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Los 50 mejores libros publicados este 2019, según el medio español El País
El País lanzó la lista de los mejores 50 libros publicados este 2019, la cual encabeza la obra Lluvia fina, de Luis Landero, publicada en marzo y que ya está siendo adaptada al teatro y a la televisión.
Lluvia fina se corona como la obra más destacada de 2019 en una votación en la que participaron 60 críticos y escritores. Además, seis autores latinoamericanos escogen sus lecturas del año.
Sin más preámbulo, estos son los 50 mejores libros del 2019. ¿Cuáles te faltan por leer?
1. Lluvia fina, Luis Landero
2. Los errantes, Olga Tokarczuk. (Traducción de Agata Orzeszek. Anagrama)
3. Desierto sonoro, Valeria Luiselli. (Traducción de Daniel Saldaña París y Valeria Luiselli. Sexto Piso)
4. Tiempos recios, Mario Vargas Llosa. (Alfaguara)
5. Tiempo de magos, Wolfram Eilenberger. (Traducción de Joaquín Chamorro Mielke. Taurus)
6. Cambiar de idea, Aixa de la Cruz. (Caballo de Troya)
7. La isla de los conejos, Elvira Navarro. (Literatura Random House)
8. El sueño de una lengua común, Adrienne Rich. (Traducción de Patricia Gonzalo de Jesús. Sexto Piso)
9. Emilia Pardo Bazán, Isabel Burdiel. (Taurus)
10. El colgajo, Philippe Lançon. (Traducción de Juan de Sola. Anagrama)
11. Jardín Gulbenkian, Juan Antonio González Iglesias. (Visor)
12. La única historia, Julian Barnes. (Traducción de Jaime Zulaika. Anagrama)
13. Capital e ideología, Thomas Piketty. (Traducción de Daniel Fuentes. Deusto)
14. Iluminada, Mary Karr. (Traducción de Regina López Muñoz. Errata Naturae y Periférica)
15. Nuestra parte de noche, Mariana Enriquez. (Anagrama)
16. Un corazón demasiado grande, Eider Rodríguez. (Literatura Random House)
17. Mañana tendremos otros nombres, Patricio Pron. (Alfaguara)
18. Lejos de Kakania, Carlos Pardo. (Periférica)
19. Máquinas como yo, Ian McEwan. (Traducción de Jesús Zulaika Goicoechea. Anagrama)
20. Recuerdos del futuro, Siri Hustvedt. (Traducción de Aurora Echevarría Pérez. Seix Barral)
21. Teatro, Henrik Ibsen. (Traducción de Cristina Gómez-Baggethun. Nórdica)
22. Cuentos completos, Mario Levrero. (Literatura Random House)
23. Terra Alta, Javier Cercas. (Planeta)
24. Hambruna roja, Anne Applebaum. (Traducción de Nerea Arando Sastre. Debate)
25. El naufragio de las civilizaciones, Amin Maalouf. (Traducción de María Teresa Gallego. Alianza)
26. Fin. Mi lucha: 6, Karl Ove Knausgård. (Traducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo. Anagrama)
27. El arte mágico, André Breton. (Traducción de Mauro Armiño. Atalanta)
28. Testamento de juventud, Vera Brittain. (Traducción de Regina López Muñoz. Periférica / Errata Naturae)
29. Cometierra, Dolores Reyes. (Sigilo)
30. Un apartamento en Urano, Paul B. Preciado. (Anagrama)
31. Canto yo y la montaña baila, Irene Solà. (Traducción de Concha Cardeñoso Sáenz de Miera. Anagrama)
32. El negociado del yin y el yang, Eduardo Mendoza. (Seix Barral)
33. Javier Pradera o el poder de la izquierda, Jordi Gracia. (Anagrama)
34. Una odisea, Daniel Mendelsohn. (Traducción de Ramón Buenaventura. Anagrama)
35. España. Un relato de grandeza y odio, José Varela Ortega. (Espasa)
36. Las lealtades, Delphine de Vigan. (Traducción de Javier Albiñana Serraín. Anagrama)
37. La mente de los justos, Jonathan Haidt. (Traducción de Antonio García Maldonado. Deusto)
38. Los testamentos, Margaret Atwood. (Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino. Salamandra)
39. Sidi. Un relato de frontera, Arturo Pérez-Reverte. (Alfaguara)
40. El corazón de Inglaterra, Jonathan Coe. (Traducción de Mauricio Bach. Anagrama)
41. Vivir abajo, Gustavo Faverón Patriau. (Candaya)
42. Cuentos completos, Hebe Uhart. (Adriana Hidalgo Editora)
43. Días temibles, A. M. Homes. (Traducción de Andrés Barba. Anagrama)
44. Seguir con el problema, Donna J. Haraway. (Traducción de Helen Torres Consonni)
45. Tus pasos en la escalera, Antonio Muñoz Molina. (Seix Barral)
46. La ladrona de fruta, Peter Handke. (Traducción de Anna Montané. Alianza)
47. La suerte de Omensetter, William H. Gass. (Traducción de Ce Santiago. La Navaja Suiza)
48. Una leve exageración, Adam Zagajewski. (Traducción de Anna Rubió Rodón y Jerzy Sławomirski. Acantilado).
49. La biblioteca en llamas, Susan Orlean. (Traducción de Juan Trejo. Temas de Hoy)
50. Churchill, Andrew Roberts. (Traducción de Tomás Fernández Aúz Crítica)
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Bad Bunny visibilizó la economía latina en el show de medio tiempo del Super Bowl
El medio tiempo del Super Bowl 2026 no solo marcó un hito musical con Bad Bunny al frente, también dejó una lectura social que llamó la atención, porque el escenario se transformó en una postal viva de la economía latina de «barrio»
Lejos de logotipos corporativos y marcas globales, el show apostó por taquerías, barberías, puestos ambulantes y oficios que forman parte del día a día de millones de personas dentro y fuera de EE. UU.
Durante la presentación aparecieron referencias a vendedores de cocos, tiendas de esquina, barberías, albañiles y locales de compra de oro y plata, donde cada elemento aportó a una narrativa clara sobre la cultura latina y su excepcional mano de obra en la economía de cada país.
Estos micronegocios representan una forma de autoempleo con baja inversión, márgenes ajustados y un fuerte vínculo comunitario. La barbería y la tienda de barrio, por ejemplo, funcionan como espacios de confianza, puntos de encuentro y, en muchos casos, como el primer paso económico de familias migrantes.
La presencia de albañiles destacó el papel de trabajadores esenciales en la construcción de las ciudades, frecuentemente invisibilizados pese a su peso en la economía productiva. En paralelo, los locales de compra de oro y plata aludieron a negocios que suelen funcionar como salvavidas financiero en momentos de crisis.
La taquería Villa’s Tacos, de Los Ángeles, fue otro de los momentos clave, el negocio, fundado por Víctor Villa, hijo de migrantes michoacanos, tuvo apenas unos segundos en pantalla, pero el impacto fue inmediato, y al día siguiente, las filas superaban la hora de espera.
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Vendedora de cocos que apareció junto a Bad Bunny en el Super Bowl es salvadoreña
La breve pero llamativa aparición de una vendedora de cocos junto a Bad Bunny durante el Super Bowl generó una ola de reacciones en redes sociales, luego de que se confirmara que la mujer es de origen salvadoreño.
La información fue compartida por su sobrina a través de un video que publicó en su cuenta de Instagram, donde expresó su emoción y orgullo por la respuesta del público hacia su tía, quien participó en el medio tiempo del Super Bowl de este año.
«Solo quiero darles las gracias por todo el cariño hacia el video de mi titi, nuestra titi, mi tía», expresó la joven identificada en redes como Fabiola Jessica.
Según relató, su tía ya está jubilada y participa en comerciales por diversión, por lo que logró formar parte del proyecto, conocer a Bad Bunny y representar a El Salvador en uno de los eventos televisivos más vistos del mundo.
«Estoy tan orgullosa de ella porque está representando a El Salvador», señaló la sobrina, destacando además la importancia de la representación latina. «La representación latina importa, así que estoy súper orgullosa de ella», añadió.
El video ha sido compartido y comentado, con mensajes de apoyo y orgullo por la participación de la salvadoreña en un escenario de alcance global como el Super Bowl.
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El Super Bowl se tiñe de identidad
Lo que el mundo presenció en el show de medio tiempo del Super Bowl LX no fue solo un concierto de música urbana, fue una puesta en escena cinematográfica diseñada para celebrar la identidad latina. Fiel a su estilo impredecible, Bad Bunny transformó el césped del estadio en un mapa vivo de la historia puertorriqueña y la unidad hispana.
Estos son algunos símbolos que hicieron de este espectáculo un acto cultural lleno de historia.
1. El inicio: La caña de azúcar y el peso de la historia
El show no empezó con pirotecnia, sino con una toma amplia que transportó a la audiencia a los campos de caña de azúcar. Mientras Benito comenzaba los primeros versos de «Tití Me Preguntó», caminaba entre trabajadores que cortaban la caña con machetes.
Este no fue un detalle decorativo. La caña de azúcar fue el motor económico del Caribe, pero también es el símbolo del colonialismo y la esclavitud. Al vestir a los bailarines con ropa blanca y la tradicional pava (el sombrero de paja del campesino o «jíbaro»), Bad Bunny honró a los antepasados que trabajaron estas tierras hasta que se abolió la esclavitud en Puerto Rico en 1873.
2. Un paseo por el barrio
A medida que avanzaba la música, el escenario se convirtió en una calle llena de vida. El cantante pasó por:
El puesto de piraguas (parecida a las minutas salvadoreñas): Un ícono de la nostalgia boricua. El detalle maestro estuvo en las botellas de sirope: cada una llevaba la bandera de países como México, España y Colombia, reforzando el mensaje de hermandad latina que menciona la letra de su canción.
La cotidianidad latina: Se observó a hombres mayores concentrados en una partida de dominó, jóvenes en un puesto de «coco frío» y mujeres en un local de aplicación de uñas, reflejando la estética y los negocios que dan vida a los barrios tradicionales desde San Juan hasta Nueva York, y que también existen en algunos países latinos.
3. El Sapo Concho y El Morro
En las pantallas gigantes apareció un personaje inesperado: Concho, un sapito animado. Se trata del sapo concho, una especie endémica de Puerto Rico en peligro crítico de extinción. Con esto, el artista subrayó la importancia de proteger el hábitat natural de la isla frente al desarrollo desmedido.
Poco después, la escenografía se transformó en una réplica de El Morro (Castillo San Felipe del Morro). Esta fortaleza del siglo XVI, que protege la bahía de San Juan, sirvió de marco para que Lady Gaga se uniera a Bad Bunny para cantar «Baile Inolvidable». La presencia de este monumento nacional subrayó la antigüedad y la fuerza de la cultura puertorriqueña.
4. Toñita y la resistencia en «NuevaYol»
Durante la interpretación de «NuevaYol», ocurrió un momento cargado de significado social. Bad Bunny aceptó un trago de María Antonia “Toñita” Cay.
¿Quién es Toñita? Es la dueña del Caribbean Social Club en Brooklyn, un lugar que ha resistido por más de 50 años la presión de la gentrificación. Al incluirla, Benito envió un mensaje claro: la diáspora latina no olvida sus raíces.
5. Una denuncia colgada de los postes
El tono cambió cuando sonó «El Apagón». Los mismos trabajadores que al inicio cortaban caña, ahora estaban subidos a postes eléctricos. Este es un símbolo potente de la frustración por los constantes cortes de luz en Puerto Rico tras el huracán María. La escena recordó cómo los propios ciudadanos tuvieron que arriesgar sus vidas trepando postes para reconectar a sus comunidades.
6. La Flor de Maga y el boxeo
El simbolismo visual llegó incluso al vestuario. Tanto Lady Gaga como el director de orquesta Giancarlo Guerrero portaron la Flor de Maga, la flor nacional de Puerto Rico.
El show también rindió homenaje al boxeo, el deporte que ha dado gloria a México, Puerto Rico, Argentina, Panamá y Cuba. El cuadrilátero en el escenario representó esa lucha constante y la disciplina que caracteriza al atleta latino.
7. Tradiciones familiares
Uno de los momentos más comentados por su autenticidad fue cuando Bad Bunny despertó a un niño que dormía en dos sillas en medio de la fiesta. Esta es una imagen universal en las celebraciones hispanas: la fiesta dura tanto que los niños terminan acomodados donde pueden mientras los adultos siguen bailando.
Además, en un gesto de inspiración, vimos a una familia viendo por televisión el momento en que Bad Bunny ganó su Grammy. Benito, en el escenario, le entregó el trofeo al niño, cerrando el círculo de que los sueños, por más grandes que parezcan, son alcanzables para los jóvenes de la isla.
8. El Gran Final: La Casita y las banderas
El espectáculo culminó con la aparición de «La Casita», una estructura sencilla de techo plano que representa el hogar típico de Puerto Rico. Desde allí, Bad Bunny nombró uno a uno los países de América Latina mientras las banderas de toda la región ondeaban en el estadio.
Fue un cierre épico que no dejó duda alguna: el Super Bowl LX no fue solo un evento estadounidense, fue, por trece minutos, la capital de toda Latinoamérica.


