2

Connect with us

Opinet

«Miércoles Santo: entre la traición y el anuncio de la gracia»

Publicado

el

Por: Lisandro Prieto Femenía

«Ella ha hecho lo que podía; se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura.» Jesucristo (Marcos 14:8)

Continuando con nuestra saga de reflexiones pascuales para este 2025, hoy reflexionaremos sobre el Miércoles Santo, día que se erige en el corazón de la Semana Santa con una profunda ambivalencia simbólica, marcado por la sombría realidad de la traición y, paradójicamente, por la luminosa anticipación de la gracia redentora. Lejos de tratarse de un mero preludio a los eventos culminantes del Triduo Pascual, este día nos invita a una análisis filosófico-teológico sobre la naturaleza de la condición humana, también del mal y de la inescrutable gratuidad del amor divino.

La tradición cristiana centra la atención del Miércoles Santo en la figura de Judas Iscariote y su infame pacto con los sumos sacerdotes para entregar a Jesús (Mt 26:14-16). Este acto, narrado con sobriedad en los evangelios sinópticos, no es simplemente un hecho histórico relevante, sino un paradigma de la libertad humana confrontada con la posibilidad del mal. Desde una perspectiva filosófica, la traición de Judas nos interpela a pensar sobre la naturaleza de la voluntad y su capacidad de elegir la oscuridad, a pesar de la proximidad de la luz. Nos lleva también a preguntar si ¿fue acaso la avaricia, como sugieren algunos pasajes bíblicos (Juan 12:6), la única motivación de su acto? ¿O debemos considerar, como apunta el Papa Benedicto XVI, la posible influencia de fuerzas “tenebrosas” que seducen la libertad humana? (Benedicto XVI, Audiencia General, 18 de octubre de 2006).

En su catequesis del día 18 de octubre de 2006, dedicada a la figura de los Apóstoles, el Papa precitado ofreció una profunda reflexión sobre la enigmática traición de Judas Iscariote. Reconociendo la complejidad de las motivaciones que pudieron llevar a este discípulo cercano a entregar a su Maestro, el Pontífice no eludió la dimensión espiritual y la posible influencia de fuerzas oscuras en su decisión. Su análisis, caracterizado por una aguda sensibilidad teológica y un respeto profundo por la libertad humana, ilumina un aspecto crucial de este dramático evento del Miércoles Santo.

Benedicto comienza su reflexión admitiendo la dificultad de penetrar completamente el misterio del corazón de Judas: “Judas es un caso problemático. Jesús mismo le había elegido; sin embargo, Judas al final traiciona a su Maestro. Se plantea la pregunta de cómo pudo llegar a una traición semejante. Algunos consideran la avaricia como la motivación principal; otros remiten a una decepción respecto al modo de actuar de Jesús, que no desencadenó una liberación política como él esperaba” (Benedicto XVI, Audiencia General, 18 de octubre de 2006).

El Papa reconoce las explicaciones más comunes que se han ofrecido para comprender la traición: la codicia por las treinta monedas de plata y la posible frustración ante la naturaleza espiritual del reino anunciado por Jesús, que no se correspondía con las expectativas de una liberación terrenal y política. Sin embargo, Benedicto dirige su atención hacia una dimensión más profunda, presente en los relatos evangélicos: “En realidad, los textos evangélicos insisten en otro aspecto: en un cierto punto, Satanás se apoderó de él (cf. Lc 22, 3; Jn 13,27). Esto nos lleva a reflexionar sobre el misterio del mal y sobre las terribles posibilidades de la libertad humana cuando se deja seducir por las fuerzas tenebrosas” (ibíd.).

Esta cita es fundamental para comprender la perspectiva que ofrece el Pontífice. Al señalar las referencias evangélicas donde se menciona la intervención de Satanás en la decisión de Judas (Lucas 22:3: “Entonces Satanás entro en Judas, llamado Iscariote, que era uno de los doce”; Juan 13:27: “Apenas Judas tomó el bocado, Satanás entró en él”), Benedicto XVI introduce la dimensión de la influencia espiritual maligna. No obstante, es crucial notar que el Papa no exime a Judas de su responsabilidad. La frase “terribles posibilidades de la libertad humana cuando se deja seducir por las fuerzas tenebrosas” remarca que, si bien existe una influencia externa, la decisión final de traicionar a Jesús reside en la voluntad libre de Judas.

Consecuentemente, el Pontífice continúa su reflexión extrayendo una lección universal de este oscuro episodio, al sostener que “la posibilidad de esta traición permanece siempre presente en la historia humana. Incluso después de dos mil años, después de haber conocido a Cristo, de haber sido bautizados, de participar en la Eucaristía, nunca desaparece para el creyente el peligro de ceder a la lógica del mundo, a las motivaciones egoístas, a una visión cínica, pensando a veces que el dinero puede resolverlo todo. Por eso, la vigilancia es siempre necesaria, para que Satanás no encuentre la puerta de nuestro corazón abierta” (Ibíd.).

Con estas palabras, Benedicto trasciende el caso particular de Judas y advierte sobre la perenne amenaza de las “fuerzas tenebrosas” que buscan seducir el corazón humano, incluso dentro de la comunidad de creyentes. La “lógica del mundo”, las “motivaciones egoístas” y una “visión cínica” son presentadas como herramientas sutiles del mal que puede que pueden desviar a los individuos del buen camino, el del Evangelio. La referencia al dinero como falsa solución universal resuena directamente con la motivación de la avaricia atribuida a Judas en algunos relatos.

Finalmente, el Papa concluye su reflexión sobre Judas con una llamada a la vigilancia espiritual: “Así, las páginas oscuras de la traición de Judas son una invitación para cada uno de nosotros a ser vigilantes, evitando ceder a la tentación del mal, y permaneciendo siempre fieles a Jesús” (Ibíd.). La figura de Judas, en su trágica elección se convierte en un memento mori espiritual, un recodatorio permanente del peligro que acarrea apartarse de la fidelidad de Cristo. La influencia de esas “fuerzas tenebrosas” no se presenta como una excusa para el pecado, sino como un factor real que explota las debilidades y las inclinaciones egoístas del corazón humano. La respuesta cristiana, según Benedicto XVI, reside en permanecer atentos constantemente y en una adhesión inquebrantable a Jesús.

La reflexión teológica, tal como se expresa en el Catecismo (CIC, 1868), hace hincapié en la naturaleza personal del pecado y la responsabilidad individual en las propias acciones, así como en la cooperación con el mal ajeno. Si bien el misterio del corazón de Judas permanece opaco, la tradición cristiana consistentemente lo ha visto como un ejemplo trágico del mal uso de la libertad, una elección que se aparta del amor ofrecido por Jesús. Al respecto, San Agustín, al comentar el Evangelio de Juan, reconoce la complejidad de sus motivaciones, pero no atenúa la gravedad de su decisión (“Tratados sobre el Evangelio de Juan”, Tratado LXII, 2). La traición se convierte así en un recordatorio sombrío de la fragilidad de la lealtad humana y la constante amenaza del pecado.
San Agustín aborda la figura de Judas con una mezcla de asombro, tristeza y una profunda conciencia del misterio de la iniquidad. Su análisis no busca simplificar las motivaciones de Judas, sino más bien explorar las complejidades de su corazón a la luz de la Escritura y de su comprensión de la gracia y el pecado.

En el Tratado LXII, al comentar el versículo de Juan 13:2 (“Ya había el diablo puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón”, que le entregase”), Agustín se detiene en la relación entre la influencia diabólica y la voluntad de Judas. Él no presenta al traidor como un mero títere de satanás, sino que explora cómo el diablo opera dentro del corazón humano: “No es que el diablo le obligara a traicionar a Cristo contra su voluntad, sino que consintió a la sugestión del diablo, y su voluntad se inclinó hacia ese crimen. Porque el diablo puede sugerir, pero no obligar a nadie a pecar, si la voluntad no consiente” (“Tratados sobre el Evangelio de Juan, Tratado LXII, 1).

Aquí, Agustín pone énfasis en la importancia de la voluntad libre. Aunque reconoce la influencia del diablo como una fuerza sugestiva, insiste en que el pecado es, en última instancia, un acto de consentimiento de la voluntad humana. Judas no fue forzado, sino que eligió ceder a la tentación. Más adelante, en el mismo tratado, al comentar el versículo de Juan 13:27 (“Apenas judas tomó el bocado, Satanás entró en él”), Agustín profundiza en la naturaleza de esa “entrada”: “Judas, pues, recibió aquel bocado, no para su bien, sino para su perdición, porque al recibirlo, el diablo entró en él. No es que antes no estuviera en él, sino que entonces entró de una manera más plena y eficaz para llevar a cabo su malvado propósito. Porque así como el Señor entró en los corazones de los discípulos para que tuvieran paz, así también el diablo entró en el corazón de Judas para que concibiera la traición” (Ibíd. 2).

Lo que el Santo de Hipona está sugiriendo es un paralelismo entre la entrada de Jesús en los corazones de sus discípulos para dar paz y la entrada de Satanás en el corazón de Judas para instigar la traición. Esta analogía no implica una igualdad de poder, sino que ilustra cómo ambas influencias pueden operar en el alma humana: la “entrada” del diablo se describe como un fortalecimiento de su propósito malvado, aprovechándose de las inclinaciones previas que Judas tenía.

Y aquí entramos en una duda en la que muchos cristianos se han sumergido eventualmente en su recorrido de la fe, a saber, ¿por qué Jesús, conociendo el futuro, eligió a un traidor como uno de sus doce apóstoles? Pues bien, Agustín aborda esta cuestión destacando la soberanía divina y el misterioso plan de Dios: “El Señor eligió a Judas, no por sus méritos, que no los tenía, sino por su propio designio, para que se cumplieran las Escrituras. Porque estaba escrito que uno de sus propios discípulos lo entregaría” (Ibíd., 4). Para nuestro santo, la traición de Judas, aunque un acto pecaminoso y libre, se inscribe dentro del plan divino para la redención de la humanidad. Esto no justifica el pecado de Judas, pero ayuda a comprender cómo Dios puede extraer bien incluso del mal.

Sin embargo, la liturgia y la tradición también asocian el Miércoles Santo con el evento de la unción en Betania (Juan 12: 1-8; Mateo 26:6-13; Marcos 14; 3-9), un acto que se presenta, aparentemente contrastante con la traición, porque irrumpe como un signo profético de amor y reconocimiento. La mujer, identificada a menudo con María, hermana de Lázaro, unge la cabeza y los pies de Jesús con un perfume de gran valor, un gesto que Jesús mismo interpreta como una preparación para su propia sepultura (Marcos 14:8).

Desde una perspectiva filosófica, la unción en Betania trasciende su dimensión estrictamente ritual, para convertirse en una poderosa expresión de amor gratuito y reconocimiento de la singularidad de Jesús. El derramamiento del perfume costoso, un acto que a los ojos de algunos discípulos parece un desperdicio, revela una lógica del don que desafía el cálculo utilitarista y mezquino. Evidentemente, entonces, este acto de entrega sin expectativa de retorno manifiesta una comprensión profunda del valor intrínseco del otro.

Teológicamente, la unción también anticipa la gracia redentora que emanará del sacrificio de Cristo. El “buen perfume” (Juan 12:3) con el que Jesús es ungido puede interpretarse como un preludio del sacrificio perfecto que se ofrecerá por la humanidad. Como señaló San Juan Pablo II en “Dives in Misericordia” (8), la cruz de Cristo es la “elocuencia más profunda del amor del Padre” y la “prueba suprema de su justicia y de su misericordia”. La unción, en este sentido, se convierte en una respuesta anticipada a este amor misericordioso, un reconocimiento profético de la sacrificialidad inherente a la misión Jesús.

Para concluir, estimados lectores, es preciso indicar que el Miércoles Santo nos sitúa en la encrucijada entre la oscuridad de la traición y la promesa luminosa de la gracia. La figura de Judas nos confronta con nuestra capacidad humana de elegir el mal, incluso estando en la proximidad del bien. El acto de la unción en Betania, por su parte, nos revela la fuerza que tiene el amor gratuito y la anticipación del sacrificio redentor. La tensión entre estos dos polos nos invita a una profunda reflexión teológico-filosófica sobre la libertad, el pecado, el amor y la inescrutable gratuidad de la gracia divina que se derrama incluso en medio de la oscuridad más profunda. Este día, por lo tanto, no es solo un recuerdo histórico, sino una convocatoria a examinar nuestras propias vidas a la luz de estas verdades fundamentales, de las cuales boca hacia afuera decimos creer, pero en la práctica comprendemos con deficiencia y negligencia.

Lisandro Prieto Femenía       
Docente. Escritor. Filósofo       
San Juan – Argentina       

DATOS DE CONTACTO DEL AUTOR:

  • Correos electrónicos de contacto: lisiprieto@hotmail.com – lisiprieto87@gmail.com
  • Instagram: https://www.instagram.com/lisandroprietofem?igsh=aDVrcXo1NDBlZWl0
  • What’sApp: +54 9 2645316668
  • Blog personal: www.lisandroprieto.blogspot.com
  • Facebook: https://www.facebook.com/lisandro.prieto
  • X: @LichoPrieto
  • Threads: https://www.threads.net/@lisandroprietofem
  • LinkedIn:https://www.linkedin.com/in/lisandro-prieto-femen%C3%ADa-647109214
  • Donaciones (opcionales) vía PayPal: https://www.paypal.me/lisandroprieto
Continue Reading
Advertisement

Opinet

La cara oculta de Nayib Bukele

Publicado

el

Por

En un tiempo turbulento propicio para que seudoperiodistas y politicastros den rienda suelta a sus frustraciones y su furia contra el árbol más florido, se ha vuelto profesión de fe desatar reportajes trucados y panfletos difamatorios contra el presidente Nayib Bukele.

De entrada, están ofendiendo a toda una nación que se encuentra luchan do por construir un nuevo país donde la paz social, el auténtico clima democrático, la lucha contra la pobreza, el desarrollo de la ciencia para el progreso y la justicia para los más olvidados, reinen.

A pesar de las lógicas dificultades de la economía mundial, de fenómenos como El Niño y de las dañinas guerras que encarecen el petróleo y sus derivados, 90 % de la población salvadoreña respalda la gestión del presidente, y es indudable que votará por él en 2027. Esto es lo primero que debería tener claro esa prensa amarillista.

Uno de los argumentos que esgrimen es la condición de bachiller del presidente, como si ello fuese un delito capital o un impedimento para ejercer la política. Hay que recordarles a es tos sesudos intelectualoides los grandes líderes del planeta que no terminaron sus estudios universitarios, pero jugaron un rol brillante en la política internacional, como George Washing ton, James Monroe, Harry S. Truman, Winston Churchill, sin olvidar a Abraham Lincoln, que fue leñador; y personajes como Henry Ford, Steve Jobs, Bill Gates, Mark Zuckerberg, entre muchos otros, se destacan por sus trayectorias excepcionales a pesar de haber abandonado o nunca haber comenzado estudios universitarios.

Por el contrario, Bukele cuenta en su currículo uno de los reconocimientos que la totalidad de académicos de a cuartillo solo pueden soñar con obtener. En diciembre de 2019 la Universidad de Pekín, una de las más prestigiosas del planeta, le otorgó un doctor «honoris causa».

Es evidente que ocultan o minimizan los grandes logros que su gestión ha logra do en cuanto a la seguridad ciudadana al transformar al país más violento y criminal del mundo en el más seguro del hemisferio occidental, el gran salto económico que ha significado su apuesta por el turismo, su lucha contra las mafias intermediarias de la producción agrícola y la búsqueda de la seguridad alimentaria en la agricultura, así como la modernización de los servicios, la infraestructura del sistema nacional de salud, entre otros.

O las grandes obras que su estrategia política de cooperación internacional ha logrado, especialmente con China, Corea del Sur, Estados Unidos, el mundo árabe e Israel, como son las infraestructuras de la Biblioteca Nacional, el superestadio en construcción, la potabilización del lago de Ilopango, el tramo de la autopista Los Chorros, la incautación de centenares de toneladas de cocaína y otras drogas del narcotráfico inter nacional; la edificación, a través de la Dirección de Reconstrucción del Tejido Social, de los centros urbanos de bienestar y oportunidades (CUBO) dentro del Plan Control Territorial, fase II.

Así, un líder heterodoxo, cuya regla es saltarse las reglas tradicionales, como Nayib Bukele, ha sido recibido con honores por el presidente Donald Trump en la Casa Blan ca, ha sido bienvenido en Israel para visitar el museo del holocausto Yad Vashem y el Muro de las Lamentaciones, ha sido acogido con profundo respeto y alfombra roja por el presidente Xi Jinping, en Pekín.

Es además admirado por la mayoría de sus colegas, presidentes de Uruguay, Chile, Costa Rica, Ecuador, Estados Unidos, Colombia, Perú, muchos de los cuales quieren reproducir sus políticas de seguridad ciudadana.

Su visión estratégica, que ha sido fundamental en la creación del Escudo de las Américas de Washington, constituido por 17 países del hemisferio occidental, incluyendo a Estados Unidos, es producto de la experiencia nacional de la lucha contra las pandillas, que contiene estrategias vitales para que dicho escudo haga más efectiva su lucha contra los carteles de las drogas y el terrorismo internacional.

Los adversarios y enemigos acérrimos de Nayib Bukele teorizan absurdos sobre su futuro como líder, o crean infames y ominosas teorías de la conspiración, se horrorizan ante los hechos palpables de su impecable gestión y de sus indiscutibles logros en política nacional e internacional. Esta es la ver dadera doble cara de un líder continental que más que desatar el odio, la rabia y la impotencia de sus adversarios les produce terror, con resultados tangentes que no se atreven ni a reconocer ni mucho menos a divulgar.

 

Continue Reading

Opinet

En El Salvador pasa algo mucho más profundo

Publicado

el

Por: Francisco Martínez

El libro que nos comparte Yossi Abadi, es el autorretrato novelado de una nación que tocó fondo, que levantó la cabeza y a lo salvadoreño enfrentó sus quimeras y se atrevió a soñar, y a soñar en grande, construir un gran país.

El relato que Yossi nos cuenta, con toques de realismo mágico, es el testimonio de alguien que vino a este paisito aventurando, por curiosidad, corriendo riesgos, llegó por unos días sin decir a su familia que estaba acá y terminó atrapado, prendado por la resistencia, resiliencia, gallardía, pundonor y bravura libertaria del pueblo salvadoreño.

Es una historia contada desde la mirada humilde y ambiciosa del ciudadano salvadoreño de a pie en su día a día, desde la calle, cuenta aspectos, no públicos, desde los ejecutores de la política del cambio; no ignora la opinión de los detractores del proceso, tanto locales y en particular de los extranjeros; sin ignorar ni falsear la historia inmediata político social del país.

Su escrito asume una verdad social histórica, la guerra civil resultó de las injusticias y desigualdades, le siguió la posguerra que legó un modelo de solución negociada de conflictos celebrado internacionalmente pero sin mantra local; el dolor, las desigualdades, las crisis de vidas se profundizaron, aquel país forjado por la guerra permaneció por la falta de reflexión colectiva sobre los Por Qué de la guerra que fue soportada en una narrativa controlada que evitaba el fondo del asunto y evitaba se mirara a los responsables, mientras las elites restauraban su poder.

Políticos e instituciones, aupados desde fuera por la política de control blando, se casaron con el sacrosanto mito  de la democracia funcional, la de lo políticamente correcto, donde la formalidad y las formas lo son todo; no les importó que el país se deslizara en una vorágine sangrienta, optaron por la omisión y la desidia, lo que llevó a la instauración de la república de las pandillas donde la violencia no vestía el humeante verde olivo de los setentas y ochentas sino, que esta vez se vestía de tatuajes, los números y las letras, ese era el pedo, qué onda eh.

Cero Crimen cuenta el proceso de cómo se gestó y ejecutó un cambio, de cómo un líder: Nayib Bukele, con una narrativa esperanzadora y disruptiva ganó gradualmente la confianza ciudadana y democráticamente desplazó el viejo orden para instaurar uno nuevo, un orden de seguridad y desarrollo; relata cómo con una política innovadora de seguridad una startup politic y usando todo el poder del Estado hizo posible para El Salvador pasar de ser la capital mundial del crimen a ser el país más seguro del hemisferio occidental, esa es la experiencia que cuenta Yossi desde un enfoque humano, con la lupa de alguien que viaja por el mundo, desde un ciudadano israelí que conoce la violencia, desde una  visión empresarial, en una interrelación activa con salvadoreños acá y por el mundo.

Por las páginas del libro se puede ver que este cambio no se limitó a la guerra contra las pandillas, es una estrategia para desatascar las trampas que tenían atada el potencial de la economía, y ahí en ese escenario Yossi nos habla de cómo la seguridad es después de todo una moneda un resguardo de valor de la inversión, que permite atraer capitales de inversión y abre las puertas al regreso de los que tuvieron que irse, nos presenta un enfoque desenfadado (NO OFICIAL) respecto de los trasfondos de la adopción del Bitcoin como moneda de curso legal y su uso como ancla de la nueva imagen y aviso de la transformación estatal y del renacer de un país.

Yossi destaca que la política del nuevo orden se basa en resultados, no en discursos, sino en acciones no en reuniones, con decisión y celeridad frente a los problemas desde una forma sin manuales ni formalidades, simplemente: hágase.

El libro, es una provocación al estudio critico de El Salvador para comprender el nuevo modelo de gobernanza con liderazgo fuerte y cercano al pueblo, es un relato ameno desde la visión particular de Yossi y su cariño y compromiso con este paisito.

Narra como El Salvador no solo sobrevivió, a la inestabilidad y al caos, sino que, desde esa realidad, asumió que no había más opción que diseñar la nueva arquitectura nacional, una que evite repetir o regresar al pasado, una nación que no sea desangrada por la violencia, una sociedad que se integre y supere las desigualdades, en donde no tengamos que tomar o entender porque alguien toma los fúsiles.

Francisco Martínez

Continue Reading

Opinet

La guerra como casino y la obsolescencia del alma- Lisandro Prieto Femenía

Publicado

el

Por

«Cuando la violencia ya no se ejerce sobre las cosas o sobre las personas, sino sobre los signos y las imágenes, nos adentramos en la era de la simulación absoluta»

 Jean Baudrillard, Cultura y simulacro (1978/2005, p. 43).

Acaso la mayor ceguera de nuestra época radique en la convicción de que las transiciones civilizatorias se anuncian con trompetas y cataclismos visibles. Nos desvelamos elucubrando de qué manera la IA reescribirá las aulas, cómo los algoritmos reestructurarán el diagnóstico clínico o bajo qué lógicas se reorganizará el empleo global, asumiendo con ingenuidad que el sujeto que habitará ese mañana permanecerá inalterado en su esencia fundamental.

Sin embargo, lo que verdaderamente se desliza bajo nuestros pies no es una simple reconfiguración del entorno instrumental, sino una mutación irreversible del ser humano en su totalidad. Asistimos, tal vez, con una resignación anestesiada, a la última versión de nosotros mismos tal como nos hemos conocido. Frente a los discursos optimistas que, amparados en una falsa perspectiva histórica, murmuran que toda crisis civilizatoria halla siempre su punto de equilibrio y que las aguas siempre regresan a su cauce, emergen síntomas tan perturbadores que resquebrajan cualquier intento de consuelo racional.

Lejos de ser una transformación periférica, esta deriva se manifiesta en la ilusión de estabilidad que rodea nuestro quehacer cotidiano, una ceguera colectiva que evoca la ingeniosa escena cinematográfica de Woody Allen en la que el protagonista, tras escuchar el diagnóstico adverso de su médico, reflexiona con amargura sobre cómo hasta hace apenas cinco minutos era un hombre feliz, y no se había dado cuenta. El mundo contemporáneo parece atrapado en esa mismísima fracción de segundo previa a la conciencia del derrumbe total. Transitábamos un planeta plagado de asimetrías, injusticias y desigualdades dolorosas, pero que aún conservaba latente la promesa de la transformación social, la chispa de la indignación moral genuina y el anhelo de la empatía. Hoy, la irrupción de tecnologías diseñadas para la dispersión sistemática, el confinamiento existencial del deslizamiento infinito en las pantallas y el embrutecimiento lúdico colectivizado nos devuelven una deshumanización de la especia que, al menos para mí, se torna insoportable. No estamos simplemente ante un cambio de época, sino ante el agotamiento de la condición humana como reducto de sensibilidad.

El precitado adormecimiento afectivo encuentra su manifestación más descarnada no en la acumulación de arsenales, sino en la conversión del sufrimiento ajeno en un objeto de especulación financiera. La consagración de plataformas digitales de predicción como Kalshi o Polymarket, donde miles de imberbes arriesgan su capital apostando al minuto exacto en que una potencia extranjera iniciará un bombardeo o al destino de la vida de líderes mundiales, consuma una degradación moral sin precedentes.

La periodista Natalie Sherman (2026), en una profunda investigación para la BBC, expone de qué manera estas dinámicas se revisten de un lenguaje aséptico para eludir el reproche social y legal. En el cuerpo de su crónica, Sherman recoge el revelador testimonio de Stew, un usuario desencantado de estas plataformas que, tras verse inmerso en la vorágine de las apuestas militares, desnuda el engaño conceptual que sostiene el negocio al constatar que la industria insiste en llamarlo “negociación de contratos”, cuando, si somos honestos, sigue siendo una vil apuesta sobre la tragedia humana.

Por medio de este sutil ejercicio de ingeniería lingüística, se intenta desactivar todo cuestionamiento ético, pues al desplazar el vocabulario del dolor y la geopolítica hacia la terminología higienizada de las finanzas y el intercambio de futuros, el sistema neutraliza la repulsión instintiva ante la masacre. El conflicto bélico ya no se padece ni se contempla con pavor, sino que se gestiona como un portafolio de activos. Ganar medio millón de dólares previendo con precisión matemática el instante en que caerá un misil sobre una población desarmada convierte al apostador en un cómplice financiero del verdugo, un espectador absoluto que codicia la violencia porque su cuenta bancaria depende, justamente, de ella.

En este sentido, percibimos que la financiarización (proceso económico mediante el cual los mercados, actores e instituciones financieras ganan un peso desproporcionado en la economía global) total de la existencia humana representa la cúspide de una cultura posmoderna en franco estado de putrefacción, una sociedad que ha decidido que incluso el último aliento de un soldado o el pánico de una madre bajo el fuego de artillería pesada son fenómenos monetizables y reducibles a una fluctuación de probabilidades en tiempo real.

Esta cruel lúdica de la sangre altera por completo las coordenadas clásicas de la maldad, obligándonos a examinar el estrecho vínculo que se teje entre el sadismo y la indiferencia posmoderna. Si históricamente el sadismo se definía por el goce directo del verdugo ante el dolor físico de su víctima, nuestro tiempo inaugura un sadismo desapasionado, abstracto y eminentemente banal. Imagínense, queridos lectores, a los soldados de la Alemania nazi apostando dinero por la cantidad de judíos que se podía incinerar en un solo turno del día, ¿atroz verdad? Pues bien, hoy se hacen apuestas virtuales similares, aparentemente lícitas y permitidas por los Estados.

Al respecto, es fundamental recordar el aporte de Hannah Arendt (2003, p. 368), quien al desentrañar los engranajes de la crueldad totalitaria, observó que el problema con hombres como Adolf Eichmann radicaba en su terrorífica normalidad, en ser burócratas incapaces de reflexionar sobre las consecuencias de sus actos. La contemporaneidad digital ha dado una vuelta de tuerca a esta observación: el sádico de hoy ya no requiere de una maquinaria estatal totalitaria ni de un uniforme militar, sino que se camufla en el ciudadano común que, desde la comodidad de su hogar y de manera estrictamente lúdica, especula financieramente con la devastación de inocentes que viven en otro continente. El sadismo, entonces, se ha vuelto banal no por la ausencia de placer, sino porque ese placer ha sido domesticado bajo la forma de una transacción financiera insignificante, un divertimento aséptico que trivializa la muerte al integrarla en las dinámicas del mercado de consumo diario.

Conviene precisar, no obstante, que la barbarie y la infamia no configuran novedades en la crónica de nuestra especie, en tanto que en casi todas las épocas históricas se ha convivido con la impronta de la guerra y la perfidia sistemática. La diferencia sustancial estriba en que, antaño, el horror se recortaba sobre un trasfondo de absolutos morales o concepciones sagradas que, aun cuando fuesen transgredidos, sostenían un horizonte ético de referencia. Nuestra posmodernidad decadente, en cambio, se distingue por haber disuelto esos contrafuertes metafísicos mediante un proceso extremo de transvaloración. Al vaciar de sentido y respeto la existencia, el nihilismo contemporáneo consuma aquella célebre y desesperada interrogación que Friedrich Nietzsche (1882/2013) plasmó en “La gaya ciencia” al contemplar el derrumbe de los cimientos espirituales de Occidente, preguntándose cómo pudimos vaciar el mar y quién nos dio la esponja para borrar todo el horizonte. Ese borrado absoluto de todo límite es precisamente lo que faculta hoy al sujeto para especular y enriquecerse con las manifestaciones más denigrantes y aberrantes de las que es capaz el ser humano. Sin sol y sin coordenadas, la vida desamparada queda reducida a un mero dígito lúdico.

Asimismo, este acoplamiento entre la frivolidad y el horror se nutre del diagnóstico que Gilles Lipovetsky trazara en “La era del vacío” (1983/2006, p. 112), donde vislumbra una sociedad caracterizada por el proceso de personalización y la disolución de los grandes relatos colectivos. En este ecosistema hipermoderno, la indiferencia pura se disfraza de curiosidad interactiva, y la información pierde su carga de urgencia ética para transformarse en un simple estímulo sensorial. Las apuestas aplicadas a la guerra no son una anomalía del sistema, sino la evolución natural de este sujeto frívolo que Lipovetsky describe con tanta precisión: un ser desprovisto de anclajes morales, para quien la guerra en Medio Oriente o en Europa del Este posee el mismo valor existencial y estético que un partido de fútbol o el desenlace de un reality show.

Es fundamental que entendamos que al desplazar la tragedia hacia el terreno del puro entretenimiento, la contienda bélica entra de lleno en el simulacro absoluto que profetizó acertadamente Jean Baudrillard en su célebre obra “La Guerra del Golfo no ha tenido lugar” (1991/2005, p. 57). Allí, el pensador francés argumentó que los conflictos contemporáneos se consuman ante todo como acontecimientos mediáticos, despojados de su realidad física para el espectador global a través de la mediación técnica. Al apostar por el despliegue de tropas, el usuario no interactúa con cuerpos despedazados o ciudades reducidas a escombros, sino con gráficos dinámicos y curvas de oferta y demanda. La pantalla no sólo crea una fría distancia, sino que desrealiza. El sufrimiento se torna incorpóreo y el casino global devora los últimos vestigios de compasión humana. El horror ya no nos interroga, sino que nos entretiene y nos llena los bolsillos.

Bajo este panorama de vaciamiento ético, la dinámica mercantil que Guy Debord denunciaba en los albores de la sociedad de consumo masivo, cobra una vigencia pavorosa. En su obra fundamental “La sociedad del espectáculo” (1967/2015, p. 38), el pensador sostenía que en un mundo realmente invertido, lo verdadero es un momento de lo falso, y que todo lo que antes se vivía directamente ahora se ha alejado en una representación. Si nos venimos a nuestros días, las apuestas de guerra representan la fase superior de este proceso: la representación ya ni siquiera exige contemplación pasiva, sino participación lúdica y lucrativa. El usuario de las redes sociales, alienado por la descarga continua de dopamina que le proporcionan las interfaces digitales, desarrolla una tolerancia patológica a la crueldad que le impide reaccionar ante la brutalidad del mundo real.

En última instancia, el engranaje que hace posible semejante insensibilidad es el que Günther Anders diseccionó con genial lucidez. En el primer volumen de “La obsolescencia del hombre” (1956/2011, p. 245), el filósofo alemán acuñó el concepto de “ceguera ante el Apocalipsis” y teorizó sobre la incapacidad de la psique humana para aprehender los efectos reales de las tecnologías que produce de manera desmesurada. Anders sostenía que nuestra capacidad de fabricación técnica ha desbordado infinitamente nuestra capacidad de imaginación moral y de sentimiento: somos técnicamente omnipotentes pero moralmente ciegos. El individuo que utiliza de esta manera la app de Polymarket mientras toma un café no es un monstruo sadista consciente de su perversión, sino un ser patético y mutilado psicológicamente por la gigantomaquia de los aparatos que maneja, incapaz de correlacionar el incremento de su saldo virtual con el estruendo de un proyectil que despedaza niños a miles de kilómetros de distancia.

Para cerrar, queridos lectores, nos queda invitarlos a reflexionar profundamente sobre la necesidad imperativa de preguntarnos qué nos queda cuando la frontera entre el juego y la carnicería se ha desvanecido por completo en la pantalla de nuestros teléfonos. ¿De qué manera recuperamos el asombro o la indignación moral en una civilización que está premiando con ganancias monetarias la predicción exacta del asesinato en masa? Nos hallamos ante el espejo de nuestra propia decadencia, contemplando la última versión de una humanidad que parece haber entregado su alma al crupier del algoritmo. Tras apagar la pantalla y silenciar el rumor constante de las cotizaciones de la muerte, la pregunta que persiste no es cómo sobreviviremos a la tecnología, sino si nos quedará algo de humanos cuando la tormenta digital finalmente amaine.

Referencias bibliográficas y fuentes consultadas

Anders, G. (2011). La obsolescencia del hombre (Vol. 1): Sobre el alma en la época de la segunda revolución industrial (J. Alcoriza y A. Lastra, Trad.). Pre-Textos. (Obra original publicada en 1956).

Arendt, H. (2003). Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal (C. Ribalta, Trad.). Lumen. (Obra original publicada en 1963).

Baudrillard, J. (2005). Cultura y simulacro (A. Vicens, Trad.). Kairós. (Obra original publicada en 1978).

Baudrillard, J. (2005). La Guerra del Golfo no ha tenido lugar (J. Arenas, Trad.). Anagrama. (Obra original publicada en 1991).

Debord, G. (2015). La sociedad del espectáculo (J. L. Pardo, Trad.). Pre-Textos. (Obra original publicada en 1967).

Lipovetsky, G. (2006). La era del vacío: Ensayos sobre el individualismo contemporáneo (J. Vinyoli y M. Antolín, Trads.). Anagrama. (Obra original publicada en 1983).

Nietzsche, F. (2013). La gaya ciencia (J. Jara, Trad.). Gredos. (Obra original publicada en 1882).

Sherman, N. (2026, 23 de marzo). Las «macabras» apuestas sobre la guerra por las que se pide endurecer el millonario negocio de las predicciones. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/articles/c7054xn0kx8o

Continue Reading

Publicidad

Lo Más Leído