ENTREGA ESPECIAL
CONFESIÓN | “Mi historia la cuento yo, fui a la estación de policía y dije: ´Acabo de matar a mi hermano´”
Cuando Marta Álvarez llegó a la comisaría, sabía lo que pasaría a continuación: sería condenada por la muerte de su hermano. De hecho, ella misma fue hasta la estación policial y se entregó.
Lo que no sabía es que una vez encerrada, sufriría una nueva condena solo por ser lesbiana.
Esa condena incluyó 17 traslados de cárceles a lo largo de Colombia y tres instancias de confinamiento solitario por besar a una compañera.
Su pelea por los derechos humanos de las personas LGBT en las prisiones colombianas duró sus 10 años de reclusa, pero terminó 14 años después de salir en libertad.
En 2017 un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos obligó al estado colombiano a cumplir con una serie de acuerdos que incluyó pedirle disculpas públicas a Álvarez por haberla discriminado por su orientación sexual.
El hecho fue catalogado como «histórico» por los medios locales.
También publicó sus memorias, tituladas «Mi historia la cuento yo», y cambió el reglamento de cárceles para garantizar las visitas íntimas a parejas del mismo sexo.
A semanas de haber vuelto a vivir a Colombia tras años en Estados Unidos, Álvarez habló con BBC Mundo sobre su vida antes, durante y después de la cárcel, entrevista se comparte a continuación en primera persona porque, como dice el título de su libro, es su historia y ella ha de contarla.
Capítulo I: Santuario
En Colombia yo vivía -y vivo ahora- en un pueblo del departamento de Risaralda que se llama Santuario, ubicado en la cordillera occidental de los Andes.
Pero cuando tenía 19 años mi papá me envió a Estados Unidos.
Fue por razones de seguridad, porque aquí me estaban amenazando por ser abiertamente lesbiana. Entonces mi papá pensó que era prudente que me fuera antes de que sucediera algo.

Foto: cortesía Marta ÁlvarezEl fútbol es una de las pasiones de Álvarez. En Estados Unidos llegó a jugar en equipos de primera división amateur.
Me envió con un hermano mayor, también gay, a Boston, Massachusetts.
Allá estudié programación de computadores, unos lenguajes que hoy en día ya no existen, porque son obsoletos. Esto me ayudó a conseguir un trabajo mejor.
Luego empecé a estudiar farmacia, que siempre fue mi profesión principal. Y jugué mucho fútbol. No existía el fútbol profesional femenino en esos días, pero llegué hasta equipos de primera división amateur.
Hasta que, en 1993, regresé a Colombia otra vez. De ahí para acá fue cuando ocurrieron los hechos.
Volví a Colombia porque mi hermana me lo pidió. Yo tenía un hermano menor que era adicto a las drogas, al licor y a todo tipo de sustancias. La situación se estaba volviendo insoportable y, como él y yo nos queríamos tanto, ella pensó que si yo venía a Colombia y hablaba con él, me iba a hacer caso.
Pero no. Ya fue demasiado tarde. Cuando vine, él ya no respondía a nada.
La primera vez que lo vi, yo estaba muy contenta. Lo quise abrazar, pero él me esquivó y no quiso que me acercara. A mí me pareció muy extraño porque siempre fuimos muy unidos.
Después de eso ya empezó a atacarme, a insultarme, a golpearme y yo acudí a las autoridades. Inclusive fui donde el cura y el médico del pueblo. Nadie, nadie me ayudaba.
Foto: cortesía Marta Álvarez»Me estaban amenazando por ser abiertamente lesbiana», cuenta Álvarez. En la foto está en la marcha gay de Washington de 1987.
También fui a la Defensoría del Pueblo en Pereira, que es la capital del departamento, pero con tan mala suerte que ese día había mucha gente y no me pudieron atender.
Pero antes de eso, mi hermana y yo le habíamos instaurado una tutela a mi hermano, reclamando el derecho a vivir en paz, pero la Justicia falló en contra. Entonces ninguna autoridad me ayudaba. Nadie, nadie, nadie.
Hasta que decidí irme. Creo que por alguna razón las cosas pasan.
Capítulo II: La pelea
Me fui a Pereira un viernes y el otro día recordé que tenía una cita en la casa con unos políticos por la noche. Entonces cuando regresé a Santuario, me encuentro a mi hermano drogado y alcoholizado, y empezó a insultarme otra vez.
Entonces yo fui donde dos policías que vi cerca de la casa y les pedí el favor de que se lo llevaran. Siempre hacíamos eso cuando él estaba así: pedíamos que lo llevaran para el cuartel hasta que se le pasara el efecto. Regresaba resentido pero, aún así era menos peligroso.
Pero estos señores dijeron que no podían subir porque no tenían autorización y yo les expliqué que me sentía insegura con él en ese estado. Ellos igual no quisieron entrar.
Con miedo y todo, volví. Ahí fue cuando se ocasionó la pelea entre mi hermano y yo.
Empezamos a discutir. Él siempre me trataba muy mal, pero en un momento lo que a mí me trastornó -y digo «trastornó» porque yo no sé qué me pasó- es que él tenía una pantaloneta, como una bermuda, sacó el pene y me dijo: «Chupe, chupe», y se me acercó.
Ahí fue cuando me dio una cosa que yo no sabría explicar. Yo tenía una pistola que había comprado precisamente para defenderme, porque días antes mi sobrino nos había reunido en la casa, con mi hermano presente, y dijo: «Tío, yo lo escuché anoche contratando a un sicario para que matara a mi tía».
A mí se me ocurrió que para al menos tener una posibilidad de defenderme, necesitaba un arma. Por eso, ese día la tenía.

Foto: cortesía Marta Álvarez
Álvarez en la cárcel de Pereira, en 1994.
Entonces, cuando él sacó el pene, a mí se me fue el mundo. Yo sentí como que todo se me salió de dentro. Es que no tengo ni palabras para explicar lo que sentí.
Saqué la pistola y le dispare. Y ya.
Entonces salí de la casa y me fui para la estación de policía y dije: «Acabo de matar a mi hermano». Me metí en la celda y esperé a que le pusieran candado.
Capítulo III: La distinta
Cuando todo esto ocurrió, no me acuerdo si tenía 34 años o los iba a cumplir. Pero llegué a la cárcel y me asusté porque nunca había estado en la cárcel y las personas con las que yo me rodeaba, eran personas trabajadoras y profesionales de Boston.
En la cárcel me encontré con gente de todas las clases, mujeres drogadictas… de todo.
Sin embargo, yo pensaba que había actuado en defensa propia y que iba a salir pronto. Me terminaron condenando a 33 años y cuatro meses de cárcel.
Había internas que eran lesbianas, pero yo era diferente porque estaba acostumbrada a la cultura norteamericana. Tenía otro concepto de lo que es el respeto hacia los demás, el derecho a la igualdad y al libre desarrollo de la personalidad. Pero ellas no entendían o no lo sabían.

Foto: cortesía Marta Álvarez El año pasado, cuando aún vivía en Estados Unidos, Álvarez fue a Nueva York a celebrar el 50 aniversario de Stonewall.
También les daba mucho miedo porque el mecanismo que utilizaba el INPEC (Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario) para amedrentar al personal interno, sobre todo a las mujeres, era trasladarlas a otros centros penitenciarios y, de esta manera, alejarlas de las familias, de los hijos y de las parejas que tienen dentro de la cárcel.
Las separaban. Y por eso les daba mucho miedo alzar la voz.
Cuando yo llegué las internas me contaron que había una interna en el calabozo, que ya llevaba como tres o cuatro meses en confinamiento solitario porque le dio un beso a otra muchacha. A mí eso me pareció demasiado. Entonces me contacté con la Defensoría del Pueblo.
La defensora regional en esos días era la doctora Marta Tamayo, que fue quien me representó en el caso contra el estado colombiano hasta que se ganó.
Ella vino a la reclusión y me dijo que sabía lo que estaba pasando, pero que necesitaba que alguien denunciara, que alguien pusiera la cara, y me preguntó si yo de verdad me quería arriesgar, porque lo que se me iba a venir encima era duro.
Yo le dije que sí, porque esto no se podía seguir así. Me dolía. Y entonces decidimos que íbamos a dar pelea.
Capítulo IV: Los traslados
A mi me trasladaron un total de 17 veces, repitiendo la misma cárcel varias veces en algunos casos. Las excusas eran muchas.
Decían que yo era un peligro para el centro carcelario porque yo amotinaba a las internas y que las amenazaba si no lo hacían. Eso nunca sucedió.
Decían que yo había tratado de golpear a una guardiana, cosa que tampoco nunca sucedió. ¡Ni siquiera decía malas palabras en ese entonces! Algunas internas incluso me decían que tenía que aprender a pelear, porque creían que me la montaban por boba.

Foto: cortesíoa Marta Álvarez
Álvarez en la cárcel de Pereira, en 1995.
También utilizaban otras formas de castigo: meterme al calabozo, quitarme visitas, no dejar entrar a mi familia…
Mi familia también sufrió, porque mi hermana iba a visitarme a veces y no la dejaban entrar. Y de mi pueblo a Pereira son dos horas de trayecto. Entonces mi hermana iba, me compraba un pollito en algún restaurante y no la dejaban entrar. «Su familia no vino a visitarla», me decían.
O cuando me metía en el calabozo, obviamente nadie podía ir a verme.
Ya cuando me condenaron, por razones de seguridad me trasladaron a una cárcel más grande. Es que la de Pereira era pequeña y me trasladaron para Medellín y allí también surgieron problemas porque conformé un Comité de Derechos Humanos. Entonces me trasladaron para Bogotá.
Y así era. Siempre sacaban una excusa para trasladarme a cualquier parte. Mientras más lejos, mejor.
Yo era un problema para ellos porque peleaba por los derechos humanos de las lesbianas, por el derecho al libre desarrollo de la personalidad, el derecho a no ser discriminadas.
A nosotras nos metían al calabozo, nos trasladaban, nos castigaban por ser lesbianas. Era el único motivo. Nos trataban diferente.
Entonces mi pelea era por los derechos de la lesbianas porque por las heterosexuales no había que pelear: ellas tenían todo. Un ejemplo eran las visitas íntimas.
Cuando estaba en Pereira, le dije a Marta (Tamayo) que yo también quería tener la visita íntima con mi compañera, que estaba libre. Ella me dijo: «Se la van a negar, pero a partir de ahí es que vamos a empezar».

Foto: cortesía Marta Álvarez
Estudió farmacia, que siempre fue su profesión principal. En la imagen se la ve en su último trabajo en Cambridge, Estados Unidos.
Entonces solicité la visita íntima con mi compañera y ahí fue donde surgió la problemática mayor.
El director de la cárcel dijo que no, que no, que no y que no: que eso era inmoral, que se podría presentar suplantación de persona, que qué dirá el arzobispo, que es un mal ejemplo para los niños… Se presentaron un montón de argumentos ilógicos y obviamente se me negó y trasladó.
También terminé en confinamiento solitario tres veces por pelear por derechos humanos. La primera vez fueron 10 días, la segunda fueron 15 y después como una semana.
Es difícil el confinamiento. Te deteriora mentalmente y psicológicamente. En mi caso, además, no comía. Bajé mucho peso todas las veces y salía muy resentida porque no había hecho nada para merecerlo.
Y el odio se me acumuló durante todo el tiempo que estuve presa.
Esa es la vida de uno, es como la casa. Entonces llegas a un lugar, empiezas a acostumbrarte, a construir lazos afectivos con la gente, a hacer amigas. De pronto empiezas una relación afectiva con alguna chica y estas personas se enteran, te envían para otro lado y te lo rompen.
Es muy doloroso. Uno sabe que no va a volver, que a la persona que era la pareja no la volverá a ver nunca o por lo menos mientras siga encerrada.
Entonces el calabozo me generaba mucho rencor, mucho odio, mientras que los traslados y que me separaran de las personas que tenía alrededor me generaba mucho dolor.
Foto: cortesía Marta ÁlvarezÁlvarez en la cárcel en Bogotá, en 1998.
Creo que es peor el dolor que el odio.
Capítulo V: La libertad
En Colombia, con buena conducta, pagas las tres quintas partes de la pena. Además, uno trabaja, estudia y todo eso es redención de pena. Ya luego está la libertad condicional, donde uno sale, pero con restricciones.
Por eso pude salir con solo 10 años de prisión.
El día en que salí tenía mucha expectativa, muchas ganas de irme. Mi familia se ofreció a recogerme, pero yo les respondí que no: «Llegué sola y sola me voy». Siempre he sido muy independiente.
Pero salí sintiendo nostalgia porque, después de todo, le cogí amor a la cárcel. Es como el síndrome de Estocolmo, que uno se enamora del secuestrador.
Salí y fui a coger un taxi para irme al terminal para volver a Santuario y en eso pasa un furgón de la cárcel y me pregunta a dónde iba. Y se ofrecieron a llevarme.
Me subí en la parte de atrás del furgón con una maletica y con la puerta abierta. Siempre que me movilizaban era con la puerta cerrada y ese calor y olor a gasolina quemada que me mareaba. Y ahorita yo estaba con esa puerta abierta y tranquila.

Foto: cortesía Marta Álvarez
Álvarez en la cárcel de Bogotá, en 2000.
Cuando llegué al terminal, me bajé y me fui. Y pensé: «Todas las puertas están abiertas, todas las puertas están abiertas. Esto es increíble».
Pero no terminó ahí.
Capítulo VI: Álvarez vs Colombia
Cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos aceptó la demanda, me dio mucha alegría. Sentí que se había dado un paso muy grande y que de eso no se podía retroceder. Sin embargo, sabíamos que se iba a demorar.
La demanda se presentó el 18 de mayo del 96 y la Corte Interamericana de Derechos Humanos la remitió en mayo del 99, tres años después. Yo salí el 18 de diciembre de 2003.
Siempre sentí una solidaridad muy grande con las muchachas, porque sufrían mucho. Entonces no podía abandonarlas: ellas lo necesitaban. Así que el caso se siguió y se siguió y se siguió.
Fueron muchos años y a veces estábamos cansados. A veces se nos bajaron los ánimos.
Hubo un momento en que el Estado me propuso una indemnización y dejarlo todo así. Mi abogada me preguntó: «¿Usted qué piensa?». Y yo: «No, no, no, no. La indemnización sí, pero hay otras cosas que tenemos que hacer».
Ahí fue cuando decidimos al acuerdo con el estado colombiano, que firmamos el 14 de julio del 2017.
Cuando estaba en la cárcel, escribí todas mis memorias. Simplemente estaba escribiendo como un diario. Entonces mi abogada me sugirió que por qué no publicamos ese libro para que la gente se diera cuenta qué fue lo que pasó.

Foto: Ministerio del Interior de ColombiaEl libro «Mi historia la cuento yo» de Marta Álvarez fue editado y distribuido por el estado colombiano tras un fallo de la Comisión Interamericana de Derecho Humanos.
Entonces un acuerdo era que se editara, publicara y divulgara el libro que escribí, que se llama «Mi historia la cuento yo», que contiene mi diario. El Estado imprimió 8.000 ejemplares que se repartieron gratuitamente en todos los centros de reclusión y en bibliotecas del país.
Otro acuerdo fue la modificación del reglamento general penitenciario y el reglamento interno de los 132 centros de reclusión en el país, con el fin de garantizar el derecho a la diversidad sexual de las personas en prisión.
Las modificaciones contienen, además de la regulación de la visita íntima entre personas del mismo sexo, la obligación respecto de los derechos de las personas LGBT privadas de la libertad y el derecho a las personas trans a ser llamadas conforme a su género y a ingresar a los centros de reclusión artículos de uso personal acordes con su identidad.
Entonces, dentro del código quedó establecido que tienen derecho a que se les entre su labial, sus zapatos o lo que sea que necesiten o que quieran.
Otro acuerdo fue diseñar y desarrollar un programa de formación continua para el personal directivo administrativo y de guardia en cárceles sobre derechos de hombres y mujeres LGBT en prisión. En esto se está avanzando.
También se creó un observatorio virtual de jurisprudencia a favor de las personas LGBT privadas de la libertad y una mesa de seguimiento.
La reparación material por los perjuicios morales ocasionados a mí también ya se cumplió.
Capítulo VII: Santuario otra vez
A mi última compañera la conocí en la cárcel. Salimos y nos casamos en Estados Unidos. Pero nos divorciamos porque yo tengo un espíritu muy libre y a mí no me gusta estar atada a las cosas: a mí me gusta moverme cuando yo quiera y hacer lo que yo quiera.

Foto: cortesía Marta Álvarez
Álvarez rescató a una gata de 6 meses y le puso de nombre Mara Lucía. «Es mi hija», cuenta.
Ella se quedó y yo me volví para mi pueblo. Ya estuve muchos años allá y me cansé. Ya estoy aquí en mi casa relajadita con mi gatica, que es mi hija. Se llama Mara Lucía y tiene 6 meses. La adopté luego de ser abandonada apenas al mes de nacida.
Soy feliz. Por fin puedo decir que soy feliz.
Me arrepiento de haberle dado muerte a mi hermano. Me arrepiento mucho. Creo que de pronto mi hermano dejó de sufrir, porque sufría en vida.
Y yo llegué a la cárcel y sí, sufrí también, pero no me arrepiento de eso.
Creo que la vida a pesar de lo difícil, lo duro que fue el incidente con mi hermano, pienso que algo tenía que ponerme a mí en la cárcel y por muchos años. No por dos o tres meses, sino por muchos años, porque esa pelea había que darla.
Había mucha gente sufriendo y solo una persona como yo era capaz de hacerlo.
Siento que el universo me tenía destinada a estar ahí.
Créditos: Semana.com
ENTREGA ESPECIAL
Abogados denuncian presunta injerencia de juez de EE. UU. en proceso penal de El Salvador
Representantes legales vinculados a Terra Towers y TBS Management solicitaron la intervención de la Fiscalía y Cancillería ante decisiones del juez federal Lewis A. Kaplan que, según sostienen, han producido efectos sobre actuaciones judiciales y bienes relacionados con un proceso penal abierto en territorio salvadoreño.
Abogados acuden a Fiscalía y Cancillería
Dos abogados salvadoreños acudieron a la Fiscalía General de la República (FGR) y al Ministerio de Relaciones Exteriores para solicitar la intervención de ambas instituciones frente a una serie de decisiones adoptadas por el juez federal estadounidense Lewis A. Kaplan, del Distrito Sur de Nueva York.
Los representantes legales de Terra Towers Corp. y TBS Management plantearon mediante escritos formales lo que consideran una injerencia en la jurisdicción salvadoreña, al sostener que determinadas resoluciones dictadas en Estados Unidos han terminado repercutiendo sobre procedimientos judiciales que se desarrollan en El Salvador.

La controversia forma parte de una prolongada disputa empresarial por el control y eventual venta de Continental Towers Latam Holdings Limited, compañía dedicada al desarrollo y operación de infraestructura de telecomunicaciones en varios países de América Latina.
Documentos del tribunal federal estadounidense identifican a Terra Towers y TBS Management como accionistas mayoritarios de Continental, mientras que Telecom Business Solution y Latam Towers —vinculadas a Peppertree— y AMLQ Holdings figuran entre los inversionistas minoritarios. El mismo expediente señala que AMLQ es una afiliada de Goldman Sachs.
Una disputa empresarial que llegó a los tribunales
El conflicto entre los socios terminó trasladándose a un arbitraje en Nueva York y posteriormente a los tribunales estadounidenses. Desde entonces, las partes han protagonizado una extensa batalla jurídica que ha producido laudos arbitrales, órdenes judiciales, sanciones por desacato y decisiones relacionadas con el control y las acciones de Continental Towers.
La protesta presentada en El Salvador sostiene que las consecuencias de algunas de esas decisiones habrían trascendido la controversia estadounidense y alcanzado a sociedades y procedimientos sometidos a la jurisdicción salvadoreña.

Uno de los principales cuestionamientos se relaciona con una resolución emitida en abril de 2025. Según los escritos de los abogados, Kaplan dispuso el desistimiento de un amparo presentado ante la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia de El Salvador, además de la revocación de un arbitraje iniciado ante la Cámara de Comercio e Industria del país.
La medida contemplaba multas coercitivas que comenzaban en $10,000 diarios y podían incrementarse cada 14 días mientras persistiera el incumplimiento. Los representantes legales salvadoreños sostienen que esa presión económica llevó a la representante de Continental Towers El Salvador a desistir del proceso constitucional.

El traspaso de las acciones eleva la controversia
El conflicto escaló nuevamente en 2026.
De acuerdo con la documentación presentada por los abogados, el 21 de enero de 2026 se produjo una nueva decisión relacionada con la entrega de las acciones que Terra Towers y TBS Management mantenían en Continental Towers Latam Holdings.
Posteriormente, el 7 de mayo, Kaplan declaró en desacato a las sociedades y estableció un plazo para concretar el traspaso. Ante el incumplimiento de la orden, el secretario del tribunal estadounidense quedó facultado para ejecutar los documentos necesarios para efectuar la transferencia.
Esta parte del conflicto también consta en el expediente federal de Nueva York. La resolución del 7 de mayo señala que Terra Towers y TBS Management habían incumplido una orden que exigía transferir sus acciones como satisfacción total o parcial de una sentencia superior a $300 millones a favor de los peticionarios. El tribunal estadounidense sostiene que las sociedades habían desobedecido reiteradamente resoluciones anteriores.
Esta última precisión resulta relevante porque muestra las dos posiciones enfrentadas: mientras los representantes salvadoreños cuestionan los efectos que las decisiones estadounidenses habrían producido sobre asuntos sometidos a la justicia de El Salvador, el tribunal de Nueva York sostiene que sus actuaciones forman parte de la ejecución de laudos arbitrales y sentencias previamente dictadas dentro de esa controversia.
Denunciantes señalan efectos sobre un proceso penal salvadoreño
Para los abogados que acudieron a la FGR y Cancillería, el problema adquiere una dimensión mayor porque el traspaso de las acciones habría generado consecuencias sobre bienes relacionados con un proceso penal que permanece activo en El Salvador.
El expediente es conocido por el Tribunal Sexto contra el Crimen Organizado de San Salvador e incluye señalamientos por los delitos de estafa agravada, extorsión agravada y agrupaciones ilícitas contra cinco personas relacionadas con la disputa empresarial, según la documentación proporcionada por los denunciantes.
Los representantes legales afirman que existen órdenes de arresto contra los procesados y señalan que entre ellos figuran tres ejecutivos estadounidenses relacionados con Peppertree, a quienes describen como fugitivos. Asimismo, indican que esperan la tramitación de una difusión roja de INTERPOL para su localización y detención. La documentación base no señala que esa difusión roja ya haya sido emitida.
Terra Towers, TBS Management y las subsidiarias salvadoreñas aparecen, de acuerdo con los escritos, como víctimas reconocidas dentro de esa causa penal.
Piden valorar una protesta diplomática
Ante este escenario, los abogados solicitaron que las autoridades salvadoreñas informen al Gobierno de Estados Unidos sobre las actuaciones que cuestionan y que se valore la presentación de una protesta diplomática.
El argumento central de los denunciantes es que las resoluciones adoptadas por el tribunal de Nueva York podrían reducir la eficacia práctica de medidas dictadas por la justicia salvadoreña, especialmente aquellas relacionadas con consecuencias patrimoniales dentro del proceso penal.
El caso abre así un nuevo capítulo en una disputa corporativa que dejó de limitarse hace tiempo a un desacuerdo entre accionistas. El conflicto involucra ahora arbitraje internacional, resoluciones de una corte federal estadounidense, procedimientos judiciales en El Salvador y cuestionamientos sobre hasta dónde pueden extenderse los efectos de decisiones adoptadas en una jurisdicción extranjera.
Por ahora, la calificación de estas actuaciones como una “injerencia” corresponde a los abogados que presentaron los escritos ante las autoridades salvadoreñas. En paralelo, el expediente estadounidense muestra que el tribunal de Kaplan considera sus decisiones parte de la ejecución de obligaciones contractuales, laudos arbitrales y sentencias que ha confirmado durante el litigio. En junio de 2026, el mismo tribunal confirmó el laudo arbitral final y rechazó la solicitud presentada para anularlo.
ENTREGA ESPECIAL
VIDEO | Marbeli, la niña que enseñó que los sueños también se caminan de la mano de papá
El 15 de septiembre de 2026, entre música de bandas y celebraciones por la Independencia, Marbeli protagonizó una escena que conmovió las redes sociales. Vestida de cachiporra, avanzaba acompañada por su padre, quien la sostenía para que pudiera participar junto a sus compañeras. Las imágenes se viralizaron y despertaron el interés por conocer a aquella niña. Detrás del momento había una decisión muy suya: quería desfilar, y estaba dispuesta a prepararse para hacerlo.
Dos días después, el 17 de septiembre, nuestro equipo fue a buscarla en Ciudad Arce. El Colegio Reforma y su banda habían sido invitados a participar en un nuevo desfile, y aprovechamos la ocasión para conocer a Marbeli, a sus padres y a su instructora. Allí descubrimos una historia que merecía contarse más allá del video viral: la de una niña que reconoce sus propios avances y encuentra alegría en cada nueva experiencia.
«Siento que voy avanzando un paso más», Marbeli, estudiante y cachiporra del Colegio Reforma.

Su deseo de desfilar nació al observar a otras niñas realizar sus pasos. Marbeli quiso estar allí también y se lo pidió a su papá. Miguel Ángel Ramírez contó que no quería responderle con un no, pero necesitaba encontrar una manera de acompañarla tomando en cuenta sus necesidades. Habló con su esposa y consultaron con la fisioterapeuta. Consideraron alternativas, escucharon la insistencia de su hija y buscaron cómo prepararla. Después, al recordar los aplausos que recibieron durante el recorrido, describió lo que había sentido:
«Sinceramente, muy emotivo, muy alegre», Miguel Ángel Ramírez, papá de Marbeli.


Para Guadalupe Haydee Guevara, su mamá, acompañar ese deseo también significó organizar el tiempo y pensar en los apoyos necesarios. Marbeli tiene una rutina que incluye escuela, terapias y actividades de iglesia; incorporar la preparación del desfile requería dedicación. Su testimonio permitió conocer el trabajo que las imágenes virales apenas muestran: los horarios, los traslados y las decisiones de una familia que busca dar espacio a las aspiraciones de su hija.
«Se piensa primero cómo hacerlo», Guadalupe Haydee Guevara, mamá de Marbeli.


En esa preparación estuvo Adriana Bautista, conocida por Marbeli como Adri, instructora de cachiporras del Colegio Reforma. Ella explicó que se organizó con la mamá para realizar los ensayos. En el reportaje también la vemos peinar y maquillar a su alumna, compartiendo los preparativos de la presentación. Al hablar de sus cualidades, Adriana destacó su sonrisa y esa vitalidad que la acompaña. Marbeli, por su parte, reconoció en su instructora a alguien que la ayuda y la motiva.
«Siempre está con una energía increíble», Adriana Bautista, instructora de cachiporras del Colegio Reforma.

Durante el nuevo recorrido, Marbeli volvió a compartir las calles con sus compañeras, acompañada por sus padres y entre muestras de cariño del público. Sin embargo, su historia también abre una conversación sobre las oportunidades para participar. Miguel Ángel señaló que todavía existen barreras de accesibilidad y que la inclusión exige que el entorno responda a las necesidades de las personas con discapacidad. Su acompañamiento expresa amor familiar; su reflexión recuerda que las familias también necesitan condiciones que faciliten ese camino.
Marbeli tiene más sueños: durante la entrevista habló de ser actriz y pintora. El desfile es parte de una infancia con intereses, deseos y mucho por descubrir. Por eso, al recordarla como la princesa del 15 de septiembre, vale la pena escuchar lo que ella misma dice sobre su experiencia: siente que está avanzando. Su padre le ofrece las manos, su madre organiza y acompaña, su instructora enseña y anima. Marbeli pone el deseo de seguir.
Actualmente, Marbeli necesita una caminadora especial para continuar con su proceso de movilidad y rehabilitación. Por ello, las personas, empresas o instituciones interesadas en apoyarla mediante la donación completa de una caminadora médica y de rehabilitación neurológica pueden comunicarse con nosotros al teléfono 7599-9181.

Entre las especificaciones de la caminadora médica y de rehabilitación neurológica Dyaco Medical 8.0T, comercializada también bajo marcas como Spirit Fitness, se encuentran un motor de 3.0 HP de grado médico y capacidad de marcha bidireccional, tanto hacia adelante como en reversa. La velocidad hacia adelante puede regularse de 0.1 km/h a 22 km/h, en incrementos de 0.1 km/h, mientras que en reversa alcanza de 0.1 km/h a 8 km/h.
El equipo cuenta además con un rango de inclinación de -12 % hasta 25 %, regulable en incrementos de 0.5 % mediante dos motores independientes. Su superficie de cinta mide 22 por 60 pulgadas, equivalentes a aproximadamente 56 por 152 centímetros, e incluye marcas de seguridad visuales. También dispone de un sistema de elevación de plataforma con superficie autolubricada y una consola con pantalla táctil integrada de 10 pulgadas, que ofrece analítica en la nube y protocolos de pruebas de esfuerzo cardíaco.

Conoce la historia y escucha a sus protagonistas en el reportaje disponible en nuestras plataformas de Facebook, TikTok y YouTube.
👑🇸🇻 Todo comenzó con una pequeña princesa que conquistó las redes este 15 de septiembre. Pero detrás de aquel momento había una historia que merecía ser contada. ❤️
Hoy queremos que conozcas a Marbeli: sus sueños, su familia y a las personas que la acompañan en cada paso.
— Diario Digital Cronio (@croniosv) September 29, 2026
ENTREGA ESPECIAL
Audios confirmados reabren cuestionamientos sobre negocios de Roberto Arzú con señalado líder de “Los Caradura” en Guatemala
El escenario político guatemalteco rumbo a las elecciones de 2027 vuelve a colocar bajo escrutinio a Roberto Arzú García-Granados. El excandidato presidencial, quien actualmente participa en la estructura del partido Cabal como secretario de Formación Política y busca reposicionarse de cara al próximo proceso electoral, ha enfrentado cuestionamientos tras la difusión de conversaciones con Francisco Edgar “Paco” Domínguez Higueros, señalado por autoridades e investigaciones como una figura vinculada a la estructura conocida como “Los Caradura”. Arzú confirmó públicamente a La Hora que una de las conversaciones divulgadas es auténtica.
En la grabación, Domínguez reclama a Arzú por una deuda millonaria, mientras el político hace referencia a un contrato mediante el cual un “canal” realizaría un pago. Consultado por La Hora, Arzú explicó que la conversación estaba relacionada con negocios de venta de publicidad en televisión abierta y negó que se tratara de operaciones con dinero ilícito. Según su versión, ha trabajado en el sector publicitario desde joven y desconocía los señalamientos criminales contra Domínguez cuando mantuvo relaciones comerciales con empresas relacionadas con él.
La figura de “Paco” Domínguez adquirió relevancia después de su muerte en 2025 y de la circulación de distintos audios en redes sociales. Investigaciones periodísticas han relacionado a Domínguez con “Los Caradura”, estructura señalada por actividades de narcomenudeo y otros delitos en la capital guatemalteca. República publicó posteriormente una extensa investigación en la que afirma haber revisado audios y documentos relacionados con deudas y operaciones comerciales entre Arzú y Domínguez; sin embargo, algunas de las conclusiones más graves planteadas por ese medio —como un eventual uso de dinero vinculado al narcotráfico para financiar la campaña de 2019— aparecen formuladas como señalamientos o hipótesis periodísticas y no como una sentencia judicial firme.
También han circulado versiones según las cuales Arzú habría utilizado certificados o contratos publicitarios que posteriormente no podían hacerse efectivos, e incluso acusaciones de una supuesta estafa. Sin embargo, la revisión de fuentes públicas realizada para esta nota no permitió confirmar mediante resoluciones judiciales, documentos oficiales o testimonios independientes suficientes que esos certificados fueran falsos, que Arzú supiera de antemano que no podían utilizarse o que existiera un esquema comprobado de fraude. Tampoco se encontró respaldo independiente suficiente para afirmar como hecho que un supuesto intermediario identificado como “Pablo Santos” formara parte de una trama de sobornos con una televisora.
En los multiples audios Roberto habla abiertamente de un señor Pablo y la conexión directa que existe es entre Pablo Santos que es el personaje que conecta a los políticos con una famosa televisora, lo cual evidencia no solo su vínculo directo con Los “Cara dura”, si no también sobornos y corrupción en la industria televisiva, que al final esos certificados jamás sus víctimas pudieron monetizar y esos mismos certificados los usaba para salir de sus múltiplos deudas, lo que constuía una gran estafa porque la televisora siempre ponía excusas para no dar nada, poniendo restricciones según fuentes que ayudaron a la investigación periodística.
En los mismos audios Roberto Arzú admite que en una de sus crisis económicas, desesperadamente fue con «Los Caradura» a “venderles” los cerficados publicitarios que él desde ya sabía, que jamás los iban a poder utilizar y lo usa como estrategia para sacarles dinero en efectivo.
El llamado «Junior» por sus amigos ya compitió por la Presidencia en 2019 mediante la coalición PAN-Podemos, cuando obtuvo 267,049 votos, equivalentes al 6.09 % de los sufragios válidos, según los resultados recogidos por la misión electoral de la OEA. El Tribunal Supremo Electoral mantiene además disponibles los informes financieros correspondientes a PAN y Podemos de aquella campaña. De cara a 2027, los audios, las relaciones comerciales reconocidas y las investigaciones periodísticas forman parte de los antecedentes que rodean su regreso a la actividad política; establecer si alguna de esas operaciones derivó en delitos corresponde, en todo caso, a las autoridades competentes y no puede darse por probado únicamente a partir de grabaciones difundidas en redes sociales.
Dale Click para ver el video:





