2

Connect with us

Principal

Inversión de $3 millones impulsa nuevo hotel en el lago de Coatepeque

Publicado

el

Un empresario originario de Santa Ana ha destinado una inversión de $3 millones para la construcción de un hotel de lujo en el lago de Coatepeque, con el objetivo de fortalecer la oferta turística en una de las zonas más emblemáticas del país.

 

El proyecto se desarrolla a partir del restaurante Las Palmeras, un negocio familiar de capital salvadoreño ubicado a orillas del lago, el cual se encuentra en un proceso de expansión y transformación para ofrecer servicios de hospedaje a turistas nacionales y extranjeros.

La iniciativa contempla la construcción de habitaciones y cabañas frente al lago, brindando una experiencia exclusiva en contacto con la naturaleza.

 

La inversión dará paso a un resort exclusivo con 17 habitaciones, distribuidas en tres conceptos diferentes, diseñados para garantizar confort, descanso y una experiencia de alto nivel a los visitantes que llegan al icónico destino turístico.

Leonel González Castro, propietario del proyecto y empresario con más de 20 años de experiencia en el sector turístico de Coatepeque, explicó que esta apuesta surge como respuesta al creciente flujo de turistas que diariamente visitan la zona, atraídos por la belleza natural del lago y el impulso que ha tomado el turismo en El Salvador.

Además de elevar la calidad de la oferta hotelera en el área, la nueva infraestructura busca generar empleos directos e indirectos y dinamizar la economía local, contribuyendo al desarrollo sostenible de la comunidad y consolidando al lago de Coatepeque como uno de los principales destinos turísticos del país.

Continue Reading
Advertisement

Nacionales

Presidente Bukele inaugura el Nuevo Hospital Nacional Rosales equipado con tecnología medica de vanguardia y restauración patrimonial

Publicado

el

En el marco del segundo año de su segunda gestión de Gobierno, el presidente de la República, Nayib Bukele, inauguró las instalaciones del Nuevo Hospital Nacional Rosales. Esta obra representa una transformación integral del principal centro asistencial del país a través de la modernización de su infraestructura, el equipamiento con tecnología de última generación y la restauración de su patrimonio histórico.

El Hospital Rosales ha sido históricamente el centro de referencia médica más grande del país y el encargado de atender a la población de menores recursos económicos. La
culminación de este proyecto salda una deuda histórica con la sociedad salvadoreña, tras  más de una década de postergaciones por administraciones anteriores.

La obra fue ejecutada en un período de siete años, superando los desafíos globales de la pandemia de COVID-19 y el desarrollo de las estrategias de seguridad nacional,
financiándose en su totalidad con recursos propios del Estado, sin incurrir en préstamos internacionales.

Modernización e infraestructura sostenible

El mandatario recorrió las instalaciones acompañado por el Dr. Marvin Aguilar, nuevo director del hospital, y el Arq. Javier Arbizú, en representación de la Dirección de Obras Municipales (DOM), así como por otros médicos especialistas que explicaron sus respectivas áreas de trabajo.

https://www.facebook.com/reel/1518966242948492

El nuevo edificio principal fue diseñado bajo criterios de sostenibilidad y eficiencia energética, contando con paneles solares, certificación internacional EDGE, planta de
tratamiento de aguas residuales con reutilización para riego, un sistema eléctrico renovado, cisternas rehabilitadas y un pozo propio de abastecimiento hídrico.

La capacidad instalada del nuevo complejo hospitalario incluye:

  • Hospitalización y cuidados críticos: 502 camas de hospitalización, 61 en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), 21 de aislamiento, 26 de cuidados críticos, 14 intermedias y 48 en el área de observación de Emergencias.
  • Bloque quirúrgico: 7 quirófanos de emergencias y 9 programados, equipados con tecnología médica nueva, que incluye 2 robots quirúrgicos para cirugía general, ortopedia y reemplazos articulares (cadera, rodilla y columna).

Innovación tecnológica y especialidades médicas sin precedentes

El Nuevo Hospital Rosales introduce al sistema público salvadoreño equipamiento de nivel internacional, destacando el primer quirófano híbrido de Centroamérica, que permitirá hacer procedimientos, estudios y diagnósticos en la misma área. En ese espacio se integra un tomógrafo axial computarizado (TAC), un angiógrafo de hemodinamia avanzada, una resonancia de magnetismo de 3 Tesla y un quirófano de trasplantes con dispositivos de conservación de órganos ex vivo.

Entre las principales mejoras por especialidad están:

  • Unidad de Cuidados Intensivos (UCI): Incorporación del equipo DX-10, el primer sistema de soporte hepático artificial en el país para fallas hepáticas y soporte pre y postrasplante, además de servicios de hemodiálisis interna y terapias de purificación sanguínea.
  • Nefrología: Se constituye como el centro de hemodiálisis más grande de la región con 140 máquinas, con las cuales se atenderá a 420 pacientes diarios, 47 camas de diálisis peritoneal hospitalaria y modalidades de atención domiciliaria automatizada.
  • Laboratorio Clínico: Primer laboratorio completamente automatizado del país y el más grande del sector público en Centroamérica, con capacidad de procesar 2,600 pruebas por hora y atender hasta 2,000 pacientes diarios mediante un robot preanalítico conectado a 7 plataformas de flujo continuo.
  • Cardiología y Urología: Incremento de la capacidad operativa en cardiología a 25 pruebas de esfuerzo diarias (frente a las dos semanales del esquema anterior). Urología incorpora la primera sala de urodinamia del sector público y un litotriptor de alta gama para pacientes de alta complejidad.
  • Hemato-Oncología: Unificación de servicios oncológicos, cuidados paliativos y soporte integral, equipada con 48 sillones de quimioterapia y perspectivas para realizar trasplantes de médula ósea, uno de los servicios más costosos de la medicina moderna y que no existía en el país.

Digitalización y optimización de servicios

Con el objetivo de reducir los tiempos de espera y mejorar la eficiencia administrativa, el hospital implementará un sistema de receta digital automatizada conectado a una red de farmacias de 7 puntos de distribución y 13 ventanillas de atención, incluyendo infraestructura inclusiva con recetas en sistema braille.

El presidente de la República destacó que el nosocomio operará con horarios ampliados y un incremento en el personal de especialistas nacionales y extranjeros, quienes liderarán un modelo de formación continua. Respecto a la transición del antiguo personal, aclaró que los colaboradores calificados fueron reubicados para reforzar otros hospitales de la red pública. De este modo, la planilla del Nuevo Hospital Rosales se renovó por completo con la contratación de 3,200 profesionales, de los cuales tres mil son salvadoreños y doscientos son extranjeros.

Al respecto, el mandatario señaló: “Los medios de comunicación de oposición y algunos opositores decían que estamos trayendo médicos extranjeros y no les están dando trabajo a los salvadoreños, pero yo creo que hay que aclarar varias cosas: Estamos contratando especialistas del mayor nivel en el mundo para la atención del pueblo. ¿Por qué no vamos a traer a lo mejor? Aquí están llegando doctores de Argentina, de Colombia y de todas partes. Por ejemplo, el trasplante de médula ósea que usted me decía, aquí no hay nadie que lo pudiera hacer. Si queremos darle ese servicio al pueblo, es traer gente de afuera para que lo pueda hacer y ponerle doctores salvadoreños a la par para que aprendan”.

Rescate del patrimonio cultural

Es importante destacar que la intervención no incluyó la demolición de las áreas patrimoniales del antiguo hospital. Más bien, reconociendo que es un patrimonio cultural
del país, se trabajó en distintas obras de restauración. Este espacio no había recibido mantenimiento adecuado en más de 100 años desde su fundación, y eso era precisamente lo que necesitaba.

La nueva imagen del hospital exhibe una fachada moderna con grandes marcos estructurales que reinterpretan, de forma abstracta, elementos de la arquitectura japonesa
históricamente presentes en el hospital. Frente a ella se extiende la Plaza de la Salud, un espacio abierto con jardinería diseñado para el respiro emocional de pacientes, familiares y el personal médico, así como una pasarela de interconexión de uso exclusivo médico y clínico que facilitará el traslado seguro de pacientes críticos.

La intervención estatal priorizó la conservación de la riqueza histórica del inmueble fundado hace más de un siglo. Sin recurrir a la demolición de las áreas protegidas, se ejecutaron obras de restauración arquitectónica en el pasillo original de estructuras metálicas belgas de 1902, la capilla, el reloj histórico, las estatuas, los pisos de mosaico originales y el jardín central, el cual estará abierto al público. Estas áreas albergarán el sector de docencia e investigación, equipado con salas de simulación médica avanzada.

Con la inauguración del nuevo Hospital Rosales, el Gobierno de la República no solo entrega una obra de infraestructura sin precedentes; entregará vida, dignidad y tecnología del primer mundo al servicio de cada salvadoreño, demostrando de forma categórica que, en esta nueva gestión, lo público es y seguirá siendo mejor que lo privado.

Continue Reading

Nacionales

MINSAL inaugura nueva área de emergencia en el Hospital de Soyapango

Publicado

el

El Ministerio de Salud (MINSAL) avanza en la modernización de su sistema de salud con la inauguración de la nueva área de emergencias del Hospital Nacional de Soyapango. Este importante proyecto brindará atención integral, oportuna y especializada, en espacios modernos y adecuados a más de 230,000 habitantes del municipio, lo cual fortalece la capacidad de respuesta médica ante situaciones críticas.

La infraestructura ha sido diseñada para ofrecer servicios completos en tres servicios principales de atención: Emergencia Pediátrica, Emergencia Médico-Quirúrgica y
quirófanos. Cada una de ellas cuenta con equipamiento moderno y espacios adecuados para brindar atención digna a los salvadoreños, en todas las edades.

La Emergencia Pediátrica incorpora seis boxes de evaluación, áreas de rehidratación oral, terapia respiratoria, ortopedia pediátrica, pequeña cirugía y evaluación neonatal.
También cuenta con un área de observación con capacidad para siete cunas, garantizando atención especializada para los niños en condiciones de urgencia.

De igual forma, la Emergencia Médico-Quirúrgica está equipada con ocho boxes de evaluación, área de máxima urgencia para seis pacientes, inhaloterapia, ortopedia y
pequeña cirugía. Su área de observación tiene capacidad para trece pacientes, lo que permite una respuesta inmediata y organizada ante emergencias de adultos.

Finalmente, se han equipado dos quirófanos en el servicio, con sus respectivas áreas de recuperación, asegurando la posibilidad de realizar procedimientos quirúrgicos
inmediatos y seguros en casos críticos, tanto obstétricos como pediátricos y de adultos.

Como complemento, la nueva emergencia integra servicios de apoyo esenciales como farmacia, rayos X y trabajo social, a fin de garantizar un abordaje integral ante
emergencias.

Este espacio representa una importante inversión de aproximadamente 7 millones de dólares, destinada a fortalecer y modernizar la atención de salud para la población; permitiendo la construcción de un nuevo edificio de 2,100 m2, lo que ampliará la capacidad de atención, optimizará los flujos de circulación y las diferentes áreas de
servicio, garantizando una atención más eficiente, segura y de calidad.

La nueva emergencia forma parte de los proyectos financiados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y se suma al recién inaugurado Mini Nido en marzo de este año. Con ello, El MINSAL reafirma su compromiso de ampliar y modernizar la red de salud, consolidando un sistema hospitalario que responde a las necesidades de
la población y que coloca al paciente en el centro de la atención.

Continue Reading

Opinet

Ray Bradbury y la distopía íntima de la pantalla

Publicado

el

Por: Lisandro Prieto Femenía

“No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe” (Bradbury, 2009, p. 7).

Ray Bradbury se nos presenta no sólo como un cronista del futuro, sino como un filósofo de la quietud perdida, cuya lucidez trascendió con creces su propia época. Su obra no puede reducirse a un ejercicio de futurología, sino que constituye una profunda crítica de la condición humana en la modernidad tardía, envuelta en la lírica y a veces en la melancólica trama de la ciencia ficción.

Si bien George Orwell, en su obra “1984”, alertó sobre el peligro del control público coercitivo y la tiranía del Estado sobre la verdad objetiva, Aldous Huxley, en “Un mundo feliz” (1932), trazó la ruta de la servidumbre placentera mediante el soma y la ingeniería emocional, donde el secreto de la felicidad era “amar lo que uno tiene que hacer” (Huxley, 1932, p. 30). Al igual que Huxley, Bradbury apuntó su lupa hacia un enemigo acaso más sutil y, por ello, más insidioso: el asedio a la mente y al alma individual perpetrado no por un poder dictatorial, sino por la seducción masiva y la hegemonía de la distracción.

Su inmensa imaginación y su sensibilidad humanista se fusionaron para crear narrativas que, más que predecir eventos tecnológicos, funcionaban como advertencias existenciales urgentes. Por ello, sus historias resuenan hoy con una actualidad que desborda lo inquietante, interpelando nuestra realidad con una precisión que roza lo profético. Bradbury entendió que la clave de la servidumbre moderna no reside en la prohibición, sino en la saturación.

Este mundo, perturbadoramente familiar, ya estaba meticulosamente concebido en la mente de Bradbury cuando el panorama tecnológico de la década de 1950 apenas comenzaba a esbozarse. En su obra “Fahrenheit 541” (1953), concibió las “paredes televisivas” y las “conchas de radio” que aíslan al individuo en una cápsula de sonido incesante, sustituyendo la experiencia compartida y la introspección. Estos artefactos han mutado en las pantallas gigantes de alta definición y en los dispositivos de audio inalámbricos que nos mantienen permanentemente acoplados a un flujo de estímulos y, paradójicamente, desarticulados de cualquier vínculo profundo.

El peligro más grande para nuestro autor de referencia no fue la tecnología en su faz instrumental, sino su capacidad intrínseca de convertirse en una prótesis emocional y cognitiva que sustituye los espacios vitales de la humanidad. Su preocupación central giraba en torno a lo que las pantallas podrían usurpar: la interioridad contemplativa, el lugar de los vínculos auténticos y la exigencia de la reciprocidad. La quema literal de libros que ejecuta el bombero Guy Montag es tan sólo la metáfora culminante de una cultura que ya ha abrazado su propia incineración mental. Es el capitán Beatty quien formula la estrategia social de la superficialidad con una claridad escalofriante:

“Atibórralos de datos no combustibles, lánzales encima tantos «hechos» que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces, tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse” (Bradbury, 2009, p. 58).

Esta profusión de “hechos” desprovistos de contexto, que ahoga la reflexión pero que confiere una falsa y cómoda sensación de inteligencia, es el eco exacto de la “infoxicación” digital que padecemos en pleno siglo XXI. Como el teórico de los medios Neil Postman advirtió en “Divertirse hasta morir” (1985), la verdadera amenaza no es que se nos prohíba la información, sino que esta se convierta en una cascada de irrelevancias, donde “la censura no es necesaria cuando el discurso político toma la forma de una broma” (Postman, 1985, p. 155). Se trata de un mecanismo que desactiva totalmente el esfuerzo filosófico, pues satisface la necesidad de saber sin exigir la labor de comprender, transformando el discurso público en mero “show business”.

En este último sentido, la quema literal de libros de Montag representa el desprecio absoluto por el pensamiento autónomo y la memoria colectiva, un acto de censura frontal y violenta. Sin embargo, en la actualidad, el desprecio por el conocimiento y la voz crítica se manifiesta mediante mecanismos más sutiles de desplazamiento y exclusión social. Ya no se persigue al libro con fuego, sino al pensador con la marginalización. Las estrategias de cancelación social, la virulencia de la polarización que descalifica al oponente antes de escucharlo, y la creación de cámaras de eco algorítmicas que invisibilizan o suprimen discursos divergentes, han sustituido el debate de ideas por el castigo moral. El riesgo ya no es sólo ser “incendiado” por el Estado, sino ser silenciado o enterrado por el aluvión digital de la irrelevancia y la condena rápida, una forma más democrática, pero igualmente corrosiva, de desechar el pensamiento profundo.

Si el libro es temido porque “revela poros en la cara de la vida”, la pantalla es amada precisamente porque promete un rostro de cera, liso e inexpresivo, desprovisto de toda aspereza existencial. La tecnología, al reducir la experiencia a un estímulo rápido, no sólo inhibe la contemplación, sino que llega a dictar la propia percepción de la realidad, invadiendo y raptando el espacio social y personal por completo.

El corazón pulsante de nuestra obra de referencia, “Fahrenheit 451” reside en la épica interna de su protagonista, Montag, cuyo viaje es la encarnación de la posibilidad humana de despertar. Él comienza como el epítome de la conformidad: un bombero que encuentra placer estético en la destrucción de libros, un censor entusiasta cuya vida íntima se refleja en su casa: fría, vacía y dominada por las “paredes televisivas” que su esposa, Mildred, llama su “familia”. La realidad filtrada por el medio se impone sobre la realidad vivida: “El televisor es «real». Es inmediato, tiene dimensión. Te dice lo que debes pensar y te lo dice a gritos. Ha de tener razón” (Bradbury, 2009, p. 95).

La metamorfosis de Montag es desencadenada por dos encuentros catalizadores. Primero, Clarisse McClellan, la vecina atípica que se atreve a formular la pregunta fundamental: “¿Es usted feliz?”. Esta simple interpelación quiebra su fachada de contento-funcional. Segundo, el estremecedor acto de la anciana que se inmola con sus libros, eligiendo la dignidad de la memoria sobre la supervivencia en un mundo vacío de sentido. Este evento transforma la quema de libros de un acto impersonal a un crimen moral, despertando en Montag la dolorosa conciencia de la carencia.

A partir de este punto, el protagonista abandona su rol de destructor para abrazar, primero, el de buscador furtivo (escondiendo libros robados) y, finalmente, el de fugitivo y preservador. Su huida hacia las afueras de la ciudad, donde encuentra a los “hombres-libro” que han memorizado obras enteras para resguardarlas de la incineración, marca la culminación de su arco. Montag pasa de ser un esclavo del fuego a un ser abierto al conocimiento, convirtiéndose él mismo en el libro que antes quemaba.

La travesía del protagonista no es sólo una ficción, sino más bien una interpelación directa a nuestros lectores. Si Montag se encontró atrapado en la ilusión de la felicidad programada, ¿cuántos de nosotros nos hemos refugiado en la comodidad de la intoxicación de información digital para evitar la incomodidad de la introspección? La pregunta es: ¿estamos dispuestos a quemar nuestra propias “paredes televisivas”- a renunciar a la distracción constante y a las cámaras de eco- para emprender el camino, solitario y arduo, hacia el pensamiento auténtico? El coraje de Montag al abandonar el grupo conformista y elegir ser un outsider por la verdad, nos exige una revaluación de nuestra propia valentía en la era de la cancelación y el ruido perpetuo.

En este punto del análisis es sumamente pertinente indicar que esta obra cobra una dimensión crucial al ser introducida en la etapa escolar, particularmente desde la adolescencia. El adolescente se encuentra en la encrucijada de la formación de la identidad, debatiéndose entre la necesidad de pertenencia al grupo y la urgencia de afirmar su individualidad. Pues bien, “Fahrenheit 451” ofrece un espejo moral que interpela directamente esta tensión. Al exponer cómo la cultura de la distracción anula la diferencia y la singularidad, la novela provee a los jóvenes de las herramientas conceptuales para cuestionar la conformidad pasiva.

Leer la historia de Guy Montag, un hombre que se atreve a dudar y a rebelarse contra la “familia” televisiva y el dogma social, se convierte en un acto iniciático y revolucionario (por eso los Ministerios de Educación no recomiendan estas lecturas en las aulas). La obra les enseña que el verdadero coraje reside en el esfuerzo por pensar diferente y sentir profundamente en un entorno diseñado para la uniformidad emocional. Además, la novela actúa como un catalizador para la alfabetización crítica mediática, esencial para navegar las presiones de las redes sociales y los algoritmos de recomendación que buscan moldear su identidad y consumo de manera subrepticia. Es una defensa vital de la autenticidad frente a la mímesis digital.

Justamente por ello, volver a Bradbury en el saturado siglo XXI es, por tanto, mucho más que una relectura nostálgica. Es un imperativo de defensa de la soberanía interior y de la atención. Nos recuerda que la imaginación, esa herramienta tan vital como la lógica, tiene también la función de alertar sobre lo que se está perdiendo mientras nos distraemos. La lectura, en su lentitud deliberada y su exigencia de concentración, se presenta como el antídoto contra la prisa y la pasividad intelectual impuestas.

Cuando cedemos por completo nuestro tiempo y nuestra atención a los dispositivos que buscan mantenernos perpetuamente distraídos, perdemos algo inmaterial, pero esencial, que ni siquiera notamos en su partida: la capacidad de estar a solas con nuestros pensamientos, el motor de la conciencia crítica y el cimiento de la empatía. Es la imaginación la que nos permite proyectar un futuro que no deseamos y, por lo tanto, la que nos arma para evitarlo.

Ahora bien, no basta con reconocer la materialización de la profecía de Bradbuty, pues la distopía íntima de la pantalla ha dejado de ser una proyección lejana para convertirse en el aire que respiramos. No hemos sucumbido al totalitarismo de la ignorancia por decreto, sino por elección, a través de la dulce anestesia de la diversión.

Esta relectura de “Fahrenheit 451” nos confronta con una pregunta fundamental, alineada con las advertencias realizadas por Huxley y Postman: ¿es posible recuperar la pausa y el silencio- es decir, la genuina disponibilidad para el ser- sin demonizar el avance tecnológico, o estamos fatalmente condenados a un perpetuo estado de semi-consciencia aturdida? Si el peligro radica en confundir la acumulación de datos con el pensamiento crítico, y el ruido con la conexión, entonces la tarea filosófica de hoy no pasa por la simple acción de apagar la pantalla o defender las agendas que las imponen, sino por la imperiosa necesidad de encender la conciencia crítica en su presencia.

En lugar de exigir una mirada nostálgica al pasado, la obra de Bradbury nos lanza una provocación radical: nos exige iniciar la batalla por la conservación de nuestra calidad humana esencial, es decir, por la capacidad de sentir, de disentir y de ser auténticamente conscientes en un mundo diseñado para la pasividad programada. Es un llamado a resistir la implosión de la condición humana ante el asedio de la irrelevancia. Ante esto, ¿qué conocimiento esencial se extingue en nosotros cada vez que la ligereza del entretenimiento se impone sobre el peso de la introspección? Y, sobre todo, ¿cuándo, inmersos en nuestras “familias” de píxeles, nos daremos cuenta de que la persona sentada a nuestro lado ha dejado de ser una extraña para volverse, trágicamente, un simple fantasma de la carne?

Referencias Bibliográficas

  • Bradbury, R. (2009). Fahrenheit 451. (G. L. de la Cruz, Trad.). Ciudad de México, México: Editores Mexicanos Unidos. (Obra original publicada en 1953).
  • Huxley, A. (1932). Un Mundo Feliz. (R. S. de Lamadrid, Trad.). Barcelona, España: Plaza & Janés Editores.
  • Postman, N. (1985). Divertirse hasta Morir: El discurso público en la era del «show business». (P. L. Fandos, Trad.). Barcelona, España: Ediciones de la Tempestad.

DATOS DE CONTACTO

  • Correos electrónicos de contacto: lisiprieto@hotmail.com y lisiprieto87@gmail.com
  • Instagram: https://www.instagram.com/lisandroprietofem?igsh=aDVrcXo1NDBlZWl0
  • What’sApp: +54 9 2645316668
  • Blog personal: www.lisandroprieto.blogspot.com
  • Facebook: https://www.facebook.com/lisandro.prieto
  • X: @LichoPrieto
  • Threads: https://www.threads.net/@lisandroprietofem
  • LinkedIn:https://www.linkedin.com/in/lisandro-prieto-femen%C3%ADa-647109214
  • Donaciones (opcionales) vía PayPal: https://www.paypal.me/lisandroprieto
  • Donaciones (opcionales) vía Mercado Pago: +5492645316668
Continue Reading

Publicidad

Lo Más Leído