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Torperdos merengues de Bellingham hunden en el Clásico al barco blaugrana
El Real Madrid remontó un clásico que perdía a los seis minutos, pero ganó en la prolongación. Su diamante, Jude Bellingham, le dio otra alegría en esta temporada de cuento que está protagonizando. Montjuich asistió a una nueva demostración de la gran sensación del fútbol europeo, que en su primer clásico no dejó lugar a dudas de su extraordinario momento de forma. Quizá en su partido más gris desde que llegó a la Liga, gris como un encuentro falto de ritmo y de ocasiones, dos apariciones del inglés bastaron para que los locales mordiesen el polvo. Los tres puntos consolidan a los blancos en el liderato, mientras el Barcelona ve alejarse a cuatro puntos a su eterno rival con mucha liga aún por cortar.
La habitual torrija en los inicios de partido acompañó al Madrid en el clásico. El cronómetro se acercaba a los seis minutos cuando la movilidad de Fermín, un incordio a la espalda de Kroos, provocó el primer cortocircuito de la defensa del Madrid. Gundogan, que quiso hacer la pared con el exjugador del Linares, se aprovechó de una mala cesión atrás de Tchouameni y la falta de contundencia de Alaba para cruzar el primer gol ante la salida desesperada de Kepa.
El 1-0 dejó tocados a los blancos, a los que les costó enlazar tres pases seguidos en los primeros 45 minutos. Con Fermín pendiente de Kroos y Gavi como sombra de Bellingham, al Madrid no le duraba la pelota. El segundo pudo llegar al cuarto de hora. Fermín, solo en el área, chutó al poste cuando se cantaba el 2-0.
El Madrid no espabilaba ni a tiros. Con Rodrygo fuera de onda, ni Vinicius ni Valverde podían con Araújo y Balde, mientras Bellingham navegaba en un inmenso océano de camisetas azulgranas. El duelo entre brasileño y uruguayo, ya un clásico de los clásicos, volvió a decantarse para los barcelonistas. Mala noticia para el equipo de Ancelotti, que parecía perder ya desde la alineación. Los dos únicos remates blancos no acertaron con la portería de un inédito Ter Stegen. Rudiger chutó alto desde más allá del balcón del área, y Carvajal estrelló un remate esquinado en el lateral de la red.
Para entonces el clásico había perdido ritmo y solo se animaba con Joao Félix. Su conexión con Balde a punto estuvo de dar otro disgusto al Madrid, que bien pudo irse al descanso con más ventaja si el árbitro hubiese pitado penalti de Tchouameni a Araujo por claro agarrón en el primer córner de todo el partido, para el Barcelona a los 44 minutos.
No era difícil, pero el Madrid regresó mandón al campo. El dominio era suyo, pero otra vez el Barcelona acarició el segundo. A los 50 minutos, en el tercer córner del partido (todos para los locales) Íñigo Martínez cabeceó al poste y Araujo exigió el paradón de Kepa tras el rechace de la madera. Con Camavinga como improvisado lateral zurdo, lo que dio alas a Cancelo, los blancos ya empotraban al rival contra su propia portería. No les hizo falta pisar el área.
Antes de cumplirse la hora de juego, Kroos chutó para que Ter Stegen se estirase cerca del poste. Y, luego, llegó el espectáculo de Bellingham. Al segundo chut, el inglés encontró el agujero. Su violento misil, perpendicular a la portería, se coló cerca del poste de un sorprendido Ter Stegen, que trató de despejar el disparo a mano cambiada. Fue el noveno gol del pichichi liguero, que no deja de resolver situaciones comprometidas para su equipo.
El partido comenzaba de nuevo, y, frente a un Barcelona extrañamente conformista, era el Madrid el que manejaba la iniciativa. Camavinga pudo sufrir penalti en un forcejeo con Araujo, pero Lewandowski recordó que los azulgrana seguían de pie con un chut desde la frontal que lamió el larguero de Kepa. De área a área, el clásico se internaba en el incierto territorio de los diez últimos minutos. Justo entonces volvió a aparecer Bellingham para rematar el definitivo 1-2 con la canilla. Fue tras un centro de Carvajal, que mordió Modric en el primer palo, para que el inglés, en versión cazagoles, premiase a los blancos.
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Luis Enrique, el instaurador de la dinastía del PSG
En París nadie había logrado lo que el DT español de 56 años, ni de lejos. Dos Orejonas y una semifinal en tres años lo situan en la senda marcada por el francés Zinedine Zidane cuando conquistó en tres ocasiones consecutivas el título supremo del fútbol europeo con el Real Madrid entre 2016 y 2018.
El entrenador asturiano ha logrado transmitir a sus jugadores su ambición, su fuerza mental y su resiliencia.
«Querer ganar más» –
«Estas ganas de querer ganar más, creo que Luis Enrique es el culpable de ello, y espero que siga impulsándonos a ganar aún más», declaró el centrocampista organizador Vitinha al término de la final ganada al Arsenal el sábado en los penales.
Con esa segunda Champions del PSG, y tercera en la carrera de «Lucho», que ya la había conquistado con el FC Barcelona en 2015, el técnico nacido en Gijón entra en una nueva dimensión.
«Para el PSG, este segundo título consecutivo de la Champions League cambia para siempre la forma en que el club será recordado. Para Luis Enrique, cambia la forma en que la historia del fútbol lo recordará a él», escribió el Marca este domingo.
Pero para llevar al PSG a las más altas cotas tuvo que acometer una revolución como no se había visto en el club de la capital francesa desde su adquisición por capital catarí. Ni siquiera entrenadores con el prestigio de Carlo Ancelotti o Thomas Tuchel habían gozado de tantos poderes para construir un plantel a su imagen y semejanza.
Libertad plena –
Luis Enrique ha tenido plena libertad para transformar un equipo basado en una conjunción no siempre complementaria de estrellas rutilantes (Messi, Neymar, Mbappé…) en un grupo homogéneo y compenetrado del que él es el líder indiscutible.
«Al diseñar el mejor equipo del mundo desde hace dos años con un material que al principio no parecía un tesoro, el entrenador español logra una hazaña considerable que lo sitúa en el panteón de la historia de los entrenadores», lo alabó este domingo el pertiódico francés Le Parisien.
Una frase de Luis Enrique en un documental de Movistar+, quedará para la historia como la clave de sus éxitos: «El hecho de tener a un jugador (Mbappé) que se movía por donde él quería implicar que hay situaciones de juego que yo no controlo. El año que viene las voy a controlar todas. Todas».
En efecto, en su caso nada es fruto del azar y sí de una profunda meditación de cada decisión, comenzando por sus ideas de juego basadas en la posesión y en una presión alta y colectiva tras la pérdida del balón. «Es sencillo: si no presionas, si no defiendes, Luis Enrique te va a mandar al banquillo», contaba hace unos días Ousmane Dembélé, que ganó el Balón de Oro en gran parte gracias al cambio de posición que impulsó su entrenador, colocándolo como falso nueve.
Luis Enrique ha logrado mantener una relación equilibrada con sus jugadores, a la vez cercana a ellos, pero «fuerte con los fuertes».
Ambición y competitividad –
El asturiano, aficionado al ciclismo, es un obseso de la nutrición y vigila meticulosamente la forma de sus jugadores.
«Es genético, si me ves por Gijón, en la playa, soy competitivo. Me levanto temprano», confesaba hace unos días el técnico cuyo contrato expira en 2027, aunque todo indica que su renovación está cercana.
Así pues, Luis Enrique seguirá siendo el mascarón de proa de un equipo que está ya por derecho propio entre los mejores de la historia, como el Real Madrid de las Champions sucesivas (2016, 2017, 2018) o el Ajax de Ámsterdam de los años 1970.
Sólo tres equipos en la historia de la competición han levantado al menos dos Orejonas, y sólo nueve lo han logrado de forma consecutiva.
Para un hombre de su ambición y competitividad en el horizonte sólo asoma una tercera Champions seguida con el PSG, aunque aún no lo reconozca abiertamente; «Los próximos objetivos estarán a la altura de nuestros aficionados, del club y de nuestra ciudad».
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Lamine Yamal tuvo «miedo» de perderse el Mundial
En declaraciones a los medios de la Federación Española, Lamine recordó como se lesionó en el partido de Liga contra el Celta el 22 de abril.
«Estaba rezando por dentro por que no fuera nada, por que fuera un calambre o cualquier cosa, porque veía muy cerca el Mundial y sabía que una lesión de ‘isquios’ de poco tiempo no era», comentó Lamine Yamal.
«Tenía miedo de que fuera grave y, sobre todo, aunque no fuera grave, pero poder recaer y que me pudiera perder el Mundial», añadió el delantero del Barcelona.
Lamine sufrió una lesión en el bíceps femoral de la pierna izquierda al chutar un penal contra el Celta.
El seleccionador español, Luis de la Fuente, confía en poder tenerlo disponible para el primer encuentro de la Roja en el Mundial contra Cabo Verde el próximo 15 de junio.
El jugador calentó este domingo con sus compañeros en el primer entrenamiento de la Roja antes de retirarse y continuar en el gimnasio.
«También es verdad que ayuda que vas a jugar un Mundial, entoces la mente está como si no hubieras jugado un partido en toda la temporada y estoy con muchas ganas de poder debutar», afirmó.
A punto de jugar su primer Mundial, Lamine está convencido de que «es lo más grande» que hay en el fútbol y admite haber «soñado mil veces» con ganarlo.
Lamine elogió al grupo de jugadores que le rodean en la selección.
«Al final jugamos contra selecciones muy buenas. Si jugamos contra Francia y yo soy muy importante, pero el equipo no está bien, no tenemos nada que hacer», afirmó.
«Por eso voy con esa ilusión, porque sé que tenemos una gran selección, de las mejores que hemos tenido, con jugadores importantes», dijo el delantero de la Roja.
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«El PSG es el mejor equipo del mundo», admite Arteta
El entrenador del Arsenal, Mikel Arteta, reconoció que el flamante vencedor de la Liga de Campeones, el Paris Saint-Germain, es «el mejor equipo del mundo», después de que su equipo cayera derrotado en la tanda de penales este sábado en Budapest.
Tras empatar 1-1 después de la prórroga, el PSG se proclamó campeón de la Liga de Campeones por segunda temporada consecutiva al mostrarse más efectivo en la tanda de penales (4-3).
Un serio Arteta confesó en conferencia de prensa en el estadio Puskas Arena que sentía «dolor», y admitió que su Arsenal, flamante campeón de la Premier League, estuvo a un nivel inferior al PSG, que dominó el balón de principio a fin.
«Quiero felicitar al PSG y, en particular, a Luis (Enrique, el entrenador), porque en mi opinión son los mejores del mundo», dijo Arteta ante los periodistas.
«Lo que son capaces de hacer con el balón, con acciones individuales, no lo había visto (antes)», declaró el DT vasco.
El Arsenal tuvo menos del 25 por ciento de posesión del balón en el partido, y sufrió para contener las acometidas del PSG.
Los campeones de la Ligue 1 igualaron el récord de 45 goles marcados en una campaña de la Liga de Campeones -que estaba en manos del Barcelona- gracias al penal de Ousmane Dembélé en la segunda parte, que sirvió para neutralizar el tempranero gol inicial de Kai Havertz para el Arsenal.
Arteta no se mostró conforme con la decisión de no conceder un penal al extremo del Arsenal Noni Madueke cuando el marcador señalaba un 1-1, pero aceptó que su equipo aún tiene que mejorar más si alguna vez quiere ganar la Liga de Campeones.
Esta fue su segunda aparición en la final de la competición, 20 años después de la primera, en la que perdió contra el Barcelona en París.
En casi siete años al mando, Arteta ha ayudado a devolver al Arsenal a la cima, conquistando el título de liga inglesa tras una espera de 22 años, pero insistió en que eran necesarios más cambios, para seguir progresando.
«El mismo progreso que hemos tenido en los últimos años vamos a tener que repetirlo, y el nivel aumenta cada temporada», explicó.
«Tienes que pasar por ese dolor (desde esta noche), digerirlo y convertirlo en combustible para mejorar y alcanzar un nivel diferente, porque la calidad que hay en Europa exige un nivel distinto».




