Sucesos
Discoalmacén, un ícono del Centro Histórico de San Salvador, cerró sus puertas debido a la pandemia
Para Ciro González la “esquina más alegre de San Salvador” era la 4a avenida norte y 1a calle oriente, allí se ubicaba, hasta hace muy poco, Discoalmacén, el negocio en el que dejó su vida. Era uno de los últimos almacenes de tradición en el corazón de San Salvador, que sobrevivía a la evolución del ambiente económico en la zona.
En esa misma avenida funcionó otro mítico negocio, el café “Bella Nápoles”, que también cerró sus puertas hace dos años, por no soportar la crisis que originó la falta de clientes en la zona por la remoción del área, en ese entonces.
La historia de Discoalmacén inició en 1975, cuando González decidió cumplir un sueño que tuvo en su primer trabajo en una fábrica de camisas: tener un almacén. Él había llegado a la capital a sus 14 años, buscando un futuro prometedor, alejado de las actividades del campo y poder estudiar.
Para cumplir con su formación académica, tuvo que estudiar y trabajar a temprana edad. De día trabajaba en la fábrica de camisas y por la noche asistía a la escuela República de Chile, en la calle Concepción. Allí también hacía dinero. A sus compañeros, la mayoría de ellos adultos, les vendía al crédito las camisas que conseguía para vender en la fábrica.
González llegó este lunes al local del almacén. Allí conservaba periódicos de cuando se publicitaba. Foto EDH / Eduardo Alvarenga
A los 21 años, con su trabajo y ventas, González había logrado hacer un capital que le permitió tener su primer negocio propio, el “Bazar González”, que se ubicada en la terminal de oriente. Siguió ahorrando y un día le ofrecieron una barbería que estaba a la par de su bazar y también lo compró.
El primer fracaso para él le llegó en su tercer negocio, cuando se asoció con un amigo para abrir una sala de baile. A los seis meses de funcionamiento, su amigo, con quien no había firmado ningún contrato, lo retiró porque tenía nuevos socios que “invertirían más”, según le dijo.
Los discos y cassettes fueron de los principales productos que vendía Discoalmacén. Foto EDH
Con ese conocimiento, se atrevió a fundar su propia sala de baile, a la cual llamó “Dancing Down Town” y que fue todo un éxito a finales de los años 60. También alquilaba los equipos de sonido para fiestas y con un primo puso una pequeña imprenta.
La llegada de Discoalmacén
Con un patrimonio sólido, se animó a retomar su sueño original de tener su propio almacén, así fue que en 1975, en la primera planta del emblemático “Edificio José Gadala Maria”, abrió las puertas de Discoalmacén.
“Me fue muy bien porque con el Dancing Down Town yo me había hecho popular, daba el anuncio para que la gente visitara Discoalmacén”, recuerda González. Pero hubo un elemento que convirtió en suceso la apertura del negocio: un auto dentro de la sala que servía como caja registradora.
El nombre Thunderbird proviene mitología estadounidense de Arizona y Nuevo México. Según la leyenda el Thunderbird (Pájaro del trueno) batía sus alas para originar las tormentas en el desierto que proporcionaban a los indígenas estadounidenses el agua para seguir viviendo. Foto EDH/ Archivo
Esa idea, reconoce González, se le ocurrió en un viaje que hizo con otro amigo empresario. “En Puerto Rico vi un almacén con un carro adentro que me llamó la atención. Al dueño le pedí permiso para tomarle una foto y platicando con él, me animó a que hiciera lo mismo en El Salvador. Al volver del viaje conseguí el Ford Thunderbird del 64 y lo pusimos en la sala de ventas, llamó la atención hasta de los medios”, explicó González.
La pandemia terminó de apagar el sueño
El ocaso de Discoalmacén, según explica su propietario, inició hace 10 años, cuando su expareja e hijo lo apartaron del negocio. Por las diferencias legales, González tiene procesos judiciales abiertos con los cuales busca recuperar su patrimonio, entre ellos el almacén.
La penúltima sucursal de Discoalmacén, ubicada en Metrocentro, cerró sus puertas en noviembre pasado. El plan era dejar la sucursal del centro como única, pero debido a la crisis por la pandemia no pudo continuar. Durante los más de 45 años, también abrieron otras sucursales cerca de catedral y frente a las fuentes Beethoven.
González llegó este lunes al local del almacén. Ahora está vacío con solo algunos objetos olvidados. Foto EDH / Eduardo Alvarenga.
Texto y Fotos: EDH.
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Hijo de Catalino Miranda es condenado a siete años de prisión
El Tribunal Segundo de Sentencia de San Salvador condenó a siete años de prisión a Adalberto Antonio Miranda Zepeda, hijo del fallecido Catalino Miranda, tras encontrarlo responsable del delito de estafa agravada en perjuicio de una víctima.
De acuerdo con los hechos acreditados en juicio, el 16 de mayo de 2019, Miranda Zepeda solicitó al Centro Nacional de Registros (CNR) el retiro de un documento de cancelación de mutuo hipotecario que no había sido inscrito, con el propósito de subsanar prevenciones señaladas por dicha institución; posteriormente, el documento fue presentado nuevamente por otra persona.
Sin embargo, la víctima no firmó dicha cancelación y la Sección del Notariado de la Corte Suprema de Justicia informó que el documento era inexistente; además, se estableció que el notario no se encontraba en el país en la fecha en que supuestamente fue suscrito.
Asimismo, el dolo se evidenció cuando el procesado, en su calidad de administrador único de ACOSTES de R. L., suscribió con la víctima una novación del contrato de mutuo con garantía prendaria sobre 78 unidades de buses. No obstante, posterior a la firma de la novación, esas mismas unidades fueron dadas como garantía ante otras instituciones financieras.
Los hechos se originaron en 2019, cuando la víctima otorgó un contrato de mutuo con garantía hipotecaria y prendaria por $1,800,000 a favor de su padre Catalino Ezequiel Miranda Arteaga (ya fallecido) y de su tío José Braulio Miranda Arteaga, quienes en ese entonces eran los representantes de ACOSTES de R. L. y ACOSTES de El Salvador S. A. de C. V. Con el tiempo, los obligados dejaron de cumplir con los pagos.
Además, el tribunal condenó en abstracto la responsabilidad civil, a fin de que la víctima pueda ejercer su derecho en la vía correspondiente. Esto debido a que no se demostró el monto exacto del perjuicio, ya que la víctima concilió con uno de los imputados, José Braulio Miranda Arteaga.
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«La Romina» recobrará su libertad luego de confesar los delitos contra bienes policiales
Hamlet Rafael de Paz Escobar, conocido como “La Romina” recobrará su libertad luego de confesar los delitos de daños a una patrulla policial y hurto de una gorra de un agente, en enero de 2025. Hasta hoy, Romina está detenida en el penal de Jucuapa.
La audiencia se desarrolló de forma virtual, debido a que el imputado permanece en prisión mientras avanza el proceso judicial en su contra, en cumplimiento de las disposiciones establecidas por las autoridades.
De acuerdo con información judicial, el caso continúa en etapa de análisis, por lo que serán las instancias correspondientes las que determinen las responsabilidades del acusado conforme avance el procedimiento.
El aval a este tipo de proceso podría permitir una resolución más ágil del caso, siempre que se cumplan las condiciones legales requeridas, incluyendo la aceptación de los hechos por parte del imputado.
Hasta el momento, las autoridades no han brindado mayores detalles sobre el avance específico del caso, aunque reiteraron que el proceso sigue activo.
Según el expediente fiscal, una patrulla de la PNC auxiliaba a una persona y habían dejado el vehículo estacionado; como a 15 metros aproximadamente estaba Romina, quien aprovechó que los agentes se alejaron para hurtar la gorra.
La Policía Nacional Civil (PNC) reportó la captura de Romina el 23 de enero de 2025, cuando fue interceptada sobre el bulevar El Hipódromo, en el distrito de San Salvador.
Previo a su captura, la tiktoker subió un video en sus redes sociales donde aparentemente se encontraba a bordo de una patrulla policial, mostró una gorra de la PNC y activó la bocina del vehículo.
En agosto de 2024, la tiktoker fue acusada de robo y amenazas en contra de un conductor de aplicaciones.
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Proyecto de agua potable en Sacacoyo lleva 97 % de avance
La Dirección de Obras Municipales (DOM) informó que la segunda fase del proyecto de agua potable que se ejecuta en el distrito de Sacacoyo, en el municipio de La Libertad Oeste, lleva un 97 % de avance.
Para finalizar la obra en su totalidad, la DOM ejecuta los últimos detalles que consisten en la implementación de válvulas, cajas para filtrado de lodo y aire, pintura y acabados de la infraestructura.
De acuerdo con la institución, la segunda fase del proyecto comprende la construcción de una cisterna en la zona del pozo, instalación de una bomba sumergible, dos bombas más para rebombeo a una segunda cisterna y una subestación de suministro eléctrico.
Asimismo, incluye la instalación de tres bombas más de rebombeo en la cisterna intermedia para empujar el agua a través de la red de impelencia de más de 3.5 kilómetros, hasta el tanque principal de más 400 metros cúbicos -4 veces más en capacidad al sistema anterior- con su respectiva subestación eléctrica.
La DOM detalló que este proyecto está acompañado de una obra civil que consta de casetas para el control eléctrico y rebombeo, así como para vigilancia, sumado al muro perimetral con block y alambre navaja en la parte superior.
Este nuevo sistema de agua potable abastecerá a más de 1,800 habitantes del sector.





