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Mandan al CECOT al pandillero que operaba en San Martín

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La Policía Nacional Civil (PNC) confirma la detención de un gatillero de la 18 Sureños que intentaba esconderse de la guerra contra las pandillas.

El criminal corresponde a Francisco Edenilson Rivera Callejas, alias “Enano” o “Niño o Travieso”, quien fue capturado en la cancha de la colonia Santa Gertrudis, en San Martín, San Salvador.

“Este peligroso terrorista con antecedentes delictivos por agrupaciones ilícitas y resistencia, es el responsable de cometer decenas de homicidios ordenados por la pandilla en San Martín”, detalló la PNC.

Además, para huir de la justicia se escondía en diferentes zonas del municipio, pero tras su captura, pagará por cada uno de sus delitos tras las rejas del Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT).

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Internacionales

Terremoto de 7.4 en Colombia deja al menos 111 muertos: Gobierno declara desastre nacional y prioriza rescates en Pereira, Cali y Chocó

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Un sismo de magnitud 7.4 sacudió el occidente de Colombia este lunes 10 de agosto de 2026 a las 7:34 a.m. (hora local). El epicentro se localizó cerca de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, a una profundidad intermedia de entre 96 y 110 kilómetros, según el Servicio Geológico Colombiano (SGC) y el USGS.

Se trata del temblor de mayor magnitud registrado en el país en la última década. El movimiento, que superó el minuto de duración, se sintió con fuerza en gran parte del territorio nacional —incluyendo Bogotá, Medellín, el Eje Cafetero y el Valle del Cauca— y también fue percibido en Ecuador, Panamá y Venezuela.

Balance oficial de víctimas y daños

El presidente Abelardo de la Espriella, en su primer parte consolidado desde el Puesto de Mando Unificado, confirmó al mediodía al menos 111 personas fallecidas y 87 heridas. Las cifras siguen en revisión mientras avanzan las labores de rescate entre escombros.

Entre los daños materiales reportados hasta el momento destacan:

  • 1.575 viviendas afectadas (37 completamente destruidas)
  • 61 edificios colapsados o con fallas estructurales graves
  • 18 centros de salud, 52 centros educativos y 17 centros comunitarios dañados
  • 18 vías afectadas
  • Al menos seis aeropuertos (Pereira, Manizales, Quibdó, Armenia, Cartago y Buenaventura) con daños en infraestructura y operaciones suspendidas

Zonas más golpeadas

  • Risaralda (Pereira y municipios cercanos): Concentra el mayor número de víctimas. Solo en Pereira se reportaron decenas de fallecidos y el colapso parcial del terminal del aeropuerto Matecaña.
  • Valle del Cauca: La gobernadora Dilian Francisca Toro reportó al menos 27 muertos (incluyendo menores de edad) en varios municipios. En Cali se registraron múltiples derrumbes de edificaciones con personas atrapadas. En El Cairo se estima que cerca del 80 % de las construcciones resultaron afectadas y en El Águila colapsó el hospital.
  • Chocó (epicentro): La gobernadora Nubia Carolina Córdoba confirmó 9 fallecidos y más de 80 heridos, con daños importantes en Quibdó.
  • Caldas (Manizales): Al menos 2-3 fallecidos, más de una docena de edificios parcial o totalmente destruidos y daños en la Catedral Basílica.
  • Antioquia: Un adulto mayor falleció en Támesis por desprendimiento de una roca.

Se han registrado al menos dos réplicas, la más fuerte de magnitud 4.8. La Dirección General Marítima (Dimar) descartó amenaza de tsunami en la costa pacífica.

Respuesta del Gobierno

El presidente De la Espriella decretó la situación de desastre nacional para agilizar la movilización de recursos y la coordinación interinstitucional. La prioridad inmediata, según el mandatario, es el rescate de personas que aún permanecen bajo los escombros. El jefe de Estado anunció que se desplazará a las zonas afectadas junto a miembros de su gabinete.

El sismo se originó por la dinámica de subducción de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana, un proceso tectónico característico del occidente colombiano. Autoridades y organismos de socorro continúan evaluando daños y actualizando el balance de víctimas.

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Opinet

Exponiendo la tiranía del yo inamovible- Lisandro Prieto Femenía

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“El hombre es el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere, y como se concibe después de la existencia, como se quiere después de este impulso hacia la existencia; el hombre no es otra cosa que lo que él se hace” (Sartre, 2009, p. 31)

Resulta curioso, y a la vez alarmante, cómo la modernidad ha transformado la búsqueda de la autenticidad en un salvoconducto para la mediocridad ética. En las interacciones cotidianas, nos topamos con una muralla infranqueable disfrazada de honestidad cruda: la sentencia detestable del “yo soy así”. Esta frase, pronunciada con una mezcla de orgullo y resignación, no es más que una declaración de guerra contra la convivencia y, fundamentalmente, contra la propia libertad. Quien se escuda en su supuesta esencia para justificar la falta de tacto, la impuntualidad crónica o el desprecio por el bienestar ajeno, está asumiendo que es un objeto terminado, un mineral carente de voluntad, y no un sujeto en permanente construcción.

La precitada actitud revela una forma de “hombre masa” que José Ortega y Gasset identificaba con una lucidez casi profética. Se trata de aquel individuo que, sintiéndose perfecto y terminado, no ve razón alguna para salir de sí mismo ni para someterse a ninguna instancia superior, sea esta la razón o la simple consideración por los demás. El filósofo español, en su análisis sobre la decadencia de la excelencia humana, describe con precisión este fenómeno en su “Rebelión de las masas” al expresar que “el hombre masa es el que no se valora a sí mismo —en bien o en mal— por razones especiales, sino que se siente «como todo el mundo» y, sin embargo, no se angustia, se siente a sabor al sentirse idéntico a los demás” (Ortega y Gasset, 2010, p. 54).

Ahora bien, cabe preguntarse, ¿desde cuándo la identidad se convirtió en una prisión que nos exime de la responsabilidad para mejorar? Al afirmar que nuestra naturaleza es estática, estamos cometiendo lo que Jean-Paul Sartre denominaba “mala fe”. Se trata del intento desesperado de escapar de la angustia que provoca la libertad, fingiendo que somos cosas con propiedades fijas en lugar de seres que se definen por sus actos. En su obra fundamental sobre el existencialismo, Sartre es tajante al respecto de esta condición humana que precede a cualquier definición previa: si el hombre es lo que él mismo se hace, entonces el argumento de la inmutabilidad del carácter es una mentira metafísica diseñada para que los demás carguen con el peso de nuestras flaquezas.

Esta actitud no sólo es un error filosófico, sino una clara forma de violencia (no siempre sutil) hacia el prójimo. Al exigir que el mundo nos tenga que soportar “tal cual somos”, estamos anulando la alteridad. Estamos ante un egocentrismo que Gilles Lipovetsky asoció con la “era del vacío”, donde la personalización de la existencia ha derivado en un narcisismo que ya no tolera la mínima fricción con lo real. Concretamente, en su estudio sobre el individualismo contemporáneo, Lipovetsky señala cómo la sociedad se ha convertido en un conjunto de mónadas (sustancias indivisibles que componen el universo) que sólo buscan la autoafirmación sin compromiso: “El narcisismo es la otra cara de la desustancialización de la individualidad, la absorción del yo en el espectáculo de sí mismo, donde el otro solo sirve como pantalla de confirmación” (Lipovetsky, 2002, p. 52).

Esta patología de la mirada encuentra su representación sonora y grotesca en la cultura popular, donde la apología del estancamiento se ha elevado a la categoría de un himno decadente. Resulta casi obsceno observar cómo la industria del espectáculo ha canonizado la insolencia mediante estribillos que funcionan como dogmas de una fe narcisista. Pensemos en la vacuidad que destila la célebre pieza “A quién le importa”, interpretada por Thalía, donde se proclama con una alegría casi infantil: “yo soy así, así seguiré, nunca cambiaré”. Esta letanía de la obstinación es, en realidad, el réquiem de la ética.

La pregunta retórica que da título a la canción- “¿A quién le importa”?- es una bofetada a la convivencia, una declaración de indiferencia ontológica que asume que el propio capricho está por encima del impacto que causamos en los demás. Al entonar un “nunca cambiaré” como si de una virtud se tratase, el sujeto se declara oficialmente un cadáver moral, un fósil que se regocija en su propia incapacidad de evolución. ¿A quién le importa? Pues le importa a la víctima de nuestra falta de respeto, al cercano que tiene que coexistir con nosotros y habitar el desierto que dejamos a nuestro paso. Es el triunfo del solipsismo más ramplón disfrazado de “personalidad”.

Al declarar “yo soy así”, estamos diciendo que nuestra comodidad subjetiva tiene más peso que el derecho del otro a habitar un espacio de respeto mutuo. En este sentido, es fundamental recuperar la noción de que el carácter, o el “ethos” no es un destino biológico, sino una arquitectura que se levanta día tras día mediante los hábitos. Aristóteles ya lo advirtió en su estudio sobre la moral, recordándonos que la virtud no es el don con el que se nace, sino una práctica que debe ser cultivada. En su “Ética a Nicómaco”, el estagirita explica con claridad este proceso de autoconstrucción al expresar que “las virtudes no se producen en nosotros ni por naturaleza ni contra naturaleza, sino que nosotros, que somos naturalmente capaces de recibirlas, las perfeccionamos mediante el hábito” (Aristóteles, 2014, p. 158).

Bajo esta luz, la excusa de la mala costumbre como condición de identidad se revela como una clara pereza del espíritu. No somos impacientes o rudos de la misma manera que somos altos o tenemos ojos marrones; somos personas que han permitido que la repetición de actos hostiles cristalice en una máscara de hostilidad. A esta inercia del espíritu se suma lo que Simone de Beauvoir identificaba como la tentación del “hombre serio”, aquel que se aferra a un rol o a una etiqueta para no tener que decidir por sí mismo. En su obra “Para una moral de la ambigüedad”, la autora nos avisa sobre el peligro de convertirnos en estatuas de nosotros mismos para eludir el vértigo de la elección constante en tanto que “el hombre serio se deshace de su libertad en favor de un fin que él considera absoluto… él no es sino ese fin, como un objeto es su propio peso; él mismo se ha hecho cosa” (Beauvoir, 2017, p. 55).

Cuando alguien se declara inamovible bajo el “yo soy así”, está renunciando a su cualidad de proyecto para degradarse a la categoría de herramienta defectuosa. Esta resistencia al cambio es una agresión frontal a la responsabilidad que tenemos hacia los otros. Emmanuel Levinas, en su análisis sobre la alteridad en “Totalidad e infinito”, sugiere que nuestra identidad no se construye desde el egoísmo, sino desde la respuesta que damos a los demás. Decir  “yo soy así, si no te gusta, te jodes” es el portazo en la cara de quien espera de nosotros una mínima consideración. Para Levinas, la responsabilidad por nuestros próximos no es un accidente que le ocurre al sujeto, sino que es la esencia misma de su ser en tanto que “el rostro se me impone sin que yo pueda dejar de ser responsable de su miseria. El yo es, ante el rostro, infinitamente responsable” (Levinas, 2012, p. 220).

Si nuestra propia definición depende de cómo respondemos al rostro ajeno, entonces cerrarnos en una identidad inmutable es despojarnos de nuestra propia subjetividad. Nos estaríamos convirtiendo en lo que Byung-Chul Han llama “el infierno de lo igual”, una sociedad donde la desaparición de lo distinto, del otro que nos cuestiona y nos exige transformación, nos sumerge en una auto-idolatría estéril. En “La expulsión de lo distinto”, Han es prácticamente implacable al describir este aislamiento narcisista al expresar que “la proliferación de lo igual constituye los cambios patológicos de los que está aquejado el cuerpo social. No es la opresión del otro, sino la depresión del yo la que caracteriza nuestra época” (Han, 2017, p. 12).

Resulta necesario, entonces, preguntarnos si esta obstinación inmadura proviene de una genuina creencia en nuestra naturaleza o si es un síntoma de una sociedad que confunde el ser con el tener. Al respecto, Erich Fromm, en su ensayo “¿Tener o ser?”, diseccionó esta patología. Muchas veces, creemos “tener” una forma de ser como si fuera una propiedad privada que debemos defender a toda costa: el individuo se aferra a sus rasgos negativos como si fueran tesoros, temiendo que, si cambia, perderá su esencia. Pues bien, liberarse de esta carga implica pasar del tener al ser, entendiendo que el ser no es algo que se posee, sino algo que se despliega como una actividad. Fromm lo explica mucho mejor que yo al decirnos que “en el modo de tener, nuestra relación con el mundo es de posesión y propiedad, una relación en la que queremos convertir a todo el mundo y a todas las cosas, incluso a nosotros mismos, en propiedad nuestra” (Fromm, 2007, p. 42).

Este proceso de desmantelamiento es doloroso y requiere de una valentía que pocos seres humanos son capaces de ejercer. Por supuesto, es mucho más fácil quedarse en la orilla de lo conocido, aunque de asco, que lanzarse al mar de lo que podríamos llegar a ser. Sobre este último aspecto en particular, Friedrich Nietzsche nos invitaba a este ejercicio de destrucción creadora. No se trata de aceptarse con complacencia, sino de superarse con ferocidad. En “Así habló Zaratustra”, el filósofo bigotudo nos recuerda que la fijeza es la muerte del espíritu y que el hombre es un tránsito permanente, no un fin en sí mismo: “Yo os enseño el superhombre. El hombre es algo que debe ser superado. ¿Qué habéis hecho para superarlo? Todos los seres han creado hasta ahora algo por encima de ellos mismos” (Nietzsche, 2011, p. 33).

Dicho esto, está claro que si matamos el caos interior con la sentencia del “yo soy así”, apagamos también la posibilidad de que algo brillante emerja de nosotros. Finalmente, debemos entender que la existencia no es un molde de teflón, sino una materia prima que debemos esculpir. En “La hermenéutica del sujeto”, Foucault recuperaba el concepto del “cuidado de sí” como un trabajo ético y estético sobre la propia vida. No somos víctimas de nuestra psicología, sino artistas de nuestra propia conducta cotidiana. Por ello, Foucault sostiene que la verdad no puede ser alcanzada sin una transformación del sujeto, sin una ascesis o una conversión que nos permita dejar de ser los carceleros de nuestra propia personalidad: “No puede haber verdad sin una conversión del sujeto, sin una transformación de la posición del sujeto, sin que el sujeto mismo se vea modificado por el hecho mismo de su acceso a la verdad” (Foucault, 1994, p. 34).

Para concluir, y como siempre, es momento de inquietarnos ante la comodidad de nuestras certezas circunstanciales. ¿Cuánto de lo que llamamos “mi forma de ser” es en realidad un mecanismo de defensa para no enfrentar el esfuerzo que requiere la empatía? Quizás, al final del día, lo que más tememos no es que los demás no nos acepten, sino descubrir que tenemos el poder absoluto de dejar de ser quienes hemos sido hasta hoy. Si el mundo entero se rindiera a la desidia del carácter inmutable, la convivencia se tornaría un campo de batalla de solipsismos violentos.

Ahora bien, ¿estamos dispuestos a ser los responsables del desierto ético que generamos con nuestra rigidez? La pregunta que debería quedar resonando en el silencio de nuestra conciencia no es si los demás deben soportarnos, sino si nosotros mismos somos capaces de soportar la versión de nosotros que se niega a evolucionar. ¿Quién eres tú, realmente, cuando dejas de usar tu pasado y tu supuesta esencia como excusa para no habitar tu presente con dignidad?

Referencias bibliográficas y fuentes consultadas

Aristóteles. (2014). Ética Nicomáquea (J. Pallí Bonet, Trad.). Gredos. (Original publicado c. 349 a. C.).

Beauvoir, S. (2017). Para una moral de la ambigüedad (M. Armiño, Trad.). Anthropos. (Original publicado en 1947).

Foucault, M. (1994). La hermenéutica del sujeto (M. Á. Galmarini, Trad.). Akal. (Original publicado en 1982).

Fromm, E. (2007). ¿Tener o ser? (J. Florentino, Trad.). Fondo de Cultura Económica. (Original publicado en 1976).

García, C., & Canut, I. (2002). A quién le importa [Canción]. En Thalía. EMI.

Han, B. C. (2017). La expulsión de lo distinto (A. Saratxaga Arregi, Trad.). Herder.

Levinas, E. (2012). Totalidad e infinito (D. Guillot, Trad.). Sígueme. (Original publicado en 1961).

Lipovetsky, G. (2002). La era del vacío (J. Vinyoli & M. Pendanx, Trad.). Anagrama. (Original publicado en 1983).

Nietzsche, F. (2011). Así habló Zaratustra (A. Sánchez Pascual, Trad.). Alianza. (Original publicado en 1883).

Ortega y Gasset, J. (2010). La rebelión de las masas. Biblioteca Nueva. (Original publicado en 1930).

Sartre, J. P. (2009). El existencialismo es un humanismo (P. Pradinas, Trad.). Edhasa. (Original publicado en 1946).

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Datos del autor: Lisandro Prieto Femenía

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Nacionales

Presidente Bukele ofrece ayuda a Colombia tras terremoto de magnitud 7,4

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El presidente de la República, Nayib Bukele, informó que mantiene seguimiento a la emergencia provocada por el terremoto registrado la mañana de este lunes en Colombia y ofreció apoyo inmediato al país sudamericano.

Bukele señaló que Colombia cuenta con la capacidad para responder ante la situación; sin embargo, aseguró que El Salvador se mantiene en comunicación y está preparado para enviar equipos de rescate, médicos, paramédicos, insumos o cualquier otra ayuda que las autoridades colombianas consideren necesaria.

“Desde El Salvador estamos en comunicación y listos para apoyar de inmediato con nuestros equipos de rescate, médicos, paramédicos, insumos o cualquier otra ayuda que nuestros hermanos colombianos consideren necesaria”, expresó el mandatario.

De manera preliminar, las autoridades colombianas reportaron al menos 22 personas fallecidas y decenas de afectadas a causa del terremoto de magnitud 7,4 en la escala Richter, cuyo epicentro se ubicó en el municipio de San José del Palmar, departamento de Chocó, en el noroeste del país.

Pereira concentra hasta el momento el mayor número de víctimas. El alcalde Mauricio Salazar informó a medios locales que 18 personas fallecieron en esa localidad y advirtió sobre “un número altísimo de edificaciones afectadas”.

“La situación es crítica y estamos avanzando con la evaluación y atendiendo personas que permanecen atrapadas”, informó Salazar.

En Manizales, las autoridades reportaron otros dos fallecidos, mientras que en el departamento del Valle del Cauca se confirmó la muerte de dos personas más, además de varios heridos y daños estructurales en distintas localidades.

“Estamos apenas tratando de comunicarnos por radio con los hospitales, sabemos que tenemos tres heridos en El Cairo, dos muertos en Zarzal, el colapso de una estructura académica en Calima Darién, daños estructurales menores en Cali”, explicó María Cristina Lesmes, secretaria de Salud del Valle del Cauca.

Ante la emergencia, el presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, anunció su traslado inmediato a Pereira, una de las ciudades más afectadas. Además, ordenó la instalación de un Puesto de Mando Unificado (PMU) y convocó al Comité Nacional para el Manejo de Desastres para coordinar la respuesta institucional.

Por su parte, la Aeronáutica Civil informó que varios aeropuertos presentan afectaciones de consideración, entre ellos los de Pereira, Manizales, Quibdó, Armenia, Cartago, Buenaventura y el Aeropuerto Internacional Alfonso Bonilla Aragón, que sirve a la ciudad de Cali.

“Por seguridad, las operaciones aéreas en estas terminales permanecen suspendidas hasta evaluar daños estructurales en la infraestructura”, informó la institución tras el movimiento telúrico, registrado a las 07:34 hora local (12:34 GMT), según el Servicio Geológico Colombiano.

Mientras continúan las labores de búsqueda y rescate, las autoridades realizan un censo para determinar la magnitud total de los daños materiales y el número de personas afectadas.

Imágenes difundidas en redes sociales muestran el colapso parcial de edificios y severos daños en infraestructura urbana, aunque los reportes continúan siendo verificados por los organismos de emergencia.

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