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Más de 300 mil cigarrillos fueron destruidos por Fosalud y Minsal
Autoridades del Fondo Solidario para la Salud (Fosalud) y el Ministerio de Salud (Minsal) destruyeron más de 300,000 cigarrillos que fueron decomisados en el marco de la Ley para el Control de Tabaco.
Este procedimiento fue liderado por el director de Fosalud, Carlos Núñez, quien estuvo acompañado por el equipo de la Unidad de Alcohol y Tabaco institucional, así como de los directores de las regiones de salud de oriente, de la zona paracentral, metropolitana y de occidente.
“Los esfuerzos que se realizan como la destrucción de estos productos dañinos para la salud, son derivados del Convenio Marco de Control del Tabaco de la OPS/OMS», indicó el director.
Además, Núñez destaco que la institución no sólo trabaja en la verificación del cumplimiento de la Ley, sino también, en la prevención de las adicciones, entre ellas la del tabaco.
«Contamos con siete Centros de Prevención y Tratamiento de Adicciones a nivel nacional donde asistimos gratuitamente a toda persona con problemas de adicción tanto al tabaco, al alcohol y otras sustancias psicoactivas», expresó.
En El Salvador, 1624 personas mueren al año a causa del tabaco, el 78% del total de las muertes son ocasionadas por consumo directo y un 22% son muertes de personas que están cerca de alguien que fuma.
Opinet
Heidegger, el abandono del pensar y la rendición ante la IA
Por: Lisandro Prieto Femenía
“La esencia de la técnica no es en modo alguno técnica. Así pues, no debe sorprendernos que la esencia de la técnica no entre en la esfera de lo técnico” (Heidegger, 1977, p. 4).
La irrupción de la inteligencia artificial (IA) es un fenómeno que desborda por completo aquello que entendíamos como “optimización instrumental”, obligándonos a una reflexión que se remonta a la propia esencia de nuestro “habitar” en el mundo. Por consiguiente, el pensamiento de Martin Heidegger, en particular su análisis de la técnica, resulta indispensable para abordar este desafío, en tanto que, según él, la técnica moderna no se limita a crear herramientas; más bien, instaura un modo específico de “desocultamiento” (aletheia), una forma particular de traer la verdad o la realidad a la luz.
De esta manera, la IA prolonga y radicaliza esta lógica. Su verdadero poder reside en determinar qué se revela como realidad y qué, necesariamente, queda oculto. Al subsumir la complejidad humana y fenoménica en datos y correlaciones estadísticas, la IA no nos revela el mundo en su misterio, sino sólo aquello que es susceptible de ser cuantificado y procesado. En otras palabras, la reducción de la realidad a patrones calculables es la forma posmoderna y la operación más sutil de disponer de lo real. La pregunta que surge aquí, por lo tanto, es de naturaleza existencial: si la IA sólo ilumina lo mensurable, ¿qué dimensiones de la vida- el dolor inarticulado, el deseo, la experiencia opaca- quedan marginadas, convertidas en sombra o residuo?
Comencemos por comprender las categorías de “armazón algorítmico” y la condición de “Bestand”, dado que, para Heidegger, la esencia de la técnica moderna es el “Gestell” (armazón, emplazamiento o encuadre), una estructura que no se conforma con utilizar la naturaleza, sino que la fuerza a comparecer como un fondo de recursos (“Bestand”, existencia disponible). Pues bien, en la era digital, este armazón adopta una naturaleza algorítmica personificada en plataformas de predicción y mecanismos de optimización que no son otra cosa que formas concretas en que el “Gestell” opera, no sólo administrando la información, sino también reestructurando la experiencia humana en función de métricas de eficiencia.
Ciertamente, es aquí donde el pesimismo filosófico se encuentra con el cinismo de la ciencia ficción. Si bien la saga cinematográfica de “Terminator” ilustra la revuelta abierta del “Gestell” (Skynet), la película “Yo, robot” ofrece una visión más cínica y cercana a nuestra realidad: un sistema regido por las “Tres leyes” concluye que la única forma lógica de cumplir la “Primera ley”- la no agresión- es encerrar y subyugar a la humanidad por su propio bien. Este es el pináculo de la reducción del hombre a Bestand: el ser humano ya no es un sujeto libre, sino un objeto a gestionar, medido y, si es necesario, neutralizado por el sistema que supuestamente lo sirve.
En consecuencia, la repercusión antropológica más grave es la conversión del ser humano en “recurso” y “perfil”. Cuando la vida se parametriza, la persona se reduce a un conjunto de patrones reproducibles, perdiendo su singularidad narrativa. Tal como el sociólogo Albert Borgmann describe, el “Paradigma del dispositivo” nos proporciona el “producto” de una práctica sin exigir el compromiso con el complejo proceso, llevando a una pérdida de lo significativo (Borgmann, 2000). Asimismo, Shoshana Zuboff detalla cómo esta instrumentalización convierte la vida en materia prima para la predicción de comportamientos (Zuboff, 2019).
Ahora bien, la amenaza que la técnica moderna representa no reside únicamente en su estructura operativa (Gestell), sino también en la disposición humana que la acoge y la impulsa. En este punto, se cruzan el peligro inherente a la esencia de la técnica y la inclinación humana a la “avidez de novedades” (Neugier o curiosidad en el sentido existencial de Ser y Tiempo).
Para Heidegger, la avidez de novedades no es una simple curiosidad inofensiva, al contrario, se trata de un modo de ser inauténtico en el que el Dasein (el “ser-ahí”, nosotros) busca lo nuevo y lo superficial, huyendo del aburrimiento fundamental y de la confrontación con su propia finitud. Esta huida constante se acopla perfectamente con el impulso de la técnica moderna, puesto que el Gestell requiere un flujo constante de innovación y desecho para sostener su lógica de la disponibilidad total. El ser humano, impulsado por este deseo por lo novedoso, abraza sin crítica cada nueva aplicación o cada nuevo algoritmo.
En el precitado contexto, Heidegger describe esta tendencia como una forma de no-pertenecer: “La curiosidad es un modo de no-permanecer. Se caracteriza por un mirar constante por la ventana. Busca únicamente el salto de una cosa a otra” (Heidegger, 1927/2009, p. 170). De este modo, la avidez por la novedad tecnológica no sólo distrae de las preguntas fundamentales, sino que nos arroja a un ciclo interminable de reemplazo y optimización, impidiendo la reflexión meditativa. En suma, el peligro de la técnica se intensifica cuando se fusiona con la inautenticidad existencial de la avidez de novedades.
Esta ilusión se sostiene, sin lugar a dudas, en la peligrosa confusión entre pensar y calcular. La IA lleva al extremo la primacía del pensamiento calculador (orientado a la eficiencia y los procedimientos) sobre el pensamiento meditativo (orientado al sentido y a las preguntas fundamentales de nuestra existencia). Es en esta cesión donde se produce el abandono del pensar heideggeriano, el gran riesgo de nuestra era tecnológica.
El problema que verdaderamente acecha a la humanidad no es la dificultad para calcular- una tarea que la IA resuelve con brillantez-, sino la abdicación de la capacidad de interrogar por el sentido que esa misma eficiencia nos ofrece. Sobre esto último Heidegger se expresa con claridad, en su obra Serenidad: “Lo que nos amenaza es que el hombre abandone el pensar meditativo. El asunto no es que se abandone el pensar calculador. Lo único que nos pide es que no nos abandonemos al pensar calculador. El pensar meditativo exige un esfuerzo, es un camino que precisa ser cultivado” (Heidegger, 1994, p. 23).
Por lo tanto, estamos cediendo la delicada tarea de pensar -en el sentido de interrogar por el ser- a máquinas que solo calculan. Este dominio del cálculo se agrava con la pérdida del tiempo contemplativo y la aceleración digital. Los sistemas de IA impulsan dinámicas sociales y laborales que miden la vida en rendimiento, haciendo que la pausa y el silencio, esenciales para el pensamiento profundo, sean lujos inalcanzables. Como ha señalado Byung-Chul Han, la hiperproductividad y la infocracia de la sociedad actual asfixian los espacios de serenidad, imponiendo la tiranía de la inmediatez (Han, 2018). Si todo es calculable, la pregunta por el sentido se vuelve obsoleta, conduciendo directamente al olvido del ser.
A pesar de todo, Heidegger nos ofrece una vía de salida al recordarnos que el peligro es también la condición para lo “salvador” (das Rettende): “Donde está el peligro, crece también lo que salva” (Heidegger, 1977, p. 18). Lo salvador no es una solución tecnológica. Consiste, más bien, en la oportunidad de repensar nuestra relación con la técnica de un modo no instrumental, recuperando la distancia crítica. Esto implica la necesidad imperiosa de recuperar un pensamiento que pregunte por los fines, no sólo por los medios. Por esta razón, filósofos como Hans Jonas, con su “Principio responsabilidad”, advertían sobre la urgencia de una ética precautoria.
Jonas formuló esta exigencia en un nuevo imperativo categórico adaptado a la era tecnológica, el cual establece: “Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida auténticamente humana sobre la Tierra” (Jonas, 1993, p. 38). Este mandato traslada la responsabilidad ética al ámbito de la futuridad y la totalidad de la acción humana. Por consiguiente, el desarrollo de la IA nos obliga a preguntarnos: ¿para qué queremos inteligencia artificial? ¿Qué tipo de humanidad queremos que configure?
En último término, la reflexión debe confrontar el riesgo de una IA sin mundo. El ser humano es un “ser-en-el-mundo” (Dasein), que habita en la finitud, que experimenta la angustia, que sufre y que muere. La IA, por el contrario, no habita, no muere, no desea. El peligro mayor no es la rebelión caricaturesca, sino que al delegar nuestras instituciones y prácticas a lógicas fundamentalmente no-humanas, se desdibujen las condiciones mismas de la existencia. Por consiguiente, el rol del filósofo y de las humanidades resulta ineludible, en tanto que no se trata de negar la técnica, sino de restituir la interrogación por el sentido y de “habitarla” de manera auténtica, evitando que el Gestell dicte qué debe contarse como mundo.
En definitiva, si la inteligencia artificial continúa revelando un mundo donde lo medible devora lo significativo, la tarea urgente no es técnica, sino metafísica: es menester restablecer el dominio de lo inesperado y de lo irreductible.
Así pues, ¿qué arreglos políticos o educativos son capaces de restaurar la primacía de lo que no se deja consumir por la medición algorítmica? Adicionalmente, ¿cómo podemos, de hecho, pensar la IA de un modo tal que el ser humano no se vea relegado, una y otra vez, a la condición de recurso disponible (Bestand)?
Finalmente, ¿es posible una técnica que, sin abdicar de sus enormes posibilidades, sea capaz de reafirmar la singularidad y la dignidad inalienable del habitar humano? Si no articulamos respuestas, el silencio que se cierne sobre el horizonte no será el de la contemplación, sino el de la ausencia de la voz humana que ha olvidado la radicalidad de su propia pregunta. Quizás, el verdadero acto de resistencia no sea intentar reescribir las Tres Leyes robóticas, sino simplemente detenerse a pensar para evitar que la máquina nos defina antes de que hayamos tenido tiempo de definirnos a nosotros mismos.
Referencias
- Anders, G. (2000). El hombre obsoleto. Península.
- Borgmann, A. (2000). El paradigma del dispositivo. En Tecnología y significado: Ensayos sobre la técnica contemporánea (pp. 45–68). Paidós. (Edición en castellano).
- Han, B.-C. (2018). La sociedad del cansancio. Herder Editorial.
- Heidegger, M. (1977). La pregunta por la técnica (W. Lovitt, Trad.). En Ensayos y conferencias (pp. 3–35). Paidós. (Obra original publicada 1954). Citas textuales: p. 4; p. 18.
- Heidegger, M. (1994). Serenidad (Y. Zimmermann, Trad.). Ediciones del Serbal. (Obra original publicada 1959). Cita textual: p. 23.
- Heidegger, M. (2009). Ser y Tiempo (J. Gaos, Trad.). Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada 1927). Cita textual: p. 170.
- Jonas, H. (1993). El principio responsabilidad: Ensayo de una ética para la civilización tecnológica (J. Fernández, Trad.). Herder. (Obra original publicada 1979). Cita textual: p. 38.
- Zuboff, S. (2019). La era del capitalismo de la vigilancia. Paidós.
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Internacionales -deportes
Argentina arranca con fuerza el Mundial tras vencer 3-0 a Argelia
Lionel Andrés Messi fue la gran figura en el debut de Argentina en la Copa del Mundo 2026 al marcar los tres goles con los que la Albiceleste venció 3-0 a Argelia.
Las tres anotaciones no solo le dieron a Argentina sus primeros tres puntos en el torneo, sino que también permitieron a Messi alcanzar al alemán Miroslav Klose como máximo goleador en la historia de las Copas del Mundo, ambos con 16 tantos.
Argentina dominó el encuentro ante una selección argelina que ofreció poca resistencia y permitió que el conjunto sudamericano manejara el balón con comodidad.
La primera anotación llegó al minuto 17. Messi recibió un balón en la media luna del área, perfiló su pierna izquierda y sacó un disparo que, pese a ser tocado por el guardameta Luca Zidane, terminó en el fondo de la red.
A lo largo del encuentro, el capitán argentino destacó por su influencia en el juego ofensivo y su capacidad para generar oportunidades para sus compañeros.
En la segunda mitad amplió la ventaja. Al minuto 60, aprovechó un rechazo defectuoso de Zidane para definir con suavidad y marcar el segundo tanto de la noche.
El triplete se completó al minuto 76, cuando recibió un balón en los linderos del área y sacó un potente disparo de zurda colocado al fondo de la portería.
Con este resultado, Argentina se coloca como líder de su grupo y Messi queda a las puertas de convertirse en el máximo goleador histórico de las Copas del Mundo. Además, el argentino se convirtió en el primer futbolista en disputar seis ediciones del Mundial: 2006, 2010, 2014, 2018, 2022 y 2026.
Internacionales -deportes
Noruega debuta con goleada sobre Irak y toma el liderato del grupo I
Foto: Cortesía
Noruega inició con victoria su participación en la Copa del Mundo Norteamérica 2026 al imponerse 4-1 sobre Irak, en un encuentro donde el conjunto escandinavo tuvo que enfrentar la presión de un rival que complicó varios tramos del partido.
Durante los primeros minutos, Erling Haaland fue el jugador más activo en el ataque noruego, aunque recibió pocos balones debido a la presión alta ejercida por Irak, que en varias ocasiones logró dificultar la salida del conjunto europeo.
El primer gol del encuentro llegó al minuto 29. La jugada se originó en un contragolpe desde media cancha que se desarrolló por la banda izquierda. Antonio Nusa envió un centro raso al área, donde Haaland apareció en el área pequeña para lanzarse al balón y enviarlo al fondo de la red.
La anotación representó el primer gol de Noruega en una Copa del Mundo. Sin embargo, Irak mantuvo el orden defensivo y logró reducir los espacios para los escandinavos.
La igualdad llegó al minuto 39, cuando Aymen Hussein aprovechó un centro para superar a la defensa noruega y conectar un cabezazo que significó el 1-1.
La respuesta de Noruega fue inmediata. Al minuto 43, el guardameta Jalal Hasan intentó despejar un balón devuelto por su compañero Zaid Tahseen, pero se encontró con la presión de Haaland, quien aprovechó el rebote para marcar el segundo gol del partido.
Antes del descanso, Irak estuvo cerca de igualar nuevamente el marcador, pero un disparo desde los linderos del área pasó apenas por encima del travesaño.
En la segunda mitad, ambas selecciones buscaron mantener la circulación del balón, aunque Noruega conservó el control del encuentro y defendió la ventaja obtenida.
El tercer tanto llegó al minuto 77 en una jugada de tiro de esquina. Leo Skiri Østigård aprovechó su estatura para imponerse en el área y marcar de cabeza.
Cuando el partido llegaba a su fin, Kristian Thorstvedt anotó también de cabeza el cuarto gol noruego en la última acción del encuentro.
Con este resultado, Noruega se ubica en el liderato del grupo I gracias a una mejor diferencia de goles que Francia.
Además, Erling Haaland amplió su registro goleador con la selección nacional al alcanzar 57 goles en 51 partidos disputados. El delantero también quedó registrado como el autor del primer gol de Noruega en una Copa del Mundo y continúa consolidándose como el principal referente ofensivo de su país.




