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TSE se reestructuró ante los comicios generales de 2027

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El Tribunal Supremo Electoral (TSE) ha reestructurado su operatividad institucional de cara a las elecciones de presidente de la república, diputados y concejos municipales que se realizarán el 28 de febrero de 2027.

Para tal efecto, el organismo colegiado ha creado 10 comisiones multidisciplinarias de trabajo que desarrollan funciones administrativas, operativas, logísticas, jurídicas y de planeación, según se detalla en la memoria de labores 2024-2025.

Como parte de los grupos de trabajo está la Comisión de Seguimiento I del Plan General de Elecciones [PLAGEL] 2027, cuya función es la de «dar seguimiento a la elaboración de los programas en el ámbito de sufragio en el territorio nacional y sufragio en el extranjero».

Estos programas incluyen la elaboración del Plan General de Seguridad Electoral, la inclusión e igualdad electoral, el cierre del registro electoral y generación de padrones, información y atención de consulta ciudadana, capacitación electoral, organización y logística electoral, soporte de escrutinio de la Junta Receptora de Voto (JRV).

También incluye la transmisión, procesamiento y divulgación de resultados electorales preliminares [Sistema para voto electrónico y transmisión de resultados electorales preliminares] y escrutinio final.

Esta comisión es integrada por Roxana Soriano, presidenta del TSE, una magistrada propietaria y dos suplentes.

La obligatoriedad de crear e integrar estas comisiones está normado en el artículo 50 del Código Electoral, para los fines que la institución designe, es decir, administrativo, operativo, logístico, jurídico y de planeación, «conforme sea requerido para la óptima gestión de la administración pública».

En lo relativo siempre a las elecciones, fue creada la Comisión de Seguimiento II y III del PLAGEL y la Comisión Organizadora de este plan, entre otras.

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Analizando la arquitectura del abismo geopolítico- Lisandro Prieto Femenía

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“La violencia, al ser por naturaleza instrumental, es racional solo si es efectiva para alcanzar el fin que debe justificarla”- Hannah Arendt (1970, p. 79).

El acontecimiento que nos ocupa hoy exige situarlo en el terreno de la reflexión política y moral antes que en el mero registro periodístico de versiones de supuestos hechos. El ataque conjunto de Estados Unidos e Israel a objetivos iraníes no es una simple maniobra táctica, sino una acción que plantea una tensión imposible de soslayar entre el derecho a la autodefensa y el principio de soberanía de los Estados. Cuando las potencias recurren a la fuerza con la pretensión de neutralizar amenazas, la cuestión no se agota en la eficacia militar, sino que reabre interrogantes profundos sobre la legitimidad, la racionalidad instrumental y las consecuencias imprevisibles de esa acción. El discurso oficial presenta la operación como una respuesta necesaria para eliminar peligros inminentes, pero esta narrativa me resulta insuficiente si no se explicitan criterios claros que justifiquen por qué la violencia es preferible a la contención, la negociación o los canales multilaterales.

La guerra en sí, como instrumento político, tiene la particularidad de transformar la temporalidad de la decisión: la imposición de la fuerza acorta deliberaciones que, en condiciones pacíficas, requerirían procedimientos institucionales más amplios. Esta condensación temporal, demás, traslada la responsabilidad moral desde el espacio compartido de la política a la esfera de la decisión ejecutiva. Quienes autorizan bombardeos en nombre de la seguridad nacional o global asumen, con ello, la potestad de definir enemigos y objetivos, una potestad que debería ser objeto de escrutinio público y jurídico previo. Al respecto, resulta imperativo rescatar lo que Hannah Arendt señala en su obra “Sobre la violencia” (1970), donde advierte que la violencia aparece allí donde el poder está en peligro, pero en su propio ejercicio termina por socavar la base misma de lo político. La autora sostiene con lucidez que “donde la violencia ya no es respaldada y limitada por el poder… se produce un cambio de dirección: la meta ya no es la potencia, sino la destrucción” (Arendt, 1970, p. 52).

Esta potestad de definir al enemigo nos remite inevitablemente a la tesis de Carl Schmitt en su obra “El concepto de lo político” (1932), donde postula que la distinción específica a la que puede reducirse el accionar político es la distinción entre el amigo y el enemigo. Para él, “soberano es quien decide sobre el estado de excepción” (Schmitt, 1922/2009, p. 13), y esa distinción no es una cuestión de derecho, sino de pura autoridad que se manifiesta precisamente cuando el orden normal se suspende. Pues bien, el ataque a Irán es un reflejo de esta lógica schmittiana en su estado más puro: el Ejecutivo de dos países no sólo identifica una amenaza, sino que, al designar al “otro” como enemigo absoluto, lo sitúa por encima del marco normativo internacional para actuar en un vacío legal autopercibido como legítimo.

Para comprender la naturaleza del actor atacado, es preciso analizar la estructura del poder en Irán, definida como una República Islámica Teocrática donde la ley religiosa prevalece sobre la civil. El mando supremo recae en el Líder Supremo (Ayatolá), un cargo vitalicio que concentra el control total de las Fuerzas Armadas, la Guardia Revolucionaria, casi la totalidad de las empresas públicas y los servicios de Inteligencia, supervisando además al Consejo de Guardianes que veta leyes y candidatos. Esta jerarquía clerical constituye el centro real del poder, operando bajo una lógica antioccidental que busca la eliminación de lo que denominan el “régimen sionista”, financiando para ello a milicias regionales como Hamás, Hezbolá y los Hutíes. La ofensiva actual busca, según los comunicados de Washington y Tel Aviv, “aniquilar” este régimen y su industria de misiles para terminar con lo que consideran una “amenaza existencial”.

Sin embargo, esta audacia estratégica no ocurre en un vacío geopolítico, sino que parece encontrar su condición de posibilidad en la erosión de los equilibrios de poder globales. La incursión norteamericana e israelí cobra una dimensión distinta si se analiza bajo la premisa de que sólo ha sido ejecutable gracias a la “distracción” de Rusia en su propio frente bélico contra Ucrania. Este desplazamiento de la atención y los recursos rusos ha generado un intersticio de impunidad para los intereses de Washington y Tel Aviv en Oriente Medio. Al respecto, es pertinente rescatar los aportes de Zygmunt Bauman, particularmente en su obra “Varianza de la modernidad” (2007), en la que sostiene que “el poder se mueve con la velocidad de la señal electrónica (…) y la capacidad de actuar depende de la capacidad de escapar a la mirada o a la interferencia del adversario” (Bauman, 2007, p. 112). En este sentido, la guerra en Ucrania funciona como una pantalla de invisibilidad relativa que permite a la coalición occidental reconfigurar el mapa global sin la habitual contrapresión efectiva del Kremlin.

A este complejo tablero se suma la desconcertante pasividad de una Europa que contempla el conflicto como un asunto lejano, ajeno. Jürgen Habermas, en ¡Ay, Europa! (2009), nos advierte que “una Europa que sólo se preocupa por sus propios equilibrios económicos internos corre el riesgo de volverse irrelevante en la defensa de un orden cosmopolita basado en el derecho” (Habermas, 2009, p. 84). Esta omisión convalida indirectamente la ley del más fuerte, manifestándose de forma dramática en la Organización de las Naciones Unidas. Ante los ojos del ciudadano común y de las víctimas mortales de toda guerra, la ONU parece hoy una entidad con los ojos vendados, incapaz de frenar la omnipotencia prepotente de actores que operan bajo sus propios métodos. Sobre éste aspecto en particular, Hans Morgenthau ya anticipaba esta fragilidad en “Política entre las naciones” (1948), al sostener que “el derecho internacional es un derecho descentralizado cuya efectividad depende en última instancia del equilibrio de poder” (Morgenthau, 1948/1986, p. 312).

En esta instancia del texto es fundamental precisar que esta reflexión no busca tomar partido por una facción o ideología específica. No se trata aquí de ser pro-palestino, pro-sionista o pro-norteamericano. Recordemos que en filosofía la tarea no es el alineamiento dogmático, sino la reflexión crítica en pos del bien común y la dignidad humana. Como seres supuestamente pensantes que somos, debemos defender que ni una sola gota de petróleo ni ningún pedazo de tela triste- como lo son las banderas que se usan para justificar exterminios- valen más que una vida humana. El imperativo ético nos obliga a exigir que las reglas claras del derecho internacional recuperen el vigor que nunca debieron perder. En su ensayo “Sobre la paz perpetua” (1795), Immanuel Kant planteaba que el derecho internacional debe fundarse en un federalismo de Estados libres y no es el dominio de uno sobre otro, pues “el estado de paz entre hombres que viven juntos no es un estado de naturaleza, que es más bien un estado de guerra (…) debe, por tanto, ser instaurado” (Kant, 1795/2012, p. 66). La recuperación de este marco legal no es una opción diplomática, sino una necesidad para salvaguardar los derechos universales de todos los seres humanos frente a la arbitrariedad del poder técnico y militar.

Ahora bien, tampoco podemos olvidar el contexto iraní, puesto que no representa un objetivo estratégico: es un actor cuya soberanía ha sido históricamente tensionada. La República Islámica se sitúa en una encrucijada donde su estructura estatal es el blanco de una lógica de “fuerza máxima” que ignora la complejidad interna de su sociedad. Al golpear objetivos en suelo iraní, se ignora que la legitimidad de una acción estatal está íntimamente ligada a la minimización de daños injustos. La vulnerabilidad de la infraestructura civil iraní subraya una asimetría que no sólo es bélica, sino profundamente ética.

Paralelamente, en esta arquitectura de la excepción, el rol de los medios masivos de comunicación y las redes sociales resulta determinante como aparato de resonancia y legitimación. Los medios no sólo transmiten los hechos, sino que participan en la normalización de la excepcionalidad, convirtiendo la emergencia en un régimen permanente. Por su parte, la inmediatez de las redes sociales atomiza la reflexión, transformando el horror en un espectáculo de consumo rápido y masivo que erosiona la capacidad de escrutinio. Esta dinámica nos introduce en la problemática de la racionalidad instrumental, donde el pensamiento se reduce al cálculo de medios para fines. Arendt explora esto en “Eichmann en Jerusalén” (1963) señalando que “cuanto más se le escuchaba, más evidente era que su incapacidad para hablar iba estrechamente unida a su incapacidad para pensar” (Arendt, 1963/2003, p. 74). La “banalidad” se manifiesta cuando el bombardeo se procesa como un dato logístico y la destrucción de centros urbanos se convierte en una variable estadística que se vende como “necesaria”.

Lejos de blindar respuestas concluyentes, y siendo fieles al espíritu filosófico crítico que no se deja endulzar por ninguna ideología dominante, procedemos a preguntar: ¿puede la comunidad internacional recuperar instrumentos de justicia que impidan que las decisiones de guerra queden circunscritas a ejecutivos que actúan conforme al régimen de la excepción? Ante la evidente inoperancia de los organismos internacionales, ¿estamos asistiendo al acta de defunción del derecho como regulador de la convivencia humana o seremos capaces de restaurar un orden donde la vida prevalezca sobre el interés geopolítico? Si aceptamos que la dignidad humana es innegociable, ¿cómo justificamos el silencio ante una racionalidad técnica que sustituye el pensamiento por el automatismo de la destrucción?

En definitiva, amigos míos, ¿es posible reconstruir una ética política global basada en la alteridad cuando el rostro del otro desaparece bajo el cálculo de una conveniencia oportunista? ¿Qué queda de nuestra integridad si permitimos que el estruendo de los misiles y la ceguera de las banderas apaguen definitivamente la voz de la razón pública y el respeto por lo sagrado de la existencia humana?

Referencias bibliográficas

Arendt, H. (1970). Sobre la violencia (G. Solana, Trad.). Alianza Editorial.

Arendt, H. (2003). Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal (C. Ribalta, Trad.). Lumen. (Obra original publicada en 1963).

Bauman, Z. (2007). Varianza de la modernidad. Paidós.

Clarín. (1 de marzo de 2026). Estados Unidos e Israel atacan Irán. Recuperado de https://www.clarin.com/mundo/estados-unidos-israel-atacan-iran-vivo-fuerzas-defensa-israelies-identificaron-misiles-iranies-lanzados-territorio_0_2i8KD05K54.html

El País. (2 de marzo de 2026). Última hora del ataque de EE UU e Israel contra Irán, en directo. Recuperado de https://elpais.com/internacional/2026-03-02/ultima-hora-del-ataque-de-ee-uu-e-israel-contra-iran-en-directo.html

Habermas, J. (2009). ¡Ay, Europa! (P. Madrigal, Trad.). Trotta.

Kant, I. (2012). Sobre la paz perpetua (J. Abellán, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1795).

La Nación. (28 de febrero de 2026). EEUU e Israel lanzan ataques contra Irán. Recuperado de https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/paso-a-paso-como-fue-el-ataque-de-eeuu-a-iran-y-como-se-llego-hasta-aca-nid28022026/

Morgenthau, H. J. (1986). Política entre las naciones: la lucha por el poder y la paz (F. J. Perea, Trad.). Grupo Editor Latinoamericano. (Obra original publicada en 1948).

Schmitt, C. (2009). Teología política (F. J. Conde y J. L. Villacañas, Trads.). Trotta. (Obra original publicada en 1922).

NOVEDADES: Ya está disponible la nueva sección de «Cine y filosofía» con artículos sobre las piezas cinematográficas más importantes de la historia y su correspondiente análisis filosófico,estético, político, existencial y cultural relacionado con nuestro presente. Para adquirir dichas reflexiones contactar por privado.

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Plaza Kalpataru se integra por primera vez al circuito Nuit Blanche en San Benito

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Plaza Kalpataru, un espacio comercial y cultural en San Salvador, se suma por primera vez al circuito de la Nuit Blanche en el barrio de San Benito, ofreciendo una programación diversa que combina arte, música, danza y bienestar durante una noche dedicada a la creatividad urbana.San Salvador se prepara para celebrar la décima edición de la Nuit Blanche en San Benito, una de las experiencias culturales urbanas más esperadas de la ciudad.

Durante una noche dedicada al arte, la música y la creatividad, distintos espacios culturales, comercios y plazas del barrio abrirán sus puertas al público para ofrecer actividades que invitan a recorrer, descubrir y disfrutar de las diversas expresiones artísticas que enriquecen la vida cultural de la capital.

En esta edición especial, Plaza Kalpataru se integra por primera vez al circuito de la Nuit Blanche, sumándose a la celebración con una programación diversa que combina música, danza, bienestar, experiencias gastronómicas y encuentros artísticos abiertos al público.

La jornada en Plaza Kalpataru se desarrollará de 5:00 p.m. a 10:00 p.m., con un ambiente de casa abierta que permitirá a los visitantes conocer los distintos espacios creativos que forman parte de la plaza, disfrutar de un apéro con música y menú especial Nuit Blanche, y participar en actividades pensadas para todo público.Entre las propuestas destacadas de la noche se encuentra el Open House de Irina Flores Dance and Art Studio, que presentará una serie de demostraciones de danza clásica y estilos contemporáneos con estudiantes de distintas edades.

Las presentaciones incluirán danza contemporánea, ballet infantil, danzas españolas, ballet juvenil, hip hop y una propuesta especial de baile dirigida a mayores de 50 años, mostrando la diversidad y vitalidad del movimiento como forma de expresión artística.A las 6:00 p.m., el Vocal Music Studio, dirigido por la artista Lucía Sandoval, ofrecerá la experiencia “Voz y Mente: el camino al artista integral”, una clase abierta de canto acompañada de un showroom que permitirá al público acercarse al proceso creativo y formativo de la voz como instrumento artístico.

La programación continuará a las 7:00 p.m. con la participación de la Sociedad Coral Salvadoreña Ion Cubicec, que presentará el concierto “Romance en blanco”, una propuesta musical que celebrará el amor y la armonía a través del canto coral. Toda esta experiencia se complementará con un atmósfera inspirada en una recepción de boda con una degustación de pastel de boda y un pequeño brindis, gracias a nuestro colaborador EMEVÉ.

La noche también incluirá espacios dedicados al bienestar y la conexión personal. Bajo el concepto “Bienestar bajo la luna”, los niños asistentes podrán acceder a una lectura interactiva sobre el conocimiento y gestión de las emociones y los adultos podrán ser parte de un conversatorio sobre pautas clave para la salud y bienestar emocional, de la mano de Lissette Carcach en su clínica psicológica, para conocer herramientas y prácticas que nos ayudaran con nuestra salud mental.

También disfrutaremos de una sesión de yoga y técnicas de control de estrés para todas las edades en la terraza guiada por Claudia Zeledón, invitando a vivir la Nuit Blanche también como un momento de pausa y equilibrio.

Durante toda la velada, los visitantes podrán participar en el Árbol de los Deseos, una intervención participativa que invita al público a compartir intenciones y reflexiones en un espacio simbólico dentro de la plaza.La programación culminará con un cierre sonoro a partir de las 9:00 p.m., que incluirá la experiencia narrativa-musical “Les petits explorateurs d’histoires”, donde la música y el relato se combinan para crear una historia vivida colectivamente, seguida por “Le chapeau de Saint Benoît”, una exploración sonora que invita a reconectar con la identidad a través de instrumentos musicales y ritmos compartidos.

Con esta participación, Plaza Kalpataru celebra su incorporación al circuito cultural de la Nuit Blanche, invitando al público a descubrir sus espacios creativos y a formar parte de una noche dedicada al arte, el encuentro ciudadano y la celebración de la cultura en San Salvador.

La Nuit Blanche en San Benito se ha consolidado durante una década como una plataforma para acercar el arte a la ciudad, fomentar el diálogo cultural y transformar el espacio urbano en un escenario vivo donde artistas, creadores y público se encuentran.

Plaza Kalpataru abre sus puertas para sumarse a esta celebración y dar la bienvenida a todos quienes deseen vivir una noche de arte, música y experiencias culturales bajo la luna de San Salvador.

Conoce más detalles de nuestra programación en nuestras redes sociales. Búscanos como @restaurantekalpataru en ig y como @kalpataru
en Facebook. O visítanos en Calle La Mascota, #928. San Salvador. Frente a C.C. Las Azaleas.

 

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Hermano de Catalino Miranda concilia con víctima por $200,000

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El Tribunal Segundo de Sentencia de San Salvador autorizó que José Braulio Miranda Arteaga, hermano del fallecido empresario de microbuses, Catalino Miranda, pague $200,00 a una víctima de estafa agravada. Esta resolución se concretó por la vía de la conciliación.

Según el informe judicial, fue la esposa de Miranda Arteaga quien asumió el acuerdo de pago, que consistió en un primer aporte de $150,000 mientras que los $50, 000 restantes serán entregados en cuotas mensuales en el plazo de un año.

De acuerdo al expediente judicial, José Braulio, su hermano Catalino Miranda y su sobrino Adalberto Antonio Miranda Zepeda fueron acusados por la Fiscalía General de la República por el delito de estafa agravada. En representación de la empresa ACOSTES de RL, los hermanos Miranda, firmaron con la víctima un contrato de préstamo con garantía hipotecaria y prendaria por un monto de $1,800,000. Según consta en la acusación, con el tiempo, dejaron de pagarle el dinero.

Durante el proceso, la esposa de José Braulio logró un acuerdo extrajudicial con la víctima por el pago de $200,000, el cual fue autorizado por el Tribunal Segundo de Sentencia de San Salvador. Al concretarse este acuerdo, el Tribunal revocó la medida cautelar de detención provisional contra el imputado y al no tener otro proceso pendiente, ordenó su libertad.

En este mismo proceso es juzgado como reo rebelde, Miranda Zepeda, hijo de Catalino Miranda, a quien la Fiscalía le atribuye también el delito de estafa agravada, porque presuntamente fue quien presentó un documento falso en el Centro Nacional de Registro (CNR) para poder cancelar el mutuo hipotecario que firmaron con la víctima.

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