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DTI de sóftbol realiza última visita al Estadio Pablo Arnoldo Guzmán
Este viernes el Delegado Técnico Internacional (DTI) de sóftbol, Roberto Castro, realizó su última visita al Estadio de Sóftbol Pablo Arnoldo Guzmán, de la Colonia Guatemala, en la capital del país.
Castro realizó una visita previa el pasado 30 de enero, en dicha visita pudo observar los avances en la intervención que se realiza por el estadio y se reunió con personal de la constructora a cargo y miembros del Comité Organizador de los Juegos San Salvador 2023 (COSSAN2023).
En esta ocasión, el delegado de nacionalidad costarricense aprovechó esta última visita para afinar detalles y asegurarse que quede todo listo para el inicio del sóftbol en los Juegos San Salvador 2023.
Como es usual, el delegado estuvo acompañado por personal del COSSAN 2023, pertenecientes a las áreas de Infraestructura y Deporte, con quienes ha trabajado de la mano a lo largo de todos estos meses para tener a punto el escenario que albergará este deporte.
El sóftbol comenzará actividades este próximo 24 de junio con la rama masculina, premiando a sus medallistas el 30 de junio.
Por su parte, la rama femenina verá actividad a partir del 2 de julio, finalizando el 8 del mismo mes.
Internacionales -deportes
Lionel Messi se despide de la selección de Argentina este martes ante Benín
Lionel Messi realizó este lunes su último entrenamiento con la selección mayor de Argentina, previo al partido de este martes ante Benín, que marcará su despedida del combinado nacional.
El encuentro se disputará en el estadio Monumental a las 5:00 de la tarde, hora de El Salvador.
El capitán, de 39 años, cerrará su ciclo con la Albiceleste, selección con la que conquistó la Copa del Mundo de Catar 2022.
Messi ha vestido la camiseta de Argentina durante más de 20 años.
Despedida de Messi en Buenos Aires: miles de hinchas colmaron los accesos y las autopistas alrededor del Monumental horas antes del amistoso ante Benín, el último partido de Leo con la selección. https://t.co/kcYJpbmoIl
— Diario Digital Cronio (@croniosv) October 6, 2026
Deportes
El Salvador toca fondo: la Selecta fracasa en la Nations League y regresa a la Liga B
La Azul apenas empató 1-1 ante Martinica en un partido que estaba obligada a ganar y consumó un nuevo descenso. Más preocupante que el resultado fue la imagen: un equipo sin la urgencia, rebeldía ni determinación que exigía jugarse la permanencia en la máxima categoría de Concacaf.
El Salvador volvió a fracasar. No hay demasiadas maneras de suavizar lo ocurrido en Fort-de-France. La Selecta empató 1-1 contra Martinica y cerró su participación en la Liga de Naciones de Concacaf con apenas cuatro puntos, producto de una victoria, un empate y dos derrotas. El saldo fue todavía más duro: 4 goles a favor, 10 en contra y una diferencia de -6. La consecuencia es concreta: la selección salvadoreña regresa a la Liga B.
Y lo preocupante no fue únicamente descender. Fue la manera de hacerlo. El Salvador llegó a Martinica sabiendo que necesitaba ganar y recibió muy temprano el mejor escenario posible. Apenas al minuto 3, Jefferson Valladares aprovechó una acción iniciada por Styven Vásquez y marcó el 0-1. Con casi todo el partido por delante, la Selecta tenía la oportunidad de tomar el control, buscar el segundo y demostrar que realmente estaba dispuesta a pelear por su permanencia.

Pero ocurrió prácticamente lo contrario. Después del gol, el equipo de Hernán Darío “Bolillo” Gómez fue perdiendo iniciativa. En lugar de imponer condiciones ante un rival al que había derrotado 3-1 en la primera jornada, permitió que Martinica creciera. Mario González tuvo que intervenir para conservar la ventaja y la Azul desperdició oportunidades claras para liquidar el encuentro. Brayan Gil tuvo una muy importante al 19′ y volvió a encontrarse con el portero al 50′. Christian Martínez también dispuso de una posibilidad inmediatamente después.
Ahí aparece una de las grandes responsabilidades de los futbolistas. Un planteamiento puede discutirse, pero ningún entrenador puede rematar por sus delanteros ni disputar cada pelota por ellos. La sensación que dejó El Salvador fue la de un equipo que no comprendió —o no logró ejecutar— la urgencia del partido. No podemos afirmar desde fuera que los jugadores deliberadamente “no respetaron el planteamiento” del técnico, porque eso requeriría conocer las instrucciones internas, pero futbolísticamente sí se observó una selección incapaz de mantener una idea consistente durante los 90 minutos.
El empate de Martinica al 56′ retrató precisamente esa fragilidad. Labeau participó en la acción con un taconazo y Janis Antiste terminó venciendo a Mario González para colocar el 1-1. A partir de allí quedaba más de media hora para salvar la categoría, pero la reacción que demandaba semejante emergencia nunca terminó de aparecer. Martinica incluso consiguió apropiarse de mayores tramos del encuentro mientras El Salvador fue cayendo en imprecisiones, juego directo y desesperación.

Ese es probablemente el aspecto más cuestionable de la noche: ¿dónde estuvo la rebeldía? Cuando una selección está a minutos de perder su lugar en la Liga A, debería transmitir desesperación competitiva, presión, intensidad y convencimiento. En cambio, la crónica del partido deja oportunidades desperdiciadas y una fase final sin soluciones suficientes. El Salvador necesitaba comportarse como un equipo que estaba jugando una final; demasiados pasajes parecieron los de un conjunto esperando que algo sucediera.
Sería injusto, sin embargo, responsabilizar únicamente a los jugadores. El cuerpo técnico también queda inevitablemente bajo escrutinio. Hernán Darío Gómez fue contratado para conducir un proceso que debía devolver competitividad a una selección golpeada, pero esta Nations League terminó mostrando exactamente lo contrario. El Salvador derrotó 3-1 a Martinica en el debut, después recibió un 6-0 de Guatemala, perdió 0-2 contra Jamaica en el Cuscatlán y terminó empatando 1-1 nuevamente con Martinica. Son ocho goles recibidos y apenas uno anotado en los últimos tres partidos del torneo.
El 6-0 ante Guatemala debió representar una sacudida. El 0-2 contra Jamaica debía provocar una reacción. Y el encuentro contra Martinica era la última oportunidad para demostrar que todavía existía una respuesta deportiva. No ocurrió. Tres partidos consecutivos sin ganar y una selección que, cuando más necesitaba mostrar carácter, terminó despidiéndose de la máxima categoría. El descenso, por tanto, no puede explicarse por una jugada desafortunada o por un mal partido: es el resultado acumulado de una campaña deficiente.
Ahora aparece una pregunta incómoda para el fútbol salvadoreño: ¿qué se está construyendo realmente? Cambian entrenadores, aparecen nuevos futbolistas, se anuncian procesos y vuelve la ilusión, pero cuando llegan los partidos que miden el verdadero nivel internacional, los mismos problemas regresan: dificultades para generar fútbol, poca contundencia, errores defensivos, irregularidad emocional y una enorme distancia entre las expectativas y lo que finalmente ocurre sobre el terreno.
El descenso a la Liga B no debe verse simplemente como cambiar una letra en la clasificación. Competir en la Liga A significa medirse con selecciones de mayor exigencia y disponer de una ruta deportiva diferente. Tras este fracaso, El Salvador tendrá además que recorrer un camino más largo hacia la Copa Oro 2027: deberá disputar en noviembre un play-in para intentar avanzar posteriormente al repechaje clasificatorio.
La Nations League deja, entonces, una conclusión dolorosa: El Salvador no estuvo a la altura de la Liga A. Y el problema sería todavía mayor si después del descenso todo se redujera a buscar un único culpable. Hay responsabilidades del entrenador, de los futbolistas y de la estructura que rodea a la selección. La Liga B será ahora la realidad de la Selecta. La verdadera discusión ya no debería ser cómo justificar el descenso, sino qué debe cambiar para que, si El Salvador consigue regresar algún día a la máxima categoría, no vuelva simplemente para repetir la misma historia.
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El Salvador 0-2 Jamaica: la Selecta se aferra a la Liga A, pero el fútbol no aparece y el “Bolillo” queda contra las cuerdas
La expulsión de Rudy Clavel condicionó el partido, pero no alcanza para explicar otro encuentro sin respuestas. El Salvador venía de recibir seis goles ante Guatemala y volvió a perder, ahora en el Cuscatlán. Queda una última oportunidad ante Martinica para evitar el descenso, pero la discusión ya va más allá de sobrevivir: ¿de qué sirve permanecer en la Liga A si el equipo no logra competir con regularidad?

El Salvador necesitaba una reacción. No necesariamente una goleada ni una exhibición, pero sí señales de que el 6-0 sufrido frente a Guatemala había sido un accidente y no el síntoma de un problema mayor. La respuesta fue otra derrota: Jamaica ganó 2-0 en el estadio Cuscatlán, con doblete de Javon East, y dejó a la Selecta en el último lugar del Grupo B con tres puntos y una diferencia de goles de -6.
Sería cómodo reducir todo al minuto 20. Rudy Clavel vio la tarjeta roja y El Salvador quedó obligado a jugar aproximadamente 70 minutos en inferioridad numérica. Evidentemente, aquello alteró cualquier plan preparado por Hernán Darío “Bolillo” Gómez. Pero utilizar la expulsión como explicación absoluta sería esconder una pregunta mucho más incómoda: ¿qué herramientas mostró la Selecta para sobrevivir futbolísticamente a la adversidad?

Un planteamiento que duró apenas 20 minutos
Gómez había realizado cuatro modificaciones en el once inicial respecto al equipo goleado por Guatemala. Alejandro Henríquez, Danis Cruz Cerros, Harold Osorio y Nathan Ordaz ingresaron como titulares, en una formación reportada como 4-2-3-1. Era una apuesta lógica después de un 6-0: había que tocar el equipo y buscar otra respuesta.
Más interesante todavía fue lo que había dicho el propio entrenador antes del encuentro. Gómez consideraba que una de las claves para neutralizar la velocidad y potencia jamaiquina era que El Salvador tuviera la pelota, elaborara y tratara de someter al rival mediante la posesión.
La expulsión hizo prácticamente imposible ejecutar ese libreto en condiciones normales. Gómez reaccionó cinco minutos después retirando a Rafael Tejada para ingresar a Julio Sibrián y reconstruir la estructura defensiva. La decisión era comprensible: había que volver a equilibrar el equipo. El problema fue lo que vino después.
El Salvador terminó con apenas 34 % de posesión, 300 pases contra 566 de Jamaica, cuatro remates contra 12 y solamente uno a portería. Los jamaiquinos completaron 493 pases; los salvadoreños, 205. La inferioridad numérica explica buena parte de semejante diferencia, pero las cifras también reflejan la dificultad de la Selecta para encontrar una salida sostenida cuando el partido dejó de parecerse al que había preparado el cuerpo técnico.
Mucho sacrificio, pocas soluciones
El equipo corrió. Eso no puede negarse. También tuvo un breve momento de rebeldía al comenzar el segundo tiempo y Brayan Gil llegó a estrellar un remate en el poste. Pero esfuerzo y funcionamiento no son sinónimos.
Con diez hombres, la principal salida ofensiva terminó pasando por balones más directos hacia Gil. El problema es que aquello no consiguió convertirse en un mecanismo consistente para hacer retroceder a Jamaica. Los caribeños pudieron administrar territorio y posesión, mientras El Salvador quedó dependiendo demasiado de acciones aisladas.
Javon East castigó al minuto 39 y volvió a hacerlo al 64. Después del segundo gol, Gómez realizó nuevas modificaciones, pero el partido ya estaba inclinado y ninguna consiguió transformar el desarrollo.
Aquí aparece la principal crítica al cuerpo técnico. Un entrenador no controla una expulsión, un rebote o un error individual; sí es responsable de construir alternativas para cuando el plan original se rompe. Ante Jamaica hubo una circunstancia extraordinaria, pero volvió a faltar una respuesta colectiva capaz de modificar el partido.
Y eso pesa todavía más porque no estamos evaluando esta derrota de manera aislada.
Cuatro días antes Guatemala había goleado 6-0 a El Salvador. Entre ambos partidos, la Selecta recibió ocho goles y no marcó ninguno. Jamaica no repitió aquella goleada, pero volvió a dejar la sensación de un equipo salvadoreño demasiado vulnerable cuando el encuentro exige adaptación, personalidad y soluciones desde el banquillo.

El problema ya no es solamente perder
Hay derrotas que pueden formar parte de un proceso. Incluso equipos en crecimiento pierden partidos y reciben goleadas. El verdadero problema aparece cuando, después de los golpes, resulta difícil identificar qué identidad futbolística se está construyendo.
¿Quiere El Salvador presionar arriba? ¿Esperar y contragolpear? ¿Controlar mediante posesión? ¿Ser vertical? ¿Construir desde atrás? ¿Jugar alrededor de Ordaz y Gil?
Por momentos aparecen fragmentos de varias de esas ideas, pero todavía cuesta reconocer una estructura que sobreviva a los cambios de rival y de contexto.
Ese es el debate que debería preocupar más que un resultado particular.
Porque el entrenador había anunciado que contra Jamaica El Salvador debía tener la pelota. El partido cambió drásticamente por la roja, sí, pero precisamente ahí debía aparecer un plan B reconocible.
No apareció.

La permanencia sigue viva, pero ya no depende únicamente de ganar
La matemática todavía concede una última oportunidad.
Después de tres jornadas, Surinam suma siete puntos, Jamaica seis, Guatemala cuatro y Martinica, Honduras y El Salvador tienen tres. La diferencia es que la Selecta está última por su diferencia de goles de -6.
El lunes 5 de octubre, El Salvador visitará precisamente a Martinica en Fort-de-France, mientras Honduras recibirá a Jamaica y Guatemala enfrentará a Surinam. Concacaf establece que los equipos que finalicen quinto y sexto del grupo descenderán a la Liga B.
Por eso, para El Salvador ganar ante Martinica es indispensable. Una victoria lo llevaría a seis puntos y dejaría a Martinica en tres, pero la permanencia todavía podría quedar condicionada por los otros resultados y, en determinados escenarios, por los criterios de desempate. Y allí existe otro enorme problema: el -6 acumulado. Concacaf utiliza primero los puntos y después la diferencia de goles para separar equipos igualados.
No hay espacio para especular.
Pero la pregunta incómoda es otra: ¿conviene seguir en Liga A?
Sí, deportivamente conviene. Y mucho.
Descender puede ofrecer rivales teóricamente más accesibles y la posibilidad de recuperar victorias, confianza y estadísticas. Pero ese alivio puede ser engañoso. Si El Salvador pretende elevar su nivel regional, necesita competir en la máxima categoría contra selecciones que castiguen sus errores y obliguen al equipo a evolucionar.
La Liga B no debería convertirse en un refugio para sentirse competitivo.
Además, el sistema de Concacaf es claro: los quintos y sextos de la Liga A descienden, mientras que en Liga B solamente los ganadores de cada grupo consiguen el ascenso. Caer significa que regresar tampoco está garantizado.
Pero aquí está la otra mitad de la discusión: permanecer en Liga A tampoco puede venderse automáticamente como éxito.
Salvar la categoría el lunes sería importante. No borraría el 6-0 contra Guatemala, el 0-2 frente a Jamaica ni resolvería las dudas sobre el funcionamiento del equipo.
Sobrevivir no es lo mismo que progresar.
El “Bolillo” también juega su partido final
La presión sobre Hernán Darío Gómez tiene además un componente concreto. El presidente de la FESFUT, Yamil Bukele, reveló esta semana que el propio entrenador manifestó que dejaría el cargo si no consigue mantener a El Salvador en la Liga A después del partido contra Martinica.
Por eso el lunes no estará en juego solamente una categoría.
También estará bajo examen la continuidad de un proyecto que necesita demostrar algo más que resistencia.
Gómez tiene experiencia internacional de sobra y una expulsión al minuto 20 condiciona cualquier análisis serio del partido contra Jamaica. Sería injusto atribuirle cada error individual o pretender que un entrenador transforme de inmediato todas las limitaciones estructurales del fútbol salvadoreño.
Pero tampoco puede quedar exento de responsabilidad.
El cuerpo técnico se evalúa precisamente por la evolución del equipo, la claridad de su propuesta, la preparación de los partidos y su capacidad para encontrar soluciones cuando estos se complican. Y después de recibir seis de Guatemala y perder en casa ante Jamaica, esas respuestas siguen siendo insuficientes.
El lunes ante Martinica puede salvarse la categoría.
Lo que está por verse es si también puede salvarse la idea.
Porque quizá la pregunta que debería abrir el debate del fútbol salvadoreño ya no sea únicamente “¿podemos quedarnos en la Liga A?”, sino una mucho más exigente:
¿Para qué queremos seguir en la Liga A si no construimos un equipo capaz de competir en ella?




