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Gobierno remodela centro escolar en Cantón San Juan Los Planes y beneficiará a más de 220 alumnos
La Dirección de Obras Municipales (DOM) anunció la remodelación del Centro Escolar Cantón San Juan Los Planes, con el objetivo de mejorar las condiciones educativas de más de 220 estudiantes.
El proyecto incluye la renovación completa de seis aulas, cinco salones y la construcción de tres nuevos condominios, lo que permitirá ampliar la cobertura educativa para alumnos de Bachillerato. Además, se modernizarán los baños, techos, mobiliario y accesos, y se instalará un nuevo sistema eléctrico con luminarias LED, junto a servicio de internet gratuito.
Este centro educativo representa un espacio clave para la formación académica en la zona, y su renovación forma parte del compromiso del Gobierno por invertir en la educación pública y garantizar entornos dignos y funcionales para los niños y jóvenes del país.
Opinet
La guerra como casino y la obsolescencia del alma- Lisandro Prieto Femenía
«Cuando la violencia ya no se ejerce sobre las cosas o sobre las personas, sino sobre los signos y las imágenes, nos adentramos en la era de la simulación absoluta»
Jean Baudrillard, Cultura y simulacro (1978/2005, p. 43).
Acaso la mayor ceguera de nuestra época radique en la convicción de que las transiciones civilizatorias se anuncian con trompetas y cataclismos visibles. Nos desvelamos elucubrando de qué manera la IA reescribirá las aulas, cómo los algoritmos reestructurarán el diagnóstico clínico o bajo qué lógicas se reorganizará el empleo global, asumiendo con ingenuidad que el sujeto que habitará ese mañana permanecerá inalterado en su esencia fundamental.
Sin embargo, lo que verdaderamente se desliza bajo nuestros pies no es una simple reconfiguración del entorno instrumental, sino una mutación irreversible del ser humano en su totalidad. Asistimos, tal vez, con una resignación anestesiada, a la última versión de nosotros mismos tal como nos hemos conocido. Frente a los discursos optimistas que, amparados en una falsa perspectiva histórica, murmuran que toda crisis civilizatoria halla siempre su punto de equilibrio y que las aguas siempre regresan a su cauce, emergen síntomas tan perturbadores que resquebrajan cualquier intento de consuelo racional.
Lejos de ser una transformación periférica, esta deriva se manifiesta en la ilusión de estabilidad que rodea nuestro quehacer cotidiano, una ceguera colectiva que evoca la ingeniosa escena cinematográfica de Woody Allen en la que el protagonista, tras escuchar el diagnóstico adverso de su médico, reflexiona con amargura sobre cómo hasta hace apenas cinco minutos era un hombre feliz, y no se había dado cuenta. El mundo contemporáneo parece atrapado en esa mismísima fracción de segundo previa a la conciencia del derrumbe total. Transitábamos un planeta plagado de asimetrías, injusticias y desigualdades dolorosas, pero que aún conservaba latente la promesa de la transformación social, la chispa de la indignación moral genuina y el anhelo de la empatía. Hoy, la irrupción de tecnologías diseñadas para la dispersión sistemática, el confinamiento existencial del deslizamiento infinito en las pantallas y el embrutecimiento lúdico colectivizado nos devuelven una deshumanización de la especia que, al menos para mí, se torna insoportable. No estamos simplemente ante un cambio de época, sino ante el agotamiento de la condición humana como reducto de sensibilidad.
El precitado adormecimiento afectivo encuentra su manifestación más descarnada no en la acumulación de arsenales, sino en la conversión del sufrimiento ajeno en un objeto de especulación financiera. La consagración de plataformas digitales de predicción como Kalshi o Polymarket, donde miles de imberbes arriesgan su capital apostando al minuto exacto en que una potencia extranjera iniciará un bombardeo o al destino de la vida de líderes mundiales, consuma una degradación moral sin precedentes.
La periodista Natalie Sherman (2026), en una profunda investigación para la BBC, expone de qué manera estas dinámicas se revisten de un lenguaje aséptico para eludir el reproche social y legal. En el cuerpo de su crónica, Sherman recoge el revelador testimonio de Stew, un usuario desencantado de estas plataformas que, tras verse inmerso en la vorágine de las apuestas militares, desnuda el engaño conceptual que sostiene el negocio al constatar que la industria insiste en llamarlo “negociación de contratos”, cuando, si somos honestos, sigue siendo una vil apuesta sobre la tragedia humana.
Por medio de este sutil ejercicio de ingeniería lingüística, se intenta desactivar todo cuestionamiento ético, pues al desplazar el vocabulario del dolor y la geopolítica hacia la terminología higienizada de las finanzas y el intercambio de futuros, el sistema neutraliza la repulsión instintiva ante la masacre. El conflicto bélico ya no se padece ni se contempla con pavor, sino que se gestiona como un portafolio de activos. Ganar medio millón de dólares previendo con precisión matemática el instante en que caerá un misil sobre una población desarmada convierte al apostador en un cómplice financiero del verdugo, un espectador absoluto que codicia la violencia porque su cuenta bancaria depende, justamente, de ella.
En este sentido, percibimos que la financiarización (proceso económico mediante el cual los mercados, actores e instituciones financieras ganan un peso desproporcionado en la economía global) total de la existencia humana representa la cúspide de una cultura posmoderna en franco estado de putrefacción, una sociedad que ha decidido que incluso el último aliento de un soldado o el pánico de una madre bajo el fuego de artillería pesada son fenómenos monetizables y reducibles a una fluctuación de probabilidades en tiempo real.
Esta cruel lúdica de la sangre altera por completo las coordenadas clásicas de la maldad, obligándonos a examinar el estrecho vínculo que se teje entre el sadismo y la indiferencia posmoderna. Si históricamente el sadismo se definía por el goce directo del verdugo ante el dolor físico de su víctima, nuestro tiempo inaugura un sadismo desapasionado, abstracto y eminentemente banal. Imagínense, queridos lectores, a los soldados de la Alemania nazi apostando dinero por la cantidad de judíos que se podía incinerar en un solo turno del día, ¿atroz verdad? Pues bien, hoy se hacen apuestas virtuales similares, aparentemente lícitas y permitidas por los Estados.
Al respecto, es fundamental recordar el aporte de Hannah Arendt (2003, p. 368), quien al desentrañar los engranajes de la crueldad totalitaria, observó que el problema con hombres como Adolf Eichmann radicaba en su terrorífica normalidad, en ser burócratas incapaces de reflexionar sobre las consecuencias de sus actos. La contemporaneidad digital ha dado una vuelta de tuerca a esta observación: el sádico de hoy ya no requiere de una maquinaria estatal totalitaria ni de un uniforme militar, sino que se camufla en el ciudadano común que, desde la comodidad de su hogar y de manera estrictamente lúdica, especula financieramente con la devastación de inocentes que viven en otro continente. El sadismo, entonces, se ha vuelto banal no por la ausencia de placer, sino porque ese placer ha sido domesticado bajo la forma de una transacción financiera insignificante, un divertimento aséptico que trivializa la muerte al integrarla en las dinámicas del mercado de consumo diario.
Conviene precisar, no obstante, que la barbarie y la infamia no configuran novedades en la crónica de nuestra especie, en tanto que en casi todas las épocas históricas se ha convivido con la impronta de la guerra y la perfidia sistemática. La diferencia sustancial estriba en que, antaño, el horror se recortaba sobre un trasfondo de absolutos morales o concepciones sagradas que, aun cuando fuesen transgredidos, sostenían un horizonte ético de referencia. Nuestra posmodernidad decadente, en cambio, se distingue por haber disuelto esos contrafuertes metafísicos mediante un proceso extremo de transvaloración. Al vaciar de sentido y respeto la existencia, el nihilismo contemporáneo consuma aquella célebre y desesperada interrogación que Friedrich Nietzsche (1882/2013) plasmó en “La gaya ciencia” al contemplar el derrumbe de los cimientos espirituales de Occidente, preguntándose cómo pudimos vaciar el mar y quién nos dio la esponja para borrar todo el horizonte. Ese borrado absoluto de todo límite es precisamente lo que faculta hoy al sujeto para especular y enriquecerse con las manifestaciones más denigrantes y aberrantes de las que es capaz el ser humano. Sin sol y sin coordenadas, la vida desamparada queda reducida a un mero dígito lúdico.
Asimismo, este acoplamiento entre la frivolidad y el horror se nutre del diagnóstico que Gilles Lipovetsky trazara en “La era del vacío” (1983/2006, p. 112), donde vislumbra una sociedad caracterizada por el proceso de personalización y la disolución de los grandes relatos colectivos. En este ecosistema hipermoderno, la indiferencia pura se disfraza de curiosidad interactiva, y la información pierde su carga de urgencia ética para transformarse en un simple estímulo sensorial. Las apuestas aplicadas a la guerra no son una anomalía del sistema, sino la evolución natural de este sujeto frívolo que Lipovetsky describe con tanta precisión: un ser desprovisto de anclajes morales, para quien la guerra en Medio Oriente o en Europa del Este posee el mismo valor existencial y estético que un partido de fútbol o el desenlace de un reality show.
Es fundamental que entendamos que al desplazar la tragedia hacia el terreno del puro entretenimiento, la contienda bélica entra de lleno en el simulacro absoluto que profetizó acertadamente Jean Baudrillard en su célebre obra “La Guerra del Golfo no ha tenido lugar” (1991/2005, p. 57). Allí, el pensador francés argumentó que los conflictos contemporáneos se consuman ante todo como acontecimientos mediáticos, despojados de su realidad física para el espectador global a través de la mediación técnica. Al apostar por el despliegue de tropas, el usuario no interactúa con cuerpos despedazados o ciudades reducidas a escombros, sino con gráficos dinámicos y curvas de oferta y demanda. La pantalla no sólo crea una fría distancia, sino que desrealiza. El sufrimiento se torna incorpóreo y el casino global devora los últimos vestigios de compasión humana. El horror ya no nos interroga, sino que nos entretiene y nos llena los bolsillos.
Bajo este panorama de vaciamiento ético, la dinámica mercantil que Guy Debord denunciaba en los albores de la sociedad de consumo masivo, cobra una vigencia pavorosa. En su obra fundamental “La sociedad del espectáculo” (1967/2015, p. 38), el pensador sostenía que en un mundo realmente invertido, lo verdadero es un momento de lo falso, y que todo lo que antes se vivía directamente ahora se ha alejado en una representación. Si nos venimos a nuestros días, las apuestas de guerra representan la fase superior de este proceso: la representación ya ni siquiera exige contemplación pasiva, sino participación lúdica y lucrativa. El usuario de las redes sociales, alienado por la descarga continua de dopamina que le proporcionan las interfaces digitales, desarrolla una tolerancia patológica a la crueldad que le impide reaccionar ante la brutalidad del mundo real.
En última instancia, el engranaje que hace posible semejante insensibilidad es el que Günther Anders diseccionó con genial lucidez. En el primer volumen de “La obsolescencia del hombre” (1956/2011, p. 245), el filósofo alemán acuñó el concepto de “ceguera ante el Apocalipsis” y teorizó sobre la incapacidad de la psique humana para aprehender los efectos reales de las tecnologías que produce de manera desmesurada. Anders sostenía que nuestra capacidad de fabricación técnica ha desbordado infinitamente nuestra capacidad de imaginación moral y de sentimiento: somos técnicamente omnipotentes pero moralmente ciegos. El individuo que utiliza de esta manera la app de Polymarket mientras toma un café no es un monstruo sadista consciente de su perversión, sino un ser patético y mutilado psicológicamente por la gigantomaquia de los aparatos que maneja, incapaz de correlacionar el incremento de su saldo virtual con el estruendo de un proyectil que despedaza niños a miles de kilómetros de distancia.
Para cerrar, queridos lectores, nos queda invitarlos a reflexionar profundamente sobre la necesidad imperativa de preguntarnos qué nos queda cuando la frontera entre el juego y la carnicería se ha desvanecido por completo en la pantalla de nuestros teléfonos. ¿De qué manera recuperamos el asombro o la indignación moral en una civilización que está premiando con ganancias monetarias la predicción exacta del asesinato en masa? Nos hallamos ante el espejo de nuestra propia decadencia, contemplando la última versión de una humanidad que parece haber entregado su alma al crupier del algoritmo. Tras apagar la pantalla y silenciar el rumor constante de las cotizaciones de la muerte, la pregunta que persiste no es cómo sobreviviremos a la tecnología, sino si nos quedará algo de humanos cuando la tormenta digital finalmente amaine.
Referencias bibliográficas y fuentes consultadas
Anders, G. (2011). La obsolescencia del hombre (Vol. 1): Sobre el alma en la época de la segunda revolución industrial (J. Alcoriza y A. Lastra, Trad.). Pre-Textos. (Obra original publicada en 1956).
Arendt, H. (2003). Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal (C. Ribalta, Trad.). Lumen. (Obra original publicada en 1963).
Baudrillard, J. (2005). Cultura y simulacro (A. Vicens, Trad.). Kairós. (Obra original publicada en 1978).
Baudrillard, J. (2005). La Guerra del Golfo no ha tenido lugar (J. Arenas, Trad.). Anagrama. (Obra original publicada en 1991).
Debord, G. (2015). La sociedad del espectáculo (J. L. Pardo, Trad.). Pre-Textos. (Obra original publicada en 1967).
Lipovetsky, G. (2006). La era del vacío: Ensayos sobre el individualismo contemporáneo (J. Vinyoli y M. Antolín, Trads.). Anagrama. (Obra original publicada en 1983).
Nietzsche, F. (2013). La gaya ciencia (J. Jara, Trad.). Gredos. (Obra original publicada en 1882).
Sherman, N. (2026, 23 de marzo). Las «macabras» apuestas sobre la guerra por las que se pide endurecer el millonario negocio de las predicciones. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/articles/c7054xn0kx8o
Nacionales
Despacho de la primera dama equipará al 100 % de los centros escolares de primera infancia
El despacho de la primera dama, en coordinación con el Ministerio de Educación, inició la distribución de materiales pedagógicos que permitirán equipar al 100 % de los centros educativos de primera infancia del país con libros, instrumentos musicales, juegos didácticos y materiales sensoriales.
Los recursos serán utilizados para implementar el nuevo Currículo Nacional para Primera Infancia, que coloca a los niños en el centro del proceso educativo y promueve el juego, la exploración, la creatividad y las interacciones de calidad.
“Con el apoyo del Banco Mundial, por primera vez estamos dotando al 100 % de las escuelas que atienden primera infancia con 375,000 libros de la colección Árbol de Vida, 195,000 instrumentos musicales, 37,000 recursos lúdicos y miles de materiales educativos más para la implementación del nuevo Currículo Nacional”, dijo la primera dama, Gabriela de Bukele.
La iniciativa cuenta con una inversión de $12.67 millones y beneficiará a 246,113 niños de centros educativos públicos en todo el país. La distribución se realizará de manera progresiva en el territorio nacional.
Alejandra Orozco, coordinadora de proyectos de educación y cultura del despacho de la primera dama, explicó que la entrega de los kits pedagógicos forma parte de la transformación educativa que impulsa el Gobierno de El Salvador.
“Desde el despacho de la primera dama, la estamos desarrollando de forma concreta, ordenada y estructurada. Estos kits se convierten en experiencias de aprendizaje reales dentro de los centros educativos y les brindan a los docentes las herramientas necesarias para llevar el nuevo currículo a las aulas”, señaló Orozco.
Los paquetes incluyen libros, instrumentos musicales, juegos educativos, materiales sensoriales y kits de vida práctica que acompañarán el aprendizaje de los niños.
Entre los libros destacan las nuevas series de la Colección Árbol de Vida, cuyos contenidos están adaptados a diferentes edades para fortalecer la lectura y la identidad cultural desde los primeros años.
Los instrumentos musicales están destinados a favorecer la coordinación, la percepción auditiva, la motricidad y la expresión. Por su parte, los juegos y materiales sensoriales contribuyen al desarrollo de la concentración, el razonamiento y la autonomía.
Los kits de vida práctica acercarán a los niños a actividades de la vida cotidiana y les permitirán desarrollar habilidades relacionadas con su contexto.
También se distribuirán recursos didácticos para los docentes, entre ellos tarjetas de vocabulario, letras, números, colores y conceptos básicos. Estos materiales incorporan elementos de la riqueza natural, histórica y cultural del país, además de vocabulario en náhuat.
“Queremos que cada uno de estos recursos llegue a las manos de nuestros niños y se convierta en una oportunidad para descubrir, crear, imaginar y aprender jugando. Así hacemos de cada aula un espacio lleno de experiencias que acompañan y fortalecen su desarrollo”, agregó la primera dama.
Deportes
Lionel Messi anuncia su retiro de la Selección Argentina y pone fin a una histórica era con la Albiceleste
Lionel Messi anunció este lunes 31 de agosto su retiro definitivo de la Selección Argentina, cerrando una histórica trayectoria internacional de más de dos décadas. El capitán albiceleste tomó la decisión después de disputar el Mundial de 2026, torneo en el que Argentina alcanzó nuevamente la final, pero cayó 1-0 ante España en tiempo extra.

A sus 39 años, Messi explicó mediante un emotivo mensaje que considera que llegó el momento de dar paso a una nueva generación de futbolistas. “Fue una decisión que dolió y duele en el alma pero entiendo que es el momento”, expresó el argentino, quien aseguró que siempre entregó todo por la camiseta de su país y que continuará apoyando a la selección como un hincha más.
Messi se despide de Argentina después de disputar 207 partidos y marcar 125 goles, registros que lo consolidan como una de las figuras más importantes en la historia de la Albiceleste. Durante su etapa internacional conquistó el Mundial de Qatar 2022, las Copas América de 2021 y 2024 y la Finalissima de 2022, además de haber disputado las finales mundialistas de Brasil 2014 y Norteamérica 2026.
Su retiro pone fin a una etapa que comenzó en 2005 y que atravesó momentos de críticas, derrotas y posteriormente una época dorada con títulos internacionales. Messi continuará su carrera a nivel de clubes con el Inter Miami, pero su anuncio marca oficialmente el cierre de uno de los capítulos más importantes de la historia reciente del fútbol argentino y mundial.








