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Cocinero salvadoreño pone en alto el nombre del país por su trabajo y buen corazón
El chef salvadoreño Roberto Mendoza ha demostrado con creces. que jamás se olvidará de los pobres. Proveniente de una infancia durísima en El Salvador ahora está afincado en Charlotte (Carolina del Norte, Estados Unidos) y ha cocinado para reyes y presidentes. Recientemente ganó la lotería y planea invertir el dinero en seguir alimentando a los que tienen hambre en el poblado de Bayaguana (en la Provincia de Monte Plata, República Dominicana).
Esta historia de la lotería no puedo ser más fortuita. Roberto Mendoza estaba pagando la gasolina de su auto, cuando compró por impulso un boleto de lotería, lo rascó y descubrió que había ganado nada más y nada menos que 250.000 dólares.
Tras zarandear a un amigo que lo acompañaba, lo primero que se le vino a la cabeza, según reporta la cadena de noticias estadounidense CNN, fue una frase de quien piensa habitualmente en los más desfavorecidos: “Este dinero no es mío”. Llevaba ya cinco años dando de comer a niños pobres en Charlotte y ahora iba a continuar haciéndolo en Bayaguana.
En 2013, compró allí un terreno tras recibir un reembolso de impuestos por 10.000 dólares. Quiso montar una cafetería y construir una iglesia mientras soñaba con alimentar a los pobres de la zona. Ahora, con el dinero obtenido por un golpe de suerte, culminará este sueño.
Roberto Mendoza nació en El Salvador, en plena guerra civil, una tragedia para su Patria. Se calcula que entre 1980 y 1992 murieron o desaparecieron unas 75.000 personas. Para las que continuaban vivos, el hambre era un insidioso invitado cotidiano.
Según ha confesado Mendoza, un pensamiento recurrente de su niñez era: “Dios, cuando sea grande, no quiero sentir hambre”.
En medio de la guerra civil, el joven Mendoza quedó atrapado pero, logró llegar huir del país gracias a una organización internacional que le ayudó a llegar a Canadá. De ahí marchó a California, donde estudió cocina. Y tras comenzar a trabajar en hoteles y restaurantes, abrió el suyo en Charlotte: The Chef Heaven Kitchen y alcanzó el éxito. Ha cocinado para el príncipe de Arabia Saudita, para el ex presidente Clinton, para el ex presidente Bush, para el ex presidente Obama, para Condoleezza Rice e incluso para la ceremonia de los Óscar.
Pero Roberto Mendoza nunca ha olvidado ni sus orígenes ni de su infancia de pobreza y, como sabe que “cuando tienes hambre, no hay lenguaje, solo tu estómago gruñe”, tampoco se ha olvidado de ofrecer sus recursos a los que necesitan tomar un buen plato de comida para seguir adelante.
El sufrimiento del hambre en El Salvador fue, según Mendoza, una señal de Dios para que se fuera cocinero. Tanto su profesión como su fe le impulsan, con decisión y sin remilgos, a ayudar a los demás, tanto en Charlotte como en otros lugares del mundo.
Por ejemplo, cada día de Acción de Gracias cocina para más de seis mil personas y suele participar en iniciativas solidarias que atienden y dan de comer a personas sin hogar. Además de la cafetería de Bayaguana, Mendoza ayuda a niños en Bolivia, Nicaragua, Honduras o Haití. “Lo que está en mi corazón, es cocinar para las personas sin hogar”, dijo una vez a la cadena Today.
Sin embargo, sus ojos están puestos en Bayaguana. La cafetería se usará como un lugar limpio y seguro para que los más necesitados y sin hogar, especialmente los niños, puedan comer. Después de ganar la lotería, sabía exactamente lo que quería hacer. Y repite: “Dios y yo lo haremos juntos”.
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ONU exhorta a reconsiderar cadena perpetua para asesinos violadores y terroristas
La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH) para América Central exhortó ayer a las autoridades de El Salvador a revisar la reforma constitucional ratificada la semana anterior, la cual permite la cadena perpetua para asesinos, violadores y terroristas.
«Instamos a las autoridades de El Salvador a revisar con prontitud los preocupantes cambios constitucionales y legales adoptados la semana pasada que prevén la cadena perpetua para niños y niñas desde los 12 años, en contradicción con las normas internacionales de derechos humanos», señala en un comunicado la comisionado Marta Hurtado.
Con la reforma constitucional se aprobaron modificaciones a leyes secundarias, como la Ley penal juvenil, que indica que la cadena impuesta a un menor de edad podrá ser revisada cuando haya cumplido los 25 años de prisión.
De acuerdo con la ONU, «ese enfoque contraviene la convención sobre los derechos del niño», el cual expresa que los niños y niñas que tienen conflicto con la ley sean tratados de manera que se «priorice su rehabilitación y reintegración», y que la condena de prisión se utilice solo como «medida de último recurso y durante el período más breve posible».
Según el organismo, la detención prolongada es profundamente «perjudicial», para los menores pues vulnera varios de sus derechos y afecta su desarrollo y bienestar a lo largo de su vida.
El presidente de la república, Nayib Bukele, reaccionó al comunicado, recordando las graves consecuencias que dejó la Ley del menor infractor, que fue aprobada después de la guerra civil, por recomendación de Naciones Unidas.
Señaló que tres años despúes fueron deportados miembros de pandillas de Estados Unidos, quienes reclutaron a todos los menores que fueran capaces de cometer crímenes, debido a que había una ley blanda que garantizaba la impunidad.
«El resto de la historia ya todos la conocen: esas pandillas se convirtieron en los grupos criminales más sangrientos del mundo», indicó el presidente.
«Así que no, muchas gracias. Llévense sus experimentos sociales a otros países que no hayan sufrido», agregó.
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Modelo de seguridad permite ahora a Cruz Roja atender con tranquilidad y rapidez
Atención más rápida a la población y un trabajo con mayor tranquilidad en las comunidades son algunos de los beneficios percibidos por el personal de la Cruz Roja Salvadoreña (CRS) a cuatro años de la implementación del régimen de excepción.
La institución de ayuda humanitaria aclaró, que a pesar de no haber sido víctimas de la violencia de pandillas que afectó a El Salvador, no dejaron de tomar acciones necesarias para el cuido del personal, como: la creación del protocolo de Acceso Más Seguro, implementación de talleres para atender lesiones por violencia; unificación de luces rojas para las ambulancias (para no confundirse con la PNC) y hasta dejar de colocar los números de 2013 y 2018 en los carnés del personal para evitar problemas con las maras.
«Por la credibilidad institucional, nosotros no tuvimos restricción de acceso a comunidades complicadas, pero sí tomábamos nuestras precauciones, incluso acá la Cruz Roja, uno de los requisitos previos para poder ser carnetizado era el curso Acceso Más Seguro, que era el tema de ver las condiciones, las situaciones del entorno, para poder ingresar a hacer una atención», mencionó el director de voluntariado y seccionales de la CRS, René Aparicio.
El colaborador explicó que, en ocasiones, la condición para ingreso fue el apagar las luces de la ambulancia, «prácticamente esa era como la única restricción que se nos ponían».
Con respecto al color de las luces, el director de la institución, Rigoberto Hernández, explicó que, en 2016, mediante el Acceso Más Seguro unificaron ese aspecto. «Una de las cosas que se reivindicó bastante en ese tema de la ahora norma ministerial es el color de las luces. Antes era indistinto, por ejemplo, había ambulancias que tenían luces rojas combinadas con azules o con blancos. Entonces, se dejó al final que las ambulancias solo utilizan luces rojas, para no confundir con las luces azules de la Policía».
Aparicio recuerda como en dos años no colocaron los años de vigencia 2013 y 2018 para evitar complicaciones con los grupos terroristas, de igual forma tomaron la medida de no mostrar a la seccional a la que pertenecían los voluntarios con el fin de no ser cuestionados por el lugar de origen.
«Antes aquí decía de la seccional de Zacatecoluca, por ejemplo. Entonces le quitábamos eso, porque como ellos (mareros) andaban verificando en qué zona las personas vivían. Imagínese, que, con la credibilidad, con que nos permitían el acceso, todavía teníamos que tener estas restricciones en ese aspecto por un número. Entonces sí, hoy se vive un clima de mayor tranquilidad», reiteró el director de voluntarios.
El colaborador manifestó que durante una emergencia en la colonia Montreal de Mejicanos andaban con una ambulancia placas CR113 y los pandilleros de la 18 llegaron a decir «que les faltaban el respeto». Agregó que a raíz de esa situación pidieron la Viceministerio de Transporte (VMT) que sacara de circulación esa placa.
«Pedimos al VMT que nos cambiaran algunas placas, las que terminaban en uno y ocho; y las que terminaban en uno y tres», indicó.
Trabajo en clima de seguridad
En la actualidad, Aparicio y Hernández concuerdan que los cambios en seguridad permiten desempeñar las funciones en un ambiente de tranquilidad y sin el acoso de las estructuras terroristas.
«Ahora usted con toda tranquilidad puede ir a una colonia a altas horas de la noche. O sea, usted sabe que ya si le pasa algo es porque es una cosa muy fortuita… Hoy con toda tranquilidad se coordina con los parientes de algún paciente, y ya ellos nos esperar afuera, llega la ambulancia, se da el servicio, se traslada al hospital, pero ya sin aquel temor del personal», destacó Aparicio.
Hernández aseguró que, en la actualidad, con el buen clima de seguridad logran llegar más rápido a las emergencias, «Entonces, eso es una ventaja para quien necesita el servicio».
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Círculo de reflexión política siglo XXI: «violencia fue como un Vía Crucis»
El Salvador pasó 30 años de violencia durante los gobiernos de los partidos ARENA y el FMLN, como si se tratara de un verdadero Via Crucis, señala el Círculo de Reflexión Política Siglo XXI en su boletín informativo 29.
«En retrospectiva, puede afirmarse que el pueblo salvadoreño vivió un auténtico Vía Crucis durante las tres décadas de la posguerra, marcado por la expansión de las pandillas y diversas expresiones de violencia criminal y terror», expone el grupo.
Analistas que integran dicho círculo hacen un símil entre las estaciones que conforman el Via Crucis y algunos momentos trágicos del país producto de la violencia.
«Fueron miles de estaciones, inscritas en la memoria colectiva como recordatorio de un dolor histórico que dejó más de100,000 víctimas mortales y una secuela profunda de horror y descomposición social», indican.
Plantean que la primera estación sería «el asesinato de inocentes, incluidos niños»; la segunda, «Políticas públicas fallidas de supuesta “mano dura”, que agravaron la crisis», entre otras






