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La nueva poesía centroamericana escrita por mujeres (y 7)

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Hoy muchos, demasiados buenos poetas, hombres y mujeres, en este país de innúmeros contrastes, pero él encarnó todo lo que nadie había hecho: jugar al póquer con una palabra infectada de la maldad y traición que los otros quisieron imponerle.

Con El Salvador me une una especie de amor y odio que empezó por allá por el 2003, cuando pise por primera vez la tierra de “El Pulgarcito de America”. ¿Qué les puedo decir, que no se haya dicho antes? ¿En que caminos tratare de meterme que ya no haya cruzado en estos casi 24 años de pernoctar por sus quebradas, sus cantones, sus caseríos, sus históricas ciudades, sus lugares vedados a la reconciliación y al perdón? Que hoy dicen que se ha conseguido, yo creo que se esta incubando algo no muy parecido a lo que muchos nadan cada día en esa predicación.

Pero bien, aquí llegue porque había almas que salvar en las lides políticas, como asesor de uno de los partidos de los “mismos de siempre”, del que salió en que esta ahora rompiendo con esa tradición que tanto daño le hizo a la historia reciente, porque no supieron hacer la profilaxis que necesitaba el país para seguir y se empantanó la historia. Y hoy se escribe para que las nuevas generaciones la vean con pinza y mucha tinta, si es que se atreven a escribir. Este es El salvador, el país que hoy me ha dado una de mis satisfacciones mas humanas: ver crecer una hermosa niña a pesar de la edad, lo que me dice, que sí que los milagros existen. Por eso, quiero El Salvador.

Bien, aquí vinimos a cerrar un ciclo de unas series de notas que he venido haciendo para el más importante diario digital de nuestro país, la República Dominicana: Acento.com.do, con esta entrega son 7 la que valientemente he expuesto a los lectores muy inteligentes de este medio, y a los que no se les puede “dar gato por liebre”, porque son muy aventajados teóricamente hablando y saben cuándo “se les da paja” y cuando no, cuando les “enreda la cabuya” y asiiiii. Estas 7 notas están directamente relacionadas con los 7 países del Sistema de la Integración Centroamericana, sin incluir a República Dominicana, pues no es del Istmo Centroamericano, aunque pertenece al SICA.

He estado hablando de mujeres escritoras de estas naciones, como dije, no están todas las que son, ni son todas las que están; pero es una muy interesante muestra de una discursividad hecha por mujeres, jóvenes y no tan jóvenes que referencia un quehacer, que cuando lo ponemos en conjunto, hay un corpus escriptural sólido y con mucho oficio, pero claro está, un oficio desde la perspectiva femenina que dista mucho de la del hombre, en la temática, el acercamiento a la vida, los amores, la muerte, el universo, en una frase: la poesía escrita por mujer en esta zona del mundo, refleja sus avatares, sus luchas, sus cotidianidades, sus existencialidades, de no rendirse ante las adversidades del entorno, y algo muy elocuente: la esperanza de que algo mejor llegará, estas nunca pierden la perspectiva del porvenir y la reivindicación del hombre en el término universal.

Pero vamos a lo que vinimos. Al igual que las otras chicas poetas de los 6 países restantes, estas asumen la vida desde su mismidad. Pero una mismidad netamente de mujer, sin transigir ni un ápice del compromiso con lo humano y social, aunque el amor luego de pasar el filtro de la sinrazón vuelve a ser un componente social y humano. Ahora bien, para empezar este inventario de las escritoras que están en mismas notas debo expresar, que este país no poder tener poesía y felicidad de palabra, nunca se puede celebrar el triunfo del ser social y literario hasta que no se esclarezca quiénes o quién dio la orden vil para sacar del mundo de los vivos al más auténtico y trascendente poeta salvadoreño que recuerde la historia de la literatura del siglo XX y de los que fueron y vendrán: Roque Dalton. El hombre que supo ser el hombre que los demás cobardes nunca quisieron ser. No habrá poesía salvadoreña en el sentido histórico de la palabra hasta que Dalton no sea exaltado al panteón de la dignidad del hombre y la vida, aunque ya el pueblo lo tiene en ese lugar, pero la literatura oficial todavía “deja ver el refajo”.

Hoy muchos, demasiados buenos poetas hombres y mujeres poetas en este país de innúmeros contrastes, pero el encarnó todo lo que nadie había hecho: jugar al poquer con una palabra infectada de la maldad y traición que los otros quisieron imponerle.

Ada Membreño, El Salvador (1974). Escritora, Poeta, Ensayista, Gestora Cultural,

Editora. Estudió Ciencias Jurídicas en la Universidad de El Salvador (UES).

Locución y Periodismo en la Escuela de Artes y Comunicaciones de EL

Salvador (COMSAL). Miembro del Staff de edición de la Revista /Voces del

Viento/ Argentina. Preside la Asociación Cultural Kuskatan de El Salvador.

Es responsable adjunta de la Federación de Escritoras y Escritores por la

Libertad (FIEL). Responsable del Mitin Mundial de la Insurgencia Cultural

en la Región Centroaméricana y el Caribe, y del Encuentro “La Luna con

Gatillo”., edición virtual en la región Centroaméricana. Es miembro de

Naciones Unidas de las Letras (UNILETRAS), Colombia. Es Directora

Nacional del Encuentro Cultural “Relámpago que Siembra” edición El

Salvador. Es subdirectora de la Coordinadora Cultural Centroaméricana

Morazanista, y Cofundadora del Taller Literario “Kuskatan”.

Publicó los libros: Pétalos Rebeldes, 2014.” Antología Poesía para no

Olvidar”, 2018, en coautoría con el Dr Rafael Lara-Martínez. Colaboró

en la obra La Sonrisa de la Jícara- Ensayos de la Pandemia, por Rafael

Lara-Martínez, año 2021. Libros inéditos: Pájara de lava, Sarcástica, Mi

Anecdotario en los Celajes, Komisagual, Versos para Daniela, y Cuentos

de Tarde. Escribe ensayo para la Revista Voces del Viento– Argentina.

Escribe para la Revista Torogoz de ASAFAMEX, México. Su poesía ha sido

publicada en revistas y antologías iberoamericanas.

“Nos queda la voz y el poema

¡Cual mariposas volar!

Para no aceptar la esclavitud perenne.

Se hacen tortillas y arepas

en la esquina,

poemas en la otra y se gritan.

En el semáforo el payaso hace llorar

con su verso de denuncia,

a América no pararon de robarla,

y en el regazo de una luna sin pan

muere.

Y si nos enrabietamos;

y como Patria nos alzamos,

mujeres y hombres

reclamando el suelo,

y tomamos la sagrada heredad del pueblo!

Porque no vi al saqueador sembrar

pero mis tatas lo vieron ignominiosamente cercar y alambrar”-Patria y voces-

 Como ven su texto reseñado aquí refleja una pues de compromiso con la h

Aída Párraga. Poeta, narradora, actriz, conductora y productora del programa

de radio LA BOHEMIA, emisión que cumple en el 2011, 15 años al aire,

promotora cultural, maestra de inglés e ingeniera electricista, salvadoreña por

nacimiento y convicción que nació un 7 de agosto de 1966. Miembro de

la Compañía “Teatro Hamlet” desde 1992 hasta 2019, y fundadora del

grupo Poético POESÍA Y MÁS…, fundadora, productora y conductora del

programa radial LA BOHEMIA desde noviembre de 1996 hasta la fecha,

siendo el programa cultural de mayor tradición en la radio salvadoreña.

Primer Lugar en el Certamen Centroamericano de Literatura Joven

Femenina, Ensayo, 1996; Tercer lugar en los Juegos Florales de San

Salvador, Poesía, 1998… entre otros

“Al otro lado del mundo

Adonde las venas son azules

Y la pobreza es gris

Adonde el futuro es rojo

Y el pasado esmeralda

Ahí desperté un día cualquiera

Y el naranja caliente de tu risa

Me envolvía

Las distancias verdaderas

Se miden en silencios” –MAKTUB-

 Este fragmento de un poema más o menos místico e introspectivo, muestra la capacidad de sumergirse en las culturas milenarias de esta poeta que tiene un de los curricular más variados respecto a la búsqueda de nuevas formas y fuentes de trabajar el discurso poético, ella como las demás lleva una gran carga cultural en su país, ahora que nuevos vientos en cintra de la cultura contestataria soplan no del lado correcto de la historia, ella como sus otras compañeras lo asume con una mismidad pasmante y desafiante.

Krisma Mancía, San Salvador, 1980. Escritora y artesana. Estudió letras

en la Universidad de El Salvador (UES), teatro en La Escuela Arte del Actor,

escultura y cerámica en el Centro Nacional de Arte (CENAR) y perteneció al taller

de talentos de La Casa del Escritor. Ganadora del I Premio de Poesía

Joven La Garúa, 2005. Ha publicado 4 libros de poesía y varios de su

textos han sido recogidos en periódicos, antologías y revistas de América

Latina y Europa. Ha participado en festivales, conferencias y recitales a

nivel nacional e internacional. Fue la primera directora de la Casa de la

Cultura de la Mujer en Ciudad Mujer. Es creadora de la marca Krismática,

especializada en joyería de papel. Actualmente trabaja en el Ministerio de

Cultura y es coordinadora de los premios literarios de los Juegos Florales

de El Salvador.

Y la mujer enrojece con toda la sonrisa.

Benjamín Saúl

 “Dicen que soy una nena terrible. Una nena mala,

con un alma antigua,

con el don de las sonámbulas,

con la anormalidad de lo que haría la gente sana.

Dicen que soy una flecha mortal,

un escarabajo con su bola de estiércol,

una voz demasiada fuerte para la pureza,

una nena tormentosa que jamás tuvo que saber que

toda mujer debe decidir qué hacer

con lo que entra y sale de su cuerpo.

Hay solo una vida y pienso usarla

cómo se usa una bala.

Tengo el poder sobre mí,

por eso soy una nena terrible. Una nena mala”. -Mujer pez-

Es una de las expositoras que más sabe explorar su yo y lo hace con una conciencia pasmosa. Es una escritora que ve el oficio como una prolongación de la sociedad, su sociedad, y asume el compromiso de la escritura como si fuera el último día de su vida. Mujer y palabra, palabra y vida he ahí la dialéctica de su corpus escriptural y en El Salvador esta ocupa un lugar entre las mujeres que escribe con una conciencia plena del oficio.

Susana Reyes, poeta, editora, actriz, profesora. Ha trabajado como

docente de lenguaje y literatura en diversas universidades y ha participado

en programas de formación literaria para jóvenes y maestros. Editora en Índole

Editores, dirige el Encuentro Centroamericano de Escritura de Mujeres y la Editorial

Ojo de Cuervo, coordinadora, junto con Tania Pleitez, de la Red de

Investigación de las Literaturas de Mujeres de América Central (Rilmac) y

preside la Fundación Claribel Alegría. Imparte talleres de creación literaria

para jóvenes y adultos. Pertenece al grupo literario de mujeres Poesía y

Más…Ha participado en recitales, encuentros y festivales de poesía a nivel

nacional e internacional. Pertenece al grupo literario de mujeres Poesía

y Más… Es parte del elenco de la obra “Toc toc” (producción del Teatro

Luis Poma) Ha publicado: Los solitarios amamos las ciudades, Postales

urbanas y vitrales e Historia de los espejos. Aparece en diversas antologías

nacionales e internacionales, recientemente en la antología La poesía del

siglo XX en El Salvador ( Visor, 2012), y Teatro bajo mi piel (Edición bilingüe

español-inglés, Editorial Kalina, San Salvador, 2014). Ha participado en

investigaciones relacionadas con poesía de mujeres y el estado de la

literatura en El Salvador.

 “…Un perro negro cruza la calle

La ciudad y sus sonidos

se cuelan bajo mi pecho

El perro ladra y en su lenguaje

conversa con mis humillaciones

Y te recuerdo niña

en una ciudad diezmada por el tiempo

en una ciudad que pertenece a tu olvido

que de noche soñó con luces y fiestas

El vuelo que libera mariposas

68 que no supo contener tus pasos

de colores brillantes y gotas de lluvia

de casuarinas y cunetas rotas…”-Álbum de niñas con abuela- (fragmentos)

Es editora con una vasta red de relaciones en el mundo literario hispanoamericano. En su país, realmente ha realizado una titánica labor para la difusión de la poesía, no importa si es de mujer o de hombre: solo hay una poesía y esta en la palabra viva. Y ella lo sabe y con su editorial Ojo de Pez, recorre lugares ensenando lo bueno que hay en este país de dalton y tantos otros poetas que todavía requieren ser rescatados del olvido.

Hay otras escritoras, muchas más que hacen del El Salvador un país de mujeres que asumen su discurso para cambiar la historia, su historia. El maestro Manlio Argueta me sugirió algunas de ellas para que formaran parte de la muestra, por ejemplo, Elena Salamanca, por ejemplo, le hable en varias ocasiones y nunca me envió sus textos y semblanza, se que vive como académica en Mexico. También hubo contactos con otras que por diversas razones nunca pusieron cruzarse conmigo para que produjésemos esta nota. Pero ya lo dije no están todas las que son.

En un país que tiene escritoras como Claudia Lars, a quien el gobierno le dedicó la construcción Periférico Claudia Lars a una importante carretera de 10.8 kilómetros que conecta el desvío de San Juan Opico (carretera a Santa Ana) con el desvío de Sacacoyo (carretera a Sonsonate. La poeta de Armenia, gran poeta de un país pequeño, dicen.

Y así podemos nombrar otras escritoras que por razones varias no están aquí reseñadas y que meren estarlo. Sandra Aguilar (San Salvador, 1984); Lauri García Dueñas (San Salvador, 1980); Lourdes Ferrufino (La Unión, 1992); Nora Méndez (San Salvador, 1969).

Según la IA, “la poesía salvadoreña contemporánea cuenta con una fuerte presencia femenina. Las autoras de los últimos tiempos destacan por explorar la cotidianidad, el feminismo y la memoria”. Y no se ha equivocado. Esta muestra que ponemos a la consideración de todos y con la que cerramos estas notas son el vivo ejemplo de una muy nueva camada de escritoras de las que se espera demasiado para los próximos años. Hemos terminado la palabra empeñada. Amen

toria de las tres heroínas dominicanas asesinadas por el sátrapa Trujillo Molina, ella en su último libro asume esta visión histórica desde la mujer que es luchadora y que reclama un espacio en la historia. Estos textos los trabajo a propósito de una antología que se publicara acerca de las escritoras del istmo que homenajean a Las Hermanas Mirabal.

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El puente entre dos mundos: Kant y su “Crítica del juicio”

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Por: Lisandro Prieto Femenía

“El gusto es la facultad de juzgar un objeto o una representación mediante una satisfacción o insatisfacción desinteresada. El objeto de una satisfacción tal se llama bello”: Immanuel Kant, Crítica del juicio, §5 (AA V, 211).

Si la “Crítica de la razón pura” estableció la necesidad y los límites del conocimiento científico y la “Crítica de la razón práctica” fundamentó la moralidad en la autonomía de la voluntad, ambas obras dejaron una profunda fractura en la filosofía de Kant. Por un lado, el mundo de la naturaleza se presenta como un reino de necesidad mecánica, regido por leyes causales inalterables. Por otro lado, el mundo de la moralidad es un reino de libertad, donde la voluntad actúa de forma autónoma. La pregunta crucial que surge es: ¿cómo se relacionan estos dos mundos? Pues bien, la “Crítica del juicio” (1790) es la respuesta de Kant a esta dicotomía. No busca establecer nuevas leyes de conocimiento o moralidad, sino encontrar un principio mediador que salve el abismo entre la naturaleza y la libertad. Es en el juicio, y más concretamente en el juicio estético y teleológico, donde Kant encuentra el puente para unir el universo de “lo que es” con el universo de “lo que debe ser”.

En la filosofía de Kant, el término “juicio” no se refiere simplemente a una opinión o a la capacidad de tomar una decisión moral, como lo usamos en el lenguaje cotidiano. Para él, es una facultad mental crucial, una mediadora entre el entendimiento y la razón. El entendimiento se encarga de aplicar las reglas o conceptos universales (las categorías) a los objetos particulares que percibimos. Por ejemplo, el juicio “el calor dilata el metal” es un acto del entendimiento que aplica la categoría de causalidad a un fenómeno. La razón, por otro lado, busca principios aún más elevados y universales, como los ideales de la moralidad y la libertad. El juicio, sin embargo, ocupa un lugar intermedio, porque su función es la de subsumir lo particular bajo lo universal. Es, en definitiva, la capacidad de determinar si un caso particular se ajusta a una regla general.

En la “Crítica del juicio”, Kant se enfoca en un tipo especial de juicio: el “juicio reflexionante”. A diferencia del “juicio determinante”, que ya tiene una regla y solo necesita aplicarla, el juicio reflexionante no tiene una regla preexistente y debe buscarla. Es la facultad de encontrar un principio universal para lo particular que se nos presenta. Es precisamente esta capacidad de la mente para encontrar coherencia y sentido en la diversidad de la experiencia lo que nos permite experimentar la belleza y percibir la finalidad en la naturaleza. El juicio, por lo tanto, es la bisagra que conecta el mundo de la necesidad, ordenado por las reglas del entendimiento, con el mundo de la libertad, guiado por los ideales de la razón.

La obra se centra en el concepto de la “finalidad sin fin”, una idea que permite a la razón encontrar un principio organizador en la naturaleza sin tener que recurrir a la metafísica o a la divinidad. Este concepto es la clave de la bóveda del sistema kantiano, un principio que permite que la razón actúe como unificadora de las dos legislaciones previas: la naturaleza y la libertad.

El papel de Kant en la estética es fundamental, ya que la elevó a una disciplina filosófica independiente y la dotó de un rigor conceptual sin precedentes. Su análisis del “juicio estético” se adentra en el misterioso terreno de la belleza y es considerado el punto de partida de la filosofía moderna del arte. Kant pregunta: ¿por qué decimos que algo es bello? La respuesta no reside en el objeto, sino en una facultad de nuestro espíritu que es capaz de juzgar sin la mediación de un concepto. Un juicio de gusto, a diferencia de uno cognitivo o moral, no busca decir qué es el objeto, sino expresar una “satisfacción desinteresada”.

El placer que sentimos al contemplar una flor no se debe a que queramos poseerla o a que nos sea útil, sino que proviene de la pura contemplación de su forma. Esta falta de interés es lo que dota al juicio estético de su peculiar universalidad: al no estar atado a un deseo personal, sentimos que cualquier otro ser racional debería compartir nuestra misma apreciación. Es una universalidad sin concepto, una pretensión de validez que no puede ser demostrada lógicamente, pero que se siente como necesaria. La belleza, en este sentido, nos produce la sensación de una “finalidad sin fin”, de que el objeto fue creado con un propósito, de que sus partes encajan de forma armoniosa y perfecta, pero no podemos atribuirle un fin real o empírico. Es la razón la que encuentra en la naturaleza una armonía que, aunque no podamos probar, nos hace percibir una profunda concordancia entre el mundo y nuestra facultad de juzgar.

Junto a la belleza, Kant explora la experiencia de lo “sublime”. Lo sublime no nos produce un placer sereno y confortable, sino una mezcla de placer y dolor, de admiración y terror. A diferencia de lo bello, que se encuentra en la forma finita, lo sublime se manifiesta en la inmensidad y el poder de la naturaleza, como una tormenta en el mar o una montaña imponente. El juicio sobre lo sublime no está en el objeto mismo, sino en el observador. La imaginación, al enfrentarse a la inconmensurable magnitud de la naturaleza, se siente abrumada y desbordada. Sin embargo, en este mismo fracaso, nuestra razón emerge victoriosa, recordándonos nuestra superioridad como seres morales y racionales, que pueden pensar más allá de la fuerza bruta de la naturaleza. Lo sublime, por tanto, conecta el mundo natural con el mundo moral, recordándonos nuestra dignidad como seres racionales capaces de postular la libertad.

También, Kant introduce aquí el concepto de “genio” para explicar la creación de la belleza artística. El genio no es un artesano que sigue ciertas reglas, sino que es la facultad innata de crear aquello para lo que no puede haber una regla fija. Es el talento de producir lo que, sin ser imitado, sirve de modelo para los demás. El genio nos ofrece un “ejemplo” que otros pueden seguir, no mediante la imitación de su técnica, sino de su espíritu. Por otro lado, el buen gusto es la facultad para juzgar la obra de arte, una cualidad que no crea, sino que evalúa. Sin el buen gusto, el genio sería una fuerza caótica, porque es el principio que permite que la obra sea universalmente apreciada, una cualidad que Kant consideraba esencial para la cultura.

En este contexto, la lectura profunda de la “Crítica del juicio” puede representar una crítica certera a la estética decadente de la posmodernidad. En una época donde el arte se reduce a la provocación caprichosa, la autorreferencialidad o el kitsch, la noción kantiana de una belleza que exige universalidad y que se fundamenta en un juicio desinteresado parece un faro en la oscuridad. El arte posmo-progre, como hemos dicho en reiteradas oportunidades, cae en la trampa de la pura particularidad, apelando a los intereses egoístas o a sentimientos meramente subjetivos, en lugar de intentar trascenderlos. Al desdibujar la línea entre el buen gusto y la mera opinión, la estética contemporánea ha perdido la capacidad de juicio y con ella, la posibilidad de un debate serio sobre lo bello. El retorno a la reflexión kantiana también nos invita a restaurar el valor de la belleza como un universal que, sin ser un concepto, nos permite comunicarnos y reconocer nuestra humanidad compartida.

Profundizando aún más en la obra, podemos notar que en la segunda parte de la “Crítica del juicio”, Kant se adentra en el “juicio teleológico”, abordando la pregunta de si podemos ver en la naturaleza una finalidad o un propósito. Al observar un organismo vivo, como un árbol, vemos que sus partes (raíces, tronco, hojas) se relacionan entre sí de tal manera que cada una es, a la vez, causa y efecto de la otra. El árbol parece estar organizado “con un fin”. Sin embargo, Kant insiste en que no podemos afirmar, a nivel de conocimiento objetivo, que la naturaleza tenga un propósito final, puesto que esto sería una violación de los límites de la razón pura.

La finalidad, por lo tanto, no es una propiedad de la naturaleza, sino un principio regulador de nuestro juicio. Es una herramienta metodológica que usamos para ordenar el caos de las leyes naturales y entender fenómenos complejos. La finalidad de la naturaleza no es un hecho que conocemos, sino una suposición necesaria para que la ciencia biológica sea posible. Así, el juicio teleológico nos permite pensar en la naturaleza “como sí” estuviera organizada por una inteligencia, sin tener que afirmar la existencia de esa inteligencia de forma dogmática.

Como podréis apreciar, caros lectores, la “Crítica del juicio” no es un apéndice menor del sistema kantiano, sino la pieza que lo unifica. Su lectura hoy es esencial porque nos ofrece una perspectiva para reconciliar las dicotomías de nuestro tiempo. En una era de especialización extrema, donde la ciencia y la moral parecen hablar de lenguajes distintos, la obra de Kant nos recuerda la importancia de buscar un principio de unidad en la diversidad. Como señaló el filósofo Ernst Cassirer en su obra “Kant, vida y doctrina” (1921), esta obra “no es una simple adición al sistema. Es, por el contrario, la clave para la arquitectura de todo sistema”. La belleza y la finalidad de la naturaleza no nos dan conocimiento de la divinidad, pero sí nos ofrecen una analogía sensible de la moralidad, permitiendo a la razón habitar un universo que no es ni completamente mecánico ni completamente caótico. El juicio, para Kant, es esa facultad que nos permite percibir que, más allá de la necesidad y la libertad, hay una armonía que hace habitable el mundo para el ser humano.

Para cerrar, insistimos en la necesidad filosófica de no endiosar a nadie, ni siquiera a los más importantes pensadores que sentaron las bases del pensamiento occidental. Así, es imprescindible cuestionar que si bien la “Crítica del juicio” intenta resolver la fractura del sistema kantiano, ¿lo logra realmente? ¿Es suficiente una “analogía” o una “finalidad subjetiva” para conciliar la necesidad del mundo natural con la libertad moral? ¿Qué significa que un juicio estético sea universalizable sin un concepto que lo justifique? ¿Acaso no es esto una contradicción inmanente? Y, en última instancia, ¿puede una ética fundada en la razón pura ser verdaderamente autónoma si su sentido último depende de la postulación de una armonía que sólo es posible en el mundo del idealismo?

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Boletín del Círculo de Reflexión Política Siglo XXI N°45: FMLN confirma candidatura presidencial, unidad cyan y la amistad Trump-Bukele impulsan el proyecto de nación en El Salvador

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El Círculo de Reflexión Política Siglo XXI publicó su Boletín Informativo N°45, correspondiente a la semana del 20 al 26 de julio de 2026, donde analiza el panorama político salvadoreño con énfasis en las elecciones internas de la oposición y los avances del proyecto de refundación nacional.

Uno de los temas centrales es la candidatura sorpresiva y divisiva de Rafael Aguirre por el FMLN a la presidencia. Aunque previsible por su trayectoria de izquierda, su decisión de competir en las presidenciales contradice las voces opositoras que promueven el boicot electoral alegando falta de condiciones democráticas. Esta participación evidencia las profundas divisiones en la oposición, con críticas internas que acusan al FMLN de “legitimar la dictadura”, reflejando falta de madurez y estrategia coherente.

El boletín subraya que, para los partidos “cadáveres” tradicionales como ARENA y FMLN, da igual qué candidato presenten. Estos partidos perdieron legitimidad por décadas de corrupción, clientelismo y abandono del pueblo. Ningún rostro nuevo o reciclado puede competir contra la realidad de un El Salvador transformado: sin miedo, con infraestructura moderna, salud digna y estabilidad económica. La política ya no es promesa, sino experiencia tangible.

Se destaca la amistad de larga data entre Donald Trump y Nayib Bukele, basada en coincidencias ideológicas y prácticas: lucha contra pandillas, corrupción, ideología de género y progresismo. Esta relación se tradujo en apoyo concreto durante la pandemia, como la donación de ventiladores y equipo médico. El éxito de Bukele en reducir la emigración benefició también la seguridad de Estados Unidos.

Otro eje es la construcción de un nuevo país. El liderazgo de Bukele ha permitido reinventar El Salvador, conquistando el “infrarrelato” cotidiano de la gente y rompiendo paradigmas. Los opositores, en negacionismo, no comprenden estas transformaciones disruptivas que colocan al país en el siglo XXI.

Finalmente, se enfatiza que la unidad sostiene el proyecto de nación. La figura de Bukele mantiene cohesionado el esfuerzo de Nuevas Ideas y las instituciones del Estado. Se llama a fortalecer la bancada cyan en la Asamblea y resolver diferencias internas para consolidar gobernabilidad y avances. El boletín cierra reflexionando sobre outsiders políticos y la necesidad de pasar del teclado a las urnas.

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El Mundial no cambió a los gigantes… cambió a los pequeños

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Randa Hasfura Anastas

Al final, la lógica terminó imponiéndose.

Francia, España, Argentina e Inglaterra son las cuatro selecciones que llegaron hasta las semifinales. Si alguien mira únicamente ese dato, podría decir que este Mundial no tuvo nada de extraordinario. Los grandes siguen siendo los grandes.

Y tendría razón… pero solo a medias.

Porque si algo nos dejó esta Copa del Mundo no fue la caída de los gigantes, sino el nacimiento de quienes ya no les tienen miedo.

Hace algunos años era impensable imaginar a Paraguay eliminando a Alemania. O a Marruecos dejando en el camino a Holanda. O a Noruega sacando a Brasil del torneo. México llegó hasta enfrentarse de igual a igual con Inglaterra. Egipto hizo sufrir a Argentina. Cabo Verde demostró que ya nadie entra a una cancha solo para cumplir el calendario.

Los favoritos terminaron avanzando, sí. Pero ya no avanzan tan tranquilos.

Y esa diferencia dice mucho más de lo que parece.

Durante décadas vivimos con la idea de que siempre ganarían los mismos. Que las grandes potencias estaban destinadas a dominar mientras los demás simplemente competían con dignidad.

Hoy esa distancia sigue existiendo, pero cada vez es más corta. El fútbol solo nos lo “recordó”.

Porque eso mismo está ocurriendo fuera de las canchas.

El mundo ya no funciona como hace cincuenta años. Han aparecido nuevas economías, nuevos liderazgos, nuevas voces que reclaman un lugar en la mesa donde antes solo se sentaban unos pocos.

Independientemente de la opinión política que cada uno tenga, por ejemplo muchos ven en Palestina la imagen de un pueblo que continúa resistiendo frente a un adversario mucho más poderoso, las redes ayudaron a darle protagonismo en el mundo.

Y no significa que las potencias hayan dejado de ser poderosas. Significa algo mucho más sencillo: el resto del mundo decidió competir.

La historia está llena de ejemplos.

Hubo un Egipto que parecía eterno. El imperio de Alejandro Magno conquistó gran parte del mundo conocido. El Imperio otomano dominó durante siglos tres continentes. En su momento parecían imposibles de desafiar.

Sin embargo, todos terminaron comprendiendo la misma lección: ningún poder permanece intacto para siempre, no porque tienden a destruirse, sino porque otros comienzan a crecer.

Un gran ejemplo es El Salvador. Hace apenas unos años, muy pocos habrían apostado un solo peso por verlo destacar en el escenario internacional. Sin embargo, hoy aparece cada vez con más frecuencia en conversaciones sobre seguridad, inversión, turismo y transformación institucional. Demuestra que los países pequeños también pueden cambiar su destino cuando deciden competir y dejar de verse a sí mismos como débiles.

Quizá esa sea la verdadera enseñanza de este Mundial. No estamos viendo el fin de los gigantes, sino el final del miedo hacia ellos.

Tal vez esa sea también la mejor manera de entender el momento que vive el mundo. Los grandes siguen estando ahí. Siguen siendo fuertes. Pero ya no juegan solos.

Porque el cambio no comienza cuando el poderoso deja de ser fuerte.

El cambio comienza cuando el pequeño descubre que también puede ganar.

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