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Nacionales

La escalofriante historia de una mujer que fue secuestrada en el Centro Histórico de San Salvador

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La siguiente historia, le ocurrió hace más de un año a ¨Ester N¨, una empleada de un almacén en el centro Histórico de San Salvador.

Recientemente la víctima comentó su situación actual a nuestros periodistas y nos relató el traumático secuestro en San salvador.

Los pandilleros de la MS la raptaron y estuvo a punto de perder la vida en manos de brutales matarifes y descuartizadores.

A raíz del terrible suceso, nos relató que tuvo que abandonar el país debido a las amenazas que recibió por parte de violentos pandilleros en los días posteriores al rescate.

A continuación, revivimos esta dramática historia contada por la sobreviviente a este brutal secuestro de pandilleros en la avenida España del Centro Histórico, conocida como la ¨LA AVENIDA DE LOS SECUESTROS¨ en San Salvador.

Una mujer fue secuestrada en el centro histórico. Mareros la llevaban para matarla en un rito descuartizador, cuando la rescató la policía. Tenderos de puestos en el centro participaron en su secuestro. Esto es lo que nos contó.

El centro histórico es una verdadera trampa. Créanmelo. En segundos, sin que te des cuenta, puede ser una trampa mortal o un sitio de donde sales violada o arrepentida de caminar por ahí. Los pandilleros juegan ahí con tu destino. Lo hacen sin escrúpulos, sin arrepentimiento. Lo hacen hasta con descaro.

Soy Ester N. El miércoles desperté temprano. Me toca caminar muy temprano sobre la avenida España. Cuando lo hago, sé los riesgos que corro al caminar por ahí. Por eso camino presurosa, agitada, sin volver a ver a nadie. A veces parezco una alma en pena que no quiere hablar con nadie ni mirar a un solo ser humano.

Tal vez por eso a veces choco con personas , con estudiantes, con vendedoras y hasta con un canasto de guineos o aguacates. Pero les diré lo que me sucedió, ahí por donde no me gusta caminar, ni socializar, ni nada. Ahí cualquiera paga por esfumarse.

Ese miércoles, miro de reojo que un hombre joven, un vendedor de la calle que usa delantal me mira, fijamente. No sé por qué. Pero el hombre me clava la mirada. Yo trato de ignorarlo pero no puedo ocultar que mi corazón pega saltos. La sangre me hierve. El hombre me asusta y no hay nada peor que caminar a trompicones con un susto encima.

Trato de tranquilizarme pero me doy mi propia terapia: seguro quiere algo de mí, pensé. Entonces hice lo de siempre: lo ignoré y seguí caminando.

Inquieta, crucé la acera. Frente a un super, otro hombre me señala. Como siempre camino pendiente, miro que cerca está un pandillero. Se nota por su ropa, por la forma como se conduce. Es fácil detectarlos. El marero habla por teléfono y me mira. Entonces mis palpitaciones crecen. Se aceleran. Pienso que estoy en problemas. Acelero mi marcha, quiero que mis pies vuelen. Le pido a Dios que me desvanezca ante los ojos de ese hombre. El miedo sube. Me dan escalofríos. Me siento indefensa. Pienso que la amenaza subió de color y tono.

Quizá por el miedo, choco contra una carretilla que hala una mujer. No me percaté de que la carretilla se cruzó en mi camino. Pero cuando eso ocurre, escucho que las llantas de un carro chillan. El conductor me pita para llamar mi atención. Yo estoy aterrada, fuera de control. Es entonces que cuando el vendedor de delantal corre hacia mí, me abraza, saca una pistola y me apunta la cabeza. El hombre me empuja. Yo estoy casi paralizada. Tres segundos después me golpea la cara y me empuja hacia el asiento trasero del vehículo. La mano de otro hombre me agarra y me jala.

No sé cómo hice pero entonces comencé a gritar. Grité con todo lo que me daba el galillo. La gente escucha el grito, me mira pero nadie se detiene a ayudarme. Las personas siguen caminando sin ninguna voluntad de ayudar.

Estoy sobre el sillón trasero del auto. El motorista inicia su marcha. Chilla de nuevo las llantas. “Calláte bicha puta”, me decían. Yo seguía gritando. La respuesta era inmediata: “Que te callés gran puta”, me dicen mientras siento varios golpes en la cabeza. También en el estómago. Luego siento que me están asfixiando para tratar de controlarme. Entonces le clavé a un hombre las uñas en el cuello. “Dios mío, papito, ayúdeme. Mamita me están llevando los mareros”, decía hacia mí. Pero tampoco paraba de gritar. Estaba desesperada.

“Cállate maldita, que tu Dios nos vale verga…llama a quien putas querrás, ahorita ya te va a llevar la garra…te vamos a descuartizar”. Yo no me rendía. Y entonces escuchaba;”gritá, gritá, pedazo de perra”, me decía un hombre mientras me ponía la pistola en la cabeza. En ese momento siento que la pistola hacía los efectos de un desatornillador que taladraba mi cabeza.

Los hombres me dominan. Me tiran el piso del carro. Ponen sus pies sobre mí. Uno de ellos me da patadas. Me duele. Suplico que no me hagan eso.

Luego escucho: “ Ponéle hijueputa, ponéle, salgamos de aquí…. A esta puta ya la están esperando en el barrio, ya esta lista la fiesta….ponéle homboy…”, le grita uno de los mareros al motorista del carro de la muerte.

El miedo me paraliza. Cierro los ojos. Ya no tengo fuerzas para defenderme. Al verme indefensa me amarran los pies. También las manos. Me atan con alambres y eso me duele.Cuando intento soltarme las púas me hieren, me cortan.

“Mira perro ya vamos por la avenida, preparen los corvos y las palas, ya casi llegamos, pónganse busos por la jura…” Escucho esas frases mientras el auto avanza rápidamente.

Suena el teléfono de uno de los mareros , “ …Aquí por Catedral andan las patrullas…bien ensatanados…pónganle la chancleta al toro para que no los tope…”, alcanzo a escuchar. “Oí perro ahí vienen taloneándonos ,vos ponéle e mortero a los motorolos, para abrir paso….” El carro acelera y frena de repente, gira de un lado a otro, los demás carros le pitan y le silban. Posiblemente hicieron un viraje prohibido.

“Acelerá.. acelerá ya casi nos vamos…” los mareros están mas pendientes de ver a todos lados y ya no me pegan…Los escucho nerviosos, mientras llaman y hablan por teléfono.

Siento amarga la boca. Los labios están secos. De pronto me doy cuenta que tengo sangre en el cuerpo y me cuesta respirar. De los golpes me reventaron la nariź y me pulsa el estómago. Nunca había sentido ese dolor. Las costillas me están ahogando. Cada vez que respiro es como si me apuñalaran…

“Mamita..papito…mis niñas no se pueden quedar sin su mamá. Dios líbrame. . Virgencita…Virgencita….repito y repito.….estoy temblando y no puedo llorar. Estoy sin voz…de tanto gritar…”

“Cargá el cuete perro, si aparecen nos reventamos. Matá a esta bicha puta” ordena alguien.…”Simón simón…contesta otro pandillero, cuando de repente. Siento un gran estruendo. Nos golpea algo. Se oyen gritos, órdenes, sirenas.

“Policía, salgan del carro con las manos en alto, ya ya , apúrense pues.”, dice alguien.

Un pandillero se les corre. El otro se queda paralizado y el motorista se baja del carro.

Los pandilleros esconden las pistolas en los asientos y gritan que son cristianos…

“Vos no vas a decir nada…ya sabes lo que te toca…”, me repite uno de ellos y me da patadas.

En unos segundos me quedo sola y solo escucho a policías y mas sirenas acercándose. Una voz de mujer me habla…” Señorita…soy policía… mi muchachita …ya está segura…ya pasó, ya los agarramos…¿ puede respirar…?”, pregunta.

“Ayúdeme… ayúdeme….ellos me quieren matar y yo no los conozco…..ayúdeme ayúdeme” dije. Después no pude hablar más. Temblaba sin control y me puse a llorar.

Los policías me soltaron y me sacaron de ese carro maldito. Me acostaron en una camilla y los socorristas me comenzaron a limpiar la sangre. Me tomaron la presión. Muchas manos me cuidaban. No sé cómo cuento esto. La única razón es que Dios me regaló un milagro. De eso estoy convencida.

El nombre de la víctima fue cambiado por seguridad.

El 911 atendió la alerta en poco tiempo y logro darle una segunda oportunidad a la jóven.

19029450 821762007999991 2357658290480192630 n 300x196 - Escalofriante historia de mujer que fue secuestrada y rescatada en el centro de San Salvador.

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El Salvador registra cero homicidios el 3 de septiembre, según la PNC

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La Policía Nacional Civil (PNC) reportó que el jueves 3 de septiembre no se registraron homicidios a nivel nacional.

Desde el 27 de marzo de 2022, fecha en que entró en vigencia el decreto legislativo del régimen de excepción, El Salvador ha acumulado 1,197 días sin registro de homicidios a nivel nacional, según los informes policiales.

El régimen de excepción otorgó a las autoridades de seguridad mayores herramientas legales para capturar, procesar y encarcelar estructuras criminales. Desde su implementación, más de 93,000 pandilleros han sido capturados.

«El régimen de excepción significa para los salvadoreños un estado firme y valiente que tutela la vida, los bienes y la libertad», señaló el ministro de Seguridad, Gustavo Villatoro.

Durante la actual administración, encabezada por el presidente Nayib Bukele, fue diseñado el Plan de Control Territorial, mediante el cual el Estado recuperó áreas que durante muchos años estuvieron bajo control de las pandillas.

Del 1 de junio de 2019 al 3 de septiembre de 2026, El Salvador suma 1,311 días sin homicidios, de acuerdo con las cifras proporcionadas. Estos resultados, según el texto, se han traducido en un ambiente de paz y tranquilidad en el territorio.

La tasa de homicidios también ha registrado una disminución. En 2019 era de 35.8 homicidios por cada 100,000 habitantes, mientras que en 2025 bajó a un promedio de 1.3 homicidios por cada 100,000 habitantes.

En lo que va de 2026, la PNC registra 210 días sin homicidios, manteniendo una tendencia positiva durante el año.

Según el texto, estas cifras se han reducido en la medida en que el Estado ha encarcelado a integrantes de las pandillas, señaladas durante años como responsables de la mayoría de los crímenes.

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Nacionales

Manchan con pintura roja taxi estacionado en La Unión

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Desconocidos vandalizaron un taxi que se encontraba estacionado sobre la 10.ª avenida norte, en el distrito de La Unión. Los responsables mancharon con pintura roja en aerosol el parabrisas frontal y los laterales del vehículo de alquiler.

Residentes de la zona expresaron preocupación debido a que este tipo de actos vandálicos se estaría registrando en el sector. Además, durante la noche, un automóvil de color amarillo fue abandonado en la misma avenida luego de impactar contra el muro de una vivienda.

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VIDEO | Adolescente hondureña pide ayuda al presidente Bukele por su padecimiento de escoliosis

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Kimberly Vanegas, de 13 años y originaria de Victoria, Yoro, Honduras, difundió un video en redes sociales dirigido al presidente de El Salvador, Nayib Bukele, en el que expone su situación de salud y solicita apoyo para ser atendida en el Hospital Nacional Rosales.

En el audiovisual, la adolescente explicó que padece escoliosis y manifestó su esperanza de recuperar su salud. Asimismo, expresó su deseo de volver a caminar hacia un futuro sin el dolor que enfrenta.

La publicación ha sido acompañada de un llamado a los usuarios de redes sociales para compartir el video y etiquetar al mandatario, con el propósito de que el mensaje de Kimberly llegue a las autoridades correspondientes.

¿Qué es la escoliosis?

La escoliosis es una afección común en la que la columna vertebral se curva en forma de “C” o “S”. Muy a menudo, esta curvatura se desarrolla en adolescentes y progresa durante los períodos de crecimiento acelerado. Una curva de escoliosis requiere atención médica para enderezarse. Sin un tratamiento profesional de un especialista en escoliosis capacitado, el grado de curvatura puede volverse más severo. Podemos dividir la escoliosis en dos tipos: escoliosis idiopática del adolescente (AIS) y escoliosis de aparición temprana (EOS).

Se desconocen las causas exactas de AID y EOS, pero no tienen relación con las actividades del paciente. Las mochilas pesadas, las lesiones, la mala postura y la actividad física repetitiva tienen efectos negativos en el cuerpo, pero esas cosas no pueden causar escoliosis. Algunas personas nacen con escoliosis congénita. La escoliosis neuromuscular puede ser el resultado de otras condiciones médicas que afectan los nervios y los músculos.

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