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Ciencia

El ejercicio podría ser la medicina perfecta contra el cáncer

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A pesar de que el año pasado se produjeron 228.482 nuevos diagnósticos de cáncer en España, el último informe de la Sociedad Española de Oncología Médica revela que los índices de supervivencia también aumentan constantemente. La razón es evidente: cada vez sabemos más sobre el cáncer.

Esto ha llevado a la comunidad científica a desterrar la idea de que los pacientes que sufren esta enfermedad deban guardar reposo absoluto. El deporte es, de manera incuestionable, el gran remedio. Y una campaña mundial difundida por el diario británico The Guardian  se ha puesto en marcha para contarlo.

Prue Cornie, investigador de la Australian Catholic University, lidera esta campaña cuyo objetivo es conseguir que la actividad física sea incluida en cualquier tratamiento contra el cáncer. En sus propias palabras, y según recoge la Australian Associated Press, «el ejercicio es la mejor medicina que puede tomar una persona con cáncer además de su tratamiento estándar».

Hasta tal punto que según el experto, «si los efectos del ejercicio pudieran ser encapsulados en una píldora, se preescribiría a cada paciente con cáncer en todo el mundo».

Concretamente, las personas con cáncer «que hacen ejercicio con regularidad experimentan menos efectos secundarios graves del tratamiento, fatiga relacionada con el cáncer y angustia mental».

Además, también experimentan un menor riesgo de que su cáncer regrese y de morir a causa de la enfermedad, tal y como ha explicado Cornie. Para obtener beneficios significativos, el investigador recomienda 150 minutos de ejercicio aeróbico moderado semanal y de dos a tres sesiones de ejercicios de resistencia como levantamiento de pesas. Un medicina gratuita y tremendamente efectiva que podría salvar muchísimas vidas.

 

Ciencia

Novo Nordisk se alía con OpenAI para el desarrollo de medicamentos

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El gigante farmacéutico danés Novo Nordisk, conocido por su tratamiento contra la obesidad Wegowy, anunció este martes una «alianza estratégica» con OpenAI, la empresa matriz de ChatGPT, para acelerar el desarrollo de nuevos medicamentos.

Este acuerdo tiene como objetivo «ayudar a la empresa a ofrecer más rápidamente nuevas opciones terapéuticas más eficaces a los pacientes», informó el grupo danés en un comunicado.

Novo Nordisk espera aprovechar «las capacidades avanzadas en materia de inteligencia artificial para analizar conjuntos de datos complejos, identificar candidatos a fármacos prometedores y reducir el tiempo necesario para pasar de la investigación al paciente», añade.

El laboratorio danés, que también comercializa Ozempic, un tratamiento contra la diabetes que se utiliza asimismo como adelgazante, se enfrenta a una gran competencia en los precios, en particular por parte de la estadounidense Eli Lilly.

«La integración de la IA en nuestro trabajo diario nos permite analizar conjuntos de datos a una escala hasta ahora imposible, identificar tendencias que antes no podíamos ver y poner a prueba hipótesis más rápido que nunca», explicó el director general de Novo Nordisk, Mike Doustdar.

Según el laboratorio, se pondrán en marcha programas piloto en los ámbitos de la investigación y el desarrollo, la fabricación y las actividades comerciales. No facilita detalles financieros sobre el acuerdo.

La industria farmacéutica apuesta por la IA para acelerar el desarrollo de nuevos medicamentos y vacunas.

Hoy en día se tarda más de diez años en desarrollar un medicamento y, de cada diez candidatos, solo uno llega a comercializarse.

Se calcula que el coste medio de la investigación y el desarrollo para sacar al mercado un nuevo medicamento ronda los 2.000 millones de dólares.

Por eso las grandes empresas farmacéuticas multiplican sus colaboraciones con empresas emergentes especializadas en inteligencia artificial aplicada a la salud.

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Ciencia

La Tierra quedará casi 7 minutos a oscuras a plena luz del día

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En agosto, España será el mejor país para ver el eclipse total de 2026, un fenómeno que alucina a los expertos. Pero lo curioso es que, un año más tarde, durante el 2 de agosto de 2027, la Tierra será testigo de un fenómeno astronómico excepcional: el eclipse solar más largo del siglo. Durante este evento, algunas regiones de Europa, el norte de África y Oriente Medio experimentarán hasta 6 minutos y 22 segundos de oscuridad total a plena luz del día, un lapso que convierte este eclipse en único y que no se repetirá antes del año 2100.

La franja de totalidad, donde el Sol quedará completamente cubierto por la Luna, permitirá que ciudades enteras se sumerjan en la noche en pleno día, revelando un espectáculo visual de enorme intensidad para quienes se encuentren en la trayectoria correcta.

La Tierra se sumirá casi 7 minutos en plena oscuridad: el eclipse solar más largo del siglo llegará en 2027 y no se repetirá hasta 2100
Este fenómeno, ya conocido entre astrónomos como “el eclipse del siglo”, destaca por su duración. Para ilustrarlo, el eclipse total de 2024 ofreció poco más de cuatro minutos de oscuridad, casi dos minutos y medio menos que lo que se espera en 2027. Esta prolongada oscuridad se debe a una alineación orbital inusual: la Luna estará en su perigeo, su punto más cercano a la Tierra, mientras que el planeta se encontrará en el afelio, su posición más alejada del Sol. Esta combinación hace que la Luna cubra el Sol de forma más completa y que la sombra lunar avance más lentamente sobre la superficie terrestre, extendiendo así el tiempo de oscuridad total.

Durante los minutos de oscuridad, el paisaje experimentará cambios notables: la luz del día adquirirá un tono crepuscular, los animales reaccionarán confundidos y la temperatura descenderá significativamente con respecto a las métricas habituales. Además, será posible observar la corona solar, la capa más externa del Sol, normalmente invisible. Esta capa se revela solo en eclipses totales como un anillo de luz blanca alrededor del disco lunar. Este momento ofrece una valiosa oportunidad científica para estudiar la estructura y comportamiento del Sol desde la Tierra.

La franja de totalidad atravesará países como España, Marruecos, Egipto y Arabia Saudí, con ciudades como Luxor ofreciendo condiciones óptimas para contemplar el fenómeno. Fuera de esta franja, el eclipse se verá solo parcialmente. Se recomienda a los observadores utilizar gafas certificadas con filtro ISO 12312-2, ya que mirar directamente al Sol, incluso durante la fase parcial, puede causar daños irreversibles en la vista. La combinación de su rareza, duración y visibilidad convierte al eclipse de 2027 en un evento astronómico que marcará a quienes tengan la fortuna de presenciarlo.

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Ciencia

¿Por qué los astronautas de Artemis II no pisarán la Luna como en las misiones Apolo a pesar de los enormes avances tecnológicos de los últimos 50 años?

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«Hoy en día tu teléfono móvil tiene más potencia computacional que toda la NASA en 1969, cuando envió a dos astronautas a la Luna» por primera vez.

La frase del famoso físico y divulgador científico Michio Kaku puede ser matizada e incluso refutada según cómo midamos dicha «potencia computacional».

Lo que es innegable es que la tecnología ha evolucionado de forma exponencial desde que Neil Armstrong dio su «pequeño paso para el hombre» durante la misión Apolo 11 en 1969.

De hecho, un total de 24 astronautas de la NASA viajaron a la Luna en las misiones Apolo. Sin embargo, desde 1972 nadie pisa nuestro satélite natural.

Y, por ahora, nadie volverá a hacerlo.

Aunque se hable de lo histórica que es la misión Artemis II que despegó este miércoles desde Florida rumbo a la Luna, ninguno de los cuatro astronautas a bordo descenderán a su superficie.

Para ello será necesario esperar por lo menos hasta Artemis IV, planeada para 2028.

Digo «por lo menos» porque Artemis II estaba prevista para noviembre de 2024, pero sufrió varios atrasos debido a diversos problemas técnicos.

En sus 10 días de viaje a bordo de la nave espacial Orión, los astronautas Reid Wiseman, Christina Koch, Victor J. Glover y Jeremy Hansen darán una vuelta a la Luna y harán numerosas maniobras de preparación para ese futuro alunizaje.

Para esto también será la misión Artemis III, cuyo lanzamiento está previsto para el año que viene.

Entonces, ¿por qué tanta prueba para algo que Estados Unidos mismo logró hace 50 años?

Aquella enorme hazaña
Es difícil explicar la enorme hazaña que implicó la llegada del ser humano a la Luna.

Hasta las palabras «enorme» y «hazaña» se quedan cortas.

Quizás la mejor forma de darle dimensión sea la frase que afirma que Neil Armstrong es una de las pocas personas del siglo XX que todavía será recordada en el siglo XXX.

Pero incluso así se estaría minimizando el trabajo e intelecto de miles de personas que permitieron que Armstrong y Edwin «Buzz» Aldrin pisaran la luna el 20 de julio de 1969, una fecha marcada en la memoria de todos los que vivían en aquel entonces.

La llamada «conquista» de la Luna ocurrió nada menos que en el contexto de la Guerra Fría y le dio a EE.UU. la primera (y mayor) victoria en la carrera espacial que hasta entonces estaba ganando la Unión Soviética.

Y si bien la llegada a la Luna fue un hito científico y tecnológico, detrás de su costosa financiación existían motivos políticos y propagandísticos.

«En la práctica, es muy difícil convencer al Congreso de aprobar un presupuesto tan desmesurado cuando, desde el punto de vista científico, no había suficientes razones para regresar a la Luna», explicó a BBC Mundo Michael Rich, profesor de Astronomía de la Universidad de California en Los Ángeles, en 2017.

Para tener una referencia durante los años del programa, el gobierno de EE.UU. destinaba para la NASA casi el 5% del presupuesto federal. Este 2026 es del 0,35%.

En 1972, cuando el programa fue cancelado, «los costos se habían disparado y las prioridades habían cambiado», explicó Rebecca Morelle, editora de ciencia de la BBC.

Entonces, agregó, «la atención se centró en un destino más económico: la órbita terrestre baja». Quizás el ejemplo más famoso de este nuevo objetivo sea la Estación Espacial Internacional.

«La exploración sostenible (tanto en el espacio como en la Tierra) requiere un compromiso político estable, una financiación predecible y un propósito claro a largo plazo», escribió esta semana el físico Domenico Vicinanza en el portal científico The Conversation.

«Tras el programa Apolo, EE.UU. tuvo dificultades para mantener estos tres elementos simultáneamente», agregó.

El programa Artemis logró que estos astros se volvieran a alinear.

Varios proyectos espaciales fueron cancelados antes de que la NASA pusiera finalmente en marcha el programa Artemis.

Fue creado en 2017 y ha involucrando a miles de personas, teniendo un costo estimado de US$93.000 millones hasta la fecha.

En el caso de Apolo, escribió Vicinanza, el «modelo de exploración no estaba diseñado para perdurar y claramente no era sostenible».

Incontables aspectos mejoraron desde aquellas misiones, desde la alimentación de los astronautas y el sistema de gestión de residuos hasta, como es de esperarse, la potencia computacional, se mida como se mida.

No obstante, Artemis pudo incorporar tecnología desarrollada para otro programa de vuelos espaciales tripulados, Constellation, que debía enviar humanos a la Luna en 2020 pero fue cancelado en 2010.

«En el marco del programa Artemis, la NASA enviará astronautas a misiones cada vez más difíciles para explorar una mayor parte de la Luna con fines de descubrimiento científico, beneficios económicos y para sentar las bases de las primeras misiones tripuladas a Marte», se explica en su página web.

Para esto último, antes planean construir una estación espacial lunar que orbitará alrededor de la Luna, así como una base sobre la propia superficie del satélite.

Mucho antes aún, tienen que volver a pisar la Luna.

Según Morelle, el plazo de 2028 es «ambicioso»: «Es necesario seleccionar, construir y probar un módulo de aterrizaje, y existen retrasos en el traje espacial que usarán los futuros astronautas que caminen sobre la Luna».

A diferencia del programa Apolo, en el que la NASA diseñó y construyó la nave espacial en su totalidad, Artemis opera bajo una asociación público-privado.

Por lo pronto, la agencia estadounidense ha seleccionado a dos empresas rivales para el módulo de aterrizaje que llevará a los astronautas a la superficie lunar: Starship de SpaceX, la compañía de Elon Musk, y una nave diseñada por Blue Origin, de Jeff Bezos.

Cualquiera sea la empresa que los transporte, los astronautas llegarán al polo sur de la Luna.

La NASA busca así adelantarse a la misión tripulada que China tiene prevista para la misma región en 2030. De ahí parte del renovado interés político en el espacio.

En la Luna hay recursos como tierras raras, metales y agua, y tanto EE.UU. como China quieren acceder a las zonas de mayor abundancia.

El Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de las Naciones Unidas, de 1967, establece que ningún país puede ser propietario de la Luna.

«No se puede poseer, pero se puede utilizar», dijo Helen Sharman, la primera astronauta británica, a la BBC esta semana. «Y una vez que estás allí, la tienes todo el tiempo que quieras».

Que no vaya a haber caminata lunar, no quiere decir que Artemis II sea igual que cualquier otra misión.

Para empezar, efectivamente ninguna misión tripulada viaja al satélite desde 1972.

Pero además, si todo ocurre en los tiempos previstos, el momento más emocionante del viaje ocurrirá este lunes cuando Wiseman, Koch, Glover y Hansen se conviertan en los primeros humanos en más de 50 años en ver en persona la cara oculta de la Luna.

Sondas espaciales de China e India ya han explorado este misterioso «lado oscuro», pero ahora podrán observarlo y registrarlo en imágenes para posteriores análisis.

Uno de los puntos de interés son las formaciones geológicas, como cráteres y antiguos flujos de lava, ya que podrán ayudar a futuras misiones a explorar la región.

Y es que este hemisferio que nunca alcanzamos a ver desde la Tierra tiene un aspecto bastante diferente al que sí vemos.

Artemis II va a sobrevolar la zona a un máximo de 10.000 kilómetros de distancia durante tres horas y la NASA ha dicho que perderá conexión con la nave durante parte del pasaje.

«Aunque resulte difícil creerlo, los ojos humanos son uno de los mejores instrumentos científicos que tenemos», dijo Koch antes del despegue.

En unos días, a través de ellos, viviremos este nuevo (pequeño) salto para la humanidad.

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