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Internacionales

Un niño de 11 años es el responsable del asesinato de un matrimonio

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Lizette y James Eckert fueron asesinados en su casa en Alton, New Hampshire, tenían tres hijos, dos adoptados.

Un niño de 11 años de edad, no identificado por razones legales, fue acusado este lunes en la Corte Criminal de Concord en New Hampshire, por el asesinato de los esposos James y Lizette Eckert, dos granjeros del pueblo de Alton y cuya relación con el menor no ha sido especificada por los investigadores.

Los resultados de la autopsia recién publicados mostraron que la mujer, de 50 años de edad, Lizette Eckert, murió de una herida de bala fulminante en la cabeza. El médico forense determinó que fue un homicidio la forma en que murió.

Lizette y James Eckert fueron asesinados de disparos en la cabeza en su casa, una granja en Alton, New Hampshire, tenían tres hijos, dos adoptados Foto: Facebook
Lizette y James Eckert fueron asesinados de disparos en la cabeza en su casa, una granja en Alton, New Hampshire, tenían tres hijos, dos adoptados Foto: Facebook

El hombre, de 48 años de edad, James Eckert, sufrió más de una herida de bala. Inicialmente fue trasladado herido pero con vida al Hospital Regional de Portsmouth, donde falleció el viernes por la noche.

El niño de 11 años fue detenido aproximadamente dos horas después de que los agentes de la policía de Alton respondieron a una llamada al 9-1-1 en 76 Dobbins Way en Alton a las 7:30 horas aproximadamente.

El viernes, según las leyes que involucran a menores de edad, el chico fue acusado de dos cargos de asesinato en segundo grado.

El asistente del fiscal general, Geoffrey Ward, decidió no hacer pública la relación entre el menor y el matrimonio.

El pastor Sam Hollo, y los feligreses Kerri Gage, Russ Sample y Mary Mann se reunieron en la Iglesia de la Comunidad de Alton Friday mientras la comunidad lidiaba con la noticia del tiroteo.

«Creo que no hace falta decir que este es un incidente increíblemente trágico con un niño involucrado», dijo según reportó New Hampshire Public Radio.

La escena del viernes por la tarde en Alton era tensa y sombría cuando los miembros de la comunidad intentaban averiguar lo que podían.

En la Iglesia de la Comunidad de Alton, Russ Sample dijo que estaba cerca de las víctimas. James Eckert era un quiropráctico de oficio, dijo Sample.

«Acabamos de estar reunidos aquí, orando por la familia», dijo Sample. «Jim era un médico que muchos de nosotros visitamos para ayudar a sanar nuestros huesos durante mucho tiempo».

El pastor Sam Hollo abrió la iglesia y la ofreció como un lugar para que la gente se reuniera. Dijo que también conoce a Eckert personalmente.

Las autoridades no confirmarán la relación del niño con los Eckerts, pero el Pastor Hollo le dijo a NBC10 Boston más sobre la familia Eckert.

«Tienen tres hijos, una adolescente y dos menores que fueron adoptados. Todos los que los conocen, por amor a ellos, están ayudando en todo lo que pueden. Esperábamos que Jim lo lograra», dijo el pastor y amigo de Eckert, el reverendo Sam Hollo. «Jim está mejor que nosotros ahora, porque él estaba cerca del Señor, pero ahora está en su presencia».

El tiroteo sacudió el pequeño pueblo rural y, días después, los residentes aún están aturdidos.

«Simplemente no puedo imaginarme a un niño de 11 años haciendo eso, solo digo, ‘Qué está pasando'», dijo la residente de Alton, Krista Stevens.

«Mi primera reacción fue preguntarme cómo consiguió el arma o las armas«, dijo otro residente local, Bill Bezich.

«Inmediatamente te hace querer abrazar a tus hijos con más fuerza», dijo otra habitante de apellido Clarke.

Muchas preguntas sin respuesta y solo algunas cosas que pueden brindar consuelo a esta comunidad afectada por el dolor.

«Nos estamos uniendo, solo estamos tratando de orar los unos por los otros», dijo Courtney Dewey, quien vive en la ciudad.

Otra residente, Terri Hoyt, dijo al noticiero: «No creo que nadie en es

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Presidente saliente de Costa Rica fue designado superministro por su sucesora

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El saliente mandatario de Costa Rica, Rodrigo Chaves, formará parte del gabinete de su sucesora Laura Fernández en un puesto con amplios poderes que además le garantizará inmunidad frente a eventuales procesos legales.

Chaves, quien entregará el mando a Fernández el próximo viernes, fue designado este martes ministro de la presidencia, encargado de las relaciones con los demás poderes del Estado, con los cuales el actual gobernante mantiene un duro enfrentamiento.

También tendrá a su cargo la Dirección de Inteligencia y Seguridad (DIS), señalada en el pasado por opositores de supuesto espionaje político, lo que ha sido rechazado por el gobierno.

Fernández ya había adelantado que le ofrecería el puesto a su mentor, de quien también fue ministra, lo que críticos del gobierno ven como una maniobra del presidente para mantener su influencia.

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Irán intensifica sus amenazas por la operación de EE. UU. en Ormuz

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Estados Unidos y la república islámica mantienen un pulso por el control de este paso estratégico, por donde solía transitar una quinta parte del comercio mundial de hidrocarburos.

«Sabemos perfectamente que la continuación del statu quo es intolerable para Estados Unidos, mientras que nosotros ni siquiera hemos empezado todavía», advirtió Mohamad Baqer Qalibaf, el principal negociador iraní en un mensaje en X.

«La seguridad del transporte marítimo y del tránsito energético se ha visto amenazada por Estados Unidos», cuya «presencia maligna disminuirá», agregó Qalibaf, que también es presidente del Parlamento iraní.

Desde el inicio de la guerra emprendida el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel, que ha causado miles de muertos, principalmente en Irán y Líbano, Teherán controla esta vía estratégica.

La situación ha disparado el precio del petróleo a niveles inéditos desde 2022.

Washington intenta por todos los medios presionar a Teherán y le reclama que abandone su programa nuclear.

El 8 de abril, coincidiendo con el inicio de la tregua con Irán, impuso un bloqueo a los puertos iraníes.

Y el lunes lanzó la llamada operación «Proyecto Libertad» para permitir que los barcos bloqueados desde hace semanas puedan cruzar el estrecho.

Según varias empresas especializadas, más de 900 buques estaban en el Golfo a finales de abril, con cerca de 20,000 marinos.

En las últimas horas Irán replicó a la operación de Washington con lanzamientos de misiles y drones contra barcos militares estadounidenses en la zona, que fueron interceptados, según el Mando Central de los Estados Unidos (Centcom).

Corea del Sur informó de una «explosión» seguida de un incendio en un buque surcoreano en el estrecho.

Pese a los desmentidos iraníes, el Centcom asegura que dos buques mercantes con pabellón estadounidense, escoltados por el ejército, cruzaron «con éxito» el estrecho de Ormuz el lunes. «Marcha muy bien», se felicitó el presidente Donald Trump.

El gigante danés del transporte Maersk anunció que uno de sus barcos, que transportaba vehículos y estaba bloqueado en la zona desde febrero, pudo atravesar el estrecho el lunes «acompañado de medios militares estadounidenses».

Las fuerzas estadounidenses también afirmaron haber destruido seis embarcaciones iraníes «que amenazaban la navegación comercial».

Irán negó cualquier daño en sus buques y acusó a Estados Unidos de haber matado a cinco civiles al atacar dos barcos que partieron de Omán rumbo a la costa iraní.

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Ex niños soldado aprenden oficios para rehacer sus vidas en República Centroafricana

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En un aula en Bria, en la República Centroafricana, ex niños soldado aprenden a coser. Una forma de ayudar a adolescentes de entre 14 y 17 años a superar la violencia que sufrieron a manos de los numerosos grupos armados del país.

«No es fácil enseñarles. Algunos todavía llevan esa violencia dentro. Otros siguen muy estresados», relata Christophe Yonaba, profesor de la organización benéfica Esperance en esta zona del este de la República Centroafricana.

«A veces se quedan sentados en silencio», cuenta sobre sus aprendices de sastre.

«De repente se inquietan, como si se bloquearan por dentro», añade.

El este de la República Centroafricana, cuyo subsuelo es rico en diamantes, se ha visto desgarrado por años de conflicto armado.

«Todos estos adolescentes fueron, en algún momento, capturados por grupos armados», afirma Yonaba, de 53 años.

Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), alrededor de 2,000 jóvenes centroafricanos siguen en manos de estas fuerzas combatientes.

En el punto álgido de la guerra civil que se prolongó de 2013 a 2018, unos 20 grupos operaban en el este. La cifra descendió ahora a 14 gracias a los acuerdos de paz y los programas de desarme.

Pero los grupos armados continúan controlando ciertas zonas del este, especialmente en la frontera con Sudán y Sudán del Sur.

Desde finales del año pasado los combates entre el ejército y los rebeldes se intensificaron en la región.

El conflicto desplazó a decenas de miles de civiles, en su mayoría mujeres y niños, dentro del país y hacia la vecina República Democrática del Congo.

Trauma del pasado

Awa —la AFP cambió los nombres de todos los menores en esta historia— tenía 14 años cuando fue secuestrada por la Unidad por la Paz en la República Centroafricana (UPC), uno de los mayores grupos rebeldes.

Estuvo retenida durante unos tres meses.

Sentada en la parte delantera de la clase de Yonaba, donde las máquinas de coser sustituyen a los pupitres tradicionales, evita hablar del pasado y prefiere centrarse en el presente.

«Hoy me siento bien. Me gusta lo que hago aquí. Hay otros niños que tuvieron experiencias similares a la mía. Nos ayudamos mutuamente con el trabajo», describe la joven.

También afirma estar contenta de vivir ahora «una especie de vida normal».

Amadou, de 16 años fue formado como panadero por la ONG y ahora hace pan y rosquillas cada mañana en un horno tradicional en su aldea. Pasó un año y medio en las filas de la UPC.

«No nos pedían que usáramos armas, pero estábamos allí, como sirvientes. Hacíamos todas las tareas ingratas y no descansábamos. Nos hablaban de manera grosera y dura», comenta, luchando con los dolorosos recuerdos que reaparecen.

Rachelle, que está aprendiendo sobre ganadería con Esperance, cuenta que fue utilizada como esclava sexual cuando tenía 14 años. La experiencia duró un año.

«Me obligaron a hacer cosas y tuve que hacerlo, de lo contrario habría habido consecuencias», confiesa con valentía pero negándose a decir más.

Pero los recuerdos la atormentan. Se pregunta por su madre, secuestrada al mismo tiempo que ella y de la que no volvió a saber nada desde entonces.

Esperance, financiada en parte por UNICEF, ayudó a 52 jóvenes a encontrar una vocación y un empleo el año pasado. Ofrece apoyo psicológico además de formación.

Los recientes programas de desarme contribuyen a un aumento de la demanda de sus servicios.

«Antes recibíamos una llamada al mes. Ahora es cada semana», relata Karl Malone, encargado de identificar nuevos casos de niños soldados en la región de Bria.

«Este año recibimos financiación suficiente para ayudar a 100 niños. Pero hay al menos 117 que necesitan ayuda. Y no podemos atenderlos», lamenta.

Como otras organizaciones de ayuda, Esperance se ve afectada por la disminución de la financiación internacional, especialmente de USAID, la agencia estadounidense de desarrollo, desmantelada por el presidente Donald Trump poco después de regresar al poder.

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