Opinet
“No, no todas las opiniones son respetables”- Lisandro Prieto Femenía
«Nuestra cultura ha entronizado un principio que me parece letal: “Todas las opiniones son respetables”. Es una solemne estupidez. Las personas son respetables, pero las opiniones deben ganarse el respeto a través de las pruebas, de las razones, de la veracidad o de su utilidad» (Marina, 2004, p. 112).
Lamentablemente, nos hemos habituado a caminar sobre un suelo de vidrio, temerosos de que el sonido de una contradicción quiebre la frágil paz de la convivencia posmoderna. Existe un virus silencioso, una suerte de patología de la inteligencia, que se ha infiltrado en nuestras aulas, en nuestras tertulias y en el núcleo mismo de nuestra vida política. Se trata de la creencia de que todas las opiniones, por el solo hecho de ser enunciadas, gozan de una aureola de respetabilidad sagrada. Esta idea, bajo un disfraz de tolerancia parece proteger la democracia, pero, en realidad, es su mayor enemigo. Cuando afirmamos que todas las opiniones valen lo mismo, estamos decretando, en la práctica, que todas valen nada.
¿Desde cuándo el derecho a tener una creencia otorga a dicha creencia una inmunidad diplomática frente a la verdad? Es fundamental que nos detengamos a diseccionar esta confusión terminológica que hoy parece la norma. La libertad de expresión y la libertad de culto son derechos inalienables que protegen a los individuos, es decir, al sujeto de derecho, pero jamás al contenido semántico de lo que ese sujeto expresa. Un ciudadano tiene el derecho legal de afirmar que la Tierra es plana o que el odio al diferente es una virtud, y el Estado no debería encarcelarlo por ello. Sin embargo, ese mismo derecho no obliga a la sociedad ni a la academia a otorgar a tales despropósitos un lugar en la mesa de la racionalidad. Al confundir el respeto a la persona con el respeto a su opinión, estamos desarmando nuestra capacidad de juicio y entregando las llaves del bien común a la arbitrariedad más absoluta.
En su obra titulada “La inteligencia fracasada: teoría y práctica de la estupidez”, José Antonio Marina (2004) nos previene sobre los peligros de esta claudicación intelectual. El filósofo señala que la inteligencia puede ser utilizada para el bien o para el mal, pero también puede quedar atrapada en callejones sin salida por culpa de prejuicios que se vuelven dogmas intocables. La patética frase, muy utilizada en la actualidad, “respeto tu opinión aunque no la comparta” suele ser, en la mayoría de los casos, un gesto de pereza mental o de cobardía. Es la forma elegante de decir que no nos importa la verdad lo suficiente como para entrar en la noble lid de la argumentación. Si una opinión es falsa, calumniosa o violenta, ¿por qué habríamos de otorgarle el honor de nuestro respeto? El respeto es un valor moral que se debe a la dignidad humana, pero la verdad es un valor epistémico que se debe a la realidad.
Esta renuncia se disfraza hoy bajo el manto de lo políticamente correcto, una forma de censura blanda que confunde la cortesía con la sumisión. Lo que denominamos tolerancia se ha degradado en una suerte de nihilismo amable, donde señalar el error ajeno se percibe como un acto de crueldad y no como un servicio a la comunidad. La verdadera tolerancia es un ejercicio de fortaleza que nos obliga a soportar la existencia de lo que nos disgusta, pero jamás nos exige validar la mentira. Por el contrario, la sumisión a lo políticamente correcto es un acto de debilidad en tanto que representa el sacrificio de la honestidad intelectual en el altar de una armonía ficticia. En este contexto, Hannah Arendt es tajante al respecto en su ensayo “Verdad y política” (1996) cuando expresa que “la libertad de opinión es una farsa a menos que se garantice la información objetiva y que no se cuestionen los hechos mismos; la libertad de opinión, en otras palabras, no se refiere a la verdad factual” (p. 249).
Cuando permitimos que lo “adecuado” asfixie a lo “verdadero”, la convivencia se transforma en un teatro de sombras donde nadie se atreve a encender la luz. Esta sumisión crea un vacío ético donde los hechos dejan de importar y sólo sobrevive el sentimiento de haber sido ofendidos por la realidad. Pensemos por un instante en el daño que causa esta equidistancia en el ámbito educativo. Los jóvenes, imbuidos de un relativismo mal entendido, sostienen que criticar una idea ajena es una forma clara de agresión. Pero la verdadera agresión es permitir que alguien permanezca en el error bajo la falsa premisa de la tolerancia. Si un alumno defiende una postura que atenta contra la evidencia científica o los derechos humanos, nuestra obligación ética como docentes no es “respetar su visión”, sino confrontarla con rigor. Al respecto, John Stuart Mill, en su tratado “Sobre la libertad” (1984), ya nos recordaba la importancia del choque de ideas para el progreso de la humanidad. El pensador inglés sostenía que incluso si una opinión es errónea, su discusión beneficia a la verdad al obligarnos a defenderla con mejores argumentos: “Si toda la especie humana no tuviera más que una opinión, y solamente una persona fuera de la opinión contraria, la humanidad no tendría más derecho a imponer silencio a esa persona que el que tendría ella misma a imponer silencio a la humanidad, si pudiese” (p. 68).
No obstante, esa defensa de la libertad de expresión que hace Mill no debe leerse como una validación de la ignorancia. El hecho de que no debamos silenciar al que yerra no implica que debamos poner su error al mismo nivel que la verdad contrastada. Esta inercia hacia la aceptación universal se ha visto potenciada por una posmodernidad que ha exaltado la complacencia por la mentira. Vivimos en lo que Byung-Chul Han (2017) define como la “sociedad de la positividad”, es decir, un sistema que busca eliminar toda negatividad, todo choque y todo “no” que pueda interrumpir el flujo del consumo y la aprobación social. En esta arquitectura del consenso forzado, decir “no” a una opinión que consideramos falsa o aberrante se etiqueta inmediatamente como un acto de intolerancia, cuando en realidad es el último reducto de la libertad. Concretamente, Han nos advierte con lucidez que “la proliferación de lo igual se hace pasar por crecimiento. […] Lo que hoy se experimenta no es la libertad, sino la falta de libertad que resulta de la autoexplotación y de la presión por la positividad” (p. 14).
Sumergidos en este mar de rostros que asienten, hemos olvidado que la filosofía es, ante todo, un ejercicio de distinción. Recuperar la valentía de decir “no” frente a discursos orquestados por agendas culturales que exigen nuestra adhesión incondicional es una urgencia ética a la que nadie le está prestando atención. Requiere la fortaleza que Nietzsche (1972) atribuía al espíritu cuando se transforma en león. Para él, no basta con soportar la carga del deber, sino que es necesario conquistar la libertad para crear nuevos valores, y eso sólo es posible mediante el “santo decir no”, frente a la tradición y el rebaño. Así lo expresa Nietzsche en “Así habló Zaratustra”: “Para crear valores nuevos, eso no lo puede hacer todavía el león; pero crearse libertad para un nuevo crear, eso sí lo puede hacer el poder del león” (p. 54).
Esta valentía de la negación, sin embargo, conlleva un precio social que hoy pocos están dispuestos a pagar. La sociedad estupidizada y masificada no tolera la disonancia y castiga con una ferocidad ácida a quien se atreve a señalar que el emperador está desnudo. Una ilustración magistral de este fenómeno la encontramos en la serie “Curb your enthusiasm”, donde Larry David encarna al paria de la etiqueta social. Larry es tildado de “asesino social” no porque sea un malvado, sino porque se niega abiertamente a participar en la farsa de las opiniones respetables por compromiso. El mote de “asesino social” (alegoría de “asesino serial” aplicada a lo políticamente correcto) que recae sobre David no es un estigma de su incapacidad para convivir, sino una medalla de su integridad epistemológica. Lo que el protagonista asesina no es la paz, sino la mentira ritualizada que sostiene una armonía muy cómoda, pero ficticia. Su insistencia en la verdad- incluso en la verdad trivial- lo convierte inmediatamente en el chivo expiatorio de una comunidad que prefiere la hipocresía reconfortante al roce de la honestidad. En este escenario, el discrepante es ridiculizado, tratado como un payaso o un desubicado, un recordatorio de lo que René Girard (1986) describía como la necesidad de la masa de unificar sus frustraciones contra una víctima propiciatoria para restaurar una paz ficticia.
Al observar las peripecias de David, asistimos a la anatomía del linchamiento posmoderno. El grupo no ataca la lógica de sus argumentos, sino su falta de “tacto”, esa palabra que hoy usamos para camuflar nuestra claudicación ante la falsedad. Aquí, el ridículo se invierte: no es David quien resulta patético por su franqueza, sino la turba que reacciona con violencia desmedida para proteger el statu quo de su propia idiotez. Esta violencia es el mecanismo de defensa de lo que José Ortega y Gasset (2005) identificaba como el “hombre-masa”, ese individuo que no quiere dar razones ni tener razón, sino que simplemente desea imponer sus vulgares opiniones como si fueran leyes universales. Con preocupación, Ortega y Gasset nos señalaba que “el hombre-masa es el que no se exige nada, sino que es en cada instante lo que ya es, sin esfuerzo de perfección, boya que va a la deriva. […] Aquí el hombre-masa no desea dar razones, sino que se siente con el derecho a no tener razón y a imponer su sinrazón” (pp. 118-121).
En esta atmósfera de nivelación, aquel que no tiene miedo de discrepar es visto como un error del sistema que debe ser corregido mediante la burla o la expulsión. Convertir al disidente en un payaso es la estrategia más eficaz de la posmodernidad para desactivar el peligro de sus ideas: si logramos que el que dice la verdad parezca un loco o una inadaptado, ya no necesitamos refutar sus razones. Se produce, entonces, lo que Søren Kierkegaard (2012) denominaba “la nivelación”, un proceso donde el individuo es absorbido por “el público”, ese monstruo abstracto que anula toda excelencia y toda distinción en nombre de una igualdad mal entendida. Con amargura, Kierkegaard explicaba que “la nivelación es el predominio de la categoría generación sobre la categoría individuo. […] Para que la nivelación se produzca verdaderamente hace falta que se introduzca primero un fantasma, cuyo espíritu sea la nivelación, un monstruoso nada, una abstracción: el público” (pp. 71-72).
Esta enfermedad social nos devuelve al eterno retorno de la fábula de Hans Christian Andersen, donde el emperador desfila con un traje inexistente tejido con el hilo de la vanidad y el miedo. El relato no trata sobre la desnudez de un monarca, sino sobre la complicidad de una corte y un pueblo que prefieren validar la nada antes que admitir su propia vulnerabilidad ante la mirada del otro. En el mundo contemporáneo, ese traje invisible está hecho de “opiniones respetables” que carecen de sustento, pero de que todos admiran para no ser tildados de ignorantes o crueles. El grito del niño “¡el Rey está desnudo!” no es sólo una observación óptica, sino un acto de sabotaje contra la arquitectura de la hipocresía. Al respecto, Michel Foucault (2004), en sus lecciones sobre el coraje de la verdad, rescató el concepto de “parresía”, ese hablar veraz que implica un riesgo para quien lo ejerce. La parresía no es sólo decir la verdad, es decirla cuando la estructura de poder- o de la masa- exige el silencio: “La parresía es la actividad discursiva por la cual alguien afirma, de manera clara y franca, su relación personal con la verdad, y corre un riesgo al hacerlo, pues el decir la verdad es un acto de libertad que se opone a la coacción” (pp. 25-26).
Cuando el niño expresa la verdad, no está pidiendo respeto por su opinión, está arrojando un hecho contra el cristal de la mentira colectiva. Lo trágico de nuestra época es que hoy, si un niño se atreviera a tal proeza, la multitud no despertaría de su letargo, sino que exigiría el respeto por el diseño invisible del sastre y acusaría al niño de carecer de sensibilidad estética o de “odio” hacia el colectivo de la corona. En pocas palabras, amigos míos, hemos convertido la ceguera voluntaria en un valor ético superior a la visión honesta y sensata.
Pregunto, ¿es posible construir una sociedad justa si renunciamos a la jerarquía de los valores y de las ideas? Al claudicar ante el “todo vale”, nos quedamos huérfanos de criterios para distinguir lo bello de lo mediocre, lo justo de lo útil y lo verdadero de lo ilusorio. Esta renuncia nos deja vulnerables ante los demagogos que, sabiendo que su discurso no resiste al mínimo análisis lógico, se refugian en el derecho a la opinión para sembrar el caos. El dolor que produce ver la degradación de la palabra pública debería conmovernos un poquito más, ¿no les parece? Debería despertarnos esa inquietud socrática que nos impide aceptar las sombras de la caverna como si fueran la luz del sol.
Tal vez sea el momento de recuperar el coraje de decir: “No, no respeto tu opinión”. No lo digamos desde la soberbia, sino desde el amor a la sabiduría y desde la responsabilidad que tenemos para con los demás. ¿No es, acaso, más honesto y más humano desafiar al otro a pensar mejor que dejarlo naufragar en su propia insensatez? La próxima vez que alguien les pida respeto por una idea que agrede a la razón o a la decencia, preguntémonos: ¿estamos siendo tolerantes o simplemente estamos siendo cómplices de la estupidez? ¿Estamos dispuestos a sacrificar la verdad en el altar de una falsa armonía? El silencio ante el error no es paz, es desierto y la filosofía, queridos lectores, comienza precisamente donde termina la comodidad de las opiniones aceptadas. ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por el confort de nuestro silencio? ¿Es nuestra paz social un templo construido sobre los cimientos de la mentira? Piénsalo, ¿no te parece?
Referencias bibliográficas y fuentes consultadas
Arendt, H. (1996). Entre el pasado y el futuro: Ocho ejercicios sobre la reflexión política. (A. Poljak, Trad.). Península. (Original publicado en 1961).
Foucault, M. (2004). Discurso y verdad en la antigua Grecia. (F. Fuentes, Trad.). Paidós. (Original publicado en 1983).
Girard, R. (1986). El chivo expiatorio. (J. Jordá, Trad.). Anagrama. (Original publicado en 1982).
Han, B.-C. (2017). La expulsión de lo distinto. (A. Saratxaga, Trad.). Herder. (Original publicado en 2016).
Kierkegaard, S. (2012). La época presente. (V. Gómez, Trad.). Trotta. (Original publicado en 1846).
Marina, J. A. (2004). La inteligencia fracasada: Teoría y práctica de la estupidez. Anagrama.
Mill, J. S. (1984). Sobre la libertad. (P. Levy, Trad.). Alianza Editorial. (Original publicado en 1859).
Nietzsche, F. (1972). Así habló Zaratustra. (A. Sánchez Pascual, Trad.). Alianza Editorial. (Original publicado en 1883).
Ortega y Gasset, J. (2005). La rebelión de las masas. Alianza Editorial. (Original publicado en 1930).
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Hermenéutica y ética de la presencia de León XIV en España
Lisandro Prieto Femenía
«Toda sociedad auténticamente justa se edifica sobre el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana»: León XIV, Discurso de Su Santidad ante las Cortes Generales (2026)
«Si de los gobiernos quitamos la justicia, ¿qué son sino grandes bandas de ladrones?»: Agustín de Hipona, La Ciudad de Dios (426/2009, p. 182)
Cuando los ecos de la comitiva pontificia comenzaron a mezclarse con el bullicio cotidiano de la capital española en junio de 2026, la geografía institucional del país experimentó un seísmo hermenéutico difícil de asimilar desde el cómodo prisma del protocolo laico. No nos encontramos ante una formalidad vacía o un simple adorno diplomático añadido a la agenda del Estado; por el contrario, la presencia de León XIV en España encarna una de esas raras irrupciones donde la ontología de la alteridad y las contradicciones de nuestra modernidad tardía se confrontan sin paliativos. En un escenario de fragmentación social generalizada y cansancio democrático, la palabra de un líder espiritual dotado de doble nacionalidad, estadounidense y peruana, actúa como un reactivo crítico sobre los cimientos morales del orden constitucional contemporáneo. El Pontífice no acudió a las instituciones españolas a complacer el oído de las mayorías ni a convalidar la inercia legislativa, sino a someter a examen los límites mismos sobre los cuales descansa la soberanía formal y la legitimidad de nuestras democracias parlamentarias.
Resulta de hondo calado reflexionar sobre las palabras iniciales del Papa en los salones del Palacio Real ante el cuerpo diplomático y los representantes de la sociedad civil, recogidas en la crónica periodística de Vatican News titulada El Papa en España: La cultura del encuentro genera estabilidad y prosperidad, donde se expone la urgencia de desactivar los discursos fácticos que alimentan la polarización. En dicho discurso, cuya retransmisión televisiva y digital quedó registrada en la plataforma de comunicación de la Santa Sede a través del vídeo de Vatican Media (2026), se proclamó que «no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad» para los pueblos (Vatican News, 2026a, párr. 3). Esta aseveración desmantela de raíz el agonismo político que reduce al adversario a una categoría enemiga. La mirada papal, arraigada en un humanismo exigente, demanda un salto cualitativo por parte de quienes detentan responsabilidades institucionales y económicas, urgiéndoles a «apreciar la complejidad y estudiarla, aprender a no negarla y a vivirla como una bendición, huir de esos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos» (Vatican News, 2026a, párr. 5). Semejante tarea, propia de una nation con un denso bagaje histórico y espiritual como España, resignifica el disenso democrático, rescatándolo de la fosa común de la descalificación estéril para elevarlo a la categoría de espacio deliberativo donde se juega la dignidad comunitaria.
Esta propuesta de encuentro encuentra un eco profundo en la hermenéutica dialógica de Hans-Georg Gadamer (1960/1993), quien en su obra cumbre Verdad y método argumentaba que comprender no consiste en anular al interlocutor, sino en propiciar una transformación mutua, ya que «comprender es siempre el proceso de fusión de estos horizontes presuntamente para sí mismos» (p. 377). El llamamiento del Papa, por tanto, no se agota en una mera exhortación moralizante a la concordia social, sino que plantea un imperativo epistemológico. No es casual, bajo esta perspectiva, que el encuentro multisectorial acontecido en el Movistar Arena (Vatican Media, 2026) con personalidades del arte, el deporte y la cultura de vanguardia pusiera en juego lo que la tradición teológica denomina la via pulchritudinis. Al sugerir que la belleza y la creatividad compartidas constituyen un suelo común capaz de suturar las heridas de una sociedad secularizada, el Pontífice sitúa el arte no como un entretenimiento suntuario, sino como un umbral pre-teológico de comunión. El verdadero diálogo no se reduce a un debate técnico de mutua tolerancia, sino que exige la valentía de arriesgar las propias certezas en el espacio público para que el horizonte del otro ensanche el nuestro.
Esta deconstrucción de la crispación retórica cobra su máxima fuerza en el hemiciclo del Congreso de los Diputados, escenario donde se produjo una intervención histórica, al ser la primera ocasión en que el obispo de Roma toma la palabra ante las Cortes Generales de la nación española. Según la cobertura realizada por Deutsche Welle bajo el título León XIV lanza un alegato por la paz en el Congreso español, la exhortación pontificia a desarmar el lenguaje y apelar a la reciprocidad puso de relieve que la discrepancia auténtica no conlleva humillación. Al situar la dignidad de la persona por encima del «vaivén de las mayorías de cada momento» (Vatican News, 2026d, párr. 4), la voz papal interpela la concepción misma del derecho positivo como simple emanación de la voluntad numérica. ¿Qué base firme sostiene el andamiaje del Estado de derecho si el valor intrínseco de la vida humana se reduce a un consenso social mudable? Nos topamos aquí con la clásica advertencia agustiniana sobre la inconsistencia del poder secular cuando se divorcia de la justicia trascendente, expuesta con vigor en La Ciudad de Dios (426/2009) al señalar que la soberanía desprovista de rectitud ética es idéntica a una asociación delictiva a gran escala. No menos punzante fue el cuestionamiento moral al preocupante rearme bélico del continente europeo, enmarcado en el artículo analítico de TRT Español titulado ¿Qué dijo el papa León XIV en su discurso en el Congreso español?, donde se rescata su honda queja ante el incremento desmedido de los balances de defensa de las naciones. Con firmeza filosófica, el Santo Padre recordó que «las armas pueden imponer un silencio temporal, pero nunca podrán edificar una paz auténtica y duradera» (Deutsche Welle, 2026, párr. 3), abriendo así una rendija ética a la diplomacia pacífica en un tablero internacional al borde del abismo geopolítico.
La articulación de estos postulados se desplaza sin fisuras hacia la esfera existencial del ser humano, donde la lógica de la rentabilidad económica amenaza con invisibilizar los estadios más desvalidos de la vida. Ante las Cortes, León XIV trazó una línea divisoria ineludible al sostener, según detalla el documento informativo Papa León XIV llama a evitar la descalificación política y defiende la dignidad humana, que la custodia de la vida desde su concepción hasta su natural ocaso no puede ser tratada como una bandera partidista o un capricho confesional. En su discurso, proclamó de forma tajante que «la defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una meta de civilización» (Vatican News, 2026d, párr. 7), un aserto que sitúa los debates españoles sobre el aborto y la eutanasia bajo una luz de radical exigencia civilizatoria. Cuando la ley positiva claudica ante criterios de productividad, autonomía o funcionalidad utilitaria, el pacto moral constitutivo de la polis se agrieta irremediablemente, empujando a los sujetos más frágiles al olvido. La advertencia pontificia resuena como una interpelación a nuestra complacencia tardomoderna, exigiendo una vigilancia moral que controle también el desarrollo vertiginoso de los sistemas bélicos automatizados mediante inteligencia artificial, de modo que las decisiones de vida y muerte jamás queden delegadas en fríos algoritmos matemáticos exentos de alma y responsabilidad.
Bajo este mismo prisma humanista, el drama desgarrador de la migración forzada se erige como la gran prueba de fuego para los ideales de una Europa envejecida. En la pieza reflexiva de Vatican News titulada León XIV defiende neutralidad de la Iglesia y atención integral al migrante, se expone con lucidez que la crisis de los refugiados desborda por completo la simple gestión técnica o el balance demográfico que a menudo domina el debate tecnocrático. Durante su encuentro en la Nunciatura Apostólica con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, este le obsequió un simbólico bonsái de olivo de trece años, ejemplar que representa un puente histórico entre las raíces rurales de la península y los retos de un futuro sostenible, como reporta la nota periodística El Papa se reunió con el presidente español Pedro Sánchez (Vatican News, 2026e). Este aparente clima de entendimiento mutuo no impidió que el Pontífice exigiera ante los legisladores una mirada audaz que supere la aséptica «gestión de flujos» (Vatican News, 2026f, párr. 3), denunciando la perversa indiferencia que transforma las fronteras marítimas en cementerios invisibles.
Esta interpelación adquiere un espesor ético insoslayable si la leemos a la luz de Emmanuel Levinas (1961/1977) en Totalidad e infinito, donde el filósofo de la alteridad sostiene que «el rostro se presenta en su desnudez; es el indigente» (p. 215). Para Levinas, la vulnerabilidad del extranjero no constituye un problema sociológico que el Estado deba resolver con criterios de utilidad y cálculo de recursos, sino una revelación metafísica que nos constituye de inmediato en responsables de su existencia. La propuesta de León XIV no transige con una beneficencia desinteresada y estática; al contrario, reclama la urgencia de establecer vías seguras de integración y, en un ejercicio de justicia distributiva internacional, promover el derecho fundamental de toda persona a permanecer y prosperar dignamente en su tierra natal. ¿No es acaso el rostro del migrante que se ahoga en nuestras costas la quiebra absoluta de todas nuestras pomposas declaraciones sobre los derechos humanos?
Afrontar estas realidades en la plaza pública requiere una asombrosa coherencia interna por parte de la Iglesia, cuya legitimidad moral quedó comprometida ante la sociedad por la trágica realidad de los abusos sexuales perpetrados por algunos de sus miembros. Durante su encuentro privado en la Nunciatura Apostólica, el Santo Padre se reunió con seis víctimas de estos execrables delitos para escuchar con extrema atención sus desgarros existenciales y sus propuestas de enmienda, tal como se relata en la reseña oficial El Papa se reúne con víctimas de abusos en Madrid (Vatican News, 2026b). Este ejercicio de escucha no constituye un artificio cosmético de relaciones públicas, sino el núcleo de una justicia restaurativa que asume la herida como propia. Del mismo modo, en su alocución a los prelados del país recogida en El Papa León XIV pide a los obispos españoles ser «testimonio de unidad», calificó esta realidad como una «plaga» dolorosa provocada por «aquellos que han sido heridos precisamente por quienes debían cuidarlos, incluso por miembros del clero» (Vatican News, 2026c, párr. 6).
Filosóficamente, este abajamiento institucional conecta de manera directa con la teología política de Johann Baptist Metz (2007) y su categoría de memoria passionis. Metz advierte que una comunidad de fe que olvida o anestesia el dolor de las víctimas se convierte en una maquinaria ideológica estéril, pues la fe auténtica exige mantener viva la memoria subversiva y peligrosa de los que sufren. Al demandar verdad, justicia y reparación, el Papa desarticula la tentación defensiva de la jerarquía episcopal y la sumerge en las aguas de la purificación evangélica, recordando que la Iglesia solo será un faro creíble cuando tenga el coraje de inclinarse ante las llagas de las víctimas, abandonando la seguridad del dogma estático para transformarse en un hospital de campaña expuesto a la intemperie de la historia.
Sin embargo, la profunda herida ética que la presencia del Pontífice expone no solo escuece en las estructuras eclesiales o en los despachos del poder soberano; también actúa como un espejo implacable frente a una posmodernidad que, en su versión más plana e instrumental, reacciona con una asombrosa ceguera existencial. Esta resistencia defensiva se hace patente en la crispación de quienes, atrincherados en un laicismo formalista y sordo a cualquier horizonte de trascendencia, han articulado su réplica bajo el lema de la campaña «Yo no te espero» en urbes como Barcelona. En su crónica para el medio digital elDiario.es, titulada Los grupos que se oponen a la visita del Papa: “Hay pleitesía del sistema político español a un líder religioso”, Jesús Bastante (2026) da cuenta de cómo estas asociaciones denuncian un supuesto servilismo institucional, reduciendo la presencia de León XIV a una mera amenaza al principio de aconfesionalidad. Al clausurar la discusión pública bajo la etiqueta de la sospecha financiera y la queja reglamentaria, este sector de la sociedad revela una incapacidad alarmante para dialogar con un discurso moral que precisamente denuncia los excesos del libre mercado y la deshumanización técnica.
El reduccionismo contable de esta perspectiva alcanza su paroxismo en las quejas por el uso de espacios públicos para eventos de carácter espiritual. Al registrar los argumentos de los colectivos críticos en su artículo para El País, Clara Blanchar (2026) recoge el testimonio de portavoces como Albert Riba, presidente de Ateus de Catalunya, quien lamenta amargamente la cesión gratuita del Estadio Olímpico de Montjuïc bajo la premisa de que «a los ateos no nos dejarían el estadio para hacer un festival, nos tratarían de locos» (párr. 4), al tiempo que rechaza la intervención pontificia ante la soberanía popular alegando que la invitación claudica ante una autocracia porque, en sus propias palabras, «no somos una colonia del Vaticano» (párr. 5). Qué sintomático resulta comparar la visita del obispo de Roma —portador de una interpelación radical a favor de los desposeídos y las víctimas— con un festival de entretenimiento mercantilizado. ¿No es esta la mayor manifestación de lo que Jean-François Lyotard diagnosticó como la mercantilización absoluta del saber y la disolución de los grandes relatos en meras transacciones utilitarias? Cuando el pensamiento contemporáneo exige cobrar alquiler a un profeta como si fuera una corporación de entretenimiento, la posmodernidad se retrata a sí misma como una máquina estéril, incapaz de concebir la gratuidad o el don.
Esta misma fragmentación se derrama hacia un plano de protesta puramente pragmático y coyuntural, donde diversas agendas sectoriales instrumentalizan la alta visibilidad del acontecimiento para sus propios fines reivindicativos. Tal como detalla la crónica de El Nacional firmada por Arnau Ruiz (2026) bajo el título Estas son todas las protestas convocadas durante la visita del Papa a Barcelona, se constata la confluencia de movilizaciones sindicales de docentes y huelgas de trabajadores de bibliotecas municipales que, aprovechando la presencia de las cámaras internacionales, intentan forzar negociaciones laborales. Al mismo tiempo, el independentismo local se moviliza exigiendo al Pontífice gestos lingüísticos explícitos o agitando banderas en el espacio público para visibilizar su causa nacional. Este mosaico de quejas atomizadas nos invita a reflexionar sobre la preocupante pérdida de un suelo común. ¿Qué nos queda cuando un llamamiento universal a la fraternidad y a la paz es despedazado por el corporativismo de corto alcance o la defensa de identidades autorreferenciales? Al intentar reducir un cuestionamiento moral de escala geopolítica al estrecho embudo de sus demandas inmediatas, la sociedad tardomoderna expone su rasgo más decadente: la imposibilidad de salir de su propio solipsismo para abrirse a la verdad compartida de la que nos hablaba Gadamer.
Tras la partida de la comitiva romana de suelo español, la atmósfera colectiva del país conserva la vibración de una incómoda pero sumamente fértil sospecha sobre la solidez de nuestras certezas. León XIV no ha dejado tras de sí respuestas masticadas para el consumo rápido ni analgésicos dialécticos para mitigar nuestras tensiones, sino que ha abierto una grieta ética en el muro de nuestra complacencia cotidiana. Nos queda el arduo deber intelectual y moral de decidir si habitaremos la herida abierta de sus planteamientos o si regresaremos al letargo analgésico de la confrontación estéril y del consumo masificado. Al clausurar estas páginas y retornar al ruido ensordecedor de nuestros debates cotidianos, surge la necesidad de interrogarnos con severidad frente al espejo de nuestra propia andadura histórica. ¿Es éticamente sostenible sostener nuestra aparente paz democrática sobre el silencio cómplice de los vulnerados y la expulsión sistemática del diferente a las periferias de la existencia? Si la dignidad humana no es negociable, ¿por qué consentimos que las leyes del mercado y los caprichos del algoritmo sigan dictando quién merece ser protegido y quién puede ser descartado de la mesa común de la vida? Tal vez, la medida última de nuestra civilización no se determine por los índices de nuestro crecimiento económico, sino por la valentía colectiva para sostener estas preguntas dolorosas antes de que la inercia del desinterés las borre para siempre de nuestra memoria histórica.
Referencias bibliográficas y fuentes consultadas
- Agustín de Hipona. (2009). La Ciudad de Dios (S. Santamarta, Trad.). Madrid: Editorial Tecnos. (Obra original publicada en 426 d.C.).
- Bastante, J. (6 de junio de 2026). Los grupos que se oponen a la visita del Papa: “Hay pleitesía del sistema político español a un líder religioso”. elDiario.es. https://www.eldiario.es/sociedad/grupos-oponen-visita-papa-hay-pleitesia-sistema-politico-espanol-lider-religioso_1_13280658.html
- Blanchar, C. (3 de junio de 2026). Los ateos protestan contra la visita del Papa en Barcelona: “No somos una colonia del Vaticano”. El País. https://elpais.com/espana/catalunya/2026-06-03/los-ateos-protestan-contra-la-visita-del-papa-en-barcelona-no-somos-una-colonia-del-vaticano.html
- Deutsche Welle. (8 de junio de 2026). León XIV lanza un alegato por la paz en el Congreso español. https://www.dw.com/es/león-xiv-lanza-un-alegato-por-la-paz-en-el-congreso-español/a-77460390
- Gadamer, H.-G. (1993). Verdad y método I (A. Aparicio & N. Sans, Trads.). Salamanca: Ediciones Sígueme. (Obra original publicada en 1960).
- León XIV. (15 de mayo de 2026). Carta Encíclica Magnifica Humanitas: Sobre la fraternidad y la dignidad humana en el mundo contemporáneo. Roma: Libreria Editrice Vaticana. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html
- Levinas, E. (1977). Totalidad e infinito: Ensayo sobre la exterioridad (D. Guillot, Trad.). Salamanca: Ediciones Sígueme. (Obra original publicada en 1961).
- Metz, J. B. (2007). Memoria passionis: Una evocación provocadora en una sociedad pluralista. Santander: Editorial Sal Terrae.
- Ruiz, A. (8 de junio de 2026). Estas son todas las protestas convocadas durante la visita del Papa a Barcelona. El Nacional. https://www.elnacional.cat/es/barcelona/estas-son-todas-protestas-convocadas-durante-visita-papa-barcelona_1652000_102.html
- TRT Español. (8 de junio de 2026). ¿Qué dijo el papa León XIV en su discurso en el Congreso español? https://www.trtespanol.com/article/1cb08a1d439b
- Vatican Media. (7 de junio de 2026). Encuentro del Papa León XIV con el mundo de la cultura, el arte y el deporte en el Movistar Arena [Archivo de vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?si=8z0_ohcE9lDxpMFD&v=eFxety31Ukg
- Vatican News. (6 de junio de 2026a). El Papa en España: La cultura del encuentro genera estabilidad y prosperidad. https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-06/el-papa-en-espana-la-cultura-del-encuentro-genera-estabilidad.html
- Vatican News. (8 de junio de 2026b). El Papa se reúne con víctimas de abusos en Madrid. https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-06/el-papa-se-reune-con-victimas-de-abusos-en-madrid-8-junio-2026.html
- Vatican News. (8 de junio de 2026c). El Papa León XIV pide a los obispos españoles ser «testimonio de unidad». https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-06/el-papa-leon-xiv-pide-a-los-obispos-espanoles-ser-testimonio.html
- Vatican News. (8 de junio de 2026d). León XIV pide en el Congreso proteger toda vida humana y fortalecer el bien común. https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-06/papa-leon-xiv-visita-congreso-espana-parlamento-8-junio-2026.html
- Vatican News. (8 de junio de 2026e). El Papa se reunió con el presidente español Pedro Sánchez. https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-06/el-papa-se-reunio-con-el-presidente-del-gobierno-espanol-sanche.html
- Vatican News. (8 de junio de 2026f). León XIV defiende neutralidad de la Iglesia y atención integral al migrante. https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-06/leon-xiv-defiende-neutralidad-iglesia-atencion-integral-migrante.html
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Opinet
Después del Honduras Gate … que es lo que sigue…
Por: Dionisio De Jesús
Lo que se esperaba era que se cediera la isla de Roatán a unos gobiernos de ultraderecha para montar ahí otra base militar. Que se volviera al contrato de la expansión de las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE) o ciudades autónomas, que el anterior gobierno de los Zelaya había rescindido y los poderes extranjeros se pusieron muy molestos.
Esta semana los protagonistas del “supuesto” escándalo de los audios volvieron a reclamar inocencia respecto del asunto. Dicen, o mejor, dice el expresidente JOH, que es una falsedad, que nunca se comprobó que sea su voz, ni las otras que intercambian en los audios que supuestamente fueron enviados por los susodichos personajes de la “política” hondureña y que remecieron los cimientos de una fauna política que cada vez da más terror en un país en el que todavía no se ha visto nada de todo lo que son capaces de hacer y desatar estos grupos de delincuentes de la mala política vernácula e internacional disfrazados de patriotas.
CNN dice que no han verificado la autenticidad de los audios filtrados, pero el Diario Red, de España, quien dio a conocer el escándalo, habla de que se pasó por la plataforma el software Phonexia Voice Inspector, desarrollado por la empresa checa Phonexia. De acuerdo con los resultados publicados por Hondurasgate, “los 37 audios contendrían voces humanas y no habrían sido generados con inteligencia artificial”. Eso lo dice la cadena de noticias norteamericana este miércoles 3 de junio de 2026, en que estoy redactando esta nota para Acento.com, el diario dominicano para el cual cada semana escribo unas reflexiones sobre los más disímiles asuntos, referenciando una entrevista que le dio el susodicho Juan Orlando Hernández, principal protagonista de esta trama de mal gusto.
¿Pero qué es lo que contenían o contienen estos audios que han dado tanto de qué hablar en el último mes y medio al darse su filtración a los medios internacionales? Lo primero es que se destapa una trama de burda política y uso de recursos de dudosa procedencia para activar unas estructuras de comunicación con el fin de dañar a varios líderes y presidentes de la región, aupados por otros políticos que activan en la ultraderecha internacional. Hablamos de los mencionados Javier Milei, presidente de Argentina; Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, quien habría accedido a la liberación bajo la figura del perdón presidencial para JOH, pero a pedido del gobierno de Israel, que proveyó los fondos para ese objetivo; quien habría estado de acuerdo con que se pusiera en marcha la trama desestabilizadora; del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, y del propio presidente actual de Honduras, Tito Azfura (Papi a la Orden), así como del expresidente Juan Orlando Hernández, operador de la trama. En esto se menciona también a la designada presidencial de Honduras, María Antonieta Mejía, y al presidente del órgano legislativo de ese país, Tomy Zambrano.
Como se ve, estos audios, de ser ciertos, revelan la trama más macabra para ir minando a unos gobiernos y gobernantes que hoy no son muy afines a la ideología de la ultraderecha internacional que activa desde diferentes lugares y gobiernos. La reacción no se hizo esperar. Por un lado, el presidente Gustavo Petro de Colombia expresó: «Así se mueven las redes de la extrema derecha comunicacional. El dinero sale de la cocaína y de Israel». Asimismo, habló la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien atribuyó la supuesta trama a un intento de la «derecha internacional» de difundir falsedades, aunque aseguró que no le haría «mella».
Los audios filtrados se habrían grabado en WhatsApp, Signal y Telegram entre enero y abril de 2026. Los materiales vienen acompañados por transcripciones, análisis técnicos y publicaciones en redes sociales. Y han sido la comidilla política del último mes, siendo Honduras el país protagonista y donde los medios tradicionales que rinden pleitesía a los grupos de poder, aparentemente expuestos aquí, silenciaron por completo estos rumores, a tal punto que se impuso un silencio que aterra y da mucho qué pensar de cómo de comprometidos están estos medios con los que el pasado 30 de noviembre se robaron las elecciones, elecciones que representaban una esperanza para el pueblo llano y una nueva espiritualidad para los que creían todavía en el ejercicio pleno y sagrado del voto sin ningún amaño ni componenda de la índole que sea.
«El primer ministro de Israel nos va a dar el apoyo. Nosotros estamos muy agradecidos con él, tuvieron mucho que ver ellos. Tuvieron todo que ver, de hecho, ellos con mi salida y negociación», se escucha en una grabación. Otros audios hablan supuestamente de crear una «célula informativa» en Estados Unidos para difundir información contra gobiernos y figuras de izquierda en América Latina. «Se vienen unos expedientes contra México y Colombia», dice presuntamente Hernández en otro fragmento. Estos son algunos de los audios filtrados en los que, según los difusores de los contenidos, son audios reales.
Según los medios que difundieron el material, las grabaciones revelarían una presunta red de influencia integrada por actores políticos de Honduras, Estados Unidos, Israel, Argentina y otros sectores conservadores de la región para atacar o desestabilizar gobiernos progresistas latinoamericanos. Las publicaciones han tenido repercusión especialmente en México, Colombia y Honduras. Dinero sucio, dinero puesto al servicio de los más burdos intereses en contra de un pueblo y su gente que apostó a que habría una salida democrática en las elecciones de noviembre pasado, pero que se despertaron con la noticia de que le habrían secuestrado su voluntad e impuesto otra con fines inconfesables, pero que ahora, de ser ciertos estos audios, revelan una gran estafa y un amañamiento de la voluntad de toda una nación.
Y en medio de todo este affaire está el nuevo Pirata Walker (Trump), que ya volvió a Centroamérica para adueñarse de lo poco que han dejado en los siglos anteriores, pero no viene solo, viene con la rapiña del país que dicen el elegido por Dios. Tamaña osadía la del Señor de dotar de poder a unos desalmados. El caso, bautizado como «Hondurasgate», incluye acusaciones de conspiración, campañas de desinformación y supuesta injerencia internacional. Pero también abre otra pregunta: ¿son auténticas las grabaciones? Todos los involucrados las han negado y dicen que obedece a una “otra trama de sus enemigos políticos” (JOH).
Esta trama (no la que JOH dice) busca debilitar a gobiernos de izquierda en América Latina y asegurar el control político en Honduras. El caso salió a la luz pública a través de una investigación del medio español Diario Red en colaboración con periodistas hondureños. Los políticos clave involucrados: Juan Orlando Hernández (JOH), expresidente de Honduras. Aparece como el articulador principal de la red. En los audios se discute su liberación tras recibir un indulto de Donald Trump (luego de haber sido condenado por narcotráfico en EE. UU.) y sus planes para recuperar influencia política o retornar a la presidencia.
Los audios detallan el uso de cientos de miles de dólares para financiar plataformas digitales y lanzar campañas masivas de fake news. El objetivo principal es atacar y desestabilizar las gestiones de Claudia Sheinbaum en México y Gustavo Petro en Colombia, empleando narrativas sobre inseguridad y narcotráfico. En las conversaciones se menciona el supuesto respaldo financiero y político de actores del Partido Republicano de EE. UU., el gobierno de Israel (quienes habrían cabildeado a favor del indulto de JOH) y la cooperación del mandatario argentino Javier Milei para montar la red de difusión mediática.
Todo un culebrón al estilo Venezuela en sus mejores tiempos de RCTV. Pero esta es la parte simpática, si se quiere, porque lo otro es lo que aterra: que operadores políticos no se detengan ante nada ni nadie con tal de conseguir los más espurios resultados. Eso dicen: en política se vale todo, aun a costa de la gente que creyó que se estaba jugando limpio y no. Estas elecciones hondureñas han sido, por mucho, las más amañadas de su historia, porque se permitió que la injerencia extranjera vulgar, de la peor calaña, calara hasta el tuétano de los estamentos políticos, empresariales y de cualquier tipo. Porque cada uno de ellos jugó su papel para que hoy volviera la cáfila de desalmados a gobernar un país que tenía puesta la esperanza en alguien, Salvador Nasrrala, que, por ser tan pusilánime, se la dejó tragar toda. Y ahí anda, como si ahí no hubiera pasado nada. Como si también él supiera de la trama y callara y se reciclara tan rápidamente.
¿Y después de esto qué es lo que hay y qué esperar para este país, al que no le espera nada bueno en estos cuatro años? Lo primero es que los sectores que comulgan con el crimen y la corrupción se están acomodando de la mejor manera. Ya se vendió la dignidad por unos dólares más. Ya se hipotecó el país a quién sabe qué intereses oscuros. Lo que se esperaba era que se cediera la isla de Roatán a unos gobiernos de ultraderecha para montar ahí otra base militar. Que se volviera al contrato de la expansión de las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE) o ciudades autónomas, que el anterior gobierno de los Zelaya había rescindido y los poderes extranjeros se pusieron muy molestos. Los sectores políticos y empresariales de derecha que se prestaron a este diabólico plan político saben que solo el crimen organizado gana en estas jugadas y que lo que le espera al pueblo hondureño no es nada bueno.
Solo vamos a enumerar lo que la violencia ha acarreado desde que se ha instalado el nuevo gobierno apadrinado por la Administración Trump y demás comparsas: Honduras ha mostrado señales de resurgimiento de la violencia y el crimen organizado. La CEPAL, OVUNAH y la Secretaría de Seguridad así lo atestiguan. +5 % a 6,2 % ha crecido desde enero hasta abril de 2026, donde hubo 624 homicidios, 5,05 % más que en el mismo periodo de 2025. Unos seis homicidios diarios. Solo en 110 días de 2026 ya sumaban 700 homicidios. Más de siete matanzas han ocurrido en el país en lo que va de año, atribuidas al crimen organizado y a la recomposición de los carteles en busca de sus antiguos territorios y negocios. Los organismos internacionales lo atribuyen al fin del Régimen de Excepción desde que el nuevo gobierno se instaló en enero de 2026.
¿Y qué esperar? Que se agudice aún más la violencia. Solo en un día hubo una matanza de 23 ciudadanos en un predio de la zona norte del país. Y, sin embargo, que siga la fiesta: las consejeras del CNE, que le vendieron su alma al diablo, ya cobraron en especies y en otros valores su trabajo de plegarse a los intereses más oscuros de la injerencia internacional. Las dos fueron premiadas con sendas embajadas y, lo más bonito, al terminar este periodo gubernamental volverán a sus antiguos puestos del CNE. Menuda transacción se dio. Así se negocia, con audio o sin audios, la soberanía de un país que no es un pobre país, sino que le tenemos lástima a los de a pie.
Hasta ahora, ninguna agencia internacional ni institución independiente ha confirmado públicamente la autenticidad de los audios. Muchas preguntas siguen abiertas en el «Hondurasgate». Lo que sí es cierto es que, con este episodio de la más triste forma de engañar a un pueblo, se vendió, se traficó con la dignidad de los que, creyendo que la esperanza era posible con su voto, se acostaron pensando que al otro día otro país sería y luego oyeron, atónitos, vía estos audios, verdad o mentira, que ya no les quedaría nada con qué soñar un país nuevo y distinto. Los mismos de siempre volvieron a salirse con la suya. Esta vez, acompañados de lo más corrupto de la política internacional. Que Dios nos coja confesados.
Por: Dionisio De Jesús
Opinet
Analista Rafael Góchez considera que el mapa político no cambiará antes de las elecciones
El docente y escritor salvadoreño Rafael Góchez analizó el escenario político nacional a partir de los resultados de la más reciente encuesta de LPG Datos y consideró poco probable que el respaldo ciudadano hacia el gobierno del presidente Nayib Bukele experimente cambios significativos antes de las elecciones generales previstas para el 28 de febrero de 2027.
Durante una entrevista, Góchez señaló que los niveles de aprobación reflejados en los estudios de opinión se han mantenido elevados y afirmó que proyectos de gran impacto, como el nuevo Hospital Nacional Rosales y otras obras en desarrollo, podrían contribuir a mantener la percepción favorable hacia la actual administración.
El analista destacó que la encuesta de LPG Datos otorgó al presidente Bukele un nivel de aprobación del 85.5 %, señalando que la gestión en materia de seguridad figura entre los principales factores asociados a ese respaldo. Asimismo, indicó que, pese al margen de error inherente a toda encuesta, el nivel de aceptación mostrado por el estudio es considerablemente alto.
Góchez también hizo referencia a una encuesta de CID Gallup realizada en mayo, la cual reportó que el 93 % de los salvadoreños aprueba al mandatario tanto por su gestión como por su imagen.
Además, señaló que, según datos de LPG Datos, cerca del 60 % de la población no se identifica con ningún partido político. No obstante, afirmó que el fenómeno político vinculado al presidente Bukele ha encontrado respaldo en ese segmento de la población y se ha mantenido en él.
Finalmente, sostuvo que la ciudadanía valora cada vez más la efectividad de la gestión gubernamental por encima de las ideologías partidarias. Como ejemplo, mencionó la inauguración del nuevo Hospital Nacional Rosales, la cual, a su juicio, refleja cambios en la estructura y funcionamiento del sistema de salud.




