Principal
Hombre cae de un autobús en movimiento en Sonsonate
Imagen de referencia
Un hombre resultó gravemente lesionado luego de caerse de un autobús en movimiento en la zona cercana a la nueva terminal de buses de la ciudad de Sonsonate.
La víctima resultó con una lesión en uno de sus brazos, lo que requería atención con urgencia, por lo cual fue trasladado a un hospital de la localidad.
Aunque no se ha establecido cómo ocurrieron los hechos, se responsabiliza al motorista por conducir con las puertas abiertas mientras hacen sus recorridos.
Algunos usuarios afirmaron que algunos conductores del transporte público no respetan a los pasajeros. Además, denuncian que van a excesiva velocidad.
De momento no se ha informado cuál es la ruta involucrada.

Internacionales
Prohibición de redes para adolescentes en Australia: regulador investiga a plataformas
Australia prohibió en diciembre que menores de 16 años utilicen las principales plataformas, alegando la necesidad de protegerlos de «los algoritmos depredadores» y del ciberacoso.
«Aunque las plataformas de redes sociales han tomado algunas acciones iniciales, me preocupa, por nuestro monitoreo del cumplimiento, que algunos puedan no estar haciendo lo suficiente para cumplir con la ley australiana», dijo Julie Inman Grant, comisionada del regulador de seguridad en línea de Australia.
Inman dijo que hay «preocupaciones significativas» de que Facebook, Instagram, Snapchat, TikTok y YouTube puedan estar incumpliendo la prohibición.
Las posibles infracciones incluyen ofrecer «medidas insuficientes para prevenir la creación de nuevas cuentas de menores de 16 años».
«Como resultado, ahora adoptamos una postura para reforzar la aplicación de la ley», dijo.
«Esta reforma está deshaciendo 20 años de prácticas», afirmó Inman.
«Estas plataformas tienen la capacidad de cumplir hoy y ciertamente esperamos que las empresas que funcionan en Australia cumplan con nuestras leyes de seguridad», dijo.
«Pueden elegir hacerlo o enfrentarse a consecuencias cada vez más graves», agregó la comisionada.
Cada vez más estudios sugieren que el bienestar de los adolescentes se ve afectado por pasar demasiado tiempo en línea.
Malasia, Francia, Nueva Zelanda e Indonesia están entre los países que ahora evalúan medidas similares a la australiana.
Las empresas tienen toda la responsabilidad de verificar que los usuarios en Australia tengan 16 o más años.
Algunas han dicho que implementarán herramientas de inteligencia artificial para estimar la edad a partir de fotografías. Los usuarios jóvenes pueden demostrar su edad con un documento de identidad emitido por el gobierno.
Aunque la mayoría de compañías tecnológicas han aceptado cumplir con la ley australiana, también han advertido que la mano dura podría llevar a los adolescentes a rincones más oscuros y menos regulados de Internet.
Meta, matriz de Facebook e Instagram, aseguró en enero que los efectos iniciales de la norma «sugieren que no está cumpliendo con los objetivos de aumentar la seguridad y el bienestar de los jóvenes australianos».
La empresa aseveró que padres y expertos estaban preocupados por el riesgo de que la prohibición aislara a los jóvenes de las comunidades en línea.
El sitio de foros de discusión en línea Reddit presentó un recurso legal contra la prohibición, que calificó como «legalmente errónea».
La compañía estadounidense dijo tener serias preocupaciones en torno a la privacidad asociadas a la verificación de edad por parte de las plataformas, ya que la recolección de información personal creaba el riesgo de filtraciones o hackeos.
El recurso de Reddit está pendiente de ser estudiado por el Tribunal Supremo de Australia.
Internacionales
Los costes de robo de carga superan los $9,000 millones en Europa
La periodista argentina Nazarena Lomagno destacó en la red social X que los costes de robo de carga en toda Europa ascienden a los 8,200 millones de euros (más de 9.3 millones de dólares), en el contexto del aumento de hechos de este tipo en el viejo continente, especialmente en el rubro de los alimentos.
Los datos, tienen a la base el artículo «The use of violence in cargo theft – a supply chain disruption case», publicado en el «Journal of Transportation Security» en «Springer Nature Link», en el cual se examinan los patrones de robos de carga con violencia en la región de Europa, Oriente Medio y África, considerando el valor de los bienes robados, la frecuencia de los incidentes, la ubicación en la cadena de transporte y la categoría del incidente.
Lomagno, detalla que Alemania es actualmente la nación más afectada por ladrones de carga. «Un camión es robado cada 20 minutos allí, lo que cuesta aproximadamente 2,200 millones de euros (2.5 millones de dólares) al año», de acuerdo a DHL, añade.
En un uno de los hechos más escandalosos, se dio a conocer este día el robo de más 12 toneladas de chocolates de la marca KikKat.
«Siempre hemos animado a la gente a disfrutar de un KitKat, pero parece que los ladrones se lo han tomado demasiado en serio y se han llevado más de 12 toneladas de nuestro chocolate. Si bien apreciamos el exquisito gusto de los delincuentes, lo cierto es que el robo de mercancías es un problema cada vez mayor para empresas de todos los tamaños», publicó la compañía en un comunicado en redes sociales.
De acuerdo a CNN, los dulces, fabricados por la empresa suiza Nestlé, fueron sustraídos mientras el vehículo distribuía las barras a lo largo de una ruta que iba desde una fábrica en el centro de Italia hasta Polonia, según informó KitKat en un comunicado.
Hasta el momento, «el vehículo y su contenido siguen sin ser localizados, y las investigaciones continúan en estrecha colaboración con las autoridades locales y los socios de la cadena de suministro», añade el comunicado de la compañía.
El robo alcanza las 413,793 barras de KitKat, cada una de ellas es rastreable mediante los números de lote impresos en el envase, por lo que KitKat ha solicitado a cualquier persona que encuentre una coincidencia que alerte a la empresa.
La compañía también recordó que un informe conjunto de la Unión Internacional de Seguros Marítimos (IUMI) y la Asociación para la Protección de Activos Transportados (TAPA) EMEA concluyó que el robo de cargas y el fraude en el transporte de mercancías están en aumento y se están volviendo cada vez más sofisticados.
Le anteceden a este robo de golosinas en Europa, el de julio de 2023, cuando un británico fue condenado a 18 meses de prisión por robar 200,000 huevos de chocolate de Cadbury Creme Eggs.
El ladrón irrumpió en una nave industrial y huyó con el botín a bordo de un camión robado. Los huevos de chocolate con leche, rellenos de una «yema» de fondant amarillo y blanco, gozan de un estatus de culto en el Reino Unido y se comercializan durante el periodo de Pascua.
Opinet
Perdón y reconciliación pascual en una posmodernidad vengativa- Lisandro Prieto Femenía
“El perdón no es un olvido, es la memoria del pasado transfigurada por la caridad. No es la negación de la justicia, sino su cumplimiento más alto y difícil en la historia de los hombres”
Juan Pablo II (2002). Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, p. 3.
Como hemos repetido hasta el hartazgo, la posmodernidad está caracterizada por la caída de los grandes relatos y la fragmentación del sentido, dejando al sujeto contemporáneo en una suerte de orfandad ética donde la justicia suele reducirse al simple cálculo de la pena. En este escenario de profunda decadencia axiológica, la celebración de la pascua emerge no como un rito anacrónico de la memoria litúrgica, sino como una interrupción violenta, un verdadero “kairós” en la lógica de la reciprocidad negativa que suele dominar los escenarios de posconflicto.
Mientras que la justicia retributiva se asienta sobre la búsqueda de una equivalencia exacta del daño, la propuesta cristiana de reconciliación introduce una asimetría que descoloca la razón puramente jurídica. No se trata, bajo ningún concepto, de ignorar el agravio o de promover una amnesia institucionalizada, sino de entender que la justicia, cuando queda abandonada a su propia inercia punitiva, corre el riesgo inminente de transformarse en una venganza legalizada que perpetúa el ciclo del resentimiento.
En su obra “La memoria, la historia, el olvido”, Paul Ricoeur profundiza en esta tensión dialéctica con una altura filosófica que nos permite distinguir la norma de la excepción. El filósofo sostiene que el perdón posee una naturaleza excepcional que sobrepasa el orden de la ley sin anular su vigencia, advirtiéndonos así sobre la fragilidad de una sociedad que sólo sabe castigar, mientras que señala que el perdón es el único dispositivo capaz de liberar el pasado para que éste deje de ser un destino fatal para las generaciones venideras. Al respecto, nuestro autor afirmó con precisión que “el perdón, si tiene un sentido, si existe, debe ser un perdón de lo imperdonable. La justicia, por el contrario, se detiene ante lo imperdonable, puesto que su medida es la de la retribución y la de la equivalencia entre el crimen y el castigo” (Ricoeur, 2004, p. 593).
Esta distinción resulta fundamental para comprender la ética pascual en contextos donde las heridas sociales aún supuran. La justicia distributiva busca el equilibrio de la balanza, una simetría de dolor, pero el perdón cristiano busca la restauración del sujeto y la posibilidad de un nuevo comienzo. La pascua es, en su esencia más íntima, la victoria sobre la muerte, y en la esfera de lo social, la muerte se manifiesta precisamente como la cosificación del otro bajo la etiqueta inamovible del enemigo. Al reclamar una justicia que trascienda la simple punición, la reconciliación cristiana propone que la verdad del hecho victimizante sea el cimiento innegociable, porque la caridad sea la estructura arquitectónica que permita volver a habitar la ciudad común tras el horror.
Esta caridad no debe confundirse con una emoción vaga o un sentimentalismo inoperante, pues constituye una exigencia ontológica que San Agustín de Hipona sitúa en el centro de la vida del espíritu. Para la antropología católica, el ser humano es una criatura caída que, sin embargo, conserva de forma indeleble la “imago Dei”, lo que implica que ningún crimen, por atroz que sea su naturaleza, agota la dignidad del ofensor ni clausura la capacidad de la gracia para restaurarlo. Agustín, en sus “Confesiones”, nos recuerda que la justicia divina no opera bajo los parámetros del intercambio mercantil del mundo, sino que busca salvar lo que estaba perdido a través de un amor que precede a cualquier mérito humano. El santo obispo de Hipona reflexiona sobre esta misericordia que desborda el juicio clamando: “Tú, Señor, eres justo, pero nosotros hemos pecado, hemos obrado inicuamente y nos hemos portado impíamente en todo; y tu mano se ha agravado sobre nosotros… Sin embargo, tú, Señor, eres bueno y misericordioso, y perdonas a los que te confiesan sus pecados” (Agustín de Hipona, 2010, p. 245).
La encarnación de esta doctrina se manifiesta con especial crudeza en la composición del grupo de los Doce, donde la reconciliación no podía ser un postulado teórico, sino una convivencia agónica. La relación tirante entre Mateo, el publicano que recaudaba tributos para el régimen opresor romano, y Pedro, el pescador galileo cuya identidad estaba ligada a la resistencia y al celo por la pureza de su pueblo, representa el microcosmos de cualquier posconflicto. Tengamos en cuenta que Mateo simbolizaba la traición institucionalizada y la injusticia económica, mientras que Pedro representaba la lealtad herida y el juicio severo hacia el traidor colaboracionista. Sólo la mirada pascual pudo fundir estas dos soledades en una misión compartida, pues el perdón cristiano exige reconocer que ambos, el traidor público y el negador oculto, dependen de la misma fuente de misericordia. El mismo evangelio de Mateo, al narrar su propio llamado, no oculta la escandalosa inclusión de los pecadores en la mesa del Reino, remarcando que la justicia de Dios prefiere la restauración del vínculo sobre la exclusión del culpable.
En este punto de la reflexión es imperativo precisar que, en esta dinámica, el acto de pedir perdón no debe interpretarse como una transacción orientada a la obtención de un beneficio o a la anulación de una pena. Pedir perdón es, ante todo, un acto de verdad que nace del arrepentimiento interior; no se solicita para ser perdonado, sino para manifestar que el sujeto ya no se identifica con el mal cometido. El arrepentimiento es la transfiguración de la voluntad. Por el contrario, recibir el perdón es un regalo soberano de la víctima, una gracia que puede o no ser otorgada, pues si fuera exigible por derecho, dejaría de ser perdón para convertirse en una deuda saldada. Al respecto, es pertinente recordar que Hannah Arendt, en sus estudios sobre la acción humana, hace puntual hincapié en esta imprevisibilidad, sosteniendo que “Nadie puede perdonarse a sí mismo… El perdón es la única reacción que no simplemente re-acciona, sino que actúa de nuevo y de forma inesperada, no condicionada por el acto que la provocó” (Arendt, 2005, p. 257).
El fundamento último de esta praxis no reside en una abstracción teórica, sino en el acontecimiento mismo del Calvario. El evangelio de Lucas recoge el testamento ético de la Pascua en el momento de máxima tensión del conflicto humano: la crucifixión del Inocente. Allí, la justicia retributiva queda desarmada ante una palabra que redefine la historia de las ofensas. Cristo, lejos de apelar a la ley del talión, inaugura la era de la reconciliación mediante una intercesión que destroza la lógica humana de la culpabilidad: “Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Biblia de Jerusalén, 2013, Lucas 23:34, p. 1541).
Bajo esta luz, surge un contraste insalvable entre la justicia retributiva y la justicia divina. La primera es una justicia de conmutación, de orden estrictamente legalista, donde el castigo se entiende como un fin en sí mismo para restaurar un equilibrio abstracto de poder. En cambio, la justicia de Dios es, paradójicamente, una justicia que justifica, es decir, que hace justo al injusto no por la vía del dolor impuesto, sino por la vía de la comunicación de una vida nueva que fluye del costado abierto del Crucificado. Al respecto, recordemos que Santo Tomás explicó con maestría en su “Suma Teológica” que la obra de la justicia divina siempre presupone la obra de la misericordia y se funda en ella, señalando que “La justicia de Dios es verdad. Pero la justicia de Dios no se mide por la cantidad del castigo, sino por el orden de su sabiduría, a la cual se debe que se guarde el orden en las cosas… La misericordia no destruye la justicia, sino que es una plenitud de la justicia” (Aquino, 2001, p. 214 [I, q.21, a.3]).
La reconciliación teológica, por tanto, no debe entenderse como un simple arreglo diplomático o una amnistía política, sino como un misterio de mediación que invierte la lógica del sacrificio pagano. Joseph Ratzinger, en su obra “Introducción al cristianismo”, expone que la reconciliación cristiana significa que Dios mismo, en su gratuidad absoluta, sale al encuentro del hombre para cargar con la alienación humana. La reconciliación es el paso definitivo de la justicia del acreedor a la justicia del donante, una lógica que resulta ininteligible para el individualismo posmoderno que sólo concibe el derecho como protección del propio interés. Con lucidez, Benedicto XVI afirmó que “la reconciliación no es algo que el hombre ofrezca a Dios, sino el hecho de que Dios se acerque al hombre. Es el proceso por el cual Dios mismo restaura el derecho, pero no mediante la destrucción del culpable, sino mediante la asunción del sufrimiento que el mal ha provocado” (Ratzinger, 2005, p. 231).
Frente a esta propuesta, la posmodernidad decadente ha entronizado una ética de la venganza individualista, disfrazada a menudo de rigorismo moral en las arenas públicas digitales. En esta cosmovisión, el error es definitivo y el otro queda reducido permanentemente a su peor acto, negándole cualquier posibilidad de redención o cambio mediante campañas nefastas de cancelación y difamación. Contrariamente, la propuesta cristiana se presenta como un muro de contención contra este narcisismo que busca la justicia sólo como satisfacción del capricho del ego herido. La pascua nos invita a transitar de la venganza del «yo» a la ofrenda del «nosotros», entendiendo que la paz social no se puede construir sobre el aniquilamiento moral del adversario, sino sobre la posibilidad de su conversión. El mandato del Resucitado a sus discípulos sella esta misión enviándolos a ser agentes de una paz que el mundo no puede dar: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Biblia de Jerusalén, 2013, Juan 20:22-23, p. 1599).
El Papa Francisco retomó esta preocupación en el cuerpo de su encíclica “Fratelli Tutti” cuando explicitó su pesar ante sociedades que han perdido la capacidad de sanar sus propios traumas. El texto enfatiza que la reconciliación auténtica no escapa del conflicto, sino que se sitúa en su centro para transformarlo desde la raíz. Francisco argumentó sobre la necesidad imperiosa de no confundir el perdón con la pasividad ante el mal, puesto que “el perdón no implica olvido. Decimos más bien que cuando hay algo que de ninguna manera puede ser negado, relativizado o disimulado, sin embargo, podemos perdonar. Cuando hay algo que jamás toleraremos que se intente justificar, sin embargo, podemos perdonar” (Francisco, 2020, p. 182).
Esta postura desafía la justicia retributiva que exige que el culpable sufra en la misma medida en que hizo sufrir, planteando en su lugar una justicia que mira hacia el futuro. En este sentido, la pascua nos recuerda que la vida nueva surge de una herida que permanece abierta en la memoria pero que ya no supura odio. En la posmodernidad, donde el derecho se ha vuelto una técnica gélida y procedimental ejecutada por inútiles e inmorales, la ética del perdón reintroduce la humanidad del rostro frente al anonimato de la represalia. Una sociedad que sólo aplica la ley de conveniencia termina por devorarse a sí misma en la búsqueda infinita de culpables, mientras que una comunidad que celebra el paso pascual entiende que la justicia es el piso, pero nunca el techo, de las relaciones humanas.
Tras este recorrido, la inquietud filosófica permanece latente en el corazón de nuestra cultura: ¿es nuestra sociedad contemporánea capaz de soportar el peso de una gracia tan radical en medio de un narcisismo que exige la destrucción del otro para reafirmarse? ¿Podremos alguna vez transitar de una justicia precaria que sólo sabe castigar a una que sea capaz de restaurar la humanidad herida, tanto de la víctima como del victimario? ¿Es legítimo exigir el perdón como un derecho civil o debemos salvaguardar su naturaleza de don gratuito para que no pierda su potencia redentora?
Si la pascua es el triunfo definitivo de la vida sobre la muerte del alma que odia, el desafío más urgente no es jurídico, sino espiritual. ¿Quién de nosotros se atreverá a ser el primero en soltar la piedra de la retribución para abrazar la incertidumbre del perdón? Quizá, al final del día, la verdadera justicia no se encuentre en las frías sentencias de un juez corrupto, sino en ese instante sagrado en que dos enemigos se reconocen hermanos bajo la sombra de una cruz que ya no pide más sangre.
Referencias bibliográficas
Agustín de Hipona. (2010). Confesiones (P. de Labriolle, Trad.). Editorial Gredos. (Obra original publicada c. 397-400).
Aquino, T. (2001). Suma de Teología (Traducción dirigida por los Regentes de Estudios de las Provincias Dominicanas en España). Biblioteca de Autores Cristianos. (Obra original publicada 1265-1274).
Arendt, H. (2005). La condición humana (R. Gil Novales, Trad.). Paidós. (Obra original publicada en 1958).
Biblia de Jerusalén. (2013). Editorial Desclée de Brouwer.
Francisco. (2020). Carta Encíclica Fratelli Tutti: Sobre la fraternidad y la amistad social. Tipografía Vaticana.
Juan Pablo II. (2002). Mensaje de Su Santidad Juan Pablo II para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz: No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón. Libreria Editrice Vaticana.
Ratzinger, J. (2005). Introducción al cristianismo (J. L. del Valle, Trad.). Sígueme. (Obra original publicada en 1968).
Ricoeur, P. (2004). La memoria, la historia, el olvido (A. Neira, Trad.). Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 2000).
NOVEDADES: Ya está disponible la nueva sección de «Cine y filosofía» con artículos sobre las piezas cinematográficas más importantes de la historia y su correspondiente análisis filosófico,estético, político, existencial y cultural relacionado con nuestro presente. Para adquirir dichas reflexiones contactar por privado.
DATOS DE CONTACTO Y ETIQUETADO:
-Correos electrónicos de contacto:
lisiprieto@hotmail.com
lisiprieto87@gmail.com
-Instagram: https://www.instagram.com/lisandroprietofem?igsh=aDVrcXo1NDBlZWl0 , @lisandroprietofem
-What’sApp: +5492645316668
-Blog personal: www.lisandroprieto.blogspot.com
-Facebook: https://www.facebook.com/lisandro.prieto
-Twitter: @LichoPrieto
-Threads: https://www.threads.net/@lisandroprietofem
-LinkedIn:https://www.linkedin.com/in/lisandro-prieto-femen%C3%ADa-647109214
-Donaciones (opcionales) vía PayPal: https://www.paypal.me/lisandroprieto
-Donaciones (opcionales) vía Mercado Pago: +5492645316668 ; ALIAS: licho.prieto.mp






