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CENTROAMERICA EN LA NUEVA ENCRUCIJADA GEOPOLITICA Y GEOECONOMICA. Por: Dionisio de Jesús

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Alvin Tofller y Heidi Tofller, en su profético libro de finales de los años 70 del siglo pasado: “La Tercera Ola”, afirmaban “que muchos de los cambios actuales no son independientes entre sí. No son fruto del azar…. estos y muchos otros acontecimientos o tendencias aparentemente inconexos se hallan relacionados entre sí…. son panes de un fenómeno mucho más amplio: la muerte del industrialismo y el nacimiento de una nueva civilización”.
“El mundo que está rápidamente emergiendo del choque de nuevos valores y tecnologías, nuevas relaciones geopolíticas, nuevos estilos de vida y modos de comunicación, exige ideas y analogías, clasificaciones y conceptos completamente nuevos”., han escrito ellos con su acostumbrado lenguaje seductor.
Estas ideas reflexionadas en los últimos 30 años del fin del siglo XX y los albores de la llegada del siglo XXI, hoy son más escatológicas, si vemos los últimos acontecimientos que se han dado en el mundo que todavía no podemos descodificar en toda su magnitud y que cada día nos da una lección de disrupción en el más amplio de los sentidos.

Estos años finiseculares, para Centroamérica, fueron de tensiones, de búsquedas de los desencuentros, centro de ensayos ideológicos productos de la guerra fría y las tensiones entre las superpotencias y los espacios emergentes, el Istmo se vio en la vorágine de los cambios globales, por ser el centro de una ruta, que a más de ser esencial para la economía mundial, y la misma llegada de lo que signaron como mundialización, que apenas despegaba para estructurar un nuevo orden, también fue y es, en gran medida hoy, el lugar en que otra vez, se da el nuevo ensayo hegemónico y “el choque de civilizaciones”.

En este lugar del mundo, sin que fuera una predicción, se está jugando parte de la supremacía de un mundo, más que unipolar, multipolar, hasta entonces, y que, con la ascensión de Donald Trump en su segundo mandato, éste quiere revivir lo que parecía estar sepultada, “la Doctrina Monroe”, ahora de la mano de la “Nueva Estrategia de Seguridad Nacional” bajo la eufemística frase: “Este hemisferio es nuestro”.

“DE FUERA VENDRÁN, QUE DE CASA TE ECHARÁN”
Siendo este espacio de las Américas un lugar con mucha historia de rupturas, de convergencias y divergencias, donde los imperios, en específico el español, en menor medida el inglés, y más atrás, el imperio Azteca, dejaron sus improntas en las poblaciones nativas, siempre dieron batallas para mantener sus valores, sus creencias y culturas, sus capacidades estratégicas en pie. Llegaron los prohombres de la independencia, formados en los mismos espacios de los conquistadores y reescribieron las historias. Hasta que por estas tierras llegaron los aventureros, “el Pirata William Walker y su doctrina del Destino Manifiesto”, arrogándose en posesión lo que nunca tuvo, cayendo asesinado en Honduras para 1860, vapuleado por la dignidad que nunca se marchó de la vida de los hombres y mujeres de estas tierras.

Los años de las dictaduras dejaron lecciones agridulces, se forjó “el estado nacional”, si se quiere, la forma de permear conciencias y la ideología aparejada con el slogan y la subyugación de que “este es mi patio trasero”, emergió. Y sucedió la hecatombe, producto de las miserias de las mayorías de ciudadanos sumidos en el ostracismo más atroz, frente a unas elites que se erigieron insufribles respecto a sus ciudadanos. Y entonces llegó la muerte de la mano de los conflictos armados de los años 70, 80 y 90 del siglo pasado, hasta que el laboratorio de las grandes potencias que fueron los enfrentamientos con carácter ideológico cesó, pero no, fueron por desigualdades insalvables, se sucedieron y se firmó la paz, una paz a medias e insípida e incolora. Y entonces llegó de la mano de gobiernos sumisos el robo de los recursos económicos y la implantación de modelos que vendrían a traer más miserias a estas poblaciones: el neoliberalismo.

LA CENTROAMERICA ACTUAL

Pasado los años de las confrontaciones militares que dieron como resultados gobiernos medianamente democráticos, entonces vinieron las confrontaciones políticas y de clases, en donde la llamada “sociedad civil” tuvo un papel de decisiones que ayudaron a ir permeando el devenir de lo que es hoy el Istmo. Las elecciones, luego de los Acuerdos de Paz en los diferentes países en conflictos, legitimaron el statu quo que los sectores dominantes querían que sucediera, pero una clase de pensadores fue forjando la ruta que nos llevaría a lo que hoy es la región.

Y hubo un cambio de rumbo, la ola de las izquierdas irrumpió en algunos países, luego de las revueltas: Nicaragua, una pausa, luego otra vez hasta hoy con altos y bajos; El Salvador, dos gobiernos que ayudaron a forjar un pensamiento progresista y facilitar que muchos ciudadanos salieran de la pobreza extrema y donde la educación jugó un papel estelar. Guatemala debatiéndose entre problemas de gobernabilidad y delincuencia y Honduras para esos años con las tazas de violencia más grande del Istmo, igual que El Salvador con la enfermedad social de las maras y los grupos delincuenciales, aparejados de lo que los carteles de las drogas crearon en toda la región: violencia e inestabilidad social.

Las izquierdas no supieron aprovechar el respaldo de la población que los arropó con su voto y cometieron los mismos errores de los grupos dominantes: corrupción, falta de cumplimiento de las promesas, aunque en derechos humanos hubo un cambio de ver la sociedad. La irrupción de Venezuela con su comandante Chavez y el respaldo de la Iniciativa Alba para Las Americas, dio un giro a la relación de estos países con Estados Unidos, que más tarde, hoy, sería la gota que derramaría el vaso de este cambio de ciclo y rumbo que experimenta la región respecto de los gobiernos.

El Salvador ya no tiene el sello de una izquierda, más bien tiene un gobierno que vino a restaurar lo que ellos sabían cómo hacer pero no lo hicieron, la seguridad ciudadana, que tanto clamaba la sociedad; Honduras, pierde una oportunidad de oro al salir de su primer gobierno de centro izquierda debido a los mismos errores de sus pares de la región y así como en Suramérica, la ola de izquierda sale del poder político, no es raro que Costa Rica siga en su egida de gobierno centro derecha, Guatemala tenga un liberal en el poder y Honduras vuelva a estrenarse con un gobierno que habrá que ver qué trae luego del 27 de enero que tomará posesión. Nicaragua es el acertijo, luego de los acontecimientos en Venezuela y la embestida del poder duro que ha envalentonado a los que gobiernan en Washinton. Panamá es un mundo aparte que tendrá que echar su pleito directamente con el Norte, luego de las amenazas porque, “ese canal es de nosotros y no es para que los barcos chinos lo crucen “como Pedro por su casa”

EL ARRIBO DE CHINA Y EL DESCUIDO DEL PATIO TRASERO

Realmente el arribo de China ha sido planificado muchos años atrás, más de 50 años atrás, y hoy es una realidad. “La nueva ruta de la seda”, aparte de que es para el ciudadano de a pie una apuesta económica, no es más que una estrategia política de penetración como un poder emergente y hegemónico: ir quitándole presencia a un Estados Unidos que había descuidado su entorno, en busca de las riquezas energéticas de los países que sometió en sus invasiones en el Oriente Medio, bajo la excusa del terrorismo.

China desembarcó primero en Costa Rica y fue el gran ruido para los Estados Unidos, luego siguió El Salvador, República Dominicana, Panamá y por último Honduras; todos países pertenecientes al Sistema de la Integración Centroamericana, SICA, los otros: Belice, Guatemala y Nicaragua han preferido seguir la cooperación con Taiwan, bajo el entendido que China no acepta que haya acuerdo a medias porque ellos se reconocen como una sola China.

Y esta llegada tiene un componente geoestratégico, para su “ruta de la seda” en lo económico, pero en lo político, es crear pulso con su más cercano contendiente en el hemisferio occidental, ya que Rusia en la mayoría de las veces ha funcionado como aliado. Centroamérica si usted, traza una línea desde el pacifico salvadoreño hasta par de ciudades chinas, es casi directo la ruta y ahí está la gran estrategia China en el Istmo: tener dominio de la economía y las rutas comerciales, bástenos pensar en el pedido de China a algunos países de crear una zona especial de comercio teniendo como espacio de movimiento el

Golfo de Fonseca: los gringos abrieron los ojos y dijeron no. Eso es blindar su presencia en la región.

Hoy Centroamérica, aparte de ser un espacio de crecimiento, zona de alto poder logísticos para todos los competidores globales, por su enclave estratégico; su valor no es solo geopolítico geográficamente hablando en un momento en que la “Doctrina Monroe” ha tomado fuerza con el envalentonamiento del poder norteamericano que no van a dejar que otro tome su lugar. Ojalá y no sea demasiado tarde; también es un espacio geoeconómico, por lo que expresara más arriba: esta zona del mundo esta en disputa por las riquezas inmensas que posee. Por los minerales raros que se están descubriendo y que son imprescindibles para la supervivencia de las grandes empresas tecnológicas, espaciales y de poderío militar. Por eso, la apuesta y lo que está en juego hoy en día, y que se irá acrecentando cada vez que los grandes jugadores hagan sus arriesgadas apuestas que por acrecentar su poder económico de gobierno y de las grandes corporaciones, ponen en riesgo la seguridad regional de millones de seres humanos.

Voy a terminar como empecé este trabajo: trayendo a colación el último libro de los esposos Toffer: “Las Guerras del Futuro”, escrito en 2003, en este excitante libro ellos analizan lo que serian los conflictos del futuro, así como en “La Tercera Ola”, y habla justamente de que las guerras del futuro, cibernéticas, digitales, con drones, “las tácticas de guerra cibernética y conflictos indirectos podemos verlas en las noticias cada día”

“La guerra cibernética puede dejar sin recursos a una población de millones de personas atacando centrales eléctricas u hospitales. Puede tumbar la web de un gobierno. Puede desinformar de manera previa a unas elecciones o realizar el llamado fake bombing”. Lo acabamos de ver en Honduras, para dejar solo un ejemplo.

“También en la guerra de la tercera ola las armas tendrán más de software que de fusiles, y el dominio del flujo de información -sobre todo, con la guerra electrónica- será más decisivo que las destrucciones físicas”. Los conflictos del futuro serán por los recursos que cada vez escasean más, en especial el agua, y los recursos energéticos.

Eso es lo que esta por suceder en la estrategia de poder en el Istmo centroamericano, los poderes mundiales saben de la importancia de la región para la consolidación de sus estrategias de control y dominación global, sobre todo, en el espectro económico. Porque esta será la más terrible guerra que se está librando ya, y que permeará nuestro futuro y el de millones de seres humanos. Y para eso, no se ha inventado una vacuna que sea capaz de inocular la esperanza de un tiempo mejor.

 

 

 

 

 

 

Dionisio de Jesús

Poeta, diplomático, mercadólogo y especialista en comunicación política. Nacido en Cevicos, República Dominicana (1959), se formó en Educación con mención en Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Posteriormente profundizó en el mundo del mercadeo y la comunicación: realizó postgrado en Mercadeo en la UCSD (donde también fue docente), obtuvo Maestría en Mercadeo en la PUCMM (donde impartió clases), y completó una especialización en Comunicación Corporativa (publicidad de imagen y relaciones públicas) en Young & Rubicam, Madrid, homologada por la Universidad Complutense. Su vocación diplomática se ha fortalecido con múltiples formaciones especializadas: Diplomado en Diplomacia Cultural (auspiciado por las Cancillerías de Costa Rica y El Salvador junto a la Embajada Dominicana en Costa Rica), Especialización en Negociación y Diplomacia Climática (INESDYC, Cancillería dominicana), y varios diplomados sobre la institucionalidad y el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), incluyendo niveles I y II con la Fundación Hanns Seidel (pendiente la presentación del trabajo final para optar por la Maestría). Como poeta, ha publicado 12 libros de poesía y sus textos aparecen en más de 15 antologías nacionales e internacionales, consolidándolo como una voz reconocida en la lírica dominicana y centroamericana. En el ámbito profesional, fue Director Creativo en las agencias de publicidad más importantes de República Dominicana entre 1987 y 2004. Ha ejercido como profesor universitario de marketing, publicidad y comunicación en instituciones de República Dominicana y El Salvador. Desde el año 2000 hasta la fecha (2025), ha trabajado como consultor estratégico en campañas políticas en República Dominicana, El Salvador, Nicaragua, Guatemala y Honduras. Actualmente reside en El Salvador, desde donde produce y conduce cada lunes a las 7:00 p.m. (hora local) el Podcast “Bitácora Centroamericana y Caribeña”, transmitido en vivo por YouTube y Facebook a través de la plataforma Cronio TV, espacio desde el cual analiza con profundidad la realidad política, cultural y geopolítica de la región.Un creador incansable que transita con naturalidad entre el verso, la diplomacia, la estrategia política y la reflexión centroamericana.

 

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El puente entre dos mundos: Kant y su “Crítica del juicio”

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Por: Lisandro Prieto Femenía

“El gusto es la facultad de juzgar un objeto o una representación mediante una satisfacción o insatisfacción desinteresada. El objeto de una satisfacción tal se llama bello”: Immanuel Kant, Crítica del juicio, §5 (AA V, 211).

Si la “Crítica de la razón pura” estableció la necesidad y los límites del conocimiento científico y la “Crítica de la razón práctica” fundamentó la moralidad en la autonomía de la voluntad, ambas obras dejaron una profunda fractura en la filosofía de Kant. Por un lado, el mundo de la naturaleza se presenta como un reino de necesidad mecánica, regido por leyes causales inalterables. Por otro lado, el mundo de la moralidad es un reino de libertad, donde la voluntad actúa de forma autónoma. La pregunta crucial que surge es: ¿cómo se relacionan estos dos mundos? Pues bien, la “Crítica del juicio” (1790) es la respuesta de Kant a esta dicotomía. No busca establecer nuevas leyes de conocimiento o moralidad, sino encontrar un principio mediador que salve el abismo entre la naturaleza y la libertad. Es en el juicio, y más concretamente en el juicio estético y teleológico, donde Kant encuentra el puente para unir el universo de “lo que es” con el universo de “lo que debe ser”.

En la filosofía de Kant, el término “juicio” no se refiere simplemente a una opinión o a la capacidad de tomar una decisión moral, como lo usamos en el lenguaje cotidiano. Para él, es una facultad mental crucial, una mediadora entre el entendimiento y la razón. El entendimiento se encarga de aplicar las reglas o conceptos universales (las categorías) a los objetos particulares que percibimos. Por ejemplo, el juicio “el calor dilata el metal” es un acto del entendimiento que aplica la categoría de causalidad a un fenómeno. La razón, por otro lado, busca principios aún más elevados y universales, como los ideales de la moralidad y la libertad. El juicio, sin embargo, ocupa un lugar intermedio, porque su función es la de subsumir lo particular bajo lo universal. Es, en definitiva, la capacidad de determinar si un caso particular se ajusta a una regla general.

En la “Crítica del juicio”, Kant se enfoca en un tipo especial de juicio: el “juicio reflexionante”. A diferencia del “juicio determinante”, que ya tiene una regla y solo necesita aplicarla, el juicio reflexionante no tiene una regla preexistente y debe buscarla. Es la facultad de encontrar un principio universal para lo particular que se nos presenta. Es precisamente esta capacidad de la mente para encontrar coherencia y sentido en la diversidad de la experiencia lo que nos permite experimentar la belleza y percibir la finalidad en la naturaleza. El juicio, por lo tanto, es la bisagra que conecta el mundo de la necesidad, ordenado por las reglas del entendimiento, con el mundo de la libertad, guiado por los ideales de la razón.

La obra se centra en el concepto de la “finalidad sin fin”, una idea que permite a la razón encontrar un principio organizador en la naturaleza sin tener que recurrir a la metafísica o a la divinidad. Este concepto es la clave de la bóveda del sistema kantiano, un principio que permite que la razón actúe como unificadora de las dos legislaciones previas: la naturaleza y la libertad.

El papel de Kant en la estética es fundamental, ya que la elevó a una disciplina filosófica independiente y la dotó de un rigor conceptual sin precedentes. Su análisis del “juicio estético” se adentra en el misterioso terreno de la belleza y es considerado el punto de partida de la filosofía moderna del arte. Kant pregunta: ¿por qué decimos que algo es bello? La respuesta no reside en el objeto, sino en una facultad de nuestro espíritu que es capaz de juzgar sin la mediación de un concepto. Un juicio de gusto, a diferencia de uno cognitivo o moral, no busca decir qué es el objeto, sino expresar una “satisfacción desinteresada”.

El placer que sentimos al contemplar una flor no se debe a que queramos poseerla o a que nos sea útil, sino que proviene de la pura contemplación de su forma. Esta falta de interés es lo que dota al juicio estético de su peculiar universalidad: al no estar atado a un deseo personal, sentimos que cualquier otro ser racional debería compartir nuestra misma apreciación. Es una universalidad sin concepto, una pretensión de validez que no puede ser demostrada lógicamente, pero que se siente como necesaria. La belleza, en este sentido, nos produce la sensación de una “finalidad sin fin”, de que el objeto fue creado con un propósito, de que sus partes encajan de forma armoniosa y perfecta, pero no podemos atribuirle un fin real o empírico. Es la razón la que encuentra en la naturaleza una armonía que, aunque no podamos probar, nos hace percibir una profunda concordancia entre el mundo y nuestra facultad de juzgar.

Junto a la belleza, Kant explora la experiencia de lo “sublime”. Lo sublime no nos produce un placer sereno y confortable, sino una mezcla de placer y dolor, de admiración y terror. A diferencia de lo bello, que se encuentra en la forma finita, lo sublime se manifiesta en la inmensidad y el poder de la naturaleza, como una tormenta en el mar o una montaña imponente. El juicio sobre lo sublime no está en el objeto mismo, sino en el observador. La imaginación, al enfrentarse a la inconmensurable magnitud de la naturaleza, se siente abrumada y desbordada. Sin embargo, en este mismo fracaso, nuestra razón emerge victoriosa, recordándonos nuestra superioridad como seres morales y racionales, que pueden pensar más allá de la fuerza bruta de la naturaleza. Lo sublime, por tanto, conecta el mundo natural con el mundo moral, recordándonos nuestra dignidad como seres racionales capaces de postular la libertad.

También, Kant introduce aquí el concepto de “genio” para explicar la creación de la belleza artística. El genio no es un artesano que sigue ciertas reglas, sino que es la facultad innata de crear aquello para lo que no puede haber una regla fija. Es el talento de producir lo que, sin ser imitado, sirve de modelo para los demás. El genio nos ofrece un “ejemplo” que otros pueden seguir, no mediante la imitación de su técnica, sino de su espíritu. Por otro lado, el buen gusto es la facultad para juzgar la obra de arte, una cualidad que no crea, sino que evalúa. Sin el buen gusto, el genio sería una fuerza caótica, porque es el principio que permite que la obra sea universalmente apreciada, una cualidad que Kant consideraba esencial para la cultura.

En este contexto, la lectura profunda de la “Crítica del juicio” puede representar una crítica certera a la estética decadente de la posmodernidad. En una época donde el arte se reduce a la provocación caprichosa, la autorreferencialidad o el kitsch, la noción kantiana de una belleza que exige universalidad y que se fundamenta en un juicio desinteresado parece un faro en la oscuridad. El arte posmo-progre, como hemos dicho en reiteradas oportunidades, cae en la trampa de la pura particularidad, apelando a los intereses egoístas o a sentimientos meramente subjetivos, en lugar de intentar trascenderlos. Al desdibujar la línea entre el buen gusto y la mera opinión, la estética contemporánea ha perdido la capacidad de juicio y con ella, la posibilidad de un debate serio sobre lo bello. El retorno a la reflexión kantiana también nos invita a restaurar el valor de la belleza como un universal que, sin ser un concepto, nos permite comunicarnos y reconocer nuestra humanidad compartida.

Profundizando aún más en la obra, podemos notar que en la segunda parte de la “Crítica del juicio”, Kant se adentra en el “juicio teleológico”, abordando la pregunta de si podemos ver en la naturaleza una finalidad o un propósito. Al observar un organismo vivo, como un árbol, vemos que sus partes (raíces, tronco, hojas) se relacionan entre sí de tal manera que cada una es, a la vez, causa y efecto de la otra. El árbol parece estar organizado “con un fin”. Sin embargo, Kant insiste en que no podemos afirmar, a nivel de conocimiento objetivo, que la naturaleza tenga un propósito final, puesto que esto sería una violación de los límites de la razón pura.

La finalidad, por lo tanto, no es una propiedad de la naturaleza, sino un principio regulador de nuestro juicio. Es una herramienta metodológica que usamos para ordenar el caos de las leyes naturales y entender fenómenos complejos. La finalidad de la naturaleza no es un hecho que conocemos, sino una suposición necesaria para que la ciencia biológica sea posible. Así, el juicio teleológico nos permite pensar en la naturaleza “como sí” estuviera organizada por una inteligencia, sin tener que afirmar la existencia de esa inteligencia de forma dogmática.

Como podréis apreciar, caros lectores, la “Crítica del juicio” no es un apéndice menor del sistema kantiano, sino la pieza que lo unifica. Su lectura hoy es esencial porque nos ofrece una perspectiva para reconciliar las dicotomías de nuestro tiempo. En una era de especialización extrema, donde la ciencia y la moral parecen hablar de lenguajes distintos, la obra de Kant nos recuerda la importancia de buscar un principio de unidad en la diversidad. Como señaló el filósofo Ernst Cassirer en su obra “Kant, vida y doctrina” (1921), esta obra “no es una simple adición al sistema. Es, por el contrario, la clave para la arquitectura de todo sistema”. La belleza y la finalidad de la naturaleza no nos dan conocimiento de la divinidad, pero sí nos ofrecen una analogía sensible de la moralidad, permitiendo a la razón habitar un universo que no es ni completamente mecánico ni completamente caótico. El juicio, para Kant, es esa facultad que nos permite percibir que, más allá de la necesidad y la libertad, hay una armonía que hace habitable el mundo para el ser humano.

Para cerrar, insistimos en la necesidad filosófica de no endiosar a nadie, ni siquiera a los más importantes pensadores que sentaron las bases del pensamiento occidental. Así, es imprescindible cuestionar que si bien la “Crítica del juicio” intenta resolver la fractura del sistema kantiano, ¿lo logra realmente? ¿Es suficiente una “analogía” o una “finalidad subjetiva” para conciliar la necesidad del mundo natural con la libertad moral? ¿Qué significa que un juicio estético sea universalizable sin un concepto que lo justifique? ¿Acaso no es esto una contradicción inmanente? Y, en última instancia, ¿puede una ética fundada en la razón pura ser verdaderamente autónoma si su sentido último depende de la postulación de una armonía que sólo es posible en el mundo del idealismo?

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Boletín del Círculo de Reflexión Política Siglo XXI N°45: FMLN confirma candidatura presidencial, unidad cyan y la amistad Trump-Bukele impulsan el proyecto de nación en El Salvador

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El Círculo de Reflexión Política Siglo XXI publicó su Boletín Informativo N°45, correspondiente a la semana del 20 al 26 de julio de 2026, donde analiza el panorama político salvadoreño con énfasis en las elecciones internas de la oposición y los avances del proyecto de refundación nacional.

Uno de los temas centrales es la candidatura sorpresiva y divisiva de Rafael Aguirre por el FMLN a la presidencia. Aunque previsible por su trayectoria de izquierda, su decisión de competir en las presidenciales contradice las voces opositoras que promueven el boicot electoral alegando falta de condiciones democráticas. Esta participación evidencia las profundas divisiones en la oposición, con críticas internas que acusan al FMLN de “legitimar la dictadura”, reflejando falta de madurez y estrategia coherente.

El boletín subraya que, para los partidos “cadáveres” tradicionales como ARENA y FMLN, da igual qué candidato presenten. Estos partidos perdieron legitimidad por décadas de corrupción, clientelismo y abandono del pueblo. Ningún rostro nuevo o reciclado puede competir contra la realidad de un El Salvador transformado: sin miedo, con infraestructura moderna, salud digna y estabilidad económica. La política ya no es promesa, sino experiencia tangible.

Se destaca la amistad de larga data entre Donald Trump y Nayib Bukele, basada en coincidencias ideológicas y prácticas: lucha contra pandillas, corrupción, ideología de género y progresismo. Esta relación se tradujo en apoyo concreto durante la pandemia, como la donación de ventiladores y equipo médico. El éxito de Bukele en reducir la emigración benefició también la seguridad de Estados Unidos.

Otro eje es la construcción de un nuevo país. El liderazgo de Bukele ha permitido reinventar El Salvador, conquistando el “infrarrelato” cotidiano de la gente y rompiendo paradigmas. Los opositores, en negacionismo, no comprenden estas transformaciones disruptivas que colocan al país en el siglo XXI.

Finalmente, se enfatiza que la unidad sostiene el proyecto de nación. La figura de Bukele mantiene cohesionado el esfuerzo de Nuevas Ideas y las instituciones del Estado. Se llama a fortalecer la bancada cyan en la Asamblea y resolver diferencias internas para consolidar gobernabilidad y avances. El boletín cierra reflexionando sobre outsiders políticos y la necesidad de pasar del teclado a las urnas.

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El Mundial no cambió a los gigantes… cambió a los pequeños

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Randa Hasfura Anastas

Al final, la lógica terminó imponiéndose.

Francia, España, Argentina e Inglaterra son las cuatro selecciones que llegaron hasta las semifinales. Si alguien mira únicamente ese dato, podría decir que este Mundial no tuvo nada de extraordinario. Los grandes siguen siendo los grandes.

Y tendría razón… pero solo a medias.

Porque si algo nos dejó esta Copa del Mundo no fue la caída de los gigantes, sino el nacimiento de quienes ya no les tienen miedo.

Hace algunos años era impensable imaginar a Paraguay eliminando a Alemania. O a Marruecos dejando en el camino a Holanda. O a Noruega sacando a Brasil del torneo. México llegó hasta enfrentarse de igual a igual con Inglaterra. Egipto hizo sufrir a Argentina. Cabo Verde demostró que ya nadie entra a una cancha solo para cumplir el calendario.

Los favoritos terminaron avanzando, sí. Pero ya no avanzan tan tranquilos.

Y esa diferencia dice mucho más de lo que parece.

Durante décadas vivimos con la idea de que siempre ganarían los mismos. Que las grandes potencias estaban destinadas a dominar mientras los demás simplemente competían con dignidad.

Hoy esa distancia sigue existiendo, pero cada vez es más corta. El fútbol solo nos lo “recordó”.

Porque eso mismo está ocurriendo fuera de las canchas.

El mundo ya no funciona como hace cincuenta años. Han aparecido nuevas economías, nuevos liderazgos, nuevas voces que reclaman un lugar en la mesa donde antes solo se sentaban unos pocos.

Independientemente de la opinión política que cada uno tenga, por ejemplo muchos ven en Palestina la imagen de un pueblo que continúa resistiendo frente a un adversario mucho más poderoso, las redes ayudaron a darle protagonismo en el mundo.

Y no significa que las potencias hayan dejado de ser poderosas. Significa algo mucho más sencillo: el resto del mundo decidió competir.

La historia está llena de ejemplos.

Hubo un Egipto que parecía eterno. El imperio de Alejandro Magno conquistó gran parte del mundo conocido. El Imperio otomano dominó durante siglos tres continentes. En su momento parecían imposibles de desafiar.

Sin embargo, todos terminaron comprendiendo la misma lección: ningún poder permanece intacto para siempre, no porque tienden a destruirse, sino porque otros comienzan a crecer.

Un gran ejemplo es El Salvador. Hace apenas unos años, muy pocos habrían apostado un solo peso por verlo destacar en el escenario internacional. Sin embargo, hoy aparece cada vez con más frecuencia en conversaciones sobre seguridad, inversión, turismo y transformación institucional. Demuestra que los países pequeños también pueden cambiar su destino cuando deciden competir y dejar de verse a sí mismos como débiles.

Quizá esa sea la verdadera enseñanza de este Mundial. No estamos viendo el fin de los gigantes, sino el final del miedo hacia ellos.

Tal vez esa sea también la mejor manera de entender el momento que vive el mundo. Los grandes siguen estando ahí. Siguen siendo fuertes. Pero ya no juegan solos.

Porque el cambio no comienza cuando el poderoso deja de ser fuerte.

El cambio comienza cuando el pequeño descubre que también puede ganar.

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