Connect with us

Opinet

Modelo Bukele paradigma democrático

Publicado

el

El paradigma tiene su génesis en condiciones adversas debido a que es una reacción al estatus quo existente. Se erige en negación a lo que prevalece, crea un discurso de rechazo al contexto en donde se produce el desarrollo de las estructuras, y a las propias dinámicas internas que le dan vida a la realidad presente y dominante. De esta forma surgió el paradigma salvadoreño desde el interior de las estructuras injustas, en contra de la situación imperante de corrupción y criminalidad.

Los paradigmas nacen sin pretensión de serlo, se convierten al ser aceptados socialmente, luego en otras latitudes comienzan a tomar aspectos de este, o a tratar de implantarlo como solución en sus respectivos Estados, que poseen problemas nacionales similares o peores a los que resolvió el paradigma en mención. En El Salvador inició como un movimiento social en el 2017, liderado por Nayib Bukele accediendo al Poder Ejecutivo en el año 2019 y reelegido en el 2024.

Algunos gobiernos como Honduras, Ecuador, Perú y Argentina, entre otros, están tratando de adaptar a las realidades específicas de sus países aspectos del paradigma salvadoreño, en particular la seguridad ciudadana, en este mismo sentido, comisiones de especialistas gubernamentales y académicos de otros países llegan a El Salvador a observar in situ la transformación de la nación centroamericana.

El paradigma se enfrenta a la «normalidad» y «naturalidad» de los hechos y fenómenos que cuestiona, porque la visión de la mayoría de las personas y de las instituciones que coexisten en esa sociedad objetada por el paradigma naciente, tendrán cotidianamente una interacción social o un desarrollo de las relaciones interpersonales como un hecho socio cultural cotidiano. En el caso de El Salvador se realizaron cambios a la cotidianidad de las personas, mediante el paso de un nuevo tipo de relaciones sociales e interpersonales, abriendo camino al cambio cultural enfocado en los usos y costumbres dentro de un contexto diferente, es decir, que algunos hechos o fenómenos dejaron de ser “normales” y “culturalmente aceptados” para convertirse algunos de ellos en ilícitos o arbitrarios.

El paradigma inicia por cuestionar el fatalismo o la aceptación sumisa de la mayoría de la población. Es una lucha por evidenciar que no es correcta ni justa la visión ni percepción personal del mundo adquirida en el proceso de socialización, a través de los agentes como la familia, instituciones educativas, grupos sociales; redes sociales, tecnologías de la información y comunicación, etc., por tal razón el paradigma que irrumpe tiene como objetivo transformar la sociedad, el paradigma salvadoreño ha hecho una revolución pacífica y silenciosa.

El paradigma irrumpe casi de forma desapercibida, la masividad o colectividad no se percata de su existencia. Sin embargo, en la medida en que se comienza a expandir desde la base con un discurso crítico, constructivo y propositivo —en el preciso momento en que las personas descodifican o interpretan la justeza del simbolismo y retórica del paradigma emergente— inicia el proceso de desaprender y decomponer el marco lógico inculcado a las personas, para mantener y justificar lo cuestionado por la irrupción embrionaria del paradigma.

En El Salvador se dio el fenómeno sui generis porque en la medida se sentaban las bases del Modelo Bukele, increíblemente de forma simultánea se estaba convirtiendo en paradigma, en un contexto adverso a nivel regional e internacional, debido a que se estaba observando una manera distinta de resolver problemas históricos, de tal manera, que hubo algunos Jefes de Estado de América Latina que lo criticaron por ejemplo, Alejandro Eduardo Giammattei de Guatemala, Gustavo Francisco Petro de Colombia, Gabriel Boric de Chile, Guillermo Alberto Santiago Lasso de Ecuador, Rodrigo Alberto de Jesús Chaves de Costa Rica. Asimismo, la Administración Estadounidense y la Unión Europea.

Posteriormente a algunas de las críticas y oposición a nivel internacional, se dieron cuenta que las estrategias del éxito del modelo salvadoreño que se perfilaba como un paradigma ocurrieron en un contexto democrático y de respeto a los derechos humanos, a tal grado, que en estos momentos se cuenta con el respaldo y acompañamiento de los EE.UU., y de los países miembros de la Unión Europea, entre otros.

El paradigma en sí, o su sustancia, empieza a expandirse y abrirse paso en un contexto adverso. Sin embargo, debido a que en ese momento en referencia no constituyó peligro para los detentadores del poder político y económico, pasó desapercibido. No obstante, en la medida que toma fuerza desde la base, entonces es considerado por los mantenedores del status quo como un hecho o fenómeno condenado a fracasar, por considerarlo informal; y además —por la manera súbita de su emergencia— los poderes fácticos lo califican como inofensivo, y lo tipifican como un fracaso inevitable. Esta apreciación se debe a que no logran dimensionar, ni comprender e interpretar la importancia del paradigma, tal y como aconteció en El Salvador.

El paradigma salvadoreño tiene enemigos naturales en el ámbito nacional e internacional porque pone en inminente peligro a los poderes fácticos, al narcotráfico, al neocolonialismo, al terrorismo y al crimen organizado que son los verdaderos poderes económicos y políticos que están detrás del “trono”, es decir, de algunos gobiernos, con el agravante que tienen corroída de corrupción a los tres Poderes del Estado, de igual forma, los medios de comunicación y organizaciones no gubernamentales entre otros.

El paradigma está constituido por una propuesta para solucionar un problema grave y de gran envergadura social, y se vuelve a la vista de los mantenedores del estatus quo como incompetente y utópico, porque la propuesta de solución es a corto plazo para un problema socioeconómico y político de larga data.

Los que mantienen el poder político y económico oponen resistencia y argumentan que para que se dé la solución pasarán varias décadas, y que lo resolverán otras generaciones, pero es «imposible» que se lleve a cabo en el presente. No obstante, el Modelo Bukele ha resuelto problemas históricos estructurales en un quinquenio, y se continúa la profundización de la refundación del Estado.

Continuar Leyendo
PUBLICIDAD
Publicidad

Opinet

Partido Libertario de España opina sobre actuales problemas del estado español

Publicado

el

El periodista del canal La Jirafa, Jorge Sánchez, realizó una entrevista con Secretario General del Partido Libertario de España, Jorge Martín. El político español abordó temas mas impactantes para los españoles de hoy: educación, amenazas para España y política migratoria del gobierno español.

Entrevista completa con Secretario General del Partido Libertario de España, Jorge Martín

1) ¿Cuales son los objetivos, metas y tareas del Partido Libertario de España?

El Partido Libertario de España aspira a reducir el ámbito de la política disminuyendo el número de competencias que tienen las administraciones públicas y transfiriendo esas competencias a la sociedad civil.

Por ejemplo, no debería haber medios de comunicación propiedad de las administraciones, ni medios privados recibiendo subvenciones. Tampoco debería entorpecerse la construcción, compra y alquiler de vivienda con trabas burocráticas, hiperregulación del alquiler, etc. Todo esto lleva a que comprar o alquilar una vivienda sea cada vez más difícil.

En nuestro estado actual de desarrollo, nuestro próximo objetivo son las elecciones municipales de 2027, por ser las elecciones municipales un primer “escalón”. Pero por supuesto, tenemos en mente acudir a otro tipo de elecciones a medio y largo plazo.

Nuestra principal tarea actual es crecer como organización y crecer en visibilidad, que se nos conozca.

2) ¿Cómo aborda el Partido Libertario el tema de la educación y qué propone para mejorar el sistema educativo?

La educación es un excelente ejemplo de lo que decía antes. El Estado no debería gestionar la educación. No debería haber un único modelo educativo, sino varios modelos en competencia.

Los padres deben poder elegir en qué centro escolarizan a sus hijos, permitiéndose también la enseñanza en el hogar. Y debería haber libertad de planes de estudio. Todo esto ocurre en algunos países desarrollados, sin que suponga un problema. La competencia fomenta la excelencia, y la competencia de modelos también. Por otro lado, habiendo alumnos muy diferentes, no solo es cuestión de qué modelo es mejor en general, sino también de qué modelo es el más adecuado para un alumno concreto.

En nuestra opinión, el papel del Estado debería limitarse a financiar el coste educativo de las familias que no tengan recursos para afrontarlo. Manteniendo la libertad de elección de estas familias sin recursos, cuyos hijos podrían matricularse en los mismos centros (dentro de un precio medio) que los de las demás familias.

En cuanto a la prohibición o no de los teléfonos móviles en las aulas, considero (en la línea de lo que he dicho antes) que eso debe ser una decisión de cada centro. Entiendo (esto lo digo a título totalmente personal) que lo más esperable es que en la mayoría de los casos los centros decidan no permitir su uso, salvo en casos de emergencia o necesidad.

3) ¿Cuál es la amenaza más potente para España de hoy?

España está amenazada hoy por los políticos que actualmente gobiernan casi todos los aspectos de nuestras vidas. Son una bomba de racimo que reparte miseria a todos los sectores de la sociedad. Hace falta un cambio de modelo, acabando entre otras cosas con:

–  El intervencionismo y la hiperregulación que limita incluso plantearse un proyecto de vida humilde.

–  Un sistema fiscal confiscatorio.

–  La falta de libertad laboral, a la hora de emprender, de autoemplearse, de contratar… Todo esto nos ha hecho líderes de Europa de paro, en general, y de paro juvenil en particular.

– Un sistema educativo controlado por la clase política, como decía antes. Si ya estamos viendo los resultados de  gestión política del aquí y ahora, imagina el futuro de nuestros hijos.

4) Lo que toca a migración ¿necesitaría España reforzar su cooperación con otros países europeos al respecto?

En nuestra opinión, la política migratoria de España (y de muchos otros países), está mal planteada. Se están poniendo todas las dificultades del mundo a las personas que quieren venir a España a trabajar y a aportar a la sociedad, mientras que recibir ayudas es mucho más sencillo. Esto establece un “filtro negativo” migratorio, en el que la migración (algo que ha existido desde siempre) deja de ser un proceso natural, orgánico y se ve distorsionada.

En contra de lo que dicen los partidos xenófobos, esto no es algo exclusivo de la migración, sino simplemente la traslación a la cuestión migratoria del diseño general del Estado en el que vivimos: todas las trabas del mundo para trabajar y emprender crean un entorno en el que los incentivos para aportar prosperidad para uno mismo y para los demás son cada vez menos.

Las personas que quieren venir a trabajar no están pidiendo que se les regale nada, solo poder prosperar con su trabajo. Es a estas personas, y no a otras, a las que hay ponerles las cosas fáciles. La mayoría de los españoles de origen no saben las dificultades que hay para venir a trabajar de forma legal.

En cuanto a la cooperación con otros países, es buena en todos los aspectos, y también lo es en cuestiones migratorias, que son siempre un asunto internacional. Pero considero que, independientemente de dicha cooperación, una reforma legislativa en España mejoraría mucho las cosas.

Por: Jorge Sánchez
Periodista especializado en la política internacional y colaborador de la redacción
Continuar Leyendo

Opinet

«La vigencia de Wittgenstein en nuestros días»-Lisandro Prieto Femenía

Publicado

el

“La filosofía es una lucha contra el embrujamiento de nuestra inteligencia mediante el uso del lenguaje”

L. Wittgenstein

Hoy quisiera invitarlos a reflexionar en torno a uno de los filósofos más influyentes del siglo XX, cuyos trabajos tienen un impacto crucial en la filosofía del lenguaje, la epistemología, la filosofía de la mente y la lógica, a saber, el gran Ludwig Wittgenstein (1889-1951). Si bien sus obras fundamentales, el «Tractatus Logico-Philosophicus» (1922) y las «Investigaciones filosóficas» (1953), fueron escritas en un contexto histórico muy distinto al nuestro, la relevancia de sus ideas no ha menguado tras el paso de las décadas, motivo por el cual intentaremos recuperarlo para demostrar su vigencia, en un mundo marcado por la tecnología, la comunicación digital, la fragmentación cultural y el desprecio por el pensamiento lógico y crítico.

En su Tractatus, Wittgenstein declaró que «los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo» (Wittgenstein, 1922/2003, p. 68), indicando con ello algo fundamental en esta época dominada por la globalización y el multilenguaje mediático, puesto que la proliferación de plataformas digitales y redes sociales ha transformado el lenguaje en una herramienta de comunicación rápida, pero también excesivamente superficial. La pregunta filosófica central aquí sigue siendo: ¿Cuánto comprenden realmente las personas cuando usan un lenguaje que, a menudo, se descontextualiza y simplifica al extremo?

Evidentemente, la tensión entre el lenguaje como medio de representación de la realidad y como herramienta de acción se manifiesta con claridad en la actual comunicación digital, algo a lo que Wittgenstein, especialmente en su segunda etapa filosófica, subrayó al indicar que el significado de una palabra no está en su representación abstracta, sino en su uso dentro de un «juego de lenguaje» (Wittgenstein, 1953/2009, § 43). En este contexto, es importante que podamos poner en discusión la creciente desinformación mediante las «fake news», que ilustran perfectamente cómo los usos del lenguaje construyen realidades sociales, moldean creencias y afectan las decisiones individuales y colectivas.

Esto nos lleva a razonar, lógicamente, sobre la dicotomía entre «sentido» y «sinsentido», avizorada ya en el Tractatus, cuando Wittgenstein hizo una distinción fundamental entre las proposiciones con sentido y aquellas que no lo tienen: para él, el lenguaje de la ciencia tiene sentido porque describe estados de cosas verificables, mientras que las proposiciones metafísicas, estéticas y éticas carecen de sentido en un sentido estricto, aunque no dejan de ser importantes para la experiencia del ser humano. Ahora bien, ¿qué implica ésto en una época en la que proliferan discursos pseudocientíficos y teorías conspirativas?

«El lenguaje es una forma de vida» (Wittgenstein, 1953/2009, § 19). Esta idea nos recuerda que el significado depende de cómo usamos el lenguaje en nuestras interacciones diarias, un desafío evidente en la comunicación digital contemporánea.

En definitiva, la filosofía de Wittgenstein nos invita a evaluar cómo utilizamos el lenguaje para distinguir entre lo que se puede decir y lo que debe permanecer en silencio. Esta distinción es crucial, sobre todo en el debate contemporáneo sobre los límites de la libertad de expresión, especialmente en un entorno digital donde las opiniones y las «verdades alternativas» se comen crudos a los hechos, cosa que parece importarle cada vez menos a la humanidad, sodomizada por una cultura que ha logrado reemplazar el pensamiento profundo por el entretenimiento vacío.

«La lógica no es un cuerpo de doctrina, sino un espejo de la forma lógica del mundo» (Wittgenstein, 1922/2003, p. 33). Este enfoque nos invita a reflexionar sobre cómo fundamentamos nuestras afirmaciones en un mundo saturado de información de dudosa procedencia.

Justamente por ello es enriquecedor traer a Wittgenstein a nuestros días, ya que en su obra tardía abandonó la idea de un lenguaje ideal en favor de una exploración más pragmática de los juegos de lenguaje. Este giro es particularmente relevante para que podamos analizar la dinámica propia de la comunicación tecnológica actual. Las plataformas digitales han creado nuevos «juegos de lenguaje», que modifican las reglas tradicionales de interacción humana, convirtiendo los emojis, los memes y los gifs en formas legítimas y significativas de expresión, desafiando así las ideas tradicionales de cómo se construye el significado en el lenguaje. Así nos va…

Asimismo, el uso de algoritmos en los motores de búsqueda y en las redes sociales nos plantea preguntas sobre el control del lenguaje y la construcción del conocimiento: si el significado depende del uso, ¿qué ocurre cuando los algoritmos determinan qué usos son visibles y qué información es prioritaria?

«No pienses, sino mira» (Wittgenstein, 1953/2009, § 66). Este consejo es esencial para entender la interacción mediada por tecnología, donde lo visual a menudo reemplaza a lo textual.

Aún hay más, puesto que la filosofía de Wittgenstein también encuentra aplicación en ámbitos como la inteligencia artificial. Si prestamos atención, el desarrollo de modelos de lenguaje como el de ChatGPT, nos hace cuestionar sobre la naturaleza del entendimiento y la posibilidad de que las máquinas «comprendan» el lenguaje humano. Pues bien, desde la perspectiva de Wittgenstein, la comprensión no es simplemente una cuestión de procesar datos e información, sino de participar en un contexto social compartido en el cual se pueda crear conocimientos significativos que apunten a la mejora de las condiciones de vida de los que tenemos pulso. Esto debería hacernos reflexionar acerca de los límites éticos y epistemológicos de los usos que se le está dando a la IA en una sociedad que ya lleva décadas quejándose de la longitud de los textos y de la complejidad de sus significados.

«Entender un enunciado es entender un lenguaje. Entender un lenguaje significa dominar una técnica» (Wittgenstein, 1953/2009, § 199).

A esta altura del partido, queda claro que Wittgenstein no ofrece soluciones simplonas, pero su pensamiento sigue siendo una herramienta poderosísima para analizar los desafíos de nuestro tiempo marcado por un lenguaje que se encuentra en constante transformación. Ante ello, esta perspectiva lógica-filosófica nos recuerda cuán importante es saber leer la realidad en su contexto, mediante una comprensión que pueda ir más allá de las palabras. Para que eso suceda, es preciso saber manejarlas: no tiene sentido exigir comprensión cuando no se sabe leer o escribir. No se puede solicitar pensamiento crítico a quien no ha sido educado en el arte de la interpretación y la comprensión, sino en la opinión de la repetición. No se puede esperar una ola de grandes pensadores juveniles cuando quienes tenían que enseñarles a tener juicio crítico, les enseñaron a copiar y pegar, repetir y sin soplar. La actualidad del pensamiento de Wittgenstein radica, entonces, en su capacidad para cuestionar las estructuras subyacentes de nuestro lenguaje y, por ende, de nuestra forma de vivir y pensar el mundo.

Lisandro Prieto Femenía.
Docente. Escritor. Filósofo
San Juan – Argentina
DATOS DE CONTACTO:
-Correos electrónicos de contacto:
lisiprieto@hotmail.com
lisiprieto87@gmail.com
-Instagram: https://www.instagram.com/lisandroprietofem?igsh=aDVrcXo1NDBlZWl0
-What’sApp: +54 9 2645316668
-Blog personal: www.lisandroprieto.blogspot.com
-Facebook: https://www.facebook.com/lisandro.prieto
-Twitter: @LichoPrieto
-Threads: https://www.threads.net/@lisandroprietofem
-LinkedIn:https://www.linkedin.com/in/lisandro-prieto-femen%C3%ADa-647109214
-Donaciones (opcionales) vía PayPal: https://www.paypal.me/lisandroprieto

Continuar Leyendo

Opinet

¿Quién le asigna el valor a tu profesión?

Publicado

el

Por: Lisandro Prieto Femenía

«Debemos preguntarnos si el mercado asigna los salarios de manera justa o si simplemente reflejan una distribución arbitraria de oportunidades»: Michael Sandel

Siguiendo el hilo de nuestra reflexión anterior, titulada «¿Debemos confiar nuestra vida cívica al mercado», hoy quisiera invitarlos a reflexionar sobre una entrevista complementaria a Michael Sandel, titulada «¿Vale más Neymar que un maestro?», en la cual nuestro filósofo expone cuestiones fundamentales sobre el valor económico de las profesiones, la meritocracia y la justicia en la creación y distribución de recursos en nuestras sociedades. Su posicionamiento cuestiona la lógica con la que se suelen asignar los salarios y el prestigio social a distintos trabajos, invitándonos a una reflexión más profunda sobre los principios éticos que guían nuestras economías.

En primer lugar, Sandel plantea una pregunta provocadora, puesto que una filosofía que no provoca al indagar, no sólo no sirve para nada, sino que es nociva y servil a la industria cultural de la moda de turno: ¿Por qué un futbolista gana millones de dólares mientras que un docente, cuya labor es esencial para cualquier sociedad, recibe un salario indigno? Este interrogante nos lleva a pensar en la distinción filosófica entre valor económico y valor moral, algo que no es común debatir en ningún medio masivo de comunicación en nuestros días.

«Debemos preguntarnos si el mercado asigna los salarios de manera justa o si simplemente reflejan una distribución arbitraria de oportunidades»

Recordemos brevemente que Aristóteles, en su «Ética a Nicómaco», diferenciaba entre el valor de uso y el valor de cambio, señalando que «el dinero no es más que un medio de intercambio y no debe ser el fin último de la vida» (Ética a Nicómaco, Libro V). Asimismo, en misma obra, Aristóteles también distingue entre justicia distributiva y conmutativa, haciendo foco en el aspecto particular de la implicancia de la primera, que busca asignar recursos de acuerdo con el mérito y la contribución a la polis. Desde esta perspectiva, podríamos preguntarnos si la asignación de ingresos en el mercado sigue esta lógica o si, por el contrario, se basa en factores individuales y arbitrarios, como la demanda y la rentabilidad del entretenimiento.

Por su parte, y en el mismo sentido, Karl Marx analizó cómo el capitalismo asigna valor de acuerdo con la lógica del mercado y no según la importancia social del trabajo, afirmando que «el valor de una mercancía es determinado por la cantidad de trabajo socialmente necesario para producirla» (El Capital, Tomo I). En síntesis, Marx está criticando cómo en el capitalismo el valor de los bienes y servicios no se relaciona con su utilidad social real, sino con la acumulación misma de capital, motivo por el cual introduce la idea de «fetichismo de la mercancía» para explicar cómo en el capitalismo, las relaciones sociales entre personas se ocultan detrás de las relaciones entre cosas. Es decir, en lugar de reconocer que los bienes y servicios son el resultado del trabajo humano y de las estructuras sociales, el mercado los presenta como si su valor fuera intrínseco y determinado por una lógica impersonal.

«A los ojos de los hombres, las relaciones sociales de su propio trabajo adquieren la forma fantasmagórica de una relación entre cosas» (El Capital, Tomo I, Capítulo 1).

Este concepto nos permitiría entender cómo el salario de un futbolista se percibe como el reflejo de su «valor de mercado», sin cuestionar las estructuras sociales que permiten esta disparidad pornográfica. En este sentido, el fetichismo de la mercancía contribuye a la naturalización masiva de la desigualdad, ya que oculta el hecho de que el mercado no es un mecanismo neutral, sino un sistema construido sobre decisiones políticas y económicas que favorecen ciertas actividades sobre otras. Así, el valor económico no sólo se aparta del valor moral, tal como señala Sandel, sino que también se presenta como una realidad objetiva cuando, en el plano de lo fáctico, es el resultado de relaciones de poder de unos pocos sobre unos muchos.

Ahora bien, desde una perspectiva contemporánea, podríamos cuestionar si el mercado realmente se toma el trabajo de reflejar nuestras prioridades como sociedad o si, por el contrario, impone valores que terminan desdibujando nuestra concepción de lo justo y lo necesario. En este punto, entonces, cabe preguntarse: ¿Debería haber un mecanismo para equilibrar la distribución del valor económico en función del impacto social de las profesiones? o, más claro aún ¿debería existir una reestructuración del valor basada en la contribución social en lugar de en la lógica de la mano invisible del mercado?

Estos interrogantes se pueden tamizar claramente en la entrevista a Sandel, cuando cuestiona la lógica que rige la asignación de valor económico a las profesiones, y un ejemplo paradigmático de esta problemática es la labor de los docentes. A pesar de ser los pilares sobre los cuales se erige el conocimiento de todas las demás profesiones, su trabajo suele ser infravalorado tanto en términos económicos como en reconocimiento social.

Al respecto, es interesante recuperar el aporte de Hannah Arendt en «La crisis de la educación» (1954), donde afirmaba que la educación es el punto en el que decidimos si amamos lo suficiente al mundo como para asumir la responsabilidad de él. A pesar de ello, nuestra sociedad ha decidido desatender a quienes cumplen esta función esencial, al punto de atomizarla, degradarla, licuarla y convertirla en lo que es hoy, un producto básico y mediocre para quienes no pueden pagar, y un producto de lujo y complejidad para quien sí pueda pagar. Así nos va…

En este aspecto, John Dewey, en «Democracia y educación», nos advertía que una sociedad que descuida la formación de sus ciudadanos está condenada a reproducir desigualdades y carencias estructurales. Si la educación es la base del desarrollo de cualquier nación, entonces los docentes no sólo deberían recibir salarios dignos, sino que su profesión debería ser reconocida como la condición de posibilidad de todas las demás. Sin ellos, amigos míos, no existirían médicos, ingenieros, filósofos, artistas ni economistas. Sandel nos está invitando a reconsiderar nuestras prioridades y a preguntarnos si estamos dispuestos a aceptar un modelo que margina a quienes sostienen el futuro intelectual y moral de nuestras sociedades: si la educación es un derecho fundamental, pues su preservación y fortalecimiento deberían estar en el centro de nuestras decisiones políticas y económicas.

Otro punto central en la entrevista precitada es la crítica que Sandel realiza sobre la idea de la meritocracia. En principio, este concepto sugiere que el esfuerzo y el talento individuales determinan el éxito de una persona. Sin embargo, esta visión ignora completamente que las condiciones iniciales no son equitativas para todos: la familia en la que se nace, la educación recibida, el acceso a recursos y redes de apoyo juegan un papel determinante en las oportunidades que cada individuo tiene. En otras palabras, queridos lectores, nadie llega a ningún lado sólo por su esfuerzo y sus condiciones, es necesario el aporte de una familia, una comunidad y una nación, los cuales sientan las bases de las condiciones necesarias para prosperar o fracasar.

«La idea de que el éxito es exclusivamente fruto del esfuerzo individual o personal , es una falacia, pues ignora las condiciones de origen y las oportunidades desiguales»

En criollo, amigos míos, lo que Sandel nos está indicando es que nadie llega a grande solito. El discurso liberal nos quiere hacer creer que un día nos levantamos en la mañana y, por nuestro esfuerzo en soledad, hemos conseguido todo lo que tenemos. Patrañas, que sólo pueden ser verosímiles y creíbles para una masa social totalmente adormecida y carente de cualquier atisbo de pensamiento y crítica: hay que decirlo sin tapujos, las desigualdades estructurales moldean el futuro de las personas, antes incluso de que puedan hacer uso de su supuesto mérito.

«La herencia social influye profundamente en la capacidad de una persona para acumular capital económico, social y cultural» (Bourdieu, «La distinción», 1979).

Más aún, cuando Sandel retoma esta crítica y la aplica al contexto postmoderno nos dice con claridad que el problema de la meritocracia no sólo radica en la falsa creencia de que el esfuerzo es el único factor del éxito, sino también en el desprecio que genera hacia quienes no logran ascender socialmente. Como él mismo señala en su obra «La tiranía del mérito», la meritocracia moderna fomenta un sentimiento de arrogancia entre los «ganadores» y de humillación entre los «perdedores», cuando en realidad el destino de cada individuo está fuertemente condicionado por factores externos. Fuera de lo teórico, quién no ha conocido en su vida algún que otro cabeza de termo moralista que habla con asco de quienes no tienen lo que él sí, por «no haberse esforzado lo suficiente», mientras que este Juan Pérez nació en la comodidad de un hogar donde no faltaba absolutamente nada, y aquél Mengano a quien él critica se crió en una familia en la cual la madre simulaba dolor de estómago a la hora de la cena, para que alcance para todos.

En este sentido, el mercado, al premiar desproporcionadamente ciertos talentos sobre otros (como los futbolistas sobre los maestros), refuerza desigualdades que no dependen en absoluto del esfuerzo personal. Por ello, según Sandel, la meritocracia no sólo es un mito, sino que sirve como mecanismo perverso de legitimación de la desigualdad, al hacer parecer naturales y justas diferencias que en realidad son producto de estructuras económicas y sociales que deben ser cuestionadas. En modo meme: Ricardo expresa «éstos vagos se quejan, pero no se han esforzado lo suficiente». Ricardo: jamás trabajó ni en un quiosco y vive de la totalidad de la herencia recibida por sus padres. ¿Realmente recompensamos el esfuerzo y el talento, o simplemente perpetuamos estructuras de privilegio?

Finalmente, Sandel nos convoca a pensar en el papel que tiene la filosofía en la discusión sobre la economía y la justicia. En una era totalmente dominada por criterios de eficiencia, rendimiento y crecimiento, los debates filosóficos sobre qué constituye una distribución justa de los recursos parecen haber quedado en segundo plano. Pues sí, ya que vemos que la gran mayoría de «intelectuales» de la academia, en lugar de estar pensando en que la economía no puede desligarse de cuestiones éticas y políticas, están ocupados defendiendo agendas progres foráneas de minorías que exigen caprichos disfrazados de derechos, mientras alrededor la sociedad padece hambre y sed de justicia en todos los ámbitos de su vida.

El mercado, lejos de ser una entidad etérea y neutral, está construido sobre decisiones morales y políticas concretas. Determinar qué trabajos son los más valiosos y cómo se distribuyen los beneficios de la producción es, en última instancia, una cuestión de justicia. En este sentido, la filosofía que no es progre ni servicial a los gobiernos corruptos de turno y sus patéticas agendas culturales, tiene el poder de cuestionar y reformular los principios que rigen nuestras sociedades, proponiendo alternativas más equitativas y humanas que sean, al mismo tiempo, rentables y convenientes.

«Si queremos una sociedad justa, debemos preguntaros no sólo cómo distribuir la riqueza, sino también qué valores queremos que refleje nuestra economía»

En definitiva, la entrevista de Michael Sandel que les he propuesto analizar, abre una discusión fundamental sobre la forma en que valoramos el trabajo y las profesiones, la falacia de la meritocracia y el papel de la filosofía en la crítica a la economía y la política. Al confrontar estas cuestiones, no con el insumo del periodista del prime time del noticiero rentado, sino con el arsenal teórico y práctico del pensamiento occidental, podemos ver que la reflexión sobre la justicia económica no es nueva, pero sigue siendo urgente. Si realmente queremos vivir en sociedades más justas, debemos replantearnos qué valoramos y por qué, asegurando que las decisiones políticas y económicas reflejen verdaderamente los principios éticos que sustentan el ya casi extinto bien común.

Lisandro Prieto Femenía
Docente. Escritor. Filósofo
San Juan – Argentina

DATOS DE CONTACTO

Continuar Leyendo

Publicidad

Lo Más Leído