ENTREGA ESPECIAL
Familia vivió más de un año en una tienda de campaña porque no podían pagar el alquiler
Una mujer, su esposo y sus dos hijos vivieron durante un año en una tienda de campaña en Great Langdale, Inglaterra, a donde se mudaron originalmente porque no podían pagar el alquiler en algún lugar.
La madre de familia señala que, durante su estancia, con el reto de llevar dos niños pequeños, vivieron altibajos, risas y berrinches, “las noches que pasamos preguntándonos si la tienda estaba a punto de volarse, y esos preciosos momentos que deseábamos que durarán para siempre”, detalló.
Luego de terminar un trabajo temporal, teninedo un bebé y un niño pequeño, los ingresos en su hogar se redujeron en su hogar, pero los gastos se incrementaron.
“En la primavera de 2014, luchábamos para pagar el alquiler de nuestro diminuto bungalow en Wiltshire, y pasábamos noches en vela buscando desesperadamente una forma de mejorar las cosas.”, expresó.
Estresados y cansados, la pareja buscó un escape y algo de tiempo juntos, por lo que fueron a acampar en Peak District. Durante dos semanas enteras, la vida se sintió perfecta: vivir, trabajar, jugar juntos, rodeados de las vistas, los sonidos y los olores del mundo natural.
Tras la agradable experiencia, pensaron en ¿cómo podrían hacer esa experiencia más larga?.
“También pudimos ver que esta era nuestra mejor oportunidad de crear una vida más equilibrada y satisfactoria para todos nosotros, y una oportunidad de convertir la escritura y la fotografía que amamos en nuestro sustento”, explican.
La familia decidió vender sus pocas posesiones, cambiar su automóvil familiar por una camioneta y comprar una tienda de campaña y una estufa de leña. “Cuando empezamos a planificar dónde alojarnos, las sumas tenían sentido: al menos estaríamos reduciendo a la mitad nuestros gastos”, detallan.
En noviembre de 2014 iniciaron su aventura con un camión lleno de las cosas que ocuparían. Comenzaron en los parques nacionales de South Downs y New Forest en el sur de Inglaterra.
Tras un tiempo, en el que finalmente se acostumbraron a los ruidos de la noche. Decidieron quedarse en cada sitio entre una y cuatro semanas, explorando cada día desde la puerta de la tienda. “El dinero todavía escaseaba, por lo que tuvimos la suerte de encontrar algunos propietarios de campamentos generosos que nos permitieron acampar a bajo precio.”, explican
Luego se dirigieron hacia el oeste, optando por pasar el invierno en Devon. Tras un mes en Peak District y Lake District, les ofrecieron estar una parcela en un potrero tranquilo en Wye Valley durante seis semanas durante el verano, a cambio de cuidar la casa y el jardín de los propietarios mientras estaban lejos.
Fue maravilloso reducir la velocidad, tener tiempo para estar realmente juntos y experimentar plenamente los lugares en los que nos alojamos. Dormir con un oído en la tierra, sintonizándose con los ritmos naturales de la luz y la oscuridad, no hay nada como estar en una tienda de campaña para una inmersión total en un lugar.
Pero no todo fue fácil, pues algunos de sus momentos difíciles incluyen cuando el clima azotó la frágil casa de lona; cuando un pago atrasado por su trabajo freelance los dejó con menos para gastar en comida, por mencionar algunas.
Cuando las dudas los invadían, solo bastaba voltear a ver a sus hijos, quienes estaban felices, rodeados del amor y atención de sus padres, además de estar cautivados por la maravilla de las cosas salvajes.
Alrededor de 18 meses después de comenzar su aventura viviendo en una tienda de campaña, volvieron a alquilar una casa nuevamente.
Tras regresar a una casa, la familia decidió la educación en el hogar, al observando la eficacia con la que sus hijos aprendían al estar inmersos e interactuar con el mundo que los rodeaba.
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El dolor que no se borra: Payaso Chocoyito revive el secuestro y asesinato de su hijo a manos de pandilleros
En un testimonio que estremece hasta las lágrimas, José Domínguez, conocido como el payaso Chocoyito, relató con crudeza el momento en que pandilleros secuestraron y asesinaron a su hijo Nathanael en El Salvador en 2015. Vestido con su característico traje azul, peluca amarilla y nariz roja, el artista transforma su sufrimiento en mensaje de fe y prevención, compartido en plataformas como TikTok y X.
“Me secuestran a mi hijo las pandillas”, comienza Chocoyito con voz quebrada, mientras narra cómo, durante dos meses y medio de cautiverio, él continuaba haciendo reír a niños en fiestas y eventos, ocultando su angustia. El padre explica que, incluso en un congreso de payasos en Nicaragua, mantuvo su compromiso escénico pese al infierno personal que vivía.
El drama alcanzó su clímax cuando le informaron del hallazgo del cuerpo. “Agarré mi moto… y me enseñan esto”, relata, describiendo la foto de su hijo atado de pies y manos con un escopetazo en la cabeza. Cada gesto con el lazo en su muñeca revive el dolor: “Por eso cuando yo hago este lazo y me aprietan duro y me duele la muñeca, recuerdo el dolor de mi hijo”.
@enriqueortegacontrastes Me secuestran a mi hijo las pandillas ##mexico🇲🇽##padresausenteshijoscomplicados##elsalvador🇸🇻##enriqueortegacontrastes ♬ sonido original – Enrique Ortega Contrastes
Chocoyito describe la exhumación en la fosa clandestina: “Cada vez que yo veía un cuerpo… pensé que iba a caer desmayado, pero me mantenía fiel porque quería ver a mi hijo, costara lo que costara”. Al abrir el tercer cuerpo, la confirmación devastadora: “Veo que era mi hijo con la ropa que yo le había dado el día de su cumpleaños”.
“Jamás supe quién le enseñó a mi hijo a decirme todos los días ‘te amo’”, confiesa con emoción contenida, recordando las últimas palabras de Nathanael. “Tenía una foto de mi hijo, la abracé y quería que me dijera te amo, pero él ya no estaba”.
El payaso, quien también es pastor, convirtió su tragedia en el proyecto “Buscando Sonrisas”, visitando escuelas para prevenir la violencia y fortalecer lazos familiares. “Padres de familia, ¿cuándo fue la última vez que le dijiste a tu hijo te amo?”, pregunta directamente al público.Su historia no solo honra la memoria de Nathanael, sino que alerta sobre el flagelo de las pandillas que destrozan familias en Centroamérica. Chocoyito cierra con perdón y esperanza, recordando que “a nadie le deseo lo que yo viví”.
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¿Fracaso histórico o el fin de una era? El colapso de la Francia «invencible» en el Mundial 2026

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Tras varios días de búsqueda, Daniel encuentra el cuerpo de su primo entre los escombros en Venezuela
Daniel González removía polvo y pedazos de bloque con el cepillo de una escoba y sus propias manos dentro de un orificio cavado bajo una losa de concreto. Poco a poco, entre los escombros, comenzó a emerger un cráneo, el primer indicio de su primo, a quien buscaba desde hacía 18 días.
Félix Astudillo fue uno de los más de 4,500 fallecidos por el doble terremoto que impactó el norte de Venezuela el pasado 24 de junio. Al momento de la tragedia se encontraba en un festejo en el piso 2 del edificio Residencias Arichuna, ubicado en el sector Los Corales de La Guaira, el estado más afectado.
La estructura colapsó y quedó sepultada bajo toneladas de concreto. Daniel llegó al lugar un día después del terremoto y encontró el edificio en ruinas.
Según su relato, los trabajos con maquinaria comprometían los cuerpos que permanecían atrapados. Pese a no contar con conocimientos técnicos en labores de rescate, asumió el liderazgo y cambió el método de operación, logrando recuperar varios cadáveres.
Su principal motivación era encontrar a su primo, con quien se crio como si fueran hermanos.
«Mi objetivo es sacar a mi hermano y sacar a las otras 10 o 11 personas también restantes, porque yo siento que son familia mía», expresó Daniel, un joyero de 35 años.
«Merecen tener un entierro digno, porque es muy difícil para la mamá, para el padre (…) es una incógnita que les queda por toda su vida», agregó.
El polvo cubre la ropa negra de Daniel, mientras sus desgastados guantes de tela reflejan más de dos semanas de arduo trabajo. Duerme pocas horas en una carpa instalada a metros del edificio y, durante sus momentos de descanso, piensa en las labores realizadas, los cuerpos recuperados y el trabajo que aún falta por completar.
Un grupo de rescatistas voluntarios, policías y bomberos rodeó el hoyo donde finalmente fue localizado Félix. Con un esmeril, cortaron cuidadosamente las varillas metálicas de las columnas que obstaculizaban el área.
Los equipos aún necesitaban removedor para extraer el cuerpo, en estado de descomposición, sin causarle mayores daños.
Tras encontrar el cadáver, un fuerte olor a putrefacción impregnó el ambiente. El hedor se convirtió en una de las principales pistas utilizadas por los rescatistas para buscar entre los escombros.
El olor les indica las zonas donde deben revisar. Posteriormente, utilizan fotografías de los apartamentos enviadas por familiares para estudiar la estructura y determinar los puntos donde deben realizar las excavaciones.
«No parecemos topos, parecemos sabuesos», comentó Daniel irónicamente, en referencia a los rescatistas mexicanos conocidos popularmente como «topos».
«Con el olor nos guiamos, tomamos fotos y empezamos a excavar. Es fuerte el trabajo, pero gracias a Dios hemos sacado 11 cuerpos intactos con esa metodología», explicó.
Daniel estudió ciencias forenses y la tragedia lo llevó a poner en práctica sus conocimientos para identificar y preservar los cuerpos encontrados.
Su experiencia le permitió reconocer inmediatamente a su primo. Pese al alto grado de descomposición, observar su dentadura fue suficiente para confirmar que su «hermano» había muerto entre los escombros.
«Es difícil, yo siempre he estado con él. Él sabía que estaba con él en las buenas y en las malas. Ahí estoy, pa’lante, hasta la muerte», dijo Daniel mientras las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos.
«Yo le cumplí lo que le prometí, que lo iba a rescatar», agregó.
Entre momentos de esperanza y las arduas labores de rescate, Daniel no había tenido espacio para procesar la pérdida de su primo. Además, carga con el luto de los cuerpos que ha recuperado.
«Yo creo que estas mismas lágrimas que estoy botando son por los 11 cuerpos que ya saqué y por los 10 o poco más que todavía quedan», expresó.
Conmocionado, Daniel revisó las pertenencias de Félix encontradas en una cartera ubicada junto al sofá donde descansaba al momento del colapso del edificio.
Observó detenidamente su documento de identidad, tarjetas bancarias, billetera y su teléfono celular, que quedó hecho añicos. Posteriormente, guardó cuidadosamente cada objeto en una bolsa de plástico.
«Ya por lo menos mi familia va a estar tranquila», concluyó.






