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Nepal: el espejo donde se mira la decadencia de la democracia occidental

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Por: Lisandro Prieto Femenía

“Me rebelo, luego somos”: Albert Camus, El hombre rebelde

Las protestas de la Generación Z en Nepal, desencadenadas por la censura de plataformas digitales, no son un mero arrebato de ira juvenil, sino la culminación de un proceso histórico de profundas frustraciones. Para que podamos comprender su magnitud, es imperativo contextualizar el conflicto político de un país que, hasta el año 2008, era la única monarquía hindú del mundo. Tras una década de guerra civil (1996-2006) liderada por una insurgencia maoísta, el anhelo de paz y democracia llevó a la abolición de la monarquía y al establecimiento de una endeble república. Sin embargo, este cambio de régimen no ha cumplido las promesas de prosperidad y estabilidad.

En lugar de una gobernanza efectiva, Nepal se ha visto sumido en una crónica inestabilidad política, con más de una decena de primeros ministros en quince años. Este vacío de poder ha permitido que la corrupción se arraigue fuertemente, alcanzando un pico en el índice de Percepción de la Corrupción. Mientras que una élite política ha rotado en el poder, perpetuando el nepotismo y el clientelismo, la juventud se ha enfrentado a un desempleo endémico, que oficialmente ronda el 10%, pero es mucho mayor en la realidad de una economía preponderantemente informal. En este marco de traición a las promesas democráticas y de desesperanza, el eco digital de las redes sociales silenciadas y el clamor de las calles de Katmandú manifestaron una fisura que va más allá de una reacción a una prohibición gubernamental, revelando la profunda crisis de legitimidad de un sistema que está caducando.

Ahora bien, la explosión social en Nepal no puede entenderse sin una disección aguda de su principal protagonista: la Generación Z. esta cohorte, nacida en un entorno de hiperconectividad y disrupción constante, trasciende la etiqueta demográfica para convertirse en un fenómeno filosófico. Son los llamados “nativos digitales” que, a diferencia de sus predecesores, no adoptaron la tecnología, sino que la heredaron como una extensión de su propia existencia. Su identidad y su percepción del mundo están intrínsecamente ligadas a las redes sociales, que actúan como su principal ágora pública, su fuente de información y su espacio de pertenencia.

Desde una perspectiva filosófica, esta generación se enfrenta a la paradoja de la conectividad permanente y la anomia. Viven en un mundo con una abundancia de información sin precedentes, pero carecen de los grandes relatos o instituciones (Iglesia, Estado, familia) que en el pasado otorgaban un sentido unificado a la existencia. Este vacío ha generado un profundo escepticismo hacia las estructuras de poder y una aguda conciencia de las injusticias globales. Su pragmatismo, forjado por el trauma de las crisis económicas y las promesas políticas incumplidas, los lleva a desconfiar de los sistemas, no de las causas. Su rebelión, por lo tanto, no es ideológica en el sentido clásico de la palabra, sino existencial porque se encuentran en una búsqueda de significado y dignidad en un mundo que les ha sido entregado, a priori, en ruinas.

El precitado estallido en Nepal interpela una crisis más profunda que el fracaso de un gobierno: se trata de la decadencia de “lo político”. A diferencia de “la política”, que se refiere a las prácticas cotidianas de administración y poder, “lo político” constituye la dimensión fundacional de la existencia colectiva, el espacio agonístico donde las comunidades articulan su identidad y destino. Su decadencia puede ser comprendida a través de la distinción filosófica que realiza Hannah Arendt entre las actividades de la vita activa.

En su obra “La condición humana” (1958), Arendt sostiene que la vida humana se compone de tres esferas: labor, (el ciclo biológico de la producción y el consumo), trabajo (la creación de objetos duraderos) y acción (la interacción libre entre los individuos para crear una esfera pública). En esta perspectiva, la decadencia de “lo político” reside en la corrosión de la acción. Cuando la política se reduce a la gestión de problemas económicos y sociales (es decir, al trabajo o la labor), pierde su capacidad de crear un espacio público significativo porque “la única actividad que relaciona directamente a los hombres, sin la intermediación de cosas u objetos, es la acción”. Pues bien, lo que las protestas nepalíes revelan es que el sistema ha despojado a los jóvenes de la capacidad de acción, relegándolos a un ciclo de labor (la búsqueda de empleo excesivamente precario) o al exilio- como argentino, esto me resulta familiar-. El acto de la censura digital es el intento de suprimir no sólo la libertad de expresión, sino el último vestigio donde la Generación Z podría reconstruir un espacio de “acción” para dar forma a un “nosotros” frente al “ellos” del poder enquistado.

Así, las protestas nepalíes son un síntoma del colapso del orden político que Francis Fukuyama describe en su obra “Orden y decadencia de la política” (2014), donde el autor sostiene que la corrupción y el clientelismo no son fallos del sistema, sino la evidencia de que las instituciones han sido “capturadas” por élites extractivas que operan pura y exclusivamente en beneficio propio, socavando la imparcialidad y la ley. La desilusión de la Generación Z no nace sólo del desempleo, sino de la percepción de un sistema que no funciona para ellos.

La frutilla del postre fue la prohibición de las redes sociales, en tanto que es un claro ejemplo de la desconexión que tiene esta élite. En lugar de abordar las causas del descontento social, se intentó silenciar el canal de la frustración, revelando una respuesta autocrática y una ignorancia profunda sobre cómo las nuevas generaciones construyen su identidad colectiva y su voz política. Con decisiones bananeras como la precitada, el Estado, en su forma actual, es percibido como un obstáculo para el progreso, no como su garante.

Ahora bien, consideramos oportuno acudir a la filosofía para consultar sobre el concepto mismo de rebeldía, y más particularmente en esta era digital. El aporte de Albert Camus a la comprensión de los estallidos sociales radica en su distinción fundamental entre “rebeldía” y “resentimiento”, o la simple “revuelta”. Para el filósofo, la rebeldía no es un acto nihilista ni un estallido irracional de ira, sino que es, por el contrario, un acto de afirmación, un momento en que el individuo, al decir “no” a la opresión, simultáneamente que se dice “sí” a un valor que le trasciende. Esta es la clave para entender filosóficamente el clamor de la generación Z en Nepal.

En su obra “El hombre rebelde” (1951), Camus establece que la rebelión es el “movimiento que lleva a un hombre a interponerse entre el mundo y lo que se le niega”. Se trata del rechazo consciente de una situación que se presenta insostenible. Esta negativa inicial, que se siente en lo más íntimo del individuo, se convierte en un acto político cuando el rebelde se da cuenta de que su dignidad no es un valor solitario, sino un bien común. Justamente, en torno a esto, Camus indica que “el movimiento de rebeldía es el paso de la consideración individual a la colectiva, del ‘yo’ al ‘nosotros. Me rebelo, luego somos”. Mirando a Nepal con estas gafas, podemos interpretar su protesta no como un grito por no tener trabajo, o por vivir en un país totalmente corrompido, sino como el reconocimiento de que la dignidad humana está siendo ultrajada por estas condiciones y que la lucha por la justicia debe ser, siempre, colectiva.

Sin embargo, y cuidado aquí, esta nueva forma de rebelión digital nos obliga a enfrentar un desafío futuro. La híper comunicación, a la vez que permite una conexión instantánea y global, también presenta la paradoja de la fragmentación y la dependencia. ¿Puede un movimiento cimentado en la fugaz lógica de las plataformas digitales sostener una acción política robusta y duradera? ¿Qué ocurre cuando el canal de esa rebeldía es también un espacio controlado por intereses corporativos y, como se demostró en Nepal, vulnerable al control estatal? El futuro de la acción colectiva parece depender de nuestra capacidad para traducir la solidaridad digital en una presencia tangible y organizada en el mundo físico, evitando que la rebeldía se convierta en una mera moda efímera o en un eco vacío en las cámaras de resonancia de la red.

Para finalizar, nos queda analizar el fuego como símbolo del paso de la política a la barbarie. La quema de edificios públicos, y en particular, la del parlamento, trasciende la violencia de una riña para convertirse en un acto simbólico radical. No es sólo un estallido de furia contra la opresión, sino una manifestación de la barbarie que surge de la decadencia de los tiempos en los que vivimos. Políticamente, el parlamento es el asiento físico de la autoridad representativa del Estado. Su destrucción significa la deslegitimación total de un sistema que ya no representa a sus ciudadanos, sino que se percibe como una estructura vaciada de contenido y manchada por su corrupción naturalizada. Es, en definitiva, una declaración visceral de que la democracia, como institución, ha fracasado rotundamente.

En términos filosóficos, este acto nos sitúa ante un dilema ético. Si bien el hombre rebelde de Camus afirma un valor al negarse a la opresión, la quema de un símbolo de la vida pública puede deslizarse hacia una forma de nihilismo preocupante. Es la negación absoluta de cualquier orden posible, una expresión de que, si no hay justicia, no debe haber ninguna estructura. Este tipo de acción, aunque comprensible en el contexto del hartazgo social, revela la peligrosa delgada línea que separa la rebelión constructiva de la destrucción pura. No debemos olvidar que históricamente, contamos con episodios como la quema del Reichstag en Alemania o la reciente irrupción en el Capitolio de los Estados Unidos, hechos que han marcado momentos de crisis extrema, donde el fuego consume no sólo los ladrillos, sino también la esperanza de una resolución pacífica, abriendo la puerta a un futuro triste e incierto.

Más allá de la noticia coyuntural que hoy nos convoca, este estallido social en Nepal nos obliga a interrogar las verdaderas patologías de nuestro tiempo. La pregunta que surge, con una agudeza que perturba, es si acaso la corrupción que carcome las instituciones es una simple falla o el síntoma de una enfermedad terminal en la democracia moderna, una que hace que el contrato social pierda su validez. ¿Cómo puede una ciudadanía, particularmente una juventud que ha crecido en la promesa de la conectividad, depositar su fe en un sistema político que se revela como un patético vehículo de acumulación para una casta decadente? Este desencanto cuestiona la viabilidad misma de la democracia cuando el ascensor social está averiado, y la única alternativa parece ser la huida o la rebeldía.

En este punto de inflexión, nos confrontamos con el dilema ético del acto de rebelarse. ¿Estamos presenciando una mera explosión de frustración destructiva o la génesis de un nuevo tipo de movimiento político, uno que utiliza el desborde como un lenguaje para exigir un futuro que le ha sido arrebatado? La pregunta se agudiza cuando consideramos el rol de las plataformas digitales, que sirven tanto de catalizador como de campo de batalla ideológico. ¿Es posible diferenciar una rebeldía que busca la reconfiguración del orden de una que simplemente anhela su demolición, y dónde reside la responsabilidad de las generaciones que han construido este mundo para orientar a quienes heredan el caos? Nepal nos fuerza a mirarnos al espejo y a reconocer que el fracaso de una generación puede ser el acto fundacional de la desesperación de la siguiente, y que el silencio institucional es la fuerza más corrosiva en la era de la información.

Lisandro Prieto Femenía
Docente. Escritor. Filósofo
San Juan – Argentina

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Livio: el más importante de la poesía e intelectualidad hondureña, vivo y suelto todavía Por Dionisio De Jesús

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Como todo icono viviente, el Maestro Livio, así, todos le nombran y le conocen en Honduras, es la más fiel estampa del intelectual comprometido con la palabra y la vida misma. A jacha y machete. Sin transigir en sus principios. Oráculo de los más jóvenes, pero también de los que ya no lo son. Espacio enciclopédico donde van a beber de su saber todos y cada uno de los que todavía ven en la poesía “un arma cargada de futuro” y de pasado, porque para él, cualquier tiempo pasado fue mejor y por qué no, también peor.

Le conocí muy tarde, demasiado tarde, por allá por el 2023, enero si mal no recuerdo, cuando por mi labor diplomática, fui trasladado a su país, Honduras, a la Misión diplomática de mi país, República Dominicana. Fui presentado por el poeta y activista cultural, Otoniel Guevara, a la sazón organizador de una Tertulia Literaria que accionaba cada jueves en el Hotel Clarion en Tegucigalpa. Allí se reunía (y creo todavía) lo más trabajador de la literatura, el arte y la cultura de una ciudad sitiada por la inseguridad y el crimen. Pero resultó ser el espacio ideal para un aterrizado en esta ciudad de tantas historias y deshistorias.

Dije que le conocí muy tarde, y es cierto, porque un personaje, un escritor tan vasto y maravilloso, un activista de la vida y un ser humano cuyo compromiso con la palabra y la solidaridad humana, debí haber hecho un cruce por su vida hace ya mucho tiempo, muchas lunas, muchos instantes de eternidad, y no fue así. Pero el cielo quiso que sucediera en el preciso momento en que él estaba ayudando a que aconteciera una transformación en la cultura de su país, pues, su trabajo, tiempo antes, Director General de Cultura; y más tarde, en el gobierno de Xiomara Castro, como asesor de la Ministra de Cultura, la poeta y escritora Anarella Velez; donde tenía como compromiso trabajar la “Ley General de Cultura”, pero a pesar de su funcionariado, transcenderá más allá de la inmediatez política del momento.

Nacido en Olanchito, Yoro,1943, según Google, es un destacado poeta, ensayista, académico de la lengua y diplomático hondureño, pues sirvió en el Servicio Exterior en los países de España y Suiza. Con una sólida formación jurídica y sociológica, ya que estudió Derecho en la UNAM (México), donde se graduó con excelencia y luego en España hizo su especialización. Ha sido una figura clave en la literatura hondureña, desde muy joven siendo reconocido por obras como “Arde como fiera y Descendientes del fuego”. Ganador del Premio Nacional de Literatura (2000) y otros reconocimientos que vamos a enumerar más adelante en esta crónica.

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Se graduó en Derecho en la UNAM (México). En 1969 forma parte del Taller de Poesía de la UNAM dirigido por Juan Bañuelos en México D.F. Integra el Movimiento “Punto de Partida” junto a prominentes escritores mexicanos. Funda el primer taller universitario de poesía en Honduras en 1971. Es exdirector de la Academia Hondureña de la Lengua y ex director general del Ministerio de Cultura. Durante los años 90 dirige, junto al poeta Efraín López Nieto y el pintor Juan Ramón Laínez, la Antología Nacional de Poesía.

Como se ve, una vida productiva dedicada a la difusión de los valores nacionales y la defensa de cultura en cualquier frente. En su vida de estudiante, según cuenta el mismo autor, ya en México, tuvo la suerte de coincidir en un tiempo histórico en que el mundo asistía a la ruptura de una epistemología de la barbarie contra la civilización. “El poeta Livio Ramírez es un testigo calificado de Tlatelolco, un hondureño hundido en ese pantano de intrincadas redes que se tejieron, para enhebrar uno de los capítulos más sórdidos de historia universal de la infamia, que causará vergüenza silenciosa y no asumida a lo largo de todo este tiempo, a las élites de la oligarquía mexicana”, ha escrito el crítico Milson Salgado. Y en ese fragor sus acciones no podían callar con sus versos: “Bajo la noche funeral / Los jóvenes masacrados seguían temblando / Todos tenían en los ojos / Más o menos el mismo recado”.

Tlatelolco, fue el punto de quiebre, que coincidía con el “Mayo del 68 de Paris” y estos dos acontecimientos lo signaron para tomar partidas por la vida y sus designios.

Durante su estadía de formación en México y España en los años 60 y 70, el escritor hondureño Livio Ramírez, fue condiscípulo y coetáneo de las últimas generaciones de escritores más trascendentales de México y España de esa época, formándose en un ambiente intelectual de alto nivel. En ese México revuelto, conoció a figuras de la talla de Octavio Paz, Juan Bañuelos, los más destacados pintores, lo mismo podría decirse de su estadía en España, donde trabo amistad con escritores de la talla de Leopoldo Panero, entre otros; época de auge de la literatura iberoamericana que marcó un cambio de la dictadura hacia la transición democrática del 1975. El boom y el post- boom latinoamericano, grandes figuras como Juan Rulfo, Nicolas Guillen, a quien tuvo el privilegio de presentar en un recital en las aulas de la UNAM.

Sus obras hablan por sí solas con un manejo barroco del lenguaje, pero aun así su poética es una poética de denuncia y compromiso con el hombre y la vida misma. Lo social está en su discurso siempre: hombre, lenguaje y compromiso. Entre sus obras podemos citar: “Sangre y estrella”, “Yo, nosotros”, “Arde como fiera”, “Descendientes del fuego”, “Personajes y otros poemas”,” Escrito sobre el amanecer”, (de la que han dicho los críticos que es su libro de poemas más celebrado), “Columna que fluye”, y últimamente, el Festival de Los Confines, le publicó su Obra Reunida bajo el título: “Arquitectura e Inyama”, Gracias Lempira, 2025.

Últimamente, las más representativas ediciones de literatura de América Latina y España le están realizando homenajes a este hondureño del mundo, por eso la revista chilena Altazor le dedicó un número especial a su poema “Escritos sobre el Amanecer” en su no.5., con un estudio critico muy ponderado.

Dentro de sus reconocimientos se encuentran: Premio Internacional de Poesía Platero (Ginebra, Suiza, 1981), Premio Nacional de Literatura Ramón Rosa (Honduras, 2000), Premio Nacional de Letras José Trinidad Reyes (UNAH, 2002) y Premio OTLI (Gobierno de México, 2017). En 2023 se le dedica el Festival Internacional de Literatura “Tegus sí canta”. En 2024, le fue concedido el Premio “Dulce María Loynaz” por la UNEAC, en Cuba. Además, el gobierno hondureño de Xiomara Castro, a través de la Cancillería de Honduras, le otorgó el prestigioso Premio Nacional de Literatura «Rafael Heliodoro Valle» en julio de 2024.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dionisio De Jesús
Diplomático, poeta
dionisiodejesus@gmail.com
Dionisio de Jesús. Poeta, diplomático, mercadólogo y especialista en comunicación política. Estudió educación, mención filosofía y letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Realizó estudios de Postgrado en Mercadeo en la Universidad Católica Santo Domingo (UCSD), donde impartió docencia; obtuvo Maestría en Mercadeo, Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, (PUCMM), donde también fue docente y terminó una especialización en Comunicación Corporativa (publicidad de imagen y relaciones públicas) en España, Young & Rubicam, Madrid, España, homologada por la Universidad Complutense. Diplomado en Diplomacia Cultural, auspiciado por la Cancillería de Costa Rica, la Cancillería de El Salvador y la Embajada de la República Dominicana en Costa Rica. Cursó una Especialización en Negociación y Diplomacia Climática, Instituto de Educación Superior en Formación Diplomática y Consular, INESDYC, Cancillería de la República Dominicana. Taller-Diplomado: “Conociendo la Institucionalidad del SICA”, impartido por el Instituto Centroamericano de Administración Pública-ICAP, la Embajada Dominicana en Costa Rica. Diplomado y Especialización sobre el Sistema de la Integración Centroamericana, Niveles I y II, auspiciado por la Cancillería de El Salvador, Sistema de la Integración Centroamericana, SICA, Vicepresidencia de El Salvador y la Fundación Alemana, Hanns Seidel Stiftung., pendiente presentación trabajo final para optar por el grado de Maestría. Ha publicado 12 libros de poemas; sus textos han sido antologados en más de 15 antologías en República Dominicana y el extranjero. Laboró como Director Creativo en las más grandes y prestigiosas agencias de publicidad de su país, entre los años de 1987-2004. Ha sido profesor de marketing, publicidad y comunicación en universidades de República Dominicana y El Salvador. Ha sido consultor de campañas políticas en su país, El Salvador, Nicaragua, Guatemala y Honduras, entre los años 2000-2025. Produce desde El Salvador, el Podcast:” Bitácora Centroamericana y Caribeña”, cada lunes a las 7:00 PM, hora de El Salvador, trasmitido por YouTube y Facebook a través de la plataforma Cronio TV.

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Analizando la arquitectura del abismo geopolítico- Lisandro Prieto Femenía

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“La violencia, al ser por naturaleza instrumental, es racional solo si es efectiva para alcanzar el fin que debe justificarla”- Hannah Arendt (1970, p. 79).

El acontecimiento que nos ocupa hoy exige situarlo en el terreno de la reflexión política y moral antes que en el mero registro periodístico de versiones de supuestos hechos. El ataque conjunto de Estados Unidos e Israel a objetivos iraníes no es una simple maniobra táctica, sino una acción que plantea una tensión imposible de soslayar entre el derecho a la autodefensa y el principio de soberanía de los Estados. Cuando las potencias recurren a la fuerza con la pretensión de neutralizar amenazas, la cuestión no se agota en la eficacia militar, sino que reabre interrogantes profundos sobre la legitimidad, la racionalidad instrumental y las consecuencias imprevisibles de esa acción. El discurso oficial presenta la operación como una respuesta necesaria para eliminar peligros inminentes, pero esta narrativa me resulta insuficiente si no se explicitan criterios claros que justifiquen por qué la violencia es preferible a la contención, la negociación o los canales multilaterales.

La guerra en sí, como instrumento político, tiene la particularidad de transformar la temporalidad de la decisión: la imposición de la fuerza acorta deliberaciones que, en condiciones pacíficas, requerirían procedimientos institucionales más amplios. Esta condensación temporal, demás, traslada la responsabilidad moral desde el espacio compartido de la política a la esfera de la decisión ejecutiva. Quienes autorizan bombardeos en nombre de la seguridad nacional o global asumen, con ello, la potestad de definir enemigos y objetivos, una potestad que debería ser objeto de escrutinio público y jurídico previo. Al respecto, resulta imperativo rescatar lo que Hannah Arendt señala en su obra “Sobre la violencia” (1970), donde advierte que la violencia aparece allí donde el poder está en peligro, pero en su propio ejercicio termina por socavar la base misma de lo político. La autora sostiene con lucidez que “donde la violencia ya no es respaldada y limitada por el poder… se produce un cambio de dirección: la meta ya no es la potencia, sino la destrucción” (Arendt, 1970, p. 52).

Esta potestad de definir al enemigo nos remite inevitablemente a la tesis de Carl Schmitt en su obra “El concepto de lo político” (1932), donde postula que la distinción específica a la que puede reducirse el accionar político es la distinción entre el amigo y el enemigo. Para él, “soberano es quien decide sobre el estado de excepción” (Schmitt, 1922/2009, p. 13), y esa distinción no es una cuestión de derecho, sino de pura autoridad que se manifiesta precisamente cuando el orden normal se suspende. Pues bien, el ataque a Irán es un reflejo de esta lógica schmittiana en su estado más puro: el Ejecutivo de dos países no sólo identifica una amenaza, sino que, al designar al “otro” como enemigo absoluto, lo sitúa por encima del marco normativo internacional para actuar en un vacío legal autopercibido como legítimo.

Para comprender la naturaleza del actor atacado, es preciso analizar la estructura del poder en Irán, definida como una República Islámica Teocrática donde la ley religiosa prevalece sobre la civil. El mando supremo recae en el Líder Supremo (Ayatolá), un cargo vitalicio que concentra el control total de las Fuerzas Armadas, la Guardia Revolucionaria, casi la totalidad de las empresas públicas y los servicios de Inteligencia, supervisando además al Consejo de Guardianes que veta leyes y candidatos. Esta jerarquía clerical constituye el centro real del poder, operando bajo una lógica antioccidental que busca la eliminación de lo que denominan el “régimen sionista”, financiando para ello a milicias regionales como Hamás, Hezbolá y los Hutíes. La ofensiva actual busca, según los comunicados de Washington y Tel Aviv, “aniquilar” este régimen y su industria de misiles para terminar con lo que consideran una “amenaza existencial”.

Sin embargo, esta audacia estratégica no ocurre en un vacío geopolítico, sino que parece encontrar su condición de posibilidad en la erosión de los equilibrios de poder globales. La incursión norteamericana e israelí cobra una dimensión distinta si se analiza bajo la premisa de que sólo ha sido ejecutable gracias a la “distracción” de Rusia en su propio frente bélico contra Ucrania. Este desplazamiento de la atención y los recursos rusos ha generado un intersticio de impunidad para los intereses de Washington y Tel Aviv en Oriente Medio. Al respecto, es pertinente rescatar los aportes de Zygmunt Bauman, particularmente en su obra “Varianza de la modernidad” (2007), en la que sostiene que “el poder se mueve con la velocidad de la señal electrónica (…) y la capacidad de actuar depende de la capacidad de escapar a la mirada o a la interferencia del adversario” (Bauman, 2007, p. 112). En este sentido, la guerra en Ucrania funciona como una pantalla de invisibilidad relativa que permite a la coalición occidental reconfigurar el mapa global sin la habitual contrapresión efectiva del Kremlin.

A este complejo tablero se suma la desconcertante pasividad de una Europa que contempla el conflicto como un asunto lejano, ajeno. Jürgen Habermas, en ¡Ay, Europa! (2009), nos advierte que “una Europa que sólo se preocupa por sus propios equilibrios económicos internos corre el riesgo de volverse irrelevante en la defensa de un orden cosmopolita basado en el derecho” (Habermas, 2009, p. 84). Esta omisión convalida indirectamente la ley del más fuerte, manifestándose de forma dramática en la Organización de las Naciones Unidas. Ante los ojos del ciudadano común y de las víctimas mortales de toda guerra, la ONU parece hoy una entidad con los ojos vendados, incapaz de frenar la omnipotencia prepotente de actores que operan bajo sus propios métodos. Sobre éste aspecto en particular, Hans Morgenthau ya anticipaba esta fragilidad en “Política entre las naciones” (1948), al sostener que “el derecho internacional es un derecho descentralizado cuya efectividad depende en última instancia del equilibrio de poder” (Morgenthau, 1948/1986, p. 312).

En esta instancia del texto es fundamental precisar que esta reflexión no busca tomar partido por una facción o ideología específica. No se trata aquí de ser pro-palestino, pro-sionista o pro-norteamericano. Recordemos que en filosofía la tarea no es el alineamiento dogmático, sino la reflexión crítica en pos del bien común y la dignidad humana. Como seres supuestamente pensantes que somos, debemos defender que ni una sola gota de petróleo ni ningún pedazo de tela triste- como lo son las banderas que se usan para justificar exterminios- valen más que una vida humana. El imperativo ético nos obliga a exigir que las reglas claras del derecho internacional recuperen el vigor que nunca debieron perder. En su ensayo “Sobre la paz perpetua” (1795), Immanuel Kant planteaba que el derecho internacional debe fundarse en un federalismo de Estados libres y no es el dominio de uno sobre otro, pues “el estado de paz entre hombres que viven juntos no es un estado de naturaleza, que es más bien un estado de guerra (…) debe, por tanto, ser instaurado” (Kant, 1795/2012, p. 66). La recuperación de este marco legal no es una opción diplomática, sino una necesidad para salvaguardar los derechos universales de todos los seres humanos frente a la arbitrariedad del poder técnico y militar.

Ahora bien, tampoco podemos olvidar el contexto iraní, puesto que no representa un objetivo estratégico: es un actor cuya soberanía ha sido históricamente tensionada. La República Islámica se sitúa en una encrucijada donde su estructura estatal es el blanco de una lógica de “fuerza máxima” que ignora la complejidad interna de su sociedad. Al golpear objetivos en suelo iraní, se ignora que la legitimidad de una acción estatal está íntimamente ligada a la minimización de daños injustos. La vulnerabilidad de la infraestructura civil iraní subraya una asimetría que no sólo es bélica, sino profundamente ética.

Paralelamente, en esta arquitectura de la excepción, el rol de los medios masivos de comunicación y las redes sociales resulta determinante como aparato de resonancia y legitimación. Los medios no sólo transmiten los hechos, sino que participan en la normalización de la excepcionalidad, convirtiendo la emergencia en un régimen permanente. Por su parte, la inmediatez de las redes sociales atomiza la reflexión, transformando el horror en un espectáculo de consumo rápido y masivo que erosiona la capacidad de escrutinio. Esta dinámica nos introduce en la problemática de la racionalidad instrumental, donde el pensamiento se reduce al cálculo de medios para fines. Arendt explora esto en “Eichmann en Jerusalén” (1963) señalando que “cuanto más se le escuchaba, más evidente era que su incapacidad para hablar iba estrechamente unida a su incapacidad para pensar” (Arendt, 1963/2003, p. 74). La “banalidad” se manifiesta cuando el bombardeo se procesa como un dato logístico y la destrucción de centros urbanos se convierte en una variable estadística que se vende como “necesaria”.

Lejos de blindar respuestas concluyentes, y siendo fieles al espíritu filosófico crítico que no se deja endulzar por ninguna ideología dominante, procedemos a preguntar: ¿puede la comunidad internacional recuperar instrumentos de justicia que impidan que las decisiones de guerra queden circunscritas a ejecutivos que actúan conforme al régimen de la excepción? Ante la evidente inoperancia de los organismos internacionales, ¿estamos asistiendo al acta de defunción del derecho como regulador de la convivencia humana o seremos capaces de restaurar un orden donde la vida prevalezca sobre el interés geopolítico? Si aceptamos que la dignidad humana es innegociable, ¿cómo justificamos el silencio ante una racionalidad técnica que sustituye el pensamiento por el automatismo de la destrucción?

En definitiva, amigos míos, ¿es posible reconstruir una ética política global basada en la alteridad cuando el rostro del otro desaparece bajo el cálculo de una conveniencia oportunista? ¿Qué queda de nuestra integridad si permitimos que el estruendo de los misiles y la ceguera de las banderas apaguen definitivamente la voz de la razón pública y el respeto por lo sagrado de la existencia humana?

Referencias bibliográficas

Arendt, H. (1970). Sobre la violencia (G. Solana, Trad.). Alianza Editorial.

Arendt, H. (2003). Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal (C. Ribalta, Trad.). Lumen. (Obra original publicada en 1963).

Bauman, Z. (2007). Varianza de la modernidad. Paidós.

Clarín. (1 de marzo de 2026). Estados Unidos e Israel atacan Irán. Recuperado de https://www.clarin.com/mundo/estados-unidos-israel-atacan-iran-vivo-fuerzas-defensa-israelies-identificaron-misiles-iranies-lanzados-territorio_0_2i8KD05K54.html

El País. (2 de marzo de 2026). Última hora del ataque de EE UU e Israel contra Irán, en directo. Recuperado de https://elpais.com/internacional/2026-03-02/ultima-hora-del-ataque-de-ee-uu-e-israel-contra-iran-en-directo.html

Habermas, J. (2009). ¡Ay, Europa! (P. Madrigal, Trad.). Trotta.

Kant, I. (2012). Sobre la paz perpetua (J. Abellán, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1795).

La Nación. (28 de febrero de 2026). EEUU e Israel lanzan ataques contra Irán. Recuperado de https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/paso-a-paso-como-fue-el-ataque-de-eeuu-a-iran-y-como-se-llego-hasta-aca-nid28022026/

Morgenthau, H. J. (1986). Política entre las naciones: la lucha por el poder y la paz (F. J. Perea, Trad.). Grupo Editor Latinoamericano. (Obra original publicada en 1948).

Schmitt, C. (2009). Teología política (F. J. Conde y J. L. Villacañas, Trads.). Trotta. (Obra original publicada en 1922).

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Opinet

Centroamérica crece, pero la pobreza y las desigualdades persisten

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47, 730 millones de dólares fue la suma que llegó a la subregión en 2025 producto del envío de remesas, principalmente de los Estados Unidos, según estimaciones y datos de los bancos centrales de los países del Istmo. Yo no sé contar hasta ahí. De ese “pisto”, más de la mitad, un 65% fue destinado al consumo. Lo otro, mal que bien, a inversión de capital y uno que otros emprendimientos. Casi todo se va por el mar del ostracismo, porque a lo que nada nos cuesta, hagámosle fiesta, mientras “el otro” doblando el lomo por allá y los demás en francachela permanente. “Así no hay toro que llegue a buey”.

Los tres países que más recibieron remesas fueron, en orden: Guatemala, El Salvador y Honduras. Tres naciones que conforman el llamado “Triángulo Norte” de Centroamérica.

Guatemala: Lideró la región con un récord de $25,530.2 millones. El Salvador: Recibió un total de $9,987.91 millones, lo que equivale al 20.9% del total del Triángulo Norte. Honduras: Se posicionó en tercer lugar con una cifra cercana a los $9,826 millones (según proyecciones oficiales y datos preliminares de cierre del año). Fuera del Triángulo Norte, Nicaragua, ocupa la cuarta posición regional con ingresos que superan los $5,000 millones anuales.

Aquí esta lo interesante, solo en El Salvador, de todo ese dinero recibido en los 12 meses del año 2025, sigue siendo bajo o ínfimo: Inversión Directa: Históricamente y según reportes de inicios de 2026, solo aproximadamente el 1.3% de las remesas se utiliza específicamente para fines de inversión.

Emprendimiento: Una parte de los recursos se canaliza hacia pequeños negocios y la inversión en vivienda o educación, aunque el Banco Central de Reserva (BCR) destaca, que la mayoría se destina “a cubrir gastos de alimentación y necesidades personales”. Porque como son naciones con demasiadas carencias, el que está fuera, es el que provee la manutención y otros gastos de los familiares que se quedan en el lar nativo. Por eso es, que usted ve todos los días “los Malls” llenos de lunes a domingo, de personas haciendo compras de las más variadas.

Considerando el total de $9,987.9 millones, la inversión directa (basada en el 1.3%) rondaría los $130 millones, sin contar la inversión indirecta en activos fijos como inmuebles. Ya que, en este momento, la inversión inmobiliaria de este país esta sustentada por los “hermanos lejanos”, que son los que llevan la carga de “este grupo de mantenidos”. Así ha sido desde que empezó la migración de los países del “Triángulo Norte” por allá en los años 80, debido a las situaciones de inestabilidad política que acarrearon inestabilidad social, producto del laboratorio que fue esta parte del mundo por las potencias hegemónicas de Rusia y Estados Unidos en la llamada “cool war”.

Como se le vea, las remesas representan el 24% del PIB salvadoreño y son el motor principal del consumo doméstico. El gobierno ha señalado que sigue siendo un reto («imperativo») incentivar que estos flujos se muevan del consumo hacia la inversión productiva.

Pero a pesar del bajo uso directo de las remesas para emprender, el sector de la MYPE (Micro y Pequeña Empresa) cerró 2025 con un aumento de 8.5 puntos en su índice de confianza, siguiendo con las estadísticas del BCR, lo que sugiere un entorno favorable para quienes deciden invertir sus ahorros o remesas en nuevos negocios, y esto es un aliento para el sector empresarial que ve una pujanza en sectores como turismo: Impulsado por proyectos de infraestructura nacional. Tecnología: Crecimiento en servicios digitales y comercio electrónico. Salud: Mayor demanda de servicios privados especializados.

Eso es para El Salvador, que, bajo el esquema de la nueva meca de la seguridad en la subregión, muchos salvadoreños, de la vieja guardia, así como de las nuevas generaciones de emprendedores, ven ahora una oportunidad para regresar al país y emprender lo que siempre soñaron, un negocio en su terruño, sabiendo que se sienten seguros de su seguridad.

Con Guatemala y Honduras la ecuación no pinta igual. Estos países están pasando por momentos muy álgidos respecto de la cuestión ciudadana y la incertidumbre de vivir en constante acoso por los grupos delincuencias y las pandillas. Honduras, con sus enormes riquezas naturales igual se podría decir de Guatemala, viven horas de angustias y los que se fueron, no ven el poder regresar y emprender, y los que se quedaron y esperan que sus deudos le sustenten viven con “el credo en la boca”, porque no saben en qué momento les va a tocar enfrentar lo indescifrable, la violencia.

Tal vez Nicaragua, con su régimen tan particular campea la violencia de las pandillas y la gente trata de acostumbrarse a la vida que lleva así, pero en lo económico, quizás, son los que tienen algunas cosas más que aseguradas, por ejemplo, la salud y la educación, por lo que dijimos atrás, es una sociedad que esta permeada por una condición especial, pero los emprendimientos con el dinero que les llega a los Nica por concepto de remesas, no es lo que prima y siguen siendo presas de la ayuda oficial y se una situación cuasi calamitosa, no hay crecimiento y viven en una especie de limbo social, esperando hasta que Dios quiera que los saque de donde están.

Los Ticos, se jactan de ser un país de adelantos y que ellos difícilmente emigran y reciben “unos molongos” para subsistir de parte de algún familiar, pero en los últimos años, no ha ido bien la cosa, pues de ser “la Suiza de América”, ya no saben ni lo qué es. Crecen las pandillas, los asesinatos, los atracos, en una frase: la inseguridad ciudadana, a tal punto que Rodrigo Chaves, el actual presidente, le ha pedido ayuda a Nayib Bukele sobre la seguridad y entre las promesas de campaña que hizo su pupila Laura Fernández que ganó, fue seguir la construcción de la mega cárcel réplica del CECOT de El Salvador.

Costa Rica registró 873 homicidios en 2025, posicionándose como el tercer año más violento en la historia del país, con un promedio de 2,4 asesinatos al día. Aunque la cifra representa una leve disminución de 3 casos respecto a 2024, la violencia se mantuvo sostenida, impulsada principalmente por el narcotráfico y el sicariato. Y eso ha ido alejando a la inversión extranjera que veía a esta nación como la tierra prometida de Centroamérica. ¿Hacia qué país corre esta inversión? Hacia la República Dominicana y algunas naciones del sudeste asiático, así como Bangladéh y Sri Lanca, donde la mano de obra “es un atraco”.

Bajo este panorama, la CEPAL proyecta un escenario desafiante para Centroamérica hacia 2026, caracterizado por “un bajo crecimiento económico y el riesgo de que la pobreza persista debido a la pérdida de dinamismo en el consumo y la demanda externa”. Aunque la pobreza regional mostró una leve reducción en 2024 (25.5%), la región, incluyendo a países con altas tasas como Honduras y Guatemala (49.8% y 47% respectivamente), sigue lastrada por la desigualdad y alta vulnerabilidad climática.

Piénsese en esta “dos últimas temporadas de inviernos”, donde tanto los fenómenos de “el niño como la niña” han hecho estragos en países tan vulnerables como Honduras y Guatemala, y tantos las veleidades del clima, como el abandono estatal a los sectores productivos del campo han hecho que más gente de las zonas rurales y subrulares caigan en algún nivel de pobreza. Y eso, que, en los gobiernos de la izquierda del El Salvador, entiéndese el FMLN, la pobreza extrema cayó bastante: “La pobreza se redujo significativamente, con cifras que señalan una disminución de la pobreza extrema del 12% al 4.5% de los hogares, y una reducción general de la pobreza de aproximadamente 15 puntos porcentuales”, según análisis económicos y datos de la época.

Siguiendo con las estadísticas de la CEPAL, la pobreza por ingresos en América Latina y Centroamérica se estimó en 25.5% en 2024, alcanzando su menor tasa, pero con una «lenta tendencia a la reducción». Según el organismo, “persisten tasas altas de pobreza, con Honduras y Guatemala mostrando niveles significativamente elevados, mientras Costa Rica registra niveles inferiores”.

La CEPAL advierte que, “la baja calidad del empleo, la informalidad, la inversión limitada en infraestructura y la alta vulnerabilidad a crisis climáticas obstaculizan la reducción de la pobreza en la subregión”. Por último, este organismo multilateral sentencia que: “La pobreza en la región ha vuelto a niveles prepandemia, pero enfrenta un estancamiento en la reducción de la desigualdad”. Aun y con todo el dinero que está llegando producto de las remesas, pero si se usa para “vivir en francachela permanente”, y no se invierte, poca esperanza hay. Aunque hay que decirlo, ahora se están invirtiendo los papeles gracias a la embestida de Trump con los inmigrantes y más de uno están mandando “los dolaritos” no para que sus familiares vayan a comerse “un pollo Campero”, sino para que se pongan a rendir, por lo que pueda venir si cualquier día de estos llega el ICE y les dan una patada por C, y les echa del paraíso.

Dionisio De Jesús
Diplomático, poeta

Dionisio de Jesús. Poeta, diplomático, mercadólogo y especialista en comunicación política. Estudió educación, mención filosofía y letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Realizó estudios de Postgrado en Mercadeo en la Universidad Católica Santo Domingo (UCSD), donde impartió docencia; obtuvo Maestría en Mercadeo, Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, (PUCMM), donde también fue docente y terminó una especialización en Comunicación Corporativa (publicidad de imagen y relaciones públicas) en España, Young & Rubicam, Madrid, España, homologada por la Universidad Complutense. Diplomado en Diplomacia Cultural, auspiciado por la Cancillería de Costa Rica, la Cancillería de El Salvador y la Embajada de la República Dominicana en Costa Rica. Cursó una Especialización en Negociación y Diplomacia Climática, Instituto de Educación Superior en Formación Diplomática y Consular, INESDYC, Cancillería de la República Dominicana. Taller-Diplomado: “Conociendo la Institucionalidad del SICA”, impartido por el Instituto Centroamericano de Administración Pública-ICAP, la Embajada Dominicana en Costa Rica. Diplomado y Especialización sobre el Sistema de la Integración Centroamericana, Niveles I y II, auspiciado por la Cancillería de El Salvador, Sistema de la Integración Centroamericana, SICA, Vicepresidencia de El Salvador y la Fundación Alemana, Hanns Seidel Stiftung., pendiente presentación trabajo final para optar por el grado de Maestría. Ha publicado 12 libros de poemas; sus textos han sido antologados en más de 15 antologías en República Dominicana y el extranjero. Laboró como Director Creativo en las más grandes y prestigiosas agencias de publicidad de su país, entre los años de 1987-2004. Ha sido profesor de marketing, publicidad y comunicación en universidades de República Dominicana y El Salvador. Ha sido consultor de campañas políticas en su país, El Salvador, Nicaragua, Guatemala y Honduras, entre los años 2000-2025. Produce desde El Salvador, el Podcast:” Bitácora Centroamericana y Caribeña”, cada lunes a las 7:00 PM, hora de El Salvador, trasmitido por YouTube y Facebook a través de la plataforma Cronio TV.

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