Vida
Enfermar de COVID aumenta el riesgo de desarrollar diabetes
Independientemente de la gravedad de la infección, enfermar de COVID aumenta el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 a mediano plazo, al punto que esta enfermedad caracterizada por los altos niveles de glucosa en la sangre se considera ya una de las consecuencias del COVID prolongado.
Una investigación publicada en The Lancet reveló que incluso entre personas que presentaban un bajo o nulo riesgo de sufrir diabetes, el haberse contagiado de COVID-19 aumentó hasta 38% el peligro de desarrollar diabetes. Este riesgo es proporcional a la severidad de la infección de COVID. Por ejemplo, en las personas que requirieron atención en una unidad de cuidados intensivos, el riesgo de diabetes se incrementó en 276%.
Los investigadores han observado que el riesgo de desarrollar diabetes prevalece incluso un año después de haberse recuperado del COVID-19. En el caso de los niños, el riesgo es 2.5 veces mayor en comparación con los niños que no contrajeron la enfermedad, según datos del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos.
Para realizar su investigación, los expertos utilizaron las bases de datos del Departamento de Asuntos de Veteranos de Estados Unidos y analizaron una cohorte de 181,280 participantes que dieron positivo a COVID-19 entre el 1 de marzo de 2020 y el 30 de septiembre de 2021 y la compararon con grupos que no se infectaron en el mismo lapso y entre el 1 de marzo de 2018 y el 30 de septiembre de 2019.
“Nuestros resultados indican que más allá de la fase aguda de COVID-19, los sobrevivientes tienen un mayor riesgo de desarrollar diabetes y de usar antihiperglucemiantes; por lo tanto, la diabetes debe considerarse como un componente del largo y multifacético del COVID”, se lee en la investigación.
Además, los expertos señalan que a medida que continúa la pandemia en Estados Unidos y en el mundo, con el surgimiento de nuevas variantes y la evolución de estrategias de tratamiento para el COVID-19 agudo, “es probable que la epidemiología del COVID-19 posagudo y las secuelas, incluida la diabetes, también cambien con el tiempo”.
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La deforestación en la Amazonía brasileña sigue en retroceso
La deforestación en la Amazonía brasileña cayó 35 % en los últimos seis meses, según cifras difundidas este jueves por el gobierno del presidente Lula, que espera alcanzar un mínimo histórico anual.
Los satélites del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe) detectaron la destrucción de 1.324 km2 en la parte brasileña de la mayor selva tropical del mundo, entre agosto de 2025 y enero de 2026.
Es la menor superficie desde el inicio de los registros del sistema de monitoreo Deter del Inpe, en 2015.
Un año antes, de agosto de 2024 a enero de 2025, totalizaba 2.050 km2.
«Tenemos una expectativa de alcanzar la menor tasa de deforestación (anual) en la Amazonía de la serie histórica (del Deter), si continuamos con estos esfuerzos», dijo en rueda de prensa la ministra de Medio Ambiente, Marina Silva.
Para calcular la tasa anual, el Inpe usa el periodo de referencia de agosto a julio, empezando en el inicio de la temporada de sequía.
Los meses más secos tienden a favorecer la deforestación, que está relacionada con prácticas ilegales para ampliar las superficies agrícolas.
«Apenas son los primeros seis meses, pero eso ya muestra una fuerte tendencia de caída», insistió la ministra.
En el Cerrado, una extensa sabana rica en biodiversidad localizada al sur de la Amazonía, la deforestación también se redujo durante ese periodo, en 5,9 %.
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que pretende ser candidato a la reelección en octubre, se comprometió a reducir la deforestación a cero hasta 2030.
Brasil reforzó ese objetivo en noviembre de 2025 durante la COP30, que el gigante suramericano organizó en la ciudad amazónica de Belém.
La mayor selva tropical del planeta es central en el combate contra el cambio climático mediante la absorción de carbono.
En el primer año de mandato de Lula, en 2023, la tala de árboles en la Amazonía se redujo a la mitad con respecto a 2022, último año de gobierno de su antecesor de extrema derecha Jair Bolsonaro, un escéptico del cambio climático.
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Hallan nueva especie de pequeño roedor en los andes de Perú
Un equipo internacional de científicos descubrió una nueva especie de roedor en una reserva de los andes de Perú, informó este viernes el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp).
El pequeño roedor es de color pardo, cuerpo esbelto y cola larga. Fue encontrado en el Santuario Nacional Tabaconas Namballe en la región Cajamarca, unos 1.100 km al noreste de Lima.
Fue bautizado como Oreoryzomys hesperus.
«Este pequeño mamífero es un indicador clave de la salud de los ecosistemas (…), los esfuerzos de conservación están rindiendo frutos al mantener hábitats tan prístinos que aún albergan secretos para la humanidad», señaló el Sernanp en un comunicado.
La institución destacó que se trata de «un hallazgo sin precedentes (…) que confirma la existencia de una especie de roedor única en el mundo».
El descubrimiento fue publicado en la revista científica internacional PeerJ.
El estudio es el resultado de un esfuerzo de cooperación entre instituciones de Ecuador, Argentina y Alemania.
Con más de 32.000 hectáreas, el Santuario Nacional Tabaconas Namballe alberga una alta diversidad biológica entre ellas 59 especies de mamíferos, 186 de aves, 13 de anfibios y 5 de reptiles.
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Los microplásticos alcanzan a peces de islas remotas del Pacífico
La contaminación por microplásticos ha llegado también a los peces de islas remotas del Pacífico, con niveles especialmente elevados en Fiyi, donde casi el 75 % de los ejemplares analizados contenían estas partículas, según un estudio encabezado por la Universidad del Pacífico Sur y publicado en la revista científica PLOS One.
La investigación analizó 878 peces costeros de 138 especies capturados en Fiyi, Tonga, Tuvalu y Vanuatu, y concluyó que alrededor de un tercio presentaba al menos un microplástico, aunque con grandes diferencias entre territorios.
Los peces de arrecife y los que se alimentan en el fondo marino mostraron una mayor frecuencia de contaminación, mientras que en Vanuatu solo un 5 % de los ejemplares examinados contenía estos residuos.
El estudio advierte de que estos resultados suponen «una severa advertencia sobre la vulnerabilidad de nuestros sistemas alimentarios», al tiempo que cuestionan la idea de que la lejanía geográfica protege a estas comunidades de la contaminación global.


