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ESET explica cómo tomar el control de tu herencia digital
Redacción: ESET
¿Ya pensaste qué harás con tu legado digital cuando ya no estés vivo? ESET, compañía líder en detección proactiva de amenazas, destaca cómo y por qué debería importar configurar Facebook, Google, Twitter y otras plataformas como prevención en caso de que el usuario fallezca.
“Si no se planea qué hacer con la huella digital, dependerá de otras personas pasar por este proceso. Además de su dolor y el papeleo habitual, tendrán que lidiar con Facebook, Twitter, Apple o cualquier cuenta que tengas. Sobre todo, querrán proteger tu memoria, pero también posiblemente quieran evitar las notificaciones sobre, por ejemplo, tu cumpleaños. Hace menos de 15 años, esto no era realmente un problema. Pero ahora administrar el legado digital de familiares y amigos fallecidos es un problema creciente y, en unas pocas décadas, plataformas como Facebook podrían incluso tener más perfiles de personas muertas que de personas vivas, principalmente a medida que su base de usuarios comienza a estancarse.”, así lo comenta Camilo Gutiérrez Amaya, jefe del Laboratorio de Investigación de ESET Latinoamérica.
El proceso que recomiendan realizar desde ESET no toma más de una hora, y se debe revisar cada cinco años aproximadamente para asegurarse de que las personas a las que se les otorgó el poder de decidir qué hacer con la vida virtual tras la muerte, sigan siendo las mismas dado cercanía o afinidad:
1. Facebook – Si se tiene una cuenta en Facebook, hay dos caminos diferentes:
- Eliminar la cuenta en caso de fallecimiento. Esta es una petición que se hace a Facebook y que nadie podrá cambiar. Sin embargo, esto requiere que alguien envíe una foto del certificado de defunción a Meta, para que informar el fallecimiento. Es importante asegurarse de que alguien cercano sepa que esto es lo que se quiere para que avance cuando llegue el momento.
- Se puede elegir un contacto de legado que administrará las cuenta conmemorativa. Debe ser alguien en quien se confíe y que esté dispuesto a gestionar el perfil, publicaciones de homenaje, fotos, etc. Mientras que para algunas personas esto puede ser emocionalmente angustiante, otras pueden encontrar consuelo en ello, así que tener esto en cuenta para asegurarse de elegir a la persona adecuada.
Ya sea que se decida que alguien cuide el perfil o lo eliminen, se debe hablar con la persona que se cree que podría hacerlo. Además, este contacto debe poder acceder al certificado de defunción y, por supuesto, también debe tener una cuenta de Facebook.

2. Instagram: A pesar de que Instagram es parte de Meta, al igual que Facebook, los usuarios de Instagram no pueden decidir sobre la eliminación de sus cuentas. Una cuenta puede ser conmemorada a petición de una persona autorizada o miembro de la familia en posesión de un certificado de defunción, pero nadie podrá administrar sus imágenes, videos o configuraciones de privacidad. Los Términos de uso de Instagram son claros: el usuario es dueño de su contenido, pero da permiso para que Instagram lo use como mejor le parezca, siempre y cuando esté en la plataforma. Si bien nadie puede eliminar una cuenta después de un fallecimiento, Instagram aún puede argumentar su derecho a usar el contenido de la misma.
3. Google: Lo más probable es que se utilicen muchos servicios de Google, incluidos Gmail, YouTube o incluso Google Drive. Para evitar que la información importante se vuelva inaccesible, se puede habilitar el Administrador de cuentas inactivas de Google. Entonces Google podrá detectar la inactividad de la cuenta y emitir un enlace descargable a un contacto que se haya elegido previamente. El período de tiempo que determina la inactividad lo decide el usuario, al igual que qué datos se pueden descargar. También se puede decidir si una cuenta debe eliminarse tres meses después de que se haya compartido con el contacto heredado. Sin embargo, esto implica que se eliminará todo el contenido, incluidos los videos de YouTube o las publicaciones de blog, una razón por la que no todos podrían querer habilitar esta opción.
Alternativamente, si se decide no dejar ninguna instrucción, los miembros de la familia o representante legal podrán solicitar la eliminación de la cuenta e incluso algunos datos o fondos. Google indica que la decisión seguirá teniendo la privacidad como prioridad y cada caso será revisado individualmente.

4. Microsoft: no proporciona ninguna herramienta específica que permita administrar el legado, ni que un miembro de la familia solicite la eliminación de una cuenta. Sin embargo, Microsoft eliminará las cuentas en cumplimiento de una orden judicial. La única excepción se aplica a los clientes en Alemania, cuyos sucesores legales pueden ponerse en contacto con el servicio de atención al cliente de Microsoft y, si están en posesión de un certificado de defunción y otros documentos, solicitar el cierre de la cuenta.
5. Twitter: Twitter no tiene ninguna política establecida que permita decidir qué sucederá con una cuenta una vez que el usuario fallezca. En su lugar, permite que un miembro de la familia o un representante autorizado se comunique con Twitter y solicite la eliminación de la cuenta. La plataforma solicitará copias del certificado de defunción, así como la tarjeta de identificación del solicitante y posiblemente alguna información adicional.
6. Apple: Introdujo en 2021 la posibilidad de elegir un Legacy Contact. Esta función solo está disponible para personas mayores de 13 años y tiene algunas limitaciones técnicas: se debe tener un ID de Apple activo en un dispositivo que ejecute al menos iOS 15.2, iPadOS 15.2 o macOS Monterey 12.1. El ID de Apple también debe tener habilitada la autenticación de doble factor.
Si se cumple con los requisitos, se puede realizar este proceso en el dispositivo tocando el icono de ID de Apple en el menú Configuración, seleccionando “Contraseña y seguridad” y, finalmente, seleccionando Contacto de legado. Esto generará una clave de acceso en un formato de código QR que se puede enviar a través de Mensajes o imprimir y entregar a la persona elegida. Cuando llegue el día, se podrá solicitar acceso en la web o directamente en un dispositivo iOS o macOS. Apple también solicitará un certificado de defunción antes de otorgar acceso a la cuenta.

7. PayPal: Al igual que con las otras plataformas, PayPal solo puede recibir instrucciones de un albacea autorizado o administrador del patrimonio del fallecido para cerrar una cuenta y transferir fondos. Además del certificado de defunción, el representante legal también deberá tener una prueba de su posición a través de un testamento vital o documentación emitida por el estado. Finalmente, el saldo restante puede transferirse a otra cuenta PayPal o emitirse como un cheque.
“Hemos visto cómo se desarrolla la tecnología y rápidamente nos acostumbramos a ella. Publicamos fotos en línea sin pensar mucho, o sin pensar en absoluto, en lo que eso significa. Debido a que podemos tomar cientos de fotos en un día sin tener que pagar ningún extra por cada vez que presionamos el botón del obturador de la cámara de nuestro teléfono, las imágenes han perdido parte de su valor. Pero en realidad, una vez que morimos, esas son las imágenes por las cuales nuestros conocidos, amigos y seres queridos nos recordarán.”, agrega Gutiérrez Amaya de ESET.
En este contexto, Desde ESET recomiendan tomar algunos pasos adicionales en paralelo a la organización del legado digital:
- Realizar una copia de seguridad de los datos. Las plataformas de redes sociales son servicios administrados por empresas, y las empresas algún día podrían tener que cerrar y borrar todos los datos en un instante, a veces incluso por error.
- Hacer una segunda copia de seguridad de documentos e imágenes importantes que realmente no se desean perder.
- Nunca compartir contraseñas con otros y continuar tomando esa posición firme sobre el intercambio de contraseñas. Sin embargo, planificar la gestión del legado digital es una situación en la que podría no solo ser deseable romper esa regla, sino que se puede sentir que hacerlo es necesario. Como sugiere Microsoft, esto es lo que se debe hacer para proporcionar una planificación de legado digital, y la mayoría de los otros servicios en línea son claramente más fáciles de administrar por su ejecutor digital si simplemente tienen acceso a las credenciales de las cuentas y pueden iniciar sesión como si fueran el mismo usuario.
- Revisar los contactos de legado cada pocos años y asegurarse de que las copias de seguridad funcionen y estén en orden. ¡Tener toda esta información organizada también puede ser muy útil mientras se está vivo!
Para conocer más sobre seguridad informática visita el portal de noticias de ESET: https://www.welivesecurity.com/la-es/2022/12/30/como-tomar-control-herencia-digital/
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Opinet
Noelia y la fragilidad ética de la eutanasia – Lisandro Prieto Femenía
«No se trata de un derecho a la muerte, sino de un derecho a la propia vida, de la cual la muerte es el acto final».
Ronald Dworkin, El dominio de la vida (1994, p. 238).
La muerte de Noelia Castillo va más allá de la simple aplicación de un protocolo administrativo o el desenlace de una batalla judicial de 601 días. Se trata de un caso que nos muestra un espejo incómodo donde las democracias decadentes posmodernas ven reflejadas sus propias fisuras éticas. Al examinar el periplo de la protagonista de esta historia, nos enfrentamos a la reunión conflictiva entre la autonomía individual, el sufrimiento crónico y la responsabilidad del Estado como garante de una vida digna. Lejos de arribar a consignas simplistas, este episodio nos obliga a transitar por la delgada línea que separa el respeto por la voluntad individual de la negligencia social disfrazada de libertad.
Desde la perspectiva filosófica moral, la autonomía no puede entenderse como un concepto atómico o aislado. En su “Fundamentación para una metafísica de las costumbres”, Kant sostiene que la autonomía de la voluntad es “el único principio de todas las leyes morales y de los deberes que les corresponden” (2012, p. 114). Sin embargo, en el caso de Noelia, esta autonomía se vio asediada por un contexto de violencia previa y una lesión medular irreversible que transformó su existencia en lo que ella misma describió como un calvario insoportable.
Aquí, surge la primera gran tensión: ¿es la decisión de morir un acto de libertad pura o el síntoma de una red de cuidados que llegó demasiado tarde? No se trata de caer en la falacia de reducir toda petición de eutanasia a un fracaso estatal, pero tampoco de ignorar que, para que el sujeto sea verdaderamente dueño de su destino, la sociedad debe haber agotado previamente las alternativas de alivio y acompañamiento.
Resulta imperativo, entonces, reflexionar sobre la paradoja de un Estado que se muestra eficiente en la gestión de la muerte tras haber sido completamente negligente en la custodia de la vida. Noelia llegó a la instancia de la eutanasia tras haber sobrevivido a violencias que el sistema no pudo prevenir ni reparar a tiempo. Esta “autonomía” final aparece, entonces, teñida por una sombra evidente de abandono previo. Hannah Arendt, en “Responsabilidad y juicio”, nos advierte que la responsabilidad política implica no sólo lo que hacemos, sino aquello que permitimos que ocurra por omisión en el tejido de la comunidad (2007).
Así, cuando las instituciones fallan en el amparo inicial- en la salud mental, en la protección ante la violencia y en el soporte a la discapacidad- y luego facilitan con celeridad administrativa el protocolo de muerte, corremos el riesgo de convertir la eutanasia en una solución técnica para un problema de injusticia estructural. Como señaló Enrique Dussel en su “Ética de la liberación”, el imperativo ético fundamental es la “producción, reproducción y desarrollo de la vida humana en comunidad” (1998, p. 91); cualquier acto que ignore esta deuda histórica del Estado con el sujeto vulnerable desvirtúa el sentido profundo de la compasión.
Esta orfandad institucional se vuelve particularmente peligrosa cuando la ley de eutanasia se implementa en un terreno donde la salud mental carece de leyes sólidas y recursos suficientes. Existe el riesgo de que la muerte asistida se convierta en la respuesta biopolítica a una “psique exhausta” que no encontró la contención que merecía. Al respecto, Michel Foucault, en su “Historia de la sexualidad 1: La voluntad de saber”, describe cómo el poder soberano ya no se manifiesta sólo en el “hacer morir”, sino en el “administrar la vida” (2014, p. 135).
Si la administración de la muerte es más accesible y rápida que el acceso a una terapia intensiva, a una red de apoyo comunitario o a una vivienda digna, la ley deja de ser un instrumento de libertad para transformarse en un mecanismo de descarte encubierto. Justamente por ello es conveniente acudir a Joan Tronto, quien en sus reflexiones sobre la ética del cuidado, insiste en que “ignorar las necesidades de cuidado de los otros es una forma de ejercer poder sobre ellos” (2020, p. 82). En pocas palabras, está claro que una sociedad que ofrece la eutanasia pero escatima en salud mental está enviando un mensaje devastador: que hay sufrimientos que no valen el esfuerzo de ser sostenidos. Sin un blindaje previo de derechos sociales y psíquicos, la eutanasia corre el riesgo de ser aplicada no para liberar al sujeto, sino para alivianar al sistema de la carga de su cronicidad.
A este escenario trágico se suma la compleja relación que la cultura contemporánea mantiene con el dolor. Vivimos en lo que Byung-Chul Han denomina la “sociedad paliativa”, es decir, una época marcada por una algofobia o miedo generalizado al dolor. En su obra “La sociedad paliativa”, Han nos dice que “el dolor es visto como un error del sistema que debe ser eliminado mediante intervenciones técnicas o farmacológicas, despojándolo de toda dimensión narrativa o existencial” (2021, p. 12).
En este contexto, el sufrimiento de Noelia no sólo fue una carga física, sino un escándalo para una cultura que exige el rendimiento y la felicidad obligatoria. David Le Breton, en su “Antropología del dolor” refuerza esta idea al señalar que “el hombre contemporáneo se encuentra desarmado frente al dolor porque ha perdido los marcos culturales y simbólicos que antes le permitían darle un sentido” (1999, p. 94). Cuando el dolor se vuelve mudo y carece de lugar en el tejido social, la muerte asistida aparece como la única salida lógica para una cultura que prefiere ocultar la herida antes que transitar la ardua tarea de sostener al sufriente en su propia fragilidad. El caso que hoy nos convoca nos obliga a preguntarnos si nuestra defensa de la eutanasia nace de un respeto genuino por la autonomía o de una incapacidad colectiva para convivir con lo que Han llama la “negatividad del dolor”.
Por otra parte, nos encontramos con el ámbito de la bioética clínica, donde el caso de Noelia reactiva el debate sobre la jerarquía de los principios fundamentales. La tradición bioética ha intentado equilibrar la autonomía con la beneficencia y la no maleficencia, pero episodios de sufrimiento refractario ponen a prueba estos constructos. Como señala Diego García en “Fundamentos de bioética”, “la medicina ha pasado de un modelo paternalista, basado en el partido de beneficencia, a otro basado en la autonomía del paciente, lo que obliga a una deliberación moral mucho más compleja” (2008, p. 352). En Noelia, la beneficencia -entendida como el actuar en favor del bienestar del paciente- dejó de ser la preservación de la vida biológica para convertirse en la validación de su alivio final. Cuando el daño es irreversible y la percepción subjetiva de la vida es de una indignidad absoluta, la no maleficencia se traduce, paradójicamente, en el cese de una intervención que sólo prolonga la agonía.
Esta discusión adquiere una profundidad metafísica cuando se incorpora la perspectiva de las instituciones eclesiásticas, cuya doctrina subraya la sacralidad de la vida, pero también reconoce la fragilidad humana ante el dolor extremo. La encíclica “Evangelium Vitae” de Juan Pablo II fue taxativa al denunciar la eutanasia, definiéndola como “una grave violación de la Ley de Dios” (1995, p. 119), basándose en la idea de que la vida es un don que el hombre no puede gestionar a su arbitrio. No obstante, la misma doctrina católica establece una distinción ética crucial para casos de sufrimiento terminal: el rechazo al encarnizamiento terapéutico. En la carta “Samaritanus Bonus”, la Congregación para la Doctrina de la Fe precisa que “renunciar a medios extraordinarios o desproporcionados no equivale al suicidio o a la eutanasia; expresa más bien la aceptación de la condición humana ante la muerte” (2020, p. 14). En este marco, el drama de Noelia nos sitúa en un intersticio: si bien la Iglesia propone el acompañamiento y los cuidados paliativos como la respuesta moralmente superior, el caso interpela a la comunidad religiosa sobre los límites de la resistencia física y psíquica, obligando a pensar si la prolongación forzada de una existencia totalmente quebrada no atenta también contra la dignidad de la creación.
Por su parte, el largo calvario judicial que sufrió Noelia- alargado, según diversos reportes, por la instrumentalización de grupos externos y oposiciones familiares- pone de manifiesto la fragilidad del testimonio en la esfera pública. Cuando la voluntad de un individuo se convierte en un campo de batalla ideológico, se incurre en lo que Judith Butler denomina una distribución desigual de la “vulnerabilidad”. En su texto titulado “Vida precaria”, Butler argumenta que “la pérdida y la vulnerabilidad parecen ser condiciones para la formación de la esfera pública, ya que ésta se fundamenta en la exposición del cuerpo ante otros” (2006, p. 46). Noelia fue expuesta y su sufrimiento fue diseccionado en medios masivos de comunicación y tribunales, despojándola a menudo de su condición de sujeto para transformarla en un símbolo útil para causas ajenas. La violencia simbólica ejercida sobre ella durante esos 601 días de espera constituye una herida que la ley, por sí sola, no alcanza a reparar.
Por otro lado, la tradición liberal, encabezada por John Stuart Mill, nos recuerda que “sobre sí mismo, sobre su propio cuerpo y espíritu, el individuo es soberano” (Sobre la libertad, 2013, p. 65). Bajo este precepto, la oposición de terceros basada en convicciones morales o afectivas carecería de legitimidad frente a un adulto competente. No obstante, el caso de Noelia se complicó bastante al vincularse su petición con un sufrimiento psíquico y antecedentes graves de trauma. Es aquí donde la bioética debe huir del paternalismo sin abandonar la prudencia necesaria para discernir si la competencia para decidir está nublada por factores tratables. La Comisión de Garantía y Evaluación atendió la singularidad del asunto, entendiendo que respetar la voz del afectado no significa autorizarla sin interrogantes, sino verificar que esa elección no sea el resultado de una carencia de recursos evitables. La libertad de elección sería genuina cuando el “no” a la vida es una opción tan asistida como lo fue, en su momento, el intento de preservarla.
Finalmente, la mediatización y la difusión de informaciones falsas sobre el proceso clínico de Noelia revelan una crisis en nuestra capacidad de escucha ética. Se priorizó el ruido del debate político por sobre el silencio necesario para comprender un dolor que Noelia resumió con una crudeza desgarradora: “simplemente es que no puedo más” (Rosas, 2026, párr. 10). Esta claudicación ante el dolor podría no ser un simple capricho, sino la manifestación de un límite ontológico y existencial. Cuando la vida se convierte en una sucesión de instantes dedicados exclusivamente a la gestión del padecimiento, la eutanasia se presenta no como un ataque a la vida, sino como el último gesto de custodia sobre la dignidad que le resta a esa existencia, un acto de “justicia” hacia quien ya no encuentra en la biografía más que la repetición del trauma.
En conclusión, amigos míos, la partida de Noelia Castillo nos deja ante varios interrogantes que sacuden los cimientos de nuestra comunidad moral, bioética, legal y religiosa. No basta con legislar el final de la vida si no somos capaces de garantizar la calidad de la misma en sus momentos de mayor fragilidad. ¿Hasta qué punto la demora judicial de 601 días no constituye en sí misma una forma de maleficencia institucionalizada? ¿Es ético que el Estado ofrezca la muerte como alivio definitivo cuando antes fue incapaz de ofrecer una vida libre de violencia y desamparo? ¿Puede una ley se eutanasia ser verdaderamente liberadora en un contexto de precariedad en salud mental y de cultura que huye del dolor como si fuera una falla técnica? ¿Cómo podemos asegurar que la petición de morir sea un acto genuino de libertad y no el último refugio frente al abandono o la incomprensión de un sistema que sólo sabe medir la vida en latidos y no en sentidos?
La verdadera compasión no reside únicamente en permitir la salida ni en prohibirla, sino en el rigor con el que examinamos las condiciones que hicieron que esa salida sea considerada la única deseable. Queda pendiente la tarea de construir una esfera pública que proteja el testimonio de quien la está pasando realmente mal, evitando que su dolor sea devorado por la maquinaria de la banalización y la polarización. Al final, el caso de Noelia nos susurra al oído una pregunta: ¿estamos preparados para escuchar la palabra del otro con el cuidado que se merece, o preferimos convertir sus heridas en argumentos para nuestras propias certezas?
Referencias bibliográficas
· Arendt, H. (2007). Responsabilidad y juicio. Paidós.
· Butler, J. (2006). Vida precaria: El poder del duelo y la violencia. Paidós.
· Congregación para la Doctrina de la Fe. (2020). Carta Samaritanus Bonus sobre el cuidado de las personas en las fases críticas y terminales de la vida. Libreria Editrice Vaticana.
· Dussel, E. (1998). Ética de la Liberación en la Edad de la Globalización y de la Exclusión. Trotta.
· Dworkin, R. (1994). El dominio de la vida: Una discusión acerca del aborto, la eutanasia y la libertad individual. Ariel.
· El País. (29 de marzo de 2026). Las heridas (y lecciones) que deja la eutanasia de Noelia Castillo. https://elpais.com/sociedad/2026-03-29/las-heridas-y-lecciones-que-deja-la-eutanasia-de-noelia-castillo.html
· Foucault, M. (2014). Historia de la sexualidad 1: La voluntad de saber. Siglo XXI Editores. (Original publicado en 1976).
· Gracia, D. (2008). Fundamentos de Bioética. Eudema.
· Han, B-C. (2021). La sociedad paliativa: El dolor hoy. Herder Editorial.
· Juan Pablo II. (1995). Carta Encíclica Evangelium Vitae sobre el valor e inviolabilidad de la vida humana. Tipografía Políglota Vaticana.
· Kant, I. (2012). Fundamentación para una metafísica de las costumbres (R. R. Aramayo, Trad.). Alianza Editorial. (Original publicado en 1785).
· Le Breton, D. (1999). Antropología del dolor. Seix Barral.
· Mill, J. S. (2013). Sobre la libertad (P. de Azcárate, Trad.). Alianza Editorial. (Original publicado en 1859).
· Rosas, P. (27 de marzo de 2026). Eutanasia de Noelia Castillo: «Ella sufrió un calvario judicial que alargaron para enturbiar la situación y asustar a los médicos». BBC Mundo. https://www.bbc.com/mundo/articles/cj408jvkvldo
· Tronto, J. C. (2020). Cuidar: Democracia y ética del cuidado. Fundación Pasqual Maragall / Herder
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Vicepresidente Ulloa participa en cátedra de Seguridad Nacional, Estado y Derechos Humanos en México
El Vicepresidente Félix Ulloa, participó en un conversatorio sobre Seguridad Nacional, Estado y Derechos Humanos, en el marco de la Cátedra Dong Nguyen Huu, desarrollada por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas, en México. En la actividad, el Director de este Instituto, Jorge Pascacio junto a la comunidad académica, brindó una cordial bienvenida al Vicemandatario y afirmó que este es un espacio orientado a la reflexión y al diálogo sobre los principales desafíos de la región.
Durante su intervención, el Vicepresidente Ulloa agradeció a las autoridades universitarias por la invitación y por abrir este debate para compartir la experiencia de El Salvador en materia de seguridad, subrayando que no se trata de exportar un modelo, sino de dar a conocer los esfuerzos emprendidos por el país para recuperar la paz, el orden y la institucionalidad.

En ese contexto, el Vicemandatario hizo un repaso por la historia reciente de El Salvador, señalando que, tras la firma de los Acuerdos de Paz de 1992, en la Ciudad de México, en Castillo de Chapultepec, el país transitó por un prolongado período de postguerra marcado por la debilidad institucional, la corrupción y la expansión de estructuras criminales. Indicó que, al inicio del actual proceso de transformación, el Gobierno enfrentó severas limitaciones políticas y legislativas que dificultaban impulsar las reformas de fondo que el país requería.
Asimismo, destacó que, bajo el #RégimenDeExcepción, y haciendo uso del jus ad bellum, el Presidente Nayib Bukele tomó acciones determinantes, logrando una paz que ha permitido más de 1,170 días con cero homicidios. Señaló que, también se adoptaron medidas extraordinarias para restablecer la seguridad y proteger a la población, haciendo énfasis, que esta decisión respondió a circunstancias excepcionales y se enmarca en la obligación del Estado de garantizar la vida, la libertad y la tranquilidad de sus ciudadanos. De igual forma, subrayó que la población salvadoreña continúa respaldando esta medida.

Finalmente, mencionó que la segunda fase de esta transformación, tras alcanzar el milagro de la seguridad, se centra en impulsar el milagro económico, con una apuesta inédita por la innovación, la modernización del Estado y la formación de servidores públicos más eficientes, así como por el fortalecimiento de la educación mediante la entrega de dispositivos electrónicos a estudiantes para mejorar su preparación académica.
Como parte del diálogo, también se abordaron los desafíos de la cooperación regional frente al crimen organizado transnacional. Recalcó que la seguridad es una preocupación compartida por los países del continente y valoró positivamente toda iniciativa orientada a homologar esfuerzos de preparación policial, cooperación judicial e intercambio estratégico, al considerar que el combate a estas amenazas demanda respuestas coordinadas entre los Estados.
Con su participación en este encuentro, el Vicepresidente Ulloa reafirmó la disposición de El Salvador de contribuir al debate académico e institucional sobre los retos de la seguridad, los derechos humanos y la gobernanza democrática, compartiendo su experiencia nacional desde una perspectiva de diálogo, respeto a la soberanía de los Estados y búsqueda de soluciones conjuntas.

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Fedecrédito reafirma su apoyo al desarrollo del fútbol salvadoreño
El SISTEMA FEDECRÉDITO continúa fortaleciendo su compromiso al desarrollo del fútbol salvadoreño, iniciando una segunda jornada de capacitaciones impartidas por la Fundación Real Oviedo de España, como parte de su apoyo al crecimiento técnico y formativo de este deporte.
Estas jornadas dieron inicio esta semana y están dirigidas a directores técnicos, auxiliares y preparadores físicos de las categorías Reserva, Sub-17 y categoría Femenina de los equipos de la Segunda y Tercera División del fútbol salvadoreño.
La temática central de esta nueva fase de formación será la Formación en Canteras y Captación de Talentos, un eje fundamental para el desarrollo sostenible del fútbol. Las capacitaciones están siendo impartidas por Juan Fidalgo, director del área internacional del Club Real Oviedo y Entrenador UEFA PRO, quien está compartiendo su experiencia y conocimientos con los participantes.

Este espacio formativo permitirá a los asistentes adquirir herramientas clave para la identificación, desarrollo y proyección de nuevos talentos, así como fortalecer sus metodologías de trabajo en las diferentes etapas formativas, la cual constituye una valiosa oportunidad de aprendizaje, intercambio de conocimientos y fortalecimiento técnico, contribuyendo al crecimiento integral de los equipos participantes y al futuro del fútbol nacional.
Con esta iniciativa, el SISTEMA FEDECRÉDITO reafirma su compromiso con el deporte salvadoreño, apostando por la formación continua de los profesionales que impulsan el desarrollo de las nuevas generaciones de futbolistas.





