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Intervienen vías de San Luis del Carmen, Chalatenango

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El Plan Nacional de Bacheo continúa en diferentes puntos del país, con el objetivo de garantizar calles de calidad a la población. Este día los equipos de la Direccion de Obras Municipales (DOM) se encuentran interviniendo en diferentes vías de San Luis del Carmen, Chalatenango.

“Damos por iniciados los trabajos del Plan Nacional de Bacheo en superficie de adoquín en San Luis del Carmen. Vamos a transformar este municipio que fue bastión del FMLN y estuvo en el abandono”, expresó la DOM en sus redes sociales.

Con esta recuperación vial serán más de 1,200 las personas beneficiadas que a diario transitan en la zona a realizar sus actividades diarias o a comercializar sus productos.

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Nacionales -deportes

La Selecta aterrizó en Colombia tras una falla en pleno vuelo

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La Azul Y Blanco vivió el martes un inconveniente durante el vuelo que trasladaba al equipo de Colombia a República Dominicana, lo cual provocó que el avión aterrizara nuevamente tras casi dos horas quemando combustible para reducir el peso y descender sin complicaciones.

El doctor Heriberto Guerrero, médico de la selección mayor, explicó a Diario El Salvador que la Selecta hizo escala en Bogotá y luego partió a Santo Domingo en un viaje de dos horas, pero a los 25 minutos de vuelo el piloto informó de un problema de presurización en la cabina (el sistema que regula el aire dentro del avión) y se ponía en riesgo el oxígeno de los tripulantes.

«Salimos del aeropuerto de Bogotá en camino a Santo Domingo en un vuelo de dos horas y 10 minutos, despegamos normal, pero como a los 25 minutos el piloto habló diciendo que el avión tenía un problema de presurización, o sea, la cabina podía tener un problema de despresurización si ascendía en el ascenso que hacen todos los aviones normales que es a 35 mil pies más o menos que es lo que se llama altura crucero, y si subía a esa altura la cabina se podía despresurizar y caer las máscaras de respiración. Al ver que no podía solucionar el problema dijo que tenía que regresar», relató el Dr. Guerrero.

El médico contó que a bordo del avión nunca sintieron nada, ni turbulencia o alguna otra inconveniencia y nunca cayeron nunca las mascarillas de oxígeno porque el piloto pudo descender el avión a una altura segura de alrededor de 15 mil pies donde no ocurría una despresurización en la cabina y el vuelo se mantenía seguro para la tripulación.

El avión estuvo dando vueltas en el aire durante una hora y 45 minutos, mientras el piloto quemaba combustible para liberar peso y tener un aterrizaje adecuado, y también, porque el aeropuerto de Bogotá estaba cerrado por las malas condiciones climáticas.

El médico de la Selecta aclaró que el aterrizaje en Bogotá fue sin complicaciones, sin riesgo y sin protocolo de emergencia. Posteriormente, esperaron un nuevo vuelo hacia República Dominicana.

La Selecta enfrentará este 26 de marzo a las 6:00 p.m. a la selección de República Dominicana en un partido amistoso por la fecha FIFA.

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Presidente Bukele alcanza su máximo nivel de aprobación ciudadana con 94 %

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La reciente encuesta de CID Gallup reveló que el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, logró un histórico 94 % de aprobación de su gobierno, reflejando un alto nivel de respaldo ciudadano previo a la Semana Santa.

De acuerdo con los resultados del estudio de CID Gallup, la gestión del presidente Nayib Bukele registra su nivel más alto de aprobación, con un 94% de respaldo por parte de la población salvadoreña.

El informe también destaca que un 89 % de los encuestados afirma sentir orgullo por el mandatario, evidenciando un fuerte vínculo emocional entre la ciudadanía y el jefe de Estado.

En cuanto a la percepción del rumbo del país, el 87 % considera que El Salvador avanza en la dirección correcta. Respecto a sus áreas de trabajo, la encuesta señala que el Gobierno salvadoreño obtiene un 95 % de aprobación en seguridad, especialmente en el combate a la criminalidad.

Asimismo, el sector educativo también recibe una alta valoración, con un 95% de aprobación, destacando el respaldo a las acciones implementadas en esta área.

Cabe mencionar que dicho estudio fue realizado entre el 15 y el 21 de marzo de 2026, con una muestra de 1,200 salvadoreños adultos, a través de entrevistas telefónicas, y cuenta con un margen de error de ±2.8 % y un nivel de confianza del 95 %.

Estos resultados reflejan un respaldo mayoritario hacia la gestión presidencial en distintos ámbitos, de acuerdo con la medición de CID Gallup.

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Opinet

El legado de Habermas frente al desierto de la posmodernidad- Lisandro Prieto Femenía

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«La tarea de la filosofía no es otra que mostrar los límites y las posibilidades de la razón humana; y hacerlo exige, justamente, no confundir la crítica con la mera destrucción de la confianza en la razón»

Jürgen Habermas, Teoría de la acción comunicativa, 1981.

Jürgen Habermas ha muerto. Con su fallecimiento se cierra la trayectoria de un pensador que, lejos de sucumbir a las modas del escepticismo radical, se mantuvo como el último gran guardián del proyecto ilustrado. En un siglo marcado por la fragmentación del sentido, Habermas investigó con rigor cómo la comunicación no es un mero intercambio de subjetividades, sino el ancla misma de la legitimidad democrática. Su desaparición biográfica no debe interpretarse como el acta de defunción de su pensamiento; por el contrario, nos obliga a evaluar si Occidente aún posee la voluntad de sostener una esfera pública basada en la exigencia de verdad.

Habermas articuló su proyecto sobre una premisa innegociable: la razón no es un instrumento de poder, como pretendieron sus críticos más feroces, sino una trama de justificación intersubjetiva. Como señala en su obra cumbre: «La comunicación (Verständigung) constituye la base normativa de la acción social coordinada» (Habermas, 1981, p. 24). Para el filósofo de Fráncfort, la democracia no es un juego de identidades en pugna, sino un proceso deliberativo donde la fuerza del mejor argumento debe prevalecer sobre la coacción. En La transformación estructural de la esfera pública, recordaba que la irrupción de una opinión pública crítica fue el acontecimiento que permitió la fiscalización racional del poder político (Habermas, 1990, p. 50).

La inquietud que despierta su partida no es meramente académica. En un panorama intelectual donde el pensamiento profundo parece ceder ante la banalidad de la inmediatez, la figura de Habermas funcionaba como un recordatorio de que la sensatez es un ejercicio de disciplina intelectual. Se ha planteado que su muerte representa el fin del pensamiento racional en Occidente; sin embargo, esta tesis peca de un pesimismo romántico. La razón comunicativa no es el patrimonio de un hombre, sino un procedimiento que sobrevive en la medida en que las instituciones y los ciudadanos decidan someter sus pretensiones de validez al escrutinio del otro.

No obstante, el diagnóstico de Habermas sobre la «colonización del mundo de la vida» adquiere hoy una vigencia estremecedora. Advertía que la invasión de las lógicas sistémicas —el mercado y la burocracia— pone en peligro «la reproducción de las capacidades comunicativas necesarias para la acción coordinada» (Habermas, 1981, p. 357). Lo que hoy observamos no es solo una crisis política, sino una deformación técnica de la palabra. La aceleración digital y la gestión de algoritmos han sustituido la deliberación por la gestión de flujos de datos, convirtiendo al ciudadano en un consumidor de eslóganes.

Esta deriva se manifiesta con especial virulencia en el ascenso de la tecnocracia contemporánea. Habermas ya había advertido en Ciencia y técnica como «ideología» que el peligro de la Modernidad radica en la transposición de la racionalidad instrumental al campo de la praxis social. Cuando la gestión pública se reduce a la «solución de cuestiones técnicas» bajo la égida de expertos, se produce una despolitización de la voluntad ciudadana. En palabras del autor, la autocomprensión tecnocrática «elimina la distinción entre acción técnica y acción práctica», lo que permite que la administración de las cosas reemplace la justicia entre los hombres (Habermas, 1984, p. 86). La gobernanza actual, regida por métricas de eficiencia y la dictadura del dato, es la consumación de ese riesgo: una sociedad que sabe cómo optimizar procesos, pero que ha olvidado cómo discutir sus fines.

A este escenario se suma el estado patético de una cultura posmoderna que ha renunciado al pensamiento estructural. La fragmentación del discurso mediático ha devuelto a la sociedad a un estado de «sordera comunicativa» donde el diálogo es imposible, no por falta de medios, sino por la aniquilación de las facultades cognitivas necesarias para sostener una argumentación de largo aliento. En Problemas de legitimación en el capitalismo tardío, Habermas señalaba que el sistema requiere de una «lealtad de masas» que se obtiene mediante la manipulación de significados (Habermas, 1975, p. 94). Hoy, esa manipulación se ha sofisticado: los sistemas educativos occidentales, en una capitulación intencional frente a las demandas del mercado, han sustituido la formación humanística y el rigor lógico por una instrucción superficial en «competencias» líquidas.

Como bien ha analizado la crítica contemporánea en sintonía con las advertencias habermasianas, el abandono de la formación estructural condena al sujeto a una inmediatez pulsional. La educación ya no busca la mayoría de edad kantiana —el Sapere aude—, sino la adaptación acrítica a entornos digitales donde la verdad es irrelevante frente a la viralidad. Esta «despoblación del intelecto» es el caldo de cultivo para un irracionalismo que Habermas combatió con vehemencia: si el lenguaje pierde su capacidad de referir a la realidad compartida y se convierte solo en un arma afectiva o de autoafirmación, la esfera pública colapsa irremediablemente.

Frente a esta decadencia, la tarea del filósofo actual exige reivindicar aspectos puntuales de la ética discursiva habermasiana que funcionan como antídotos contra la disolución posmoderna. En primer lugar, es imperativo recuperar la noción de pretensiones de validez. Habermas sostenía que todo acto de habla genuino lleva implícitas las exigencias de verdad, rectitud y veracidad; renunciar a ellas bajo el pretexto de que «la verdad es una construcción de poder» no es un acto de liberación, sino de desarmamiento intelectual. Reivindicar que existe un horizonte de verdad compartida es lo que permite que el diálogo no sea un simulacro, sino una confrontación real de razones.

En segundo lugar, debemos defender el carácter procedimental de la justicia frente al esencialismo identitario. Mientras la posmodernidad se refugia en el particularismo irreductible, Habermas nos recuerda que «el principio de universalización actúa como un cuchillo que corta las fibras de los intereses meramente particulares» (Habermas, 1990, p. 83). Para resistir la fragmentación, el filósofo debe ser capaz de elevarse por encima de su biografía o su tribu para apelar a normas que cualquier ser racional pueda aceptar. La filosofía no debe ser una terapia de grupo para la afirmación del yo, sino el tribunal donde se examinan las pretensiones que aspiran a regular nuestra convivencia.

Es necesario, por tanto, rescatar el núcleo duro de su propuesta frente a la decadencia de la deconstrucción posmoderna. Mientras que el relativismo absoluto reduce todo discurso a un juego de poder o a una construcción arbitraria, Habermas sostuvo que «sólo puede pretenderse validez a una norma si todos los afectados por sus consecuencias pueden aceptar racionalmente las normas reguladoras» (Habermas, 1990, p. 102). Esta pretensión de universalidad es el último dique contra el tribalismo. La verdadera crítica no consiste en destruir la confianza en la razón para dejar el campo libre a la voluntad de poder, sino en perfeccionar las condiciones materiales y procedimentales para que el diálogo sea posible.

El mayor riesgo contemporáneo es la sustitución de la argumentación por la performatividad emocional. Cuando la política se reduce a la afirmación de identidades cerradas que no aceptan la mediación de la razón, la esfera pública desaparece. A esto se suma la tecnocracia algorítmica, que naturaliza decisiones opacas bajo el manto de la eficiencia métrica. El predominio del experto sobre el ciudadano debilita el fundamento mismo de la soberanía popular, transformando la deliberación en un trámite administrativo. Frente a estos peligros, la lección de Habermas es clara: la emancipación no vendrá de la ruptura con la modernidad, sino del cumplimiento de sus promesas de racionalidad y autonomía.

La tarea no es la nostalgia, sino la reconstrucción de las instituciones que permiten la argumentación pública. Esto implica fortalecer una educación cívica que no tema a la jerarquía del conocimiento y diseñar marcos que protejan la pluralidad frente a la uniformidad del big data. El mandato de Habermas es una exigencia normativa que sobrevive a su autor: la razón debe ser pública y debe ser defendible.

¿Es posible sostener la pretensión de universalidad en un mundo que ha renunciado a la noción misma de verdad objetiva? ¿Podrá la arquitectura de la deliberación habermasiana resistir el embate de una tecnología que prioriza la reacción instintiva sobre la reflexión pausada? ¿Estamos dispuestos a aceptar la carga de responsabilidad que implica justificar racionalmente nuestras posiciones, o preferiremos el refugio cómodo pero estéril del narcisismo identitario? ¿Qué queda de la «fuerza del mejor argumento» cuando la autoridad del experto técnico se utiliza para blindar decisiones políticas ante el escrutinio público? ¿Cómo recuperar la dimensión práctica del lenguaje en una civilización que ha reducido la comunicación a un flujo de información optimizable para el mercado? ¿Hasta qué punto la degradación de los sistemas educativos es un error de gestión o una estrategia deliberada para erosionar la capacidad de resistencia racional del ciudadano? ¿Es la filosofía actual capaz de proponer un horizonte universalista sin caer en el dogmatismo, o ha sido domesticada por el imperativo de la corrección política posmoderna?

Referencias bibliográficas

· Habermas, J. (1975). Problemas de legitimación en el capitalismo tardío. Buenos Aires: Amorrortu.

· Habermas, J. (1981). Teoría de la acción comunicativa. Volumen I. Madrid: Taurus.

· Habermas, J. (1984). Ciencia y técnica como «ideología». Madrid: Tecnos.

· Habermas, J. (1990). La transformación estructural de la esfera pública. Madrid: Alianza.

· El País. (14 de marzo de 2026). Muere el filósofo alemán Jürgen Habermas a los 96 años.

· BBC Mundo. (14 de marzo de 2026). Jürgen Habermas: la vida y legado del filósofo alemán.

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