuentro real, en tanto que el algoritmo no busca la empatía ni el entendimiento, sino que premia la indignación instantánea, la polarización y el conflicto estéril porque el odio circula con mayor velocidad y genera más dividendos económicos en el mercado de la atención.

La eliminación sutil, pero sistemática de esta alteridad no es un daño colateral del sistema, sino un requisito operativo para la aceleración del consumo. Cuando “el otro” es despojado de su misterio y de su diferencia irreductible, deja de ser un interlocutor para convertirse en una cosa que se consume y se desecha de manera autocomplaciente. Al indagar en esta herida, Han (2014) señala con amargura en “La agonía del Eros” que el narcisismo exacerbado de la cultura digital clausura la posibilidad misma del amor, puesto que “el mundo se le presenta sólo como proyecciones de sí mismo. No es capaz de conocer al otro en su alteridad y de reconocerlo en esa alteridad… Deambula por todas partes como una sombra de sí mismo, hasta que se ahoga en sí mismo. La depresión es una enfermedad narcisista” (p. 11). En otras palabras, sin la herida fundacional que produce la presencia de lo verdaderamente distinto, el sujeto queda atrapado en una inmanencia estéril, en un “infierno de lo igual” donde el diálogo se asfixia y la alteridad es desterrada.

Esta expulsión del otro acarrea consecuencias catastróficas para la salud del tejido social y el sostenimiento de la democracia, una advertencia que se hizo explícita con especial gravedad en Oviedo. En su discurso de aceptación, el pensador expuso que la pérdida de empatía y la digitalización sin control erosionan los lazos sociales esenciales, pavimentando el camino para el auge de autoritarismos y populismos de diversa índole que capitalizan el mido de las clases medias ante su inminente hundimiento socioeconómico.

En “La expulsión de lo distinto”, Han (2017) complementa este diagnóstico al explicar que la sobreexposición comunicativa no produce comunidad, sino un aislamiento ruidoso: “la comunicación digital tiene como objetivo destruir toda distancia. Con medios digitales hoy tratamos de aproximarnos al otro tanto como sea posible. Pero no por ello el otro nos enriquece más con su presencia virtual. Más bien lo hacemos desaparecer”(p. 34). Al disolver la distancia que nos separa del prójimo, se anula la posibilidad del asombro y del respeto recíproco.

Frente a la desintegración del lazo ético, la apelación de Han (2025) a recuperar el respeto y la moral ciudadana, remitiéndose al concepto de “moeurs” acuñado por Alexis de Tocqueville, no es un simple reclamo de civismo tradicional, sino una exigencia de supervivencia democrática. El precitado concepto alude a las costumbres, hábitos, maneras de sentir y pensar, y normas morales y sociales compartidas por un pueblo. No es sólo el comportamiento externo (las prácticas) sino también las disposiciones internas y los principios que orientan a la vida social: creencias, sensibilidades, sentimientos públicos, formas de asociación y expectativas sobre la autoridad y la igualdad (en Tocqueville, la transformación de las “moeurs” es central para entender la democratización: la igualdad de condiciones no modifica sensibilidades- aspiraciones de independencia, ideas sobre la autoridad, individualismo, ambición de reconocimiento, etc.-).

En consecuencia, el respeto, por definición, requiere de un tiempo y de un armazón simbólico que el vértigo contemporáneo destruye sin contemplaciones. Los rituales, que en el pasado pautaban y daban estabilidad a la vida colectiva, han sido reemplazados por el flujo ininterrumpido de estímulos instantáneos. Por ello, en su texto “La desaparición de los rituales”, Han (2020) denuncia que “al tiempo le falta… un armazón firme; se desintegra en la mera sucesión de un presente puntual. Se precipita sin interrupción. Nada le ofrece asidero” (p. 9). Es que sin estos “asideros” temporales, sin la posibilidad de demorarse en lo común, nos quedamos a merced de una comunicación hiperactiva que nos desborda cognitivamente pero nos deja existencialmente vacíos. Es, en definitiva, el legado del liberalismo desbocado: un inmenso vacío ético que las pantallas llenan de manera provisoria con odio, agresión, indiferencia y entretenimiento hueco.

La filosofía, entendida de esta manera, deja de ser un lujo académico y se convierte en una trinchera de resistencia. Leer el presente con sospecha, aprender a demorarse en la pregunta y recuperar el valor del silencio contemplativo son decisiones profundamente revolucionarias en un mundo que premia el ruido constante y la reacción inmediata. Al igual que el viejo tábano socrático al que Han aludió en su intervención en España, la tarea de pensar consiste en introducir una cuña de molestia en la inercia cotidiana, en sacudir al noble pero pasivo caballo de la sociedad de consumo para recordarle que vivir es algo más que acumular cosas e información, transaccionar afectos o gestionar el propio perfil digital. Es un llamado a recuperar el peso específico de la existencia, a rescatar la densidad de los lazos humanos antes de que terminen de disolverse en el flujo infinito de una pantalla y a entablar, tal como el filósofo confesó conmover su alma al leer a Simone Weil, una verdadera amistad espiritual con la trascendencia que nos devuelva la capacidad de conmovernos ante lo real.

En definitiva, queridos lectores, si la libertad prometida por este siglo consiste únicamente en la posibilidad de elegir entre infinitas opciones de consumo mientras nos consumimos a nosotros mismos, tal vez debamos empezar a desconfiar de nuestra propia noción de autonomía. ¿Qué clase de emancipación es esta que nos permite llegar a cualquier parte pero nos impide estar verdaderamente presentes en algún lugar? ¿De qué nos sirve haber conquistado el mundo exterior si el precio ha sido la usurpación absoluta de nuestro tiempo de silencio y de nuestro derecho al descanso? Quizá, el verdadero acto de rebeldía hoy no consista en acelerar para ganar una carrera que no tiene meta, sino en tener el coraje de detenernos, apagar la pantalla y mirarnos a los ojos para descubrir que el vacío que tanto intentamos llenar con productividad no es una carencia, sino el único espacio donde todavía es posible que acontezca un encuentro genuino.

Referencias bibliográficas y fuentes consultadas

Freud, S. (1992). El malestar en la cultura (J. L. Etcheverry, Trad.). En Obras completas (Vol. XXI, pp. 57-140). Amorrortu Editores. (Trabajo original publicado en 1930).

Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio (A. S. Pascual, Trad.). Herder Editorial.

Han, B.-C. (2014). La agonía del Eros (R. G. Cotarelo, Trad.). Herder Editorial.

Han, B.-C. (2014). En el enjambre (R. G. Cotarelo, Trad.). Herder Editorial.

Han, B.-C. (2017). La expulsión de lo distinto (A. Ciria, Trad.). Herder Editorial.

Han, B.-C. (2020). La desaparición de los rituales: una topología del presente (A. Ciria, Trad.). Herder Editorial.

Han, B.-C. (2025). Discurso de aceptación del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. Fundación Princesa de Asturias. Oviedo, España. https://www.fpa.es/es/premios-princesa-de-asturias/premiados/2025-byung-chul-han/?texto=discurso

 

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La cara oculta de Nayib Bukele

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En un tiempo turbulento propicio para que seudoperiodistas y politicastros den rienda suelta a sus frustraciones y su furia contra el árbol más florido, se ha vuelto profesión de fe desatar reportajes trucados y panfletos difamatorios contra el presidente Nayib Bukele.

De entrada, están ofendiendo a toda una nación que se encuentra luchan do por construir un nuevo país donde la paz social, el auténtico clima democrático, la lucha contra la pobreza, el desarrollo de la ciencia para el progreso y la justicia para los más olvidados, reinen.

A pesar de las lógicas dificultades de la economía mundial, de fenómenos como El Niño y de las dañinas guerras que encarecen el petróleo y sus derivados, 90 % de la población salvadoreña respalda la gestión del presidente, y es indudable que votará por él en 2027. Esto es lo primero que debería tener claro esa prensa amarillista.

Uno de los argumentos que esgrimen es la condición de bachiller del presidente, como si ello fuese un delito capital o un impedimento para ejercer la política. Hay que recordarles a es tos sesudos intelectualoides los grandes líderes del planeta que no terminaron sus estudios universitarios, pero jugaron un rol brillante en la política internacional, como George Washing ton, James Monroe, Harry S. Truman, Winston Churchill, sin olvidar a Abraham Lincoln, que fue leñador; y personajes como Henry Ford, Steve Jobs, Bill Gates, Mark Zuckerberg, entre muchos otros, se destacan por sus trayectorias excepcionales a pesar de haber abandonado o nunca haber comenzado estudios universitarios.

Por el contrario, Bukele cuenta en su currículo uno de los reconocimientos que la totalidad de académicos de a cuartillo solo pueden soñar con obtener. En diciembre de 2019 la Universidad de Pekín, una de las más prestigiosas del planeta, le otorgó un doctor «honoris causa».

Es evidente que ocultan o minimizan los grandes logros que su gestión ha logra do en cuanto a la seguridad ciudadana al transformar al país más violento y criminal del mundo en el más seguro del hemisferio occidental, el gran salto económico que ha significado su apuesta por el turismo, su lucha contra las mafias intermediarias de la producción agrícola y la búsqueda de la seguridad alimentaria en la agricultura, así como la modernización de los servicios, la infraestructura del sistema nacional de salud, entre otros.

O las grandes obras que su estrategia política de cooperación internacional ha logrado, especialmente con China, Corea del Sur, Estados Unidos, el mundo árabe e Israel, como son las infraestructuras de la Biblioteca Nacional, el superestadio en construcción, la potabilización del lago de Ilopango, el tramo de la autopista Los Chorros, la incautación de centenares de toneladas de cocaína y otras drogas del narcotráfico inter nacional; la edificación, a través de la Dirección de Reconstrucción del Tejido Social, de los centros urbanos de bienestar y oportunidades (CUBO) dentro del Plan Control Territorial, fase II.

Así, un líder heterodoxo, cuya regla es saltarse las reglas tradicionales, como Nayib Bukele, ha sido recibido con honores por el presidente Donald Trump en la Casa Blan ca, ha sido bienvenido en Israel para visitar el museo del holocausto Yad Vashem y el Muro de las Lamentaciones, ha sido acogido con profundo respeto y alfombra roja por el presidente Xi Jinping, en Pekín.

Es además admirado por la mayoría de sus colegas, presidentes de Uruguay, Chile, Costa Rica, Ecuador, Estados Unidos, Colombia, Perú, muchos de los cuales quieren reproducir sus políticas de seguridad ciudadana.

Su visión estratégica, que ha sido fundamental en la creación del Escudo de las Américas de Washington, constituido por 17 países del hemisferio occidental, incluyendo a Estados Unidos, es producto de la experiencia nacional de la lucha contra las pandillas, que contiene estrategias vitales para que dicho escudo haga más efectiva su lucha contra los carteles de las drogas y el terrorismo internacional.

Los adversarios y enemigos acérrimos de Nayib Bukele teorizan absurdos sobre su futuro como líder, o crean infames y ominosas teorías de la conspiración, se horrorizan ante los hechos palpables de su impecable gestión y de sus indiscutibles logros en política nacional e internacional. Esta es la ver dadera doble cara de un líder continental que más que desatar el odio, la rabia y la impotencia de sus adversarios les produce terror, con resultados tangentes que no se atreven ni a reconocer ni mucho menos a divulgar.

 

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En El Salvador pasa algo mucho más profundo

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Por: Francisco Martínez

El libro que nos comparte Yossi Abadi, es el autorretrato novelado de una nación que tocó fondo, que levantó la cabeza y a lo salvadoreño enfrentó sus quimeras y se atrevió a soñar, y a soñar en grande, construir un gran país.

El relato que Yossi nos cuenta, con toques de realismo mágico, es el testimonio de alguien que vino a este paisito aventurando, por curiosidad, corriendo riesgos, llegó por unos días sin decir a su familia que estaba acá y terminó atrapado, prendado por la resistencia, resiliencia, gallardía, pundonor y bravura libertaria del pueblo salvadoreño.

Es una historia contada desde la mirada humilde y ambiciosa del ciudadano salvadoreño de a pie en su día a día, desde la calle, cuenta aspectos, no públicos, desde los ejecutores de la política del cambio; no ignora la opinión de los detractores del proceso, tanto locales y en particular de los extranjeros; sin ignorar ni falsear la historia inmediata político social del país.

Su escrito asume una verdad social histórica, la guerra civil resultó de las injusticias y desigualdades, le siguió la posguerra que legó un modelo de solución negociada de conflictos celebrado internacionalmente pero sin mantra local; el dolor, las desigualdades, las crisis de vidas se profundizaron, aquel país forjado por la guerra permaneció por la falta de reflexión colectiva sobre los Por Qué de la guerra que fue soportada en una narrativa controlada que evitaba el fondo del asunto y evitaba se mirara a los responsables, mientras las elites restauraban su poder.

Políticos e instituciones, aupados desde fuera por la política de control blando, se casaron con el sacrosanto mito  de la democracia funcional, la de lo políticamente correcto, donde la formalidad y las formas lo son todo; no les importó que el país se deslizara en una vorágine sangrienta, optaron por la omisión y la desidia, lo que llevó a la instauración de la república de las pandillas donde la violencia no vestía el humeante verde olivo de los setentas y ochentas sino, que esta vez se vestía de tatuajes, los números y las letras, ese era el pedo, qué onda eh.

Cero Crimen cuenta el proceso de cómo se gestó y ejecutó un cambio, de cómo un líder: Nayib Bukele, con una narrativa esperanzadora y disruptiva ganó gradualmente la confianza ciudadana y democráticamente desplazó el viejo orden para instaurar uno nuevo, un orden de seguridad y desarrollo; relata cómo con una política innovadora de seguridad una startup politic y usando todo el poder del Estado hizo posible para El Salvador pasar de ser la capital mundial del crimen a ser el país más seguro del hemisferio occidental, esa es la experiencia que cuenta Yossi desde un enfoque humano, con la lupa de alguien que viaja por el mundo, desde un ciudadano israelí que conoce la violencia, desde una  visión empresarial, en una interrelación activa con salvadoreños acá y por el mundo.

Por las páginas del libro se puede ver que este cambio no se limitó a la guerra contra las pandillas, es una estrategia para desatascar las trampas que tenían atada el potencial de la economía, y ahí en ese escenario Yossi nos habla de cómo la seguridad es después de todo una moneda un resguardo de valor de la inversión, que permite atraer capitales de inversión y abre las puertas al regreso de los que tuvieron que irse, nos presenta un enfoque desenfadado (NO OFICIAL) respecto de los trasfondos de la adopción del Bitcoin como moneda de curso legal y su uso como ancla de la nueva imagen y aviso de la transformación estatal y del renacer de un país.

Yossi destaca que la política del nuevo orden se basa en resultados, no en discursos, sino en acciones no en reuniones, con decisión y celeridad frente a los problemas desde una forma sin manuales ni formalidades, simplemente: hágase.

El libro, es una provocación al estudio critico de El Salvador para comprender el nuevo modelo de gobernanza con liderazgo fuerte y cercano al pueblo, es un relato ameno desde la visión particular de Yossi y su cariño y compromiso con este paisito.

Narra como El Salvador no solo sobrevivió, a la inestabilidad y al caos, sino que, desde esa realidad, asumió que no había más opción que diseñar la nueva arquitectura nacional, una que evite repetir o regresar al pasado, una nación que no sea desangrada por la violencia, una sociedad que se integre y supere las desigualdades, en donde no tengamos que tomar o entender porque alguien toma los fúsiles.

Francisco Martínez

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