Nacionales
Régimen de excepción ha permitido 223 días sin homicidios en 1 año
«En el aniversario de la aprobación del Régimen de Excepción, cerramos el día con 0 homicidios. Seguiremos trabajando por la seguridad de los salvadoreños, aunque reclamen las ONGs de “derechos humanos”», de esta forma es como el presidente de la República, Nayib Bukele, se pronunció ayer al cumplirse un año de la puesta en marcha del combate frontal a las pandillas y en el que se acumularon 223 días sin homicidios.
Del total de jornadas sin muertes violentas, 162 fueron del 27 de marzo al 31 de diciembre de 2022, mientras que 61 se registran entre el 1 de enero al 27 de marzo de este año, de acuerdo con los datos de la PNC.
En una reciente entrevista, el ministro de Justicia y Seguridad Pública, Gustavo Villatoro, informó que a un año de la guerra a las maras se totalizaron 227 homicidios, a un promedio de 0.6 homicidios por día, para una tasa 3.6 homicidios por cada 100,000 habitantes.
«Naturalmente la tasa de homicidios se calcula por 12 meses y nosotros lo que hemos hecho para proyectarla es agarrar los 12 meses del régimen de excepción, que no es un año calendario, pero eso es lo que nos da, una tasa de 3.6 homicidios por cada 100,000 habitantes», explicó Villatoro.
Desde junio de 2019 los salvadoreños comenzaron a percibir una disminución histórica de los homicidios a través del Plan Control Territorial (PCT), pero con la puesta en marcha del régimen de excepción las muertes violentas se redujeron aún más y en la actualidad, la población goza de tranquilidad ya que el Estado recuperó algunos los territorios que por décadas fueron cedidos a las estructuras terroristas por los gobiernos de ARENA y el FMLN.
Prueba de esa reducción histórica de los asesinatos es que la administración Bukele suma 331 días sin muertes violentas entre junio de 2019 al 27 de marzo de 2023. El titular de Seguridad informó que en lo que va del año han registrado 36 homicidios versus los 307 asesinatos que se registraron en igual periodo en el 2022.
«Si algo nos va a dar como sociedad, gobierno y Estado la tranquilidad de que vamos a mantener control sobre todo aquel que cometa delitos contra la integridad física es la efectividad policial con respecto a la solución de casos porque nos entregaron un país con 97 % de impunidad», mencionó Villatoro.
El régimen de excepción es una de las herramientas legales con las que el gobierno erradica las diferentes estructuras criminales y a la fecha son 66, 417 pandilleros capturados por policías y soldados, a quienes les han incautado 3,292 vehículos, 15,878 celulares, $3 millones en efectivo provenientes principalmente del cobro de la extorsión y de la venta de droga; y 2,547 armas de fuego.
De acuerdo con el jefe de estado salvadoreño, el encarcelamiento de los miles de terroristas ha propiciado la disminución histórica de los crímenes violentos en el país, que para el año pasado acumularon 495 homicidios a escala nacional y lo convirtió en uno de los años más seguros de la historia reciente. De todos los asesinatos, 323 fueron reportados antes del régimen de excepción, esto equivale a 65 % del total. El 35 % restante, o 172 homicidios, ocurrieron cuando ya estaba en marcha la medida.
«0 homicidios. Nuestros opositores y sus patrocinadores nacionales e internacionales intentan convencer al pueblo salvadoreño de que debemos regresar al tiempo cuando éramos literalmente el país más peligroso del mundo… Pero ¿quién querría eso?», destacó en otra ocasión el mandatario salvadoreño.
Los acertados planes de seguridad del presidente salvadoreño lograron que El Salvador saliera de la lista de los países violentos del mundo y lo convirtió en una de las naciones más seguras de América.
El pasado 15 de febrero de este año, el gobierno de Bukele sumó 300 días sin homicidios desde 2019 y el jefe de Estado reaccionó así: «¡Hemos llegado a 300 días sin homicidios! Para ponerlo en contexto, el Gobierno anterior no tuvo un tan solo día sin homicidios, y el anterior a ese solo tuvo uno. Un día sin homicidios en 10 años. Pero, gracias a Dios, ahora vivimos en un país diferente».
Villatoro dijo que llegar a 300 días sin asesinatos era una cifra histórica y que se logró debido a que el Estado puso al centro de sus políticas el bienestar y la vida de la población de bien, los resultados son contundentes. «Ninguna de las recetas que trajeron los organismos internacionales funcionaron, éramos un país donde corrían ríos de sangre. La historia cambió, durante los tres años de Gobierno del presidente Nayib Bukele».
Régimen de excepción no afecta el desarrollo de las actividades de la población
«La gente no tiene miedo del régimen de excepción, como dicen algunos países poderosos que, más bien, nos hundieron en la miseria y la delincuencia. La gente está feliz con el régimen de excepción y con la Guerra contra las pandillas», ha dicho Bukele, cuyas políticas de seguridad gozan del 90% de aprobación.
Y contrario a lo que muchas organizaciones opositoras manifiestan sobre supuestos atropellos en la cotidianidad de la población honrada debido al régimen de excepción, las autoridades han reiterado durante este año que los únicos que deben de preocuparse por la implementación de la medida son los pandilleros.
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Integración becará a 200 jóvenes del Conapina para estudios universitarios
La Dirección de Integración y el Consejo Nacional de la Primera Infancia, Niñez y Adolescencia (Conapina) firmaron, esta mañana, un convenio de cooperación que permitirá que 200 adolescentes de último año de bachillerato puedan aspirar a becas de educación superior para continuar su formación académica y profesional.
El acuerdo beneficiará a jóvenes vinculados a los Centros de Acogida administrados por el Conapina, integrantes del Consejo Consultivo de Niñez y Adolescencia, así como adolescentes que forman parte de programas y servicios de protección impulsados por la institución.
A través de esta alianza, los beneficiarios tendrán la oportunidad de aplicar a becas universitarias, técnicas y vocacionales promovidas por Integración, con el objetivo de ampliar sus oportunidades educativas y fortalecer sus proyectos de vida.
El presidente «ad honorem» de la Dirección de Integración, Alejandro Gutman, destacó que el convenio refleja el compromiso de ambas instituciones con el desarrollo de la juventud salvadoreña.
«En este caso puntual el convenio se extiende a bastantes becas. Son alrededor de 200, pero si llegaran a necesitar más, Conapina sabe que con la Dirección de Integración tiene un crédito en blanco por el excelente trabajo que realizan junto al despacho de la primera dama con los jóvenes de este país», expresó Gutman.
El funcionario aseguró además que la institución mantiene disposición de continuar apoyando iniciativas que favorezcan a adolescentes y jóvenes en situación de vulnerabilidad.
Por su parte, la directora ejecutiva de Conapina, Linda Amaya, señaló que el convenio representa una oportunidad para que los adolescentes puedan construir un mejor futuro a través de la educación
Principal
Ulloa se reune con delegación de alto nivel de Costa Rica
El vicepresidente de la República de El Salvador, Sr. Félix Ulloa, sostuvo un importante encuentro con una delegación de alto nivel de la República de Costa Rica, integrada por el Ministro de Seguridad Pública, Gerald Campos; el Ministro de Justicia y Paz, Gabriel Aguilar; y la Embajadora de Costa Rica en El Salvador, Samy Araya.
El vicepresidente Ulloa agradeció la visita de la delegación costarricense y resaltó el carácter histórico de los vínculos entre El Salvador y Costa Rica, los cuales continúan fortaleciéndose a través de una agenda común orientada a la seguridad, el desarrollo económico y la asistencia técnica recíproca.
Durante la reunión, compartió la experiencia salvadoreña con el Plan Control Territorial y el fortalecimiento institucional y a la voluntad del pueblo salvadoreño. En esa línea, resaltó el #PlanCeroOcio como una estrategia clave para transformar el sistema penitenciario, mediante la incorporación de actividades productivas, técnicas, artísticas y agrícolas, incluyendo la elaboración de mobiliario para #2EscuelasXDía, en beneficio de la comunidad estudiantil.
Además, destacó que, tras consolidar el denominado milagro de la seguridad, el país avanza hacia una etapa orientada al crecimiento económico, la innovación y la atracción de inversiones. Mencionó los avances normativos vinculados a sectores estratégicos como fintech, activos digitales y criptomonedas, así como el papel de la Comisión Nacional de Activos Digitales como parte del ecosistema que posiciona al país como referente regional en transformación tecnológica.
Por su parte, el Ministro de Seguridad Pública de Costa Rica, Sr. Gerald Campos, reconoció el trabajo articulado con el Presidente Bukele en materia de seguridad y señaló que ambas naciones comparten un mismo norte en esta área, por lo que la visita busca reforzar la cooperación y conocer de primera mano las acciones implementadas por el Gobierno salvadoreño. De igual manera, agradeció la apertura de las autoridades nacionales, entre ellas el ministro de SeguridadSV, Gustavo Villatoro, y el M¿ministro de Defensa, Merino Monroy.
A su vez, el Ministro de Justicia y Paz, Sr. Gabriel Aguilar, señaló que Costa Rica enfrenta desafíos importantes en esta materia y expresó el interés de retomar ideas del modelo salvadoreño para tropicalizarlas a la realidad costarricense. También reiteró la disposición de su país de fortalecer el apoyo mutuo, reconociendo que El Salvador puede compartir su experiencia en seguridad, mientras Costa Rica puede aportar conocimientos en áreas vinculadas al desarrollo económico.
Esta visita reviste especial importancia al constituir el primer acercamiento oficial de alto nivel de la nueva gestión del Gobierno costarricense, con la participación de dos ministros, reafirmando el interés de fortalecer los lazos históricos de amistad y cooperación entre ambos países. En la reunión también participó el Viceministro de Justicia y Paz, Sr. Nils Alonso Ching Vargas.
ENTREGA ESPECIAL
Viejo Lin murió como vivió: encerrado, enfermo y derrotado. Fin del mito que bañó de sangre a El Salvador
La muerte de Carlos Ernesto Mojica Lechuga, alias “Viejo Lin”, ocurrida este día mientras permanecía bajo custodia estatal, cierra uno de los capítulos más oscuros y sangrientos de la historia reciente de El Salvador. Durante décadas, su nombre provocó miedo en colonias, mercados, rutas de buses y cárceles. Para muchos salvadoreños fue más que un pandillero: fue el símbolo del ascenso del Barrio 18 como una maquinaria de terror que convirtió comunidades enteras en territorios de guerra.
Carlos Ernesto Mojica Lechuga, alias el «Viejo Lin», histórico cabecilla de la pandilla Barrio 18, nació el 4 de junio de 1962 en San Salvador, según la Fuente de consulta oficial: Expediente Judicial de la Corte Suprema de Justicia de El Salvador. Las autoridades atribuyeron su muerte a complicaciones derivadas de una cirrosis hepática y un fallo multiorgánico. En los últimos años su estado de salud se había deteriorado gravemente. Reportes médicos hablaban de encefalopatía hepática, hemorragias y un progresivo desgaste físico dentro del penal de máxima seguridad de Zacatecoluca. El hombre que durante años ordenó asesinatos y controló estructuras criminales terminó consumido por la enfermedad, aislado y derrotado.

Pero la historia del Viejo Lin no comenzó en una celda. Comenzó en un país golpeado por la pobreza, la migración y la violencia de posguerra. Nacido en El Salvador, pasó buena parte de su juventud en Estados Unidos, especialmente en Los Ángeles, donde absorbió la cultura de las pandillas callejeras que dominaban barrios marginales. Fue en ese entorno donde se vinculó a la Calle 18, una pandilla nacida en California que luego se expandió agresivamente por Centroamérica.
Cuando fue deportado a El Salvador en la década de los noventa, regresó a un país que apenas salía de la guerra civil y que no tenía capacidad para enfrentar el fenómeno de las maras. Ahí comenzó su verdadero ascenso. Viejo Lin se convirtió en uno de los principales organizadores del Barrio 18 en territorio salvadoreño. Importó códigos, estructuras, disciplina y métodos criminales aprendidos en Estados Unidos. Las pandillas dejaron de ser pequeños grupos de barrio y comenzaron a transformarse en organizaciones con jerarquías, territorios y poder armado.

Con el tiempo, Mojica Lechuga se convirtió en uno de los máximos líderes de la facción Sureños del Barrio 18. Su figura adquirió un peso casi mítico dentro de la estructura criminal. Desde prisión continuó ejerciendo influencia sobre homicidios, extorsiones y castigos internos. Investigaciones policiales y fiscales lo señalaron durante años como un estratega violento, temido incluso por miembros de su propia organización.
Toda una vida de crímenes
Hablar del Viejo Lin es hablar de una época en la que El Salvador llegó a convertirse en uno de los países más violentos del mundo. Su nombre apareció ligado a homicidios agravados, agrupaciones ilícitas, extorsiones, tráfico de armas y asesinatos ordenados desde prisión.
Uno de los casos más recordados ocurrió en 2003, cuando fue acusado junto a otros pandilleros del asesinato brutal de una joven de 16 años, un crimen que conmocionó al país por su nivel de violencia. Posteriormente recibió condenas que sumaron décadas de prisión. Las autoridades lo identificaban como uno de los cabecillas que daban órdenes de ejecución tanto contra rivales como contra miembros de su propia pandilla considerados “traidores”.

Durante los años más duros de la guerra entre pandillas, miles de salvadoreños quedaron atrapados entre fronteras invisibles, amenazas y asesinatos. Comerciantes pagaban extorsión para sobrevivir; conductores de autobuses eran asesinados por no pagar renta; jóvenes eran ejecutados simplemente por cruzar el territorio equivocado. Aunque muchas de esas órdenes jamás pudieron probarse judicialmente de forma directa contra Viejo Lin, su nombre aparecía constantemente en expedientes policiales e informes de inteligencia vinculados al crecimiento del terror pandillero.
El Barrio 18, bajo liderazgos como el suyo, evolucionó de una pandilla callejera a una estructura criminal con control territorial, reglas internas y capacidad de intimidar comunidades completas. La cárcel se convirtió en centro de mando. Desde ahí surgían órdenes, negociaciones y castigos. En Zacatecoluca, el penal de máxima seguridad conocido como “Zacatraz”, Viejo Lin pasó gran parte de sus últimos años.
Uno de los episodios más polémicos de su vida fue su participación en la llamada “Tregua” entre pandillas durante el gobierno de Mauricio Funes. Entre 2012 y 2014, líderes de la MS-13 y Barrio 18 negociaron con intermediarios cercanos al gobierno para reducir homicidios a cambio de beneficios carcelarios. Viejo Lin fue identificado como uno de los voceros y actores clave dentro de esas negociaciones.
La tregua redujo temporalmente los asesinatos, pero también fue acusada de fortalecer el poder de las pandillas. Mientras los homicidios bajaban, las estructuras criminales consolidaban territorios, reorganizaban sus mandos y mantenían las extorsiones. Para muchos críticos, aquella negociación legitimó a criminales responsables de miles de muertes.

SAN SALVADOR (EL SALVADOR), 19/01/2013.- El líder de la pandilla 18, Carlos Mójica Lechuga, alias “Viejo Lin” habla hoy, sábado 19 de enero de 2013, durante una rueda de prensa en el penal de «La Esperanza», cerca de San Salvador, donde fue leído un boletín conjunto de las maras Barrio 18, la MS, Mao-Mao, Máquina y Mirada Locos EFE/Roberto Escobar
Con la llegada del régimen de excepción y la ofensiva masiva contra las maras, el viejo liderazgo pandillero comenzó a desplomarse. Muchos murieron, otros fueron capturados y algunos perdieron completamente su influencia. El Viejo Lin terminó convertido en una sombra del personaje temido que una vez controló estructuras criminales enteras. Enfermo, envejecido y aislado, pasó sus últimos días lejos del poder que durante años ejerció mediante el miedo.
La vida del Viejo Lin deja una lección brutal sobre cómo la violencia puede devorar generaciones enteras. Detrás del mito criminal quedaron miles de víctimas: familias destruidas, jóvenes asesinados, comunidades sometidas y un país marcado por el terror. Durante años, las pandillas convirtieron la sangre en una forma de control social. Y aunque algunos dentro de esas estructuras buscaron presentarse como líderes, negociadores o figuras políticas, la realidad es que detrás de ese discurso hubo muerte, dolor y miedo.
El final de Viejo Lin no tuvo gloria. No murió como un rey criminal ni como una leyenda invencible. Murió enfermo, encarcelado y derrotado. Su historia es también la historia de un país que permitió durante demasiado tiempo que las pandillas crecieran hasta convertirse en monstruos sociales. Y es, al mismo tiempo, una advertencia para las nuevas generaciones: el camino de la violencia puede dar poder momentáneo, pero termina consumiendo incluso a quienes un día parecieron intocables.





