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El Barça Femenino se hace eterno en Bilbao

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Al Barcelona Femenino ya no hay Lyon que se le resista. El estadio de San Mamés, La Catedral, fue el escenario en el que este Barça redondeó la obra más perfecta de su historia. Ganó, por segunda temporada consecutiva, la Champions League femenina imponiéndose en una final soberbia al Olympique de Lyon, el equipo que le derrotó (y hasta apabulló) en 2019 y 2022. Y cerrará el curso con el póker de títulos, algo nunca visto.

Nunca se vio una final de Champions con 50.827 aficionados y aficionadas en un estadio. Un record de asistencia al que el Barça le dio colorido indiscutible con una marea que se desplazó a Bilbao como jamás había sucedido. Y ya suma tres trofeos continentales el Barça habiendo disputado cinco finales desde 2019.

Este Barça borró la depresión del club, aparcó el pesar por todo lo sucedido alrededor de Xavi Hernández en los últimos días y puso al fútbol femenino, quién lo iba a decir, en el primer plano, ganando todo el escenario.

Aitana Bonmatí y Alexia Putellas. La mejor futbolista del mundo y la que lo fue hasta su grave lesión en 2022. Las dos caras más brillantes de este Barça legendario, fueron quienes resolvieron la final. Aitana la abrió y Alexia la cerró. No podía existir un epílogo más excepcional a una temporada que pasará a la historia con letras mayúsculas.

Fue Aitana la que ya decidió la suerte. Superada la hora de partido, sospechándose que podía caer el triunfo de cualquier lado, la número 14 entró con determinación en el área por el costado y el balón que remató fue a chocar con la pierna de Vanessa Gilles, desviándose lo justo para despistar a Mutinelli, la desesperada portera del OL, impotente y sin tiempo para reaccionar.

De ahí al final se trataba de resistir, de mantener la sangre fría y demostrar la capacidad para conseguir derrumbar ese último muro. Y fue a ser Alexia Putellas, cuatro días después de cerrar su continuidad en el club hasta 2026 y entrando al final de la final, quien lo concluyó todo, recogiendo la asistencia de Claudia Pina para anotar, en tiempo añadido, el 2-0 final.

Así, el Barça femenino ya es eterno. Cuatro finales de Champions consecutivas y dos victoriosas. La de 2023 remontando un 0-2 al Wolfsburgo y esta de 2024 consiguiendo, por fin, aquello que tan imposible parecía no hace tantos años, como cuando en 2019 el OL le pasó por encima en su primera final o en 2022 le rompió sin oposición.

Y no fue, no podía serlo, una victoria cómoda, tranquila o indiscutible. Al cuarto de hora se llegó con un doble remate del Lyon que encontró el palo para evitar su gol, a la media hora Patri Guijarro rozó el 1-0 y al descanso se llegó sin goles porque Graham Hansen cruzó demasiado su remate.

A la intensidad física del Olympique respondió el Barça con fútbol. Y a la que Aitana dio el paso al frente definitivo, la final comenzó a pintarse, dibujarse, de azulgrana. Campeonas, póker de títulos. No se les podía pedir más.

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Real Madrid gana al Rayo 2-1 con gol de Mbappé de penal en el descuento

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Un tanto de penal de Mbappé en el tiempo de prolongación dio la victoria al Real Madrid que se impuso 2-1 al Rayo Vallecano este domingo en el Bernabéu, lo que permite al club blanco seguir el ritmo del líder FC Barcelona, que ganó el sábado al Elche (3-1).

Tras la derrota en Lisboa el pasado miércoles en Liga de Campeones, los hinchas madridistas recibieron a sus jugadores al salir a calentar y durante el anuncio de las alineaciones con una sonora pitada, con Vinícius y Jude Bellingham una vez más como protagonistas del descontento de la afición, como ya ocurrió en el duelo ante el Levante hace dos semanas, tras la derrota en la final de la Supercopa frente al Barça y el cese del entonces entrenador Xabi Alonso.

El brasileño Vinícius (15′) adelantó a los merengues, ventaja que contrarrestó Jorge Frutos (49′) y que Mbappé (90+10′) acabó por decantarlo a favor de los merengues en los últimos instantes.

El Real Madrid, que llegaba tras tras caer ante el Benfica (4-2) en la última fecha de Champions y quedarse fuera de los ocho primeros clasificados en la fase de liguilla, por lo que deberá jugar los playoffs de acceso a octavos, también ante el equipo de José Mourinho.

Con esta victoria, el club madrileño alcanza los 54 puntos en la clasificación de LaLiga, uno menos que el Barça.

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Trinidad y Tobago el muro que separa a la Azulita Sub-17 del Premundial

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Hoy más que nunca la Sub-17 femenina urge de mantener su portería en cero. Las pupilas de Debbie Gómez están a las puertas de la antesala del cielo y un resbalón resultaría carísimo para los sueños de las chicas de la Azulita.

El representativo cuscatleco camina con paso de modelo en la pasarela del Clasificatorio al Premundial de Concacaf en Curazao: ha firmado dos victorias en dos salidas a la cancha, ocho goles a favor y cero en contra.

En su partido de estreno le pegó 0-6 a Barbados y la noche del viernes sirvió un 0-2 a costa del anfitrión. El esfuerzo, sin embargo, podría valer únicamente para las estadísticas si no firman este domingo al menos el empate ante Trinidad y Tobago que saldrá en plan de amenaza.

Las triniteñas acumulan por ahora cuatro puntos y son el equipo más goleador de este grupo: 10 dianas a favor y dos en contra, lo que le vuelve un rival peligroso sobre todo en ataque.

De ahí que si El Salvador consigue mantener su portería en cero automáticamente estaría conquistando su boleto para asistir al Premundial de Concacaf donde se repartirán los boletos a la Copa del Mundo Sub-17 Marruecos 2026.

El crucial encuentro de la Azulita será es domingo cuando se mida a las triniteñas a la 1:00 de la tarde.

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Mourinho saca los colores al Madrid

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El Benfica de Mourinho colocó en cuarentena el efecto Arbeloa y frenó en seco el crecimiento del Madrid. Volvió la versión blanda y desconectada del equipo blanco, perdiendo todos los duelos, recordando los partidos del Metropolitano o Anfield. Fue de mal en peor en un partido que empezó ganando y que perdió con todo merecimiento, recibiendo incluso un gol del portero contrario, Trubin, en el 98′, cuando los madridistas ya estaban con nueve por expulsiones de Asencio y Rodrygo. En Da Luz, donde conquistó la gloria europea, y ante ‘O Glorioso’, el Madrid se despidió del top 8 mostrando todos sus defectos. Que no son pocos.

El Benfica fue fiel al estilo Mourinho. Un equipo serio, agresivo, dejándose el alma en cada duelo. El ardor encarnado y la tormenta empequeñeció a un Madrid que recordó partidos pasados. Frágil sin balón, impreciso con él. En media hora acumuló el Glorioso un puñado de ocasiones, desde un tirazo de Prestianni que exigió un paradón de Courtois sobre el larguero a un rechace de Araújo tras un córner que casi acaba en gol. No entra en la cuenta el penalti señalado por Massa al ver derribo de Bellingham en lo que fue despeje. Lo anuló, VAR mediante, y Mou entró en combustión. Le tuvieron que sujetar sus asistentes.

El caso es que el Madrid amagó con salir por izquierda, en una aparición de Bellingham, pero golpeó por la derecha. Después de una posesión larga, superada la media hora de naufragio, la jugada desembocó en Asencio en el interior derecho. El central sirvió con rosca un balón medido para la entrada de Mbappé, que cabeceó a la red.

Así que llegó el gol antes que el juego, y durante un puñado de minutos, cinco, el Madrid pareció gobernar el duelo. Incluso desvió Trubin un buen cabezazo de Asencio tras un córner. Pero el Madrid no es equipo de Mourinho, y por eso con ventaja y posesión bastó una pérdida para detonar la contra a pares, se resbaló ante Pavlidis Asencio, dos veces, y el centro estupendo del griego encontró la cabeza de Schjenderup. El mismo que tuvo el 2-1 cuatro minutos después. Lo salvó Valverde bajo palos con el muslo. Y en el córner siguiente, Barreiro, completamente solo en el segundo palo, cabeceó al lateral de la red.

Merecía ir al descanso con ventaja el Benfica por fútbol. Con Vinicius castigado por la defensa intimidante de Dedic y Prestianni, y con Mastantuono desacertado con la pelota, pareció salvar el segundo Courtois de nuevo tras un remate de Dedic, a quien no persiguió nadie. Pero fue en otro córner donde Otamendi aprovechó toda su experiencia para sacar el penalti de Tchouaméni. Se agarraron ambos, se tapó bien el argentino y se dejó caer para que Massa, achicado por un partido áspero, cobrara el penalti. Transformó Pavlidis, y el Madrid se fue al descanso dando gracias de no irse goleado al vestuario.

No hizo cambios esta vez Arbeloa en la pausa, pero su equipo pareció entrar más centrado. De hecho, tuvo la primera en un centro pasado de Mbappé que Vinicius no pudo embocar de cabeza. Pero bastó que ajustara la presión el Benfica para retomar la iniciativa. Perdonó Pavlidis tras una pérdida de Mastantuono, exigido. Y en otra salida veloz del ataque benfiquista recibió Schjenderup en izquierda, midió Asencio y el noruego sorprendió con un tiro seco por el ángulo corto. El top 8, en serio peligro.

Es cierto que la respuesta del Madrid fue inmediata. Entraron Camavinga, con cabreo manifiesto de Tchouaméni, y Rodrygo, que combinó en el ataque por derecha con Arda Güler, retrasó el centro y Mbappé remató con limpieza. Quedaba media hora larga para arreglar el desaguisado. Pero era tarde. Cuando quiso igualar la intensidad, el Benfica ya volaba. Arbeloa hizo un triple cambio y se le revolvió Güler, que iba a lanzar el córner. Es imposible contentar a todos. Sumó algunas ocasiones el Madrid, es cierto, con un par de remates lejanos que sacó Trubin.

El duelo de Da Luz iba con claro retraso respecto al resto, por la tardanza en volver al campo de los dos conjuntos. Lo que sabe Mourinho. Salvó una a quemarropa Courtois, de Barreiro, y el Madrid se despeñó en los últimos minutos. Vio la segunda amarilla Asencio, se ganó otra doble Rodrygo por protestar, y Camavinga acabó el último ataque blanco con un absurdo centro frontal. En la vuelta, Massa pitó una falta inexistente de Bellingham, Mourinho mandó al portero a rematar y en el 98, Trubin batió a Courtois en la misma portería donde recibió el gol de Ramos. De cabeza. La historia es caprichosa. El escenario donde Arbeloa tocó la gloria vivió una pesadilla ante su maestro. El fútbol es pura épica.

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