Internacionales
Atacante de Highland Park admitió haber disparado contra el desfile y había contemplado cometer otro tiroteo
El atacante de la masacre del desfile del cuatro de julio en Highland Park, Illinois admitió haber llevado a cabo el ataque que terminó con la vida de siete personas y dejó a decenas más heridas, según afirmaron los fiscales en la corte este miércoles.
Robert E. Crimo III, de 21 años, dijo a las autoridades en una declaración voluntaria que “miró por la mirilla, apuntó y abrió fuego» contra los transeúntes, vaciando dos cargadores de 30 balas antes de cargar su arma con un tercero y disparar de nuevo, afirmó el fiscal adjunto del estado del condado de Lake, Ben Dillon, durante una audiencia virtual de fianza.
Un juez ordenó que Crimo, que compareció en la audiencia vestido de negro, permaneciera detenido sin fianza por siete cargos de asesinato en primer grado. Una condena resultaría en una sentencia de cadena perpetua sin libertad condicional, pero se podrían presentar más cargos en el futuro, dijo el fiscal estatal del condado de Lake, Eric Rinehart.
«Por cada individuo que fue herido, la gente puede anticipar un cargo de intento de asesinato, así como un cargo de agresión agravada con un arma de fuego», dijo Rinehart en una conferencia de prensa después de la audiencia. Y añadió: «Cada vez que dispara una bala contra una persona, está cometiendo un delito de descarga agravada de un arma, tanto si le da a alguien como si no. Habrá muchos más cargos en las próximas semanas».
A Crimo se le nombró un abogado de oficio y deberá comparecer de nuevo ante el tribunal el 28 de julio.
Según las autoridades, el atacante abrió fuego desde el techo de un negocio de Highland Park cuando el desfile estaba en marcha poco después de las 10 de la mañana, tiempo del centro, del lunes.
Crimo se vistió con ropa de mujer para ocultar su identidad y utilizó maquillaje para cubrir sus tatuajes, según creen los investigadores. Abandonó el techo y se mezcló con la multitud que huía, dijo previamente el portavoz del Grupo Especial de Delitos Graves del Condado de Lake, Chris Covelli.
Cinco personas que recibieron disparos en el desfile fueron declaradas muertas en el lugar de los hechos, según las autoridades, y dos personas hospitalizadas sucumbieron a las heridas. Un total de 39 pacientes fueron trasladados a centros médicos «en ambulancia o por otros medios», según Jim Anthony, del Sistema de Salud de la Universidad de NorthShore, y dos pacientes seguían hospitalizados hasta el miércoles por la tarde.
El video de vigilancia del lugar de los hechos mostraba a una persona corriendo hacia el oeste con una bolsa negra al hombro inmediatamente después del tiroteo, dijo Dillon el miércoles, al describir los acontecimientos del 4 de julio. Mientras el individuo corría, un objeto envuelto en tela cayó al pavimento. El sujeto dejó el objeto y siguió corriendo.
Cuando fue recuperado, las autoridades identificaron el objeto como un rifle semiautomático Smith & Wesson M&P15, dijo Dillon. Había un cartucho en la recámara, pero no había ningún cargador insertado.
En la azotea, los investigadores recuperaron los tres cargadores de 30 balas y 83 casquillos, dijo Dillon.
Las autoridades creen que Crimo había planeado el ataque durante semanas, y el rifle que utilizó y otro que supuestamente tenía cuando fue detenido por la policía parecen haber sido comprados legalmente en Illinois, dijo Covelli. Se recuperaron otras armas en su casa de la cercana localidad de Highwood.
Podría haber habido una matanza incluso peor: según un portavoz de la policía, Crimo condujo hasta Madison, Wisconsin, el lunes luego del tiroteo de Illinois y contempló la posibilidad de cometer un segundo ataque.
Crimo vio «una celebración en curso… y contempló seriamente la posibilidad de utilizar el arma de fuego que tenía en su vehículo para cometer otro tiroteo en Madison», dijo Covelli a los periodistas tras la comparecencia del miércoles, identificando el arma como una Kel-Tec SUB200. Crimo tenía aproximadamente 60 rondas de munición en su auto en ese momento, dijo Covelli.
«No tenemos información que sugiera que planeaba conducir a Madison inicialmente para cometer otro ataque. (Pero) sí creemos que estaba conduciendo después del primer ataque y vio la celebración», dijo Covelli.
«Los indicios apuntan a que no había pensado o investigado lo suficiente», dijo Covelli.
Covelli declinó de nuevo abordar el motivo del sospechoso, diciendo a los periodistas que no quería entrar en detalles específicos sobre lo que Crimo dijo a los investigadores.
«Sin embargo, tenía algún tipo de afinidad hacia los números 4 y 7, y el inverso era 7/4», dijo Covelli, en referencia a la fecha del lunes, el 4 de julio. Según Covelli, la afinidad de Crimo «viene de la música que le interesa».
Las autoridades no tienen ninguna información que sugiera que el tiroteo del lunes tuvo «una motivación racial, religiosa o cualquier otra condición protegida», dijo Covelli.
Mientras otra comunidad se tambalea tras un impactante tiroteo masivo, la alcaldesa de la ciudad se pregunta cómo pudo el atacante comprar armas teniendo en cuenta sus encuentros previos con las fuerzas del orden.
Sin embargo, la información publicada por la policía estatal y local muestra que el atacante requirió previamente la intervención de los agentes por amenazas de violencia y problemas de salud mental.
Crimo tuvo dos encuentros con la policía en 2019 por temor a su seguridad y la de otros, información que llevó a la alcaldesa de Highland Park, Nancy Rotering, a preguntarse cómo pudo Crimo obtener armas de fuego legalmente.
El Departamento de Policía de Highland Park recibió un informe en abril de 2019 de que Crimo había intentado suicidarse anteriormente, dijo Covelli el martes. La policía habló con Crimo y sus padres y el asunto fue manejado por profesionales de la salud mental, dijo.
Internacionales
Nueva Masacre: Tres hombres son asesinados a balazos dentro de una vivienda en Honduras
La violencia sigue dejando su marca en Honduras. La noche del domingo, tres hombres fueron asesinados a balazos dentro de una vivienda en el sector Las Selvas, comunidad de El Guano, en Danlí, departamento de El Paraíso.
Las víctimas fueron identificadas como Noel Adolfo Elvir, Edil Cruz y David Canales, cuyos nombres ahora se suman a la larga lista de homicidios registrados en el país durante los primeros meses de este año.
Según información preliminar proporcionada por autoridades policiales, cuatro sujetos armados llegaron al lugar en dos motocicletas y, sin mediar palabra, ingresaron a la vivienda de Canales, abriendo fuego contra los presentes.
El comisionado Wilber Reyes, director de comunicación estratégica de la Policía Nacional, confirmó que las víctimas tenían antecedentes penales.
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La presencia de antecedentes criminales en dos de las víctimas ha llevado a las autoridades a considerar como principal hipótesis del ataque una disputa por el control de territorios vinculados al narcotráfico.
Por su parte, la Policía Nacional mantiene abiertas todas las líneas de investigación y no descarta ninguna hipótesis. Hasta el momento, no se reportan capturas, y se continúa trabajando para dar con el paradero de los responsables.
La escena fue acordonada por los agentes que iniciaron la recopilación de pruebas, mientras los vecinos del sector permanecen consternados por la violencia que irrumpió en su comunidad en plena noche.
La masacre de Danlí se suma a un preocupante patrón de violencia en Honduras. De acuerdo con el Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), en lo que va del año se han registrado seis masacres en distintas localidades del país.
Cada una de estas tragedias ha cobrado la vida de varias personas, evidenciando la persistencia de la violencia letal y la vulnerabilidad de las comunidades hondureñas. Entre estas masacres se incluyen:
Olanchito, Yoro, el 10 de enero, con 3 muertos.
La Masica, Atlántida, el 17 de febrero, con 5 muertos.
San Andrés, Lempira, el 9 de marzo, con 3 muertos.
El Progreso, Yoro, el 12 de marzo, con 4 muertos.
Sulaco, Yoro, el 13 de marzo, con 5 muertos.
Danlí, El Paraíso, el 5 de abril, con 3 muertos.
Estos hechos reflejan un promedio de seis homicidios diarios en el país, según datos del OV-UNAH, y muestran cómo la criminalidad organizada y las disputas por control territorial continúan afectando la vida cotidiana de los hondureños.
Vecinos del sector Las Selvas describieron la noche del domingo como un momento de pánico y desesperación. “Fue un momento muy fuerte, nunca habíamos visto algo así en nuestra comunidad. Escuchamos los disparos y todo quedó en silencio después de que huyeron los atacantes”, relató un habitante del sector, quien prefirió mantener su nombre en reserva. La violencia irrumpió en la tranquilidad de la comunidad, dejando un impacto profundo tanto emocional como social.
Las autoridades han llamado a la población a colaborar con cualquier información que pueda ayudar a identificar y capturar a los responsables. “Estamos haciendo todo lo posible para dar con estos criminales y llevarlos ante la justicia. No descartamos ninguna hipótesis y seguimos recolectando evidencia en la escena del crimen”, indicó Wilber Reyes, subrayando la importancia de la cooperación ciudadana.
Internacionales
Tragedia en Honduras: familias enteras que regresaban de un retiro espiritual quedaron marcadas por la muerte en un fatal accidente en Santa Barbara
El siniestro, que tuvo lugar durante el retorno de un grupo de vecinos de Tegucigalpa tras un retiro religioso en Guatemala, una tragedia que ha marcado a una colectividad entera y pone en cuestión los controles de seguridad en el transporte de carga peligrosa.
El hecho, reportado por diversas fuentes locales, involucró un microbús tipo coaster, conducido por Javier Deras, de 48 años, quien viajaba junto a su esposa, su madre y otros familiares y vecinos. La familia, residente en la colonia La Torocagua de Tegucigalpa, compartía el viaje junto con otros miembros de la comunidad, en su mayoría habitantes de la misma cuadra o incluso de casas contiguas.
Entre las personas a bordo se contaban mujeres reconocidas en el sector, como doña Lila, cuya participación intensifica el carácter colectivo del duelo. Los lazos comunitarios han convertido la tragedia en un dolor compartido y la han dotado de un significado que supera la suma individual de las vidas perdidas.
La tragedia dejó al menos diez víctimas fatales y otras siete personas heridas, algunas en estado grave, según información recabada en el lugar. La cifra, validada por las autoridades, amplifica el impacto de un hecho con consecuencias físicas y emocionales de largo alcance. Entre las personas lesionadas se confirman menores de edad, incluido un niño de nueve años y una adolescente de diecisiete, testigos directos del accidente y portadores ahora de secuelas físicas y trauma emocional.
El accidente también destaca por la composición de sus víctimas: muchas de ellas eran familia, vecinos o amigos de toda la vida. Lidia Elena Cubas Murillo y su hija Lidia Abelina Zelaya Cubas murieron juntas en el trayecto, reflejo de la pérdida simultánea de dos generaciones.
Se identificaron, además, a Orestila Castellano, de 64 años, y María Cupertina Ortiz, de 61, cuyo hijo Manuel Amaya compartió la dificultad adicional que enfrentan los deudos para celebrar honras fúnebres debido a la presencia de cianuro en el lugar del siniestro y las restricciones impuestas por la magnitud del impacto.
La madre de Javier Deras, Francisca Zelaya, también figura entre los nombres de fallecidos. Según allegados, sufrió un infarto tras enterarse de la muerte de su hijo y falleció en un centro asistencial, un dolor que se suma a la cadena de pérdidas. La lista se completa con Mirna Álvarez, de 63 años, y Yarely Rodríguez, de 40, esposa de Deras, ampliando la tragedia a diferentes generaciones y reforzando el carácter luctuoso de este evento.
Las circunstancias del accidente abrieron una línea de indignación particularmente sensible. De acuerdo con las autoridades, el conductor de la rastra que transportaba cianuro no contaba con la licencia correspondiente para manejar carga pesada. Este dato relevante plantea dudas sobre el rigor de los controles vehiculares y la normativa de transporte, especialmente en relación con sustancias peligrosas como el cianuro.
El hijo de una de las víctimas detalló el desafío que ha supuesto para las familias la manipulación de los cuerpos y la organización de los sepelios: “Ella venía de Antigua Guatemala. Ya me decía que nunca iba a viajes, es la primera vez que salía así con personas particulares”, Según declaraciones de Manuel Amaya al referirse a la experiencia de su madre María Cupertina Ortiz.
Los relatos indican que un microbús con al menos 17 pasajeros proveniente de un retiro religioso en Guatemala fue embestido por una rastra que transportaba cianuro en Quimistán, Santa Bárbara; el saldo es de al menos diez personas fallecidas y siete heridas, incluyendo menores de edad y varios miembros de la misma familia y comunidad, según confirmaron las autoridades locales y testimonios de vecinos.
La colonia La Torocagua, en Tegucigalpa, se ha convertido en un epicentro del dolor colectivo: buena parte de sus habitantes viajaba junta en el microbús y, ahora, comparte el luto en una cotidianidad marcada por la ausencia. Los vecinos se reconocen en las historias personales: viviendas vacías, sillas sin ocupar, y recuerdos de días recientes en que la comunidad preparaba con entusiasmo el viaje espiritual a Guatemala.
El testimonio recogido entre la población local revela el grado de cohesión social previo al incidente. La tragedia no ha dejado únicamente víctimas individuales, sino que ha fracturado relaciones cotidianas y un entramado de solidaridad.
En la evaluación de los hechos, la suma de factores humanos, la posible negligencia y las deficiencias en el control del transporte de materiales peligrosos han potenciado el impacto de este accidente. Sin embargo, para las familias y sobrevivientes, el dolor trasciende cualquier balance institucional: cada nombre perdido es una vida, una biografía interrumpida y un legado que permanece en la memoria de la comunidad
Internacionales
¡Indignación en México! Asesinada por celos: dos “amigas” estrangularon a Leyla Monserrat y la justicia les cobra solo 5 mil pesos
Un triángulo amoroso entre adolescentes terminó en uno de los crímenes más salvajes de los últimos meses en Sonora. Leyla Monserrat Lares Becerra, de solo 15 años, fue brutalmente asesinada el 25 de septiembre de 2025 en el ejido El Desierto, municipio de General Plutarco Elías Calles.Sus dos supuestas “mejores amigas”, de 13 y 15 años, la citaron con el engañoso pretexto de “darle una sorpresa”.
Una vez allí, la ataron, le vendaron los ojos y la estrangularon hasta quitarle la vida. No conformes con eso, grabaron el asesinato con un celular y luego enterraron su cuerpo en el patio de una vivienda, cubriéndolo con cal para acelerar la descomposición y borrar las evidencias.
El móvil del crimen, según confesaron las propias agresoras, fueron celos sentimentales: una de ellas estaba enamorada del mismo joven con quien Leyla mantenía una relación y no soportó la competencia.La investigación dio un giro clave cuando un video del crimen fue enviado anónimamente a la madre de la víctima, Carmen Becerra. Tras la detención y confesión de las menores, un juez del Sistema Integral de Justicia Penal para Adolescentes dictó sentencia en marzo de 2026.
La joven de 15 años fue condenada a dos años y diez meses de internamiento, mientras que la de 13 años recibió once meses de libertad asistida. Ambas deberán pagar, de manera mancomunada, apenas 5 mil 657 pesos como reparación del daño moral.
La cifra ha provocado una enorme indignación en todo el país. Carmen Becerra denunció que ni siquiera pudo despedirse dignamente de su hija: el ataúd llegó cerrado debido al terrible estado en que fue encontrado el cuerpo. Los gastos del funeral superaron los 30 mil pesos, y la familia aún no ha recibido ni un peso de la reparación económica, que considera una verdadera burla a su dolor.
El caso ha reabierto el debate sobre la legislación de justicia juvenil en México. Colectivos feministas y miles de usuarios en redes sociales exigen reformas urgentes para que crímenes de esta brutalidad no queden prácticamente impunes bajo el argumento de la minoría de edad de las responsables. Muchos consideran que se trató de un feminicidio y cuestionan que el sistema parezca proteger más a las victimarias que a las víctimas.
Mientras las dos adolescentes cumplen penas cortas y podrían pronto retomar sus vidas normales, la madre de Leyla Monserrat sigue sin poder cerrar su duelo y se pregunta cómo es posible que en México el valor de la vida de una niña de 15 años se mida en apenas cinco mil pesos.






