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Vida

Diabetes y coronavirus: Hábitos de alimentación que ayudan a combatir el contagio

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La crisis de salud que estamos viviendo a nivel mundial nos invita a tener mejores hábitos de vida y alimentación, sin embargo los grupos de riesgo deben poner especial atención en su alimentación. 

La Organización Mundial de Salud y numerosos especialistas en medicina han hablado sobre las peligrosas consecuencias que se dan entre la diabetes y el coronavirus, la explicación principal es la directa relación entre el azúcar y el sistema inmunológico.

La diabeteses una enfermedad metabólica y autoinmune que se caracteriza por anomalías en la producción de insulina, que se derivan en altos niveles de glucosa en la sangre.

Sin embargo no hay que olvidar que las personas con diabetes, padecen una enfermedad crónica y degenerativa; por lo que son más propensos a infecciones bacterianas y virales, sobretodo y con mayor incidencia en el caso de personas que no sigan un estilo de vida sano, a través de la correcta alimentación y la indispensable actividad física. 

En concreto las personas que padecen diabetes no tienen mayor riesgo de adquirir covid-19 que los otros grupos de riesgo, pero si son especialmente vulnerables a enfermar gravemente en gran parte por que su sistema inmune posee menos defensas. 

A la vez se dice que el virus tiene una mayor tendencia a expandirse en un entorno de glucosa elevada en la sangre, es por ello que el sistema inmunológico reacciona ante los altos niveles de azúcar, principalmente con inflamación y también afecta el funcionamiento de las células, lo que causa un deterioro en su funcionamiento de defensa y puede derivarse en diversas complicaciones. 

Existen extraordinarias recomendaciones y medidas que los especialistas recomiendan para los diabéticos y que sin duda serán un gran aliado en la prevención y disminución del riesgo de contagio. 

1. Evita comer compulsivamente

Es indispensable que los diabéticos vigilen de manera muy cercana su alimentación durante está temporada y sobretodo que eviten comer en exceso, ya sea por ansiedad o por una dieta deficiente. Es importante crearse de buenos hábitos de alimentación, planear los menús e integrar colaciones saludables para los momentos de antojos entre comidas (los cuales aumentan al pasar mucho más tiempo en casa). El sistema inmunológico no puede reaccionar de forma adecuada y defender al organismo ante agentes patógenos cuando existe un desequilibro en el azúcar. 

2. Vigilia diariamente los niveles de glucosa

Es responsabilidad de todo paciente diabético llevar un monitoreo de los niveles de glucosa en todo momento, sin embargo durante la pandemia se vuelve un factor clave en la prevención y el control de la enfermedad. Un buen consejo es llevar una bitácora por día, con el objetivo de poder reaccionar adecuadamente ante cualquier alteración.

3. Consume alimentos frescos y de temporada, evita los procesados

Seguir un plan de alimentación saludable, que se destaque por su alto contenido en nutrientes y antioxidantes es de vital importancia para  el correcto tratamiento de cualquier persona con diabetes. Sin embargo la actual situación puede llegar a complicar la rutina diaria y en algunas ocasiones la opción más fácil para comer se encuentra en productos procesados; para los diabéticos es fundamental planear sus comidas y evitar a toda costa este tipo de alimentos. La mejor recomendación es consumir alimentos frescos, optar por los productos de temporada que brindan muchos nutrientes de alta calidad y fibra. 

4. La importancia de la actividad física diaria

En la mayoría de los casos la diabetes se relaciona con casos de obesidad e hipertensión, condiciones también consideradas de alto riesgo en las complicaciones por Covid-19. Complementario a la vigilancia del plan alimentario es sumamente importante evitar la vida sedentaria, a pesar del confinamiento existen alternativas para ejercitarnos en casa que son esenciales para mantener en sanos niveles la presión arterial y la glucosa, también es una gran alternativa para evitar los estados de estrés, ansiedad y depresión.

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Nueva evidencia indica que la obesidad y la hipertensión pueden ser una causa directa de la demencia

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La tasa de obesidad se triplicó en las últimas cuatro décadas a nivel mundial, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y es hoy una de las mayores preocupaciones de la salud pública.

Ahora, científicos de Dinamarca y el Reino Unido presentaron pruebas que sugieren que la obesidad y la presión arterial alta pueden ser causas del desarrollo de la demencia, el trastorno mental que puede implicar un deterioro progresivo de la memoria, el pensamiento y la capacidad para realizar actividades cotidianas.

El estudio fue publicado hoy en la revista The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism. Los investigadores señalaron que mantener un peso óptimo y la presión arterial bajo control podría ayudar a evitar el deterioro cognitivo.

“Encontramos que el índice de masa corporal elevado y la presión arterial alta son causas directas de demencia”, dijo Ruth Frikke-Schmidt, profesora y médica jefe del Hospital Universitario de Copenhague – Rigshospitalet y de la Universidad de Copenhague, en Dinamarca.

Así, la salud física y la salud mental resultan estar mucho más conectadas de lo que se pensaba.

En la investigación, también participaron científicos de la Universidad de Bristol, en Reino Unido. Contaron con el financiamiento del Fondo Independiente de Investigación de Dinamarca, la Fundación Lundbeck, la Región Capital de Dinamarca, Hjerteforeningen y Sygeforsikringen Danmark.

La obesidad es una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. Se define por un índice de masa corporal (IMC) igual o superior a 30, según OMS. Sin embargo, el uso del IMC como único criterio para definir la obesidad ha sido cuestionado porque no distingue entre masa muscular y grasa ni considera la distribución de la grasa en el cuerpo. Por eso, algunos expertos proponen complementar el IMC con otras mediciones para evaluar el riesgo real para la salud.

El objetivo de los investigadores del Reino Unido y Dinamarca fue averiguar si la obesidad y la hipertensión no solo acompañan a la demencia, sino que la provocan.

El equipo analizó datos de miles de personas de Dinamarca y Reino Unido. Utilizó una técnica llamada aleatorización mendeliana, que emplea información genética para simular un experimento natural y eliminar confusiones externas.

Esta metodología compara a quienes tienen variantes genéticas ligadas a la obesidad con quienes no las tienen. Así se puede detectar el efecto real del exceso de peso sobre la salud mental.

El análisis demostró que el riesgo de demencia aumenta con el IMC mayor y se intensifica cuando existe hipertensión.

Frikke-Schmidt comentó: “Recientemente se han probado medicamentos para bajar de peso con el objetivo de detener el deterioro cognitivo en las primeras fases de la enfermedad de Alzheimer, pero no se observó ningún efecto beneficioso”.

Una cuestión abierta que queda por probar es si la medicación para bajar de peso, iniciada antes de la aparición de síntomas cognitivos, podría ser protectora contra la demencia.

“Nuestros datos actuales sugerirían que las intervenciones tempranas para bajar de peso podrían prevenir la demencia, especialmente la demencia de tipo vascular”, estimó.

En diálogo con Infobae, el doctor Ricardo Allegri, médico neurólogo, jefe del Servicio de Neurología Cognitiva, Neuropsicología y Neuropsiquiatría de Fleni e investigador en neurociencias del Conicet, señaló: “Hasta ahora, la obesidad se reconocía como un importante factor de riesgo para la demencia, pero la evidencia previa no la definía como una causa directa”.

Estudios anteriores habían sugerido una relación clara entre obesidad y mayor riesgo de demencia, aunque consideraban que el vínculo era complejo y dependía de varios factores intermedios.

“Aún se necesita más investigación para confirmar una relación causal directa”, consideró Allegri.

“Recientemente se planteó que los pacientes obesos en tratamiento con medicamentos GLP-1 podían desarrollar menos demencia. Pero otro estudio encontró que ese tipo de fármaco no frenan el deterioro cognitivo”, dijo.

En cuanto a la prevención de la demencia, “implementar campañas de salud pública enfocadas en los factores de riesgo es una de las acciones más económicas y efectivas a largo plazo. El estudio publicado en la revista The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism lo reafirma”, subrayó Allegri.

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Los caballos sienten el olor del miedo en los seres humanos

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«La primera vez que puse un pie en una caballeriza, me dijeron: ‘Atención, no tengas miedo, los caballos huelen tu miedo’», recuerda la etóloga Léa Lansade, directora de investigación del Instituto Nacional francés de Investigación para la Agricultura, la Alimentación y el Medio Ambiente (INRAE).

«¿Pero es en sentido figurado o literal? Parece que es en sentido literal», dice la científica, principal autora del estudio publicado en PLOS Biology.

El olfato es probablemente el sentido más utilizado entre los animales para comunicarse con sus semejantes, sobre todo en situaciones de peligro.

En los seres humanos, varios estudios recientes señalan el papel del sudor producido por las glándulas de las axilas, con compuestos como la adrenalina, la androstadienona o el ácido hexadecanoico. Otras investigaciones demostraron que los perros son capaces de detectar estas señales humanas.

De los caballos, «sabemos que logran descifrar nuestras expresiones faciales, reconocer si estamos tristes, alegres o enfadados. También son muy hábiles para reconocer nuestras voces», explica a AFP Lansade, quien estudia desde hace una década la percepción de las emociones humanas por parte de estos animales.

Su estudio sobre el miedo se llevó a cabo después de haber recoletado olores vinculados al temor y la alegría de 30 voluntarios, que vieron extractos de películas de terror y comedias con tampones colocados bajo las axilas. Luego realizó, en colaboración con Instituto francés del Caballo y la Equitación, una serie de pruebas con 43 yeguas tipo Welsh.

Se colocaron hociqueras a los caballos con las muestras extraídas de «miedo», «alegría» o sin usar (para servir como control). Luego se realizaron dos pruebas para observar las interacciones del animal con un ser humano: si se acercaba a una persona situada cerca de él y cómo reaccionaba durante el cepillado.

Otros dos tests buscaban ver las reacciones del animal sin presencia humana: cuando se abría de repente un paraguas delante suyo y cuando se colocaba un objeto desconocido en su espacio.

En todos los casos, los caballos expuestos a un olor de «miedo» presentaban síntomas de temor más elevados.

En las pruebas de interacción, tocaban menos al humano. Y al abrirse el paraguas se sobresaltaban más, y también estaban más atentos al objeto desconocido.

El olor del miedo humano «los pone en un estado de alerta, de vigilancia», incluso sin presencia humana. «Hay un contagio emocional», insiste Lansade, aunque «no sabemos si se adquiere por aprendizaje tras haber visto a personas asustadas o si es un comportamiento innato».

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Una vacuna experimental activa defensas contra el cáncer de colon hereditario

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Una vacuna experimental logró estimular de forma específica el sistema inmunológico en personas con síndrome de Lynch, una condición hereditaria que eleva el riesgo de cáncer colorrectal y otros tumores, según los resultados iniciales de un ensayo clínico publicados en la revista Nature Medicine.

El síndrome de Lynch está causado por mutaciones en genes responsables de reparar errores en el ADN, lo que favorece la aparición de tumores con inestabilidad de microsatélites. Estas alteraciones generan proteínas anormales que pueden ser reconocidas como extrañas por el sistema inmune.

Imagen de carácter ilustrativo /Pixabay
El estudio evaluó la vacuna Nous-209 en 45 adultos sin cáncer activo, considerados de alto riesgo genético. El tratamiento consistió en dos dosis aplicadas con un intervalo de ocho semanas, utilizando virus modificados que no causan enfermedad para introducir 209 péptidos característicos de estos tumores.

Los investigadores observaron que todos los participantes analizados desarrollaron linfocitos T capaces de reconocer las proteínas incluidas en la vacuna. La respuesta inmunológica se mantuvo en la mayoría de los casos durante al menos un año y, en pruebas de laboratorio, estas células demostraron capacidad para destruir células tumorales.

En cuanto a la seguridad, la vacuna fue bien tolerada. Los efectos adversos registrados fueron leves o moderados, principalmente dolor en el lugar de la inyección y fatiga, y se resolvieron en pocos días.

Los autores señalan que el trabajo se realizó sin un grupo de comparación y con un seguimiento limitado, por lo que serán necesarios estudios más amplios y prolongados para determinar si la activación del sistema inmune se traduce en una reducción efectiva de la incidencia de cáncer. No obstante, consideran que este enfoque podría abrir nuevas vías de prevención para personas con alto riesgo hereditario.

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