Connect with us

Opinet

Ni el casco de “prensa” se salva

Publicado

el

Por: Lisandro Prieto Femenía

“La más noble función de un escritor es dar testimonio, como acta notarial y como fiel cronista, del tiempo que le ha tocado vivir”: Arturo Pérez-Reverte

El reporte de la muerte de Anas al-Sharif y otros periodistas de la cadena Al Jazeera en un bombardeo israelí en Gaza en agosto de 2025 no es un suceso noticioso amarillo, sino un evento que actúa como catalizador de una profunda reflexión filosófica. El ataque, que tuvo como objetivo una carpa de prensa ubicada cerca del hospital de al-Shifa, fue inmediatamente condenado por organismos internacionales como la ONU y el gobierno de España, entre otros. Estas condenas calificaron el acto como una “grave violación del derecho internacional humanitario”. La rápida reacción de estos actores globales subraya la seriedad con la que se perciben los ataques a la prensa en las zonas de conflicto, reconociendo el papel esencial del periodismo para el derecho a la información y la libertad de expresión, incluso en las circunstancias más peligrosas.

Sin embargo, el relato de los hechos se complica con la contra-narrativa proporcionada por Israel. En lugar de negar la autoría del ataque, Israel lo “confirmó” pero, al mismo tiempo, afirmó que el periodista precitado era un “terrorista que se hacía pasar por periodista”. Esta declaración crea una dicotomía que trasciende el desacuerdo factual, abriendo un abismo de preguntas filosóficas. La inaccesibilidad de algunas fuentes periodísticas clave es, en sí misma, un síntoma de la opacidad y la dificultad de verificar la verdad en estos conflictos, donde la información se convierte en un frente más de batalla. La pregunta que nos hacemos aquí es fundamental: ¿cómo se puede justificar moralmente un acto de violencia letal cuando las narrativas sobre la identidad y el estatus de la víctima son irreconciliables?

La dicotomía de narrativas sobre el ataque no constituye un simple desacuerdo sobre los hechos, sino que se trata de una deliberada estrategia de guerra. La violencia dirigida a los periodistas y la subsiguiente justificación que los tacha de terroristas no es un acto aislado, sino un método coordinado para controlar la narrativa y deslegitimar a cualquier testigo posible. No sólo se busca la eliminación física del reportero, sino también la desacreditación de cualquier evidencia que pudiera haber recopilado. Al confirmar el ataque pero descalificar moralmente a la víctima, Israel busca anular la protección que el derecho internacional humanitario otorga a los periodistas. La implicación de esta acción es profunda porque si la condición de “periodista” puede ser borrada por la declaración de un bando beligerante, el valor de su testimonio se desvanece. La guerra moderna se libra no sólo con armamento, sino con la capacidad de redefinir la realidad misma, apuntando directamente a la figura del testigo ocular. Así, el asesinato de periodistas se convierte en un ataque a la objetividad y a la posibilidad de que no existe una verdad compartida fuera del control de los actores que lideran el conflicto.

Para comprender la compleja red de dilemas morales y legales que envuelven la muerte de periodistas en un contexto bélico, es indispensable recurrir a la “Teoría de la guerra justa”, un marco filosófico que ha guiado la reflexión sobre los conflictos armados desde la antigüedad. Esta teoría se divide en dos partes principales: el Ius ad bellum, que borda la moralidad de ir a la guerra, y el Ius in bello, que se centra en la moralidad de la conducta una vez que la guerra ha comenzado. En el caso específico del ataque a la prensa en Gaza, la atención se dirige al ius in bello, que exige que todos los combatientes, sin importar la justicia de su causa, respeten ciertas reglas básicas de conducta.

Uno de los pilares más importantes del ius in bello es el “principio de discriminación”, el cual dicta que los ataques deben dirigirse exclusivamente contra combatientes legítimos, protegiendo a la población civil y a aquellos que no participan directamente en las hostilidades. Filosóficamente, la justificación moral para matar en una guerra se basa en que los objetivos legítimos han perdido su “derecho” a “no ser atacados militarmente”, es decir, que son “moralmente susceptibles” de un ataque letal. Por el contrario, el simple hecho de que una persona sea un no-combatiente es suficiente para que no pueda ser moralmente atacada. Pues bien, los periodistas, en su calidad de civiles, están explícitamente protegidos bajo este marco, siempre que no participen en las hostilidades. El ataque que mató a seis periodistas de Al Jazeera en una carpa de guerra, un objetivo no militar, ilustra la aplicación directa de este principio.

Como dijimos recientemente, la justificación israelí de que Anas al-Sharif era un “terrorista”, es un intento de anular su estatus de no combatiente y, por lo tanto, fundamentar su “susceptibilidad moral” a ser atacado. Al re-etiquetar a un civil como combatiente, una de las partes beligerantes intenta legitimar su acto de violencia a posteriori. Esta acción revela una profunda vulnerabilidad del derecho internacional humanitario: su dependencia de una interpretación compartida de la realidad y del estatus de las víctimas. Si la definición de “no combatiente” puede ser anulada por una declaración unilateral de un bando, el principio de discriminación deja de ser un derecho universal para convertirse en un privilegio discrecional, vaciando de su significado a toda la estructura del derecho humanitario.

Este perverso proceso de re-etiquetación expone la fricción inherente entre la teoría de la guerra justa y su aplicación práctica. La vida en el campo de batalla, dominada por el caos y el instinto de supervivencia, a menudo empuja a los soldados a desconectar su sistema de creencia moral en favor de la victoria. El ejército confía en el juicio moral de sus líderes en el campo de batalla, un juicio que puede llevar a dejar de lado bastantes asuntos morales fundamentales.

Además del principio de discriminación, el ius in bello también se rige por el “principio de proporcionalidad”, que prohíbe los ataques cuyos daños colaterales a civiles sean excesivos en relación con la ventaja militar directa y concreta esperada. En este caso, la justificación militar del ataque a una carpa de prensa, que resultó en la muerte de múltiples civiles protegidos, es cuestionable. El acto no sólo parece gallar en la discriminación, sino que también parece inherentemente desproporcionado. Surge, entonces, la pregunta filosófica: ¿qué valor tiene un objetivo militar (si es que existía alguno) frente a la aniquilación de la verdad en el campo de batalla?

Al respecto, es interesante acudir a la opinión del escritor y ex corresponsal de guerra Arturo Pérez-Reverte, quien expresó su postura sobre el conflicto en Gaza, añadiendo asimismo una capa de complejidad a esta delicada discusión. Pérez-Reverte, que anteriormente se consideraba “proisraelí”, afirmó que la respuesta de Israel al ataque de Hamás había llegado a “extremos tan bárbaros” que ya no podría considerarse un simple “daño colateral”. En su opinión, lo que está sucediendo es un “asesinato” y, por lo tanto, Israel es un “Estado que está asesinando a una población”. Esta fuerte condena moral, proveniente de alguien con experiencia en conflictos y una postura previa de apoyo a la aspiración democrática de Israel, nos muestra cómo el concepto de lo que es un ataque “justificable” en la guerra puede mutar a los ojos de los observadores a medida que la brutalidad del conflicto alcanza nuevos niveles.

Es momento, entonces, de hablar de la ética de la información en el campo de batalla. El periodismo en zonas de guerra, lejos de ser un mero oficio, es una vocación que se adhiere a un conjunto de principios éticos rigurosos. La ética periodística en la guerra exige que los reporteros busquen la verdad, mantengan la neutralidad y la objetividad, y eviten causar daño alguno. El derecho internacional reconoce esta labor y otorga a los reporteros el estatus de civiles protegidos, siempre que no tomen parte activa en las hostilidades. Los Estados tienen la obligación explícita de garantizar la seguridad de estos profesionales, ya que su asesinato no sólo vulnera su derecho a la vida, sino que constituye una gravísima violación del derecho a la libertad de expresión internacional. Esta violación afecta tanto al derecho individual del periodista como al derecho colectivo de la sociedad a recibir información veraz en tiempos de guerra.

A pesar de esta protección legal, los periodistas se ven obligados a operar en un ambiente de riesgo extremo. Los protocolos de seguridad para corresponsales de guerra son extensos y detallados, abarcando desde el uso de chalecos antibalas y cascos hasta la encriptación de las comunicaciones y la correspondiente preparación física y psicológica. Esta paradoja entre la protección nominal y el riesgo palpable crea una tensión constante. La existencia de estos protocolos demuestra que, en la práctica, los periodistas no confían plenamente en la protección legal que el derecho internacional les promete, justamente porque deben cuidar de sí mismos y de sus colegas, ya que su oficio los expone a incidentes inherentes a la cobertura de las noticias y amenazas de personas o facciones concretas.

Más allá de la vulnerabilidad física, el periodista de guerra sufre un daño psicológico y moral profundo, una “lesión moral” que lo convierte en una “víctima de la conciencia”. Este concepto, originalmente aplicado a los soldados, es perfectamente extensible a los reporteros. La “lesión moral” se define como el “desgaste del carácter moral” que ocurre al presenciar o ser cómplice de un asesinato injusto. El caso puntual del fotógrafo Kevin Carter, quien se suicidó tras ganar el Pulitzer por una foto que ilustraba la hambruna de Sudán, es un claro ejemplo histórico de este trauma, provocado por la inmensa angustia de su trabajo. El asesinato de un colega no es sólo una amenaza profesional, sino que representa una experiencia moralmente devastadora: el periodista que sobrevive no sólo es testigo de la noticia, sino que carga con una “baja de la conciencia” que regresa como una sombra de lo que antes solía ser. Este sufrimiento eleva la discusión de lo legal a lo estrictamente existencial, porque la guerra no sólo destruye cuerpos, sino que también corrompe el alma de aquellos cuya misión es reportar sus horrores, demostrando la fragilidad de la ética y la moral frente a la barbarie de la que es capaz el ser humano.

El análisis de la muerte de Anas al-Sharif y sus colegas de Al Jazeera nos revela que este trágico evento no es un incidente aislado, sino una manifestación de varias problemáticas filosóficas interconectadas. En primer lugar, la guerra moderna demuestra una tendencia peligrosa a no respetar los principios del ius in bello, especialmente el de discriminación, cuando puede redefinir la realidad a su conveniencia. La justificación de un ataque a un civil, simplemente re-categorizándolo como un combatiente, vacía de su significado a toda la estructura del derecho internacional humanitario.

En segundo lugar, la figura del periodista de guerra encarna una paradoja trágica: está protegido por la ley, pero opera en un entorno donde esa ley es regularmente violada. Al presenciar la violencia y la injusticia, el reportero sufre esa “lesión moral”, un daño profundo al alma que demuestra que la guerra mutila por igual los cuerpos como las mentes de quienes se atrevan a enfrentarla para contar su historia.

Finalmente, la “guerra de narrativas”, algo tan posmo progre y tan perverso, que busca activamente fabricar la indiferencia, un mal moral que socava a toda acción colectiva. La proliferación de relatos contradictorios tiene como objetivo confundir a la audiencia global, generando escepticismo y apatía, lo que permite que la violencia continúe sin ser castigada.

En última instancia, queridos lectores, el ataque asesino sobre los periodistas en Gaza no fue sólo un crimen de guerra, sino un ataque epistémico y moral. Fue un asalto a la posibilidad misma de una verdad objetiva y compartida en tiempos de conflicto. La muerte de la verdad precede a la muerte de los inocentes. Y la filosofía, en este contexto, no puede permanecer neutral. Su tarea es desmantelar las justificaciones simplistas, exponer las contradicciones morales y recordarle a la humanidad que la verdad, y quienes la buscan, son el primer y último baluarte contra la barbarie. La labor de los reporteros de guerra, al exponer los horrores del conflicto, es el antídoto más poderoso contra la indiferencia, que es tan asesina como cualquier arma del arsenal disponible de cualquier ejército. Su trabajo, y el sacrificio que a menudo conlleva, nos obliga a plantear una ética de la no-indiferencia, donde el conocimiento se convierte en la base para la acción moral.

Lisandro Prieto Femenía
Docente. Escritor. Filósofo
San Juan – Argentina

DATOS DE CONTACTO
-Correos electrónicos de contacto:
lisiprieto@hotmail.com
lisiprieto87@gmail.com
-Instagram: https://www.instagram.com/lisandroprietofem?igsh=aDVrcXo1NDBlZWl0
-What’sApp: +54 9 2645316668
-Blog personal: www.lisandroprieto.blogspot.com
-Facebook: https://www.facebook.com/lisandro.prieto
-Twitter: @LichoPrieto
-Threads: https://www.threads.net/@lisandroprietofem
-LinkedIn:https://www.linkedin.com/in/lisandro-prieto-femen%C3%ADa-647109214
-Donaciones (opcionales) vía PayPal: https://www.paypal.me/lisandroprieto
-Donaciones (opcionales) vía Mercado Pago: +5492645316668

Continuar Leyendo
PUBLICIDAD
Publicidad

Opinet

Costa Rica: A menos de 7 días de sus elecciones generales Por Dionisio De Jesús

Publicado

el

“La Suiza de América” no está en su mejor momento, institucionalmente hablando, su economía y también con un creciente nivel de inseguridad, el más alto que se recuerde en su vida institucional. En estas elecciones se ventila todo eso y mucho más.

A menos de 7 días para la celebración de las elecciones generales del 1 de febrero 2026, Costa Rica y su clase política está en medio de la turbulencia producto de estos certámenes cargados de mucha adrenalina y demasiados intereses, como es en toda campaña política en donde están en juego demasiados intereses internos y foráneos.

Y no es para menos. “La Suiza de América” no está en su mejor momento, institucionalmente hablando, su economía y también con un creciente nivel de inseguridad, el más alto que se recuerde en su vida institucional. En estas elecciones se ventila todo eso y mucho más: está en veremos la continuidad de un modelo de Estado de Bienestar del que habían disfrutado “los ticos” por décadas y que podría empezar a derrumbarse estrepitosamente.

Como siempre, en cada certamen electoral, hasta el gato aspira a ser presidente; en el organismo electoral hay 20 candidatos inscritos, de estos, cinco son mujeres y tres ya aspiraron con anterioridad a la primera magistratura de la nación. También hay que decir, como dato curioso que otra vez, hay más de cinco aspirantes que pertenecen a sectas evangélicas, iglesias que tienen mucho poder de persuasión en la población costarricense, ya en las últimas elecciones, los evangélicos inclinaron la balanza a la hora de ejercer el sufragio y contar los votos.

Otra vez compite, el líder religioso Fabricio Alvarado, aparece en segundo lugar con un 15 % de intención de voto, según la encuesta última de la firma Cid Gallup. Pero hay más, mucho más de esta claque religiosa que se ha enquistado en la política del país centroamericano: por ejemplo, este mismo precandidato fue denunciado en octubre pasado por Alicia Castillo, una mujer que ahora tiene 32 años, aduciendo que el diputado y candidato presidencial del partido Nueva República, cometió un abuso sexual en su contra cuando tenía 13 años. Por supuesto este dijo que se debe a una campaña sucia y un montaje.

¡No te pierdas las noticias destacadas de Acento!
Suscríbite a nuestro newsletter y recibe las historias más importantes del día.
Ingresa tu e-mail
Suscríbete
Al suscribirse al newsletter acepta nuestros términos y condiciones y política de privacidad.

Así las cosas, Laura Fernández, candidata seguidora del mandatario Rodrigo Chaves, encabeza una reciente encuesta con una intención de voto del 40%, lo que para muchos analistas es demasiado, teniendo en cuanta que las elecciones de ese país, por tener tantos aspirantes, se fragmenta mucho el voto y nunca se define en la primera vuelta pues se necesita alrededor del 40% de los votos válidos, según la Constitución de país; y si no se logra el porcentaje, entonces hay que ir al bailoteo de una segunda vuelta con los amarres y acuerdos para poder llegar a la cantidad de votos requeridos por el Consejo Electoral, y gana el candidato que saque un voto más arriba de su contrincante, ya que siempre es entre dos aspirantes, pues los acuerdos políticos casi siempre terminan en estos amarres.

Aproximadamente el 73% de los cinco millones de costarricenses tienen derecho a voto. Pero veamos quienes están en la primera línea para poder alzarse con el poder en el país que es “pura vida”. Como dijimos, la candidata del oficialismo Laura Fernández está liderando las intenciones del voto, con alrededor de un 40%, muy alto el porcentaje, según algunos análisis del mapa electoral. Le sigue el cuestionado pastor y líder religioso, Fabricio Alvarado con un 15%, seguido por el exministro de Salud Álvaro Ramos, con 8 %.

Otros nombres que figuran en la encuesta son Natalia Díaz (5 %), Claudia Dobles (5 %), Ariel Robles (4 %), Luis Amador (2 %), Eliécer Feinzaig (2 %), Fernando Zamora (1 %), Juan Carlos Hidalgo (1 %) y José Aguilar (1 %).

Todos estos están en contienda, y como entenderán, un pedacito del pastel electoral tendrá y con ellos tendrá que sentarse a negociar el que quede mejor parado en la primera vuelta electoral, que, de validarse las encuestas, será la exministra Laura Fernández, quien es la ungida por el presidente Rodrigo Chaves.

Según el referente de la misma encuesta, un 57 % de los costarricenses considera que es “muy probable” que participe en los comicios de febrero de 2026, lo que sugiere un nivel de motivación electoral comparable con la primera vuelta de 2022, cuando votó el 59,97 % del padrón.

Hoy a cinco días, cuando estoy escribiendo estas notas, otra encuesta, la del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR) sitúa a la candidata oficialista Laura Fernández, del Partido Pueblo Soberano (PPSO), en el primer lugar de la carrera electoral, con el mismo 40%. El estudio confirma, además, que un 32 % del electorado permanece indeciso. “El caudal oficialista no se ha estancado pese a las críticas al Gobierno, sino que ha logrado atraer a sectores que hasta hace pocas semanas no tenían una decisión tomada”, señala el análisis del CIEP.

¿Cuáles son los temas que más han sido tocado en esta campaña electoral que llega a su término? El tema migratorio oscila entre mano dura y enfoque humanitario en campaña electoral de Costa Rica

MIRA TAMBIÉN

El peor de todos los gastos
Singapur: La ciudad-estado por excelencia
“Seguridad, regularización o derechos humanos dividen a los candidatos que lideran la intención de voto, con la propuesta oficialista apostando por endurecer el control migratorio”, ha identificado la encuesta de la Universidad de Costa Rica.

“La migración se ha instalado como uno de los temas más sensibles y menos divulgado de la campaña presidencial costarricense, con propuestas que van desde el endurecimiento de los controles y la criminalización del ingreso irregular hasta la regularización administrativa y un enfoque centrado en los derechos humanos”, son parte de las conclusiones del referido estudio.

Con voto en firme, no intención de voto, esta Laura Fernández con alrededor de un 30%, le siguen Álvaro Ramos, del Partido Liberación Nacional (PLN), con un 8 %, y Ariel Robles, del Frente Amplio, con un 5 %. Con estos habrá que sentarse a negociar parte de la poesía del poder.

La candidata del gobierno en su plan aboga por el giro más duro en materia migratoria, siguiendo la política inicial de la administración Chaves, a tal punto que estuvo a punto de suceder una controversia con El Salvador, pues sin proponérselo en presidente Nayib Bukele se vio envuelto en los chismes de la campaña interna costarricense al ser cuestionada su visita a ese país en días pasados, donde fue invitado por su homólogo Rodrigo Chaves a dar el primer picazo para la construcción de la cárcel de máxima seguridad en aquel país, la oposición puso una moción de censura en la Asamblea nacional y pedían muchos que no se le dejara entrar porque podría ser intromisión en los asuntos de país, a pocos días de la votación, ya que también se dijo que El Salvador, podría estar financiando la candidata oficial, finalmente fue subsanado el impasse y Bukele llegó en visita oficial a Costa Rica.

El plan de la candidata Fernández, concibe la migración como un asunto de seguridad nacional y control fronterizo, con un fuerte énfasis en el uso de tecnología, el aumento de la vigilancia y el fortalecimiento de la Policía Profesional de Migración para el control de esta.

El enfoque oficialista apuesta por la disuasión y la “cero tolerancia”, una narrativa que organizaciones sociales y sectores académicos califican como “criminalización de la migración” La mayoría de los candidatos presidenciales de Costa Rica ha evadido el tema de la migración, pero algunos mensajes oscilan entre un control más estricto y una regularización más humanitaria.

El candidato del PLN, Alvaro Ramos, plantea que el principal problema es un sistema migratorio colapsado por la burocracia y los atrasos administrativos, más que la migración en sí misma.

Su plan incluye una amnistía migratoria para regularizar a miles de personas extranjeras que ya viven y trabajan en el país, así como la resolución de más de 15.000 expedientes pendientes.

Un viejo mal

Según este estudio, la xenofobia se manifiesta en chistes, lenguaje despectivo y estigmatización, y la ONU urge a crear estrategias nacionales y judiciales para combatirla, destacando el papel de las redes sociales y el fútbol en su propagación

MIRA TAMBIÉN

¿Para qué sirve la religión?
Los políticos entre las cuerdas. (El posible surgimiento de un outsider)
Mientras el oficialismo apuesta por el control y la vigilancia, el PLN propone regularizar y ordenar, y el Frente Amplio plantea integrar y humanizar.

Con casi la mitad del electorado aún indeciso, la migración emerge como uno de los temas que podría inclinar la balanza electoral y definir el rumbo político de Costa Rica en los próximos años.

Ahora, “al echarse las palomas”, se ha creado un frente de rechazo a la candidata del gobierno. La recta final de la campaña presidencial en Costa Rica ha activado un inusual alineamiento de figuras políticas de peso, luego de que el expresidente José María Figueres rompiera su silencio para convocar a la militancia del Partido Liberación Nacional (PLN) a cerrar filas en torno a la candidatura de Álvaro Ramos. El candidato liberacionista actualmente es el segundo en intención de voto, aunque muy por detrás de la oficialista Laura Fernández. El llamado de Figueres fue interpretado por analistas como un respaldo implícito a Ramos, quien registra un 8 % de apoyo

A esta dinámica se han sumado otros expresidentes como Laura Chinchilla, Carlos Alvarado y Luis Guillermo Solís. Ellos, desde distintos espacios, han instado a la ciudadanía a participar activamente en las elecciones y a votar en contra del oficialismo, representado por Fernández, candidata del Partido Pueblo Soberano (PPSO) y cercana al presidente Rodrigo Chaves.

Pero, y qué piensan los candidatos de seguir en el PARLACEN, de darle más institucionalidad al SICA, pues en esto momentos el Sistema de la Integración Centroamericana, apenas si funciona, ya que pasa por sus momentos de menos relevancia como alianza común con los países del Istmo y la República Dominicana, sin un Secretario General desde el 2023; no hay forma de ponerse de acuerdo por la tozudez de un Daniel Ortega que hace que cese su Secretario General y quiere que por capricho se elija otro u otra de su mismo país y gobierno. Y el PARLACEN, si Costa Rica ha amenazado de salirse de un organismo que dicen es inoperante y que solo es para mantener una burocracia de políticos sin ningún sentido, ya que este organismo no es vinculante en sus deliberaciones.

Estas elecciones costarricenses tendrán que definir mucho en torno al declive de su educación, del por qué las grandes empresas otrora veían ese país como el espacio único de las Américas para crear cadenas de valor y expandirse, hoy están saliendo e instalándose en otros lugares, por ejemplo, República Dominicana, también los candidatos no han abordado el problema de que ya ese país no es el Hub logístico que fue años recientes y El Salvador, “le está comiendo los caramelos”. El turismo, aunque sigue siendo su “gallina de los huevos de oro”, por sus playas y su gente, pero está en un reflujo producto de lo que se le está viniendo encima: la violencia y la inseguridad galopante de un país que otrora era el más seguro de todo el Istmo.

Esos temas no se han tocado en esta campaña electoral que el 1 de febrero, de seguir las tendencias y cumplirse todos los pronósticos, una mujer otra vez, llamada Laura, llegará a ocupar la presidencia de ese hermoso país. Porque ya otra Laura ocupó ese mismo lugar: Laura Chinchilla. Y como dato para cerrar estas notas, mientras una nueva mujer llegar al poder en estas tierras infestadas de machismo y negación del poder de la mujer y su gran desempeño en la vida cotidiana y en todos los estamentos de la vida, por un partido de derecha moderada; la otra desciende del mismo, pero salida de Casa Presidencial de lo que fue en Honduras el partido más votado en toda su historia: el partido Libre y Xiomara Castro salen sin retorno a la vista y con la más baja cantidad de votos y popularidad que partido de izquierda alguno haya salido de la primera magistratura. Algo malo habrán hecho para recibir tan terrible castigo.

 

 

 

 

.

Dionisio De Jesús
Diplomático, poeta
dionisiodejesus@gmail.com
Dionisio de Jesús. Poeta, diplomático, mercadólogo y especialista en comunicación política. Estudió educación, mención filosofía y letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Realizó estudios de Postgrado en Mercadeo en la Universidad Católica Santo Domingo (UCSD), donde impartió docencia; obtuvo Maestría en Mercadeo, Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, (PUCMM), donde también fue docente y terminó una especialización en Comunicación Corporativa (publicidad de imagen y relaciones públicas) en España, Young & Rubicam, Madrid, España, homologada por la Universidad Complutense. Diplomado en Diplomacia Cultural, auspiciado por la Cancillería de Costa Rica, la Cancillería de El Salvador y la Embajada de la República Dominicana en Costa Rica. Cursó una Especialización en Negociación y Diplomacia Climática, Instituto de Educación Superior en Formación Diplomática y Consular, INESDYC, Cancillería de la República Dominicana. Taller-Diplomado: “Conociendo la Institucionalidad del SICA”, impartido por el Instituto Centroamericano de Administración Pública-ICAP, la Embajada Dominicana en Costa Rica. Diplomado y Especialización sobre el Sistema de la Integración Centroamericana, Niveles I y II, auspiciado por la Cancillería de El Salvador, Sistema de la Integración Centroamericana, SICA, Vicepresidencia de El Salvador y la Fundación Alemana, Hanns Seidel Stiftung., pendiente presentación trabajo final para optar por el grado de Maestría. Ha publicado 12 libros de poemas; sus textos han sido antologados en más de 15 antologías en República Dominicana y el extranjero. Laboró como Director Creativo en las más grandes y prestigiosas agencias de publicidad de su país, entre los años de 1987-2004. Ha sido profesor de marketing, publicidad y comunicación en universidades de República Dominicana y El Salvador. Ha sido consultor de campañas políticas en su país, El Salvador, Nicaragua, Guatemala y Honduras, entre los años 2000-2025. Produce desde El Salvador, el Podcast:” Bitácora Centroamericana y Caribeña”, cada lunes a las 7:00 PM, hora de El Salvador, trasmitido por YouTube y Facebook a través de la plataforma Cronio TV.

Continuar Leyendo

Opinet

¿Cómo se perdió el eco eterno de la belleza?- Lisandro Prieto Femenía

Publicado

el

“La belleza es el esplendor de la verdad”

Platón, Fedro, 250d.

Hoy quiero invitarlos a reflexionar en torno a un asunto estético fundamental. Desde los albores del pensamiento occidental, la belleza ha sido un tema central de la especulación filosófica. No se ha abordado como una simple cualidad superficial o un capricho sensorial, sino como un concepto fundamental vinculado a la verdad, la moralidad y la estructura misma de la realidad. El camino de la estética, disciplina que estudia la esencia y la percepción de la belleza y el arte, es un viaje a través de la historia del pensamiento humano, revelando cómo cada época ha buscado comprender lo que nos conmueve y eleva.

Bien sabemos que desde la antigua Grecia, la belleza (kalós) no era un mero atributo, sino un ideal. Para Platón, la belleza sensible era un reflejo pálido de la Belleza en sí, una Idea eterna e inmutable que existía en un mundo suprasensible. En el “Banquete”, Platón describe un ascenso gradual, un viaje del alma desde la belleza de un cuerpo individual hasta la belleza de las almas, las leyes y las ciencias, culminando en la visión de la Belleza en sí, que “es siempre y no deviene, ni perece, ni aumenta, ni disminuye” (211a). Este concepto vinculaba la belleza a la perfección, la simetría y la armonía, un eco de un orden cósmico superior.

Por su parte, Aristóteles, aunque más terrenal, no abandonó esta noción de orden. Para él, la belleza residía en la proporción, el orden y la magnitud de los objetos. En la “Poética”, argumentó que “para ser bello, un ser vivo, o cualquier cosa compuesta de partes, debe tener no sólo esas partes en un orden particular, sino también una magnitud particular” (1450b). Esta perspectiva se manifestará en la escultura clásica, donde la perfección de la figura humana, como el Doríforo de Policleto, superaba la noción de realismo en tanto que pretendía encarnar un ideal matemático y armónico supremo.

También, el pensamiento medieval reinterpretó la estética clásica a través del prisma de la teología. La belleza terrenal era considerada una manifestación de la perfección divina. Al respecto, Tomás de Aquino definió la belleza en el contexto de lo trascendental, en tanto que un objeto es bello si cumple tres condiciones: integridad o perfección (integritas), proporción o consonancia (consonantia) y claridad o resplandor (claritas). Este último término, el “esplendor de la forma sobre las partes proporcionales de la materia”, conectaba la belleza a la luz de la revelación de la verdad divina. El arte gótico, por ejemplo, con sus catedrales que se elevaban hacia el cielo y sus vidrieras que filtraban la luz, es la materialización de este ideal.

Posteriormente, el Renacimiento no rompió con este legado, sino que más bien lo humanizó. La belleza seguía siendo un reflejo de un orden superior, pero ahora el ser humano, como medida de todas las cosas, era el protagonista. El arte se convirtió en la búsqueda de la perfección formal y la expresión de la armonía. Puntualmente, en su tratado titulado “De Pictura”, Alberti definía la belleza como “la armonía y la concordia de todas las partes unidas de tal manera que nada puede ser añadido, quitado o cambiado sin empeorar el conjunto”. El “David” de Miguel Ángel, o la “Última Cena” de Leonardo, son ejemplos de esta búsqueda de la perfección ideal, donde la figura humana es el vehículo para expresar la gracia, la fuerza y la belleza del alma.

Consecuentemente, el Iluminismo llevó esta veneración por la forma y el orden al plano de la razón. Autores como Immanuel Kant, en su “Crítica del Juicio”, buscaron una fundamentación racional para el juicio estético. Para él, la belleza no es una cualidad inherente al objeto, sino una experiencia subjetiva. El juicio de lo bello es un “placer desinteresado”, una sensación que produce un libre juego entre nuestra imaginación y nuestro entendimiento. A diferencia de las épocas precitadas, Kant separaba la belleza de lo útil, lo bueno y lo verdadero, defendiendo su autonomía y universalidad, aludiendo a un “sentido común estético”.

Pues bien, queridos lectores, habiendo realizado este pequeñísimo recorrido histórico, tenemos que enfrentarnos a la contraposición entre la grandeza estética de ese pasado glorioso y la vacuidad de ciertas expresiones posmodernas, que se hace palpable al comparar obras maestras de la escultura con las propuestas supuestamente disruptivas de la contemporaneidad. El “David” de Miguel Ángel, una colosal talla en mármol que irradia fuerza, proporción y una idealizada belleza masculina, encarna la aspiración renacentista a la perfección formal y a la representación del espíritu humano en su máxima expresión. Cada músculo tensado, cada curva delicada, contribuye a una armonía visual que trasciende la simple anatomía para alcanzar una cualidad casi divina. Al respecto, Ernst Gombrich explicitó, en su obra “La historia del arte”, que “Miguel Ángel había concebido su David como un gigante, cuyo vigoroso cuerpo albergaba un alma no menos vigorosa” (p. 204).

De manera similar, la gracia melancólica y la complejidad psicológica que Leonardo Da Vinci imbuyó a sus esculturas, aunque menos numerosas que las de Miguel Ángel, reflejan una profunda comprensión de la anatomía y de la emoción humana. Sus estudios preparatorios y los bocetos revelan una búsqueda constante de la belleza ideal a través de la observación meticulosa y la exploración científica del cuerpo. En sus propios cuadernos, Leonardo afirmaba que “la belleza perece en la vida, pero es inmoral en el arte”.

Ante esto, queda preguntarse: ¿Cómo contrastan estas obras, que requirieron años de dedicación, maestría técnica y una profunda inmersión en la tradición artística y filosófica, con una banana pegada a una pared con cinta de construcción? La obra de Cattelan no demanda ninguna habilidad artesanal, ni se inspira en ideales de belleza y proporción. Su valor reside únicamente en la provocación, en la burla hacia el sistema del arte y en la capacidad del artista para generar atención mediática. Esta disparidad no es simplemente una cuestión de gustos subjetivos, sino que señala una fractura en la propia concepción de lo que el arte decidió dejar de ser.

La misma dicotomía se manifiesta en el ámbito de la arquitectura. Las catedrales góticas, con sus elevadas bóvedas, sus intrincados vitrales y la sensación de trascendencia que evocan, son testimonios de una estética que busca la belleza en la proporción divina y la elevación del espíritu. La Catedral de Chartres, por ejemplo, con su perfecta armonía entre estructura y decoración, es un ejemplo paradigmático de cómo la arquitectura medieval aspiraba a ser una representación terrenal del orden terrenal. Como describe Henri Focillon en “La vida de las formas”, “la arquitectura gótica es un organismo de luz y piedra, donde cada elemento, por humilde que sea, concurre a la expresión de una idea dominante” (p. 97).

El Renacimiento y el Iluminismo continuaron esta búsqueda de la belleza, a través de la proporción y la armonía, aunque con una renovada atención a los cánones clásicos y a la racionalidad. Los palacios renacentistas, con sus fachadas equilibradas y sus patios interiores ordenados, o los edificios neoclásicos, con su rigor geométrico y su referencia a los modelos de la antigüedad, buscaban encarnar los ideales de orden, claridad y belleza perdurable. Pensemos simplemente en la Villa Rotonda de Palladio o en el Panteón de París para darnos una idea cabal de lo que estamos enunciando.

En contraste, gran parte de la arquitectura posmoderna parece celebrar la fragmentación, la deconstrucción y la negación de cualquier principio estético trascendente y unificador. Edificios que parecen ensamblajes aleatorios de formas y materiales, que desafían la funcionalidad y la coherencia visual, se erigen como manifestaciones de una estética de la discontinuidad. Si bien la experimentación y la innovación son importantes, la ausencia de una búsqueda de la armonía y la belleza puede conducir a un caos visual que resulta alienante y desprovisto de significado aparente y trascendente. La carencia de una narrativa estética clara en muchos edificios contemporáneos, contrasta fuertemente con la elocuencia pétrea en las construcciones del pasado, que hablaban de la cosmovisión y los valores de su tiempo.

Como habrán podido apreciar, caros lectores, lo que estamos realizando aquí es una crítica a la estética de la desolación y el sinsentido. El declive de la belleza como fin último en el arte posmoderno no es un fenómeno aislado, sino el reflejo de un profundo cambio en la cosmovisión occidental. El individualismo extremo ha reemplazado el sentido de lo colectivo, y con él, el arte ha dejado de ser un espejo de valores compartidos para convertirse en la expresión de la subjetividad atomizada del artista. Lo que antes buscaba un ideal universal, ahora se limita a la autorreferencia. La distancia con lo divino o lo trascendente es total, significando esto que el arte ha perdido su papel como puente entre lo terrenal y lo espiritual, convirtiéndose en un objeto de consumo más, a menudo efímero y sin arraigo.

Esta estética del bodrio, es decir, del “todo vale”, también revela una profunda pereza en el oficio. La maestría técnica, la dedicación y el conocimiento de la tradición, pilares del arte en el Renacimiento o la Edad Media, han sido devaluados en favor del capricho individual que más que querer expresar algo sublime, sólo quiere llamar la atención. El “genio”, al que le dedicaremos una reflexión aparte en otra oportunidad, ya no se mide por la capacidad de dominar un material o una técnica, sino por la habilidad de generar un concepto que provoque, moleste y venda. Las horas invertidas en perfeccionar una talla, un fresco o una bóveda son sustituidas por la rapidez y el efectismo de una instalación de un mingitorio en una sala del museo.

Finalmente, la cultura se ha volcado de lleno en la obsesión por la novedad absurda como único motor de la creatividad. La originalidad se confunde con excentricidad, y el valor de una obra reside en su capacidad para sorprender, por trivial o burdo que sea el medio. Esta obsesión por “lo nuevo”, sin importar su calidad o significado, ha creado un ciclo de consumo estético que rápidamente desecha lo anterior en favor de lo siguiente, sin dejar tiempo para la reflexión o la apreciación duradera. La banana de Cattelan no es solo un objeto, es el síntoma de una sociedad que ha olvidado que la belleza no es un antojo de la moda, sino una aspiración profunda del espíritu humano.

Por último, amigos míos, los dejo con algunas preguntas para incentivar la reflexión. ¿Es el abandono de la belleza como ideal un síntoma del nihilismo cultural más profundo? ¿Qué significa para una sociedad valorar una banana pegada a una pared más que la proporción perfecta de una escultura renacentista? Si la belleza es un “placer desinteresado”, como propuso Kant, ¿cómo podemos hablar de placer en una obra que se fundamenta en el desprecio por la forma y en la provocación? ¿Es posible que la búsqueda de lo bello no sea un acto de elitismo, sino una necesidad humana fundamental, un anhelo de sentido, orden y buen gusto en un mundo caótico, pintado intencionalmente con fealdad por la moda perezosa y adolescente e inmadura como la postmodernidad?

Continuar Leyendo

Opinet

Con salida de Libre en Honduras terminan sueños de la izquierda centroamericana Por: Dionisio de Jesús

Publicado

el

Podría decirse que, por ahora, pero ese por ahora podría traducirse en quizás par de décadas, cuando no más; y no fue que lo hicieron tan mal, es que no lo supieron contar, cantar, porque “la gallina cacarea los huevos cuando los pone” y dejaron que los “otros” crearan la narrativa que ellos debieron de estructurar. Ese ha sido el problema capital de todos los gobiernos de izquierdas del mundo.

Así de simple. Tanta “riata” que se dieron en todos esos años de conflicto armado, y cuando llegó el momento de la batalla ideológica y estratégica del poder, “se aguebaron”. O mejor, trabajaron para ellos, en vez que, para el pueblo, emularon lo que por siempre combatieron, hasta llegar al poder.

Los teóricos hablan de “ciclos”, que ahora empieza el ciclo de una “derecha”, o una “ultraderecha” si se puede hablar en estos tiempos de derecha e izquierda; más bien, se debería estructurar un discurso de cambio de rumbo en la apuesta económica de los Estados y una visión diferente de ver el mundo, en estos tiempos de apertura tecnológica y mundialización. Un reciclaje de los mismos métodos, pero con otros actores en diferentes latitudes.

Pero sea lo que sea, se nos está llegando encima un cambio de paradigma ideológico más radical que todo lo que hemos conocido hasta entonces. Ahora para pesar de todos, está llegando una manera desconocida, si se quiere, de ver y hacer política, de gobernar, en fin, una nueva categoría de líderes advenedizo, producto del desencanto de unas naciones que no vieron ningún cambio de vida en sus dirigentes y partidos tradicionales.

¡No te pierdas las noticias destacadas de Acento!
Suscríbite a nuestro newsletter y recibe las historias más importantes del día.
Ingresa tu e-mail
Suscríbete
Al suscribirse al newsletter acepta nuestros términos y condiciones y política de privacidad.

Y esta ola está recorriendo el mundo desde Australia hasta la Patagonia, desde la Europa Nórdica hasta la Italia y Grecia de los mares mediterráneo y Jónico, arropando casi toda Europa Central y los Balcanes.

Y hace no mucho aterrizó en América,(luego de más de dos décadas de gobiernos con inclinación de izquierda) con los dos periodos de Trump, y viene irrumpiendo con fuerza al Sur del continente (la Argentina de Milei, el nuevo paradigma de Chile y su giro inesperado, la Bolivia del MAS, partido en más de una mitad; solo quedan los sueños brasileños y una izquierda en Colombia que no creo pase de este periodo electoral que ya les pisa los talones, (en este año) y que los micropoderes harán todo para que el proyecto Petro fracase y sea ese el epitafio de lo que pudo ser y no fue para barrer de cuajo, los sueños irredentos de una izquierda falta de propósitos como lo ha sido la de Centroamérica), la cual quiso tener uno, aparejada de los petrodólares del proyecto Alba de las Américas, pero que más temprano que tarde fue el despropósito de la historia política contemporánea de esta parte del mundo. Hoy ahí están los resultados. Porque hay que decirlo: sin la llegada de Chávez, la ola de las izquierdas pudo ser una quimera: el que pone los cuartos es a quién le tocan la pieza musical.

Este 27 de enero asume en Honduras un gobierno de una derecha que apenas, si duró 4 años fuera de “la poesía”, una derecha que nunca se acostumbró a estar lejos de los centros de poder, porque desde el nacimiento de la República dirigió la cosa pública. Y que el nuevo “orden trumpista” le dio la oportunidad de volver y reordenar el tablero geopolítico en Centroamérica, sacando de circulación el último vestigio de una izquierda que no supo lidiar con el poder que un día los ciudadanos cansados de “la mala política” le pusieron en sus manos.

Honduras fue porque todavía la influencia de Venezuela era una realidad en el Istmo, el Caribe y parte de Suramérica, Honduras llegó a concretizar el gobierno de Xiomara-Mel Zelaya, porque ese país tenía una deuda política con el proyecto tronchado de Mel y el consabido golpe de estado. Pero Honduras fue una realidad del último gobierno de la izquierda vía elección popular en el Istmo, porque abiertamente tuvo el apoyo de una Venezuela que todavía tenía el hegemon en la región y que no había cometido el pecado electoral de despojar de una elección a una franja de su población que quería un real cambio. Y hoy la historia se escribe de la peor forma para los de adentro y los de afuera que tenían en la cúpula chavista-madurista su asidero y su financiamiento.

La izquierda a futuro no tiene un líder en el Istmo. En El Salvador, Nayib Bukele, que nunca fue de izquierda sino un Outsider que jugó su rol y hoy se erige como el ejemplo perfecto de la transición de un modelo en extinción a un nuevo paradigma de manejo del poder. Nicaragua, es la negación de una regeneración, sino de un viejo régimen que cada día está más alejado de los nuevos signos de la historia y que su cercanía, ya sea con China o Moscú, no por lo ideológico, sino más bien por conveniencia económica, no le permiten dar notación de cambio, muy por el contrario. Es un modelo autocrático.

Otra vez, tenemos que decir que Honduras y su gobierno saliente no vieron las señales de la gente que quería un gobierno más incluyente, más participativo, en lo económico y menos clientelar como todos los de su modelo. Y en lo electoral, la acaban de “meter la pata hasta los cuatrocientos”: no pueden aludir fraude y mucho menos si no es a su partido que ocupó un lejano tercer lugar; más bien, es el castigo a un modelo que, aunque, y el llamado a votar por “Papi a la Orden” hecho por Trump, (que fue una clara intervención) no iba a impedir su descalabro. Y ahora sancionan un decreto, que a todas luces es una desproporción y un error. ¿A quien le van a contar los votos uno por uno?

Nasry” Tito” Asfura no ganó, los errores de esa izquierda lo facilitaron y revivieron un partido, el Nacional, que a todas luces parecía imposible de alzarse con el poder, aun y que cuenta con una envidiable estructura electoral, siempre aceitada para dar pelea. Podría decirse que los del partido Libre hicieron algunas obras en su periodo, pero no lo dijeron, si y no, lo que pasa, que fue muy poco, como para que se pudiera notar. Y resucitaron a un muerto, que pudo durar muchos años de entierro o de parranda, y que, al otro candidato del Partido Liberal, Salvador Nasrralla, falto de estrategia y visión de Estado, terminó por darse el mismo su tiro de gracia.

Sin una estructura electoral para defender el voto, no se gana, porque las elecciones se ganan en las mesas electorales, en el Dia D, y menos con un ejército de malos youtubers y espacio en Facebook sin ningún propósito, así no se gana. Y hablando lo que se le vinera en gana y peleándose con todo mundo. Lo que dejaba ver falta de tacto político y entereza.

¿Por qué salió la izquierda de Honduras como último reducto de una ilusión que jamás fue real? El gobierno de Xiomara Castro sale del poder, y con ello la izquierda, porque no tuvo identidad propia, sino que se convirtió en la vocería de un eje político que les hizo más mal que bien. “No me defienda compay.” Salió del poder porque nunca ilusionaron a la población, porque nunca dieron solución a los problemas de salud, seguridad, bienestar económico, en general, tal vez, su más acertado resultado fue en educación y el manejo certero a los problemas de la migración, pero en el cercano tiempo están por verse esos resultados. Destructuraron los sistemas estatales, por ejemplo, la empresa eléctrica, convirtiéndola en una vergüenza para un país rico en agua y otras fuentes para producir energía, debiendo de comprarla mas cara que los otros países del SICA en su mercado común energético.

Con la caída en un limbo político y social del régimen de Venezuela luego de la madrugada del 3 de enero, es muy poco lo que se puede esperar de la izquierda del Istmo, que se amamantaban de la teta petrolera de un país que enriqueció a un grupo de político de esa izquierda que vivía de su pasado y de las reuniones en la que se iban “a dar paja” en el Foro de Sao Paulo. Muchos de esos líderes, hoy ven desde la grada la frustración de sus conciudadanos que confiaron en que ellos los sacarían de la pobreza con las políticas públicas que prometieron, pero que solo se llenaron sus bolsillos por los siglos de los siglos. No son todos los que están, ni están todos los que son. Pero los hay y tienen nombres y apellidos. El problema es que ya no hay almas que salvar. Llegó el “chelito” Trump y lo mandó a parar.

 

 

 

 

 

 

 

Dionisio de Jesús

Poeta, diplomático, mercadólogo y especialista en comunicación política. Nacido en Cevicos, República Dominicana (1959), se formó en Educación con mención en Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Posteriormente profundizó en el mundo del mercadeo y la comunicación: realizó postgrado en Mercadeo en la UCSD (donde también fue docente), obtuvo Maestría en Mercadeo en la PUCMM (donde impartió clases), y completó una especialización en Comunicación Corporativa (publicidad de imagen y relaciones públicas) en Young & Rubicam, Madrid, homologada por la Universidad Complutense. Su vocación diplomática se ha fortalecido con múltiples formaciones especializadas: Diplomado en Diplomacia Cultural (auspiciado por las Cancillerías de Costa Rica y El Salvador junto a la Embajada Dominicana en Costa Rica), Especialización en Negociación y Diplomacia Climática (INESDYC, Cancillería dominicana), y varios diplomados sobre la institucionalidad y el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), incluyendo niveles I y II con la Fundación Hanns Seidel (pendiente la presentación del trabajo final para optar por la Maestría). Como poeta, ha publicado 12 libros de poesía y sus textos aparecen en más de 15 antologías nacionales e internacionales, consolidándolo como una voz reconocida en la lírica dominicana y centroamericana. En el ámbito profesional, fue Director Creativo en las agencias de publicidad más importantes de República Dominicana entre 1987 y 2004. Ha ejercido como profesor universitario de marketing, publicidad y comunicación en instituciones de República Dominicana y El Salvador. Desde el año 2000 hasta la fecha (2025), ha trabajado como consultor estratégico en campañas políticas en República Dominicana, El Salvador, Nicaragua, Guatemala y Honduras. Actualmente reside en El Salvador, desde donde produce y conduce cada lunes a las 7:00 p.m. (hora local) el Podcast “Bitácora Centroamericana y Caribeña”, transmitido en vivo por YouTube y Facebook a través de la plataforma Cronio TV, espacio desde el cual analiza con profundidad la realidad política, cultural y geopolítica de la región.Un creador incansable que transita con naturalidad entre el verso, la diplomacia, la estrategia política y la reflexión centroamericana.

 

Continuar Leyendo

Publicidad

Lo Más Leído