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El derbi de Madrid fue para los Blancos por 1-2 ante el equipo Colchonero
El Real Madrid tan solo necesitó 35 minutos y dos ocasiones para fulminar al Atlético de Madrid, cuyo vigoroso inicio fue sofocado con el valor más definitivo de cualquier oficio, la efectividad incontenible con la que el equipo blanco se deshizo de su adversario, al que relegó a ocho puntos de distancia en la clasificación con una exhibición de paredes, velocidad y pegada, combinadas de forma implacable por el actual campeón, con el susto final que provocó el inesperado 1-2 de Hermoso.
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La primera, a servicio de Tchouaméni, la remató Rodrygo en el minuto 18; la segunda, con el pase de Modric que batió la resistencia por la banda derecha del equipo rojiblanco, la culminó Fede Valverde, tras la galopada inalcanzable de Vinicius, el desvío al poste de Jan Oblak y el rebote afortunado que el descomunal futbolista uruguayo transformó en una victoria irrebatible desde entonces hasta el tramo final, cuando un error de Courtois le dio emoción y vida al Atlético, derrotado finalmente, con una sola victoria en sus últimos 13 derbis en el campeonato o nada más tres de los 18 más recientes entre todas las competiciones.
Aún sin Benzema, fuera del derbi, el Real Madrid es poderoso en su transición ofensiva, en su pegada, en los factores más fundamentales que determinan las victorias. Allá por el minuto 18, en una sola ocasión, después de soportar la tormenta que descargó de inicio el Atlético, golpeó con la fuerza que lo hizo campeón de casi todo el pasado curso y que lo propone como el líder consolidado hoy por hoy en la Liga. Es contundente como nadie.
La rotundidad procede de su talento. El manejo depurado de la técnica de sus jugadores, la visión de juego que realza sus desbordes, la convicción con la que ejecutan cada jugada en los últimos metros lo hacen, de repente, en un bloque incontestable, capaz de marcar la diferencia en un instante por mucho que todo el tramo anterior hubiera circulado por la vorágine que había impuesto el Atlético, por intensidad, por presión y por combinación, antes de desangrarse atrás por la velocidad de las ofensivas del conjunto blanco.
El líder no admite duda cuando golpea. No había aparecido en ningún momento por el área de Jan Oblak, reintegrado a la competición después de dos partidos de baja, pero no necesita nada del otro mundo, nada muy visible, para cambiar un duelo de repente, como hizo en el Metropolitano. La jugada surgió y terminó en Rodrygo, cuyo remate de primeras, tras el exacto pase de Tchouaméni por encima de Felipe, transformó el derbi sin remisión.
Un factor diferencial que hoy no tiene el Atlético para desafíos de esta envergadura, porque el derbi de alto voltaje, agitado en los días previos, en ebullición en las primeras faltas, en cada lance, en cada fricción, en cada declaración de fuerza en cualquier balón dividido, contempló una puesta en escena potente del equipo rojiblanco, que jugó, presionó, se vacío y falló cuando debió abordar los más complejo de todo: el gol. Sus cuatro opciones en el primer cuarto de hora quedaron en nada, fuera del marco que defendía Thibaut Courtois.
En el mismo debate se incluye cómo se mueve una y otra defensa, con más dudas que certezas en el conjunto rojiblanco desde que fue campeón en mayo de 2021. Porque el envío por alto de Tchouaméni a Rodrygo, con las indiscutibles dificultades colaterales, no alcanzó del todo Felipe, que eligió mal el paso adelante previo y que condicionó su repliegue para atrás, demasiado tarde. Son los milímetros que le faltaron para impedir un mazazo.
Porque, hasta entonces, el Atlético se sintió capaz de todo. El regreso de Griezmann a la titularidad hace mejor a su equipo. Hasta este domingo, las limitaciones económicas habían reducido a poco más de media hora cada compromiso precedente a una elección fundamental para Simeone, por lo que aporta por sí mismo y lo que supone cuando se suma a la ecuación a otros compañeros. Se vio al principio. Quedó desdibujado después. Con 0-1 en contra, su carrera, su conducción y su tiro apuraron de nuevo a Courtois.
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No fue suficiente para reabrir la discusión de los puntos, zanjada por el Real Madrid instantes después, a toda velocidad por Vinicius, en otra pared -esta vez de Modric- con la que dejó fuera del foco a Marcos Llorente y Felipe Monteiro de una sola vez y que lo propuso a la carrera para enfrentar a Oblak. Su tiro lo desvío el portero contra el poste, el rebote lo remachó Fede Valverde en el 0-2, sin que nadie pudiera oponerse a una realidad muy dura.
Tampoco Yannick Carrasco, cuando chocó con Courtois aún en el primer tiempo, con un mundo por jugar que este domingo en el Metropolitano del que no se presuponía nada bueno para el Atlético, ni sin cambios ni con ellos (con la entrada de Morata por De Paul y de Cunha por Joao Félix, primero, y de Hermoso y Correa, después).
Hasta que Mario Hermoso -expulsado de forma exagerada después con dos amarillas en tres minutos, la última no lo era- despertó la esperanza con el 1-2 de cabeza en el minuto 83 en un córner que señaló al portero del Real Madrid y transformó el último tramo en un suplicio imprevisto para soportar la diferencia que separa hoy a los dos equipos. La clasificación lo demuestra con una celeridad impropia de estas alturas: ocho puntos de distancia en tan solo seis jornadas.
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Luis Enrique, el instaurador de la dinastía del PSG
En París nadie había logrado lo que el DT español de 56 años, ni de lejos. Dos Orejonas y una semifinal en tres años lo situan en la senda marcada por el francés Zinedine Zidane cuando conquistó en tres ocasiones consecutivas el título supremo del fútbol europeo con el Real Madrid entre 2016 y 2018.
El entrenador asturiano ha logrado transmitir a sus jugadores su ambición, su fuerza mental y su resiliencia.
«Querer ganar más» –
«Estas ganas de querer ganar más, creo que Luis Enrique es el culpable de ello, y espero que siga impulsándonos a ganar aún más», declaró el centrocampista organizador Vitinha al término de la final ganada al Arsenal el sábado en los penales.
Con esa segunda Champions del PSG, y tercera en la carrera de «Lucho», que ya la había conquistado con el FC Barcelona en 2015, el técnico nacido en Gijón entra en una nueva dimensión.
«Para el PSG, este segundo título consecutivo de la Champions League cambia para siempre la forma en que el club será recordado. Para Luis Enrique, cambia la forma en que la historia del fútbol lo recordará a él», escribió el Marca este domingo.
Pero para llevar al PSG a las más altas cotas tuvo que acometer una revolución como no se había visto en el club de la capital francesa desde su adquisición por capital catarí. Ni siquiera entrenadores con el prestigio de Carlo Ancelotti o Thomas Tuchel habían gozado de tantos poderes para construir un plantel a su imagen y semejanza.
Libertad plena –
Luis Enrique ha tenido plena libertad para transformar un equipo basado en una conjunción no siempre complementaria de estrellas rutilantes (Messi, Neymar, Mbappé…) en un grupo homogéneo y compenetrado del que él es el líder indiscutible.
«Al diseñar el mejor equipo del mundo desde hace dos años con un material que al principio no parecía un tesoro, el entrenador español logra una hazaña considerable que lo sitúa en el panteón de la historia de los entrenadores», lo alabó este domingo el pertiódico francés Le Parisien.
Una frase de Luis Enrique en un documental de Movistar+, quedará para la historia como la clave de sus éxitos: «El hecho de tener a un jugador (Mbappé) que se movía por donde él quería implicar que hay situaciones de juego que yo no controlo. El año que viene las voy a controlar todas. Todas».
En efecto, en su caso nada es fruto del azar y sí de una profunda meditación de cada decisión, comenzando por sus ideas de juego basadas en la posesión y en una presión alta y colectiva tras la pérdida del balón. «Es sencillo: si no presionas, si no defiendes, Luis Enrique te va a mandar al banquillo», contaba hace unos días Ousmane Dembélé, que ganó el Balón de Oro en gran parte gracias al cambio de posición que impulsó su entrenador, colocándolo como falso nueve.
Luis Enrique ha logrado mantener una relación equilibrada con sus jugadores, a la vez cercana a ellos, pero «fuerte con los fuertes».
Ambición y competitividad –
El asturiano, aficionado al ciclismo, es un obseso de la nutrición y vigila meticulosamente la forma de sus jugadores.
«Es genético, si me ves por Gijón, en la playa, soy competitivo. Me levanto temprano», confesaba hace unos días el técnico cuyo contrato expira en 2027, aunque todo indica que su renovación está cercana.
Así pues, Luis Enrique seguirá siendo el mascarón de proa de un equipo que está ya por derecho propio entre los mejores de la historia, como el Real Madrid de las Champions sucesivas (2016, 2017, 2018) o el Ajax de Ámsterdam de los años 1970.
Sólo tres equipos en la historia de la competición han levantado al menos dos Orejonas, y sólo nueve lo han logrado de forma consecutiva.
Para un hombre de su ambición y competitividad en el horizonte sólo asoma una tercera Champions seguida con el PSG, aunque aún no lo reconozca abiertamente; «Los próximos objetivos estarán a la altura de nuestros aficionados, del club y de nuestra ciudad».
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Lamine Yamal tuvo «miedo» de perderse el Mundial
En declaraciones a los medios de la Federación Española, Lamine recordó como se lesionó en el partido de Liga contra el Celta el 22 de abril.
«Estaba rezando por dentro por que no fuera nada, por que fuera un calambre o cualquier cosa, porque veía muy cerca el Mundial y sabía que una lesión de ‘isquios’ de poco tiempo no era», comentó Lamine Yamal.
«Tenía miedo de que fuera grave y, sobre todo, aunque no fuera grave, pero poder recaer y que me pudiera perder el Mundial», añadió el delantero del Barcelona.
Lamine sufrió una lesión en el bíceps femoral de la pierna izquierda al chutar un penal contra el Celta.
El seleccionador español, Luis de la Fuente, confía en poder tenerlo disponible para el primer encuentro de la Roja en el Mundial contra Cabo Verde el próximo 15 de junio.
El jugador calentó este domingo con sus compañeros en el primer entrenamiento de la Roja antes de retirarse y continuar en el gimnasio.
«También es verdad que ayuda que vas a jugar un Mundial, entoces la mente está como si no hubieras jugado un partido en toda la temporada y estoy con muchas ganas de poder debutar», afirmó.
A punto de jugar su primer Mundial, Lamine está convencido de que «es lo más grande» que hay en el fútbol y admite haber «soñado mil veces» con ganarlo.
Lamine elogió al grupo de jugadores que le rodean en la selección.
«Al final jugamos contra selecciones muy buenas. Si jugamos contra Francia y yo soy muy importante, pero el equipo no está bien, no tenemos nada que hacer», afirmó.
«Por eso voy con esa ilusión, porque sé que tenemos una gran selección, de las mejores que hemos tenido, con jugadores importantes», dijo el delantero de la Roja.
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«El PSG es el mejor equipo del mundo», admite Arteta
El entrenador del Arsenal, Mikel Arteta, reconoció que el flamante vencedor de la Liga de Campeones, el Paris Saint-Germain, es «el mejor equipo del mundo», después de que su equipo cayera derrotado en la tanda de penales este sábado en Budapest.
Tras empatar 1-1 después de la prórroga, el PSG se proclamó campeón de la Liga de Campeones por segunda temporada consecutiva al mostrarse más efectivo en la tanda de penales (4-3).
Un serio Arteta confesó en conferencia de prensa en el estadio Puskas Arena que sentía «dolor», y admitió que su Arsenal, flamante campeón de la Premier League, estuvo a un nivel inferior al PSG, que dominó el balón de principio a fin.
«Quiero felicitar al PSG y, en particular, a Luis (Enrique, el entrenador), porque en mi opinión son los mejores del mundo», dijo Arteta ante los periodistas.
«Lo que son capaces de hacer con el balón, con acciones individuales, no lo había visto (antes)», declaró el DT vasco.
El Arsenal tuvo menos del 25 por ciento de posesión del balón en el partido, y sufrió para contener las acometidas del PSG.
Los campeones de la Ligue 1 igualaron el récord de 45 goles marcados en una campaña de la Liga de Campeones -que estaba en manos del Barcelona- gracias al penal de Ousmane Dembélé en la segunda parte, que sirvió para neutralizar el tempranero gol inicial de Kai Havertz para el Arsenal.
Arteta no se mostró conforme con la decisión de no conceder un penal al extremo del Arsenal Noni Madueke cuando el marcador señalaba un 1-1, pero aceptó que su equipo aún tiene que mejorar más si alguna vez quiere ganar la Liga de Campeones.
Esta fue su segunda aparición en la final de la competición, 20 años después de la primera, en la que perdió contra el Barcelona en París.
En casi siete años al mando, Arteta ha ayudado a devolver al Arsenal a la cima, conquistando el título de liga inglesa tras una espera de 22 años, pero insistió en que eran necesarios más cambios, para seguir progresando.
«El mismo progreso que hemos tenido en los últimos años vamos a tener que repetirlo, y el nivel aumenta cada temporada», explicó.
«Tienes que pasar por ese dolor (desde esta noche), digerirlo y convertirlo en combustible para mejorar y alcanzar un nivel diferente, porque la calidad que hay en Europa exige un nivel distinto».




