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Transforman la realidad de cientos de jóvenes con el aprendizaje de la tecnología

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El secretario de Innovación, Daniel Méndez, expresó que la Escuela Superior de Innovación y Tecnología (ESIT) está orientada a transformar la realidad educativa y laboral del país. “La visión que tenemos ha sido acertada porque estamos abriendo oportunidades a las personas que no han podido profesionalizarse en una carrera técnica o universitaria; ahora la puedan cursar en dos años, y esto les permite insertarse al mercado laboral”, destacó Méndez.

Agregó que la ESIT no solo brinda oportunidades de estudio, sino que además fomenta el desarrollo de un recurso humano altamente capacitado que responda a las demandas actuales. Esta iniciativa también apoya a las familias salvadoreñas, ya que sus hijos ahora pueden capacitarse en carreras que les ofrezcan estabilidad económica y profesional. Méndez añadió que hay muchas empresas interesadas en contratar estos perfiles.

El secretario de Innovación señaló que el objetivo de esta institución es brindar herramientas sólidas, sin importar su situación económica, y enfatizó que las clases fueron pensadas para dar facilidad a la población, que pueda estudiar desde cualquier lugar, en cualquier momento y de forma gratuita.

“Además de los cuatro TSU que tenemos que son educación formal y superior, también pueden inscribirse a los más de 50 cursos de formación continua que están disponibles para todos los salvadoreños”, afirmó.

La ESIT representa un avance en la formación técnica y tecnológica en El Salvador, preparando a los estudiantes en áreas de alto impacto y competitividad que les permitan alcanzar un empleo digno y bien remunerado.

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Política

Cooperación en formación e investigación

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El Vicepresidente de la República, Félix Ulloa, visitó el Centro de Estudios Internacionales (CEI), en Cataluña, España, donde sostuvo un encuentro con su Director, Joaquín Llimona Balcells, para abordar nuevas oportunidades de colaboración académica.

El Vicepresidente Ulloa expuso el proceso de cambio que atraviesa El Salvador y destacó los avances en seguridad, desarrollo económico, educación, innovación tecnológica y modernización de la Administración Pública, como ejes clave en el Gobierno del Presidente Nayib Bukele.

Asimismo, destacó los diferentes esfuerzos impulsados desde la Vicepresidencia para fortalecer competencias en áreas estratégicas como la ciberseguridad, inteligencia artificial y otras vinculadas a los nuevos desafíos de la gestión.

En materia de cooperación, ambas partes conversaron sobre:

  • Oportunidades de formación y becas para diplomáticos salvadoreños.
  • El impulso de investigaciones conjuntas con el Centro de Estudios Internacionales Héctor Oquelí sobre temas de interés común.

En este contexto, el CEI manifestó su disposición a explorar iniciativas de capacitación, investigación y asistencia técnica en el país, así como posibles mecanismos de apoyo a través de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), la Unión Europea y organismos multilaterales.

Como cierre de la visita, el Vicemandatario firmó el Libro de Honor del Centro de Estudios Internacionales, reafirmando la voluntad de continuar estrechando los vínculos académicos e institucionales en beneficio de los salvadoreños.

En el encuentro también participaron la Embajadora de la República de El Salvador en España, Anabella Machuca y el Cónsul salvadoreño en Barcelona, Benito Miró.

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Nacionales -deportes

6-0 Y SIN EXCUSAS: EL SALVADOR SE ARRASTRA EN EL TRÉBOL Y EL “BOLILLO” FIRMA UN DESASTRE TÁCTICO

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La Selecta no perdió simplemente un partido: fue desbordada, desarmada y expuesta por Guatemala. El 6-0 deja bajo cuestionamiento el planteamiento de Hernán Darío Gómez y vuelve a poner sobre la mesa un problema mucho más profundo: un fútbol salvadoreño que sigue sin encontrar identidad, evolución ni respuestas cuando el rival aumenta la exigencia.

ANÁLISIS | DIARIO DIGITAL CRONIO. Hay derrotas que se explican por un error, una expulsión, una genialidad del rival o una mala noche. Y luego están partidos como el de este lunes en Guatemala. El 6-0 sufrido por El Salvador en El Trébol no admite maquillaje: fue una actuación futbolísticamente indefendible, una paliza que comenzó en el marcador y terminó dejando al descubierto un equipo sin herramientas para detener la caída.

La responsabilidad comienza en el banquillo. Hernán Darío “Bolillo” Gómez había prometido durante este proceso un equipo “ordenado”, “muy táctico” y “equilibrado”. Horas antes de enfrentar a Guatemala insistía en que El Salvador todavía buscaba jerarquía y advertía que no era favorito. El problema no fue reconocer las limitaciones; el problema fue que sobre la cancha no apareció ni el orden, ni el equilibrio, ni una estructura capaz de competir.

El planteamiento inicial fue una declaración de intenciones: línea de cinco, tres centrales y un bloque preparado fundamentalmente para resistir. En teoría podía entenderse como prudencia jugando de visitante. En la práctica terminó siendo miedo sin protección. El Salvador acumuló hombres atrás, pero no defendió mejor; cedió metros, perdió las referencias, permitió que Guatemala recibiera con comodidad y prácticamente renunció a discutirle territorialmente el partido. El 1-0 llegó apenas al minuto 8 y, lejos de provocar una reacción, confirmó la fragilidad del plan.

Eso es lo verdaderamente preocupante: se salió a protegerse y ni siquiera se supo proteger.

Guatemala comprendió rápidamente dónde estaba la herida y atacó sin complejos. El Salvador, en cambio, parecía tener como principal recurso recuperar y lanzar. Balón largo, disputa, segunda pelota y esperar que los hombres de arriba resolvieran algo prácticamente solos. Sobre la planilla había dos atacantes, pero el funcionamiento terminó aislando la ofensiva. No hubo sociedades consistentes, no hubo superioridades, no hubo una salida limpia que permitiera respirar al equipo. El pelotazo dejó de ser un recurso y se convirtió demasiadas veces en el plan.

Cuando Guatemala hizo el 2-0 al 28’, Gómez entendió que su propuesta había fracasado y apenas tres minutos después retiró al central Julio Sibrián para introducir a Mayer Gil. Pero ahí apareció otro problema: corregir no es simplemente cambiar nombres o desmontar una estructura en plena emergencia. El Salvador pasó de un sistema conservador a intentar ganar presencia ofensiva sin haber solucionado sus distancias, sus coberturas ni el control del mediocampo. Guatemala respondió con el tercero antes del descanso.

Y allí terminó realmente el partido.

Porque una selección puede irse perdiendo 3-0 al vestuario y regresar con otra actitud, adelantar líneas, modificar la presión, asumir riesgos y por lo menos demostrar que entendió dónde estaba siendo superada. El Salvador volvió a la cancha con Jairo Henríquez por Mauricio Cerritos, pero el problema nunca fue solamente un futbolista: era el funcionamiento completo. Al 56’, Jorge Aparicio convirtió el cuarto y cualquier posibilidad de reacción quedó sepultada.

A partir de ahí, la imagen fue todavía más dolorosa. Guatemala manejó el balón con una tranquilidad impropia de un clásico centroamericano mientras desde las gradas aparecía el “olé”. El Salvador corría detrás de la pelota, llegaba tarde, no encontraba referencias y transmitía una sensación devastadora: el equipo ya no sabía qué hacer.

Y eso sí apunta directamente al cuerpo técnico.

Un entrenador no controla que un defensa pierda un duelo individual ni que un delantero falle una ocasión. Pero sí es responsable de entregar mecanismos, alternativas y respuestas colectivas. Cuando tu plan A fracasa, debe existir un plan B. Cuando el rival detecta tu debilidad, debes modificarla. Cuando recibes dos goles, tienes que conseguir que el tercero sea más difícil. Cuando terminas recibiendo seis y el equipo empeora con el paso de los minutos, ya no estamos hablando únicamente de errores individuales. Estamos hablando de un fracaso colectivo y táctico.

William Fajardo terminó completando un triplete con dos goles sobre el cierre, al 89’ y al 90+2’, después de haber anotado también el tercero. Guatemala no levantó el pie y El Salvador tampoco encontró la manera de recuperar algo tan elemental como la dignidad competitiva del marcador. Darwin Lom, Rubio Rubín, Fajardo y Aparicio habían construido previamente la goleada.

Lo ocurrido es todavía más duro porque apenas tres días antes El Salvador había derrotado 3-1 a Martinica. Aquella noche, Gómez destacó el orden táctico de su equipo, aunque reconoció que todavía faltaba profundidad. El resultado generó ilusión. Guatemala necesitó 90 minutos para colocar esa ilusión frente a un espejo mucho más incómodo.

No se puede construir un proceso serio viviendo de chispazos. Tampoco puede llamarse evolución a ganar un partido para luego sufrir una goleada de esta dimensión ante un rival directo de la región. El propio Gómez decía antes del torneo que los adversarios del grupo “no son superiores a nosotros” futbolísticamente. Después de lo visto esta noche, esa afirmación necesita una explicación desde el terreno de juego, porque Guatemala no solo fue superior en el resultado: fue superior en propuesta, ejecución, agresividad, lectura y capacidad para castigar los errores.

Pero sería demasiado cómodo colocar los seis goles únicamente sobre “Bolillo”. Los jugadores tampoco pueden esconderse detrás del entrenador. Una camiseta de selección exige ganar duelos, comunicarse, cerrar espacios, competir cada pelota y mantener concentración incluso cuando el partido está perdido. Esta noche hubo futbolistas superados técnica, física y mentalmente por las circunstancias del encuentro. El técnico diseñó un mal partido; quienes entraron a la cancha tampoco consiguieron rescatarlo.

Y detrás aparece una discusión todavía mayor: ¿qué fútbol está produciendo El Salvador?

Porque cambiar de entrenador cada cierto tiempo no fabrica centrales más rápidos, mediocampistas capaces de gobernar partidos ni delanteros desequilibrantes. El Salvador lleva años buscando una identidad mientras otras selecciones de la región desarrollan jugadores, exportan talento y construyen estructuras competitivas. Si el diagnóstico siempre termina siendo “hay que trabajar”, pero cada nuevo ciclo vuelve al mismo punto, entonces el problema ya no pertenece únicamente al seleccionador de turno.

Lo que se vio en Guatemala pareció, por largos tramos, un fútbol de otra época: bloque hundido, poca elaboración, escasas conexiones entre líneas y demasiada dependencia del balón directo. Defender con muchos no significa defender bien. Ser prudente no significa entregar la iniciativa. Y jugar directo puede ser perfectamente válido, pero únicamente cuando existen movimientos, apoyos y una estructura preparada para ganar la segunda pelota. Sin eso, el “pelotazo” no es estrategia: es desprenderse del balón y esperar.

Por eso este 6-0 debe doler.

Debe dolerle al entrenador. Debe dolerle al jugador. Debe incomodar a los dirigentes. Y debería provocar preguntas serias dentro de un fútbol salvadoreño demasiado acostumbrado a explicar sus fracasos mientras las generaciones pasan y la distancia competitiva sigue apareciendo.

El Salvador no necesita que le expliquen que perdió 6-0. El marcador ya hizo ese trabajo. Necesita que alguien explique por qué un equipo que presume trabajo táctico terminó sin táctica; por qué salió a defender y recibió seis; por qué los cambios no corrigieron el partido; y, sobre todo, cuál es exactamente la evolución que se supone que el aficionado debe creer.

Porque esta noche no hubo jerarquía, no hubo equilibrio y tampoco hubo reacción.

Hubo seis goles. Hubo un rival disfrutando. Y hubo una Selecta completamente superada.

El 6-0 podrá archivarse en las estadísticas. La imagen que dejó El Salvador en Guatemala tardará bastante más en borrarse.

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ENTREGA ESPECIAL

VIDEO | Marbeli, la niña que enseñó que los sueños también se caminan de la mano de papá

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El 15 de septiembre de 2026, entre música de bandas y celebraciones por la Independencia, Marbeli protagonizó una escena que conmovió las redes sociales. Vestida de cachiporra, avanzaba acompañada por su padre, quien la sostenía para que pudiera participar junto a sus compañeras. Las imágenes se viralizaron y despertaron el interés por conocer a aquella niña. Detrás del momento había una decisión muy suya: quería desfilar, y estaba dispuesta a prepararse para hacerlo.

Dos días después, el 17 de septiembre, nuestro equipo fue a buscarla en Ciudad Arce. El Colegio Reforma y su banda habían sido invitados a participar en un nuevo desfile, y aprovechamos la ocasión para conocer a Marbeli, a sus padres y a su instructora. Allí descubrimos una historia que merecía contarse más allá del video viral: la de una niña que reconoce sus propios avances y encuentra alegría en cada nueva experiencia.

«Siento que voy avanzando un paso más», Marbeli, estudiante y cachiporra del Colegio Reforma.

Su deseo de desfilar nació al observar a otras niñas realizar sus pasos. Marbeli quiso estar allí también y se lo pidió a su papá. Miguel Ángel Ramírez contó que no quería responderle con un no, pero necesitaba encontrar una manera de acompañarla tomando en cuenta sus necesidades. Habló con su esposa y consultaron con la fisioterapeuta. Consideraron alternativas, escucharon la insistencia de su hija y buscaron cómo prepararla. Después, al recordar los aplausos que recibieron durante el recorrido, describió lo que había sentido:

«Sinceramente, muy emotivo, muy alegre», Miguel Ángel Ramírez, papá de Marbeli.

Para Guadalupe Haydee Guevara, su mamá, acompañar ese deseo también significó organizar el tiempo y pensar en los apoyos necesarios. Marbeli tiene una rutina que incluye escuela, terapias y actividades de iglesia; incorporar la preparación del desfile requería dedicación. Su testimonio permitió conocer el trabajo que las imágenes virales apenas muestran: los horarios, los traslados y las decisiones de una familia que busca dar espacio a las aspiraciones de su hija.

«Se piensa primero cómo hacerlo», Guadalupe Haydee Guevara, mamá de Marbeli.

En esa preparación estuvo Adriana Bautista, conocida por Marbeli como Adri, instructora de cachiporras del Colegio Reforma. Ella explicó que se organizó con la mamá para realizar los ensayos. En el reportaje también la vemos peinar y maquillar a su alumna, compartiendo los preparativos de la presentación. Al hablar de sus cualidades, Adriana destacó su sonrisa y esa vitalidad que la acompaña. Marbeli, por su parte, reconoció en su instructora a alguien que la ayuda y la motiva.

«Siempre está con una energía increíble», Adriana Bautista, instructora de cachiporras del Colegio Reforma.

Durante el nuevo recorrido, Marbeli volvió a compartir las calles con sus compañeras, acompañada por sus padres y entre muestras de cariño del público. Sin embargo, su historia también abre una conversación sobre las oportunidades para participar. Miguel Ángel señaló que todavía existen barreras de accesibilidad y que la inclusión exige que el entorno responda a las necesidades de las personas con discapacidad. Su acompañamiento expresa amor familiar; su reflexión recuerda que las familias también necesitan condiciones que faciliten ese camino.

Marbeli tiene más sueños: durante la entrevista habló de ser actriz y pintora. El desfile es parte de una infancia con intereses, deseos y mucho por descubrir. Por eso, al recordarla como la princesa del 15 de septiembre, vale la pena escuchar lo que ella misma dice sobre su experiencia: siente que está avanzando. Su padre le ofrece las manos, su madre organiza y acompaña, su instructora enseña y anima. Marbeli pone el deseo de seguir.

Actualmente, Marbeli necesita una caminadora especial para continuar con su proceso de movilidad y rehabilitación. Por ello, las personas, empresas o instituciones interesadas en apoyarla mediante la donación completa de una caminadora médica y de rehabilitación neurológica pueden comunicarse con nosotros al teléfono 7599-9181.

Entre las especificaciones de la caminadora médica y de rehabilitación neurológica Dyaco Medical 8.0T, comercializada también bajo marcas como Spirit Fitness, se encuentran un motor de 3.0 HP de grado médico y capacidad de marcha bidireccional, tanto hacia adelante como en reversa. La velocidad hacia adelante puede regularse de 0.1 km/h a 22 km/h, en incrementos de 0.1 km/h, mientras que en reversa alcanza de 0.1 km/h a 8 km/h.

El equipo cuenta además con un rango de inclinación de -12 % hasta 25 %, regulable en incrementos de 0.5 % mediante dos motores independientes. Su superficie de cinta mide 22 por 60 pulgadas, equivalentes a aproximadamente 56 por 152 centímetros, e incluye marcas de seguridad visuales. También dispone de un sistema de elevación de plataforma con superficie autolubricada y una consola con pantalla táctil integrada de 10 pulgadas, que ofrece analítica en la nube y protocolos de pruebas de esfuerzo cardíaco.

Conoce la historia y escucha a sus protagonistas en el reportaje disponible en nuestras plataformas de Facebook, TikTok y YouTube.

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