Nacionales
Recordamos la historia de Karina, la heroica enfermera que atendió sola a decenas de pasajeros tras un fatal accidente en San Vicente
La enfermera atendió a decenas de pacientes, niños, señoras y adultos, mientras llegaban los socorristas al accidente que dejó 40 heridos y un muerto.
Karina Jezabel salió de su trabajo de enfermera el lunes en la mañana encomendada a Dios. Abordó el autobús de la ruta 116 y se acomodó en el asiento de la ventana del lado derecho porque quería sentir la brisa fresca de la calle. Había llovizna y mucha bruma en la carretera que de San Vicente conduce a San Salvador.
Cuando empezaba a relajarse después de una larga noche de trabajo, sintió un estruendo en la parte baja del autobús. Era la caja de velocidades porque el motorista intentaba compresionar el bus, le habían fallado los frenos.
En segundos, el fuerte ruido se repitió y el motorista invadió el carril contrario. La enfermera se levantó del asiento y le vio la cara del motorista. Estaba tranquilo, recuerda.
Transcurrieron dos minutos aproximadamente y la velocidad de la máquina no bajó, al contrario, siguió un poco más rápido y empezó el caos. Todos los pasajeros, la mayoría mujeres, comenzaron a gritar y a pedirle al busero que parara la marcha. Era imposible.
Intentó levantarse de nuevo de su asiento pero el movimiento que realizó el autobús fue tan fuerte, que sintió la presión del asiento trasero en su espalda. Se tiró abajo y en segundos, el autobús impactó contra un poste del tendido eléctrico.
Era una locura. Habían gritos, pasajeros desangrando de todos lados. Algunos con ataques nerviosos y otros con desmayos.
Un pasajero que venía junto a ella voló la ventana de un golpe y saltó. Luego lo hizo ella y desde ese momento salió su espíritu de servicio. La enfermera no sentía sus golpes, pudo más la adrenalina y las ganas de ayudar.

La enfermera con tres años de experiencia y cinco de estudios, guardó la calma y empezó atender a todo el paciente que iba encontrando en su camino. A cuál más grave, niños, señoras, ancianos y otros. Batalló alrededor de diez minutos sola.
Paró hemorragias, tranquilizó niños, improvisó vendajes y llegó hasta donde el conductor del autobús. Era el paciente más grave junto con el cobrador.
Todos aseguraban que el motorista Sergio Arnoldo Montano, de 47 años, había muerto. Sin embargo, la profesional afirma que al evaluarlo le sintió que aún tenía signos vitales, pocos, pero tenía, asegura.
Lo estabilizó y en minutos Montano fue trasladado por la CruzRoja. Sin embargo, el motorista murió al llegar al hospital. Mientras que el cobrador sobrevivió al percance.
ENTREGA ESPECIAL
El Psicopata que cambio la regla del Narco
Edgar Valdés Villarreal, hijo de un pintor de casas mexicano y una ama de casa tejana, la Barbie. Un apodo que le pusieron en la secundaria por su cabello gero. Un apodo que terminaría escrito con sangre en las calles de Medio México. No había nada en su infancia que anunciara el monstruo. Jugaba fútbol americano en la Lincoln High School.
Linebacker, posición de impacto. Posición de violencia controlada. Sus compañeros lo recuerdan como un chavo popular. Nada extraordinario, nada que hiciera pensar en lo que vendría después. Pero Laredo no es cualquier ciudad, es la frontera y la frontera tiene sus propias reglas.
En los 90, Laredo era un punto de entrada clave para la coca que venía del sur. El cártel del Golfo controlaba la plaza. Los Zetas, un grupo recién formado por desertores del gafe mexicano con influencia de entrenamientos especializados.
Apenas comenzaban a operar como brazo armado. Valdés Villarreal no era un estudiante brillante, no era un atleta excepcional, pero tenía algo que llamaba la atención en ese mundo. No dudaba.
Y en la frontera eso vale más que un título universitario. Finales de los 90. Edgar, todavía adolescente, ya vende marihuana en pequeñas cantidades en su high school.
Nada mayor, nada que llame la atención de las autoridades, pero es suficiente para que los conectes locales lo noten. Un chavo bilingüe que puede moverse entre dos mundos sin levantar sospechas.
Eso es oro en el negocio. 2000. Edgar ya no está en la escuela, dejó el fútbol, dejó cualquier pretensión de vida normal.
Las autoridades de Texas comienzan a investigarlo por distribución de marihuana. Nada grave todavía. Pero suficiente para que tome una decisión que cambiaría todo.
Cruza el río, se va para Nuevo Laredo, del lado mexicano, donde las leyes americanas no llegan, donde un chavo con sus características puede desaparecer o puede convertirse en algo más grande.
Nuevo Laredo, Tamaulipas, 2001. La ciudad es un hervidero. El cártel del Golfo domina, pero enfrenta presión.
El gobierno de Vicente Fox promete mano dura contra el crimen organizado. Los operativos federales se intensifican por primera vez en décadas y en ese caos un gero de Texas encuentra su lugar.
Valdés Villarreal no llega como un narco hecho y derecho, llega como un refugiado, como alguien que huye de problemas menores en el norte, pero tiene conexiones.
Tiene un primo que trabaja para gente pesada y tiene ese perfil que nadie espera. Los primeros meses trabaja en lo básico, mueve paquetes, cobra deudas pequeñas, hace mandados, pero desde el principio muestra algo diferente, no duda.
Cuando le ordenan golpear a alguien, lo hace sin preguntar. Cuando le dicen que entregue un mensaje violento, lo entrega con exceso.
Los jefes locales comienzan a notar al americanito, no por su experiencia, por su disposición. Arturo Beltrán Leyva, el Barbás, en ese momento es uno de los operadores principales de la Federación de Sinaloa en la zona del Golfo.
Controla rutas, coordina envíos masivos y necesita gente de confianza en Nuevo Laredo, gente que no tenga los vicios de los narcos tradicionales, gente que no esté quemada con las autoridades mexicanas.
Alguien le habla de un guero que acaba de llegar de Texas. Alguien que no tiene historial, alguien que puede pasar desapercibido. La primera vez que Valdés Villarreal se reúne con gente de Beltrán Leiva es en una casa de seguridad en la colonia Jardín 2002.
Barbas no está presente, pero sus lugartenientes sí le hacen preguntas, le prueban, le dan una tarea sencilla, recoger un paquete del otro lado y traerlo a Nuevo Laredo.
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Edgar lo hace en menos de 6 horas sin problemas, sin nervios. Cuando regresa, los lugartenientes se miran entre ellos. Este chavo sirve. Los siguientes meses, Valdés Villarreal se convierte en un operador de confianza
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Agresión con botella en Soyapango deja un lesionado y una mujer detenida
Una mujer fue capturada en el distrito de Soyapango, San Salvador Este, luego de protagonizar un hecho de violencia contra su compañero de vida durante una discusión.
La detenida fue identificada como Zenaida Beatriz Gámez Lara, de 37 años, quien habría agredido a la víctima con una botella de vidrio mientras ambos se encontraban consumiendo alcohol.
De acuerdo con el informe, los equipos intervinieron de manera oportuna, evitando que la agresión continuara. La persona lesionada fue trasladada a un centro asistencial, donde se encuentra estable.
Las autoridades informaron que Gámez Lara será remitida por el delito de lesiones, reiterando que, incluso bajo los efectos del alcohol, cada decisión tiene consecuencias.
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Bomberos reportan menos emergencias a nivel nacional
El subdirector de Bomberos de El Salvador, Erick Vásquez, presentó un balance preliminar de los incendios atendidos entre el 28 de marzo y el 1 de abril, en el marco del Plan Verano 2026, destacando variaciones importantes en comparación con el mismo período del año anterior.
De acuerdo con los datos oficiales, los incendios en vehículos disminuyeron de 10 casos en 2025 a 7 en 2026. Asimismo, los incendios forestales registraron una baja significativa, pasando de 19 a 9 incidentes.
En cuanto a los incendios estructurales, se reportaron 18 este año, apenas uno más que los 17 contabilizados en 2025. Por otro lado, las autoridades señalaron un incremento en los incendios en basureros, que pasaron de 6 a 9 casos.
Mientras tanto, los incendios en maleza reflejaron una reducción considerable, disminuyendo de 167 a 116, lo que evidencia el trabajo constante de la institución durante el período vacacional para atender emergencias y prevenir mayores afectaciones.






