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DOM rehabilita calles de Sesori, San Miguel

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Los habitantes del municipio de Sesori, en el departamento de San Miguel, fueron beneficiados por el Gobierno del Presidente Nayib Bukele con la modernización de sus calles de concreto hidráulico, bajo la coordinación de la Dirección de Obras Municipales.

El director ejecutivo de la DOM, Álvaro O´Byrne, y el alcalde Edgar Serrano entregaron la obra de un kilómetro que beneficiará a más de 450 personas residentes en los barrios San Juan y La Carlota.

La transformación de estas vías, uno de los tres proyectos prioritarios solicitados por el alcalde Serrano, inició el pasado 14 de marzo y ahora han cambiado por completo la vida no solo para los habitantes de Sesori sino también del caserío San Nicolás y los cantones Charlaca, La Majada.

Los trabajos consistieron en la demolición de concreto deteriorado, excavación, sustitución de base, colocación de concreto hidráulico, nivelación, construcción de cordón cuneta de concreto, mampostería de piedra, badenes y remates de mampostería de piedra, entre otros.

En San Miguel, la DOM también realiza la transformación de calles de tierra a asfaltadas en los municipios de Comacarán y Uluazapa, y cumple el Plan Nacional de Bacheo en la cabecera departamental de San Miguel, Chinameca, Lolotique, Quelepa y San Rafael Oriente.

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Opinet

¿Y si dejamos de naturalizar a la corrupción?

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Lisandro Prieto Femenía

“Los hombres se hacen constructores construyendo, y citaristas tocando la cítara; así también, practicando la justicia nos hacemos justos; practicando la templanza, templados; y practicando la fortaleza, fuertes”.Aristóteles, Ética a Nicómaco, Libro II, 1, 1103a34-b2.

¿Qué sucede cuando lo aberrante se transforma en el paisaje común? ¿Cómo una sociedad, antaño indignada por la desviación moral, llega no sólo a tolerar, sino a promocionar y naturalizar la corrupción hasta el punto de que ésta se convierte en un engranaje más de su mecánica existencia? Este fenómeno, que trasciende la mera esfera jurídica y económica, es en su médula una profunda crisis ética, una herida abierta en el alma colectiva que la filosofía, a lo largo de los siglos, ha intentado comprender y, acaso, sanar. Al mirar hacia atrás, no buscamos mostrar resúmenes de doctrinas muertas, sino las voces de pensadores que, desde sus respectivas épocas, nos arrojan luz sobre esta inquietante metamorfosis: la corrupción pasó de ser lo excepcional a ser lo esperable.

Si nos remontamos a la antigua Grecia, cuna del pensamiento occidental, hallamos que la corrupción no era percibida como una anomalía administrativa sin más, sino como una enfermedad ontológica capaz de carcomer el propio ser de la comunidad. Recordemos que para Platón, en su obra magna titulada “La República”, la justicia era la armonía del alma individual reflejada en la polis. De ahí que una ciudad dominada por la corrupción fuese, sin más, una entidad enferma, un espejo distorsionado de almas viciadas. “¿Acaso la virtud no es la salud, la belleza y el buen estado del alma, y el vicio la enfermedad, la fealdad y la debilidad?”(Platón, La República, Libro IV, 444e), interrogaba, implicando que la aceptación social de la corrupción equivalía a una renuncia colectiva a la salud moral. Lo que hoy naturalizamos, ellos lo habrían visto como el síntoma terminal de una comunidad desvirtuada, es decir, condenada al fracaso.

Por su parte, Aristóteles, con su pragmatismo plasmado en la “Ética a Nicómaco”, nos recuerda que somos lo que hacemos; la virtud no es hereditaria ni tampoco innata, sino el resultado de la práctica constante, es decir, del hábito. Si esta es la mecánica de la virtud, ¿qué nos dice una sociedad que, con asiduidad, practica la injusticia, naturalizando el desvío? Pues bien, la naturalización de la corrupción es, para Aristóteles, la formación de un hábito vicioso colectivo, una atrofia de la capacidad social para florecer en el bien.

También, en la antigüedad tenemos los aportes de los estoicos, guardianes de la fortaleza interior frente al caos exterior. Para figuras como Séneca y Marco Aurelio, la corrupción no era sino la prueba más clara de la esclavitud a las pasiones: la avaricia, el poder y el placer por lo efímero. Su filosofía no buscaba tanto reformar la sociedad directamente, sino más bien dotar al individuo de una inquebrantable fuerza moral ante las tentaciones externas. Séneca, con su característica agudeza moral, nos advertía que “lo que las leyes no prohíben, puede prohibirlo la honestidad”(Séneca, Cartas a Lucilio, Carta 95, 33).. Esta máxima es crucial para nuestra reflexión, porque la naturalización de la corrupción no es solo una falla legal, sino una traición a la honestidad intrínseca, una debilidad del carácter que los estoicoscombatirían con el autocontrol y la razón. Por su parte, Marco Aurelio, desde la cúspide del ejercicio del poder imperial, nos interpelaba a la acción directa sobre uno mismo: “No gastes más tiempo argumentando acerca de lo que debe ser un buen hombre. Sé uno”(Marco Aurelio, Meditaciones, Libro X, 16). Desde esta perspectiva, la aceptación tácita de la corrupción representa una claudicación del deber individual de ser virtuoso, una entrega a las bajas pasiones que el sabio estoico se esforzó por dominar durante toda su vida.

Posteriormente, el advenimiento de la Edad Media tejió la ética en el vasto tapiz de la teología cristiana, elevando así la discusión sobre la corrupción a un plano de moralidad trascendente. En este período, la desviación no es sólo un error humano, sino una afrenta al orden divino. San Agustín de Hipona, en su monumental obra titulada “Ciudad de Dios”, nos confronta con la dualidad irreconciliable entre la Ciudad de Dios y la Ciudad Terrenal; esta última, por naturaleza, marcada por el pecado y la búsqueda de bienes temporales en detrimento de la justicia divina. En pocas palabras, para Agustín la corrupción surge de la libido dominandi, es decir, la “pasión de dominar”, o de la concupiscentia, la inclinación desordenada hacia los bienes materiales.

Desde el precitado punto de vista, la naturalización de la corrupción es, en esencia, la manifestación de una sociedad que ha sucumbido a los deseos terrenales y a la voluntad pervertida, alejándose del amor a Dios y al prójimo. Tengamos en cuenta que Agustín, con su profunda introspección sobre la naturaleza humana y el pecado original, nos revela cómo la voluntad, una vez libre, se vuelve esclava de sus propias pasiones desordenadas. Para él, “dos amores fundaron, pues, dos ciudades: la terrena, el amor propio hasta el desprecio de Dios, y la celestial, el amor a Dios hasta el desprecio de sí mismo” (La Ciudad de Dios, Libro XIV, Capítulo 28). Así, tomar con liviandad la corrupción tal como lo hacemos en nuestros días, representa claramente el triunfo de ese amor propio desmedido que construye la ciudad terrena, ignorando completamente el bien común y la moralidad trascendente.

En una línea de pensamiento complementaria, aunque con matices distintos, Santo Tomás de Aquino, heredero del pensamiento aristotélico, concibió la corrupción no sólo como un quebranto social, sino como una desviación de la ley eterna y de la ley natural. Para él, la ley natural es la participación de la criatura racional en la ley eterna, inscrita en el corazón de cada hombre, guiándolo hacia el bien. La corrupción, por ende, es una transgresión de este orden intrínseco: “La ley natural no es otra cosa que la participación de la criatura racional en la ley eterna”(Suma Teológica, I-II, q. 91, a. 2). De esta forma, al corromperse, el ser humano no sólo quebranta la ley positiva, sino que se aleja de su propia naturaleza racional y de la sabiduría divina que la rige. En este enfoque, la naturalización de la corrupción se revela entonces como una “ceguera moral” colectiva, una aceptación tácita del pecado como moneda corriente, despojando a la vida pública de su propósito trascendente y divino. Además, Tomás profundiza en cómo la costumbre puede llevar a la desviación moral, al indicar que “las acciones humanas adquieren especie de moral por el fin, y no por las circunstancias” (Suma Teológica, I-II, q. 18, a. 6). En definitiva, esto implica que, aunque las circunstancias de la corrupción puedan variar, su fin último (el beneficio ilegítimo) es lo que la define moralmente, y su aceptación se vuelve una perversión del fin de la vida política y social.

La Modernidad trajo consigo la promesa de la razón humana y la autonomía, forjando la noción del contrato social como fundamento de la convivencia y el orden político. En este contexto, Jean-Jacques Rousseau, en su influyente “Contrato Social”, concibió la sociedad como un pacto voluntario donde los individuos se unen para asegurar la libertad y el bien común. Desde esta perspectiva, la corrupción se alza como una flagrante traición a este contrato fundamental, un acto de perfidia que subvierte la voluntad general en favor de intereses egoístas. Nuestro autor delineaba el ideal de una comunidad cohesionada indicando que “cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general; y nosotros recibimos corporativamente a cada miembro como parte indivisible del todo”(El Contrato Social, Libro I, Capítulo VI).Concretamente, la naturalización del robo no es menos que la disolución silenciosa de los lazos que cohesionan la sociedad, un retroceso inquietante a un estado de egoísmo primordial salvaje y al desorden.

En un sendero ético distinto, pero igualmente crítico frente a la corrupción, emerge Immanuel Kant, el gigante de la ética deontológica que nos obligó a confrontar el deber y la autonomía de la voluntad. Para él, la moralidad no residía en las consecuencias de las acciones, sino en la máxima que las impulsaba, en su capacidad de ser universalizada. La corrupción, bajo esta luz, es intrínsecamente inmoral porque no puede ser elevada a ley universal sin autodestruirse; implica usar a las personas como meros medios y no como fines en sí mismos. Así, abrazar colectivamente la corrupción y aplaudirla, expone una contradicción moral abismal, donde las máximas del egoísmo y el particularismo usurpan el lugar del imperativo categórico: «Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y nunca meramente como medio” (Fundamentación de la metafísica de las costumbres, Segunda Sección, AK 4:429). En cristiano: Kant consideraría que la naturalización de la corrupción es, lisa y llanamente, una negación flagrante de la dignidad humana.

Terminando el recorrido histórico, y ya en el territorio decadente de nuestro presente, nos encontramos con la filosofía posmoderna, que nos invita a deconstruir los grandes relatos, a desmantelar las estructuras de poder que subyacen a nuestras “verdades” y a la construcción de lo que consideramos “normal”. Michel Foucault, con su análisis del poder, reveló cómo éste se ejerce no sólo por la fuerza coercitiva, sino a través de los discursos y las prácticas que moldean lo que consideramos aceptable o “normal”. Desde esta perspectiva, la naturalización de la corrupción no es simplemente una falla moral, sino un efecto perverso de discursos y prácticas que legitiman implícitamente lo ilícito, tejiéndolo en el entramado social. Foucault sugería que “el poder no es una cosa que se posee, sino una red de relaciones que atraviesa y produce los cuerpos y los discursos”(Vigilar y Castigar, Primera parte, Capítulo 1, «Cuerpo de los condenados»), indicando con ello que la aceptación irrestricta de la corrupción se torna en la manifestación de cómo ciertas relaciones de poder se perpetúan al margen de la ley, incrustadas en el entramado de lo aceptable.

La naturalización de la corrupción, ese fenómeno que oscila peligrosamente entre la apatía y la aceptación, no es una curiosidad histórica o una mera elucubración académica. Las voces de los filósofos precitados no son ecos lejanos, sino advertencias resonando con escalofriante claridad en nuestro presente. Salvo Foucault, que parece darle un marco teórico a la naturalización de todo lo que está mal, los demás nos han legado un arsenal conceptual robusto que, al aplicarlo a la realidad contemporánea, nos obliga a confrontar una verdad incómoda: ¿Hemos permitido que la libido dominandi de Agustín, la erosión de la virtud aristotélica, la ruptura del contrato rousseauniano o la negación de la dignidad kantiana se conviertan en los pilares invisibles de nuestras sociedades?

Hoy, la corrupción se filtra en cada estrato, desde las cumbres del poder hasta los rincones más cotidianos de la interacción social, amenazando con normalizar lo inaceptable. Vemos cómo el soborno se disfraza de “gestión”, el clientelismo de “lealtad”, y el desvío de recursos de “eficiencia”. Hemos llegado a un punto en que la sorpresa por el acto corrupto es menor que la indignación por su denuncia pública. Esta inercia, esta peligrosa indiferencia, convierte a cada ciudadano en cómplice silencioso de una tiranía que no se impone por la fuerza bruta, sino por el desgaste moral y la resignación forzada.

Este proceso perverso de normalización, sin embargo, no es un destino ineludible ni una condena irrevocable. Exige, de manera perentoria, una constante y afilada reflexión crítica, un ejercicio incesante de conciencia individual y colectiva. Es un llamado a desnaturalizar lo que nunca, bajo ningún precepto moral, debió ser normal. La filosofía, en su incansable y a veces dolorosa búsqueda de la verdad y el bien, nos interpela con una fuerza inapelable: a no resignarnos, a cuestionar la pasividad cómplice y a luchar, con la tenacidad de aquellos que saben que la integridad es el único cimiento sólido, por una sociedad donde la corrupción sea siempre una anomalía escandalosa, y jamás, bajo ninguna circunstancia, la regla. Es tiempo de que la indignación en redes sociales deje de ser un fugaz destello y se convierta en una llama constante que ilumine el camino hacia la recuperación de nuestra resquebrajada dignidad colectiva.

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Nacionales

Vicepresidente Ulloa ratifica compromiso con la innovación, transformación digital y gobernanza de nuevas tecnologías durante su agenda oficial en Ginebra, Suiza

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En el marco del Primer Diálogo Mundial sobre la Gobernanza de la Inteligencia Artificial, el Vicepresidente de la República de El Salvador, Félix Ulloa, sostuvo una bilateral con el Presidente de la República de Estonia, Alar Karis, con el propósito de intercambiar experiencias en materia de innovación, transformación digital y gobernanza de nuevas tecnologías.

Durante el encuentro, ambas autoridades destacaron el liderazgo de El Salvador y Estonia como copresidentes de este proceso intergubernamental desarrollado por las Naciones Unidas, orientado a promover una gobernanza global de la Inteligencia Artificial basada en la innovación, la confianza, la inclusión y la cooperación internacional. En ese sentido, el Vicemandatario, resaltó la visión salvadoreña de impulsar la IA como una política estratégica para el desarrollo nacional, orientada a modernizar el Estado, fortalecer los servicios públicos y formar talento para la nueva economía digital.

Bajo esta perspectiva, compartió los avances del país en salud, mediante la plataforma DoctorSV, así como las iniciativas de transformación digital en educación, incluyendo el uso de herramientas tecnológicas y la cooperación con Google para fortalecer los procesos de aprendizaje. Asimismo, destacó el papel de la Escuela Superior de Innovación en la Administración Pública (ESIAP), como una institución clave para el fortalecimiento de capacidades en la gestión pública y la preparación de funcionarios frente a los desafíos de la economía digital.

Por su parte, el Presidente Karis expuso la experiencia de Estonia como referente internacional en gobernanza digital, interoperabilidad de los servicios públicos y administración electrónica. De la misma forma, mencionó los avances de su país en conectividad nacional, educación digital e inteligencia artificial personalizada para el sistema educativo, destacando también el desarrollo de modelos de IA adaptados al idioma estonio, como una herramienta para preservar la lengua y fortalecer el aprendizaje de las nuevas generaciones.

Finalmente, el Vicepresidente Ulloa y el Presidente Karis reiteraron su compromiso de profundizar la cooperación bilateral entre ambas naciones. Esta alianza refleja la convergencia de dos fortalezas complementarias: la experiencia de Estonia, reconocida internacionalmente en gobierno digital, y el compromiso de El Salvador con la innovación regulatoria y el liderazgo en tecnologías emergentes, que suman a una gobernanza global centrada en las personas y al servicio del bien común.

Posteriormente, El Vicepresidente de la República de El Salvador, Félix Ulloa, se reunió con el Director General de la UNESCO, Khaled El-Enany, para ampliar la agenda de trabajo conjunto en materia de inteligencia artificial, educación, cultura y economía del conocimiento.

En la sesión, el Vicepresidente Ulloa expuso las principales iniciativas impulsadas por el país para consolidar un modelo de desarrollo basado en la innovación, destacando los avances nacionales vinculados a: Economía naranja, economía azul y fortalecimiento de capacidades en tecnologías digitales e inteligencia artificial. Asimismo, compartió el funcionamiento de los Centros Urbanos de Bienestar y Oportunidades (CUBO), como espacios de inclusión social y formación para la juventud.

En materia de IA, el Vicemandatario explicó el ecosistema jurídico e institucional que El Salvador ha desarrollado para orientar la gobernanza de esta tecnología, incluyendo su marco legal, arquitectura institucional y mecanismos de cooperación internacional. Destacó a la Agencia Nacional de Inteligencia Artificial (ANIA), como institución rectora encargada de impulsar una visión estratégica orientada a posicionar al país como un hub regional de tecnologías emergentes.

El Director General de la UNESCO, Khaled El-Enany y su equipo, recibieron con interés la presentación del modelo salvadoreño, destacando su enfoque integral para articular innovación, desarrollo tecnológico y fortalecimiento institucional. Asimismo, ambas partes intercambiaron experiencias sobre la aplicación de la Metodología de Evaluación del Estado de Preparación para la IA (Readiness Assessment Methodology – RAM) de la UNESCO, con el objetivo de profundizar el intercambio de lecciones aprendidas y buenas prácticas que puedan servir de referencia para otros países.

Finalmente, reconoció el liderazgo del Vicemandatario en el Plan Trifinio, iniciativa que El Salvador impulsa junto con Guatemala y Honduras para renovar el reconocimiento de la Reserva de la Biosfera Trifinio Fraternidad ante la UNESCO, destacándola como un modelo de cooperación transfronteriza y de protección de recursos naturales compartidos. Con este acercamiento, El Salvador y la UNESCO reiteran su disposición de continuar trabajando de manera estrecha en iniciativas que fortalezcan la innovación, la educación, la cultura, la inteligencia artificial y el desarrollo.

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Jetset

VIDEO | Beyoncé lanzó la canción «MORNING DEW (DONK)»

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La cantautora estadounidense Beyoncé lanzó el pasado 4 de julio la canción “MORNING DEW (DONK)”, con la que inició la cuenta regresiva de 60 días para su próximo cumpleaños y para la reedición de B’DAY, su segundo álbum de estudio, publicado originalmente el 4 de septiembre de 2006.

De acuerdo con un comunicado de Sony Music, el tema fue escrito por Beyoncé, Pharrell Williams, The-Dream y Darius Dixon, y producido por Beyoncé junto a Pharrell Williams.

La canción formará parte de la edición conmemorativa por el 20.º aniversario de B’DAY y está acompañada por un video con la letra que reutiliza imágenes antiguas. La producción audiovisual fue dirigida por Cliff Watts, colaborador habitual de la artista y responsable de la fotografía de la icónica portada de Beyoncé para Sports Illustrated Swimsuit con motivo de su 25.º cumpleaños.

Según Sony Music, “MORNING DEW (DONK)” representa la primera canción nueva de Beyoncé en dos años y constituye un homenaje a sus seguidores, conocidos como BeyHive, con motivo de la próxima celebración del aniversario de B’DAY.

El álbum B’DAY se convirtió en el segundo disco de Beyoncé en alcanzar el número uno, al vender 541,196 copias durante su primera semana tras su lanzamiento mundial el 4 de septiembre de 2006 y en Estados Unidos el 5 de septiembre del mismo año.

Además de liderar la lista Billboard 200 en Estados Unidos, el álbum también alcanzó el primer lugar en mercados internacionales, incluido Japón, donde llegó a la cima de la lista internacional de álbumes en menos de tres días.

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