Internacionales
Hambre y ahogamientos: la peligrosa ruta de los migrantes entre África y Arabia
En una llanura arenosa de Yibuti calcinada por el sol, hombres caminan hacia sus lejanos hogares tras fracasar en su intento de llegar a Yemen por la Ruta del Este entre el Cuerno de África y la península Arábiga, uno de los corredores migratorios más peligrosos del mundo.
Tienen el rostro demacrado. Algunos dicen no haber comido nada desde hace varios días. Solo unas pocas acacias raquíticas ofrecen, a veces, un poco de sombra. En abril, para los yibutianos es «invierno» y hace 35°C.
Como la inmensa mayoría de los migrantes que recorren esta ruta, Jemal Ibrahim Hasan proviene de la vecina Etiopía, el segundo país más poblado del continente africano con unos 130 millones de habitantes y escenario de múltiples conflictos armados.
«Ya no teníamos ningún lugar donde vivir en paz», destaca el joven de 25 años, que se ganaba la vida como agricultor cuando abandonó su pueblo del norte etíope en dirección a Yibuti. Un recorrido de unos 550 km a pie, es decir, 15 días de marcha.
«Teníamos los pies hinchados y llenos de ampollas», cuenta.
Una noche se subió a un barco sobrecargado rumbo a Yemen. Varias horas más tarde, fueron capturados por la guardia costera yemení y conducidos a un centro de detención.
«No había comida, nada. Estuvimos allí ocho días antes de que nos devolvieran» a Yibuti, relata.
Durante el viaje de regreso, se desató una tormenta. Sin «la voluntad de Alá (…), el barco se habría volcado», cuenta Jemal, quien vuelve a emprender la marcha, a unos 50 kilómetros al norte de la localidad costera yibutiana de Obock, esta vez en dirección a Etiopía.
«Solo el desierto»
A pesar de los riesgos, tanto en tierra como en el mar, varias decenas de miles de migrantes del Cuerno de África emprenden cada año la Ruta del Este para intentar llegar a los emiratos petroleros del Golfo, huyendo de conflictos, catástrofes naturales y la falta de oportunidades.
La mayoría intenta la travesía desde Yibuti, que se encuentra en los puntos más cercanos, a unos 30 kilómetros de Yemen. Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), entre 200 y 300 migrantes llegan diariamente a Obock.
Ese corredor es uno de los más mortales del mundo. En 2025, más de 900 personas fallecieron o desaparecieron, lo que lo convierte en el año «más mortífero jamás registrado», según los datos de la OIM.
A finales de marzo, en el último naufragio registrado hasta la fecha, cerca de Obock, al menos nueve migrantes murieron y 45 desaparecieron. En la embarcación que volcó se encontraba Zinab Gebrekristos, de 20 años, quien partió de Tigray, una región inestable del norte de Etiopía que salió en 2022 de una sangrienta guerra.
Pagó a un traficante 50.000 birr (unos 320 dólares), una suma considerable en un país donde el 40% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. En el camino le robaron el dinero y el teléfono, y luego tuvo que esperar tres días en la costa de Yibuti «sin comida ni agua, solo el desierto».
La noche del 24 de marzo, los traficantes amontonaron a 320 personas en una pequeña embarcación. Rápidamente, «el barco empezó a hundirse», recuerda Zinab Gebrekristos. «Muchos murieron ante nuestros ojos, amigos y familiares».
«Ni siquiera sé cómo logré salir del barco», asegura desde un centro de acogida gestionado por la OIM en Obock.
Esa organización de la ONU patrulla regularmente el desierto para prestar asistencia a los migrantes desorientados.
Aun así, decenas de miles de personas llegan cada año, tras haber tenido que atravesar también un Yemen en guerra, a los países del Golfo, en particular a Arabia Saudita, donde trabajan como obreros o empleados domésticos.
«Fosas comunes»
Unos 50 kilómetros al norte de Obock, la playa de Gehere es uno de los puntos de partida. Ropa, sandalias y zapatos de migrantes cubren la arena fina.
Allí se han erigido montículos de piedras. «Estamos frente a dos fosas comunes», explica Youssouf Moussa Mohamed, de 38 años, responsable de la OIM en Obock.
«No muy lejos hay otras dos fosas comunes con cinco cuerpos. Detrás de esta montaña hay una fosa común con 50 cuerpos. Otra fosa común (fue hallada) con 43 cuerpos (…). Son más de 200 cuerpos enterrados en los alrededores», enumera.
Según Youssouf, el 98% de los migrantes con los que se encuentra son etíopes. Procedentes de un país sin salida al mar, la mayoría nunca lo había visto antes de intentar la travesía.
Entre junio y agosto, el termómetro sube en Yibuti hasta los 45°C y violentas ráfagas de arena ciegan a los migrantes y los desvían de la ruta. Muchos se pierden en el desierto.
«Encontramos unos veinte cuerpos al mes durante esta temporada (cálida) el año pasado», destaca Youssouf. Aquellos a quienes el mar o el desierto no mataron, a veces se quitan la vida ellos mismos, como un migrante que, cuenta, se ahorcó el año pasado «por desesperación».
«Abandonadas»
Procedente de Tigray, Genet Gebremeskel Gebremariam, de 30 años, apenas lograba mantener a sus cuatro hijos y a su madre con los 200 a 300 birr (1 a 2 dólares) diarios que ganaba como trabajadora agrícola.
Convencida por un traficante, salió de la capital regional, Mekelle, en la parte trasera de un camión, hacinada junto a más de 160 personas. Una vez desembarcados en la vecina región de Afar, continuaron a pie, «atravesando el desierto y escalando acantilados toda la noche».
«Nadie ayuda a quienes están cansados o se caen, los dejan atrás. Nos obligaron a caminar como soldados, mientras nos golpeaban con palos en la espalda. Muchas mujeres, debilitadas por la sed y el hambre, fueron abandonadas en el desierto», cuenta Genet, quien espera en un centro de la OIM para regresar a Etiopía.
Por su parte, Muiaz Abaroge sigue esperando llegar a Arabia Saudita, a pesar de los riesgos.
«Da miedo, pero no tengo otra opción», subraya el joven de 19 años, originario del oeste de Etiopía, que camina con otras dos personas por la carretera que une las localidades yibutianas de Tadjourah y Obock.
Internacionales
Granizo del tamaño de una pelota de tenis daña autos, techos y el servicio eléctrico en Asunción
Una tormenta con granizo golpeó la noche del sábado Asunción y varias ciudades del departamento Central de Paraguay. Los trozos de hielo alcanzaron unos 8 centímetros, el tamaño de una pelota de tenis, y quebraron parabrisas, abollaron carrocerías y dañaron techos de viviendas y comercios. El temporal también llegó a Ñemby, Fernando de la Mora, San Lorenzo, Lambaré y Luque. Hasta el momento no se reportan personas lesionadas.
La Dirección de Meteorología e Hidrología había advertido tiempo severo en la Región Oriental, con lluvias de moderadas a fuertes, granizo y ráfagas cercanas o superiores a los 100 km/h. La Administración Nacional de Electricidad activó el Código Rojo de Apoyo de Emergencia y sumó cuadrillas para reponer el servicio. Entre las 18:38 y las 23:19 del sábado quedaron fuera de servicio 61 líneas de 23.000 voltios en el área metropolitana. En el último parte, 48 ya habían sido restablecidas. Los cortes pendientes afectaban barrios de Asunción y usuarios de Capiatá, Areguá, Itá, Nueva Italia, Lambaré, Luque, Limpio y Villeta.
Las autoridades mantienen la alerta por nuevas tormentas este domingo en la Región Oriental y en parte del Chaco, sobre todo en Presidente Hayes. En Asunción, el gremio de agentes de seguros recordó que la cobertura por granizo suele ser adicional y que el reclamo debe presentarse dentro de las 72 horas.

Internacionales
El G7 acuerda liberar hasta 100 millones de barriles de diésel y petróleo
Los líderes del G7 acordaron el viernes liberar hasta 100 millones de barriles de diésel y crudo en los próximos cuatro meses para aliviar el alza de los carburantes. La medida, coordinada por la Agencia Internacional de la Energía, empieza de inmediato e incluye una liberación sustancial de diésel en los primeros 20 días. El grupo no descartó discutir reservas adicionales.
El anuncio lo hizo el presidente francés, Emmanuel Macron, al cierre de una videoconferencia que presidió Francia, titular rotatorio del G7. Participaron Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido. Macron dijo que las decisiones «deberían hacer bajar los precios» de los productos petroleros, en particular el diésel. El comunicado no detalla cuánto del volumen será crudo y cuánto diésel, ni qué países socios aportarán barriles.
El acuerdo también cierra, por ahora, la amenaza de Washington de prohibir las exportaciones de diésel. Los siete se comprometieron a no imponer restricciones de energía entre ellos y pidieron a los productores que eviten vetos que tense más el mercado. El presidente Donald Trump escribió en Truth Social que Europa aceptó poner en el mercado «una cantidad masiva» de su diésel almacenado y que el proceso comenzará de inmediato.
El alza viene de la guerra en Oriente Medio. En marzo, la AIE ya coordinó una liberación de 400 millones de barriles, pero Trump ha criticado a Europa por no sacar esas reservas con la rapidez que pedía Washington. Esta vez el G7 también coordinará el mantenimiento de refinerías para que no paren al mismo tiempo y pedirá más producción de diésel a los países con capacidad de refinación.
El Brent llegó a bajar de 100 dólares el barril tras el anuncio y cerró el viernes cerca de 102. El diésel europeo cayó un 8 %, a 1,337.75 dólares por tonelada, su nivel más bajo desde inicios de septiembre. Para países importadores como El Salvador, un diésel más barato aliviaría transporte y alimentos, aunque el efecto en la bomba depende de cuánto se libere de verdad en las próximas tres semanas.
Internacionales
Granizada sorprende a habitantes de San Marcos, Guatemala
Una intensa granizada sorprendió este jueves a los habitantes de distintos sectores de San Marcos, Guatemala, donde la caída de hielo cubrió calles, viviendas y áreas verdes.
El fenómeno meteorológico tomó por sorpresa a las personas, quienes aprovecharon el momento para observar y grabar el inusual espectáculo que dejó el paisaje cubierto de blanco.
Las imágenes compartidas en redes sociales muestran la intensidad de la granizada y la sorpresa de los habitantes ante este fenómeno natural.




