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Ellos eran los hermanitos que se ahogaron en una poza: Fueron a celebrar su graduación

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Los hermanos Jonathan Moisés Ortíz Cruz, de 17 años y José Leonardo Ortíz Cruz, de 15 años, perdieron la vida ahogados en una Poza de Huizúcar, La Libertad.

De acuerdo con la información, los jovencitos se sumergieron a la poza para nadar, pero ya nunca más salieron a la superficie.

Según informaron los familiares, los estudiantes celebraban su graduación uno de bachillerato y el otro de 9 grado

El padre de los hermanos contó que uno de los deseos de los jóvenes era darse un chapuzón y comer a la orilla de esta parte del río.

En el sector hay un rótulo que advierte la profundidad de la poza de 2.5 metros

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El legado de Habermas frente al desierto de la posmodernidad- Lisandro Prieto Femenía

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«La tarea de la filosofía no es otra que mostrar los límites y las posibilidades de la razón humana; y hacerlo exige, justamente, no confundir la crítica con la mera destrucción de la confianza en la razón»

Jürgen Habermas, Teoría de la acción comunicativa, 1981.

Jürgen Habermas ha muerto. Con su fallecimiento se cierra la trayectoria de un pensador que, lejos de sucumbir a las modas del escepticismo radical, se mantuvo como el último gran guardián del proyecto ilustrado. En un siglo marcado por la fragmentación del sentido, Habermas investigó con rigor cómo la comunicación no es un mero intercambio de subjetividades, sino el ancla misma de la legitimidad democrática. Su desaparición biográfica no debe interpretarse como el acta de defunción de su pensamiento; por el contrario, nos obliga a evaluar si Occidente aún posee la voluntad de sostener una esfera pública basada en la exigencia de verdad.

Habermas articuló su proyecto sobre una premisa innegociable: la razón no es un instrumento de poder, como pretendieron sus críticos más feroces, sino una trama de justificación intersubjetiva. Como señala en su obra cumbre: «La comunicación (Verständigung) constituye la base normativa de la acción social coordinada» (Habermas, 1981, p. 24). Para el filósofo de Fráncfort, la democracia no es un juego de identidades en pugna, sino un proceso deliberativo donde la fuerza del mejor argumento debe prevalecer sobre la coacción. En La transformación estructural de la esfera pública, recordaba que la irrupción de una opinión pública crítica fue el acontecimiento que permitió la fiscalización racional del poder político (Habermas, 1990, p. 50).

La inquietud que despierta su partida no es meramente académica. En un panorama intelectual donde el pensamiento profundo parece ceder ante la banalidad de la inmediatez, la figura de Habermas funcionaba como un recordatorio de que la sensatez es un ejercicio de disciplina intelectual. Se ha planteado que su muerte representa el fin del pensamiento racional en Occidente; sin embargo, esta tesis peca de un pesimismo romántico. La razón comunicativa no es el patrimonio de un hombre, sino un procedimiento que sobrevive en la medida en que las instituciones y los ciudadanos decidan someter sus pretensiones de validez al escrutinio del otro.

No obstante, el diagnóstico de Habermas sobre la «colonización del mundo de la vida» adquiere hoy una vigencia estremecedora. Advertía que la invasión de las lógicas sistémicas —el mercado y la burocracia— pone en peligro «la reproducción de las capacidades comunicativas necesarias para la acción coordinada» (Habermas, 1981, p. 357). Lo que hoy observamos no es solo una crisis política, sino una deformación técnica de la palabra. La aceleración digital y la gestión de algoritmos han sustituido la deliberación por la gestión de flujos de datos, convirtiendo al ciudadano en un consumidor de eslóganes.

Esta deriva se manifiesta con especial virulencia en el ascenso de la tecnocracia contemporánea. Habermas ya había advertido en Ciencia y técnica como «ideología» que el peligro de la Modernidad radica en la transposición de la racionalidad instrumental al campo de la praxis social. Cuando la gestión pública se reduce a la «solución de cuestiones técnicas» bajo la égida de expertos, se produce una despolitización de la voluntad ciudadana. En palabras del autor, la autocomprensión tecnocrática «elimina la distinción entre acción técnica y acción práctica», lo que permite que la administración de las cosas reemplace la justicia entre los hombres (Habermas, 1984, p. 86). La gobernanza actual, regida por métricas de eficiencia y la dictadura del dato, es la consumación de ese riesgo: una sociedad que sabe cómo optimizar procesos, pero que ha olvidado cómo discutir sus fines.

A este escenario se suma el estado patético de una cultura posmoderna que ha renunciado al pensamiento estructural. La fragmentación del discurso mediático ha devuelto a la sociedad a un estado de «sordera comunicativa» donde el diálogo es imposible, no por falta de medios, sino por la aniquilación de las facultades cognitivas necesarias para sostener una argumentación de largo aliento. En Problemas de legitimación en el capitalismo tardío, Habermas señalaba que el sistema requiere de una «lealtad de masas» que se obtiene mediante la manipulación de significados (Habermas, 1975, p. 94). Hoy, esa manipulación se ha sofisticado: los sistemas educativos occidentales, en una capitulación intencional frente a las demandas del mercado, han sustituido la formación humanística y el rigor lógico por una instrucción superficial en «competencias» líquidas.

Como bien ha analizado la crítica contemporánea en sintonía con las advertencias habermasianas, el abandono de la formación estructural condena al sujeto a una inmediatez pulsional. La educación ya no busca la mayoría de edad kantiana —el Sapere aude—, sino la adaptación acrítica a entornos digitales donde la verdad es irrelevante frente a la viralidad. Esta «despoblación del intelecto» es el caldo de cultivo para un irracionalismo que Habermas combatió con vehemencia: si el lenguaje pierde su capacidad de referir a la realidad compartida y se convierte solo en un arma afectiva o de autoafirmación, la esfera pública colapsa irremediablemente.

Frente a esta decadencia, la tarea del filósofo actual exige reivindicar aspectos puntuales de la ética discursiva habermasiana que funcionan como antídotos contra la disolución posmoderna. En primer lugar, es imperativo recuperar la noción de pretensiones de validez. Habermas sostenía que todo acto de habla genuino lleva implícitas las exigencias de verdad, rectitud y veracidad; renunciar a ellas bajo el pretexto de que «la verdad es una construcción de poder» no es un acto de liberación, sino de desarmamiento intelectual. Reivindicar que existe un horizonte de verdad compartida es lo que permite que el diálogo no sea un simulacro, sino una confrontación real de razones.

En segundo lugar, debemos defender el carácter procedimental de la justicia frente al esencialismo identitario. Mientras la posmodernidad se refugia en el particularismo irreductible, Habermas nos recuerda que «el principio de universalización actúa como un cuchillo que corta las fibras de los intereses meramente particulares» (Habermas, 1990, p. 83). Para resistir la fragmentación, el filósofo debe ser capaz de elevarse por encima de su biografía o su tribu para apelar a normas que cualquier ser racional pueda aceptar. La filosofía no debe ser una terapia de grupo para la afirmación del yo, sino el tribunal donde se examinan las pretensiones que aspiran a regular nuestra convivencia.

Es necesario, por tanto, rescatar el núcleo duro de su propuesta frente a la decadencia de la deconstrucción posmoderna. Mientras que el relativismo absoluto reduce todo discurso a un juego de poder o a una construcción arbitraria, Habermas sostuvo que «sólo puede pretenderse validez a una norma si todos los afectados por sus consecuencias pueden aceptar racionalmente las normas reguladoras» (Habermas, 1990, p. 102). Esta pretensión de universalidad es el último dique contra el tribalismo. La verdadera crítica no consiste en destruir la confianza en la razón para dejar el campo libre a la voluntad de poder, sino en perfeccionar las condiciones materiales y procedimentales para que el diálogo sea posible.

El mayor riesgo contemporáneo es la sustitución de la argumentación por la performatividad emocional. Cuando la política se reduce a la afirmación de identidades cerradas que no aceptan la mediación de la razón, la esfera pública desaparece. A esto se suma la tecnocracia algorítmica, que naturaliza decisiones opacas bajo el manto de la eficiencia métrica. El predominio del experto sobre el ciudadano debilita el fundamento mismo de la soberanía popular, transformando la deliberación en un trámite administrativo. Frente a estos peligros, la lección de Habermas es clara: la emancipación no vendrá de la ruptura con la modernidad, sino del cumplimiento de sus promesas de racionalidad y autonomía.

La tarea no es la nostalgia, sino la reconstrucción de las instituciones que permiten la argumentación pública. Esto implica fortalecer una educación cívica que no tema a la jerarquía del conocimiento y diseñar marcos que protejan la pluralidad frente a la uniformidad del big data. El mandato de Habermas es una exigencia normativa que sobrevive a su autor: la razón debe ser pública y debe ser defendible.

¿Es posible sostener la pretensión de universalidad en un mundo que ha renunciado a la noción misma de verdad objetiva? ¿Podrá la arquitectura de la deliberación habermasiana resistir el embate de una tecnología que prioriza la reacción instintiva sobre la reflexión pausada? ¿Estamos dispuestos a aceptar la carga de responsabilidad que implica justificar racionalmente nuestras posiciones, o preferiremos el refugio cómodo pero estéril del narcisismo identitario? ¿Qué queda de la «fuerza del mejor argumento» cuando la autoridad del experto técnico se utiliza para blindar decisiones políticas ante el escrutinio público? ¿Cómo recuperar la dimensión práctica del lenguaje en una civilización que ha reducido la comunicación a un flujo de información optimizable para el mercado? ¿Hasta qué punto la degradación de los sistemas educativos es un error de gestión o una estrategia deliberada para erosionar la capacidad de resistencia racional del ciudadano? ¿Es la filosofía actual capaz de proponer un horizonte universalista sin caer en el dogmatismo, o ha sido domesticada por el imperativo de la corrección política posmoderna?

Referencias bibliográficas

· Habermas, J. (1975). Problemas de legitimación en el capitalismo tardío. Buenos Aires: Amorrortu.

· Habermas, J. (1981). Teoría de la acción comunicativa. Volumen I. Madrid: Taurus.

· Habermas, J. (1984). Ciencia y técnica como «ideología». Madrid: Tecnos.

· Habermas, J. (1990). La transformación estructural de la esfera pública. Madrid: Alianza.

· El País. (14 de marzo de 2026). Muere el filósofo alemán Jürgen Habermas a los 96 años.

· BBC Mundo. (14 de marzo de 2026). Jürgen Habermas: la vida y legado del filósofo alemán.

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LNB dedica su sorteo LOTRA N.º 444 al Centro Histórico de San Salvador

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La Lotería Nacional realizó este miércoles el Sorteo LOTRA N.º 444, dedicado al emblemático Centro Histórico de San Salvador, un espacio renovado que hoy recibe a cientos de visitantes nacionales e internacionales que disfrutan de un entorno seguro, ordenado y con alto valor cultural.
Con este sorteo, la institución se suma a la dinámica de uno de los principales puntos de encuentro durante la temporada de Semana Santa, acercando la suerte a un lugar que integra historia, cultura y una amplia oferta para las familias salvadoreñas.
Entre sus destinos más representativos destacan la Catedral Metropolitana, la Biblioteca Nacional de El Salvador (BINAES) y el Teatro Nacional, junto a restaurantes, cafés y actividades culturales que fortalecen la experiencia de quienes lo visitan.
Como parte del protocolo previo, se realizó la presentación de los Premios Mayores y la selección de los maletines de balotas, con la participación de Adriana Larín, directora general de la Autoridad del Centro Histórico.
Posteriormente, el Team Lotería entregó el marco conmemorativo correspondiente al vigésimo de la semana.Resultados del Sorteo LOTRA N.º 444:

  • Primer Premio: $205,000 – Billete N.º 07292 (No vendido)
  • Segundo Premio: $20,000 – Billete N.º 24640 (No vendido)
  • Tercer Premio: $10,000 – Billete N.º 22682 (No vendido)

Podés consultar la lista completa de números ganadores en www.lnb.gob.sv.También podés sintonizar el resumen de premios principales a las 5:30 p. m. por Canal 10.

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Banco Cuscatlán y SISA Seguros reafirman su compromiso con Cruz Roja Salvadoreña por sexto año consecutivo en Semana Santa 2026

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Banco Cuscatlán y SISA Seguros entregaron un nuevo donativo a la Cruz Roja Salvadoreña para fortalecer el “Plan Semana Santa 2026”, operativo que busca atender emergencias derivadas de accidentes en playas, balnearios, actos religiosos y carreteras durante las festividades.

FOTOS: Diario Digital Cronio

Este esfuerzo conjunto, que se mantiene por sexto año consecutivo, tiene como objetivo principal reforzar la capacidad de respuesta de los socorristas y guardavidas ante el aumento de la movilidad y los riesgos típicos de esta temporada.

FOTOS: Diario Digital Cronio

La donación incluye equipos esenciales para los voluntarios: maletines para botiquines y suministros médicos de primeros auxilios, canopis para los puestos de socorro, hieleras para mantener los insumos de hidratación a la temperatura adecuada, y bolsas taqueras para facilitar el transporte de materiales. Todo ello busca garantizar una atención rápida y de calidad en situaciones de emergencia.

FOTOS: Diario Digital Cronio

“En Banco Cuscatlán reconocemos que esta es una época especialmente significativa para las familias salvadoreñas, por lo que reafirmamos nuestro compromiso de respaldar las acciones impulsadas por la Cruz Roja Salvadoreña. A través de este aporte, nos sumamos a los esfuerzos por promover espacios de recreación seguros, facilitando insumos de salvamento que contribuyen a la prevención de incidentes en entornos acuáticos y terrestres, y fortalecen la capacidad de respuesta oportuna de sus voluntarios en la protección de la vida”, expresó Evelyn Pozas, Coordinadora de Relaciones Corporativas y RSE del Banco Cuscatlán.

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Por su parte, Roxana Zúniga, Gerente de Comunicaciones y Mercadeo de SISA Seguros, señaló: “En SISA Seguros reafirmamos nuestro compromiso con la seguridad y bienestar de los salvadoreños al sumarnos junto a Banco Cuscatlán al valioso trabajo de Cruz Roja Salvadoreña. A través de este donativo, contribuimos al fortalecimiento del equipo de guardavidas y socorristas durante el período de Semana Santa, mediante la entrega de equipos e implementos médicos para brindar las asistencias, y el Plan de Guardacostas, convencidos de que respaldar esta labor es también una forma de cuidar a las familias que disfrutan de estas vacaciones”.

FOTOS: Diario Digital Cronio

El “Plan Semana Santa 2026” de la Cruz Roja Salvadoreña contempla el despliegue de 9 puestos de socorro acuáticos en las playas y balnearios de mayor afluencia, 10 puestos terrestres en las principales carreteras del país y la activación de 60 seccionales que funcionarán como puestos de socorro adicionales. En total, cerca de 1,500 voluntarios participarán en el operativo a nivel nacional.

FOTOS: Diario Digital Cronio

Fernando Márquez, Primer Director del Consejo Ejecutivo de Cruz Roja Salvadoreña, agradeció el apoyo sostenido de ambas empresas: “Agradecemos profundamente el respaldo constante de Banco Cuscatlán y SISA Seguros, aliados que han demostrado su compromiso con nuestra labor a lo largo de los años. Su contribución permite que nuestros socorristas y guardavidas cuenten con el equipamiento necesario para responder de manera oportuna durante la temporada de Semana Santa, un período en el que aumentan los riesgos y la demanda de atención en emergencias”.

FOTOS: Diario Digital Cronio

El plan busca orientar y asistir a la población con medidas de prevención, protección, atención de primeros auxilios, seguridad y salvamento acuático, garantizando un servicio eficaz y eficiente durante las vacaciones.

@diario_digital_cronio Este esfuerzo conjunto entre Banco CUSCATLAN y SISA Seguros busca fortalecer la capacidad de respuesta ante emergencias y brindar atención inmediata a quienes más lo necesiten durante este periodo de alta movilidad y mayor riesgo. Esta donación permitirá el abastecimiento de equipos a los socorristas de Cruz Roja Salvadoreña, como maletines para botiquines y suministros médicos para la atención de primeros auxilios; canopis que servirán en los puestos de socorro; hieleras para mantener los insumos de hidratación a la temperatura adecuada; y bolsas taqueras para facilitar el transporte de materiales esenciales, todo con el fin de garantizar una atención de calidad durante situaciones de emergencia. #Cronio #bancocuscatlan #SISA #cruzrojasalvadoreña ♬ sonido original – Diario Digital Cronio

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