Sisu enfrentó su primera misión de búsqueda entre los escombros que dejaron los dos sismos registrados en Venezuela con la misma determinación y energía con la que persigue su juguete favorito, una pelota naranja y azul.
Con su arnés negro, la labradora retriever de color marrón recorrió los edificios colapsados por los terremotos ocurridos el 24 de junio para buscar sobrevivientes utilizando únicamente su olfato. La canina forma parte del Florida Task Force 2, equipo especializado en búsqueda y rescate.
De acuerdo con Alexander Parada, integrante del Florida Task Force 2, los perros son los primeros en ingresar a las zonas donde se sospecha que puede haber víctimas con vida.
«El trabajo de ellos se basa en detectar dónde hay humanos», explicó Parada a la AFP. Detalló que los animales identifican la presencia de personas mediante la temperatura corporal, el olor y el dióxido de carbono que exhalan las víctimas.
Parada destacó que los perros realizan una labor que los rescatistas no pueden hacer y señaló que Piper, otra labradora retriever del equipo, logró rescatar a dos personas durante esta, su primera misión.
Por su parte, Sylvia Arango, responsable de Sisu y guía canina desde 1998, explicó que cuando un perro marca una posible ubicación, un segundo animal confirma la alerta antes de que los socorristas utilicen radares o cámaras para precisar el lugar donde podrían encontrarse las víctimas.
Según Parada, el trabajo de los perros agiliza las labores de rescate al permitir inspeccionar grandes áreas en poco tiempo, un factor determinante debido a que las probabilidades de encontrar sobrevivientes disminuyen conforme transcurren las primeras 72 horas después de un desastre.
Más de 120 perros participaron en las labores de rescate
Sisu fue uno de los más de 120 perros rescatistas procedentes de una docena de países que participaron en las labores de búsqueda en distintas comunidades de La Guaira, la región costera más afectada por los terremotos de magnitud 7.2 y 7.5.
Entre ellos destacó Tsunami, un border collie venezolano con un ojo azul y otro marrón, cuya historia conmovió a la población al pasar de ser un animal rescatado de una situación de maltrato a convertirse en un perro dedicado a salvar vidas.
Al igual que sus compañeros humanos, los caninos trabajaron en turnos de 12 horas en operaciones de alto riesgo.
Las labores se desarrollaron bajo las altas temperaturas de La Guaira, exponiendo a los animales a deshidratación y abrasiones en el pelaje. En el caso de Sisu, estas lesiones eran visibles en el cuello.
Los perros también recorrieron túneles estrechos formados por paredes, columnas y vigas colapsadas en busca de sobrevivientes. Durante las operaciones, algunos sufrieron heridas, fracturas y secuelas emocionales.
«En el momento en que subimos a esos montones de escombros, no hay ninguna garantía de que vayamos a estar a salvo», afirmó Arango.
Fortaleza y apoyo emocional
Arango explicó que un perro rescatista debe contar con mucha energía y con la capacidad de desenvolverse sin miedo en entornos inestables.
«En general, se llama fortaleza de carácter; es como cuando los llevas a ver algo raro y dicen: ‘¡oh!’, y luego quieren investigarlo», comentó.
Añadió que el género no representa diferencias para desempeñar estas tareas. Aunque la mayoría de los integrantes del equipo estadounidense son labradores retriever, también participan border collies, golden retrievers, pastores belga malinois y pastores alemanes.
El sábado, diez días después de los terremotos que han dejado casi 3,000 personas fallecidas, equipos de Brasil y España continuaban inspeccionando las zonas destruidas junto con sus perros de búsqueda.
Mientras tanto, para Sisu y Piper había llegado el momento de regresar a casa.
Al finalizar la misión, Arango expresó que lo que más la emocionó fue ver cómo Sisu logró llevar alegría en medio de la tragedia.
«Es una situación devastadora», afirmó.
Sin embargo, destacó que cuando los perros se acercan a personas afectadas, especialmente a los niños, les permiten sonreír y encontrar un momento de alivio.
«Es también una oportunidad de (…) tratar por un momento de no pensar en los horrores que están viviendo, y simplemente recibir amor de un cachorro feliz», concluyó.
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