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Familias expulsadas por pandillas vuelven a sus hogares en Sihuatenango, Panchimalco
Con machete en mano, Antonio Ramírez corta maleza en terrenos boscosos del caserío Sihuatenango, del cantón San Isidro, en Panchimalco, San Salvador Sur, para sembrar maíz, frijol y maicillo, en el lugar de donde un día se marchó con su familia por el acoso de estructuras de pandillas, que ahora están tras las rejas.
Él es parte de una de las aproximadamente 90 familias que en 2016 huye ron por las amenazas de las pandillas; unas 20 han retornado a repoblar un terreno escarpado que con los años de abandono se revistió de un denso follaje, del cantón San Isidro, en Panchimalco, quedó literalmente desolado por amenazas de muerte de las pandillas y de manadas de animales silvestres.
«Aquí se oían balaceras, ya no vivíamos tranquilos, nos empezaron a salbequear y mejor nos fuimos», recuerda Antonio, quien ahora se pasea cuidando sus cultivos de los venados y protegiendo sus animales de corral de una manada de coyotes que ha proliferado por los bosques de chapernos, sálamos, jiotes, güiscoyoles, laureles y pepetos que bordean las vere das de Sihuatenango.
Cuando inició el régimen de excepción, el clima de seguridad también se esparció por Panchimalco, un pueblo de fuertes raíces indígenas que con sus 14 cantones fue clasificado, entre 2014 y 2015, entre los 10 municipios más violentos de El Salvador (de un total de 262).
«Cuando llegó el régimen, se sintió favorable para regresar», dice Ramírez. Como él, otras familias han comenzado a repoblar un territorio que está a una distancia de unos seis kilómetros del casco urbano de Panchimalco, circundado por el río El Muerto y asentado sobre terrenos pedregosos, arcillosos y fértiles, muy bondadosos para el maíz.
De la época oscura de las pandillas, Antonio lleva la cicatriz de un quemón de bala en un pie. Cuenta que cuando iba en un camión fueron atacados con armas de fuego por mareros que se escondían a los costados del puente sobre el río. Sobrevivieron lanzándose del vehículo y huyendo río abajo.
Sixto Vásquez, de 72 años, también huyó con su familia y se fue a alquilar casa, pero ha regresado a Sihuatenango, donde ahora es feliz en la tierra donde nació y donde se desplaza a toda hora, sin temor de grupos criminales. La vida está volviendo a la normalidad, aunque falta el bullicio de los niños en la escuela.
Panchimalco, que en náhuat significa «lugar de escudos y banderas», es un distrito del municipio de San Salvador Sur con una población de 44,404 habitantes, según el Censo 2024 elaborado por el Banco Central de Reserva (BCR).
Con su belleza natural y su riqueza cultural está despuntando como destino turístico, dejando en el pasado las escenas de cientos de personas huyendo de sus cantones y caseríos por el flagelo de las pandillas.
Gregoria Pérez de Vásquez huyó de Sihuatenango después de que un grupo de pandilleros entró en su casa y despojó de sus pertenencias a familiares que habían llegado a visitarla. Pero, con el régimen de excepción, que ha permitido la captura de más de 91,000 pandilleros, ha regresado. «Nos sentimos más seguros, estamos en otro ambiente», señala desde su casa, rodeada de sus mascotas y una gran cantidad de aves de corral.
EN LAS CRUCITAS
En el pasado, pudo ser trágico para Ana Vásquez ingresar con su venta ambulante Sixto Vásquez y Antonio Ramírez han retornado para dedicarse al cultivo de maíz, frijol y maicillo, así como la crianza de aves. Gregoria Pérez abandonó su casa luego de que ella y su familia fueron asaltados por pandilleros. Ahora ha regresado a su vivienda. Fotos Dennis Argueta de frutas y verduras al caserío Los Ramos, del cantón Las Cru citas, en Panchimalco. «Nos daba miedo y por evitar no entrábamos», recuerda. Ahora va a todos lados, sin problemas.
Por su parte, Rosa del Carmen Ramos ha emprendido con una tienda bien surtida, donde es abastecida por distribuidores de bebidas gaseosas y golosinas, sin ningún te mor. «Acá no tenemos renta [extorsión] ni nada. Me voy y dejo solo y no pasa nada», relata justo frente al lugar donde en el pasado decenas de pandilleros se concentraban para planificar fechorías.
Los testimonios hablan de tranquilidad. «Hoy es galán vivir aquí, no se oye de nada malo», afirma Roxana Chicas, residente del cantón Las Crucitas, quien mantiene como triste recuerdo la pérdida de un hijo quien fue asesinado en Santo Tomás en diciembre de 2013.
Opinet
El puente entre dos mundos: Kant y su “Crítica del juicio”
Por: Lisandro Prieto Femenía
“El gusto es la facultad de juzgar un objeto o una representación mediante una satisfacción o insatisfacción desinteresada. El objeto de una satisfacción tal se llama bello”: Immanuel Kant, Crítica del juicio, §5 (AA V, 211).
Si la “Crítica de la razón pura” estableció la necesidad y los límites del conocimiento científico y la “Crítica de la razón práctica” fundamentó la moralidad en la autonomía de la voluntad, ambas obras dejaron una profunda fractura en la filosofía de Kant. Por un lado, el mundo de la naturaleza se presenta como un reino de necesidad mecánica, regido por leyes causales inalterables. Por otro lado, el mundo de la moralidad es un reino de libertad, donde la voluntad actúa de forma autónoma. La pregunta crucial que surge es: ¿cómo se relacionan estos dos mundos? Pues bien, la “Crítica del juicio” (1790) es la respuesta de Kant a esta dicotomía. No busca establecer nuevas leyes de conocimiento o moralidad, sino encontrar un principio mediador que salve el abismo entre la naturaleza y la libertad. Es en el juicio, y más concretamente en el juicio estético y teleológico, donde Kant encuentra el puente para unir el universo de “lo que es” con el universo de “lo que debe ser”.
En la filosofía de Kant, el término “juicio” no se refiere simplemente a una opinión o a la capacidad de tomar una decisión moral, como lo usamos en el lenguaje cotidiano. Para él, es una facultad mental crucial, una mediadora entre el entendimiento y la razón. El entendimiento se encarga de aplicar las reglas o conceptos universales (las categorías) a los objetos particulares que percibimos. Por ejemplo, el juicio “el calor dilata el metal” es un acto del entendimiento que aplica la categoría de causalidad a un fenómeno. La razón, por otro lado, busca principios aún más elevados y universales, como los ideales de la moralidad y la libertad. El juicio, sin embargo, ocupa un lugar intermedio, porque su función es la de subsumir lo particular bajo lo universal. Es, en definitiva, la capacidad de determinar si un caso particular se ajusta a una regla general.
En la “Crítica del juicio”, Kant se enfoca en un tipo especial de juicio: el “juicio reflexionante”. A diferencia del “juicio determinante”, que ya tiene una regla y solo necesita aplicarla, el juicio reflexionante no tiene una regla preexistente y debe buscarla. Es la facultad de encontrar un principio universal para lo particular que se nos presenta. Es precisamente esta capacidad de la mente para encontrar coherencia y sentido en la diversidad de la experiencia lo que nos permite experimentar la belleza y percibir la finalidad en la naturaleza. El juicio, por lo tanto, es la bisagra que conecta el mundo de la necesidad, ordenado por las reglas del entendimiento, con el mundo de la libertad, guiado por los ideales de la razón.
La obra se centra en el concepto de la “finalidad sin fin”, una idea que permite a la razón encontrar un principio organizador en la naturaleza sin tener que recurrir a la metafísica o a la divinidad. Este concepto es la clave de la bóveda del sistema kantiano, un principio que permite que la razón actúe como unificadora de las dos legislaciones previas: la naturaleza y la libertad.
El papel de Kant en la estética es fundamental, ya que la elevó a una disciplina filosófica independiente y la dotó de un rigor conceptual sin precedentes. Su análisis del “juicio estético” se adentra en el misterioso terreno de la belleza y es considerado el punto de partida de la filosofía moderna del arte. Kant pregunta: ¿por qué decimos que algo es bello? La respuesta no reside en el objeto, sino en una facultad de nuestro espíritu que es capaz de juzgar sin la mediación de un concepto. Un juicio de gusto, a diferencia de uno cognitivo o moral, no busca decir qué es el objeto, sino expresar una “satisfacción desinteresada”.
El placer que sentimos al contemplar una flor no se debe a que queramos poseerla o a que nos sea útil, sino que proviene de la pura contemplación de su forma. Esta falta de interés es lo que dota al juicio estético de su peculiar universalidad: al no estar atado a un deseo personal, sentimos que cualquier otro ser racional debería compartir nuestra misma apreciación. Es una universalidad sin concepto, una pretensión de validez que no puede ser demostrada lógicamente, pero que se siente como necesaria. La belleza, en este sentido, nos produce la sensación de una “finalidad sin fin”, de que el objeto fue creado con un propósito, de que sus partes encajan de forma armoniosa y perfecta, pero no podemos atribuirle un fin real o empírico. Es la razón la que encuentra en la naturaleza una armonía que, aunque no podamos probar, nos hace percibir una profunda concordancia entre el mundo y nuestra facultad de juzgar.
Junto a la belleza, Kant explora la experiencia de lo “sublime”. Lo sublime no nos produce un placer sereno y confortable, sino una mezcla de placer y dolor, de admiración y terror. A diferencia de lo bello, que se encuentra en la forma finita, lo sublime se manifiesta en la inmensidad y el poder de la naturaleza, como una tormenta en el mar o una montaña imponente. El juicio sobre lo sublime no está en el objeto mismo, sino en el observador. La imaginación, al enfrentarse a la inconmensurable magnitud de la naturaleza, se siente abrumada y desbordada. Sin embargo, en este mismo fracaso, nuestra razón emerge victoriosa, recordándonos nuestra superioridad como seres morales y racionales, que pueden pensar más allá de la fuerza bruta de la naturaleza. Lo sublime, por tanto, conecta el mundo natural con el mundo moral, recordándonos nuestra dignidad como seres racionales capaces de postular la libertad.
También, Kant introduce aquí el concepto de “genio” para explicar la creación de la belleza artística. El genio no es un artesano que sigue ciertas reglas, sino que es la facultad innata de crear aquello para lo que no puede haber una regla fija. Es el talento de producir lo que, sin ser imitado, sirve de modelo para los demás. El genio nos ofrece un “ejemplo” que otros pueden seguir, no mediante la imitación de su técnica, sino de su espíritu. Por otro lado, el buen gusto es la facultad para juzgar la obra de arte, una cualidad que no crea, sino que evalúa. Sin el buen gusto, el genio sería una fuerza caótica, porque es el principio que permite que la obra sea universalmente apreciada, una cualidad que Kant consideraba esencial para la cultura.
En este contexto, la lectura profunda de la “Crítica del juicio” puede representar una crítica certera a la estética decadente de la posmodernidad. En una época donde el arte se reduce a la provocación caprichosa, la autorreferencialidad o el kitsch, la noción kantiana de una belleza que exige universalidad y que se fundamenta en un juicio desinteresado parece un faro en la oscuridad. El arte posmo-progre, como hemos dicho en reiteradas oportunidades, cae en la trampa de la pura particularidad, apelando a los intereses egoístas o a sentimientos meramente subjetivos, en lugar de intentar trascenderlos. Al desdibujar la línea entre el buen gusto y la mera opinión, la estética contemporánea ha perdido la capacidad de juicio y con ella, la posibilidad de un debate serio sobre lo bello. El retorno a la reflexión kantiana también nos invita a restaurar el valor de la belleza como un universal que, sin ser un concepto, nos permite comunicarnos y reconocer nuestra humanidad compartida.
Profundizando aún más en la obra, podemos notar que en la segunda parte de la “Crítica del juicio”, Kant se adentra en el “juicio teleológico”, abordando la pregunta de si podemos ver en la naturaleza una finalidad o un propósito. Al observar un organismo vivo, como un árbol, vemos que sus partes (raíces, tronco, hojas) se relacionan entre sí de tal manera que cada una es, a la vez, causa y efecto de la otra. El árbol parece estar organizado “con un fin”. Sin embargo, Kant insiste en que no podemos afirmar, a nivel de conocimiento objetivo, que la naturaleza tenga un propósito final, puesto que esto sería una violación de los límites de la razón pura.
La finalidad, por lo tanto, no es una propiedad de la naturaleza, sino un principio regulador de nuestro juicio. Es una herramienta metodológica que usamos para ordenar el caos de las leyes naturales y entender fenómenos complejos. La finalidad de la naturaleza no es un hecho que conocemos, sino una suposición necesaria para que la ciencia biológica sea posible. Así, el juicio teleológico nos permite pensar en la naturaleza “como sí” estuviera organizada por una inteligencia, sin tener que afirmar la existencia de esa inteligencia de forma dogmática.
Como podréis apreciar, caros lectores, la “Crítica del juicio” no es un apéndice menor del sistema kantiano, sino la pieza que lo unifica. Su lectura hoy es esencial porque nos ofrece una perspectiva para reconciliar las dicotomías de nuestro tiempo. En una era de especialización extrema, donde la ciencia y la moral parecen hablar de lenguajes distintos, la obra de Kant nos recuerda la importancia de buscar un principio de unidad en la diversidad. Como señaló el filósofo Ernst Cassirer en su obra “Kant, vida y doctrina” (1921), esta obra “no es una simple adición al sistema. Es, por el contrario, la clave para la arquitectura de todo sistema”. La belleza y la finalidad de la naturaleza no nos dan conocimiento de la divinidad, pero sí nos ofrecen una analogía sensible de la moralidad, permitiendo a la razón habitar un universo que no es ni completamente mecánico ni completamente caótico. El juicio, para Kant, es esa facultad que nos permite percibir que, más allá de la necesidad y la libertad, hay una armonía que hace habitable el mundo para el ser humano.
Para cerrar, insistimos en la necesidad filosófica de no endiosar a nadie, ni siquiera a los más importantes pensadores que sentaron las bases del pensamiento occidental. Así, es imprescindible cuestionar que si bien la “Crítica del juicio” intenta resolver la fractura del sistema kantiano, ¿lo logra realmente? ¿Es suficiente una “analogía” o una “finalidad subjetiva” para conciliar la necesidad del mundo natural con la libertad moral? ¿Qué significa que un juicio estético sea universalizable sin un concepto que lo justifique? ¿Acaso no es esto una contradicción inmanente? Y, en última instancia, ¿puede una ética fundada en la razón pura ser verdaderamente autónoma si su sentido último depende de la postulación de una armonía que sólo es posible en el mundo del idealismo?
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Mujer pierde la vida tras ser arrollada en Cuscatlán
Una mujer perdió la vida a primera hora de este martes tras ser arrollada sobre la carretera Panamericana, en el departamento de Cuscatlán.
La víctima falleció en el lugar del hecho debido a la gravedad de las lesiones que sufrió durante el impacto.
El siniestro vial ocurrió en el kilómetro 23 de la carretera Panamericana, a la altura de la pasarela de San Pedro Perulapán, en el municipio de Cuscatlán Norte.
De acuerdo con el informe, la mujer optó por no utilizar la pasarela y cruzó por la carretera, momento en el que fue arrollada en el sentido que conduce hacia el oriente del país.
Al lugar también se hicieron presentes oficiales de la División de Tránsito Terrestre de la Policía Nacional Civil (PNC), quienes iniciaron las investigaciones para determinar cómo ocurrieron los hechos y deducir responsabilidades.
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Ataque armado deja dos pandilleros muertos en Guatemala
Dos peligrosos integrantes del Barrio 18, identificados por las autoridades como operadores de la estructura criminal «Los Caradura», murieron durante un ataque armado registrado en el ingreso a San Miguel Dueñas, en el departamento de Sacatepéquez.
De acuerdo con las autoridades, un tercer ocupante del vehículo resultó gravemente herido y fue trasladado a un centro asistencial. Hasta el momento, se desconoce su estado de salud.
Según la información oficial, las víctimas se desplazaban en un pick-up Ford color rojo cuando fueron interceptadas por hombres armados, quienes abrieron fuego en repetidas ocasiones.
Como parte de las investigaciones, las autoridades localizaron múltiples casquillos en la escena, mientras que el vehículo presentaba numerosos impactos de bala.
Agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) y fiscales del Ministerio Público (MP) procesaron la escena del crimen y mantienen las diligencias para establecer el móvil del ataque e identificar a los responsables.






