Nacionales
Mauricio Funes: “Ha habido corrupción en la construcción de la presa El Chaparral”
En una entrevista televisiva, el expresidente de la República, Mauricio Funes, quien se encuentra asilado en Nicaragua para evadir a la justicia salvadoreña, aceptó las irregularidades que pesan en su contra por la construcción de la presa hidroeléctrica al norte del departamento de San Miguel: “¿Que ha habido corrupción en El Chaparral? Si ha habido corrupción en El Chaparral”, admitió el exmandatario.
Por este caso, la Fiscalía General acusa a Mauricio Funes y a 5 personas más por los delitos de Peculado, Cohecho activo, Lavado de dinero y activos y Agrupaciones ilícitas.
El resto de acusados son el expresidente de CEL, Leopoldo Samour; el expresidente de CIFCO y amigo personal de Funes, Miguel Menéndez; el representante de la empresa constructora Astaldi, Mario Pieragostini; la actual compañera de vida del expresidente, Ada Michell Guzmán y José Efraín Quinteros.
En el requerimiento fiscal se plantea que Funes y Miguel Menéndez (Mecafé) crearon empresas a Panamá para el deposito de $ 3.5 millones en concepto de soborno, luego de lograr una cuerdo para caducar la obra y evitar un arbitraje internacional entre el Estado salvadoreño y la constructora Astaldi.
Según consta en el proceso, este dinero fue utilizado para la construcción de un Spa en una prestigiosa residencial del sur de la capital, el cual era administrado por la actual compañera de vida de Mauricio Funes.
El exmandatario enfrenta 5 procesos judiciales más en el país, por delitos relacionados a actos de corrupción, negociar con pandillas y revelar información reservada en el caso “fondos de Taiwan”.
La construcción de la presa continúa por el actual Gobierno, quien la ha catalogado como el «Monumento a la corrupción«; al pasar de un costo inicial de $ 219 millones a $ 759 millones.
Nacionales
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Nacionales
Soyapango: vendedores dejan las calles antes del 20 de septiembre; arranca la fase 1 del reordenamiento
La Alcaldía de San Salvador Este informó que comerciantes informales siguen retirando sus puestos de las calles de Soyapango. Lo presenta como desalojo voluntario, primer paso de la revitalización de calles, aceras y espacios públicos. La fase 1 empieza el 20 de septiembre y cubre Calle Roosevelt, 2.ª Calle Oriente, avenida Cuba y los sectores frente a Walmart, Plaza Mundo y la Central de Abastos. En anuncios previos la comuna también incluyó avenida Rosario Sur y el bulevar del Ejército.
El plazo no nació ayer. Los vendedores recibieron notificaciones a inicios de septiembre: fecha límite, el 20. Varios dijeron a La Prensa Gráfica que no se oponen al orden, pero pidieron quedarse hasta diciembre para aprovechar las ventas de fin de año y pagar deudas. El concejal Cayetano Cruz (FMLN) habló de unas 450 familias afectadas y de alternativas poco claras. La alcaldía ha mencionado reubicación en el ex IRA de San Martín y en locales de Soyapango; los comerciantes insisten en que, al notificarlos, no les entregaron un puesto concreto.
Esto ya se ensayó. En junio la comuna retiró 33 puestos de la 8.ª avenida Norte y habló de espacios vacíos en el mercado central; parte de los afectados denunció que el nuevo sitio había que acondicionarlo con su propio dinero. El mismo tipo de reordenamiento se aplicó en los alrededores del Mercado Central de San Salvador Centro. Recuperar aceras es la tesis oficial: peatones y carros sin obstáculo. El otro lado es el ingreso diario de quien lleva años —a veces décadas— vendiendo en la vía pública.
Desde las 10:00 p. m. de este sábado 19 hasta las 6:00 a. m. del domingo 20 hay circulación controlada en 4.ª Avenida Sur (Cuba), 2.ª Calle Oriente, Franklin Roosevelt Oriente y 6.ª Avenida Norte. Quien circule por Soyapango debe buscar ruta alterna. El debate no se acaba el domingo: calles despejadas contra sustento informal. El dato que falta, y que van a exigir los vendedores, es dónde van a trabajar el lunes.

Judicial
Condenan a 10 años por estafa agravada en San Miguel: cobró $3,000 por dos Toyotas de EE. UU. y desapareció
El Tribunal Primero de Sentencia de San Miguel condenó a diez años de prisión a José Ricardo Bado Rodríguez por estafa agravada contra dos hombres a los que prometió traer vehículos desde Estados Unidos. El fallo, informado por la Fiscalía y el centro judicial, se dictó en rebeldía: el procesado no compareció y hay orden de captura vigente para que cumpla la pena.
El modus operandi fue telefónico. Bado Rodríguez se presentó como importador, pidió $1,500 de anticipo a cada víctima —$3,000 en total— y se comprometió a exportar dos Toyota, años 2006 y 2012, con entrega aproximada en agosto de 2019. El dinero se lo entregaron el 2 y el 3 de mayo de ese año. Después cortó el contacto. Las víctimas denunciaron el 28 de agosto de 2019, cuando no hubo ni carros ni respuesta.
Entre la denuncia y la condena pasaron siete años. Eso no anula el delito: el tribunal valoró las pruebas en vista pública y calificó los hechos como estafa agravada, no como un simple incumplimiento comercial. En El Salvador este esquema —anticipo por un “carro de afuera” que nunca llega— se repite. La diferencia, en este caso, es que el expediente llegó a sentencia firme y a una pena de una década.
Mientras Bado Rodríguez no sea detenido, la condena queda en papel. La orden de captura sigue activa. Quien pague adelantos por importaciones debería exigir contrato, datos fiscales y rastro del trámite aduanal; sin eso, el riesgo no es solo perder $1,500: es entrar en un proceso que, como este, puede tardar años.




