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El fútbol salvadoreño se empañó de comentarios racistas. El jugador se fue llorando tras los insultos
El fútbol salvadoreño, lamentablemente, se empañó del racismo este sábado durante el cierre del partido entre 11 Deportivo y Chalatenango, para el mundo futbolístico fue una situación que atenta contra el respeto, el Fair Play y las normas del fútbol en el país y en el mundo.
El jugador colombiano Luis Arboleda recibió insultos racistas, por parte de un rival del 11 Deportivo, según explicó el entrenador del equipo norteño, Ramón Sánchez
Todo ocurrió en el minuto 90, cuando el cafetero se fue expulsado tras cometer una falta por detrás a un rival. Fue entonces cuando habría sido insultado por Diego Peraza, de 11 Deportivo, quien le dijo que se levantara porque “estaba manchando la grama” con su sangre, pues el colombiano se había cortado en la acción en la que vio tarjeta roja.
«Estaba en el suelo llorando por la expulsión, había sufrido una herida en la rodilla y el jugador de Once Deportivo (Peraza) me dijo ‘ah va a manchar la cancha’. No tuve el tiempo para decírselo al Árbitro (Héctor Salazar). Desde que estoy en el fútbol salvadoreño es la primera vez que me pasa. Ni en Colombia tuve un percance así» manifestó Arboleda
El jugador de Chalatenango se marchó llorando al camerino, y luego contó lo sucedido al presidente del equipo, Rigoberto Mejía, quien girará una nota para denunciar lo ocurrido ante las autoridades según publicó en su cuenta de Twitter el sábado por la noche.
Al respecto, el entrenador de Chalatenango, Ramón Sánchez, comentó la situación de la expulsión y del racismo. “No con el afán de justificar lo que él pudo haber hecho, pero son momentos donde el jugador debe manejar esos minutos últimos, estaba el partido para finalizar. Como quiera que sea, hubo contacto, y el árbitro estaba cerca y no lo perdonó (a Arboleda). Son cosas que que hay que señalarlas a estos muchachos, a pesar de que es extranjero, pero tiene apenas 22 años, creo que le falta madurar todavía y creo que le tiene que doler a él. Incluso salió llorando por lo que sucedió, aparte que hubo palabras también ofensivas en contra de él, y eso no lo vemos bien”, relató Sánchez.
Después, el entrenador se extendió en la explicación y añadió que “un jugador le dijo palabras racistas, eso como que le dolió e hizo que se le rodaran las lágrimas. Me dijo, ‘profe yo pensaba otra cosa de El Salvador, pero me trataron mal’. Yo le dije ‘no te fijés, son estrategias muchas veces’, con el afán de bajarle la molestia”.
“Me parece que el señor presidente ha hecho una nota sobre lo que se dio. Pienso que son detalles que no creo que comparta nadie, estamos en un medio donde somos futboleros. Esas cosas en lugar de ayudar, empañan el fútbol. La nota va a la Comisión de Arbitraje creo, a través del réferi. El jugador le dijo al presidente las palabras que le había dicho el rival”, concluyó el entrenador.
Arboleda tuvo el apoyo de su equipo. El doctor de Chalatenango, Carlos Osegueda, fue testigo del incidente. Los norteños elaboraron una acta para enviárselo a la Comisión de Arbitraje.
El defensa Félix Sánchez mencionó de esto «no me había dado cuenta pero el doctor Osegueda lo oyó y nos contó. Lamento que haya actuado así Diego Peraza porque tiene una buena familia. Esto no debe pasar en nuestra liga».
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6-0 Y SIN EXCUSAS: EL SALVADOR SE ARRASTRA EN EL TRÉBOL Y EL “BOLILLO” FIRMA UN DESASTRE TÁCTICO
La Selecta no perdió simplemente un partido: fue desbordada, desarmada y expuesta por Guatemala. El 6-0 deja bajo cuestionamiento el planteamiento de Hernán Darío Gómez y vuelve a poner sobre la mesa un problema mucho más profundo: un fútbol salvadoreño que sigue sin encontrar identidad, evolución ni respuestas cuando el rival aumenta la exigencia.
ANÁLISIS | DIARIO DIGITAL CRONIO. Hay derrotas que se explican por un error, una expulsión, una genialidad del rival o una mala noche. Y luego están partidos como el de este lunes en Guatemala. El 6-0 sufrido por El Salvador en El Trébol no admite maquillaje: fue una actuación futbolísticamente indefendible, una paliza que comenzó en el marcador y terminó dejando al descubierto un equipo sin herramientas para detener la caída.
La responsabilidad comienza en el banquillo. Hernán Darío “Bolillo” Gómez había prometido durante este proceso un equipo “ordenado”, “muy táctico” y “equilibrado”. Horas antes de enfrentar a Guatemala insistía en que El Salvador todavía buscaba jerarquía y advertía que no era favorito. El problema no fue reconocer las limitaciones; el problema fue que sobre la cancha no apareció ni el orden, ni el equilibrio, ni una estructura capaz de competir.

El planteamiento inicial fue una declaración de intenciones: línea de cinco, tres centrales y un bloque preparado fundamentalmente para resistir. En teoría podía entenderse como prudencia jugando de visitante. En la práctica terminó siendo miedo sin protección. El Salvador acumuló hombres atrás, pero no defendió mejor; cedió metros, perdió las referencias, permitió que Guatemala recibiera con comodidad y prácticamente renunció a discutirle territorialmente el partido. El 1-0 llegó apenas al minuto 8 y, lejos de provocar una reacción, confirmó la fragilidad del plan.
Eso es lo verdaderamente preocupante: se salió a protegerse y ni siquiera se supo proteger.
Guatemala comprendió rápidamente dónde estaba la herida y atacó sin complejos. El Salvador, en cambio, parecía tener como principal recurso recuperar y lanzar. Balón largo, disputa, segunda pelota y esperar que los hombres de arriba resolvieran algo prácticamente solos. Sobre la planilla había dos atacantes, pero el funcionamiento terminó aislando la ofensiva. No hubo sociedades consistentes, no hubo superioridades, no hubo una salida limpia que permitiera respirar al equipo. El pelotazo dejó de ser un recurso y se convirtió demasiadas veces en el plan.
Cuando Guatemala hizo el 2-0 al 28’, Gómez entendió que su propuesta había fracasado y apenas tres minutos después retiró al central Julio Sibrián para introducir a Mayer Gil. Pero ahí apareció otro problema: corregir no es simplemente cambiar nombres o desmontar una estructura en plena emergencia. El Salvador pasó de un sistema conservador a intentar ganar presencia ofensiva sin haber solucionado sus distancias, sus coberturas ni el control del mediocampo. Guatemala respondió con el tercero antes del descanso.
Y allí terminó realmente el partido.
Porque una selección puede irse perdiendo 3-0 al vestuario y regresar con otra actitud, adelantar líneas, modificar la presión, asumir riesgos y por lo menos demostrar que entendió dónde estaba siendo superada. El Salvador volvió a la cancha con Jairo Henríquez por Mauricio Cerritos, pero el problema nunca fue solamente un futbolista: era el funcionamiento completo. Al 56’, Jorge Aparicio convirtió el cuarto y cualquier posibilidad de reacción quedó sepultada.
A partir de ahí, la imagen fue todavía más dolorosa. Guatemala manejó el balón con una tranquilidad impropia de un clásico centroamericano mientras desde las gradas aparecía el “olé”. El Salvador corría detrás de la pelota, llegaba tarde, no encontraba referencias y transmitía una sensación devastadora: el equipo ya no sabía qué hacer.
Y eso sí apunta directamente al cuerpo técnico.
Un entrenador no controla que un defensa pierda un duelo individual ni que un delantero falle una ocasión. Pero sí es responsable de entregar mecanismos, alternativas y respuestas colectivas. Cuando tu plan A fracasa, debe existir un plan B. Cuando el rival detecta tu debilidad, debes modificarla. Cuando recibes dos goles, tienes que conseguir que el tercero sea más difícil. Cuando terminas recibiendo seis y el equipo empeora con el paso de los minutos, ya no estamos hablando únicamente de errores individuales. Estamos hablando de un fracaso colectivo y táctico.
William Fajardo terminó completando un triplete con dos goles sobre el cierre, al 89’ y al 90+2’, después de haber anotado también el tercero. Guatemala no levantó el pie y El Salvador tampoco encontró la manera de recuperar algo tan elemental como la dignidad competitiva del marcador. Darwin Lom, Rubio Rubín, Fajardo y Aparicio habían construido previamente la goleada.
Lo ocurrido es todavía más duro porque apenas tres días antes El Salvador había derrotado 3-1 a Martinica. Aquella noche, Gómez destacó el orden táctico de su equipo, aunque reconoció que todavía faltaba profundidad. El resultado generó ilusión. Guatemala necesitó 90 minutos para colocar esa ilusión frente a un espejo mucho más incómodo.
No se puede construir un proceso serio viviendo de chispazos. Tampoco puede llamarse evolución a ganar un partido para luego sufrir una goleada de esta dimensión ante un rival directo de la región. El propio Gómez decía antes del torneo que los adversarios del grupo “no son superiores a nosotros” futbolísticamente. Después de lo visto esta noche, esa afirmación necesita una explicación desde el terreno de juego, porque Guatemala no solo fue superior en el resultado: fue superior en propuesta, ejecución, agresividad, lectura y capacidad para castigar los errores.
Pero sería demasiado cómodo colocar los seis goles únicamente sobre “Bolillo”. Los jugadores tampoco pueden esconderse detrás del entrenador. Una camiseta de selección exige ganar duelos, comunicarse, cerrar espacios, competir cada pelota y mantener concentración incluso cuando el partido está perdido. Esta noche hubo futbolistas superados técnica, física y mentalmente por las circunstancias del encuentro. El técnico diseñó un mal partido; quienes entraron a la cancha tampoco consiguieron rescatarlo.
Y detrás aparece una discusión todavía mayor: ¿qué fútbol está produciendo El Salvador?
Porque cambiar de entrenador cada cierto tiempo no fabrica centrales más rápidos, mediocampistas capaces de gobernar partidos ni delanteros desequilibrantes. El Salvador lleva años buscando una identidad mientras otras selecciones de la región desarrollan jugadores, exportan talento y construyen estructuras competitivas. Si el diagnóstico siempre termina siendo “hay que trabajar”, pero cada nuevo ciclo vuelve al mismo punto, entonces el problema ya no pertenece únicamente al seleccionador de turno.
Lo que se vio en Guatemala pareció, por largos tramos, un fútbol de otra época: bloque hundido, poca elaboración, escasas conexiones entre líneas y demasiada dependencia del balón directo. Defender con muchos no significa defender bien. Ser prudente no significa entregar la iniciativa. Y jugar directo puede ser perfectamente válido, pero únicamente cuando existen movimientos, apoyos y una estructura preparada para ganar la segunda pelota. Sin eso, el “pelotazo” no es estrategia: es desprenderse del balón y esperar.
Por eso este 6-0 debe doler.
Debe dolerle al entrenador. Debe dolerle al jugador. Debe incomodar a los dirigentes. Y debería provocar preguntas serias dentro de un fútbol salvadoreño demasiado acostumbrado a explicar sus fracasos mientras las generaciones pasan y la distancia competitiva sigue apareciendo.
El Salvador no necesita que le expliquen que perdió 6-0. El marcador ya hizo ese trabajo. Necesita que alguien explique por qué un equipo que presume trabajo táctico terminó sin táctica; por qué salió a defender y recibió seis; por qué los cambios no corrigieron el partido; y, sobre todo, cuál es exactamente la evolución que se supone que el aficionado debe creer.
Porque esta noche no hubo jerarquía, no hubo equilibrio y tampoco hubo reacción.
Hubo seis goles. Hubo un rival disfrutando. Y hubo una Selecta completamente superada.
El 6-0 podrá archivarse en las estadísticas. La imagen que dejó El Salvador en Guatemala tardará bastante más en borrarse.
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El Salvador vence 3-1 a Martinica: la Selecta muestra su mejor versión con Bolillo Gómez
La selección de El Salvador comenzó con autoridad su participación en la Liga de Naciones de Concacaf 2026-27 al derrotar 3-1 a Martinica en el estadio Jorge “Mágico” González. Más allá de los tres puntos, la noche dejó una señal alentadora para el proceso de Hernán Darío “Bolillo” Gómez: durante buena parte del encuentro, especialmente en el primer tiempo, la Selecta mostró orden, velocidad para atacar los espacios y una contundencia que había sido una de sus principales deudas. Brayan Gil marcó un doblete y Harold Osorio firmó una actuación determinante con dos asistencias y un gol.

El Salvador golpeó muy temprano y prácticamente construyó la victoria en menos de media hora. Gil abrió el marcador al minuto 8 después de un envío de Osorio y volvió a aparecer al 18 para colocar el 2-0. Al 29, Osorio pasó de asistidor a goleador y completó el 3-0. La fórmula fue sencilla, pero efectiva: recuperación en bloque medio, pocos toques y pases profundos aprovechando los espacios que dejaba la defensa caribeña. Fue una Selecta vertical, con propósito y, sobre todo, capaz de transformar sus oportunidades en goles.
El rendimiento también representa un respaldo futbolístico para el trabajo de Gómez en un momento en el que el entrenador había reconocido públicamente la presión que rodeaba al equipo. Antes del encuentro, el colombiano sostuvo que esperaba ver reflejado en competencia oficial el progreso observado durante meses de trabajo. Ante Martinica apareció parte de esa evolución: hubo coordinación entre líneas, movilidad ofensiva y una sociedad Osorio-Gil que desequilibró continuamente. Medios locales calificaron esa primera mitad como la mejor de la era del “Bolillo”, una valoración sustentada no solo en los tres goles, sino en la claridad con la que El Salvador identificó y explotó las debilidades del rival.

La segunda parte, sin embargo, recordó que el proceso todavía tiene margen de crecimiento. La salida de Osorio por problemas físicos redujo la capacidad de la Selecta para manejar el mediocampo, Martinica adelantó líneas y Janis Antiste descontó de penal al 51. El Salvador pasó de dominar a resistir por varios tramos y terminó defendiendo una ventaja que había construido con brillantez en el primer tiempo. El mérito estuvo en no descomponerse: Gómez refrescó el ataque en el tramo final y el equipo consiguió cerrar el partido, aunque quedó como tarea pendiente sostener durante más minutos la intensidad y el control mostrados al comienzo.
El 3-1 coloca a El Salvador con tres puntos y diferencia de goles de +2, por delante de Jamaica y Surinam tras sus respectivos triunfos en el arranque del Grupo B. El siguiente examen será considerablemente distinto: la Selecta visitará a Guatemala este lunes 28 de septiembre a las 8:00 p. m., hora salvadoreña, en el estadio Manuel Felipe Carrera. Allí se podrá medir mejor cuánto de lo visto ante Martinica puede convertirse en una tendencia. Por ahora, el equipo de Gómez consiguió algo que necesitaba tanto como los puntos: volver a ofrecer argumentos futbolísticos para generar ilusión alrededor de la Azul y Blanco.

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FAS vs. Alianza sería reprogramado para octubre tras suspensión por lluvias en el estadio Óscar Quiteño
El esperado duelo entre FAS y Alianza, correspondiente a la jornada 10 del Apertura 2026, deberá esperar. El encuentro, que estaba programado para disputarse en el estadio Óscar Alberto Quiteño de Santa Ana, fue suspendido debido a las fuertes lluvias y tormentas eléctricas que dejaron el terreno de juego en malas condiciones. El cuerpo arbitral inspeccionó la cancha y, junto con los capitanes de ambos equipos, determinó que no existían condiciones seguras para jugar.
Juan Pablo Guzmán, director deportivo de FAS, informó posteriormente que el partido probablemente será reprogramado para octubre, aunque todavía no existe una fecha definitiva. La decisión de no trasladarlo inmediatamente al día siguiente también responde al calendario de Alianza, que tiene un compromiso internacional importante durante la semana, por lo que ambos clubes deberán encontrar un espacio disponible más adelante.
El calendario del Apertura 2026 ya presenta una carga considerable para ambos equipos. Originalmente, FAS y Alianza debían enfrentarse el 13 de septiembre y tienen programado un segundo duelo de fase regular para el 14 de noviembre. Además, octubre incluye varias jornadas del torneo local, por lo que la Primera División tendrá que ajustar cuidadosamente la nueva fecha para evitar choques con otros compromisos.
Los aficionados que adquirieron boletos para el partido suspendido deberán conservarlos. FAS explicó que quienes compraron entradas digitales recibirán nuevamente sus boletos por correo electrónico, mientras que los compradores de entradas físicas deberán guardar el comprobante correspondiente para gestionar el acceso cuando se confirme la nueva fecha.




