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Real Madrid conoció la derrota al caer 3-2 contra el Leipzig
Agencias
El Real Madrid sumó su primera derrota de la temporada. Un KO más que merecido porque los blancos jugaron un mal partido ante un Leipzig más motivado y que se jugará ante el Shakhtar estar en octavos. El equipo blanco, por su parte, desperdició la ocasión de acabar como primero de grupo y lo deberá certificar ante el Celtic en el Bernabéu el 2 de noviembre.
El Real Madrid saltó al césped con hasta cinco caras nuevas para afrontar un duelo en el que el Leipzig salió a pasar por encima de los blancos.
Eso le sorprendió a los de Ancelotti que en la primera media hora del partido estaba aún en el hotel de Leipzig. No dieron una a derechas, sin intensidad, fallando pases como si no costara e impotentes para frenar el vendaval alemán.
Con este panorama. lo lógico era que llegara el 1-0 y lo hizo en el minuto 13, obra de Gvardiol que tras una gran parada de Courtois, aprovechó la pasividad de los jugadores del Real Madrid para marcar.
El Leipzig no bajó el ritmo y pudo marcar hasta dos goles más, pero Courtois lo evitó con una parada y una salida, mala, pero molestó lo suficiente a Nkunku para que fallara un remate con la portería vacía.
A la tercera, el Leipzig no falló y puso el 2-0 en el marcador en el minuto 18, obra de Nkunku, aprovechando el enésimo error del Real Madrid al sacar un balón desde atrás.
El Real Madrid era un pelele en manos de un Leipzig mejor en todos los aspectos. Ancelotti decidió que Rüdiger dejara el lateral y que lo ocupara Nacho, que hasta entonces, formaba pareja con Militao. Esa variación mejoró al Real Madrid atrás y a partir de ahí, el equipo blanco comenzó a tener más el balón con lo que ya no sufría tanto. Eso sí. en cuando perdían un esférico, el Leipzig se iba al ataque como una manada de lobos a por una presa. El Real Madrid era consciente de eso e intentó minimizar riesgos.
Los de Ancelotti igualaron el partido o, al menos, vivían más tranquilos y comenzaron a llegar a la meta del Leipizig rondando el gol. Y llegó ese 2-1. Jugada por la banda de Marco Asensio que puso el balón en el área donde cabeceó Vinicius para poner ese 2-1 en el minuto 44. Así se llegó al descanso de una de las peores primeras partes del Real Madrid en los últimos tiempos.
Tras el descanso, los dos equipos siguieron igual que en recta final del primer acto. El Real Madrid, intentado tener el balón para no correr riesgos y el Leipzig, buscando el error de los blancos para volver a marcar. Así iban pasando los minutos sin que ninguno de los dos conjuntos tuviese ocasiones claras para marcar.
En ese escenario, le llegó el turno a los entrenadores para cambiar algo. Ancelotti decidió poner a Alaba y Carvajal y Rose, a Werner, Olmo. Uno, para darle aire a las bandas y otro, para refrescar el ataque.
El encuentro entró en una fase de ida y vuelta y donde los centrocampistas poco menos que estaban de adorno. Viendo eso, Ancelotti decidió quitar a Kroos y dar entrada a Hazard. Vinicius tuvo el gol del empate del Real Madrid, pero el que acertó fue Werner que puso el 3-1 al culminar una contra alemana. Era el minuto 81 y el Real Madrid tuvo su canto de cisne en la prolongación.
Penalti sobre Rodrygo en el minuto 93 que él mismo transformó para poner el 3-2 con el que acabó el partido. El equipo blanco sumó su primera derrota de la temporada. Ahora, deberá ganar al Celtic en el Bernabéu para acabar primero de grupo.



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Luis Enrique, el instaurador de la dinastía del PSG
En París nadie había logrado lo que el DT español de 56 años, ni de lejos. Dos Orejonas y una semifinal en tres años lo situan en la senda marcada por el francés Zinedine Zidane cuando conquistó en tres ocasiones consecutivas el título supremo del fútbol europeo con el Real Madrid entre 2016 y 2018.
El entrenador asturiano ha logrado transmitir a sus jugadores su ambición, su fuerza mental y su resiliencia.
«Querer ganar más» –
«Estas ganas de querer ganar más, creo que Luis Enrique es el culpable de ello, y espero que siga impulsándonos a ganar aún más», declaró el centrocampista organizador Vitinha al término de la final ganada al Arsenal el sábado en los penales.
Con esa segunda Champions del PSG, y tercera en la carrera de «Lucho», que ya la había conquistado con el FC Barcelona en 2015, el técnico nacido en Gijón entra en una nueva dimensión.
«Para el PSG, este segundo título consecutivo de la Champions League cambia para siempre la forma en que el club será recordado. Para Luis Enrique, cambia la forma en que la historia del fútbol lo recordará a él», escribió el Marca este domingo.
Pero para llevar al PSG a las más altas cotas tuvo que acometer una revolución como no se había visto en el club de la capital francesa desde su adquisición por capital catarí. Ni siquiera entrenadores con el prestigio de Carlo Ancelotti o Thomas Tuchel habían gozado de tantos poderes para construir un plantel a su imagen y semejanza.
Libertad plena –
Luis Enrique ha tenido plena libertad para transformar un equipo basado en una conjunción no siempre complementaria de estrellas rutilantes (Messi, Neymar, Mbappé…) en un grupo homogéneo y compenetrado del que él es el líder indiscutible.
«Al diseñar el mejor equipo del mundo desde hace dos años con un material que al principio no parecía un tesoro, el entrenador español logra una hazaña considerable que lo sitúa en el panteón de la historia de los entrenadores», lo alabó este domingo el pertiódico francés Le Parisien.
Una frase de Luis Enrique en un documental de Movistar+, quedará para la historia como la clave de sus éxitos: «El hecho de tener a un jugador (Mbappé) que se movía por donde él quería implicar que hay situaciones de juego que yo no controlo. El año que viene las voy a controlar todas. Todas».
En efecto, en su caso nada es fruto del azar y sí de una profunda meditación de cada decisión, comenzando por sus ideas de juego basadas en la posesión y en una presión alta y colectiva tras la pérdida del balón. «Es sencillo: si no presionas, si no defiendes, Luis Enrique te va a mandar al banquillo», contaba hace unos días Ousmane Dembélé, que ganó el Balón de Oro en gran parte gracias al cambio de posición que impulsó su entrenador, colocándolo como falso nueve.
Luis Enrique ha logrado mantener una relación equilibrada con sus jugadores, a la vez cercana a ellos, pero «fuerte con los fuertes».
Ambición y competitividad –
El asturiano, aficionado al ciclismo, es un obseso de la nutrición y vigila meticulosamente la forma de sus jugadores.
«Es genético, si me ves por Gijón, en la playa, soy competitivo. Me levanto temprano», confesaba hace unos días el técnico cuyo contrato expira en 2027, aunque todo indica que su renovación está cercana.
Así pues, Luis Enrique seguirá siendo el mascarón de proa de un equipo que está ya por derecho propio entre los mejores de la historia, como el Real Madrid de las Champions sucesivas (2016, 2017, 2018) o el Ajax de Ámsterdam de los años 1970.
Sólo tres equipos en la historia de la competición han levantado al menos dos Orejonas, y sólo nueve lo han logrado de forma consecutiva.
Para un hombre de su ambición y competitividad en el horizonte sólo asoma una tercera Champions seguida con el PSG, aunque aún no lo reconozca abiertamente; «Los próximos objetivos estarán a la altura de nuestros aficionados, del club y de nuestra ciudad».
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Lamine Yamal tuvo «miedo» de perderse el Mundial
En declaraciones a los medios de la Federación Española, Lamine recordó como se lesionó en el partido de Liga contra el Celta el 22 de abril.
«Estaba rezando por dentro por que no fuera nada, por que fuera un calambre o cualquier cosa, porque veía muy cerca el Mundial y sabía que una lesión de ‘isquios’ de poco tiempo no era», comentó Lamine Yamal.
«Tenía miedo de que fuera grave y, sobre todo, aunque no fuera grave, pero poder recaer y que me pudiera perder el Mundial», añadió el delantero del Barcelona.
Lamine sufrió una lesión en el bíceps femoral de la pierna izquierda al chutar un penal contra el Celta.
El seleccionador español, Luis de la Fuente, confía en poder tenerlo disponible para el primer encuentro de la Roja en el Mundial contra Cabo Verde el próximo 15 de junio.
El jugador calentó este domingo con sus compañeros en el primer entrenamiento de la Roja antes de retirarse y continuar en el gimnasio.
«También es verdad que ayuda que vas a jugar un Mundial, entoces la mente está como si no hubieras jugado un partido en toda la temporada y estoy con muchas ganas de poder debutar», afirmó.
A punto de jugar su primer Mundial, Lamine está convencido de que «es lo más grande» que hay en el fútbol y admite haber «soñado mil veces» con ganarlo.
Lamine elogió al grupo de jugadores que le rodean en la selección.
«Al final jugamos contra selecciones muy buenas. Si jugamos contra Francia y yo soy muy importante, pero el equipo no está bien, no tenemos nada que hacer», afirmó.
«Por eso voy con esa ilusión, porque sé que tenemos una gran selección, de las mejores que hemos tenido, con jugadores importantes», dijo el delantero de la Roja.
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«El PSG es el mejor equipo del mundo», admite Arteta
El entrenador del Arsenal, Mikel Arteta, reconoció que el flamante vencedor de la Liga de Campeones, el Paris Saint-Germain, es «el mejor equipo del mundo», después de que su equipo cayera derrotado en la tanda de penales este sábado en Budapest.
Tras empatar 1-1 después de la prórroga, el PSG se proclamó campeón de la Liga de Campeones por segunda temporada consecutiva al mostrarse más efectivo en la tanda de penales (4-3).
Un serio Arteta confesó en conferencia de prensa en el estadio Puskas Arena que sentía «dolor», y admitió que su Arsenal, flamante campeón de la Premier League, estuvo a un nivel inferior al PSG, que dominó el balón de principio a fin.
«Quiero felicitar al PSG y, en particular, a Luis (Enrique, el entrenador), porque en mi opinión son los mejores del mundo», dijo Arteta ante los periodistas.
«Lo que son capaces de hacer con el balón, con acciones individuales, no lo había visto (antes)», declaró el DT vasco.
El Arsenal tuvo menos del 25 por ciento de posesión del balón en el partido, y sufrió para contener las acometidas del PSG.
Los campeones de la Ligue 1 igualaron el récord de 45 goles marcados en una campaña de la Liga de Campeones -que estaba en manos del Barcelona- gracias al penal de Ousmane Dembélé en la segunda parte, que sirvió para neutralizar el tempranero gol inicial de Kai Havertz para el Arsenal.
Arteta no se mostró conforme con la decisión de no conceder un penal al extremo del Arsenal Noni Madueke cuando el marcador señalaba un 1-1, pero aceptó que su equipo aún tiene que mejorar más si alguna vez quiere ganar la Liga de Campeones.
Esta fue su segunda aparición en la final de la competición, 20 años después de la primera, en la que perdió contra el Barcelona en París.
En casi siete años al mando, Arteta ha ayudado a devolver al Arsenal a la cima, conquistando el título de liga inglesa tras una espera de 22 años, pero insistió en que eran necesarios más cambios, para seguir progresando.
«El mismo progreso que hemos tenido en los últimos años vamos a tener que repetirlo, y el nivel aumenta cada temporada», explicó.
«Tienes que pasar por ese dolor (desde esta noche), digerirlo y convertirlo en combustible para mejorar y alcanzar un nivel diferente, porque la calidad que hay en Europa exige un nivel distinto».




